“Una buena educación no es caridad, es justicia”

Entrevista a la Hna. Patricia Mc Laughlin, IBVM; directora de Fe y Alegría 58 “Mary Ward”

Por Diana Tantaleán C.
Apostolado de Justicia Social y Ecología

La Hna. Patricia Mc Laughlin, directora de Fe y Alegría 58 (Jicamarca) desde su fundación en 2002, ha sido merecedora de las Palmas Magisteriales 2017 en el grado de Amauta por su gran compromiso con la educación de los niños y niñas en una de las zonas más pobres de Lima.

Uno de los logros más reconocidos de su gestión ha sido el inculcar en sus alumnos el gran interés por la lectura, lo que ha repercutido en mejores rendimientos escolares.

En esta entrevista, la hermana Patricia nos cuenta cómo implementó este proyecto y los planes que tiene a futuro para seguir impulsando la educación de los niños de Jicamarca.

Se ha hablado mucho del logro de Fe y Alegría 58 en el hábito de la lectura y en comprensión lectora, ¿cómo se ha conseguido esto?

Cuando llegué a Perú escuchaba que a los niños y niñas no les gustaba leer o que no comprendían, pero, la verdad, es que no se les daban libros que a ellos les gustaran. Por eso empecé a buscar libros de Harry Potter, Franklin, Buenas noches, Narnia… los que a ellos les encantan.

Al principio no fue fácil, lo único que encontraba eran libros como Caperucita Roja, el Gato con Botas, los Tres osos… ¿Dónde estaban los libros que le gustan a los niños? Los encontré en Miraflores, La Molina, etc. Yo quería que mis niños y niñas también tuvieran estos libros, así que empecé a comprarlos.

Cuando en 2007 tuvimos los exámenes de la Evaluación Censal de Estudiantes en matemáticas y comunicación, con niños de 7 años, vimos 3 niveles de resultados: 0, que es muy triste; 1, que significa que están en proceso de aprendizaje; y 2, cuando los niños han logrado el nivel de aprendizaje requerido. Aquí encontramos que ninguno estaba en el nivel 2 en matemáticas. Entonces hicimos un diagnóstico y encontramos que el problema era que los niños no comprendían las preguntas.

Así empezamos con la biblioteca en 2008. ¿Cómo es este programa?, pues queríamos que los niños leyeran porque les gustara, no por obligación, así que conseguimos los libros que te mencioné y luego nos sentamos con los profesores, y hasta con el guardián, para leerlos y sacar 6 o 7 preguntas de cada uno.

Cuando un niño o niña dice: “ya he leído el libro”, va a la biblioteca y se le hacen las preguntas que corresponden al libro, así sabemos si ha leído y si lo entiende. Cada niño tiene su ficha en la computadora y cada libro tiene un puntaje, si es muy pequeño puede ser 1 punto o 2, y tenemos hasta de 15 puntos. Si han leído el libro y lo comprenden bien, acumulan puntos y van ganando pulseras. Al principio lo hacían por las pulseras, pero ahora lo hacen porque verdaderamente les gusta leer, se “comen” los libros, les encantan.

Nunca les hemos dicho qué libros deben escoger, les decimos: “escoge el libro que más te llame la atención, que más te gusta”.

También hay premios y sorteos. En secundaria he dado dos radios porque han llegado hasta 1000 puntos. En primaria también acumulan puntos.

Haciendo que los niños lean mucho, en 2011 salimos en el primer puesto de matemáticas en todo Lima Metropolitana, y tercer puesto en comprensión lectora. Y esto en una zona supuestamente más pobre.

¿Este proyecto de lectura está dentro del curso de comunicación?

No, este es un proyecto para todo el colegio. Los niños tienen sus cursos de comunicación y sus bibliotecas en las aulas, pero esta es una decisión que hemos tomado como colegio: que la lectura sea el corazón de todo, para que puedan salir adelante. Además, se pueden beneficiar de ello en el resto de los cursos. Cada profesora apoya este proyecto. Si los niños están en sus aulas, haciendo sus trabajos, y un pequeño ha terminado y quiere cambiar su libro, la profesora acepta. Cada profesora tiene una lista de cuánto están leyendo los niños. No se les obliga a leer, pero se les anima mucho a que lo hagan.

¿Cómo consiguió los fondos para estos libros y para los premios?

Primero puse la biblioteca. Trome ha ayudado con los fondos, también tengo de padrinos a Saga Falabella. Otro día vino una modelo y me dio 1000 libros. Cuando otras personas preguntan cómo ayudar, siempre les pido libros. Poco a poco he conseguido tener una buena cantidad. También hay personas que donan 10 libros. El MINEDU también nos da.

