Cuba: ¿reconciliación tardía?

En los últimos meses nos hemos enterado no sólo del sorprendente viraje en la política exterior de Cuba y EEUU, sino del rol importante que jugó el Papa Francisco, actitud papal que motivó las extrañas palabras de Raúl Castro en el sentido de que podría “regresar a la Iglesia”, rezar y, al lado de ello, recordó la educación recibida por él y su hermano Fidel en los colegios de los jesuitas.

Cuba: la larga marcha hacia la revolución

Cuba es un caso bastante singular en la historia de América Latina: en primer lugar no conquistó su independencia entre la segunda y la tercera década del siglo XIX, sino que permaneció como parte del semi-destruido imperio colonial español hasta fines de ese siglo. Además, la isla caribeña era codiciada por EEUU, la potencia emergente de aquel tiempo.

En la década de 1820 el Presidente Monroe había proclamado “América para los americanos” y esto, en cierta forma, implicaba el concepto de dominio continental por parte de EEUU; y la zona más inmediata para controlar era el Caribe.

La prensa norteamericana -en especial los diarios del magnate Hearst- impulsaron una campaña contra la represión ejercida por el colonialismo español y de solidaridad con el pueblo cubano. En este clima el gobierno norteamericano envió al acorazado MAINE para “proteger a los norteamericanos que vivían en Cuba”. Al poco tiempo el MAINE fue volado en circunstancias extrañas y, antes que concluyeran las investigaciones, EEUU culpó a España y le declaró la guerra. Lo que siguió fue una fácil victoria.

Como consecuencia, Filipinas y Puerto Rico pasaron a EEUU, y Cuba logró su independencia pero -mediante la “Enmienda Platt”- EEUU se reservó la posibilidad de intervenir para “restaurar el orden”. Cuba fue un país totalmente sometido al dominio económico de EEUU: las exportaciones cubanas tenían como principal destino EEUU, y también lo era el capital invertido en los ingenios azucareros y en las escasas industrias de la isla.  De otro lado, en los años 40 y 50, hubo fuertes inversiones en hoteles, cabarets y casinos por obra de empresarios mafiosos que de este modo lavaban dinero ilícito.

En 1952 se produjo un golpe de estado dirigido por Fulgencio Batista, quien estableció una dictadura represiva y corrupta. Frente a él, se alzó el joven abogado del partido ortodoxo, Fidel Castro Ruz, quien luego de fracasar en el intento de que la Corte Suprema enjuiciara al dictador, dirigió un alzamiento en Santiago de Cuba. El alzamiento fracasó y los rebeldes que sobrevivieron fueron enviados a prisión en la isla de Los Pinos.

A mediados de la década, cuando Batista se sintió seguro, dio una amnistía y liberó a Fidel y sus seguidores. Al poco tiempo Castro viajó a México para preparar una invasión a la isla y derrocar al dictador. El intento de invasión casi termina en fiasco pues la embarcación naufragó. Los sobrevivientes iniciaron una guerrilla en las montañas de Sierra Maestra.

En menos de tres años los guerrilleros lanzaron una ofensiva que culminó –a fines de 1958- con la toma de Santa Clara; al llegar esa noticia a La Habana el dictador fugó del país en la noche de año nuevo. Fidel consiguió que todos los mandos militares capitularan y que las diversas fuerzas políticas lo reconocieran como jefe de las nuevas FFAA nacidas del triunfo guerrillero.

Conflicto con EEUU y radicalización política

Durante toda su lucha previa a la toma del poder no existía ninguna relación entre Fidel y el marxismo-leninismo; su hermano Raúl le planteó la posibilidad de asistir a un congreso internacional. Considerado “de fachada” de organizaciones comunistas Fidel se negó. En los primeros tiempos Fidel habló de “humanismo” y que la revolución “no es roja sino verde olivo”.Pero pronto los comunistas del PSP (Partido Socialista Popular) aparecieron como necesarios: Fidel necesitaba organización y coherencia doctrinaria, cosa que solo este grupo podía dar. Este acercamiento se dio a pesar que -en 1956- el PSP calificó a Fidel de: “aventurero pequeño burgués”. El PSP solo se plegó a la lucha revolucionaria en 1958. En 1959 y 1960 un número creciente de militantes de la revolución comenzaron a asilarse o escapar al extranjero: el más importante fue el Presidente y ex juez supremo Manuel Urrutia.

