La violencia contra niños, niñas y adolescentes. Comprender para prevenir

para que pueda ser he de ser otro
salir de mí, buscarme entre los otros,
los otros que no son si yo no existo,
los otros que me dan plena existencia

Octavio Paz, Piedra de sol

En el Perú, debido a las dificultades socioeconómicas que atraviesan muchos hogares en las distintas regiones del país, es común escuchar historias de niños y niñas que se hacen cargo de sus hermanos pequeños mientras sus padres o madres trabajan, ya sea en el campo o la ciudad. Lamentablemente, también es común escuchar que, ante el más mínimo error, reciban castigos muy duros cuando sus padres consideran que no realizaron la labor encomendada de forma cabal. Por ejemplo, cuando el hermano o hermana menor a su cargo sufre un accidente bajo su cuidado. Esa es la historia de Celia, una niña de siete años, quien, llorando, narraba llena de temor el castigo que le daría su madre cuando supiera que su hermanito de 2 años había sufrido una caída mientras jugaba.

En 2002, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la violencia como un problema de salud pública (OMS, 2002; Saz, 2021), lo que implica que las acciones para combatirla deban ser integrales y supongan el trabajo conjunto de la ciudadanía, las organizaciones de la sociedad civil y el Estado. Si nos centramos en el caso peruano, hasta mayo de 2021, el Servicio de Atención Urgente del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP) registró 2460 casos de violencia familiar, sexual y otros de alto riesgo. De todos ellos, 1924 se refieren a violencia contra la mujer y 536, contra varones.

En el desagregado por edad, se registra 1374 casos de violencia contra niños, niñas y adolescentes (MIMP, 2021). Por otro lado, la encuesta ENARES[1] de 2019 señalaba que el 68,9 % de la población de 9 a 11 años había sufrido violencia psicológica o física al interior de la familia (INEI, 2019; Zapata, 2021). Si bien las cifras en sí mismas son alarmantes, lo más preocupante es que, detrás de ellas, existan rostros humanos que muchas veces no llegan a visibilizarse y que, día a día, experimentan historias atravesadas por otras condiciones de vulnerabilidad personales, sociales o estructurales, como la pobreza, que agudizan el riesgo de generar escenarios de violencia. Aunque la violencia contra la mujer sea una realidad alarmante en nuestro país, nos centraremos en aquella que se ejerce contra niños, niñas y adolescentes como integrantes del grupo familiar.

En la encuesta ENARES antes mencionada, llama la atención que el 58,5 % de las personas encuestadas manifiesten tolerancia a la violencia contra niños, niñas y adolescentes por parte de los adultos a su cargo (INEI, 2019; Zapata, 2021). Esto se relaciona con el hecho de que muchas veces sea la familia, como institución cerrada, el escenario para situaciones de abuso y maltrato recurrentes y prolongadas en el tiempo (Saz, 2021), que pueden pasar desapercibidas o ser racionalizadas como patrones de crianza. Las medidas de aislamiento social en el contexto de pandemia por la COVID-19 han recrudecido estos problemas en las relaciones intrafamiliares. Han llevado a convivir días enteros a padres, madres, hijos e hijas en un mismo espacio; lo cual, aunado a las dificultades económicas por la pérdida de los empleos o la recarga laboral que supone realizar trabajo remoto mientras se atienden las responsabilidades del hogar, exacerba aún más los ánimos.

En este punto, convendría definir el concepto de violencia. En 2002, la OMS lo hacía del siguiente modo:

El uso deliberado de la fuerza física o el poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones. (p. 5)

De la definición anterior, se comprende que cualquier escenario de violencia se establece dentro del marco de una relación: con uno mismo, con alguien más o con un colectivo. Es en la naturaleza de los vínculos que desarrollamos donde surgen gestos, actitudes o comportamientos que pueden ser leídos como violentos, como una exacerbación de ese impulso vital que nos conmina a la defensa o a la sobrevivencia, que es la agresión. La diferencia entre ambos conceptos radica en que la violencia puede comprenderse como un impulso agresivo desbordado, que puede llevar a la destrucción de uno mismo, de los otros o de lo otro, el mundo compartido. En ese sentido, cualquier ser humano podría estar en riesgo de establecer relaciones violentas. ¿Cómo reconocerlo? Lo primero es ser conscientes de que tal riesgo existe, lo que nos puede llevar a estar alertas en los momentos que pueda surgir. Lo segundo es reconocer los propios límites, el punto en el que un gesto o acto puede transgredir y atentar contra la integridad física, psicológica o espiritual de alguien más.

Para el bebé, la mirada afectiva de la madre le da la certeza de que él existe, le permite mirarse a sí mismo y ver su entorno con mayor confianza.

Pese a las estadísticas, el riesgo de cruzar el límite entre agresión y violencia puede ser más sencillo de reconocer en relaciones entre personas adultas. Ante una diferencia laboral, por ejemplo, un debate o intercambio de opiniones que se convierte en conflicto, lo más probable es que, pese al desborde del ánimo, ninguno de los adultos involucrados utilice gritos o golpes para convencer a la otra persona de pensar o actuar como desea. ¿Por qué hacerlo entonces con niños, niñas y adolescentes a nuestro cargo? ¿Por qué es tan difícil controlar el impulso agresivo en esos casos y evitar que se convierta en un acto violento? Tal vez porque, en nuestra sociedad, aún es difícil pensar en ellos como sujetos de derechos, como seres humanos diferenciados con necesidades de reconocimiento y respeto. Los patrones de crianza que se transmiten culturalmente ahondan la dificultad, ya que, en el pasado, los castigos físicos eran utilizados y validados en circunstancias diversas: familiares, escolares, eclesiales y comunitarias; en otras palabras, eran parte de la dinámica convencional de interacción.

Entendiendo la violencia como un problema en las relaciones que establecemos, al pensar en aquellas que mantenemos con niños, niñas y adolescentes, conviene recordar las palabras de Claude De Rouvray (2009), psicoanalista francesa: “Se dice del niño que es el padre del hombre”. Con ello sugería el hecho de que las vivencias de la infancia dejan su huella en los adultos que, convertidos en madres o padres, asumen labores de crianza. Ante esa realidad, de acuerdo con la autora, quedan dos alternativas: replicar inconscientemente la historia vivida en nuestros vínculos tempranos como hijos o hijas, o, aceptando esos eventos como parte de nuestra historia, decidir conscientemente seguir una vía distinta, libre de la violencia experimentada en la niñez o adolescencia.

