Creando caminos de encuentro

Importancia del encuentro entre jóvenesLa identidad es algo que siempre está en mi mente. Como norteamericana- peruana, como me dicen mis amigos, los últimos años han sido una lucha interna de cómo llevar estas identidades. Creo que lo más complicado es que en ambos países (como en muchos lugares), no hay una sola identidad. Son países multiculturales, multilingües con diversidad geográfica, histórica y creencias. Es un encuentro de tantas identidades que puede ser abrumador definirlo. En una época de información y tecnología estamos acostumbrados a tener respuestas instantáneas. La identidad, sin embargo, no es algo estático, cerrado o simple, sino un proceso de encuentro y conocimiento durante toda la vida. En la última encíclica: Fratelli Tutti, el Papa Francisco nos lleva a reflexionar sobre una “cultura del encuentro” que es más que un solo acto entre dos o tres personas, es un deseo y estilo de vida que se realiza en conjunto como pueblo.

Generar una cultura de encuentro

“Entonces, hablar de “cultura del encuentro” significa que como pueblo nos apasiona intentar encontrarnos, buscar puntos de contacto, tender puentes, proyectar algo que incluya a todos. Esto se ha convertido en deseo y en estilo de vida” (216).

Yo crecí en un pueblo de 10 mil habitantes, un pueblo con raíces holandeses, muy dedicado a la fe cristiana. En los cafés era común ver grupos de hombres y mujeres reunidos con la biblia en la mano discutiendo sobre su mensaje y la mejor manera de vivir la vida. Como un pueblo homogéneo (en ese entonces), no había muchos espacios de encuentros con otras culturas, etnicidades o religión. Nuestros “encuentros” venían a través de las noticias y testimonios de los misioneros cuando regresaban de Haití o del África. Para los jóvenes hubo la oportunidad de participar en viajes de misión, donde apoyábamos en las ollas comunes en la ciudad o en la construcción de casas en pueblos pobres del sur de los EEUU. Espacios y oportunidades de conectar con otros y sacarnos de nuestras burbujas son claves para generar esta cultura de encuentro. Pero solo es un primer paso de un largo camino. Si solo nos quedamos en momentos puntuales de encuentro nunca habrá un encuentro sostenible y verdadero.

Una parte de mi trabajo en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya es promover oportunidades de encuentro a través de la educación internacional. Antes de la pandemia recibimos aproximadamente 300 extranjeros de América Latina, Europa y Norteamérica. En cada visita o programa internacional buscábamos crear espacios de diálogo entre los extranjeros y los peruanos, ya sea con los alumnos, con las Obras Jesuitas o con la comunidad local. Aunque muchos extranjeros regresaron impactados por su experiencia en el Perú, lo que más me gustó (me gusta) de estos programas fue la oportunidad que se presentaba a los peruanos. En cada programa los alumnos peruanos acompañaban a los extranjeros durante sus actividades: como a comer ceviche, visitar el Congreso, viajar en avión por primera vez y conocer Machu Picchu. Más allá de lo turístico, también podían practicar inglés y hacer nuevos amigos internacionales, y les brindó la oportunidad de encontrarse con su propia cultura. Egresados del Colegio Fe y Alegría de Lima conocían a Fe y Alegría 44 en Andahuaylillas, Cusco. Alumnos de zonas rurales de Amazonas conocían comunidades rurales en Cuyuní. Alumnos de Economía y Gestión Ambiental de Ayacucho podrían conocer los proyectos de atrapanieblas y compost realizado por los limeños en los conos este y sur de Lima.

Cuando hay oportunidades de encuentros la preparación “antes de”, y la reflexión “después de”, tienen tanta importancia como el mismo encuentro. Una de las formas más viables para los encuentros es a través de la educación. La educación internacional y la educación en la experiencia promueven un complemento de la teoría. Generan espacios de encuentro en la comunidad local e internacional a través de programas de inmersión; personalmente debo mucho a estos programas. Gracias a ellos he podido aprender castellano, conocer contextos sociales, culturales y políticas muy diferentes a mi lugar de origen, lo cual me ha permitido conectar con más personas. Sin embargo, la educación internacional también es una estrategia para el marketing y el negocio, lo que forma parte de la cultura de globalización. El Papa nos habla que esta globalización se ha convertido en una sola cultura en que:

“Esta cultura unifica al mundo pero divide a las personas y a las naciones, porque «la sociedad cada vez más globalizada nos hace más cercanos, pero no más hermanos». Estamos más solos que nunca en este mundo masificado que hace prevalecer los intereses individuales y debilita la dimensión comunitaria de la existencia” (12).

A veces es más fácil operar en una cultura común, para no tener que enfrentar las diferencias. En nuestra cultura globalizada e individualista es difícil tener un encuentro verdadero porque caemos en narrativas simples como “si vienes de un país del norte global tienes mayor formación que alguien del sur global” o, como dice el Papa, podemos ofender a otros, especialmente a los últimos de la sociedad con generalizaciones injustas (234). Es más fácil encajar con las personas para poder simplificar nuestra realidad y no tener que hacer preguntas complicadas. Sin embargo, por la falta de preguntas sobre las realidades y las estructuras que existen, aceptamos seguir implementando injusticias y encuentros de beneficio propio, en vez de beneficio mutuo.