El gobierno de EEUU exigió pago al contado por los fundos expropiados por la reforma agraria y protestó por las ejecuciones de batistianos acusados de crímenes de torturas y asesinatos. Las relaciones se deterioraron.

Las relaciones con la URSS se iniciaron  en febrero de 1960, luego que visitara Cuba -de vuelta de México- el viceprimer ministro Anastas Mikoyan. Cuando EEUU cortó la ayuda económica, la URSS inició programas de cooperación; cuando EEUU suspendió la importación de azúcar cubana, la URSS la compró; y cuando EEUU cortó la venta de petróleo, la URSS envió el hidrocarburo.

El lenguaje de los líderes se radicalizó: Fidel pasó del humanismo al socialismo; el ‘Che’ Guevara habló de marxismo y, finalmente, a fines de 1961, Fidel se definió como marxista-leninista.

El sueño internacionalista

La URSS no solo ganó un aliado en las “narices de EEUU” sino un colega ideológico. Pero esta aproximación al leninismo no significó una cercanía a los partidos comunistas ortodoxos de América Latina que -al igual que la URSS- no deseaban revoluciones marxistas en estas latitudes. Fidel se aproximó a los grupos “castristas”, generalmente disidentes de partidos social-demócratas, y que rompieron con sus líderes porque querían seguir el ejemplo de Fidel. Estos grupos buscaron convertir los Andes en una mayor Sierra Maestra. Esta actitud fue acompañada de críticas directas a los Partidos Comunistas del continente y fue acompañada -dentro de Cuba- de una apertura en arte y literatura que chocaban con la perspectiva neo-estalinista de los líderes del PSP.

En ese período se formó la TRICONTINENTAL[1], se lanzó como consigna: “el deber del revolucionario es hacer la revolución” y se difundió el libro de Regis Debray: “¿Revolución en la revolución?”, una exaltación de la guerrilla. Sin embargo, esta línea no pudo resistir el fracaso del ‘Che’ y su muerte en Bolivia.

Las duras realidades y el sometimiento a la URSS

A pesar que -durante algunos meses- prosiguió la retórica anterior, era claro que a Cuba no le quedaba más remedio que seguir la línea de la URSS: apoyar regímenes reformistas y avanzados como los de Allende y Velasco.

Pero Fidel siguió empeñado en heterodoxias económicas, principalmente no aceptar los estímulos materiales existentes en la URSS, y se lanzó a la campaña por la ZAFRA DE LOS 10 MILLONES -en la cual esperaba  batir un record en producción de caña de azúcar-. La zafra fue un fracaso y Fidel tuvo que resignarse a ser un escudero de la URSS. Sus intervenciones militares fueron sobre todo en África y eran acciones al servicio de la política exterior soviética.

La forma más clara en que Castro mostró su nueva línea fue el claro apoyo a la invasión a Checoslovaquia. También todos los audaces experimentos de tipo cultural fueron reemplazados por el uniforme y gris estilo de la Europa del este post-estalinista.

La caída del comunismo y la crisis

Al producirse la implosión de los regímenes de Europa del este, terminó el subsidio soviético y ello significó un duro período de “vacas flacas” en la isla. La situación fue tan grave que estuvo a punto de generar un colapso del régimen, pero pronto apareció un nuevo salvador: la Venezuela “bolivariana” de Chávez.

A partir de la venta de petróleo barato a Cuba y de su solidaridad política, los cubanos enviaron “misiones” destinadas a apoyar los programas sociales del chavismo. Estos programas fueron esenciales para la solidez y el apoyo popular de que gozó la “revolución bolivariana”.

En los últimos tiempos el régimen de Venezuela ha venido pasando por problemas muy serios: el liderazgo de Maduro no es comparable al de su predecesor; la situación económica se fue deteriorando (un signo visible es el incremento de la inflación); esto a su vez condujo a que la oposición se fortaleciera y el clima de inestabilidad contribuyó a agravar la situación política.