También tengo donaciones de mi país, pero no dependo de las donaciones del extranjero, en Perú hay mucha ayuda, pero una debe gestionarla.

En 2013 ganamos el concurso “La Buena Escuela”, y con el dinero del premio compramos muchos libros para la biblioteca, también computadoras.

Para mí, la lectura es algo maravilloso. No podemos dar una educación pobre para niños pobres, debe ser la mejor educación. ¿Por qué mis niños no pueden tener mejores libros?, si ellos no los tienen, yo voy a pedirle a todo el mundo para que me ayuden.

Es necesario tener cosas hermosas para los niños de pocos recursos, que cuando entren en sus aulas vean un lugar bello. ¿Por qué los niños pobres deben sentarse en sillas rotas o estar en lugares sucios? Si un niño debe sentarse en una silla rota le estoy diciendo que él no cuenta, pero si le digo que se siente en un lugar hermoso, le estoy dando el mensaje de que ellos valen.

¿Cuáles fueron las mayores dificultades para implementar este proyecto?

Una de las cosas más difíciles fue romper el esquema de que a los niños no les gusta leer. También se tuvo que desmentir que los niños van a perder los libros. Los profesores me decían al principio: “si estos libros salen del colegio, no van a regresar”. Eso no era cierto. Estos libros debían salir fuera del colegio, debían estar en sus casas, para que tengan tiempo de leer.

Al principio fue algo difícil sacar las preguntas para tantos libros, pero todos ayudaron. Fue un trabajo en equipo.

Lo que puede ser difícil, algunas veces, es que todos los que trabajen en el proyecto crean en él, pero cuando vemos los resultados es cuando se “enganchan”, cuando hablas con los niños y te das cuenta de su vocabulario, cómo se expresan, la confianza que tienen al hablar… Los mismos niños dicen que antes tenían miedo de salir adelante y hablar, ahora no es así.

¿Cómo ha podido comprometer a las familias en este interés por los libros?

Cada mamá quiere ver a sus hijos salir adelante y sabe que en el colegio están aprendiendo. Muchas mamás me han dicho: “qué lindos libros, yo no tuve así en mi niñez”, “yo también los estoy leyendo”. Los jóvenes me dicen: “leemos para nuestros hermanos pequeños, o para nuestros primos que no están en Fe y Alegría…” Así va creciendo la cultura de la lectura.

Alguna vez los niños pequeños han dejado olvidados sus libros en la mototaxi o en alguna tienda, pero luego vienen a tocar la puerta, diciendo: “han dejado este libro en mi mototaxi, y yo sé que los niños de rojo y blanco, los pequeños de Fe y Alegría, son los que están leyendo”. Las mamás también están al pendiente y me mandan los libros.

Hay niños que piden libros con recetas de cocina o de manualidades. Hay libros para adolescentes, de animales, de terror, de aventuras en otros países.

¿Sabe si esta experiencia se ha replicado en otros colegios de Fe y Alegría?

No sólo en Fe y Alegría. Muchos me preguntan cómo es el proyecto. Ellos lo implementan a su manera en cada colegio, otros hacen algo diferente. A muchos les ha gustado el espacio de la biblioteca y hacen lo mismo.

Siempre les explico que no es necesario reinventar la rueda; si tienen los libros, yo les puedo facilitar las preguntas. No se trata de un programa de Fe y Alegría 58, si cualquiera quiere usarlo, adelante, porque para mí esto realmente funciona.

¿Cómo vincula a las familias en la dinámica educativa del colegio?

Mamás y papás ven que en 16 años este colegio ha crecido mucho, que hay buenos resultados, que hemos ganado La Buena Escuela. Ellos ven que trabajamos duro. Entonces, están hombro a hombro con nosotros y ayudan mucho.

Yo tengo bingo una vez al año, y mi APAFA[1] y mis papás me apoyan mucho. Con el dinero obtenido hemos construido muchas cosas: el anfiteatro del colegio, un laboratorio, hemos implementado un aula de industria alimentaria.

Todo no es maravilloso y perfecto, también tenemos algunos papás flojos, pero intentamos trabajar en equipo. Siempre les digo eso, que somos un equipo, ellos, mis profesores y yo.

¿Cómo trabaja con las problemáticas familiares?

Para mí, el problema más difícil en el colegio son los niños que están solos porque mamás y papás necesitan trabajar.

Tenemos escuela de padres, reuniones para animarles y mostrarles lo importante que es su rol, el cual no pueden abandonar ni dejárselo al colegio.

