La crisis económica en nuestro barrio

Testimonio de una familia norteamericana.

El noreste de Ohio (donde vivimos) ha sido muy afectado por la crisis económica. Hemos visto a mucha gente que ha sido despedida de su trabajo, muchas empresas que han cerrado y muchas familias que, encontrándose sin los recursos de pagar sus préstamos, se han visto forzadas a vender sus casas y mudarse.

Las casas donde vivían varias familias ahora se encuentran vacías. Los bancos las intentan vender a un precio que representa una pérdida muy grande. Debido a la cantidad de terreno vacío en muchos distritos de Cleveland, hemos visto que el valor de la propiedad ha bajado mucho; en muchos casos, una casa no vale lo que valía antes.

Me parece que cada día escuchamos el efecto de la crisis. Un pequeño ejemplo de esto es una florería de nuestros amigos Judy y Ed, una pareja dueña de una florería desde hace 20 años. Es una tienda muy bonita y ellos han trabajado mucho tiempo para establecer su negocio y una base de clientes. Es gente honesta, trabaja duro y vende sus flores a un buen precio. Hace poco fui a comprar flores de su tienda para mi madre. Me sorprendió que no hubieran otros clientes y que el teléfono no sonara. Antes la florería siempre se encontraba llena, con empleados creando y diseñando ramos de flores, el teléfono solía sonar mucho y el camión que entregaba las flores nunca estaba en el estacionamiento. Ese día cuando estuve no hubo tal actividad y el camión estuvo allí todo el tiempo.

Hablé con Judy mucho rato. Me contaba que le ha ido difícil y que nunca ha visto el negocio tan mal desde hace 20 años. Ella ha experimentado crisis económicas antes, una en los 80 y la otra en los 90. Me decía que las flores son un lujo para la gente y no son necesarias. Es más, si la gente quiere pedir flores, generalmente pide ramos más sencillos para no gastar mucho. Me contaba, muy francamente, que no estaba segura que su negocio pudiera sobrevivir esta crisis.

Cuando salí de la tienda tengo que decir que me sentía sobrecogida. No pude imaginar que este rinconcito en
nuestro barrio ya no contará con esta florería. Es posible que Judy no pueda vender su negocio a otro, dado que mucha gente ahora no está calificada para recibir un préstamo del banco y comprarlo. Los bancos no están prestando dinero en estos días, sobre todo a empresas pequeñas como la de Judy.

Si ella cierra su tienda tengo la impresión de que tendremos otra tienda vacía. Temo que este rincón sea pintado y ocupado por los jóvenes pandilleros. Estando vacío, este terreno podría contribuir a dañar lo que está a su alrededor. Rezo por mi amiga todos los días. La gente experimenta mucho estrés en estos días y nuestra incertidumbre crece, ya que el gobierno nos dice que aún no está solucionada esta crisis.

Publicado en junio 2009


Maryellen Staab

Ama de casa norteamericana.




Identificando la crisis venezolana

Son muchos los amigos que en el extranjero me preguntan cómo es posible que un país con la riqueza petrolera que tiene Venezuela, lugar privilegiado en la geografía continental americana y con el desarrollo que alcanzó durante la segunda mitad del siglo XX, hoy aparezca como una sociedad que clama por ayuda humanitaria en términos de medicinas y alimentos. Cómo es posible que una de las primeras democracias representativas del continente latinoamericano, hoy viva bajo un esquema de polarización feroz que obliga, desde la OEA hasta el Vaticano, a colaborar para lograr mínimos entendimientos que eviten una confrontación fratricida.

Empecemos por decir que no se trata de una crisis del progresismo contra el conservadurismo que se da en otros espacios en América Latina. En Venezuela la crisis tiene otro clivaje[1] distinto y muy antiguo. Se trata de un conflicto entre una propuesta dictatorial y una propuesta democrática. La deriva dictatorial que ha asumido el gobierno venezolano no la han tenido los grupos progresistas de América Latina, que han respetado (dentro de cierta relatividad) los elementos fundamentales de esa institucionalidad democrática.