Estos hechos se presentaron ante la cúpula gobernante cubana y los llevó hacia una conclusión basada en el realismo político que caracterizó a todos los regímenes leninistas. Raúl aprovechó que en esta coyuntura había un demócrata en la Casa Blanca y, a partir de aquí, comenzó a actuar en forma silenciosa, alejándose sin hacerse ningún problema, de sus aliados chavistas.

También Raúl aprovechó que, en el Vaticano, hay un pontífice de claras ideas progresistas y -con el apoyo de éste- pudo generar una aproximación a su tradicional enemigo. Los cubanos verán con alivio el fin del bloqueo y verán con ojos positivos las posibilidades concretas de progreso individual que esta situación genera. Por ello el Papa puede ver fortalecida su situación y, de modo paralelo, la de la Iglesia en Cuba.

[1] Organización promovida por Cuba para impulsar la guerrilla en todo el Tercer Mundo, lo cual era contradictorio con la política soviética


César Arias Quincot

Periodista, licenciado en  historia  y profesor de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya.




Cuba y Estados Unidos: la posibilidad de un país mejor

La normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos resulta un desafío positivo que hemos de asumir con responsabilidad. El pasado 17 de diciembre se abrió una puerta clausurada hace más de medio siglo, que introdujo a los dos gobiernos, y a las dos sociedades, en un nuevo escenario que deberá estar signado por la distensión, el entendimiento y la cooperación, tanto entre los dos países como entre los cubanos.

El discurso de ambos presidentes, presentando un conjunto amplio de temas (aunque cada uno desde sus realidades, principios y lógicas, lo cual pudiera hacerlos parecer muy diferentes), significa el desamarre del mayor nudo que ha estrangulado las posibilidades de sostener una dinámica amplia, intensa y serena de desarrollo en Cuba.

Con esta afirmación no quiero restar peso a los errores internos, cometidos por los cubanos y, sobre todo, por el gobierno. Sin embargo, resultaría necio no comprender que la hostilidad de Estados Unidos contra Cuba restringió a las autoridades de la Isla la posibilidad de corregir errores importantes e impidió que pudieran emprender la evolución del modelo socio-político cubano.

Los presidentes de Estados Unidos y de Cuba dieron un primer paso, ratificado con creces durante la Cumbre de las Américas. Ahora debemos procurar que los políticos, los empresarios y las sociedades de ambos países se enrumben por ese sendero. Si conseguimos que esto ocurra, ambos países resultarán beneficiados, pero sobre todo Cuba, quien podrá robustecer con equilibrio la economía y las dinámicas sociales, lo que a su vez crearía condiciones para reformar, incluso, el modelo político.

De pronto fue posible el intercambio de prisioneros. También se efectuó el anuncio de que se restablecerán las relaciones entre ambos países y, por ende, se institucionalizarán las embajadas correspondientes. Se comunicó, además, que había consenso para continuar dialogando sobre temas importantes y sensibles, lo que ha ido ocurriendo de manera positiva y hasta sorprendente. Asimismo, se destacó que el gobierno de Estados Unidos comenzaría a implementar todas las gestiones que le permiten sus facultades para beneficiar la relación con Cuba, y que el presidente Obama batallaría para que el Congreso derogara las leyes draconianas que llaman embargo.

Todo esto se hizo público, de manera inusitada, por los dos mandatarios, en un mismo día y a una misma hora, con discursos cargados de simbolismo que indicaban, además, la resolución de continuar adelante. Esto no hubiera ocurrido sin que los implicados de ambas partes alcanzaran un entendimiento mínimo y, al menos, intuyeran la suficiente confianza para aceptar las sinergias futuras que tal decisión les impondría. Sin estas certidumbres no se hubieran arriesgado a dar estos saltos, con las implicaciones que tendrán en la política interna de ambos países.

El presidente Barack Obama colocó la decisión y la propuesta que anunciaba en medio de las circunstancias de su país. En tal sentido, evocó que las relaciones normales con Cuba pudieran contribuir a que Estados Unidos promoviera en la Isla sus valores e intereses, lo cual resulta legítimo y tal vez favorable para los cubanos, pero pudiera ser visto como un empeño de hegemonía y un intento de dominación, aunque por medios “blandos”. Asimismo, en tono de amonestación, mencionó restricciones que, como han sostenido muchos amigos y enemigos del gobierno cubano, dificultan las dinámicas económicas, sociales y políticas de los ciudadanos en el Archipiélago, e hizo alusión a acosos, arrestos y golpizas a determinadas personas. Sin embargo, también tuvo el valor de sostener que no se debe empujar a Cuba hacia un colapso y que, por tanto, colocaría los intereses de ambos pueblos en el centro de su política.

