El camino de los jóvenes hacia la justicia climática

Jóvenes y justicia climáticaCon solo 1ºC por encima de los niveles de la era preindustrial, diversas zonas del mundo han soportado olas de calor sin precedentes, inundaciones y sequías prolongadas. Las proyecciones sugieren que, si no se implementan medidas urgentes, se alcanzaría los 3°C al 2030, lejos del 1.5ºC que precisa la reducción de las emisiones de dióxido de carbono en un 45% para 2030, según el Panel Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático[1]. El contexto de concentración de las emisiones en pocas corporaciones y la fuerza política del negacionismo pintan un panorama nada alentador. Y, sin embargo, este último año surge un movimiento de jóvenes por la justicia climática, alentado por Greta Thunberg, una adolescente sueca.

El 20 de agosto del 2018, Greta decidió dejar de asistir a la escuela para sentarse todos los días frente al Parlamento sueco exigiendo que los políticos asuman medidas para enfrentar la crisis climática. Ese año, Suecia vivió un incendio forestal y olas de calor inusuales. Además, la protesta antecedió las elecciones del parlamento. La acción de Greta se viralizó en las redes sociales y solo tres meses después, la adolescente daba un discurso en la COP 24 en Katowice. Además de la Cumbre Climática, Greta se ha dirigido a los líderes y representantes del Foro Económico Mundial en Davos, el Parlamento Europeo y la Asamblea Nacional francesa.

Su éxito mediático fue clave para la expansión de la iniciativa “Friday for Future” (Viernes por el Futuro) en otras ciudades de Europa, donde jóvenes dejaban de asistir a clases en señal de protesta. El 15 de marzo del 2019 se organizó la Huelga por el Cambio Climático, con movilizaciones en más de mil ciudades alrededor del mundo, incluyendo ciudades latinoamericanas como Lima, Buenos Aires, Santiago de Chile y Ciudad de México. El mensaje de Greta Thunberg y los jóvenes movilizados es directo: responsabilizan a los adultos en posiciones de poder por la crisis climática y les exigen esfuerzos que permitan cumplir los compromisos estipulados en el Acuerdo de Paris.

Ante estas movilizaciones, que han tejido redes globales donde los protagonistas son las y los jóvenes, nos preguntamos: ¿Qué define estas movilizaciones? ¿Qué impacto tiene su irrupción en la política climática? ¿Qué perspectivas tiene como movimiento?

¿Qué define estas movilizaciones?

Estas movilizaciones posicionan a los jóvenes como sujetos políticos, con adolescentes que participan en las marchas y construyen discursos sobre la política climática, incluso antes de que su ciudadanía sea formalmente reconocida. A diferencia de movimientos que se posicionan o simpatizan con fuerzas políticas del espectro derecha- izquierda, la interpelación de los jóvenes por la justicia climática tiene un tinte más generacional. Se cuestiona a los políticos y a los adultos en general por no implementar medidas a la altura de la situación de la crisis climática.

justicia climática

“Huelga escolar por el Clima”. Greta Thunberg se ha convertido en el símbolo de los jóvenes que se movilizan en la lucha contra el Cambio Climático.

Otra característica es su relación con la ciencia. La ciencia y lo público tienen una relación compleja. El campo de la ciencia suele verse como un campo objetivo, que se sitúa más allá de la política. Pero en tiempos de posverdad y gobernantes negacionistas como Donald Trump y Jair Bolsonaro, la ciencia –y la ciencia sobre el clima en particular– se ha posicionado como un campo de disputa. Los jóvenes piden a los políticos escuchar a los científicos y, en particular, las recomendaciones y alarmas del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC).

A diferencia de otros movimientos globales nacidos en el norte, como el Altermundialismo, los jóvenes no están al margen de la política institucional. En pocos meses, han irrumpido con sus mensajes en foros nacionales y multilaterales de la política del establishment. Aun así, el mensaje de Greta no deja de ser incómodo. Para las derechas más negacionistas, estos jóvenes son un grupo manipulado y alarmista. Para un sector de la izquierda, que apuesta por salidas más radicales y anticapitalistas, estos jóvenes son usados por corporaciones y lobistas representantes del “capitalismo verde”.

Y no podemos dejar de hablar del liderazgo particular de Greta. Ella fue diagnosticada como Asperger y, en sus apariciones públicas, reivindica la neurodivergencia como una ventaja para preocuparse y concentrarse en asuntos que los demás dejan pasar, y para hablar sin miedo a las sanciones sociales. Además, muchas de las líderes que convocaron los “Friday for Future” y las movilizaciones en otras ciudades de Europa son mujeres, como Anuna de Weber (17) en Bélgica y Luisa Neubauer (22) en Alemania.