Cuando llamo a una madre a conversar por algún problema en el aprendizaje de su hijo, y ella me responde que es culpa de sus compañeros, que no es él, trato de hacerle entender que su hijo depende de ella, y que necesitamos trabajar juntos, los profesores y ella. Trabajo mucho para que cada padre y madre asuma la responsabilidad de su hogar y que los niños asuman su trabajo en el colegio. Si mamá y papá respaldan a sus niños, entonces podrán llegar hasta donde quieran. Un buen colegio, solo, puede llevar a los niños a un buen nivel, pero como mamá y papá, la luna es el límite.

¿Qué le falta aún por trabajar?

Hay muchas cosas más que quiero hacer. Por ejemplo, me encantaría extender la biblioteca para libros en inglés con el mismo sistema, también ampliarla para mamás; me encantaría que con el dinero del bingo podamos techar el anfiteatro, deseo tener más losas deportivas, tener un pequeño zoológico para que puedan tocar sus raíces. Me encantaría tener ayuda para niños con capacidades limitadas, y con una profesora especializada. Quisiera tener más áreas verdes, tener un programa donde pueda trabajar con cada uno de los niños que están retrasándose, quiero un albergue para ellos, ¡quiero dividirme en cuatro!… ¡Hay infinidad de cosas!

¿De dónde saca esa vitalidad?

¡Yo creo en la educación!, y creo que la educación es la llave para ellos. Es lo que va a llevar adelante a estos niños. Y si yo puedo ayudar en algo, lo voy a hacer.

Estos niños tienen las mismas capacidades que los demás. Una buena educación no es caridad, es justicia. Dios no tiene favoritos.

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[1]  Asociación de Padres de Familia.

Verano 2017-2018


Hna. Patricia Mc Laughlin, IBVM

Docente. Directora del colegio Fe y Alegría 58 “Mary Ward”, Jicamarca.




“Tenemos fe en los niños, apostamos por una generación nueva”

Entrevista a Miriam Guevara y Donato Calderón, miembros de La Clínica de los Sueños.

Por Diana Tantaleán C.
Apostolado de Justicia Social y Ecología

La Clínica de los Sueños es un proyecto comunitario, iniciado en enero del 2015 en El Agustino, que busca la participación de los vecinos para que, a través de la mirada del arte, puedan empoderarse y ser críticos con su entorno.

Los jóvenes Marco González (fotógrafo), Bereniz Tello (comunicadora social), Miriam Guevara (profesora de teatro) y el señor Donato Calderón (Coordinador del Comité 2 del cerro El Agustino), se unieron para iniciar esta experiencia con los niños del barrio La Pampita, a través de talleres y actividades artísticas y recreativas.

Conversamos con Miriam y Donato sobre cómo fue surgiendo esta experiencia, sus motivaciones, el impacto que ha tenido en los niños y las dificultades a las que se enfrentan, demostrando que cuando el deseo de sacar adelante un sueño es grande, no hay trabas que lo detengan.

“Hace diez años, el barrio “La Pampita” era un centro de distribución y venta de droga al menudeo. Todos los días venían a comprar droga, y los niños no podían salir en las noches a la calle.
Los vecinos observamos que el sitio era muy vulnerable y nos comprometimos a enfrentar la situación. Con ayuda de la comisaría formamos una junta vecinal, cerramos pasajes y preguntábamos a los desconocidos que venían por la familia a la que iban a visitar, y lo confirmábamos. Si no explicaban a dónde se dirigían, se retiraban. También vigilábamos las zonas. Nos amenazaron, pero nos enfrentamos a la delincuencia.
Después de esta limpieza todavía había vendedores de droga, y tenían una relación amical con los niños y adolescentes del barrio. Entonces nos organizamos y decidimos traer cultura, pintura y música. Buscamos contactos para organizar un festival de música cada dos o tres meses en esta zona.
Luego busqué otros contactos, así conocí a Bereniz, que siempre venía a tomar fotos, a Marco González, que era periodista de OJO y realizó una entrevista por los carnavales que organizábamos todos los años, y él trajo a Miriam. Todos, salvo Marco, son de El Agustino, pero Marco siempre ha trabajado en el cono este.
Ellos son los que observan la importancia de trabajar con los niños. Miriam, Bereniz y Marco son los que dirigen, yo los apoyo en todo lo que puedan necesitar”.

“Antes de iniciar la “Clínica” Marco tuvo un viaje a Colombia para un festival de cine comunitario y, al regresar, me cuenta de todo lo que vio en el festival, donde todo era dirigido y organizado por niños. Emocionado me dice que quiere hacer algo igual en su barrio, empoderar a los niños, pero que no conocía a nadie, que conocía a más gente en El Agustino, y como yo era de aquí, me animaba a hacer algo. Así arrancó mi experiencia, y mi entusiasmo”.