El presidente Raúl Castro fue más sintético, pero también claro y firme. Reconoció que esta decisión del presidente Obama merece el reconocimiento de todos. Asimismo, indicó que Cuba restablecerá las relaciones con Estados Unidos, que trabajará para mejorar el clima bilateral, y que estará dispuesta a todo tipo de intercambio, para lo cual haría falta llegar a suprimir el bloqueo. De esta misma manera, hizo público que el gobierno de la Isla está listo para dialogar con la administración estadounidense sobre política internacional (acerca de lo cual, según el presidente Obama, muchas veces había serias diferencias), derechos humanos, democracia (temas también tratados en su discurso por el presidente de Estados Unidos), e incluyó la cuestión de la soberanía nacional (un aspecto importantísimo para la generalidad de los cubanos).

En su alocución el presidente cubano exaltó que “debemos aprender el arte de convivir, de forma civilizada, con nuestras diferencias”. Esta cita fue escogida como título del discurso cuando se publicó en el periódico oficial Juventud Rebelde. Indudablemente, el general Raúl Castro podría estarse refiriendo a la convivencia de la diversidad de ideas, tanto en el plano internacional como nacional, siempre que, como ha sostenido en ocasiones, no implique una traición a los principios. Esta frase puede resultar la piedra angular de la evolución del modelo político cubano. Sin embargo, y esto no tiene por qué constituir una contradicción, señaló igualmente que sería leal a quienes cayeron defendiendo la independencia y la justicia social. Evidentemente, para el presidente de Cuba, ambos principios resultan pilares que deben ser salvaguardados en medio de cualquier ajuste en las relaciones internacionales y del modelo socio-político cubano.

La soberanía nacional, los derechos humanos, la democracia y la política internacional, constituyen pilares básicos del desarrollo de los principios de independencia y de justicia social, destacados por el mandatario cubano. En la medida en que consigamos un consenso mayor sobre estos aspectos y logremos esculpir sistemáticamente mejores formas de realizarlos, nos iremos acercando a una mejor convivencia en cada país y en la comunidad internacional.

No obstante, debo destacar que la capacidad del gobierno cubano para dejarse interpelar por Estados Unidos, y para compartir con éste criterios y soluciones, tendría que expresar una síntesis de las valoraciones más esenciales y generales que consigan consensuar las autoridades y los diferentes segmentos nacionales. Para eso sería imprescindible que se desarrollara al unísono el diálogo entre los dos gobiernos, y el diálogo dentro de la sociedad cubana.

El tema de los Derechos Humanos en Cuba, que muchos incorporan como condición para desarrollar las relaciones bilaterales, constituye un asunto a dialogar, por su importancia para el desarrollo del sistema político cubano y para la consolidación de nuestra sociedad civil. Sin embargo, al hacerlo hemos de considerar esta problemática atravesada por las circunstancias que han influido sobre la misma. De lo contrario, los juicios podrían resultar errados y se dificultarían las posibles soluciones.

Si apreciamos la práctica social en Cuba, podríamos sostener la prevalencia de una concepción que privilegia la igualdad y los derechos sociales. Ambos ideales resultaron ser aspiraciones que no se estimaban suficientemente satisfechas en nuestra época histórica conocida como republicana. Atentaban contra dicho propósito ciertas visiones que, desde sectores influyentes en la Isla y en Estados Unidos, privilegiaban los denominados derechos individuales en detrimento innecesario de los derechos sociales y de la igualdad. El forcejeo entre estas tendencias provocó que con el triunfo de la Revolución, el 1 de enero de 1959 (que contó con el apoyo de amplios sectores populares, ávidos de igualdad y derechos sociales), comenzara un proceso de exclusión de las visiones liberales y de los mecanismos que le ofrecían poder. Esto favoreció el establecimiento de derechos sociales y de marcos de igualdad. Sin embargo, limitó ciertas libertades, así como las relaciones de la Isla con países importantes. Esto condujo a un modelo de resistencia, pero no a un modelo de desarrollo. Por ello, estamos obligados a completar la obra. Se hace imperioso ensanchar las libertades restringidas y asegurar que a través de ellas no se restablecerá aquel pasado signado por una concepción que legitimaba la desigualdad.