La segunda opción implica un trabajo personal profundo, porque demanda conectarse con el dolor que supuso haber sido víctima de violencia en algún momento de la vida, lo cual es difícil y complejo. Implica involucrarse en un proceso de autoconocimiento que, tras la comprensión e historización de esas experiencias dolorosas, lleve a las personas a una mayor comprensión de su historia de vida, lo que, en el mejor de los casos, disminuirá los riesgos de que la historia se replique. Lo cierto es que, en un país donde la salud mental de la población no llega a ser una prioridad, atravesar ese proceso es más difícil. ¿Qué hacer entonces?

Dentro de la teoría de las relaciones objetales[2],  se considera que los vínculos que el ser humano establece con quienes se encarguen de su cuidado durante sus primeros meses de vida se reeditan o actualizan en sus relaciones posteriores, esto es, las que establece a lo largo de su niñez, adolescencia y adultez. Para Melanie Klein, si la cualidad de estas nuevas relaciones fuese saludable, contribuirían a la reparación o restauración de las huellas dejadas por vínculos tempranos no satisfactorios.

En “El Papel de Espejo de la Madre y la Familia en el Desarrollo del Niño”, Donald Winnicott (1982) plantea que la mirada de la madre ?o de quien se encargue del cuidado primario del bebé?, si es afectiva y empática, le devuelve la certeza de que él existe. Este proceso no es sencillo, pues se necesita de una madre o cuidador dispuesto a mirar al bebé real con el que interactúa, no a aquel que figuró en su imaginación, a aquel que desearía que este fuera o a sí mismo. Un bebé que se ve reflejado en la mirada de quien cumple esa función puede mirarse a sí mismo, empezar a mirar el entorno con mayor confianza y menor riesgo de perderse en él. El verse reflejado en la mirada de su cuidador es un proceso anterior al reconocimiento de sí mismo en la imagen que le devuelve el espejo (Winnicott, 1982).

Winnicott apela a esta metáfora no solo para explicar el desarrollo temprano del bebé, sino para graficar la labor del psicoterapeuta, que no consiste en realizar interpretaciones inteligentes acerca de lo que le sucede al paciente, sino en devolverle aquello que este trae y, a largo plazo, contribuir al reconocimiento de su propia existencia. A partir de ello, podrá encontrar formas distintas de vincularse en las que, reconociéndose a sí mismo, logre mirar al otro en su existencia auténtica, no como una proyección de su fantasía. Sin embargo, y siguiendo la línea de Klein, este proceso complejo y arduo puede reconocerse en relaciones distintas a las tempranas y terapéuticas también. Es decir, existen vínculos que pueden facilitar la experiencia del reconocimiento y la recreación de uno mismo, del otro y de la realidad, vínculos que, pese a las dificultades, avances y retrocesos, faciliten la maduración.

Como adultos cuidadores, tenemos la responsabilidad de propiciar ambientes saludables y seguros para niñas, niños y adolescentes, sin riesgo de replicar un pasado de violencia.

A un adolescente que proviene de un contexto familiar y social precario, que se encuentre en situación de riesgo por condiciones como la violencia y la pobreza, tal vez le sea difícil proyectarse a un futuro distinto de la realidad que conoce. Sin embargo, si en el contexto escolar o comunitario encuentra referentes distintos a los conocidos, adultos que se vinculen con él dándole la opción de desplegar sus habilidades y capacidades en un clima de reconocimiento y respeto, tal vez esas nuevas formas de relación lo ayuden a concebir un proyecto de vida y a tomar decisiones que lo lleven a concretarlo. Ese fue el caso de Raúl, quien habiendo estado en situación de calle desde pequeño, a los 13 años, en su encuentro con educadores que le mostraron que podía volver a confiar y optar por una forma de vida distinta para él, tomó decisiones que lo llevaron a reconstruirse como persona.

Como adultos cuidadores, tenemos la responsabilidad de propiciar ambientes que faciliten el desarrollo saludable de niñas, niños y adolescentes. Lograrlo supone el reto y la valentía de mirarnos a nosotros mismos en los niños y niñas que fuimos, integrar eventos de nuestra propia historia para proyectarnos a un futuro distinto, con menos riesgos de replicar un pasado de violencia.  Establecer y fortalecer relaciones humanas saludables significa mirar a niños, niñas y adolescentes como los seres humanos distintos que son, devolverles su propia imagen frente al espejo de nuestra mirada, no las proyecciones de nosotros mismos o la imagen ideal que de ellos nos habíamos figurado.

Para ir al encuentro del otro necesitamos habernos encontrado con nosotros mismos y ese encuentro se produce siempre en relación. Prevenir la violencia pasa justamente por comprender la naturaleza de esa relación.

Referencias

De Rouvray, C. (2009). Los primeros años de la educación. En La Casa de la Familia. Una contribución psicoanalítica a la salud pública en el Perú (pp. 89-103). Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

INEI. (2019). INEI presentó resultados sobre la encuesta nacional de relaciones sociales. http://m.inei.gob.pe/prensa/noticias/inei-presento-resultados-de-la-encuesta-nacional-sobre-relaciones-sociales-2019-12304

MIMP. Estadísticas del MIMP. https://www.mimp.gob.pe/omep/estadisticas-violencia.php

OPS y OMS. (2002). Informe mundial sobre la violencia y la salud. Resumen. https://www.who.int/violence_injury_prevention/violence/world_report/es/summary_es.pdf

Paz, O. (1997). Piedra de sol. En Obra poética I (1935-1970). Obras completas. Edición del autor (pp. 217-233). Fondo de Cultura Económica.

Saz, A. (15 de julio de 2021). Jornadas APM: Violencias en el ciclo de la vida: infancia, adolescencia y vida adulta [Seminario web]. ISEP. https://www.youtube.com/watch?v=b0qvDp_Mf08

Winnicott, D. (1982). Papel del Espejo de la Madre y la Familia en el Desarrollo del Niño. En Realidad y juego (pp. 179-188). 3ª ed. Gedisa.

Zapata, D. (2021). Experiencias de violencia en estudiantes de una universidad privada de Lima- Perú. Artículo inédito.

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[1] Encuesta Nacional de Relaciones Sociales llevada a cabo por el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI).
[2] La teoría de las relaciones objetales, fundada por Melanie Klein en su relectura de Freud, enfatiza la construcción de la fantasía a partir de las relaciones con un objeto real. Inicialmente, el bebé se relaciona con un objeto subjetivo (aquel que figura su mente); a lo largo de los primeros meses de vida, y producto de un proceso de maduración biológica y psíquica, aprenderá a relacionarse ya no con el objeto de su mundo subjetivo, sino con un objeto externo. Recién en ese momento, se puede afirmar que participa de relaciones con un objeto –sujeto– real.