¿Con qué actividades inician en la Clínica?

Iniciamos con talleres de teatro y fotografía. Luego vimos que ambos se podían unir y empezamos con el taller de actuación para cortos de cine. Así hemos grabado varios cortos, que están en el Fanpage de la “Clínica de los Sueños”. Así se hizo el cortometraje “La importancia de soñar”.

También proyectábamos, todos los sábados, una película. Para eso nos fuimos agenciando de un proyector y el equipo necesario, a veces con actividades pro-fondos para algunas cosas en especial.

Traer lo material no es tan importante. Lo importante es la organización que se hace para que estos niños aprendan a tener otra vida más adelante. Que aprendan a formar grupos, conversar, hablar de sus cosas, de lo que ellos piensan o sus fantasías, y ponerlas en práctica si es posible.

Cuéntenme del cortometraje “La importancia de soñar”

El cortometraje “La importancia de soñar”, elaborado íntegramente por niños y niñas, se proyectó en el Centro Cultural de España, con la presencia de los realizadores.

Este cortometraje ha sido el trabajo audiovisual más ambicioso que hemos tenido con los niños. Luego de varias prácticas, de hacer cortos pequeños de forma casera, este tuvo un guion. Los niños hicieron todo, nosotros solamente dirigimos algunas cosas.

Fue una idea que los niños quisieron expresar, la importancia de sus sueños, de hacerlos realidad. Ellos hicieron el guion, otras dos niñas se encargaron de producción para ver la utilería o los vestuarios, hubo un mini proceso de casting para elegir a los que actuaban, ellos fueron los camarógrafos y buscaron las locaciones pidiendo permiso en sus casas para usar los ambientes. Ellos también dirigieron. En total participaron más de 12 niños. Se realizó este verano y participó casi todo el barrio y la mayoría de las locaciones fueron aquí.

La historia trata de un niño agustiniano que sueña con ser actor, pero hay muchos obstáculos. Se le opone su familia, un papá alcohólico que le pide ganar dinero para más cerveza, y esa es una realidad que los niños viven, ellos mismos lo expresaron; también se le oponen los amigos, que buscan desanimarlo; incluso en el colegio, al escucharle la profesora, ella le pregunta sobre otra profesión que “le dé dinero”. Todo su entorno se le opone. Pero hay dos personas, su mejor amiga y un señor que conoce y que resulta ser mimo, que le aconsejan seguir su sueño. Así logra impulsarse, va a un casting, donde todos quedan sorprendidos, y es para una obra de teatro comunitario que participará en festivales en Latinoamérica.

Nuestra meta ahora es realizar un corto cada año, en la temporada de vacaciones.

¿Cuál ha sido la principal dificultad que han tenido para trabajar con los niños?

Las familias y los amigos del entorno. Sucede que cuando los niños (sobre todo los varones) van entrando a la pubertad y la adolescencia, los más grandes los van juzgando por las actividades que realizan con nosotros, y los quieren implicar en otras actividades, como robo o drogas.

La mayoría de los niños vienen de hogares disfuncionales, muchos viven solo con la mamá o los abuelos y, conforme van creciendo, ya no quieren ir al colegio, van viendo la venta de droga, empiezan a fumar o robar. Se dan cuenta que pueden conseguir dinero de la manera más fácil. Esa ha sido nuestra preocupación, cómo hacer para que esos niños no tengan esos contactos o tengan otras opciones. Nuestra intención ha sido que vean otras alternativas de vivir.

Un caso es el de “N”, un niño muy capaz, talentoso para casi todo. Ahora tiene 13 años. En todos los talleres daba lo máximo, y es un líder por naturaleza, por lo que siempre motivaba a los niños que venían. Pero cuando va creciendo, va adoptando el comportamiento de sus compañeros mayores, sumado a que en casa no hay una imagen masculina fuerte y se deja guiar por la imagen del hermano, quien está vinculado a robos o a pelea de perros.

La Clínica de los Sueños realiza talleres para niños y adolescente, desde los 4 hasta los 15 años. Se reúnen todos los sábados en el barrio “La Pampita”.

Nosotros hemos querido rescatarlo de ese entorno, incluso hemos dialogado con su madre para que pueda tomar consejería. Se consiguió una cita, pero no fue. Con un niño no se puede trabajar a solas, debe tener apoyo de la familia; si no lo tiene, no se puede hacer nada.