Estoy seguro que asumiremos dinámicas complejísimas, tanto en las relaciones entre cubanos como en los vínculos internacionales, en especial con Estados Unidos. No podemos afirmar que poseemos la experiencia suficiente para marchar con certezas por esos nuevos caminos. Sin embargo, esto no debe preocuparnos demasiado, pues la experiencia resulta una gran riqueza, pero no constituye la única garantía del éxito. Incluso, en ocasiones pudiera ser mejor ocuparse de las nuevas realidades sin las costumbres anquilosadas que pueden resultar de la acumulación de prácticas pasadas.

Por otro lado, tenemos la satisfacción y la confianza de que Cuba disfruta de una ciudadanía que, por lo general, posee educación, actitudes solidarias, inteligencia y disposición para el emprendimiento; y se empeña en desear una sociedad próspera que garantice espacios para todos y asegure el bienestar de cada cubano. Estas cualidades son suficientes para procesar cualquier impacto que desamarre los nudos que han comprimido nuestras posibilidades de avance, y aprovecharlo para conseguir un país mejor.

En este contexto, la Santa Sede confirmó la visita a Cuba del papa Francisco. Este Papa latinoamericano y jesuita ha mostrado una sensibilidad especial hacia el pueblo cubano y se ha implicado efectivamente en el proceso de normalización de las relaciones entre la Isla y Estados Unidos. Ha tenido la altura y el valor de apoyar y legitimar la gestión de los presidentes Barack Obama y Raúl Castro, y el proceso que este último lidera para consolidar los senderos que pudieran conducir a Cuba hacia el desarrollo y la estabilidad.

Estos signos ratifican la necesidad de desterrar del escenario sociopolítico la presión y la subversión que siempre emanan del odio, y que tanto daño han causado a nuestro pueblo. Únicamente la distensión, la transparencia, el diálogo, la lealtad y la humildad sostendrán los pilares que podrían garantizar un nuevo tiempo para Cuba.


Roberto Veiga González

Jurista y comunicador socio-político. Se ha desempeñado como notario de la Cancillería del Arzobispado de La Habana y del Tribunal Eclesiástico Inter-diocesano de Primera Instancia, así como secretario académico del Instituto de Estudios Eclesiásticos Padre Félix Varela. Ha sido vice-coordinador nacional de la Unión Católica de Prensa, miembro del Consejo de Redacción de las revistas Presencia, de la diócesis de Matanzas, y Palabra Nueva, órgano oficial de la Arquidiócesis de La Habana, y durante una década editor de la destacada revista católica habanera Espacio Laical. Fue responsable de la Comisión de Justicia y Paz en el Arzobispado habanero y organizó la X Semana Social Católica, celebrada en 2010. Ha impartido Cívica, en el Seminario San Carlos y San Ambrosio, Teoría del Estado y de las Instituciones, en el Instituto de Estudios Eclesiásticos Padre Félix Varela, así como Historia del Estado y del Derecho, y Filosofía del Derecho, en la Universidad de La Habana. Actualmente se desempeña como coordinador general de Cuba Posible, un laboratorio de ideas adscrito al Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo-Cuba, una ONG fundada hace más de 20 años por un pastor presbiteriano. Es autor de un conjunto amplio de artículos, ensayos y conferencias sobre temas sociales y políticos cubanos.




El proyecto europeo en crisis

Referirse al espacio europeo no solo es hablar de la construcción en materia de integración más exitosa que impera en el mundo, sino también de una zona de paz, la cual permitió que dicho continente deje de ser escenario de conflictos bélicos recurrentes, tal y como sucedió hasta 1945. Haber recibido el Premio Nobel de la Paz el 2012 es un reconocimiento a este trabajo.