Verano 2021/2022


Claudia Neyra Quijandría

Instituto de Protección al Menor y Personas Vulnerables de la UARM




La reducción de la anemia en el Perú

La anemia y sus nefastas consecuencias

La anemia se define como la deficiencia de hemoglobina: proteína que forma parte de la sangre y que se encuentra en los eritrocitos o glóbulos rojos; siendo su función principal el traslado de oxígeno, que se respira por los pulmones, hacia todos los tejidos y órganos de nuestro cuerpo, lo que permite su adecuado funcionamiento.

Diversos estudios han demostrado los efectos negativos de la anemia sobre el desarrollo del sistema nervioso central, especialmente sobre la capacidad cognitiva y del aprendizaje en las diversas etapas de la vida; especialmente, durante los primeros años y en el embarazo, periodos en el que el cerebro del niño alcanza su mayor velocidad de desarrollo (1).

Causas de la anemia

La anemia tiene una multiplicidad de causas, pero diversos estudios realizados en el Perú y en el mundo demuestran que la principal está asociada al déficit de nutrientes necesarios para la formación de la hemoglobina. La Organización Mundial de la Salud (OMS) reporta que el principal origen de la anemia nutricional es el déficit en el consumo de hierro, micronutriente que forma parte central de la hemoglobina, y que es el principal transportador de oxígeno a los tejidos corporales. Se estima que entre el 40% y 50% de las anemias son nutricionales, siendo la mayoría producidas por el bajo consumo de hierro en la alimentación.

Sin embargo, hay otros déficits nutricionales de menor cuantía que producen esta enfermedad, como son el déficit en el consumo de vitamina B, folatos, zinc, vitamina A, entre otros. La dimensión de estos déficits no se conoce (2).

Como se refirió en líneas anteriores, existen otras múltiples causas de anemia. Las más importantes son las generadas por pérdida de sangre asociada a la multiparasitosis, las cuales afectan a poblaciones con limitado acceso a adecuados sistemas de agua y saneamiento; situación que afecta a amplios sectores de la población peruana de las áreas rurales, especialmente de la amazonia.

Por otro lado, cada vez cobra mayor importancia como causa de anemia aquellos asociados a procesos inflamatorios agudos y crónicos. Dentro de las primeras, tenemos a las diarreas, malaria e infecciones respiratorias agudas. En el caso de las segundas, se registran múltiples causas como las enfermedades inmunológicas, los cánceres, la obesidad, entre otros.

La inflamación modifica el metabolismo del hierro, ya que limita su absorción, debido a que el hierro es un elemento que puede exacerbar los procesos infecciosos, pues es nutriente fundamental para el crecimiento bacteriano (3).

En el caso de los ámbitos mineros, la intoxicación por metales pesados, como el mercurio, sería una importante causa de anemia. No obstante, la relevancia del tema, no se han realizado estudios que cuantifique la dimensión del problema. Finalmente, existen causas de anemia asociadas a problemas congénitos (talasemia, deficiencia de glucosa 6 fosfato deshidrogenasa, ente otras).

Magnitud de la anemia en el Perú y en el mundo

De acuerdo con información proporcionada por la OMS, hay 1,620 millones de personas en el mundo que presentan anemia, de los cuales 801 millones son mujeres y niños. En todos los grupos etarios y en todas las regiones se registran casos de anemia; pero los más afectados son los niños menores de cinco años, las adolescentes, y las mujeres embrazadas y en edad fértil. Si bien es cierto las mayores prevalencias se registran en el sur de Asia y África, también la mayor parte de países de América latina presentan altas prevalencias.

A continuación, se presenta la prevalencia de casos de anemia por grupos etarios, según la OMS. Como puede apreciarse, el mayor número de casos se registran entre los niños más pequeños, adolescentes y gestantes, debido a su acelerado crecimiento y mayores necesidades nutricionales, entre otras razones.

Situación de la anemia en el Perú

Como puede apreciarse en el gráfico, desde hace más de dos décadas viene monitoreando los niveles de prevalencia de anemia en el Perú, especialmente en niños y niñas de entre seis y 36 meses de edad, que, como se ha referido en líneas anteriores, es uno de los grupos etarios más afectados.

La anemia, en este grupo poblacional, se redujo significativamente entre el año 2000 y 2011, mostrando ligeras fluctuaciones hasta el año 2016 (60% a 41.6%), desde donde se ha mantenido casi sin variaciones en alrededor del 40% de prevalencia.

A partir del año 2006, en el marco del Programa Estratégico Presupuestal Articulado Nutricional, el gobierno peruano ha fijado metas y ha desarrollado estrategias para reducir la anemia y la Desnutrición Crónica Infantil.

A diferencia del caso de la Desnutrición Crónica Infantil, que ha tenido una significativa reducción entre los niños menores de cinco años (28.5% de prevalencia el 2007 y 12.1% el 2020), la anemia no ha tenido una reducción importante. Por otro lado, dicha condición registra altas prevalencias en los diversos grupos sociales (niveles de riqueza y grado de educación) y en la mayor parte de las regiones del país. Como puede apreciarse en el grafico que a continuación se presenta, los mayores niveles de anemia se registran en regiones amazónicas y ubicadas en el sur andino.

 

Planes Nacionales para la reducción de la anemia

Frente a los escasos avances en el proceso de reducción de la anemia infantil, desde el año 2014 el Estado ha desarrollado planes e intervenciones específicas para reducir este grave problema.

En ese mismo año, el Ministerio de Salud publicó la “Guía de práctica clínica para el diagnóstico y tratamiento de la anemia por deficiencia de hierro en niñas, niños y adolescentes” (5), con el propósito de incrementar la suplementación con hierro para la prevención y tratamiento en base a su uso, con énfasis en la provisión a los niños de polvos de micronutrientes (“chispitas”). Esta intervención, validada y puesta en práctica en diversos países del mundo, tuvo resistencias para su uso en el nuestro, debido a la baja adherencia a su suplementación continua (60 sobres por niño) por parte de los padres, familiares y del propio personal de salud.

En el periodo gubernamental 2016 al 2020 se reafirmó la prioridad de reducir la anemia infantil y se fijó metas con el objetivo de lograr reducir la anemia a no más del 19% al 2021, año del Bicentenario de la Independencia del Perú.