Otro caso es el de una niña muy sobreprotegida, cuya madre no quería que estuviera en nuestras actividades porque se podía juntar con “otros tipos de niños”. Nosotros estuvimos hablando con la señora y le explicábamos cómo le podía ayudar esta experiencia a su hija. Algunas veces le daba permiso, y poco a poco, la mamá fue abriéndose, tuvimos un contacto más directo con ella, la invitábamos a las actividades e iba tomando confianza.

En ese aspecto, la familia es fundamental. Si tienes el soporte familiar, puedes lidiar con el resto. Estamos tratando de que vengan a dar charlas a los padres. Nos gustaría trabajar más el lado emocional, tanto con los niños como con los padres, poder dar charlas a los niños, a los púberes, y un taller para los padres.

Y, a pesar de las dificultades, ¿por qué continúan?

Porque tenemos fe en los niños, apostamos por esa generación nueva, sabemos que les va a quedar algo de lo que están haciendo, van a recordar que aprendieron cosas esenciales para ser mejores seres humanos, porque están abriendo sus emociones y fortaleciendo un vínculo, no solamente con sus compañeros de barrio, también con sus propias familias.

Tenemos la fe puesta en ellos, en la infancia, y en cada niño que nosotros tenemos dentro. Nuestros niños internos también han salido con ellos, los hemos reconocido y esperamos, poco a poco, que cada niño de cada adulto, también pueda jugar como ellos, algún día.

¿Qué resultados van viendo en los niños?

Entre las actividades que realizan para todo el barrio están los torneos de trompo y cometas (en ambos participan niñas y niños), teatro, títeres, el “Rompeolla” (para celebrar los carnavales) y el “Poesibarrio”.

Para el aniversario de La Clínica les preguntamos sobre lo que significaba para ellos este espacio, y uno de los niños dijo: “yo, gracias a la Clínica de los Sueños, me siento más libre y he podido tener amigos”. Este niño era muy tímido, al inicio no hablaba con nadie, pero es un gran actor. Fuimos viendo cómo, poco a poco, él se fue empoderando y ahora puede expresarse con libertad.

Para la mayoría de ellos es un espacio de libertad, de juego, de poder realizar lo que ellos quieren, de trato en igualdad. Nosotros no queremos ser profesores, queremos ganarnos su confianza, que haya confianza y respeto más allá de jerarquías, porque ellos son tan capaces como nosotros, mucho más capaces de lograr cosas.

A Samanta, la directora del cortometraje, la han entrevistado en el diario, la han agasajado en su colegio. Ella ha visto cómo una acción bien llevada puede trascender, y la anima a seguir creando.

Luego del corto, ella y los demás niños, ya proponen historias, sus cabezas están llenas de ideas, pero no solo está en sus cabezas, también tienen la confianza de poder decirlo.

Aquí redescubren sus propias capacidades, su potencial, los hace sentirse más seguros.

Primavera 2017


Donato Calderón

Coordinador del Comité 2 del cerro El Agustino.

Miriam Guevara

Profesora de teatro para personas con discapacidad.




La crisis… ¿afecta a todos?

Me imagino que, para personas como los lectores de esta Revista, a la pregunta ¿nos afecta la crisis? La respuesta es a lo sumo: “quizás, pero todavía no”. La sospecha que tengo es que hay un vasto sector de la población peruana que no va a estar afectada por la crisis mundial. Y esto no es de ninguna manera una buena noticia.

Al escribir estas líneas se está anunciando para el 4 de Mayo, en Huamanga, un foro macro-regional de Ayacucho, Apurímac, y Huancavelica. La finalidad del evento es fundamentar y demandar al gobierno central una atención preferente a estas tres regiones/departamentos.

El afiche promoviendo el foro contiene unas cifras espeluznantes: Ayacucho y Apurímac aparecen como bastiones de la modernidad porque “sólo” cuentan con 65% de pobreza y 41% y 36.9% de pobreza extrema, respectivamente. En cambio, Huancavelica goza del campeonato de las cifras: 75% de pobreza y 50.8% de pobreza extrema.

La tragedia de los tres reside en una marginación de larga data, antes de los años de la violencia, agudizada durante la violencia, y desatendida en los años posteriores. La desatención tiene varias explicaciones. Una de ellas es simplemente que no cuentan con poblaciones numerosas, añadido a que hoy sufren la emigración de cantidades de sus jóvenes a la costa o al VRAE para trabajar en la producción de la coca. Al no contar con una población numerosa –aunque juntos superan más del millón y medio de personas no son de vital interés en la carrera de votos de los partidos políticos, y por eso en la atención de los gobiernos de turno.