¿Qué impacto tiene su irrupción en la política climática?

Un primer impacto es la movilización sin precedentes de jóvenes exigiendo salidas a la crisis climática. En Bélgica, las movilizaciones por el clima llegaron a congregar a 35 mil estudiantes[2]. En Australia, el primer ministro manifestó que se necesitaba “más aprendizaje en las escuelas y menos activismo” ante los miles de jóvenes que manifestaban su apoyo a la huelga escolar del 15M[3].

Un segundo impacto a raíz del éxito mediático de Greta y otros líderes jóvenes es su contribución a la popularización de la lucha contra el cambio climático. Sin embargo, ¿están haciendo alguna diferencia a nivel de la realpolitik? En mayo del 2019, el Parlamento Británico aprobó el reconocimiento formal para declarar una “emergencia climática”. La votación fue vigilada por unos 2 mil manifestantes en las afueras de la sede del Parlamento. En Alemania, Angela Merkel aceptó que el movimiento impulsado por Greta ha acelerado las políticas para enfrentar el calentamiento global. Se ha comprometido a poner fin a la extracción de carbón hacia el 2038, una fecha que los protestantes consideran aún muy distante[4]. Si bien el Partido Verde en Europa logró alguna representación parlamentaria desde la década de los ochenta, en las últimas elecciones europeas de mayo, los verdes son hoy la cuarta fuerza política en el Parlamento Europeo, un resultado sin precedentes[5].

¿Qué perspectivas tiene como movimiento?

El movimiento de jóvenes por el clima se ha posicionado como un actor relevante en la política climática: tiene líderesas reconocibles, mediáticas, un mensaje claro sobre la urgencia en destinar esfuerzos por no sobrepasar el 1.5°C y ha irrumpido en espacios importantes de toma de decisión. Además, parece haber contribuido al fortalecimiento de fuerzas políticas, como los Verdes, y de otros movimientos sociales como Rebelión o Extinción. Aún es muy temprano para señalar un impacto en soluciones más concretas. Sin embargo, la juventud de muchos de sus integrantes y su nivel de conciencia e información sobre la crisis climática parecen sugerir una renovación de la política que haga contrapeso a las fuerzas negacionistas.

Sin embargo, dentro del movimiento puede haber tensiones, por ejemplo, entre posturas más reformistas -alineadas a agendas como las del Nuevo Acuerdo Verde (Green New Deal)- y posturas más radicales que empatan con la crítica anticapitalista al crecimiento sin límites. Además, aún no es claro cómo se posiciona frente a la política en los próximos años, cuando sus lideresas ya no tengan el impedimento de edad para postular a cargos de elección popular.

En Perú, si bien la justicia climática no ha sido una bandera de lucha, la Huelga Climática del 15 de marzo convocada por Greta Thunberg encontró eco en estudiantes que se movilizaron en 12 departamentos del país[6]. Si estos colectivos se siguen organizando, se abre una oportunidad para consolidar un discurso propio sobre la justicia ambiental, arraigado en nuestra realidad nacional; es decir, desde la posición del Perú como país no hegemónico en cuanto a las emisiones globales de CO2, pero a la vez dotado de grandes riquezas como la Amazonía y el mar Pacífico, que soportan crecientes presiones de países del Norte y cuya defensa cuesta hasta vidas[7].

Jóvenes y justicia climática

El Movimiento “Fridays for Future” ha llegado a diversos lugares, incluso a Perú, cuyos jóvenes se han movilizado en diferentes regiones del país.

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[1] https://www.nationalgeographic.es/medio-ambiente/2018/10/informe-ipcc-efectos-cambio-climatico-mas-graves
[2] https://elpais.com/sociedad/2019/01/24/actualidad/1548352437_665817.html
[3] https://www.infobae.com/america/mundo/2018/11/30/miles-de-estudiantes-protestaron-en-australia-contra-el-cambio-climatico/
[4] https://www.dw.com/en/germanys-angela-merkel-backs-student-friday-for-future-climate-protests/a-47750479
[5] https://elpais.com/internacional/2019/05/27/actualidad/1558981678_952761.html
[6] https://www.facebook.com/fridaysforfutureperu/
[7] https://es.mongabay.com/2019/07/america-latina-asesinatos-defensores-ambientales-2018-informe/

Primavera 2019


Tania Ramírez Farías

Socióloga. Integrante de la Plataforma Ciudadana 16N: Por Nuestro Derecho a la Ciudad.