Esta meta fue refrendada en el “Plan nacional para la reducción y control de la anemia materno infantil y la desnutrición crónica: 2017-2021” (6). El Plan tuvo como base la prevalencia de anemia en niños de seis a 36 meses de edad registrada el año 2016 (43.6%), lo que representaba la reducción de la anemia en 24.6 puntos porcentuales en el periodo de cinco años, con un promedio anual de reducción de seis puntos porcentuales.

Este plan tuvo un carácter multisectorial, e involucró la participación de todos los sectores sociales (salud, educación, inclusión social, agricultura, vivienda y saneamiento, mujer y poblaciones vulnerables, entre otros) a través de acciones multisectoriales e integradas. Asimismo, se asignó responsabilidades y metas a ser cumplidas por los gobiernos regionales y locales, firmándose compromisos de logro de metas a nivel nacional y local.

El plan fue acompañado de un progresivo aumento de los recursos financieros asignados para su cumplimiento, incrementándose el presupuesto del Programa Articulado Nutricional de 2,081 millones de soles en el 2016 a 2,845 millones de soles el 2019(7).  Asimismo, se asignaron recursos complementarios, como fue el caso del Plan de Incentivos Municipales, a través el cual el MEF asignó, el año 2019, 60 millones de soles para la visita domiciliaria por parte de agentes comunitarios, para los niños considerados en riesgo de anemia (8). Adicionalmente, diversos Gobiernos Regionales asignaron recursos propios para el cumplimiento de las metas propuestas localmente.

En el contexto del conjunto de intervenciones planteadas en el Plan Nacional, debe destacarse la prioridad asignada a la identificación de los niños y niñas a través de un “padrón nominado”, para el seguimiento de la suplementación y tratamiento de los infantes entre seis y 12 meses de edad con riesgo o con diagnóstico de anemia, así como la prevención de la enfermedad, universalizando la suplementación preventiva con gotas de hierro a todos los niños entre cuatro y cinco meses de edad, cambiándose el uso de los micronutrientes en polvo por suplementos de hierro en gotas y jarabe. El plan también incluyó intervenciones para mejorar la calidad de la alimentación complementaria para los chicos a través de “sesiones demostrativas” para la preparación de estos alimentos.

Se calcula que más del 40% de casos de anemia son nutricionales, siendo la mayoría producidas por el bajo consumo de hierro en la alimentación.

No obstante, a pesar de los esfuerzos realizados, no se ha avanzado en la meta propuesta y los niveles de prevalencia se mantuvieron casi sin variación en relación a la línea de base registrada el 2016 (43.6%), alcanzándose una prevalencia de 40% el 2020 (reducción de solo 3.6 puntos porcentuales), lo que permite afirmar que no será posible alcanzar la meta de 19% al término del 2021.

 ¿Por qué no alcanzaremos la meta de reducción de la de la anemia al 2021?

Diversos factores pueden explicar el escaso avance en la reducción de la anemia infantil y la práctica imposibilidad de alcanzar la meta propuesta al 2021, entre otros podemos identificar:

La propuesta de metas a alcanzar no fue realista. Obedeció más a una aspiración política sin sustento en la evidencia científica; sumado a la experiencia de lo que venia ocurriendo en el país y lo que ha ocurrido en otras partes del mundo con relación al tema.

Sin duda la pandemia de la COVID-19, iniciada en el Perú en marzo del 2020, ha tenido un efecto negativo en el avance de las acciones para reducir la anemia. Al inicio de la pandemia, el cierre de los servicios del primer nivel de atención limitó el acceso al diagnóstico (Tamizaje de anemia), suplementación preventiva de los niños entre cuatro y cinco meses de edad, la entrega de suplementos preventivos de hierro a los niños entre seis y 12 meses de edad, tratamiento de los niños y niñas con diagnostico de anemia. A continuación, se presenta las coberturas de cada uno de estos indicadores lograda el 2019 (prepandemia) versus lo logrado el 2020 (periodo de pandemia). Sin embargo, es notorio que el efecto negativo del coronavirus ha sido muy limitado en la no consecución de la meta de reducción de anemia, pues durante el 2020 la prevalencia de dicha enfermedad fue similar a la del 2019, habiéndose esperado un incremento en su prevalencia debido a la reducción en el acceso a los servicios de salud y el incremento de los niveles de pobreza e inseguridad alimentaria de las familias durante la pandemia.

Recientes estudios muestran que en la actualidad las anemias ferropénicas tienen una prevalencia menor a la que se estimaba anteriormente. Es probable que la reducción de la prevalencia de anemia, producida entre el año 2000 y el 2011, haya ocurrido a expensa de la reducción de las anemias por deficiencia de hierro. Posteriormente las anemias por deficiencia de hierro han tenido una menor prevalencia, razón por la que las políticas de suplementación preventiva y para tratamiento con hierro, han tenido poco impacto en la reducción de la anemia.

Estudios realizados en los últimos años, muestran que las anemias inflamatorias son una importante causa de anemia en los niños (9). La anemia inflamatoria es producida por causas infecciosas (enfermedad diarreica aguda) y no infecciosas (obesidad, enfermedades autoinmunes). No se conoce la real prevalencia de las anemias inflamatorias en el Perú. En estudios realizados en otros países se muestra que hasta el 30% de las anemias poseen esta característica. Un hecho paradojal y preocupante, es la evidencia que las anemias inflamatorias pueden presentarse cuando erróneamente se administra suplementos de hierro a niños que no tienen déficit.

Por otro lado, reportes realizados recientemente, muestran que la prevalencia de anemia estaría sobre estimada, especialmente entre los niños de seis a 18 meses de edad. Debe tenerse en consideración que su diagnóstico se realiza a través del dosaje del nivel de hemoglobina en sangre, resultado que es comparado con un punto de corte (asumido por el Perú, en base a las recomendaciones de la OMS). Se identifica un caso de anemia cuando el dosaje de hemoglobina es inferior a 11gr de hemoglobina por 100ml de sangre, siendo similar en el caso de los bebes de seis meses, que en los niños y niñas de cinco años. La fisiología humana muestra que normalmente el niño nace con altos niveles de hemoglobina, luego esta se reduce significativamente por razones fisiológicas hasta el sexto mes de edad, etapa en la que empieza un lento proceso de recuperación de los niveles de hemoglobina, alcanzando el nivel de 11gr por 100ml de sangre recién a los tres años de edad. Esto significa que por razones normativas se estaría sobreestimando los niveles de hemoglobina entre los niños de seis meses y tres años (10).

