“Tenemos fe en los niños, apostamos por una generación nueva”

Entrevista a Miriam Guevara y Donato Calderón, miembros de La Clínica de los Sueños.

Por Diana Tantaleán C.
Apostolado de Justicia Social y Ecología

La Clínica de los Sueños es un proyecto comunitario, iniciado en enero del 2015 en El Agustino, que busca la participación de los vecinos para que, a través de la mirada del arte, puedan empoderarse y ser críticos con su entorno.

Los jóvenes Marco González (fotógrafo), Bereniz Tello (comunicadora social), Miriam Guevara (profesora de teatro) y el señor Donato Calderón (Coordinador del Comité 2 del cerro El Agustino), se unieron para iniciar esta experiencia con los niños del barrio La Pampita, a través de talleres y actividades artísticas y recreativas.

Conversamos con Miriam y Donato sobre cómo fue surgiendo esta experiencia, sus motivaciones, el impacto que ha tenido en los niños y las dificultades a las que se enfrentan, demostrando que cuando el deseo de sacar adelante un sueño es grande, no hay trabas que lo detengan.

“Hace diez años, el barrio “La Pampita” era un centro de distribución y venta de droga al menudeo. Todos los días venían a comprar droga, y los niños no podían salir en las noches a la calle.
Los vecinos observamos que el sitio era muy vulnerable y nos comprometimos a enfrentar la situación. Con ayuda de la comisaría formamos una junta vecinal, cerramos pasajes y preguntábamos a los desconocidos que venían por la familia a la que iban a visitar, y lo confirmábamos. Si no explicaban a dónde se dirigían, se retiraban. También vigilábamos las zonas. Nos amenazaron, pero nos enfrentamos a la delincuencia.
Después de esta limpieza todavía había vendedores de droga, y tenían una relación amical con los niños y adolescentes del barrio. Entonces nos organizamos y decidimos traer cultura, pintura y música. Buscamos contactos para organizar un festival de música cada dos o tres meses en esta zona.
Luego busqué otros contactos, así conocí a Bereniz, que siempre venía a tomar fotos, a Marco González, que era periodista de OJO y realizó una entrevista por los carnavales que organizábamos todos los años, y él trajo a Miriam. Todos, salvo Marco, son de El Agustino, pero Marco siempre ha trabajado en el cono este.
Ellos son los que observan la importancia de trabajar con los niños. Miriam, Bereniz y Marco son los que dirigen, yo los apoyo en todo lo que puedan necesitar”.

“Antes de iniciar la “Clínica” Marco tuvo un viaje a Colombia para un festival de cine comunitario y, al regresar, me cuenta de todo lo que vio en el festival, donde todo era dirigido y organizado por niños. Emocionado me dice que quiere hacer algo igual en su barrio, empoderar a los niños, pero que no conocía a nadie, que conocía a más gente en El Agustino, y como yo era de aquí, me animaba a hacer algo. Así arrancó mi experiencia, y mi entusiasmo”.

¿Con qué actividades inician en la Clínica?

Iniciamos con talleres de teatro y fotografía. Luego vimos que ambos se podían unir y empezamos con el taller de actuación para cortos de cine. Así hemos grabado varios cortos, que están en el Fanpage de la “Clínica de los Sueños”. Así se hizo el cortometraje “La importancia de soñar”.

También proyectábamos, todos los sábados, una película. Para eso nos fuimos agenciando de un proyector y el equipo necesario, a veces con actividades pro-fondos para algunas cosas en especial.

Traer lo material no es tan importante. Lo importante es la organización que se hace para que estos niños aprendan a tener otra vida más adelante. Que aprendan a formar grupos, conversar, hablar de sus cosas, de lo que ellos piensan o sus fantasías, y ponerlas en práctica si es posible.

Cuéntenme del cortometraje “La importancia de soñar”

El cortometraje “La importancia de soñar”, elaborado íntegramente por niños y niñas, se proyectó en el Centro Cultural de España, con la presencia de los realizadores.

Este cortometraje ha sido el trabajo audiovisual más ambicioso que hemos tenido con los niños. Luego de varias prácticas, de hacer cortos pequeños de forma casera, este tuvo un guion. Los niños hicieron todo, nosotros solamente dirigimos algunas cosas.