La Globalización de la basura

Globalización basura - AsiaEn los últimos años la basura global ha tenido una visibilidad sin precedentes en la discusión pública en países desarrollados. Esto se debe, principalmente, a la crisis del sistema global de reciclaje desde que China cerró sus importaciones de desechos reciclables en 2018, pero también a otras dinámicas, como los escándalos por contaminación causada por desechos electrónicos exportados a países pobres –notoriamente Ghana– o el caso emblemático de 2009 de un envío de cargamentos desde Inglaterra a Brasil que supuestamente eran reciclaje, pero resultaron ser basura, entre otros. Estos hechos muestran que la globalización, vista como la interconexión de personas y capitales a través de flujos de bienes y servicios alrededor del planeta, implica también flujos de desechos que alcanzan una escala planetaria[1].

A mediados de 2017, China –de lejos el más grande importador de reciclaje del mundo– anunció que pondría fin a sus importaciones de 24 categorías de desechos reciclables, incluyendo varias categorías de plástico y papel. China se negaba a importar plástico que no sea 99.5% puro, convulsionando una industria global de 200 mil millones de dólares anuales. El bloqueo se hizo efectivo el 1 de enero de 2018, generando una crisis global del reciclaje a partir de ese momento[2]. En marzo de 2019, India tomó una medida similar prohibiendo la importación de desechos plásticos.

Los países del norte, principalmente Estados Unidos (EEUU), exportaban gran cantidad de su reciclaje a China. En el caso de EEUU, sus exportaciones de reciclaje, en las últimas décadas, han sido de aproximadamente un tercio del total del material desechado reciclable. Ante el cierre del mercado en China, los flujos de reciclaje recientemente han inundado el sudeste asiático, principalmente Malasia. En el 2018 Malasia se convirtió, prácticamente de la noche a la mañana, en el principal importador de desechos de plástico del mundo[3], con EEUU como el principal exportador de plástico a ese país[4]. Quienes han liderado la expansión del reciclaje en el sudeste asiático han sido compañías chinas que migraron hacia países con menores regulaciones y mano de obra barata. Luego de reciclar en estos otros países, el material seleccionado es re-exportado principalmente a China, ya que una vez clasificado y limpiado recupera su carácter de materia prima atractiva y legal para la industria manufacturera.

Como era de esperarse, esta situación ha generado problemas dramáticos en países de la región. En noviembre de 2018, Greenpeace Malasia publicó el informe “El mito del reciclaje: Malasia y el sistema global del reciclaje”[5], que muestra la proliferación de botaderos ilegales, quemas de plástico y contaminación que configuran una “crisis de plástico” en ese país. La inundación de plástico se produjo sin que el país tuviera, ni remotamente, la infraestructura de reciclaje que había desarrollado China. Ante la crisis, Malasia ha respondido con una prohibición temporal de la importación de plástico hasta que se introduzcan nuevas regulaciones[6].

El reciclaje es un proceso complejo y costoso en términos de mano de obra. La información sobre “qué es reciclable y qué no” suele ser confusa, incluso para ciudadanos bien intencionados que terminan incluyendo objetos como cajas de pizza o pequeños envases de yogurt en el sistema de reciclaje. El material que llega a las plantas requiere ser separado y organizado, lo cual es un trabajo intensivo en mano de obra. Para países con mano de obra costosa como EEUU, hacer el reciclaje en casa no tiene sentido económico, lo que explica que el modelo de negocio de las empresas recicladoras locales sea la exportación. De esta manera, en EEUU se recicla por ejemplo material industrial, pero lo que se conoce como “plástico mezclado” tiende a ser exportado a países con mano de obra más barata, como China. Por otro lado, la propia dinámica del comercio internacional facilita la exportación de basura desde países del norte a Asia: desde Asia llegan contenedores cargados con productos de consumo, pero podrían regresar vacíos en tanto los volúmenes de exportación desde EEUU hacia Asia son menores; para evitar esto, los transportistas acceden a cobrar precios mucho más baratos por tonelada transportada. Así, enviar desechos en contenedores se vuelve más barato para los recicladores locales que procesar la basura domésticamente[7].

Durante décadas, China importó plástico desechado para alimentar su industria manufacturera en crecimiento. Pero mientras que la manufactura se desaceleró y sus costos laborales subieron, los incentivos para hacerse cargo del reciclaje global disminuyeron. Más aun cuando mucho del material importado estaba tan contaminado que su reciclaje no siempre era viable[8].