La sensación de marginación se expresa también en la lentitud y la poca inversión en el asunto de las reparaciones de las víctimas de los años de violencia. Ayacucho especialmente, pero también Apurímac y Huancavelica, son de los más afectados. Mejor dicho, el asunto de las reparaciones no es una prioridad nacional, aunque debería ser una prioridad ética y moral. El Consejo Nacional de Reparaciones, encargado de elaborar el registro de víctimas individuales de la violencia, cuenta con un presupuesto totalmente inadecuado para la tarea que tiene en sus manos. Con el creciente número de fosas comunes que se van descubriendo, la impresión que uno puede tener –la que yo tengo- es que la cifra de casi 70,000 muertes que lanzó la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), y que fue duramente criticada por excesiva, es una cifra más bien conservadora. En una visita a Putis, (Huanta) hace unos meses, en una conversación con una persona entendida como pocas en la realidad de Ayacucho, le pregunté: “¿No crees que la cifra de la CVR puede crecer?” Su respuesta era inmediata: “Mira Francisco, yo creo que hay por lo menos 20 mil más. Es que, como aquí en Putis, hay cantidades de personas y lugares que no existen en ninguno de los registros. Son personas inexistentes, pero sí víctimas, atrapadas entre dos fuegos”. La marginación llega a tal grado que toca e incluye a la inexistencia.

Pero volvamos a la pregunta del título de esta nota. ¿La crisis mundial afecta a todos en el país? Si tomamos en cuenta las cifras que mencioné arriba, hay ingentes cantidades de personas en esta macro-región que viven en la subsistencia y autoconsumo, campesinos pobres. ¿Serán afectados por la crisis mundial? Lo dudo, porque sus relaciones con el mercado nacional son tan escasas que la crisis tiene poca o nula capacidad de afectar su estilo de vida. Son tan pobres que los vaivenes de la economía les quedan lejos. Son a lo sumo, como indica Sinesio López, “ciudadanos efectivos de tercera categoría,” es decir, sin voz propia y sin capacidad de hacerse presente en la escena nacional. Así los que no son, y probablemente no serán, afectados por la crisis constituye una tragedia nacional, y no son pocos.

Se trata de una tragedia que es producto de la acción de los hombres, y que sólo puede revertirse por la acción de los hombres.

Publicado en junio 2009


Francisco Chamberlain, SJ

Colabora en la Mesa de Concertación de Lucha Contra la Pobreza de Ayacucho y en el Centro Pastoral Loyola.




“Mientras tratemos de dialogar desde el estereotipo, no hay posibilidad de reconciliación”

Entrevista a Joel Calero, director de la película “La última tarde”.

Por Diana Tantaleán C.
Apostolado de Justicia Social y Ecología

“La última tarde”, película peruana que aborda la etapa post conflicto armado desde la mirada de dos ex militantes de la izquierda radical, quienes se reencuentran luego de casi 20 años.

Joel Calero, su director y guionista, nos comparte las motivaciones que tuvo para crear esta película, así como su percepción de nuestro proceso de diálogo y reconciliación.

¿Por qué decide tratar el tema post conflicto armado en su película?

El tema post conflicto tiene que ver con algo personal, íntimo. Tengo 49 años y estuve en la universidad en la década de los 80, en la que había una militancia activa por causas sociales, básicamente de la izquierda.

De esa época conservaba un amigo que había tenido una participación política activa, y me llamaba la atención que, en el presente, tuviera una cierta solemnidad para referirse a la palabra “pueblo”. A mí me sonaba desfasada porque, en esa época de los años 80, en el nombre de los partidos políticos, los poemas de Benedetti, o las películas de Ettore Scola, la palabra estaba cargada de una connotación idealizada porque se refería, supuestamente, a los sectores más carentes, pero con una conciencia de clase, con un propósito social hacia una sociedad más justa. En mi percepción ese pueblo ha devenido, en años recientes, en un sector social que podía estar sosteniendo un proyecto explícita y evidentemente corrupto.

Entonces, le decía a este amigo, “¿de qué pueblo estás hablando?, ese pueblo idealizado de los 80 no existe más”, y le escribo una carta criticándole eso fraternalmente. Ese es el primer germen de la película.

Por otra parte, a mí me interesa el tema de pareja: las relaciones, los vínculos, los afectos. Entonces, se dio la intersección entre mis intereses temáticos cinematográficos, que van por el orden de las parejas y los afectos, con esta carta en la que están dialogando dos personajes con relación a una militancia.