El gobierno presidido por Nicolás Maduro ganó por estrecho margen las elecciones de 2013, luego que se declarara la muerte del entonces presidente Hugo Chávez. Muchos seguidores del fallecido presidente no vieron en Maduro a un verdadero continuador. No está en los objetivos de este escrito analizar lo ocurrido en el período de Chávez, pero me permito simplemente decir que este, con sus luces y sombras, se inscribe en la línea de los líderes del personalismo populista latinoamericano.

El problema de este modelo es doble: depende de un liderazgo de tipo mesiánico, para lo cual se requiere un carisma muy personal que tenía el difunto Presidente, pero no Maduro; por otro lado, se requiere recursos amplios para sostener un importante gasto público, lidiando con las consecuencias típicas del mismo, como lo es la inflación y sus sucedáneos. Cuando Chávez gobernó, el petróleo llegó a un valor de $120/barril, pero los precios del petróleo bajaron, no a los niveles de 1989 (con el Caracazo) o 1992 (con los intentos de golpe de Estado) cuando se ubicó en $8 el barril, sino alrededor de los $40/barril.

Maduro heredó un sistema político y económico inviable, pero con posibilidades de transformación desde la perspectiva progresista social. Su responsabilidad estaba en realizar una conversión que permitiera el nacimiento de un fuerte partido político bajo la sobra de las ideas de Hugo Chávez, en el marco de un sistema democrático; y, por otro lado, debió mirar las claras señales de cambio del mercado y readaptar las respuestas que hasta ese momento se habían dado en el campo económico. Maduro debió liderar una transición, pero no lo hizo. Más bien se empeñó en un proceso similar al llevado adelante por Stalin a la sucesión de Lenin. Así comenzó un proceso de purgas, tanto al interno del gobierno como del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), con el objetivo de afianzar el nuevo liderazgo, fundado más bien en el temor. Este proceso, y los desaciertos económicos para enfrentar la crisis, hicieron que perdiera las elecciones parlamentarias de diciembre de 2015, teniendo que entregar formalmente la Asamblea Nacional.

Ante esta nueva realidad, donde el grupo gobernante había perdido claramente apoyo popular, y con su propio grupo político fracturado, se procedió a crear un muro defensivo del gobierno que ha terminado enfrentando a la misma población. Primero se nombró un Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) “exprés”, violando las normas constitucionales y legales establecidas, esto llegó al punto que el actual presidente del máximo tribunal es un ex convicto que fue sentenciado dos veces por homicidio. La entrega formal de la Asamblea existió, pero inmediatamente el gobierno inviabilizó a la misma a través del TSJ. Durante todo el 2016 no hubo ley o decisión asumida por el parlamento que no fuese anulada por el TSJ. Al final vino la decisión de eliminar la Asamblea en marzo de 2017, con lo que se consumó un Golpe de Estado.

La situación de pobreza generada por el mal manejo de los recursos económicos y la absoluta dependencia del petróleo (pues de forma intencional se buscó quebrar a las empresas privadas, con la visión de crear un nuevo Estado de producción socialista que jamás llegó y cuyos intentos a través de las expropiaciones de empresas no fueron más que ruinas en los más diversos campos: agrícola, minero, cemento, electricidad, etc.), gestó la crisis humanitaria que tuvo comienzos ya en 2015, pero que marcó su paso en el 2016 y lo que va del 2017.

Según la encuesta ENCOVI[2], para 2016 el 81.8% de los hogares estaba en condiciones de pobreza; en contraste con ella, en el 2014 se hablaba de 48%. En esa misma encuesta se señalan los elementos de la desnutrición venezolana y cómo el 93% de los encuestados considera que no les alcanza el sueldo para los alimentos básicos. De hecho, Caritas Venezuela, en una investigación propia, determinó que en cuatro Estados hay un 11.4% de desnutrición infantil grave[3] que, en términos de la Organización Mundial de la Salud, supone ya un país en crisis y, si este número supera el 15%, sería una emergencia. Esta es una realidad desconocida en más de 100 años de historia en Venezuela.