Fue una idea que los niños quisieron expresar, la importancia de sus sueños, de hacerlos realidad. Ellos hicieron el guion, otras dos niñas se encargaron de producción para ver la utilería o los vestuarios, hubo un mini proceso de casting para elegir a los que actuaban, ellos fueron los camarógrafos y buscaron las locaciones pidiendo permiso en sus casas para usar los ambientes. Ellos también dirigieron. En total participaron más de 12 niños. Se realizó este verano y participó casi todo el barrio y la mayoría de las locaciones fueron aquí.

La historia trata de un niño agustiniano que sueña con ser actor, pero hay muchos obstáculos. Se le opone su familia, un papá alcohólico que le pide ganar dinero para más cerveza, y esa es una realidad que los niños viven, ellos mismos lo expresaron; también se le oponen los amigos, que buscan desanimarlo; incluso en el colegio, al escucharle la profesora, ella le pregunta sobre otra profesión que “le dé dinero”. Todo su entorno se le opone. Pero hay dos personas, su mejor amiga y un señor que conoce y que resulta ser mimo, que le aconsejan seguir su sueño. Así logra impulsarse, va a un casting, donde todos quedan sorprendidos, y es para una obra de teatro comunitario que participará en festivales en Latinoamérica.

Nuestra meta ahora es realizar un corto cada año, en la temporada de vacaciones.

¿Cuál ha sido la principal dificultad que han tenido para trabajar con los niños?

Las familias y los amigos del entorno. Sucede que cuando los niños (sobre todo los varones) van entrando a la pubertad y la adolescencia, los más grandes los van juzgando por las actividades que realizan con nosotros, y los quieren implicar en otras actividades, como robo o drogas.

La mayoría de los niños vienen de hogares disfuncionales, muchos viven solo con la mamá o los abuelos y, conforme van creciendo, ya no quieren ir al colegio, van viendo la venta de droga, empiezan a fumar o robar. Se dan cuenta que pueden conseguir dinero de la manera más fácil. Esa ha sido nuestra preocupación, cómo hacer para que esos niños no tengan esos contactos o tengan otras opciones. Nuestra intención ha sido que vean otras alternativas de vivir.

Un caso es el de “N”, un niño muy capaz, talentoso para casi todo. Ahora tiene 13 años. En todos los talleres daba lo máximo, y es un líder por naturaleza, por lo que siempre motivaba a los niños que venían. Pero cuando va creciendo, va adoptando el comportamiento de sus compañeros mayores, sumado a que en casa no hay una imagen masculina fuerte y se deja guiar por la imagen del hermano, quien está vinculado a robos o a pelea de perros.

La Clínica de los Sueños realiza talleres para niños y adolescente, desde los 4 hasta los 15 años. Se reúnen todos los sábados en el barrio “La Pampita”.

Nosotros hemos querido rescatarlo de ese entorno, incluso hemos dialogado con su madre para que pueda tomar consejería. Se consiguió una cita, pero no fue. Con un niño no se puede trabajar a solas, debe tener apoyo de la familia; si no lo tiene, no se puede hacer nada.

Otro caso es el de una niña muy sobreprotegida, cuya madre no quería que estuviera en nuestras actividades porque se podía juntar con “otros tipos de niños”. Nosotros estuvimos hablando con la señora y le explicábamos cómo le podía ayudar esta experiencia a su hija. Algunas veces le daba permiso, y poco a poco, la mamá fue abriéndose, tuvimos un contacto más directo con ella, la invitábamos a las actividades e iba tomando confianza.

En ese aspecto, la familia es fundamental. Si tienes el soporte familiar, puedes lidiar con el resto. Estamos tratando de que vengan a dar charlas a los padres. Nos gustaría trabajar más el lado emocional, tanto con los niños como con los padres, poder dar charlas a los niños, a los púberes, y un taller para los padres.

Y, a pesar de las dificultades, ¿por qué continúan?

