Arte y transformación social en Lima

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Con frecuencia escuchamos debatir sobre el aporte de economistas, politólogos, educadores, sociólogos, entre otras profesiones, en el desarrollo de un país. Nuestra mirada atiende los análisis de coyuntura, que sin duda alguna son necesarios y valiosos. En esta oportunidad queremos invitarlos a considerar el aporte de otro actor social: el artista; acercarnos a sus contribuciones en el desarrollo de procesos comunitarios que apuntan a la transformación de nuestras sociedades.

Soy sacerdote jesuita, trabajo en la Universidad Católica del Táchira, Venezuela, en la Coordinación de Arte y Cultura, pertenezco a Doctor Yaso: Payasos de Hospital, organización que con más de 1.000 voluntarios atiende a los pacientes hospitalizados en instituciones de salud pública. Con 17 sedes en el país, anualmente este programa lleva adelante su trabajo en 344 hospitales, instituciones y comunidades.

Siempre he tenido interés por conocer experiencias que vinculen lo artístico y creativo con procesos de desarrollo social en América Latina. Comencé acercándome a experiencias relacionadas con el “Circo Social”; además de payaso soy acróbata en disciplinas aéreas. Conocí artistas trabajando en la formación y acompañamiento de niños y jóvenes en comunidades en riesgo, llevando procesos de participación comunitaria, reuniéndose con padres y vecinos; artistas que en algunos casos entregaban una profesión para la vida. Puedo mencionar Circo para Todos (Colombia), Circo del Mundo (Chile), Circo Criollo (Argentina), La Tarumba (Perú), la Escuela de Circo Social Fabricio Ojeda (Venezuela). Mientras profundizaba en estas experiencias participaba en Prometeo: Escuela de Circo Social, fundada hace más de 7 años por cuatro artistas desde el Instituto Universitario Jesús Obrero de Fe y Alegría.

Mi mirada se fue abriendo más allá del circo a experiencias desde el teatro, la danza, las artes plásticas, la música. Observé diferentes formatos, encontrando gran diversidad, basta comparar el Sistema de Orquestas Infantiles y Juveniles de Venezuela con las escuelas de circo social antes mencionadas.

Para ahondar en mis investigaciones en América Latina, llegué a Lima, y me dediqué a conocer programas y proyectos en los que los artistas desarrollaban hermosos procesos comunitarios. Invito al lector a que indague sobre estas experiencias, sin duda alguna quedará sorprendido por la riqueza de las mismas.

Sin agotarlas, me atrevo a referirlos a conocer en Comas a La Gran Marcha de Los Muñecones que organiza el FITECA (Fiesta internacional de teatro Calles Abiertas), y a Lunasol Teatro; en Villa El Salvador: al CIJAC (Casa Infantil Juvenil de Arte y Cultura), Arenas y Esteras, Vichama Teatro, Maromas y Saltimbanquis; en Ventanilla a C.H.O.L.O y la Casa Juvenil Pachacútec; en Lomas de Carabayllo a Puckllay.

Experiencias como Yuyachkani, La Tarumba, Bola Roja, Warmayllu, el Colectivo Ambre, y el Movimiento de Teatro Independiente, son igualmente importantes en estos procesos de desarrollo social.

Sin pretender agotarlos deseamos sumar el Foro de la Cultura Solidaria, RACE (Red de Asociaciones Culturales Emergentes), los proyectos de Alternativa Andanzas de la Pontificia Universidad Católica, Citio: Ciudad Transdisciplinar, y los proyectos de Christian Luna (Artista Visual).

Podemos continuar con otras experiencias como Mashara Teatro, la Casa Cultural Martín Olivos, la Asociación Cultural Teatro Vivo, Yawar, y Generarte.

Sabemos que hay muchas más, deseamos dar a conocer algunas y despertar el interés por conocer otras.

En todas las experiencias mencionadas se crean espacios de referencia para niños y jóvenes, algunos de ellos en situación de riesgo social; se genera tejido comunitario, se ganan espacios perdidos para la convivencia pacífica, la recreación y la solidaridad; se generan espacios de identificación, pertenencia y reconocimiento social, oportunos para el desarrollo de la juventud; espacios humanizadores de respeto a la vida y defensa de los derechos fundamentales.

Quienes participan desarrollan sus capacidades psicomotrices, la creatividad y la expresión, al tiempo que desarrollan el sentido de responsabilidad, compromiso y servicio social. Vemos a niños y jóvenes mejorando su percepción sobre sí mismos y descubriéndose capaces de crecer.

Valores como la constancia, la dedicación, la gratuidad, la necesidad de los otros, la tolerancia, el respeto hacia los demás; forman parte de la agenda diaria. En definitiva, estas experiencias se convierten en espacios de educación ciudadana y de convivencia, que sin duda alguna apuestan por el desarrollo del país, aprovechamos para agradecer a todos los artistas y creadores que generan estas experiencias para el bien de nuestra América Latina.

Publicado en abril 2012


Dizzi Perales, SJ

Profesor de Historia de la Filosofía y Relaciones Humanas y Públicas en la Universidad Católica del Táchira (UCAT). Coordinador del proyecto “Doctor Yaso” Voluntariado de la UCAT con otras universidades que se dedica al trabajo de payasos de hospital.

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