El gobierno se ha creado una fantasiosa guerra económica siendo que buena parte del aparato productivo del país hoy depende del mismo Estado. Son comunes las colas de horas para encontrar pan, harina, leche y otros productos básicos. Hoy no hay medicinas para atender enfermedades crónicas como hipertensión, diabetes, cáncer y otras más. La otrora Venezuela, con la chequera más importante de América Latina, pide en su pueblo (no en el gobierno, pues es mala publicidad) ayuda humanitaria.

Hoy, más que nunca, siguen vigentes las condiciones que el Cardenal Secretario de Estado del Vaticano, a nombre del Papa, le dirigió al gobierno del presidente Maduro: abrir un canal humanitario para atender a la población venezolana, liberar a los presos políticos, respetar la institucionalidad del país, especialmente a la Asamblea Nacional, establecer un cronograma electoral claro. La Conferencia Episcopal Venezolana, la de Religiosos y otras instancias eclesiales han insistido en esto. Lamentablemente, la respuesta por parte del gobierno ha sido la represión que ha cobrado la vida de, al menos, una persona por día a manos de las fuerzas del gobierno.

El pueblo venezolano se encuentra dividido ante su gobierno, y el incremento de la crisis continúa empujando a los ciudadanos a las calles.

La gente seguirá, de una u otra forma, protestando porque el problema social está vivo y la gente ha entendido que el problema político es un “nudo gordiano”[4] para lograr una solución al problema económico que, a su vez, logre resolver el problema humanitario existente. Pero la salida del actual gobierno, si bien necesaria porque se volvió ilegítimo, es insuficiente sin un plan claro que tenga incidencia en lo social. Este aspecto está tremendamente “crudo” en la perspectiva de quienes aspiran hoy a asumir las riendas en Venezuela. Se desea regresar a la institucionalidad democrática, que es un bien indispensable, pero insuficiente si no se aborda el problema de fondo, que se relaciona con la política económica y su incidencia en el campo social.

Es muy complejo predecir el futuro. ¿Se impondrán las bayonetas?, ¿podrá darse una transición donde se vincule un importante sector del chavismo, aspecto este imprescindible?, ¿cómo evitar procesos más violentos con eventos aún más dolorosos que pueden expandirse? Frente a esta crisis UNASUR y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) han quedado anuladas, pues dependen del gobierno venezolano, que es el gestor de la crisis. Sólo parece funcionar con mucha dificultad la OEA.

Para la región es un reto evitar que Venezuela se convierta en un campo como Siria, y no exagero cuando señalo esto como una lamentable posibilidad. Un impacto inmediato para la comunidad latinoamericana es y será la inmigración venezolana.

Desde el campo de la fe los jesuitas en Venezuela somos conscientes que estamos pasando un tiempo de desierto, que el desierto requiere de profetas que digan la verdad, pero especialmente marquen la esperanza. En el desierto se vive y se aprende la solidaridad y la constitución de un pueblo bajo una ley. Quizás esta sea una oportunidad de regenerar a Venezuela desde sus cimientos.

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[1] Anglicismo: segmentación, quiebre, disociación. [N. E.]
[2] Encuesta Nacional de Condiciones de Vida: www.fundacionbengoa.org/noticias/2017/encovi-2016.asp
[3]
Noticiero Digital: www.noticierodigital.com/2017/05/caritas-venezuela-desnutricion-en-venezuela-esta-creciendo-peligrosamente/
[4]
Dificultad muy difícil de resolver. [N. E.]

Invierno 2017


Arturo Peraza, SJ

Abogado. Defensor de Derechos Humanos y Doctor en Ciencias Políticas. Vicerrector de Extensión de la Universidad Católica Andrés Bello sede Guayana (Venezuela).




El llamado del Bosque y la Madre Tierra

El primer día del Foro se inició con una marcha en la que participaron las organizaciones indígenas asistentes.