Los caminos de encuentro

“Lo que vale es generar procesos de encuentro, procesos que construyan un pueblo que sabe recoger las diferencias. ¡Armemos a nuestros hijos con las armas del diálogo! ¡Enseñémosles la buena batalla del encuentro!” (217).

La riqueza del encuentro con otros está en aprender de nuestras diferencias.

Durante mis propias experiencias de encuentro, y como facilitadora de ellos, he visto que los encuentros más profundos e impactantes son parte de un largo proceso. Quizá la ironía del encuentro con otros es que es un proceso que empieza con uno mismo. Para poder llegar al diálogo, uno tiene que estar preparado no solo a conversar, sino escuchar, observar y estar dispuesto a entender otras perspectivas. Sin embargo, muchas veces se usa el diálogo para promover su propia agenda o querer cambiar la mente del otro para hacerles entender su punto de vista.

Una herramienta que uso mucho antes de entrar en diálogo es la Pedagogía Ignaciana (contexto, experiencia, reflexión, acción, evaluación). En particular, me gusta que nos llama a considerar primero el contexto histórico, social, económico y personal. Esto nos permite, reconocer las luchas, logros, desafíos y posibilidades del otro, lo cual brinda una visión más compleja, completa e íntegra.

De la misma manera, a través de los “caminos de encuentro” el Papa nos llama a recomenzar con la verdad, implementar la arquitectura y artesanía de la paz, valor y el sentido del perdón y hacer memoria. Los hechos históricos son herramientas para cultivar una memoria. Muchas veces la historia es contada desde una perspectiva, en muchos casos, la que tuvo mayor poder. Sincerar los hechos pasados con la verdad -acompañados por la justicia y misericordia- nos permite re-escribir la verdadera historia con voces y perspectivas que fueron excluidas. A la par, brinda el espacio para el diálogo sobre heridas que todavía quedan, y que sin curar nos impiden crecer como comunidad global. Hay que ser capaces “de asumir el pasado para liberar el futuro”.

Pero asumir el pasado es difícil, especialmente si los actos de tus antepasados causaron injusticias y daños. He tenido que reconocer que, como persona blanca de los EEUU, yo represento a una historia de colonización y que el sistema actual me ha favorecido de estudiar en la universidad, viajar por el mundo y no vivir con miedo de la policía. Pero vemos que cuando grupos de personas asumen el pasado, todo el pueblo se beneficia. El movimiento Black Lives Matter es un gran ejemplo de encuentro. Es un movimiento que invita a todas las raíces, edades y clases sociales a recoger las injusticias que sufre la comunidad afro. Pero no solo con un grupo, Black Lives Matter también lucha por los derechos de inmigrantes y contra la violencia doméstica. Generar una cultura de encuentro nos brinda el poder de enfrentar las luchas de la sociedad y llegar a la paz.

Nuevos espacios de encuentro

“El camino hacia la paz no implica homogeneizar la sociedad, pero sí nos permite trabajar juntos. Puede unir a muchos en pos de búsquedas comunes donde todos ganan. Frente a un determinado objetivo común se podrán aportar diferentes propuestas técnicas, distintas experiencias, y trabajar por el bien común” (228).

Este camino al encuentro final nos hace más humanos. Nos invita a ver a cada persona creada en la imagen de Dios. Además, la pandemia nos reta a ver el mundo con una nueva mirada. En parte, ya no podemos interactuar de la misma manera, ha cambiado la forma en que nos encontramos, las redes sociales, plataformas virtuales, televisión y radio son nuestros centros de encuentro. Al mismo tiempo, nos obliga a pasar más tiempo solo o en mayor proximidad con nuestras familias o compañeros de cuarto. En parte es una gran oportunidad de reencontrarnos con nosotros mismos y retomar partes de nuestra identidad que hemos olvidado.

La pandemia también nos reta a no perder la esperanza y seguir caminando hacia una cultura de encuentro. Hay muchas oportunidades de conectarnos más con el mundo y dialogar. Mientras nos movemos en un mundo más digitalizado, esto nos hace ver que no todos tienen el mismo acceso a la tecnología. Hay voces que no escuchamos en este nuevo diálogo virtual. Muchas de las voces ausentes son justo las que tienen mayor cercanía con la tierra, nuestra casa común y una cultura basada en la sostenibilidad. Son voces necesarias para nuestra identidad humana y para el futuro. Entonces queda preguntarnos ¿cómo podemos asegurar que sigamos creando espacios de diálogo y encuentro en el que todos podamos participar?

Verano 2020 / 2021


Lauren De Veau

Directora de Relaciones Institucionales de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya – UARM.