Basura Global - lugares públicos

El “problema de la basura” ha desembocado en que muchos países tengan lugares públicos contaminados.

En general, la mayor parte del material que llega a las plantas recicladoras no termina siendo reciclado. Entre 1950 y 2015 se estima que fueron desechadas 6.3 mil millones de toneladas de plástico a nivel mundial, de las cuales solo un estimado de 9% fue reciclado, 12% fue incinerado y 79% fue acumulado en rellenos o en el ambiente natural[9]. En EEUU se estima que el ratio de reciclaje total en 2018 fue de 4.4%[10].

Los bajos porcentajes de plástico reciclado explican en parte el alto impacto ambiental de este. Asia es el principal contaminador de plástico en los océanos, con China a la cabeza. Actualmente, en EEUU buena parte del material reciclado está terminando en los vertederos del país, atrapados bajo tierra o incinerados. En una nota para The Atlantic titulada “¿Es el fin del reciclaje?” la responsable del gobierno local de Franklin (New Hampshire) explicó que “estamos haciendo lo mejor para ser ambientalmente responsable, pero no podemos pagarlo… el plástico es una cosa para la que no tenemos mercado”[11].

El problema global del plástico es un problema de desenfreno en la producción y el consumo, es decir, es producto del sistema económico mundial. Alrededor de la mitad de todo el plástico producido en la historia ha sido producido desde el año 2004[12]. El ahorro económico del uso de plástico reciclado frente al plástico “virgen” no es considerable, y actualmente EEUU está produciendo más basura que nunca[13].

La crisis del reciclaje ha revelado que, en los países del norte, una forma extendida de lidiar con su basura ha sido exportarla. Esto es un ejemplo de lo que David Harvey llama “solución espacial” o “spatial fix”: frente a una crisis de acumulación, la respuesta es trasladar geográficamente el problema[14]. Pero en este caso, el traslado puede invisibilizar localmente el problema, pero no lo soluciona. La única salida realmente viable es reducir considerablemente el consumo en general y de plástico en particular, es decir, cambiar radicalmente la tendencia existente. Pero el éxito del capitalismo global se fundamenta en el crecimiento y la economía mantiene su base material de creación y movimiento de objetos. La cantidad de basura generada no solo crece en términos totales sino también en mediciones per cápita[15].

Países desarrollados producen volúmenes cada vez más grandes de basura, pero también desarrollan regulaciones ambientales más estrictas. Esto crea incentivos para que le exporten su basura –tóxica o no, reciclable o no– a países en vías de desarrollo. Esta situación ha evidenciado un sistema de globalización de la basura particularmente injusto. Ningún país quiere ser el basurero del mundo.Basura global - Exportación——————————-

[1] MOORE, Sarah. “Global garbage: waste, trash trading, and local garbage politics”. En: Peet, R., Robbins, P. and Watts, M. (eds.) Global Political Ecology. London; New York: Routledge. 2010
[2] NATIONAL GEOGRAPHIC. “China’s ban on trash imports shifts waste crisis to Southeast Asia. As plastic scrap piles up, Malaysia and others fight back”. 16 de noviembre 2018. (www.nationalgeographic.com/environment/2018/11/china-ban-plastic-trash-imports-shifts-waste-crisis-southeast-asia-malaysia/)
[3] HUFFPOST. “Why Southeast Asia is Flooded with Trash from America and Other Wealthy Nations. Capitalism, greed and inequality have created a crisis in the global recycling system”. 8 de marzo 2019 (https://bit.ly/2JjOkHI)
[4] NATIONAL GEOGRAPHIC, Loc. Cit.
[5] GREENPEACE MALASIA. The Recycling Myth. Malaysia and the Global Recycling System. 2018 (https://bit.ly/2UCZzfp)
[6] HUFFPOST, Loc. Cit.
[7] Ibíd.
[8] Ibíd.
[9] GEYER, Roland, Jenna R. JAMBECK and Kara LAVENDER LAW. “Production, use, and fate of all plastics ever made”. Science Advances 19 Jul 2017: Vol. 3, no. 7, e1700782. DOI: 10.1126/sciadv.1700782
[10] WASTE360. “U.S. Plastic Recycling Rate Projected to Drop to 4.4% in 2018”. 5 de octubre 2018 (https://www.waste360.com/plastics/us-plastic-recycling-rate-projected-drop-44-2018)
[11] THE ATLANTIC. “Is This the End of Recycling? Americans are consuming more and more stuff. Now that other countries won’t take our papers and plastics, they’re ending up in the trash”. 5 de marzo 2019. (https://bit.ly/2W4tXnu)
[12] GEYER et al, Loc. Cit.
[13] THE ATLANTIC, Loc. Cit.
[14] HARVEY, David. Spaces of Capital: Towards a Critical Geography. Edinburgh, Edinburgh University Press. 2001
[15] MOORE, Loc. Cit.