Sin embargo, hace varios años el proyecto europeo viene siendo cuestionado. El euroescepticismo tiene cada vez más adeptos, y la pregunta es por qué. Un aspecto central para comprender la desazón de la población respecto a la Unión Europea es la última crisis económica iniciada el año 2008. Responsabilizar al euro puede tener algún sustento, pero esto no debe hacernos olvidar los beneficios generados a lo largo del tiempo producto de una mayor interdependencia entre sus miembros. De ahí que el problema no parezca ser la integración por si misma, sino más bien, lo que falta construir al respecto. La situación generada en Grecia, Chipre, España y Portugal demostró que la unión monetaria resulta insuficiente, y que los avances económicos registrados requieren un mayor nivel de integración política y económica, en áreas tan sensibles como la fiscal y la bancaria. La Unión Europea se ha planteado estas metas, pero en una coyuntura económica  tan difícil como la actual, y con un alto nivel de desconfianza de la población, pedir más integración es imposible.

A esto habría que sumarle los problemas que plantea el primer ministro del Reino Unido, David Cameron, al solicitarle a la Unión Europea una serie de cambios que haga de la relación de la isla con Europa una más flexible (de lo que ya es), manteniendo como medida de presión un referéndum sobre su permanencia en el bloque europeo, previsto para el 2017. Al igual que lo sucedido con la consulta escocesa, esta es una jugada muy arriesgada, no solo para la integración europea, sino también para los intereses británicos en la región a la que pertenece. Sin embargo, el ascenso de sectores de ultra derecha en la escena política británica (principalmente el UKIP[1]), está obligando a Cameron a tomar decisiones que favorecen su supervivencia política pero que podrían debilitar más a Europa.

Justamente, el tema del ascenso de los radicalismos también es un aspecto a considerar para comprender la realidad europea en la actualidad. Así como Syriza en Grecia se plantó, mientras pudo hacerlo, ante las exigencias no solo europeas sino también del Fondo Monetario Internacional (FMI), algo que también podría suceder con Podemos en España; en el otro extremo, el ala más radical de la derecha europea tiene cada vez más partidarios, como viene sucediendo no solo en el Reino Unido, sino también en Francia (Frente Nacional), Finlandia (Auténticos Finlandeses), Italia (Liga Norte), Grecia (Aurora dorada), para señalar solo algunos. Si bien en Alemania, más aun considerando su pasado, estos sectores no tienen una participación política tan organizada, sí llevan a cabo marchas que cada vez congregan a más gente. La fractura que vive la política en Europa, con una mayor presencia de los extremos y, por ende, el auge del euroescepticismo, hacen difícil hablar en términos paneuropeos.

Otro punto que también debe resaltarse para seguir hablando de crisis en la Unión Europea es la debilidad existente en materia de liderazgo. El eje Paris–Berlín (Londres dejó hace mucho de serlo), predominante en la escena europea, se encuentra siendo seriamente cuestionado. Por un lado, Francia no solo tiene grandes problemas económicos, sino también cuenta con un gobierno desprestigiado con tasas de aprobación bastante reducidas. En este contexto, el país galo parece haber dejado en manos de los alemanes el timón europeo; no resulta casualidad que, no obstante el gobierno francés ha sido crítico de la austeridad promovida desde Alemania principalmente, no ha podido plantear una alternativa, sucumbiendo internamente ante la misma.

Por otro lado, si bien no puede negarse que las decisiones más difíciles deben pasar por el filtro alemán, no por algo es la economía más grande de la eurozona, los anticuerpos que ha generado este liderazgo a partir del predominio de la austeridad en un marco de crisis resultan muy importantes para vislumbrar el futuro de la UE. Teniendo en cuenta que el gobierno de Merkel debe asumir, al mismo tiempo, su rol como motor de la integración europea, pero también hacer frente a las demandas euroescépticas internas, las mismas que se ven acentuadas por las diferencias, por ejemplo, que se vienen dando entre la población alemana y la griega, hacen que las perspectivas para Europa sean bastantes sombrías.