En la película, los protagonistas no definen con claridad su pertenencia; el padre la llamaba “terruca”, dicen que Sendero los perseguía, pero ellos utilizaban la violencia. El diálogo “juega” con “títulos” o “clichés”, ¿qué tanto cree que los estereotipos han afectado a nuestra sociedad en el diálogo de reconciliación que debemos tener?

Creo que los clichés han sido nefastos para el país y han sido utilizados por ciertos sectores políticos para impedir, de alguna manera, este proceso de reconciliación, el cual supone un reconocimiento y admisión del otro. Pero si “el otro” es demonizado, es un proscrito al imaginario social, no hay ninguna reconciliación posible.

Una anécdota preciosa, en ese sentido, es lo que le ocurre al actor Lucho Cáceres, protagonista de la película. Cuando hace unos años le muestro el guión y le propongo que lo actué, su frase fue: “mientras esos desgraciados no le pidan perdón al país por lo que le hicieron, yo no actúo en esa película”. Así de radical fue.

A partir de ahí tuve un largo proceso en el que intenté explicarle, a través de películas, lecturas y conversaciones, que a él, como actor, no le servía usar la palabra “terroristas” o “terrucos”, porque si uno dice “ese es un terrorista”, y lo defines ontológicamente, un terrorista pareciera un sujeto en cuyo ADN está el germen del mal; y si lo metes a una fiesta de niños, seguramente va a degollar niños; y si va a un salón de clase, seguramente va a matar porque es un terrorista y quiere generar terror. Esa es una visión alejada y estereotipada de lo que ocurrió.

Lo que ocurrió con estos actores políticos que generaron violencia y terror es que, movilizados por una causa justa al inicio, devinieron en sujetos que utilizaron la violencia de manera indiscriminada. Pero nos estamos olvidando que esto no tiene que ver con la psicopatología, tiene que ver con la historia y la sociología, con lo que se pensaba en las ideologías de los años 80: la posibilidad de buscar una transformación, hacia una sociedad justa, mediante vías militaristas y violentas.

A mí me llama la atención que “el terrorismo” esté tan usado por un sector político, y levantado ‘ex profeso’, a puertas de elecciones, como si se quisiera manipular a la población y volverle a meter el ‘cuco’ del terrorismo para ellos posicionarse como esa fuerza política que nos liberó de ese ‘cuco’. Lo mismo ocurre, por ejemplo, con la juventud.

Una de las cosas más hermosas que tiene la juventud es la posibilidad de pelear, discrepar y protestar; y cuando los estudiantes sanmarquinos protestan con decibeles altos, porque encuentran una causa injusta en su universidad, y una comunicadora social los llama “aprendices de terroristas”, ¿qué estamos haciendo?, estamos proscribiendo, utilizando el ‘cuco’ para invisibilizar, demonizar y alejar a estos sujetos, que son seres humanos, y que llamamos terroristas.

También podemos llamarlos guerrilleros, subversivos, seguramente delincuentes y asesinos, pero entre ellos hay gente valiosa que cometió delitos al calor de una ideología, pero no tenemos que verlos como ese demonio con trinche y cola. Esta visión estereotipada nos distancia y nos imposibilita en el reconocimiento.

Con la película me ha pasado una cosa maravillosa: recibir cartas de un amigo que me decía “yo soy una víctima de la violencia política, porque cuando viví en Chaclacayo rezaba para que mis padres llegaran a las 7 de la noche, y uno de mis compañeritos murió por una bala perdida, y con tu película he podido comprender a estos que yo llamaba demonios y verlos como seres humanos”. Por el otro lado, alguna gente que fue militante de estos movimientos subversivos me escribe conmovida. Es interesantísimo lo que ha sucedido con la película.

Existen dos miradas muy fuertes en la película: la de él, que es una mirada frustrada, y la de ella, más positiva. ¿Crees que también refleja la mirada que tenemos sobre nuestra realidad?

Sobre todo, las miradas que puede tener la izquierda.

Pepe Mujica, ex guerrillero y ex presidente uruguayo, decía que tal vez nuestra escala de la revolución ahora es la doméstica, con la posibilidad de transformar la acera de enfrente. Esta cita la trabajamos muchísimo y nos permitía comprender al personaje de “Ramón”. Él no ha ajustado sus dimensiones, se sigue sintiendo frustrado porque lo que tiene en la cabeza es el fantasma grandilocuente de sus ideales de los 80, que tenían que transformar la sociedad. En cambio ella, aunque en su vida cotidiana no hay nada que implique una evolución de sus ideales de justicia social, fantasea y dice: “cuando yo ponga un ‘restaurancito’ de comida orgánica, le voy a dar al proveedor un precio justo, seré un empresario que no jode a nadie”; allí está calibrado lo que haría porque, de alguna manera, ha entendido que esa es la única revolución posible en estos tiempos.