Invierno 2019


Juan Luis Dammert Bello

Sociólogo. OXFAM en Perú.




Noruega y su basura inteligente

Noruega y su basuraEn Noruega la basura es valiosa. De hecho, los camiones recolectores de basura tienen una inscripción que dice “viktig ting”, es decir “cosa importante”, denotando que lo que acopian es relevante. Muy relevante. Del total de basura que se produce en Noruega solo el 1% son residuos no utilizables. El resto está valorizado, tanto por la administración pública como por los propios ciudadanos. Un ejemplo a escala se puede ver en el caso del Municipio de Oslo, que tiene una gama de distintas iniciativas y sistemas de gestión de residuos que tienen una cosa en común: todos están diseñados para extraer el mayor valor posible de los residuos con un bajo impacto en el medio ambiente. Y en este proceso de captura de valor, la innovación es fundamental.

La importancia de saber reciclar

Como buena ciudadana latina, vivir en un país tan organizado como Noruega tiene un impacto concreto en el acervo cultural del que estamos premunidos. Claro, a menos que seamos lo suficientemente flexibles como para adaptarnos y volvernos “vikingos”. Y, en ese estimulante proceso de adaptación, los detalles más pequeños cuentan. Como, por ejemplo, saber manejar el silencio -es un tema de respeto interpersonal, el hablar en voz baja y solo cuando se requiera. La verborrea latina no siempre es conveniente-; entender la importancia del trabajo comunitario -el llamado “dugnad”, sin el cual no se podría tener en casa esos enormes jardines en buen estado a menos que tus vecinos te ayuden a limpiarlo[1]-; y saber reciclar. Dado que la basura es fundamental en Noruega, aquí todo el mundo sabe reciclar en base a una jerarquía que es enseñada en la propia escuela[2].

Mucho antes que la llamada “economía circular” se volviera tendencia global, ya en Noruega los ciudadanos conocían los beneficios de la reutilización y la utilidad de los mercados de “segundo uso”. Es bastante común, por ejemplo, encontrar en Oslo tiendas de venta con artículos de segundo uso de todo tipo. La verdad, aquí también hubo un choque cultural en mi caso: a diferencia de lo que pasa en Latinoamérica, los artículos de segundo uso no son estropicios, menos vejestorios. En otras palabras, se trata de un mercado absolutamente diferente al peruanísimo mercado de las “yayas”, que funciona de manera extraordinaria y que ha permitido desarrollar interesantes modelos de negocio, como el del sitio web noruego de leasing de autos (www.nabobil.no), que permite tener acceso a todo tipo de autos –desde los más caros a los más económicos, de estreno o de segunda- usando principios de “economía del reciclaje” y “economía colaborativa”. Gracias a estos modelos de negocio uno puede vivir en Noruega usando autos a medida sin tener que adquirirlos, evitando así asumir importantes gastos de mantenimiento, seguros y de parqueo.

Por tanto, saber reciclar en el caso de Noruega, es más que una moda, es un sistema de gestión y, por qué no decirlo, de vida: se recicla la ropa, los autos, los parqueos y hasta el propio tiempo. Saber reciclar es tan crítico que, si no se hace bien -de acuerdo con la jerarquía-, es posible que las calles y avenidas se queden sin iluminación pública[3].

Internet de las cosas: Y sí, también el Internet de tu basura

El internet de las cosas –internet of things (IoT)- consiste, básicamente, en ponerle sensores a todo. ¿Para qué? Para obtener datos que nos permitan recabar input que facilite la toma de decisiones o hacer las cosas de manera más precisa. Considerando que el nivel de acceso a Internet en Noruega es uno de los más altos del mundo, y que la alfabetización digital de la población es del 99%, muchos de los servicios públicos se prestan usando medios digitales. Los ciudadanos noruegos están habituados al uso de sensores, códigos “QR” o el envío de mensajes de texto para activar servicios públicos. De allí que la gestión de residuos urbanos no fuese la excepción.

Noruega y su basura

El reciclaje es tan extendido en Noruega que incluso las tiendas de ropa lo promueven en sus rebajas.