Finalmente, no olvidar el problema de la inmigración ilegal, proveniente en mayor medida del norte de África y Medio Oriente. Este tema genera descontento interno, la mayor parte de las veces exagerado, alimentando a los diversos movimientos y partidos nacionalistas, señalando como responsable de la crisis a todo lo foráneo (incluso tratándose de Europa del Este). Asimismo, siendo una problemática central, de la mayor trascendencia en materia de seguridad, demuestra lo difícil que es trabajar en favor de una mayor integración en tanto los países miembros anteponen sus intereses nacionales al bien común, impidiendo que la Unión Europea haga frente a estas amenazas en forma conjunta, única manera de solucionar un problema de naturaleza global. Así, muchos se preguntan hasta cuándo resistirá Italia la crisis migratoria en el Mediterráneo, sin el apoyo comprometido de sus pares europeos.

A pesar de la crítica realidad descrita, la Unión Europea aún puede jactarse de tener cierto poder. Si el gobierno griego pensó que podía intentar una negociación en mejores condiciones amenazando con una salida de la zona euro, se equivocó. Ni el referéndum realizado en Grecia, haciendo clara la voluntad del pueblo de dicho país contrario a la austeridad, ni sus coqueteos con Rusia, fueron suficientes para que sus socios europeos, fundamentalmente Alemania, dieran su brazo a torcer. Más allá de algunos tímidos apoyos ideológicos de los gobiernos de Francia e Italia, Grecia tuvo que aceptar un plan de austeridad totalmente contrario a lo prometido en campaña por el primer ministro Tsipras. En otras palabras, si bien el proyecto europeo se encuentra siendo cuestionado desde diferentes ángulos, mantiene una cuota importante de poder por lo menos en temas relativos a la situación económica de los países miembros más débiles, aunque esto no sea suficiente de cara a lo que debe significar avanzar y profundizar el proceso de integración.

[1] Partido de la Independencia del Reino Unido


Oscar Vidarte Arévalo

Magíster en Relaciones Internacionales por la Pontificia Universidad Javeriana de Colombia y egresado de la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Profesor del Departamento Académico de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Católica del Perú y de la Escuela de Ciencia Política de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya.




Cuba y Estados Unidos. La reconstrucción de la escena del poder continental

En los últimos días el continente latinoamericano ha visto la reconstitución de lazos de poder entre sus integrantes. Cuando la atención se había sentado en torno a los diálogos e intercambios entre un eje progresista y un eje más cercano a los intereses de Estados Unidos, quedaba claramente en un segundo plano la situación particular de uno de los países del continente que se encontraba bloqueado económicamente y alejado de la agenda de la coyuntura regional.

El acercamiento producido entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos viene a replantear la construcción de imaginarios colectivos en torno al posicionamiento de estos países. El presente artículo trata de responder a tres interrogantes:

  • ¿Cómo se reconstruye la imagen de Estados Unidos frente a la región?
  • ¿Qué sucede con la Imagen País de Cuba?
  • ¿Qué nos cambia en la región?
La imagen de Estados Unidos frente a la región

Con el inicio de un proceso de acercamiento entre el país norteamericano y la isla caribeña, la potencia dirigida por Barack Obama replantea su relacionamiento con América Latina. En primer lugar, la atención que el Secretario de Estado John Kerry ha dado a la situación en Cuba puede ser leída como un especial interés de Estados Unidos en ampliar la agenda de temas en América Latina.

Por otro lado, a diferencia de los intentos de formar un bloque común -que tuvo Bush al impulsar el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y que fracasó estrepitosamente en el año 2005-, el Presidente Obama no ha dedicado una agenda especial a la región. La complicada situación interna y el centro de atenciones internacionales en la finalización de conflictos en Afganistan, Irák y el cierre de la cárcel de Guántanamo, han desviado la atención de Estados Unidos sobre América Latina hacia otros hemisferios.

El país del norte refuerza la estrategia que ha venido siguiendo, la de negociar directamente y de manera bilateral con los países del continente. El punto más alto de conflicto en este esquema de relaciones bilaterales ha sido con la Venezuela de Chávez y Maduro. En este sentido, el acercamiento entre Estados Unidos y Cuba afecta directamente al eje de influencia venezolano, que cuenta dentro de sus aliados a la isla caribeña.

Luego de más de cinco décadas de embargo económico y quiebre de relaciones entre Cuba y Estados Unidos, la estrategia de diplomacia pública norteamericana privilegia el sentido pragmático de la relación entre los dos países. En este sentido, el posicionamiento de una diplomacia que se enfoca en el avance paulatino y progresivo de las relaciones económicas internacionales aporta a la reputación de Estados Unidos como potencia líder a nivel mundial.