Porque tenemos fe en los niños, apostamos por esa generación nueva, sabemos que les va a quedar algo de lo que están haciendo, van a recordar que aprendieron cosas esenciales para ser mejores seres humanos, porque están abriendo sus emociones y fortaleciendo un vínculo, no solamente con sus compañeros de barrio, también con sus propias familias.

Tenemos la fe puesta en ellos, en la infancia, y en cada niño que nosotros tenemos dentro. Nuestros niños internos también han salido con ellos, los hemos reconocido y esperamos, poco a poco, que cada niño de cada adulto, también pueda jugar como ellos, algún día.

¿Qué resultados van viendo en los niños?

Entre las actividades que realizan para todo el barrio están los torneos de trompo y cometas (en ambos participan niñas y niños), teatro, títeres, el “Rompeolla” (para celebrar los carnavales) y el “Poesibarrio”.

Para el aniversario de La Clínica les preguntamos sobre lo que significaba para ellos este espacio, y uno de los niños dijo: “yo, gracias a la Clínica de los Sueños, me siento más libre y he podido tener amigos”. Este niño era muy tímido, al inicio no hablaba con nadie, pero es un gran actor. Fuimos viendo cómo, poco a poco, él se fue empoderando y ahora puede expresarse con libertad.

Para la mayoría de ellos es un espacio de libertad, de juego, de poder realizar lo que ellos quieren, de trato en igualdad. Nosotros no queremos ser profesores, queremos ganarnos su confianza, que haya confianza y respeto más allá de jerarquías, porque ellos son tan capaces como nosotros, mucho más capaces de lograr cosas.

A Samanta, la directora del cortometraje, la han entrevistado en el diario, la han agasajado en su colegio. Ella ha visto cómo una acción bien llevada puede trascender, y la anima a seguir creando.

Luego del corto, ella y los demás niños, ya proponen historias, sus cabezas están llenas de ideas, pero no solo está en sus cabezas, también tienen la confianza de poder decirlo.

Aquí redescubren sus propias capacidades, su potencial, los hace sentirse más seguros.

Primavera 2017


Donato Calderón

Coordinador del Comité 2 del cerro El Agustino.

Miriam Guevara

Profesora de teatro para personas con discapacidad.




La crisis… ¿afecta a todos?

Me imagino que, para personas como los lectores de esta Revista, a la pregunta ¿nos afecta la crisis? La respuesta es a lo sumo: “quizás, pero todavía no”. La sospecha que tengo es que hay un vasto sector de la población peruana que no va a estar afectada por la crisis mundial. Y esto no es de ninguna manera una buena noticia.

Al escribir estas líneas se está anunciando para el 4 de Mayo, en Huamanga, un foro macro-regional de Ayacucho, Apurímac, y Huancavelica. La finalidad del evento es fundamentar y demandar al gobierno central una atención preferente a estas tres regiones/departamentos.

El afiche promoviendo el foro contiene unas cifras espeluznantes: Ayacucho y Apurímac aparecen como bastiones de la modernidad porque “sólo” cuentan con 65% de pobreza y 41% y 36.9% de pobreza extrema, respectivamente. En cambio, Huancavelica goza del campeonato de las cifras: 75% de pobreza y 50.8% de pobreza extrema.

La tragedia de los tres reside en una marginación de larga data, antes de los años de la violencia, agudizada durante la violencia, y desatendida en los años posteriores. La desatención tiene varias explicaciones. Una de ellas es simplemente que no cuentan con poblaciones numerosas, añadido a que hoy sufren la emigración de cantidades de sus jóvenes a la costa o al VRAE para trabajar en la producción de la coca. Al no contar con una población numerosa –aunque juntos superan más del millón y medio de personas no son de vital interés en la carrera de votos de los partidos políticos, y por eso en la atención de los gobiernos de turno.