Desde hace unos años, la segunda ciudad más grande de Noruega, Bergen, viene usando IoT para mejorar la gestión en la recogida de la basura, a partir del comportamiento de los ciudadanos, usando sensores en puntos de acopio específicos. De modo que, si uno vive en Bergen y quiere tirar la basura, tiene que usar su tarjeta magnética o descargar un código a su teléfono a través del cual acciona el sistema lector de los ductos. Con éste se abre el buzón de acopio, y este hecho queda registrado. El uso de sensores permite saber: quién ha tirado la basura, a qué hora, cuánto pesaba cada bolsa, cuántas veces se ha usado el buzón y de qué tipo de basura se trataba. Estos datos son enviados en tiempo real, al repositorio de “big data” del municipio respectivo para la toma de decisiones.

La tecnología digital, en este caso específica, está permitiendo generar incentivos a los ciudadanos para un mejor acopio de la basura, dado que se personaliza el pago de las tasas asociadas en función al tipo y volumen de contenedores/bolsas que se reciclan. Así, nadie deja de aportar al sistema nunca o, mejor aún, todo el mundo recicla bien, pues los desechos más valorizados -según la jerarquía- son los que “mejor pagan”.

De modo que, en Noruega, la recogida de basura no es lo único útil. También lo es la ingente cantidad de datos digitales asociados. Gracias a ellos se generan incentivos para modelar conductas, y también hacer más eficiente la gestión pública en sí. Bueno, no por gusto este pequeño gran país nórdico es uno de los que mejor calidad de vida ofrecen, no solo por las facilidades tecnológicas, sino porque esa calidad de vida reposa en los altos estándares de colaboración existente en la población. No olvidemos el valor de saber hacer las cosas colectivamente –dugnad– como, por ejemplo: pagar los impuestos, limpiar el jardín del vecino y saber reciclar bien la basura. Ser vikingo es “ser” en base al colectivo.

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[1] En Noruega, los altos niveles de salarios hacen imposible tener a personas para ayuda doméstica.
[2] Textiles, madera, vidrio, metales, papel son algunos de los flujos de desechos de materiales con altas tasas de valorización; por lo tanto, se reciclan en contenedores específicos. Además, existen una serie de incentivos para promover su reciclaje como, por ejemplo, intercambiar cantidades de botellas de plástico por dinero en puntos de acopio electrónico en los supermercados. El desperdicio de alimentos se utiliza como materia prima en la producción de biogás para alimentar sistemas de energía, seguido de la producción de fertilizantes. Se recicla en la propia casa, vía ductos ubicados en las mismas casas. El biogás también se convierte en combustible para autobuses públicos y camiones de recolección de residuos.
[3] Los desechos residuales producidos por los habitantes de Oslo se utilizan en plantas de conversión a energía que provee los servicios de electricidad y calor que se distribuye a través del sistema de calefacción de la ciudad. Para reducir las emisiones del proceso, la ciudad de Oslo se convirtió en la primera en el mundo en probar la tecnología de captura y almacenamiento de carbono en una planta de conversión de residuos en energía. Sin embargo, sin un adecuado proceso de reciclaje, la tecnología no habría servido de nada.

Invierno 2019


Maite Vizcarra Svendsen

Tecnóloga. Desde hace más de 10 años, gestiona proyectos en innovación, telecomunicaciones y TIC. Blog Techtulia.




Efectos de la movilidad humana en la salud mental del desplazado

Movilidad venezolanosA finales del año 2017, el Alto Comisionado para las Naciones Unidas (ACNUR) contaba 68,5 millones de personas desplazadas forzosamente en todo el mundo[1] a causa de la persecución, los conflictos y la violencia generalizada. Desde la perspectiva de la psicología, la migración forzada se considera un potencial estresor de tanta intensidad, que puede superar las capacidades de adaptación o recursos psicológicos de las personas. movilidad

A finales de 2016, en Latinoamérica y el Caribe, existían más de 100 mil personas refugiadas, y 88 mil solicitantes de tal condición. Esta cifra está en continuo aumento debido a la crisis de los últimos años. Durante el 2017 una de las situaciones más críticas ha sido el aumento de las solicitudes de refugio procedentes de Centroamérica, principalmente en dirección a México y Estados Unidos. Asimismo, la crisis en Venezuela ha generado un importante desplazamiento de personas. Desde 2015, debido a la situación socio-económica y política de la República Bolivariana de Venezuela, 1,5 millones de venezolanos han migrado a países vecinos (Brasil, Perú, Costa Rica o Colombia). En 2017 presentaron 111,600 solicitudes de asilo a países vecinos, frente a las 34,200 del año anterior. Asimismo, Colombia sigue siendo uno de los países con mayor número a nivel mundial de desplazados internamente: 7,9 millones, de los cuales 7,7 fueron debido al conflicto armado y la violencia política[2].