Entonces, se cuestiona la norma técnica, recomendada por la OMS sobre el ajuste de los niveles de hemoglobina de acuerdo con el nivel de altitud en la que habita la persona. Estudios realizados en diversas partes del mundo demuestran que este ajuste no debería realizarse o que debería reducirse su nivel. Un ejemplo de ello, es que en el Perú las regiones con mayor prevalencia de anemia, serian aquellas en las que las personas habitan a mayor altitud, como es el caso de Puno (69.4% de prevalencia de anemia), Cusco (53.7%) y Pasco (49.6%). Estos estudios demuestran que los niños que habitan a estas altitudes tienen apropiadas reservas de hierro, razón por la cual no deberían ser suplementados con este micronutriente (11).

Por otro lado, a pesar de los esfuerzos realizados, los servicios de salud y los programas sociales no han llegado a brindar los servicios de prevención y tratamiento de la anemia a todas las familias, especialmente a las que habitan que áreas urbano-marginales y rurales, debido a la precariedad de su funcionamiento, así como a las resistencias de ciertos sectores de la población a hacer uso de ellos. (12)

En conclusión, la experiencia acumulada en estos años en que se han elaborado y desarrollado planes nacionales para reducir la anemia no han logrado los objetivos propuestos; debido, entre otras razones, a la carencia de un adecuado diagnóstico de la naturaleza del problema, incluyendo las causas de este: uso de inadecuados estándares de diagnóstico y valoración de la dimensión del problema; promoción de inadecuadas estrategias para abordar su reducción, así como debilidad en el funcionamiento de los servicios de salud, especialmente del primer nivel de atención.

Próximos pasos que se deben dar para realizar un adecuado abordaje del problema de la anemia en el Perú

  • Realizar estudios que precisen las causas que originan la anemia en el país, identificando escenarios regionales y locales, desarrollando planes y programas acorde a cada realidad.
  • Revisar los estándares utilizados para definir el diagnóstico de anemia, especialmente entre los niños menores de tres años, incluyendo el ajuste por altura.
  • Ser más selectivos en el manejo de cada caso de anemia, identificando sus causas y proporcionando el tratamiento adecuado para cada caso.
  • Fortalecer los programas públicos que permitan el acceso de todas las familias, especialmente las que habitan en áreas urbano-marginales y rurales a sistemas de agua segura y saneamiento básico, incluyendo programas continuos de desparasitación, con énfasis en áreas amazónicas.
  • Incluir el diagnóstico y tratamiento de la anemia, en el caso de las comunidades afectadas por contaminación con metales pesados, debido a los efectos que produce la minería que no guarda estándares de calidad.
  • Revisar las metas propuestas ha ser alcanzadas en el próximo periodo, a la luz de la experiencia previa ocurrida en el país y los últimos conocimientos que brinda la evidencia científica.

BIBLIOGRAFIA

  1. Baker RD, Greer FR. Commmitte on Nutrtition American Academy of Pediattrics. Diagnostic and prevention of iron deficiency anemia in infants and Young children. Pediatrics, noviembre 2010:126: 1040-50.
  2. Causas
  3. Tang M, Frank DN. Iron in Micronutrien Podwer Promotes unan Unfavorable Gut Microbiota in Kenya Infants. Nutrients. 2017
  4. World Health Organization (WHO) . The gobal prevaleence of anaemia in 2011. Geneva. CH. WHO 2015.
  5. Perú. Ministerio de Salud. Guía de práctica clínica para el diagnóstico y tratamiento de la anemia por deficiencia de hierro en niñas, niños y adolescentes en establecimientos de salud del primer nivel de atención. Lima. Perú. MINSA 2014.
  6. Perú. Ministerio de Salud: Documento Técnico. Plan Nacional para la reducción y control de la anemia Materno Infantil y la Desnutrición Crónica Infantil en el Perú: 2017-2021.
  7. Perú. Ministerio de Economía y Finanzas. Informe sobre la planificación y Ejecución de los Programas Estratégicos presupuestales. 2020.
  8. Perú. INEI. Encuesta Demográfica y de Salud Familiar. Informe de resultados al 2020.
  9. Beaton GH, MC Cabe GP. Micronutrient Initiative (Organization). Efficacy of intermittent iron supplementation in the control ofi ron deficiency anaemia in developing country: an análisis of experriencie. Ottaea. Micrinutrient Iniciative  1999.
  10. Namaste SM, Aaaron GJ. BRINDA Working Group. Metodologic approach for the BiomarkersREflflecting Inflamamtion and nutritional determinants of Anemia. American J Clin Nutr. Julio 20017; 106.
  11. Garcia Casal NM. Pasricha SR. Use and interpretation of hemoglobin concentrations for assesing anemia status in individuals and populations: results from WHO technical meeting. Agosto 2019.
  12. Bartolo Marchena M. Pajuelo -Ramirez. Propuesta de factor de corrección a las ediciones de hemoglobima por pisos altitudinales en niños de 6 a 59 meses edad. Peru. An Fac Med. Julio 2017.
  13. Universidad Cayetano Heredia. Estudio sobre Coberturas de Atención para el control de la anemia infantil, en el ámbito de la DIRIS Lima Norte. Perú. 2019.

Verano 2021/2022


Dr. Mario Tavera

UNICEF




El Racismo Peruano y su Instrumentalización en las Elecciones Generales 2021

A pesar de que la Constitución Política del Perú declara el carácter multiétnico y pluricultural de la nación peruana, un amplio sector de la población se encuentra, aun hoy, en una situación de desventaja y marginación debido a su identificación racial, apariencia física o pertenencia a un grupo étnico determinado.[1] A esta situación, que afecta de manera particular a las poblaciones indígenas, andinas y amazónicas, además de a las afrodescendientes, le sigue la herencia del sistema colonial que determinó un orden racial donde lo blanco europeo, y lo más cercano a ello, gozaba del mayor capital social, mientras que las poblaciones no blancas eran puestas en la base de la pirámide social. El día de hoy, aún es posible verificar los rezagos de la discriminación sistemática a los que han sido sometidos estos pueblos con efectos devastadores para esta y las futuras generaciones. La escasa posibilidad de movilidad social, las altas tasas de deserción escolar -que se reflejan luego en una  segmentación laboral informal o de baja influencia-, y la consecuente falta de acceso a más y mejores oportunidades forman parte del resultado de un esquema en donde el Estado peruano no ha logrado garantizar los derechos básicos de estas poblaciones en igualdad de condiciones, facilitando consecuentemente que se amplíe cada vez más las brechas de desigualdad entre los unos y los “otros”; brechas que se han hecho particularmente evidentes durante el último proceso de elecciones generales 2021.