La sensación de marginación se expresa también en la lentitud y la poca inversión en el asunto de las reparaciones de las víctimas de los años de violencia. Ayacucho especialmente, pero también Apurímac y Huancavelica, son de los más afectados. Mejor dicho, el asunto de las reparaciones no es una prioridad nacional, aunque debería ser una prioridad ética y moral. El Consejo Nacional de Reparaciones, encargado de elaborar el registro de víctimas individuales de la violencia, cuenta con un presupuesto totalmente inadecuado para la tarea que tiene en sus manos. Con el creciente número de fosas comunes que se van descubriendo, la impresión que uno puede tener –la que yo tengo- es que la cifra de casi 70,000 muertes que lanzó la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), y que fue duramente criticada por excesiva, es una cifra más bien conservadora. En una visita a Putis, (Huanta) hace unos meses, en una conversación con una persona entendida como pocas en la realidad de Ayacucho, le pregunté: “¿No crees que la cifra de la CVR puede crecer?” Su respuesta era inmediata: “Mira Francisco, yo creo que hay por lo menos 20 mil más. Es que, como aquí en Putis, hay cantidades de personas y lugares que no existen en ninguno de los registros. Son personas inexistentes, pero sí víctimas, atrapadas entre dos fuegos”. La marginación llega a tal grado que toca e incluye a la inexistencia.

Pero volvamos a la pregunta del título de esta nota. ¿La crisis mundial afecta a todos en el país? Si tomamos en cuenta las cifras que mencioné arriba, hay ingentes cantidades de personas en esta macro-región que viven en la subsistencia y autoconsumo, campesinos pobres. ¿Serán afectados por la crisis mundial? Lo dudo, porque sus relaciones con el mercado nacional son tan escasas que la crisis tiene poca o nula capacidad de afectar su estilo de vida. Son tan pobres que los vaivenes de la economía les quedan lejos. Son a lo sumo, como indica Sinesio López, “ciudadanos efectivos de tercera categoría,” es decir, sin voz propia y sin capacidad de hacerse presente en la escena nacional. Así los que no son, y probablemente no serán, afectados por la crisis constituye una tragedia nacional, y no son pocos.

Se trata de una tragedia que es producto de la acción de los hombres, y que sólo puede revertirse por la acción de los hombres.

Publicado en junio 2009


Francisco Chamberlain, SJ

Colabora en la Mesa de Concertación de Lucha Contra la Pobreza de Ayacucho y en el Centro Pastoral Loyola.




“Mientras tratemos de dialogar desde el estereotipo, no hay posibilidad de reconciliación”

Entrevista a Joel Calero, director de la película “La última tarde”.

Por Diana Tantaleán C.
Apostolado de Justicia Social y Ecología

“La última tarde”, película peruana que aborda la etapa post conflicto armado desde la mirada de dos ex militantes de la izquierda radical, quienes se reencuentran luego de casi 20 años.

Joel Calero, su director y guionista, nos comparte las motivaciones que tuvo para crear esta película, así como su percepción de nuestro proceso de diálogo y reconciliación.

¿Por qué decide tratar el tema post conflicto armado en su película?

El tema post conflicto tiene que ver con algo personal, íntimo. Tengo 49 años y estuve en la universidad en la década de los 80, en la que había una militancia activa por causas sociales, básicamente de la izquierda.

De esa época conservaba un amigo que había tenido una participación política activa, y me llamaba la atención que, en el presente, tuviera una cierta solemnidad para referirse a la palabra “pueblo”. A mí me sonaba desfasada porque, en esa época de los años 80, en el nombre de los partidos políticos, los poemas de Benedetti, o las películas de Ettore Scola, la palabra estaba cargada de una connotación idealizada porque se refería, supuestamente, a los sectores más carentes, pero con una conciencia de clase, con un propósito social hacia una sociedad más justa. En mi percepción ese pueblo ha devenido, en años recientes, en un sector social que podía estar sosteniendo un proyecto explícita y evidentemente corrupto.

Entonces, le decía a este amigo, “¿de qué pueblo estás hablando?, ese pueblo idealizado de los 80 no existe más”, y le escribo una carta criticándole eso fraternalmente. Ese es el primer germen de la película.

Por otra parte, a mí me interesa el tema de pareja: las relaciones, los vínculos, los afectos. Entonces, se dio la intersección entre mis intereses temáticos cinematográficos, que van por el orden de las parejas y los afectos, con esta carta en la que están dialogando dos personajes con relación a una militancia.