¿Qué es el estrés migratorio?

Las consecuencias sobre la salud mental no distinguen categorías legales migratorias. La movilidad humana es considerada un evento potencialmente estresante para las personas en cualquiera de sus formas. Un estresor es cualquier situación o evento donde la persona siente que sus recursos se ven sobrepasados y su bienestar amenazado; generando consecuencias psicológicas y fisiológicas de malestar[3].

Desde el año 1986 Furnham y Bochner, analizan el estrés aplicado al ámbito de las migraciones, llamándolo cultural shock (estrés cultural)[4]. Este término se refiere a las consecuencias psicológicas que viven los migrantes en su proceso de ajuste a la nueva cultura, como por ejemplo las dificultades para manejar los sentimientos de pérdida, la confusión de los roles sociales del nuevo país, los sentimientos de ansiedad o impotencia ante las dificultades de adaptación. Otro término similar es el llamado estrés por aculturación[5], el cual aparece cuando el proceso de adaptación a la nueva cultura implica una gran demanda para la persona y supera sus recursos personales.

En 2002, Achotegui explicó el estrés migratorio como un duelo o pérdida migratoria, el cual podía desencadenar un Síndrome de estrés crónico o extremo, o el llamado Síndrome de Ulises[6]. Según Achotegui, el duelo migratorio es principalmente una pérdida parcial, crónica y múltiple. Se refiere a duelo parcial puesto que, al contrario a cuando un ser querido muere, en la migración el “objeto” de pérdida es el país de origen (y lo que conlleva) que sigue ahí, incluyendo la posibilidad de volver. Es un duelo crónico, puesto que somos conscientes cotidianamente de nuestras pérdidas; una llamada, un contacto con el país de origen reaviva estos sentimientos. Por último, es un duelo múltiple, puesto que perdemos muchos aspectos primarios de nuestra infancia: la lengua, la cultura, tradiciones, comidas, horarios… De hecho, Achotegui define 7 duelos migratorios que resolver: duelo por la familia y los seres queridos, la lengua, la cultura, la tierra, el estatus social, el contacto con el grupo de pertenencia y los riesgos para la integridad física.

Las etapas del proceso migratorio y sus riesgos para la salud mental

Toda movilidad humana conlleva etapas, y en cada una de ellas existen riesgos y adversidades que pueden repercutir a la salud mental de los migrantes[7]. En la fase pre-migratoria, algunos factores de riesgo son la voluntariedad o no para viajar, la ausencia de redes sociales [en el país de destino] antes de salir, la posibilidad de preparar el viaje, los motivos para migrar y la vulnerabilidad individual o salud mental de la persona. Como se puede observar, en el caso del desplazamiento forzoso, se cumplen la mayoría de estos riesgos.

Durante el viaje, también hay estresores que afrontar. Las condiciones del transporte, la precariedad económica, los riesgos viajando con menores, los controles policiales, la regularización de las visas y la exposición a las mafias y extorsión en determinadas fronteras, son algunos de los principales. A nivel psicológico es el momento donde empiezan a generarse los sentimientos de pérdida, soledad por la falta de redes sociales y apoyo y de miedo al futuro proyecto migratorio sin definir.

En el país de destino, los principales riesgos que afectan a la salud mental son: la capacidad de acogida de la sociedad de destino, la discriminación o rechazo, los problemas económicos, la falta de oportunidades laborales, la pérdida de estatus social, el hecho de sentirse sin raíces o la falta de redes sociales.

Es especialmente importante considerar que algunas personas pueden acumular estresores en cada una de las etapas del proceso, comenzando por el motivo de salida de su país. En las investigaciones de Bonnano[8] ha encontrado que el estrés acumulativo puede inhibir los recursos resilientes[9] de las personas migrantes, conllevando un peor pronóstico para su salud mental.

Consecuencias para la salud mental en los migrantes

movilidad humana

La “pérdida” de la patria, costumbres, amistades, cultura y, en algunos, casos familia influyen fuertemente en la estabilidad emocional del que migra.

¿Todos los migrantes tienen consecuencias en su bienestar psicológico? Es cierto que no todas las personas que migran desarrollan síntomas o problemas en su salud mental. Tal y como explica Achotegui, la migración tiene beneficios y, a menudo, es la salida de una situación de mayor riesgo (como los contextos de violencia o persecución), pero siempre será necesario elaborar el duelo migratorio. Asimismo, las personas tienen recursos de afrontamiento o resiliencia que pueden amortiguar la aparición de dichos síntomas.