Durante el diálogo que manejan los protagonistas sacan a flote muchos demonios personales, y es motivo para aclarar verdades a medias después, de casi 20 años, ¿cree que refleja la manera cómo se trata en el país nuestra historia de violencia?

Es interesante cómo, de alguna manera, las opciones narrativas en el cine pueden reflejar lo que deben ser las opciones narrativas de la propia sociedad para construir su narrativa.

Las primeras películas que abordaban estos temas se referían directamente a los hechos de la violencia, como “La boca del lobo”, o incluso películas más recientes, como “La última noticia”. En cambio, otras películas como “Paraíso”, “Magallanes” y “La última tarde”, dan cuenta de los ecos, las resonancias, las consecuencias de esos hechos en el presente. Esto me parece una visión menos dramática pero más real porque da cuenta de cómo, en nuestra actualidad, va a estar esto siempre presente.

No es casual que, en el 2015, cuando estaba intentando buscar bibliografía útil para trabajar con los actores, no había libros interesantes de este tema [de los ecos de la violencia en el presente]. El libro más importante producido en esto es “Los Rendidos”, de Agüero, ¡y es del 2015! Es como si recién ahora, alejados de ese periodo, tuviéramos la distancia necesaria para empezar a pensar y hurgar, con un poquito más de sutileza, en eso que está presente.

Los actores Lucho Cácerers y Katerina D’Onofrio representaron a “Ramón” y “Laura”, una pareja vinculada a la violencia durante el conflicto armado que vivió el Perú, y que se reencuentra luego de casi 20 años.

Veo en el Facebook algunos hijos de ex emerretistas, jóvenes pensando su identidad y cómo se sitúan en un país donde un sector demoniza a su padre y lo quiere ver como el peor asesino del mundo; y, por otra parte, ellos mismos con la conciencia de que seguramente sus padres tuvieron algo positivo, en tanto se preocuparon por transformar una sociedad, aunque de manera inadecuada. Toda esa amalgama de discursos, medio discursos, sutilezas y grises, recién empieza a aparecer; y probablemente las mejores películas, las mejores reflexiones, estén por venir.

En la película, los protagonistas llegaron a un diálogo que los llevó a un proceso reconciliatorio casi casualmente, no lo buscaron, ¿qué tanto cree que se ha dado entre nosotros este proceso?

Pues muy poco. Mientras estemos tratando de pensar y dialogar desde el estereotipo, no hay ninguna posibilidad. Es como lo de Lucho Cáceres, que tuvo esa actitud de rechazo. Cuando le doy “Los Rendidos”, en dos meses el libro hizo lo que yo no había hecho en dos años: acercarlo a la humanidad de estos personajes que él iba a interpretar. Él mismo decía: “si ese proceso que yo hice como actor lo hicieran los espectadores de esta película y los ciudadanos de este país, estaríamos muy cerca de la reconciliación y del diálogo”.

¿Cuál cree que es la mejor expresión artística para trabajar este tema?

Todas en conjunto. El cine y el teatro son como representaciones directas. Tal vez el cine tiene esa capacidad de llegar a públicos más amplios, aunque no necesariamente, pues algunas películas desaparecen rápido de cartelera.

Nosotros, para lograr que “La última tarde” se vea, semanas antes coordiné con profesores de Ética y Ciudadanía de algunas universidades y les mostré la película, y les pareció perfecta para sus alumnos, quienes de modo natural seguramente no hubieran visto la película.

Hay una visión sesgada de mi parte. Una fotografía puede emocionarte, pero ¿cómo construyes esta sutileza de los discursos sino es a través del diálogo?, el cine y el teatro construyen discursos.

Alguien me decía, “es interesante no sólo el número [de espectadores], sino a quiénes llegas”. En ese sentido, esta película ha generado un diálogo interesantísimo. A mí me llama la atención el hecho de que tú me estés entrevistando, desde una revista asociada a la Compañía de Jesús; que salga también un artículo de un sacerdote jesuita y el mismo día sale otro en el partido comunista; ¿ves esa pluralidad? O que escriban por igual una poeta, un psicoanalista y un profesor de la universidad del Pacifico, ese diálogo me parece espectacular.

Invierno 2017


Joel Calero Gamarra

Cineasta. Director de Cielo Oscuro y La última tarde. Ganador del premio a Mejor Director en la Competencia Oficial del 32° Festival Internacional de Cine de Guadalajara.