A lo largo de la historia, la Amazonía ha sido un espacio que obsesivamente infames conquistadores de aquí y de allá, colonialismos antiguos y modernos, la globalización neoliberal y los Estados de toda época han buscado invadir, someter y explotar. A pesar de la asimetría de poder, esta gesta injusta y violenta nunca pudo consolidar sus objetivos ni desaparecer a los pueblos indígenas, su territorio, bienes y cosmovisiones que contiene. En las últimas décadas se ha intensificado la intervención del territorio amazónico, las inversiones en megaproyectos, proyectos extractivos y actividades económicas que vienen produciendo graves impactos y constituyen verdaderas amenazas para la sostenibilidad del medio ambiente, los derechos de los pueblos de la Panamazonía y de la naturaleza. Esta intensificación se expresa especialmente en el cambio climático, la destrucción de la Amazonía, el atropello de los derechos humanos, el incremento de los conflictos socioambientales y una mayor confrontación con el Estado.

El FOSPA, un espacio de resistencia, articulación y propuesta

En este escenario, el VIII Foro Social Panamazónico (FOSPA), realizado a fines de abril en Tarapoto (San Martín), es una iniciativa que convocó a movimientos sociales, organizaciones e instituciones de la sociedad civil de toda la Panamazonía para responder y proponer alternativas al modelo de desarrollo actual. Este foro se ha constituido en un espacio amplio y diverso de resistencia, diálogo y propuesta de los movimientos sociales y de la sociedad civil panamazónica; en un instrumento de vigilancia e incidencia política a los Estados, respecto a los históricos y complejos problemas que enfrenta la Panamazonía y los pueblos indígenas que la habitan desde tiempos ancestrales, así como los retos que se deben asumir[1].

La organización y realización del VIII FOSPA se ha caracterizado por ser un proceso de diálogo y debate colectivo intercultural y democrático, cuya metodología tiene como centro el cuidado y el respeto por la diversidad de saberes y formas de ver el mundo. Este proceso se desarrolló alrededor de dos ejes temáticos estratégicos: Territorio y Cuidado de los bienes de la Naturaleza. Estos ejes se han expresado y profundizado en los debates sobre temas como: Mujeres Panamazónicas-Andinas, Cambio Climático, Soberanía y seguridad alimentaria, Megaproyectos y extractivismo, Ciudades para Vivir, Descolonialidad del Poder y autogobierno, Educación Comunitaria Intercultural, Juventud Panamazónica Andina, Comunicación Panamazónica para la vida.

Luego de cuatro días de debate y diálogo intercultural y democrático, más de 1,500 participantes (mujeres y hombres de organizaciones indígenas e instituciones de la sociedad civil, movimientos sociales de los pueblos amazónicos y andinos) se pusieron de acuerdo para elaborar la Carta de Tarapoto[2] y para plantear conclusiones, propuestas e iniciativas de acción. Dentro de estas podemos destacar la necesidad de construir nuevos paradigmas a partir de las propuestas de Vida Plena, Buen Vivir, Autogobiernos Territoriales etc. que fortalezcan nuestra capacidad para exigir a los Estados de la Panamazonía que las políticas y normas nacionales respeten las leyes nacionales e internacionales sobre derechos de los pueblos indígenas. Esto es particularmente en relación al reconocimiento de los derechos colectivos de los territorios comunales y territorios integrales, a partir de la diversidad territorial y de los escenarios que existen en la Panamazonía valorando saberes, conocimientos y prácticas de los pueblos.

Otra conclusión importante enfatizó la denuncia y lucha contra la corrupción relacionada con el modelo extractivista y los megaproyectos de infraestructura y explotación en la Amazonía y el Ande. Asimismo, se demandó el fin de todo tipo de violencia contra las mujeres, tanto en las comunidades como fuera de ellas, y que los Estados se rijan por estándares internacionales de derechos humanos y laicidad para aprobar leyes y decidir las políticas públicas que afectan sus derechos.

También es importante destacar las conclusiones que plantean y llaman la atención sobre la necesidad de exigir que se detenga la implementación de falsas soluciones a la crisis climática en la Panamazonía, como la llamada “economía verde” y la financiarización de la Naturaleza, las cuales generan la desterritorialización, entre otros impactos negativos. En este sentido, es muy importante promover la agroforestería ecológica y la gestión sostenible de los bosques Amazónico-Andinos desde las organizaciones indígenas para la seguridad y soberanía alimentaria.