En esta misma línea, Achotegui matiza que el Síndrome de Ulises se sitúa entre la salud mental y la psicopatología. Por un lado, no se debe minimizar el sufrimiento y los síntomas de las personas migrantes y, por otro, no se debe patologizar o “sobre-diagnosticar” a las personas con depresión o estrés post-traumático, que conllevan la medicalización del sufrimiento, puesto que esta segunda opción termina convirtiéndose en un nuevo estresor para la persona.

Según un informe de la Organización Mundial de la Salud[10] (OMS) y ACNUR, la sintomatología más comunmente encontrada en población refugiada o solicitante de asilo son: a) A nivel fisico: las enfermedades crónicas o traumatismos, el agotamiento, los problemas del sueño, molestias osteoarticulares, “in-migraña” y cefaleas. b) A nivel psicológico: los síntomas depresivos (tristeza, apatía, llanto), la ansiedad (alta preocupación, tensión, estado continuo de alerta, irritabilidad y pensamientos intrusivos), síntomas de estrés post-traumático (flash-backs, miedo) y en algunos casos los trastornos psicóticos y el consumo de drogas. De igual manera, son frecuentes los recuerdos negativos cotidianos, las rememoraciones de su imaginación y las pesadillas por las noches con dificultad para conciliar el sueño. Debido a los problemas del sueño, conllevan cansancio al día siguiente y un estado de alerta generalizado, lo que genera un miedo cotidiano a cuestiones comunes como caminar por la calle, viajar en coche o en autobús, o temor a estar solos. Estos síntomas se dan especialmente en las personas que han sufrido algún tipo de traumatismo durante su migración, como violencia, golpizas o lesiones de cualquier tipo en su país de origen.

Conclusiones

El duelo migratorio y el estrés que lo acompaña es vivido en mayor o menor medida por todos los migrantes; pero, dependiendo de los estresores durante el proceso (antes, durante y después) y de las características individuales, puede haber mayores riesgos para la salud mental. Es necesario recalcar el concepto de estrés acumulativo, puesto que conlleva un peor pronóstico para la salud mental de los migrantes, convirtiéndose en un grupo más vulnerable.

Las consecuencias sobre la salud mental no distinguen de categorías legales (estatuto de refugiado, solicitante de asilo, desplazado interno o migrantes económicos), pero el riesgo es mayor en las poblaciones sometidas a mayor vulneración de sus derechos y expuestas a mayores traumatismos, como es el caso de los desplazados forzosos. Especialmente a tener en cuenta son los casos de menores no acompañados, los adolescentes que migran involuntariamente y los adultos mayores.

Hay suficiente evidencia científica para considerar en las políticas públicas los planes de apoyo y acompañamiento a la salud mental y bienestar de las personas en cada una de las etapas, desde la salida del país hasta la llegada y acogida.

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[1] Desplazamiento forzoso incluye refugiados, solicitantes de asilo y desplazados internos.
[2] ACNUR. Tendencias Globales. Desplazamiento Forzado en 2017. Génova: ACNUR 2017.
[3] LAZARUS, Richard y Susan FOLKMAN. Estrés y Procesos Cognitivos. Barcelona: Springer Publishing 1986
[4] FURNHAM, Adrian y Stephen BOCHNER. Culture shock: Psychological reactions to unfamiliar environments. London: Methuen 1986.
[5] RUIZ, José, Ginesa TORRENTE, Angel RODRÍGUEZ, y Carmen RAMÍREZ DE LA FE. “Acculturative stress in Latin-American Immigrants: an assessment proposal”. The Spanish journal of Psychology, 14(1), 2011, pp. 227-236.
[6] ACHOTEGUI, Joseba: La depresión en los inmigrantes. Una perspectiva transcultural, Barcelona, Editorial Mayo, 2002.
[7] BHUGRA, Dinesh: “Migration and mental health”. Acta Psychiatrica Scandinavica, 109, 2004, pp. 204-258.
[8] BONANNO, George: “Loss, trauma and human resilience: Have we underestimated the human capacity to thrive after extremely aversive events?” American Psychologist, 59(1), 2004, pp. 20-28.
[9] La resiliencia, según la RAE, es la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos. [N. del E.]
[10] ACNUR y OMS. La salud mental de los refugiados. ACNUR 1997.

Otoño 2019


Iciar Villacieros

Doctora en Psicología en la especialidad de Migraciones Internacionales ( Univerisdad Pontificia de Comillas).