En la película, los protagonistas no definen con claridad su pertenencia; el padre la llamaba “terruca”, dicen que Sendero los perseguía, pero ellos utilizaban la violencia. El diálogo “juega” con “títulos” o “clichés”, ¿qué tanto cree que los estereotipos han afectado a nuestra sociedad en el diálogo de reconciliación que debemos tener?

Creo que los clichés han sido nefastos para el país y han sido utilizados por ciertos sectores políticos para impedir, de alguna manera, este proceso de reconciliación, el cual supone un reconocimiento y admisión del otro. Pero si “el otro” es demonizado, es un proscrito al imaginario social, no hay ninguna reconciliación posible.

Una anécdota preciosa, en ese sentido, es lo que le ocurre al actor Lucho Cáceres, protagonista de la película. Cuando hace unos años le muestro el guión y le propongo que lo actué, su frase fue: “mientras esos desgraciados no le pidan perdón al país por lo que le hicieron, yo no actúo en esa película”. Así de radical fue.

A partir de ahí tuve un largo proceso en el que intenté explicarle, a través de películas, lecturas y conversaciones, que a él, como actor, no le servía usar la palabra “terroristas” o “terrucos”, porque si uno dice “ese es un terrorista”, y lo defines ontológicamente, un terrorista pareciera un sujeto en cuyo ADN está el germen del mal; y si lo metes a una fiesta de niños, seguramente va a degollar niños; y si va a un salón de clase, seguramente va a matar porque es un terrorista y quiere generar terror. Esa es una visión alejada y estereotipada de lo que ocurrió.

Lo que ocurrió con estos actores políticos que generaron violencia y terror es que, movilizados por una causa justa al inicio, devinieron en sujetos que utilizaron la violencia de manera indiscriminada. Pero nos estamos olvidando que esto no tiene que ver con la psicopatología, tiene que ver con la historia y la sociología, con lo que se pensaba en las ideologías de los años 80: la posibilidad de buscar una transformación, hacia una sociedad justa, mediante vías militaristas y violentas.

A mí me llama la atención que “el terrorismo” esté tan usado por un sector político, y levantado ‘ex profeso’, a puertas de elecciones, como si se quisiera manipular a la población y volverle a meter el ‘cuco’ del terrorismo para ellos posicionarse como esa fuerza política que nos liberó de ese ‘cuco’. Lo mismo ocurre, por ejemplo, con la juventud.

Una de las cosas más hermosas que tiene la juventud es la posibilidad de pelear, discrepar y protestar; y cuando los estudiantes sanmarquinos protestan con decibeles altos, porque encuentran una causa injusta en su universidad, y una comunicadora social los llama “aprendices de terroristas”, ¿qué estamos haciendo?, estamos proscribiendo, utilizando el ‘cuco’ para invisibilizar, demonizar y alejar a estos sujetos, que son seres humanos, y que llamamos terroristas.

También podemos llamarlos guerrilleros, subversivos, seguramente delincuentes y asesinos, pero entre ellos hay gente valiosa que cometió delitos al calor de una ideología, pero no tenemos que verlos como ese demonio con trinche y cola. Esta visión estereotipada nos distancia y nos imposibilita en el reconocimiento.

Con la película me ha pasado una cosa maravillosa: recibir cartas de un amigo que me decía “yo soy una víctima de la violencia política, porque cuando viví en Chaclacayo rezaba para que mis padres llegaran a las 7 de la noche, y uno de mis compañeritos murió por una bala perdida, y con tu película he podido comprender a estos que yo llamaba demonios y verlos como seres humanos”. Por el otro lado, alguna gente que fue militante de estos movimientos subversivos me escribe conmovida. Es interesantísimo lo que ha sucedido con la película.

Existen dos miradas muy fuertes en la película: la de él, que es una mirada frustrada, y la de ella, más positiva. ¿Crees que también refleja la mirada que tenemos sobre nuestra realidad?

Sobre todo, las miradas que puede tener la izquierda.