En efecto, pocos aspectos afectan la realidad de la vida de las personas más que su origen étnico-racial. Como un elemento que escapa a nuestro control, éste determina nuestro posicionamiento y perspectiva del mundo. En este sentido, aun cuando es producto de la casualidad, nuestro origen étnico-racial suele ser determinante para nuestra posición social, las oportunidades y las limitaciones a las que se nos someterá. Esto basado en la manera en que la sociedad en donde vivimos ha considerado y considera a las personas que comparten nuestro mismo origen. Antes bien, las diferencias raciales o étnicas entre las personas, que son naturales, han sido llenas de diversos significados y lecturas a través del tiempo, en todas las sociedades.

El sistema o dinámica racial en el que las personas nacemos y del que hacemos parte, aprendiéndolo, suscribiéndolo y recreándolo, de manera consciente e inconsciente, implica que todas las personas con las que establecemos contacto, directo o indirecto, van a ser racializadas por nosotros. Dicho de otro modo, al verlas iniciaremos con el proceso cognitivo de dar significado a las características físicas que identifiquemos. Los significados a los que arribemos dependerán de las ideas colectivas o estereotipos que las sociedades han construido sobre diversos grupos étnico-raciales. Y, en consecuencia, las nociones preconcebidas que se tienen sobre los grupos étnico-raciales en las sociedades y sus significados se reproducen, sin mayor reflexión, de manera continua en todo tipo de interacciones, dinámicas de comunicación social y lenguaje cotidiano, entre otros.[2]

Así, la noción de las diferencias raciales o étnicas no son pervasivas per se; menos aún el concepto de raza/etnia como categorías de uso sociológico para el estudio diferenciado de diversos grupos humanos, o la noción de identidad racial como un elemento constitutivo del proceso identitario de la persona de manera particular. El problema, sin embargo, aparece cuando las diferencias étnico raciales son sometidas a un orden jerárquico de carácter cualitativo donde se considera que unos grupos son mejores o peores que otros.

En este contexto, el racismo es la ideología (el conjunto de ideas) que “racionaliza” que ciertos grupos étnico-raciales no gocen de una inclusión social plena, o puedan disfrutar de derechos u oportunidades en igualdad de condiciones. Este conjunto de ideas da por sentado que “no todas las personas somos iguales,” o tenemos el mismo valor en la sociedad, presuponiendo además que nuestra raza u origen étnico racial es una de las razones principales de estas diferencias.

Antes bien, es importante saber que, como conjunto de ideas o ideología, el racismo no se mide en términos de acciones concretas o actos específicos. Por ejemplo, hay una concepción errónea de que el racismo debe ser activamente agresivo, público y visible para ser real. No obstante, esto responde a la noción de racismo construida desde contextos nacionales distintos al peruano; concretamente, en países como Sudáfrica o Estados Unidos, donde el sistema del apartheid o Jim Crow nos mostró un sistema racial alimentado por la segregación legal de los distintos grupos raciales. En otras palabras, si bien podemos considerar al racismo como un fenómeno universal, este adopta características especificas en cada realidad social concreta en el que se inserta. Así, el racismo en el Perú no solo tiene características excluyentes hacia diversas poblaciones como la indígena (andina y amazónica), afrodescendiente y asiático-peruana, sino que se evidencia en todas las áreas de la vida de las personas de manera transversal, incluyendo nuestro lenguaje cotidiano, nuestro humor, y el discurso oficial del mestizaje. Una narrativa que invisibiliza a los pueblos originarios y no mestizos.

Una de las formas adicionales en la que el racismo se percibe en nuestra sociedad es precisamente en el imaginario colectivo respecto de cuáles son los puestos, lugares, roles y espacios que se espera que las personas habiten. Hagamos el ejercicio juntos: imaginen un Embajador, un profesor universitario, un oficial de nuestra fuerza aérea. Ahora pensemos en un taxista, una persona haciendo comercio ambulante, un policía. Lo mas probable es que las personas en ambos grupos sean además de grupos raciales diferentes, donde los primeros, en posiciones sociales además más valoradas, sean más claras que las personas en el segundo grupo.

Las elecciones generales 2021 nos dieron una lección respecto de lo mucho que nos falta avanzar en temas de igualdad racial en el Peru, lo violento del racismo en nuestro país, y cuanto tenemos por deconstruir y reconstruir como sociedad. Pedro Castillo Terrones se presentó como un maestro de escuela y líder sindicalista de Cajamarca -uno de los departamentos más pobres del Perú- y, en general, un extraño no solo a la política tradicional sino a la élite de poder del país, mayormente concentrada en Lima. Un ciudadano común de ascendencia indígena, profundamente comprometido con su comunidad, y que se encontraría trabajando en la parcela agrícola familiar en un día cualquiera. Altamente identificable para el ciudadano común de Perú, más allá del centro de la ciudad capital, no es de extrañar que Castillo ganara con más del 50% de los votos en Ayacucho y Huancavelica -dos de los departamentos más pobres del Perú- y, con más del 30% en otros 9 departamentos que no son Lima.[3] Sin embargo, como se mencionó anteriormente, las ideologías racistas fueron la piedra angular de esta ronda de elecciones. En efecto, no es hasta la noche de las elecciones en primera vuelta que los grandes medios de comunicación se interesaron por este candidato “aparecido” desde el interior del país. Fue tan subestimado en Lima, y a menudo pasado por alto que cuando la encuesta a boca de urna lo anunció como el primer candidato finalista, los medios de comunicación no tenían una foto de su rostro.

Para el flash electoral de primera vuelta, el canal de noticias CNN no contaba con una foto del candidato Castillo.