Finalmente. el Foro tuvo una posición de consenso respecto a la defensa de los pueblos en aislamiento voluntario y contacto inicial, y la exigencia a los Estados a respetar su derecho a la libre determinación, reconocerlos, demarcar y proteger sus territorios y garantizar su naturaleza transfronteriza.

El VIII FOSPA ha sido un encuentro y un espacio fundamental para que los movimientos sociales, y los pueblos amazónicos y andinos, reafirmen su compromiso con la vida y los bienes de la naturaleza, para convocar a construir y fortalecer una gran alianza de los pueblos basada en el reconocimiento y respeto de nuestra diversidad, nuestras convicciones y nuestros disensos. El camino está trazado y nos toca a todos y todas andarlo de un modo distinto, escuchando el llamado del bosque y la madre tierra.

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[1] Agenda Política-Perú del VIII FOSPA 2017, Tarapoto-Perú.
[2] Ver carta de Tarapoto en sitio web del VIII FOSPA: www.forosocialpanamazonico.com

Invierno 2017


Ismael Vega

Director del Centro Amazónico de Antropología y Aplicación Práctica – CAAAP y miembro del Comité Nacional e Internacional del VIII FOSPA (Foro social Panamazónico).




Tendencias Migratorias en América del Sur

En mayo del presente año, los equipos del Servicio Jesuita a Migrantes – América del Sur se reunieron en Buenos Aires para analizar, entre otras cosas, las tendencias migratorias de la región. A continuación, reproducimos algunas de los puntos enfatizados por los participantes:

Dinámicas de integración regional

Las dinámicas de integración regional (MERCOSUR y UNASUR) incluyen propuestas de unificación de monedas, libre circulación y residencia dentro de América del Sur. Es preciso contrastar las declaraciones políticas con otros factores:

  • Los distintos sistemas políticos (socialismo radical, socialismo moderado y derecha populista) dan origen a roces entre gobiernos de la región.
  • El conflicto colombiano genera un flujo de refugiados que se esparcen por todo el continente; las tensiones con gobiernos limítrofes inciden en el endurecimiento de sus políticas de recepción de refugiados, etc.
  • En los distintos países de la zona se producen cambios constitucionales y legislativos que dan margen para la incidencia en políticas migratorias.
  • Se acusa frecuentemente un desfase entre los preceptos constitucionales y legales, así como entre la ley y la práctica administrativa.
  • La sociedad civil no acaba de asumir su papel en la integración de inmigrantes.
Identidades e interculturalidad

La movilidad humana, favorecida por el contexto político regional, produce dos efectos:

  • Aumenta la complejidad en sociedades de por sí compuestas entre distintos grupos étnicos, lingüísticos; sociedades que redefinen sus propias identidades y el tenor de las relaciones interculturales en su seno.
  • La diversidad cultural, unida a la diferente posición socio-económica de la población migrante, está relacionada con algunos brotes xenófobos. Este tipo de reacciones viene presentado por gobiernos y medios de comunicación como hechos puntuales, más que como una tendencia social.
Fronteras y grandes centros urbanos

Se describen dos categorías geográficas relevantes para la comprensión de las migraciones regionales sudamericanas: las zonas fronterizas y los grandes centros urbanos:

  • Las zonas fronterizas son zonas donde se intensifican los fenómenos del tráfico y la trata, de la explotación de personas y de atropello de DD.HH. Los controles fronterizos tienen relación directa con esos fenómenos. Por otra parte, las zonas fronterizas lo son de circulación de la población limítrofe: de comercio, pero de desarraigo. Las legislaciones nacionales se atienen a los convenios internacionales para la protección de los DD.HH.: pero son preceptos que rara vez se hacen cumplir.
  • Los grandes centros urbanos son focos de atracción de inmigrantes: por sus posibilidades de generar ocupación; pero lo son también de explotación económica, rechazo social, etc. La concentración de inmigrantes en las áreas metropolitanas incide en una despersonalización de relaciones agravada por la separación familiar.

Publicado en agosto 2009


Servicio Jesuita a Migrantes

Es una organización sin ?nes de lucro de la Compañía de Jesús. Junto al Servicio Jesuita a Refugiados (SJR) forma una red con presencia en más de 50 países.