Pepe Mujica, ex guerrillero y ex presidente uruguayo, decía que tal vez nuestra escala de la revolución ahora es la doméstica, con la posibilidad de transformar la acera de enfrente. Esta cita la trabajamos muchísimo y nos permitía comprender al personaje de “Ramón”. Él no ha ajustado sus dimensiones, se sigue sintiendo frustrado porque lo que tiene en la cabeza es el fantasma grandilocuente de sus ideales de los 80, que tenían que transformar la sociedad. En cambio ella, aunque en su vida cotidiana no hay nada que implique una evolución de sus ideales de justicia social, fantasea y dice: “cuando yo ponga un ‘restaurancito’ de comida orgánica, le voy a dar al proveedor un precio justo, seré un empresario que no jode a nadie”; allí está calibrado lo que haría porque, de alguna manera, ha entendido que esa es la única revolución posible en estos tiempos.

Durante el diálogo que manejan los protagonistas sacan a flote muchos demonios personales, y es motivo para aclarar verdades a medias después, de casi 20 años, ¿cree que refleja la manera cómo se trata en el país nuestra historia de violencia?

Es interesante cómo, de alguna manera, las opciones narrativas en el cine pueden reflejar lo que deben ser las opciones narrativas de la propia sociedad para construir su narrativa.

Las primeras películas que abordaban estos temas se referían directamente a los hechos de la violencia, como “La boca del lobo”, o incluso películas más recientes, como “La última noticia”. En cambio, otras películas como “Paraíso”, “Magallanes” y “La última tarde”, dan cuenta de los ecos, las resonancias, las consecuencias de esos hechos en el presente. Esto me parece una visión menos dramática pero más real porque da cuenta de cómo, en nuestra actualidad, va a estar esto siempre presente.

No es casual que, en el 2015, cuando estaba intentando buscar bibliografía útil para trabajar con los actores, no había libros interesantes de este tema [de los ecos de la violencia en el presente]. El libro más importante producido en esto es “Los Rendidos”, de Agüero, ¡y es del 2015! Es como si recién ahora, alejados de ese periodo, tuviéramos la distancia necesaria para empezar a pensar y hurgar, con un poquito más de sutileza, en eso que está presente.

Los actores Lucho Cácerers y Katerina D’Onofrio representaron a “Ramón” y “Laura”, una pareja vinculada a la violencia durante el conflicto armado que vivió el Perú, y que se reencuentra luego de casi 20 años.

Veo en el Facebook algunos hijos de ex emerretistas, jóvenes pensando su identidad y cómo se sitúan en un país donde un sector demoniza a su padre y lo quiere ver como el peor asesino del mundo; y, por otra parte, ellos mismos con la conciencia de que seguramente sus padres tuvieron algo positivo, en tanto se preocuparon por transformar una sociedad, aunque de manera inadecuada. Toda esa amalgama de discursos, medio discursos, sutilezas y grises, recién empieza a aparecer; y probablemente las mejores películas, las mejores reflexiones, estén por venir.

En la película, los protagonistas llegaron a un diálogo que los llevó a un proceso reconciliatorio casi casualmente, no lo buscaron, ¿qué tanto cree que se ha dado entre nosotros este proceso?

Pues muy poco. Mientras estemos tratando de pensar y dialogar desde el estereotipo, no hay ninguna posibilidad. Es como lo de Lucho Cáceres, que tuvo esa actitud de rechazo. Cuando le doy “Los Rendidos”, en dos meses el libro hizo lo que yo no había hecho en dos años: acercarlo a la humanidad de estos personajes que él iba a interpretar. Él mismo decía: “si ese proceso que yo hice como actor lo hicieran los espectadores de esta película y los ciudadanos de este país, estaríamos muy cerca de la reconciliación y del diálogo”.

¿Cuál cree que es la mejor expresión artística para trabajar este tema?

Todas en conjunto. El cine y el teatro son como representaciones directas. Tal vez el cine tiene esa capacidad de llegar a públicos más amplios, aunque no necesariamente, pues algunas películas desaparecen rápido de cartelera.

Nosotros, para lograr que “La última tarde” se vea, semanas antes coordiné con profesores de Ética y Ciudadanía de algunas universidades y les mostré la película, y les pareció perfecta para sus alumnos, quienes de modo natural seguramente no hubieran visto la película.