 

A la vez, muchas plataformas de redes sociales se inundaron de comentarios racistas contra Castillo y sus votantes, sobre todo en base a su apariencia y supuesta identidad racial. Los mensajes destacaron su extravío en la alta esfera política clamando además una supuesta ignorancia en sus votantes, falta de educación, y, en general, aversión al desarrollo del país (donde desarrollo obviamente es una noción que construida desde Lima tiene características particulares). Es necesario subrayar que Pedro Castillo Terrones es un hombre de mediana edad y de tez indígena clara; características raciales que en el imaginario colectivo del país están asociadas a estereotipos respecto de que los pueblos racializados, indígenas o negros, por igual, están mal preparados o no son lo suficientemente brillantes para funcionar en la esfera pública, y mucho menos en espacios de decisión de alto nivel, como sería la presidencia de la republica. Por otro lado, Castillo ostenta un marcado acento quechua, lo que en otros contextos denotaría un celebrado bilingüismo. No obstante, en el contexto peruano, donde las lenguas originarias no son celebradas sino mas bien rechazadas como un símbolo de retraso; su forma de hablar se encuentra con burlas, correcciones condescendientes y el irrespeto que históricamente nuestro país a otorgado a los “otros”.

En la segunda vuelta electoral, redes sociales y medios de comunicación desbordaron comentarios racistas basadas en la identidad racial del candidato Pedro Castillo.

Finalmente, hay un factor adicional e interesante a considerar. Durante esta elección, ambos candidatos decidieron utilizar y movilizar el miedo y la ansiedad contra un enemigo común percibido: los venezolanos en Perú. Es sabido que la profunda crisis social y económica ocurrida en la República Bolivariana de Venezuela ha generado una enorme migración de ciudadanos venezolanos hacia países como Ecuador, Perú, y Colombia. Al día de hoy, el Perú ha recibido alrededor de 1.2 millones de ciudadanos venezolanos, quienes se han convertido en una parte activa de la economía nacional, pero aún experimentan condiciones laborales precarias, inseguridad social y alimentaria y, en general, se les paga significativamente menos que los ciudadanos peruanos.[4] Los conflictos emergentes sobre la seguridad ciudadana, y su percibida culpabilidad, viene facilitando la idea de que estos ciudadanos son sujetos abyectos. Eso es un problema en sí mismo, ya que los sentimientos xenófobos están en su punto más alto y se ha vuelto común relacionar a la figura de la persona venezolana con la noción de criminalidad y el peligro. Un elemento adicional, sin embargo, y que requiere mas estudio, es el impacto de esta tendencia en la esfera de la política racial nacional. De hecho, ya imaginados, ajenos y/o considerados fuera de lugar, los afroperuanos ahora son “acusados” aleatoriamente de ser venezolanos y, por lo tanto, comenzaron a ser sometidos a hipervigilancia en espacios públicos. Este cambio cognitivo se ha visto facilitado por la suposición general de que los venezolanos son de piel más oscura y el pensamiento general de que los ciudadanos peruanos no son negros. En efecto hace algunas semanas, el país vio (una vez más) un nuevo caso de discriminación racial en el que la policía nacional acosaba a una mujer peruana negra falsamente considerada una ladrona. Debido a los muchos videos publicados y a su propio testimonio, una de las acusaciones publicas que se hacia sobre esta mujer, aun antes de probar el delito (que no ocurrió) era que era venezolana y que debía “regresar a su país.”

El Perú sigue siendo un país profundamente desigual, de grandes brechas de acceso a derechos y oportunidades, de profundas brechas educativas, de grandes brechas salariales. Un país donde las oportunidades están mayoritariamente concentradas en Lima, y donde los procesos colonizadores se siguen ejerciendo sobre millones de ciudadanos y ciudadanas en el día a día. Un lugar que aloja la creación discursiva de una Lima moderna vs. una Lima rural, y otras tantas imágenes, reales y simbólicas que marcan distancias bastante certeras entre los unos y “los otros”. Quienes son personas decentes que deben salir de su casa, durante la pandemia y los ignorantes o desconsiderados que son criminalizados por estar en la calle durante la cuarentena, cuando la calle es precisamente su lugar de trabajo.

Es innegable que esta pandemia y las medidas de prevención y remedio que han tomado los Estados, correctas en muchos casos, han puesto también en evidencia algunas de sus más profundas falencias históricas. Para el caso que nos ocupa, ha evidenciado de manera palpable el estado de desconexión y relegación de los gobiernos nacional y regionales, y los grupos más vulnerables. En este contexto, entonces, se han profundizado aún más las brechas de desigualdad entre conciudadanos y se ha sobrevulnerabilizado a las personas que ya vivían en los márgenes de la sociedad. De la misma manera, el proceso politico de las elecciones generales ha agravado aún más estas diferencias por cuanto las ha explicitado y puesto sobre la mesa. Nos toca a nosotros como sociedad y al gobierno entrante el ampliar las bases ciudadanas y de acceso a las oportunidades de aquellos cuya ciudadanía parece estar cuestionada constantemente, aun hoy. ¿Estaremos todos listos para ese reto?

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[1] Defensoría del Pueblo. Actuación del Estado frente a la Discriminación. Casos conocidos por la Defensoría del Pueblo, 2010. Inf. 005-2009-DP/ADHPD
[2] Véase Hartigan, Jr. 2010; Hooker, 2009
[3] Oficina Nacional de Procesos Electorales – ONPE (2021). Presentación de resultados: Elecciones Generales y Parlamento Andino 2021. Retrieved from: https://www.resultados.eleccionesgenerales2021.pe/EG2021/EleccionesPresidenciales/RePres/T.
[4] Banco Mundial (2021). Migrantes y Refugiados Venezolanos en el Perú: El Impacto De La Crisis De La Covid-19 (#Coronavirus). Retrieved from: https://www.bancomundial.org/es/news/infographic/2020/07/22/infografia-migrantes-y-refugiados-venezolanos-en-el-peru-el-impacto-de-la-crisis-de-la-covid-19-coronavirus.

Primavera 2021


Mariela Noles Cotito

Universidad del Pacífico




Castillo en Lima: entre la nueva individualidad y la experiencia populista

En uno de los ensayos más importantes publicados en los últimos años “Lima y sus arenas” se pone sobre la mesa una idea que sirve de punto de partida para estas líneas: Danilo Martuccelli, autor del texto, afirma, en contra de un sentido común muy extendido, que Lima es de alguna forma la síntesis del Perú. Para el sociólogo, si bien el proceso de migración interna permitió que millones de personas procedente de todo el Perú se asentaran en la ciudad hasta convertirse en sus habitantes mayoritarios; hay algo que establece una diferencia cualitativa que le resta veracidad a la popular afirmación. Una serie de procesos sociales ocurridos en la ciudad han producido un tipo de socialización y de individuación particular.

En el primer caso se trata de una socialización donde se ha producido una “horizontalidad operativa” de las relaciones sociales más inmediatas y prácticas de los ciudadanos. Esta “revolución de la sociabilidad” se ha producido sin que muten las estructuras fundamentales de desigualdad económica, política, social y racial que marcan el orden más permanente de la sociedad limeña.

En el segundo caso se trata de la aparición de un tipo de individualidad específica, denominada por Martuccelli “individualismo metonímico”. Un tipo específico de individualismo que no surge, al igual que el novedoso tipo de sociabilidad, desde las estructuras de la institucionalidad política; sino más bien como consecuencia de un proceso que emerge desde abajo, sin ningún tipo de organización desde arriba. Es una individualidad que parte desde la constatación práctica de los procesos de supervivencia que los limeños desarrollaron.

Esta individualidad ha surgido frente a la imposibilidad de realización de las sucesivas propuestas nacional-populares que experimentó nuestro país y nuestra ciudad.

En este marco, el resultado electoral del último junio ratificaría lo que señala Martuccelli respecto al comportamiento electoral diferenciado del capital frente al resto del país.

El profesor Castillo triunfó construyendo una coalición donde los puntales principales han sido el sur del país, la sierra centro y norte. En La costa norte y en la selva del país los resultados le fueron adversos al candidato de Perú Libre, pero a corta distancia de la candidata Fujimori. Fue Lima la región donde la tres veces derrotada candidata obtuvo su mejor resultado: 65.73% vs. 34.27%. Al igual que en los últimos procesos electorales, Lima votó a favor de la opción más conservadora en competencia en la segunda vuelta.

Si bien fue derrotado en Lima, Castillo obtuvo un tercio de los votos de la capital, apelando a un viejo conocido: al pueblo. Este último, como vehículo de incorporación de los sectores más postergados de la nación y enfrentado a sucesivos enemigos, quedó fuera de juego frente a los múltiples procesos descritos por Martuccelli en los párrafos previos. ¿Cómo así es que un candidato cuya apelación al pueblo termina cosechando un tercio de los votantes de la capital? Como señala el propio Martuccelli, es posible que nuevos líderes provinciales provistos de los “nuevos recursos de los gobiernos regionales” intenten reconstruir políticamente al pueblo organizando el vínculo entre sus protagonistas sociales y el sistema político institucional.

¿Hasta qué punto los efectos de la pandemia de la COVID-19 sobre Lima han sido suficientes para abrir un espacio -minoritario- para el regreso de las coordenadas populistas?

Si bien el resultado de Castillo en Lima se parece mucho a aquel que obtuvo Ollanta Humala en el 2006, en los quince años que median una y otra elección, se produjo un enorme proceso de expansión económica; así como un desarrollo de los procesos sociales y culturales que impactaron en las pautas de sociabilidad y el tipo de individualidad mencionadas por el sociólogo peruano.

Según datos del INEI[1], durante el primer trimestre del 2021 respecto al mismo periodo del año anterior se evidencia una contracción de la PEA de -14.7%. La población con empleo adecuado disminuyó un 32.1%, mientras que el subempleo aumentó en 12.5%. La pandemia y sus efectos rompe con la experiencia cotidiana que permitió la aparición de este individualismo metonímico que plantea Martuccelli. El proceso de movilización social, cuyo motor es el comportamiento de estos individuos, se ve fracturado por una experiencia cotidiana común: la pandemia.

Simultáneamente, es esta severa crisis la que ofrece la oportunidad de recrear los lazos para la movilización política de los actores colectivos de este pueblo. Un proceso de incorporación que tiene como pieza central al Estado y a sus liderazgos a través de la distribución de recursos y el fortalecimiento de los vehículos mediadores de estos sectores sociales; como por ejemplo, las ollas comunes y otras organizaciones de sobrevivencia. Los trabajadores informales, si bien carecen de vehículos que canalicen su participación política, fueron articulados en otros casos a través de programas de transferencia monetaria.

La pregunta que cabe es ¿Cómo convive el proyecto del individualismo metonímico de Martuccelli y una vuelta al proyecto nacional-popular? Una posibilidad es que estos intentos de rearticulación del pueblo como sujeto político privilegiado colisionen con estas nuevas formas de sociabilidad que marcan la experiencia de los limeños. La otra es que se produzca una articulación novedosa entre ambos elementos. La rearticulación del proyecto nacional-popular puede empatar y reafirmar la horizontalidad operativa existente en Lima, sumando a su existencia práctica elementos más estructurales ubicados en el mundo de política y la economía.

Más incierto es el potencial resultado del encuentro entre las lógicas nacional-populares y el individualismo metonímico de Martuccelli. A diferencia del caso anterior -donde la experiencia populista requiere siempre de una dosis de horizontalidad y cultura plebeya- el individualismo en clave limeña de Martucelli es poco dado a convivir con las colectividades y los mecanismos de bienestar que este tipo de experiencias generan. Ya no se trata de logros materiales vinculados únicamente al esfuerzo individual o al apoyo de determinados grupos secundarios próximos al individuo; sino más bien fundamentados en la pertenencia a un colectivo, hasta cierto punto anónimo, que posibilita el acceso a dicho bienestar.

Al tiempo de ser redactadas estas líneas, son pocas las semanas transcurridas desde el inicio del nuevo gobierno. Si bien sus primeras señales muestran el interés de este por buscar replicar algunos rasgos nacional-populares en su proceso de construcción política y de interpelación de los ciudadanos para su movilización colectiva; nada garantiza que dicho proceso quede trunco, como señala el propio Martucelli al reflexionar sobre la experiencia del gobierno de Ollanta Humala.

Lima es quizás el territorio más hostil para el nuevo gobierno, pero al mismo tiempo es clave para su sobrevivencia política. Sin su entusiasmo, o por lo menos su neutralidad, el futuro del gobierno puede plantearse muy cuesta arriba. Parece difícil ir contra las tendencias en los procesos de socialización que vienen germinando en Lima desde hace más de 25 años; pero es justamente el rol de la política encontrar formas creativas de encontrarse con estas y movilizarlas dentro del proyecto del actual gobierno.

Si bien las primeras acciones el actual gobierno muestran la reivindicación de procesos nacional-populares, nada garantiza que este proceso quede trunco.

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[1] https://www.inei.gob.pe/media/MenuRecursivo/boletines/04-informe-tecnico-mercado-laboral-ene-feb-mar2021.pdf


Carlos Alberto Adrianzén García Bedoya

Pontificia Universidad Católica del Perú – PUCP