Así, la separación de las relaciones diplomáticas por punteos y ejes temáticos permite que se exploren avances incrementales, que en su conjunto van allanando el camino para el normal restablecimiento de las relaciones entre ambos países. Aquí Estados Unidos ha sido flexible en cuanto a la exigencia de condiciones de funcionamiento del régimen de gobierno en la isla caribeña, como el establecimiento de un sistema democrático, el respeto a los derechos humanos, etc. Si bien se trata de principios irrenunciables la estrategia de Washington ha sido exitosa en avanzar con una agenda que vaya estableciendo puntos de contacto poco a poco.

Cuando se deja el énfasis en posturas discursivas y se pasa a la ejecución podemos ver que algunas banderas que permanecían lejanas pueden flamear cada vez más cerca y juntas.

Con esta medida Estados Unidos se convirtió en el centro de la agenda pública internacional, medida que se ajusta a la reducción de tropas desplegadas en medio oriente y una agenda de intervención internacional más asociada a movimientos de defensa tácticos. Estados Unidos tomó esta decisión respecto a Cuba con la calculadora política en mano y hasta ahora el saldo sigue siendo positivo.

La Imagen País de Cuba

Otro de los factores a tener en cuenta en este cambio de esquema de relaciones es la Imagen País de Cuba. Emerge un nuevo actor político que recupera una voz, no solo en alguno de los foros internacionales, sino en la atención de la prensa internacional.

La reapertura de las relaciones entre ambos países consolida una puerta importante no solo a la atracción de inversiones en la isla que provengan de los Estados Unidos, sino además de otros países que se acerquen al continente.

Sin duda los ojos del mundo se posicionan sobre la economía caribeña, al tiempo que surgirán las presiones para que se generen cambios en el régimen de gobierno. La situación de los derechos humanos en Cuba se convierte en uno de los focos de atención de una isla reabierta al mundo. La prensa, así como los organismos internacionales, se convertirá en los agentes que colocarán la atención respecto a esta situación.

La apertura a la relación con Estados Unidos además brinda garantías de carácter geopolítico en la región, pues si bien existe una independencia absoluta de Cuba respecto a su gigante vecino norteamericano, también significa una superación definitiva del último eslabón de aliados del ex bloque soviético.

Las reformas económicas que eventualmente se planteen en Cuba van a modificar al último ejemplo mundial de una economía centralmente planificada de carácter socialista, cerrada al comercio internacional y la inversión privada. En este sentido, la Imagen País de Cuba se ve re-enfocada desde una isla que mantenía un proyecto político, aislada del resto del mundo, a una economía que comienza a abrirse al mundo y que se convierte en un actor competitivo a nivel regional.

¿Qué nos cambia en la región?

El cambio en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos comienza a terminar un conflicto de carácter histórico en la región. Si bien no existe actualmente un eje socialista en ella, Cuba sí se asoció desde un comienzo a la integración más de carácter chavista integrándose a la Alianza Bolivariana de las Américas (ALBA) que surgió como alternativa al fracasado proyecto ALCA de Área de Libre Comercio de las Américas, planteado por el Presidente Bush en 2005.

En este sentido, si bien el eje chavista integrado por Bolivia, Venezuela, Argentina, Ecuador y Nicaragua ha comenzado a tambalear respecto a dilemas internos, Cuba se encontraba integrada y mantenía alianzas especialmente con estos países.

Con esta nueva alianza entre Cuba y Estados Unidos comienza a primar una visión más pragmática de las relaciones internacionales en la región. Dos países radicalmente distintos en tamaño, régimen de gobierno, cultura política y sistema económico plantean pragmáticamente una agenda de carácter incremental para mejorar mutuamente sus relaciones. En base a lo expuesto podemos ver que cada uno de ellos obtiene beneficios determinados respecto al nuevo esquema de relaciones planteado, por lo que permite dejar atrás viejas barreras de carácter ideológico y poner el foco en un esquema de cooperación que beneficie tanto a estadounidenses como cubanos, la población, sujeto protagonista, pero normalmente olvidado en la política internacional.


Matías Ponce

Profesor Investigador Universidad Católica del Uruguay.