Castillo en Lima: entre la nueva individualidad y la experiencia populista

En uno de los ensayos más importantes publicados en los últimos años “Lima y sus arenas” se pone sobre la mesa una idea que sirve de punto de partida para estas líneas: Danilo Martuccelli, autor del texto, afirma, en contra de un sentido común muy extendido, que Lima es de alguna forma la síntesis del Perú. Para el sociólogo, si bien el proceso de migración interna permitió que millones de personas procedente de todo el Perú se asentaran en la ciudad hasta convertirse en sus habitantes mayoritarios; hay algo que establece una diferencia cualitativa que le resta veracidad a la popular afirmación. Una serie de procesos sociales ocurridos en la ciudad han producido un tipo de socialización y de individuación particular.

En el primer caso se trata de una socialización donde se ha producido una “horizontalidad operativa” de las relaciones sociales más inmediatas y prácticas de los ciudadanos. Esta “revolución de la sociabilidad” se ha producido sin que muten las estructuras fundamentales de desigualdad económica, política, social y racial que marcan el orden más permanente de la sociedad limeña.

En el segundo caso se trata de la aparición de un tipo de individualidad específica, denominada por Martuccelli “individualismo metonímico”. Un tipo específico de individualismo que no surge, al igual que el novedoso tipo de sociabilidad, desde las estructuras de la institucionalidad política; sino más bien como consecuencia de un proceso que emerge desde abajo, sin ningún tipo de organización desde arriba. Es una individualidad que parte desde la constatación práctica de los procesos de supervivencia que los limeños desarrollaron.

Esta individualidad ha surgido frente a la imposibilidad de realización de las sucesivas propuestas nacional-populares que experimentó nuestro país y nuestra ciudad.

En este marco, el resultado electoral del último junio ratificaría lo que señala Martuccelli respecto al comportamiento electoral diferenciado del capital frente al resto del país.

El profesor Castillo triunfó construyendo una coalición donde los puntales principales han sido el sur del país, la sierra centro y norte. En La costa norte y en la selva del país los resultados le fueron adversos al candidato de Perú Libre, pero a corta distancia de la candidata Fujimori. Fue Lima la región donde la tres veces derrotada candidata obtuvo su mejor resultado: 65.73% vs. 34.27%. Al igual que en los últimos procesos electorales, Lima votó a favor de la opción más conservadora en competencia en la segunda vuelta.

Si bien fue derrotado en Lima, Castillo obtuvo un tercio de los votos de la capital, apelando a un viejo conocido: al pueblo. Este último, como vehículo de incorporación de los sectores más postergados de la nación y enfrentado a sucesivos enemigos, quedó fuera de juego frente a los múltiples procesos descritos por Martuccelli en los párrafos previos. ¿Cómo así es que un candidato cuya apelación al pueblo termina cosechando un tercio de los votantes de la capital? Como señala el propio Martuccelli, es posible que nuevos líderes provinciales provistos de los “nuevos recursos de los gobiernos regionales” intenten reconstruir políticamente al pueblo organizando el vínculo entre sus protagonistas sociales y el sistema político institucional.

¿Hasta qué punto los efectos de la pandemia de la COVID-19 sobre Lima han sido suficientes para abrir un espacio -minoritario- para el regreso de las coordenadas populistas?

Si bien el resultado de Castillo en Lima se parece mucho a aquel que obtuvo Ollanta Humala en el 2006, en los quince años que median una y otra elección, se produjo un enorme proceso de expansión económica; así como un desarrollo de los procesos sociales y culturales que impactaron en las pautas de sociabilidad y el tipo de individualidad mencionadas por el sociólogo peruano.

Según datos del INEI[1], durante el primer trimestre del 2021 respecto al mismo periodo del año anterior se evidencia una contracción de la PEA de -14.7%. La población con empleo adecuado disminuyó un 32.1%, mientras que el subempleo aumentó en 12.5%. La pandemia y sus efectos rompe con la experiencia cotidiana que permitió la aparición de este individualismo metonímico que plantea Martuccelli. El proceso de movilización social, cuyo motor es el comportamiento de estos individuos, se ve fracturado por una experiencia cotidiana común: la pandemia.

Simultáneamente, es esta severa crisis la que ofrece la oportunidad de recrear los lazos para la movilización política de los actores colectivos de este pueblo. Un proceso de incorporación que tiene como pieza central al Estado y a sus liderazgos a través de la distribución de recursos y el fortalecimiento de los vehículos mediadores de estos sectores sociales; como por ejemplo, las ollas comunes y otras organizaciones de sobrevivencia. Los trabajadores informales, si bien carecen de vehículos que canalicen su participación política, fueron articulados en otros casos a través de programas de transferencia monetaria.

La pregunta que cabe es ¿Cómo convive el proyecto del individualismo metonímico de Martuccelli y una vuelta al proyecto nacional-popular? Una posibilidad es que estos intentos de rearticulación del pueblo como sujeto político privilegiado colisionen con estas nuevas formas de sociabilidad que marcan la experiencia de los limeños. La otra es que se produzca una articulación novedosa entre ambos elementos. La rearticulación del proyecto nacional-popular puede empatar y reafirmar la horizontalidad operativa existente en Lima, sumando a su existencia práctica elementos más estructurales ubicados en el mundo de política y la economía.

Más incierto es el potencial resultado del encuentro entre las lógicas nacional-populares y el individualismo metonímico de Martuccelli. A diferencia del caso anterior -donde la experiencia populista requiere siempre de una dosis de horizontalidad y cultura plebeya- el individualismo en clave limeña de Martucelli es poco dado a convivir con las colectividades y los mecanismos de bienestar que este tipo de experiencias generan. Ya no se trata de logros materiales vinculados únicamente al esfuerzo individual o al apoyo de determinados grupos secundarios próximos al individuo; sino más bien fundamentados en la pertenencia a un colectivo, hasta cierto punto anónimo, que posibilita el acceso a dicho bienestar.

Al tiempo de ser redactadas estas líneas, son pocas las semanas transcurridas desde el inicio del nuevo gobierno. Si bien sus primeras señales muestran el interés de este por buscar replicar algunos rasgos nacional-populares en su proceso de construcción política y de interpelación de los ciudadanos para su movilización colectiva; nada garantiza que dicho proceso quede trunco, como señala el propio Martucelli al reflexionar sobre la experiencia del gobierno de Ollanta Humala.

Lima es quizás el territorio más hostil para el nuevo gobierno, pero al mismo tiempo es clave para su sobrevivencia política. Sin su entusiasmo, o por lo menos su neutralidad, el futuro del gobierno puede plantearse muy cuesta arriba. Parece difícil ir contra las tendencias en los procesos de socialización que vienen germinando en Lima desde hace más de 25 años; pero es justamente el rol de la política encontrar formas creativas de encontrarse con estas y movilizarlas dentro del proyecto del actual gobierno.

Si bien las primeras acciones el actual gobierno muestran la reivindicación de procesos nacional-populares, nada garantiza que este proceso quede trunco.

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[1] https://www.inei.gob.pe/media/MenuRecursivo/boletines/04-informe-tecnico-mercado-laboral-ene-feb-mar2021.pdf


Carlos Alberto Adrianzén García Bedoya

Pontificia Universidad Católica del Perú – PUCP