Hay una visión sesgada de mi parte. Una fotografía puede emocionarte, pero ¿cómo construyes esta sutileza de los discursos sino es a través del diálogo?, el cine y el teatro construyen discursos.

Alguien me decía, “es interesante no sólo el número [de espectadores], sino a quiénes llegas”. En ese sentido, esta película ha generado un diálogo interesantísimo. A mí me llama la atención el hecho de que tú me estés entrevistando, desde una revista asociada a la Compañía de Jesús; que salga también un artículo de un sacerdote jesuita y el mismo día sale otro en el partido comunista; ¿ves esa pluralidad? O que escriban por igual una poeta, un psicoanalista y un profesor de la universidad del Pacifico, ese diálogo me parece espectacular.

Invierno 2017


Joel Calero Gamarra

Cineasta. Director de Cielo Oscuro y La última tarde. Ganador del premio a Mejor Director en la Competencia Oficial del 32° Festival Internacional de Cine de Guadalajara.




Libro: Aportes para el gobierno peruano 2011-2016

Libro: Aportes para el gobierno peruano 2011-2016
Consorcio de Investigación Económica y Social- CIES
Lima, Marzo del 2011.

Estos aportes al nuevo gobierno se presentaron en 15 documentos que materializaban igual número de propuestas en políticas de Estado. La iniciativa del CIES (Consorcio de Investigación Económica y Social) en alianza con otras instituciones, es parte del proyecto “Elecciones Perú 2011: centrando el debate electoral”. Los documentos desarrollan los siguientes temas: Gestión Pública, Corrupción y Gobernabilidad, Políticas de Seguridad y Narcotráfico, Política Tributaria, Política impositiva aplicable a los minerales y el petróleo, Política Nacional de Desarrollo Regional en el Perú, Políticas de Desarrollo Rural, Recursos naturales e industrias extractivas, Gestión de conflictos socio ambientales, Interculturalidad y Políticas Públicas, Políticas frente al cambio climático, Políticas sociales y pobreza, Avanzando a la educación que queremos para los niños y niñas del Perú, Políticas de Ciencia, Tecnología a Innovación, Violencia de Género.

La presentación de propuestas concretas a corto y mediano plazo, a la nueva administración, es un esfuerzo notable que busca contribuir con el fortalecimiento de la gobernabilidad democrática en el país. Sin embargo, también es necesario procesar en los próximos años un debate académico y político sobre las líneas ya trazadas por la sociedad civil, que mantengan una perspectiva de cambio. En el caso de esta publicación podemos encontrar reformulaciones institucionales que podrían generar alguna controversia por priorizar algunos aspectos respecto a otros o por las mismas propuestas específicas: en gestión pública, el problema de la gestión operativa sobre la planificación; en las políticas impositivas a los minerales y petróleos, el mantenimiento de los convenios de estabilidad tributaria; en desarrollo rural, el énfasis en infraestructura y la omisión a la problemática de la propiedad, en políticas públicas e interculturalidad, el relanzamiento del INDEPA.

Por otro lado, y a pesar de la brevedad del formato publicado para cada una de las propuestas en políticas, encontramos rotundidad en los siguientes planteamientos: el fortalecimiento de las instituciones de control y el protagonismo de la Contraloría General de la República, en la política anticorrupción; la centralidad en la promoción de la agricultura legal y el desarrollo local pacífico de las cuencas cocaleras, en las políticas sobre seguridad y narcotráfico; en política tributaria, la reforma con énfasis en la recaudación de impuestos directos; el pacto de cohesión territorial en desarrollo regional; la problemática jurídica del régimen de propiedad y otros derechos, en el acceso y aprovechamiento de los recursos naturales; la reestructuración de los programas sociales, en la políticas contra la pobreza; el fortalecimiento del rol de los gobiernos regionales y la limitación a la municipalización, en educación. Finalmente, la actualización del mapa de vulnerabilidades en base al criterio de unidad de cuencas, en las políticas sobre cambio climático, se complementa con una visión proactiva de adaptación ante lo inevitable.


Miguel Cortavitarte

Politólogo. Instituto de Ética y Desarrollo de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya.