Aportes para el buen desarrollo de proyectos en la selva

Proyectos Amazonía

Son muchos los proyectos económicos y productivos que han llegado a la Amazonía y a la región de la triple frontera (Brasil, Colombia y Perú), formulados y ejecutados por entidades gubernamentales y no gubernamentales, que han buscado con enfoques alternativos mejorar la calidad de vida de las poblaciones locales, luchando contra la desnutrición, malnutrición, pobreza, exclusión, marginalidad y el poco acceso a mercados, sea a través de la producción, la transformación o la comercialización.

Como es de imaginarse, se han invertido cuantiosos recursos (tanto locales, regionales, nacionales, como internacionales) con el fin de desarrollar estas iniciativas, sean ellas agrícolas, pecuarias, forestales o ambientales, con referencia a la realidad de las comunidades. Sin embargo, los resultados no son muy alentadores, ya que si consideramos lo que se ha invertido y la manera cómo se ha hecho, y el esfuerzo que ello ha implicado, todo esto no se refleja en el bienestar de las comunidades o en gran parte de ellas.

Desafortunadamente, la mayoría de los proyectos socio-económicos y productivos que se han planteado y ejecutado en la Amazonia y en la triple frontera, generalmente tienen un desenlace semejante. Nuestra hipótesis de partida ha sido, sin que se trate de dar u ofrecer recetas, que se emplea (aunque no necesariamente en todos los casos, pero sí en la gran mayoría) un “modelo” no apropiado al contexto y a la cultura local y, por otro lado, se crea una fuerte dependencia del actor externo y de los recursos que vienen de fuera. Pues si la institución, como en muchos casos sucede, retira su apoyo técnico y económico para la ejecución de los proyectos, las comunidades terminan por abandonar la mayoría de estas iniciativas y solo las vuelven a retomar si llega nuevamente la misma institución, u otra, a brindar apoyo logístico, técnico, económico y moral.

Consideramos que estos proyectos no siempre han tenido en cuenta las lógicas de vida, los ritmos de trabajo, las potencialidades y los alcances de las comunidades: aunque en este campo tendríamos que diferenciar claramente proyectos destinados a comunidades ribereñas o indígenas. Desafortunadamente, muchos de estos proyectos emprendidos han fracasado y, por lo mismo, junto con algunos teóricos y académicos más críticos que han hecho diversos análisis de estas realidades, tenemos que afirmar que tenemos un gran “cementerio de proyectos”.

En la Amazonia no hay proyectos totalmente exitosos, ni totalmente fracasados.  Así como para algunos “beneficiarios” un proyecto cualquiera es un éxito por los impactos positivos que han generado durante y después de la intervención de la institución, para otros puede ser un fracaso, en el sentido que han terminado abandonadas las actividades promovidas o las infraestructuras, así como también se ha perdido la confianza por parte de los “beneficiarios” hacia este tipo de proyectos y hacia las instituciones que los promueven.

Son diversos los factores que inciden en el éxito o fracaso de proyectos socio-económico productivos. Estos van desde la identificación de necesidades, las formas de acercamiento y relacionamiento con la población, la concepción de desarrollo, el desarrollo de capacidades, los modelos y metodologías de enseñanza empleados, la promoción de prácticas productivas o tecnologías, la organización social y la gobernanza, la naturaleza del contexto amazónico, entre otros.

Los enfoques y metodologías de intervención de las experiencias se articulan en función de la concepción económica del desarrollo, permeada en muchas de las propuestas productivas promovidas, en donde a través de la generación de ingresos económicos buscan mejorar la calidad de vida de las familias. Sin embargo, estas formas de acercamiento a la población (generalmente verticales) limitan la comprensión multidimensional del territorio e instan a nuevas formas de relacionamiento sociedad-naturaleza, nuevos retos para dar valor agregado a la producción, alcanzar mercados, y nuevos ritmos de trabajo, lo cual marca una barrera distante de la cultura local, de las características del contexto geográfico amazónico, de las difíciles condiciones para acceder a los mercados y de las limitadas capacidades de la gente; aspectos que condicionan el alcance del propósito económico de este tipo de proyectos.

La Amazonia es un territorio pluricultural, con sistemas milenarios de producción empoderados en el saber-hacer de sus habitantes, permitiéndoles co-evolucionar con su entorno. Los proyectos socio-económico productivos, en su mayoría, no valoran o no tienen en cuenta este acervo cultural-tradicional, expresado en conocimientos y tecnologías propias; además, dentro de las estrategias de intervención, poco se ha tenido en cuenta el manejo de los ritmos y tiempos que las personas (dentro de su característica pluri-activa) destinan a las actividades productivas, generando sobrecargas laborales. Lo anterior ha llevado a que se generen rupturas de las dinámicas tradicionales de las comunidades, y tensiones con las prácticas productivas promovidas, lo que dificulta el empoderamiento de nuevas formas de producción para los “beneficiarios”, con consecuencias como el abandono de las actividades productivas promovidas y la pérdida de confianza hacia este tipo de procesos.

La lectura del territorio desde la perspectiva de los estándares de vida del mundo moderno, plantean nuevos retos “urgentes” por alcanzar. La realidad social y económica de la Amazonía, vista desde el “paradigma” de modernidad, ha impulsado el avance de nuevas propuestas socio-económico productivas con actitud “redentora”. En ese sentido, las propuestas que se han impulsado suponen un conflicto economía-cultura, dado sus características, como la especialización productiva, además del contagiado deseo por parte de los pobladores hacia el mundo moderno, que ha llevado a la pérdida de prácticas tradicionales (como las mingas comunitarias), transformación de las creencias espirituales, la fragilidad de la organización social, pérdida del sentido de pertenencia por lo propio y lo comunitario; que en otras palabras, han  resquebrajado la identidad cultural en sus diferentes manifestaciones.

Las características geográficas del ecosistema amazónico son muy complejas, pues dificultan la movilidad de las personas, encarece los costos de transportes de las personas y los productos para mercados locales o extra-regionales, dificulta el suministro de insumos-tecnologías externas. Algunos proyectos no tienen en cuenta esta realidad, y sus propuestas o modelos de producción no son adaptados a las capacidades del territorio.

La mayoría de proyectos desarrollados en la región se basan en concepciones economicistas del desarrollo; sin embargo, también se han promovido otras experiencias que, más allá de justificar su intervención, han priorizado otros aspectos como la restauración ecológica, la conservación de ecosistemas acuáticos y terrestres, la soberanía alimentaria, además de fortalecer la gobernanza, la identidad indígena, la autonomía, los valores sociales y comunitarios, entre otros. Estas experiencias aportan en la construcción de nuevos paradigmas de bienestar, Buen Vivir y desarrollo, en la medida en que dialoga con elementos culturales, ambientales e inclusive políticos, en perspectiva de la sustentabilidad territorial.

Las instituciones que desarrollan e impulsan proyectos socio-económico productivos necesariamente son agentes generadores de cambios, y esos cambios inciden sobre la manera en que las personas continúan relacionándose con su entorno. En ese sentido, el trabajo que hemos realizado nos permite aproximarnos a algunos de los cambios generados por estos proyectos; sin embargo, consideramos que aún hay mucho por construir y comprender y, por lo mismo, es necesario continuar planteándose algunos interrogantes: ¿qué tipo de cambios son los que se están generando?, ¿de qué manera estos cambios fortalecen o debilitan los elementos culturales, ambientales, organizativos?, ¿son estos cambios la mejor opción para alcanzar los objetivos personales, familiares, y/o comunitarios, de acuerdo a sus lógicas de vida?

Consideramos que antes de embarcarnos a promover proyectos socio-económico productivos, teniendo en cuenta el contexto complejo y particular de la Amazonía, es necesario pensar, discernir, conocer otras experiencias, aprender de los éxitos o fracasos de otros y, en la medida de los posible, desarrollar la capacidad de reinventar nuestras propuestas de acuerdo a esa compleja realidad que se proyecta intervenir. Queda un abanico de desafíos para estos agentes generadores de cambios, en búsqueda de salidas que sean verdaderamente alternativas y sostenibles. Es por ello que se plantean algunas recomendaciones, que no pretenden ser una guía para desarrollar proyectos socio-económico productivos. Lo que buscamos es aportar algunos elementos generales que consideramos se deberían tener en cuenta al momento de formular, desarrollar, e inclusive financiar propuestas económico productivas.

Consideramos que cualquier institución, antes de proponer cualquier proyecto, debería hacer un esfuerzo muy grande por la comprensión de las lógicas y dinámicas de las comunidades y del territorio. Esta comprensión debe permitir conocer:

  • los tiempos y ritmos de trabajo de la gente
  • las prácticas culturales-tradicionales de producción
  • la forma como la gente se relaciona con el bosque, el río, la tierra, los seres del monte
  • los medios de vida
  • la dinámica de los mercados
  • la estructura y dinámica de las organizaciones sociales
  • el contexto geográfico y sus debilidades o potencialidades para el desarrollo de las actividades del proyecto
  • la dinámica interna de las familias
  • la capacidad de las personas de poder-hacer
  • las necesidades y problemáticas de la gente

Para este punto de partida el cual busca comprender estas realidades complejas, proponemos como algo fundamental el diálogo horizontal y la inserción del equipo institucional en el mundo amazónico[1]. Ambos caminos son complementarios: el diálogo, que debe ser horizontal, significa tener la capacidad para aprender del otro, especialmente, tener la capacidad para deliberar y tomar decisiones juntos; es superar la idea de la participación por formalismo y propiciar espacios para una participación activa, que reconozca a los “beneficiarios” como sujetos políticos con deberes, pero también con derechos para decidir sobre su vida.

Un actor importante con el que se debe dialogar necesariamente es con las organizaciones sociales, teniendo en cuenta especialmente su hoja de ruta para alcanzar sus objetivos comunes; y en particular los de las comunidades indígenas, intentando articular prácticas, tecnologías, enfoques de las intervenciones o acompañamiento a lo que ya está estipulado en dichos planes comunitarios, con el fin de no fragmentar ni deteriorar las relaciones al interior de las comunidades.

El diálogo no se debe limitar a la institución con los “beneficiarios”, ya que la dinámica de las comunidades es compleja y el tener en cuenta el territorio implica la presencia de otros actores. Es necesario un enfoque de multiactores y multidimensional: instituciones públicas (entes territoriales, universidades, centros de investigación, instituciones educativas), organizaciones privadas, organizaciones sociales, instituciones de Iglesia. Algunas experiencias han demostrado que la creación de plataformas activas de interacción permanente ha sido un mecanismo efectivo para este objetivo.

Comprender la dinámica del territorio requiere ir más allá del diálogo, por lo mismo, es necesario interactuar con las realidades presentes, participar en lo posible en la vida cotidiana de las personas, compartir sus espacios, participar en procesos locales, acompañar las prácticas productivas y los medios de los que se sustentan. El proceso de comprensión del territorio, entre otros elementos, nos permitiría entender que la Amazonia es un territorio pluricultural y diverso. Por lo tanto, es necesario que, en las agendas de las instituciones, se implemente el enfoque de la interculturalidad, orientado a replantear las estrategias de intervención con los grupos sociales tradicionalmente excluidos.

De otro lado, se requiere un abordaje integral que rompa la fragmentación, ya que la realidad del territorio y la vida de las personas son sistémicas e integrales, respectivamente. Lo económico-productivo, aunque es importante, no es lo único. Personas y comunidades dentro de sus lógicas también tienen otros referentes (culturales, ambientales, organizativos, espirituales, relaciones familiares y de amistad) que les permite tener bienestar y que generalmente son olvidados por los proyectos. Lo económico-productivo depende de una multiplicidad de factores del territorio que están constantemente relacionándose y, en la medida en que estos se abarquen, se puede lograr el objetivo propuesto por estos proyectos. En ese sentido, lo ideal es que estas propuestas se apoyen de diferentes enfoques e incorporen principios con enfoque interdisciplinar.

Los modelos de producción promovidos a través de los proyectos se deben construir a partir del rescate y la valoración de los conocimientos tradicionales, esto no significa que las personas no tengan derecho de adquirir nuevos conocimientos, significa valorar lo que ya existe, lo que se posee y tiene, construyendo un diálogo horizontal entre el saber-hacer de la gente y las tecnologías promovidas a través de los proyectos. Dichos modelos deben tomar como principios la diversidad cultivada, el uso y aprovechamiento de recursos locales, el rescate de semillas, el fortalecimiento de la identidad, articulados a procesos de desarrollo rural territorial.

Lo alternativo en lo económico no debe limitarse a lo productivo, pues también hay una preocupación por propuestas de comercialización o búsqueda de alternativas para fortalecer los mercados locales y regionales o entrar al mercado globalizado y aquí hay un gran reto en fortalecer la relación entre lo rural y lo urbano bajo los principios del comercio justo, teniendo en cuenta nuevos patrones culturales de consumo de alimentos.

Otro aspecto fundamental en estos procesos es el fortalecimiento y desarrollo de capacidades múltiples, capacidades psicológicas; político-sociales; de sentido e identidad[2], que debería realizarse con dos objetivos; por un lado, el de desarrollar la capacidad en las personas para resistir ante los cambios sociales, económicos, políticos, culturales y ambientales que impone el sistema neoliberal o la modernidad que permea y marginaliza y está erosionando la identidad cultural y las tradiciones; y, por otro, el de desarrollar capacidades que brinden a las comunidades herramientas, que les permitan autogestionar este tipo de procesos y, en cierta medida, sirvan de aporte para garantizar su sostenibilidad.

Generalmente los proyectos se direccionan y se relacionan directamente con uno de los miembros de la familia; sin embargo, las experiencias que han tenido mayores resultados, y más duraderos, son aquellas que involucran a la familia en su conjunto, reconociendo y valorando a sus distintos miembros y el rol de cada uno de ellos en las actividades cotidianas, en especial teniendo en cuenta el papel de las mujeres. Entrar a la familia, reconocer su dinámica interna, es entender que lo económico-productivo y la familia son unidades indivisibles. Por lo tanto, es importante que en el marco de las propuestas se realice en lo posible, un acompañamiento psicosocial que permita fortalecer lazos rotos, crear confianza, afirmar valores, defender derechos y reconocer deberes. Dichos procesos pasan por el reconocimiento de roles y que las decisiones que se tomen sean producto del diálogo y la interacción de sus miembros.

Finalmente, no podemos olvidar el papel de las agencias de cooperación, pues en gran parte, el desarrollo de muchas de estas propuestas depende de la capacidad de financiación que estas dispongan, pero además de sus políticas de financiación. Por lo tanto, consideramos que estas instituciones también tienen un gran reto al momento de elegir el tipo de iniciativas o propuestas a financiar. Y aunque de nuestra parte reconocemos nuestras limitaciones en el proceso de sistematización, no pretende tampoco ser unas guías para la ejecución y financiación de propuestas económicas productivas. En ese sentido, esperamos, que las reflexiones que han surgido durante la sistematización puedan ser escuchadas y desde luego, consideradas al momento de formular, financiar y desarrollar este tipo de propuestas.

* Sistematización de algunos proyectos socio-económicos productivos en la Triple Frontera Amazónica (Perú, Colombia y Brasil)

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[1] RODRÍGUEZ, R. & HESSE, M. (2000). Al andar se hace camino. Guía metodológica para desencadenar procesos autogestionarios alrededor de experiencias agroecológicas. Bogotá, Colombia: Kimpres. ROSSET, P. & MARTÍNEZ, M. (septiembre 2013). Rural Social Movements and Diálogo de Saberes: Territories, Food Sovereignty, and Agroecology. Food Sovereignty: A Critical Dialogue. International Conference Yale University. The Journal of Peasant Studies. TOLEDO, V. & BARRERA, N. (2008). La memoria biocultural. La importancia ecológica de las sabidurías tradicionales. Barcelona, España: Icaria. URIBE, G. (2010). Un proceso de fé y vida. Sistematización de la experiencia de trabajo del equipo de pastoral en la vicaría del sur, Caquetá (2003 – 2008). Vicaría del Sur: Morelia, Caquetá. VISUR (2016). Finca Amazónica. Una experiencia de vida en el sur de Caquetá, Colombia. Sistematización colectiva. Vicaría del Sur: Morelia, Colombia. ZUTTER, P. (2004). Diez claves de éxito para el desarrollo rural. Basado en las experiencias de los proyectos Feas, Marenass, Corredor y Sierra sur. Lima, Perú: Editorial Horizonte. FUCAI (2017). Comunidades indígenas de abundancia. Bogotá, Colombia: Kimpres.
[2] RODRÍGUEZ, R. & HESSE, M. (2000). Al andar se hace camino. Guía metodológica para desencadenar procesos autogestionarios alrededor de experiencias agroecológicas. Bogotá, Colombia: Kimpres.
COMPARTE. (2015). El desarrollo de capacidades como estrategia de cambio. Una experiencia colectiva de búsqueda de alternativas. ALBOAN.

Otoño 2020


Alfredo Ferro, SJ

Coordinador del Servicio Jesuita Panamazónico (SJPAM) de la Conferencia de Provinciales Jesuitas de América Latina (CPAL).

Luis Polo Perdomo

Ingeniero Agroecológico.

 




Deforestación en la Panamazonía: impacto ecológico y social

Deforestación PanamazoníaEl año 2019 se ha batido, trágicamente, el récord de deforestación anual en la región panamazónica. Solamente en Brasil se ha deforestado más de un millón de hectáreas de bosques, agravando así la crisis ambiental y augurando un panorama sombrío para el futuro de la región y de la humanidad.

El bosque amazónico cumple un rol fundamental, no solamente para el país sino para el conjunto del planeta, al ser una importante reserva de carbono, así como de agua dulce, ya que genera el 50% de las lluvias que normalmente son producidas por la evapotranspiración en la región sudamericana. El bosque tropical húmedo es el ecosistema predominante en la región amazónica y constituye un importante consumidor de calor, ya que absorbe, prácticamente, la mitad de la energía solar a través de la formación de nubes. Además, al absorber gran parte del CO2 atmosférico, contribuye a mitigar el calentamiento global.

La principal contribución a la producción de Gases de Efecto Invernadero (GEI) por parte del Perú y de los países de la región proviene de la destrucción de los bosques amazónicos y no tanto del consumo de combustibles fósiles, como sí ocurre en otras partes del mundo. Los expertos calculan que entre el 18% y el 25% de las emisiones globales de CO2 son el resultado de la destrucción y la degradación de los bosques. Para el caso de Brasil, la deforestación representa aproximadamente el 75% del total de sus emisiones de GEI, mientras que en el caso del Perú gira en torno al 47%.

Una de las causas históricas de deforestación ha sido la tala y quema del bosque, con la finalidad de expandir la frontera agrícola de panllevar, por colonos y pequeños agricultores. Sin embargo, en las últimas décadas, la causa más grave e importante de deforestación se debe a la expansión de la agroindustria, principalmente orientada a la ganadería, la soya, la caña de azúcar y la palma aceitera. Estos procesos han llevado, en los últimos años, a un incremento crítico en las tasas de deforestación en todos los países amazónicos.

La deforestación creciente podría convertir la floresta tropical en una gran sabana seca sin bosque, o incluso en zonas totalmente desérticas, tal como se puede apreciar en algunos territorios del Brasil o en las zonas impactadas por la minería del oro en la región de Madre de Dios.

Hacia el año 2014 se calculaba que la deforestación acumulada en Brasil superaba los 760 mil km2; es decir, un territorio mucho mayor al de Francia, y que equivale también a aproximadamente el 60% del territorio peruano. Sin embargo, a partir de 2015, las tasas de deforestación en la región se han incrementado peligrosamente. En el caso de Brasil, entre 2015 y 2016 esta tasa se incrementó en 29%. Esta tendencia se ha agravado aún más con la elección de Jair Bolsonaro como presidente de Brasil, quien ha venido promoviendo políticas que han sido calificadas de abiertamente “anti ambientalistas” por distintos expertos en la materia.

En el resto de países amazónicos las cosas no son mejores. En Colombia, se calcula que entre 2016 y 2018, se deforestaron 25 mil hectáreas de bosques primarios y, en total, en el año 2018 se deforestaron 199 mil hectáreas en la región amazónica colombiana. En Bolivia, se calcula que en 2016 se deforestaron aproximadamente 295 mil hectáreas (según datos oficiales de la Autoridad de Fiscalización y Control Social de Bosques y Tierra–ABT); y durante los primeros siete meses de 2019, la misma ABT señala que se han deforestado unas 953 mil hectáreas, es decir, casi un millón. Por último, en el caso de Perú, durante el 2018 se deforestaron más de 200 mil hectáreas en territorio amazónico.

La deforestación acumulada durante los últimos 40 años ha significado la destrucción de más de 2 mil árboles por minuto de manera ininterrumpida. Se calcula que hasta 2017 se destruía el equivalente a una cancha de fútbol por minuto, pero a partir de 2018 esta tasa se ha duplicado; es decir, en 2019 se ha deforestado el equivalente a 2 por minuto.

Junto con los bosques, el agua que circula por la Amazonía es fundamental para el futuro de la humanidad y el cambio climático. En efecto, esta región no solo constituye una de las más importantes reservas de agua dulce para el planeta, sino que, además, el agua que vierte al Océano Atlántico contribuye a regular la temperatura de las corrientes de agua, contribuyendo así a controlar la temperatura global. Uno de los efectos inmediatos de la deforestación constituye la disminución de lluvias, impidiendo la regulación adecuada de la temperatura de las aguas oceánicas. No hay que olvidar que, el calentamiento de las aguas, ya sea en el Océano Pacífico o en el Atlántico, asociado a los vientos que circulan en la región, constituyen una de las causas principales para la ocurrencia de lluvias o sequías en la región amazónica, causando importantes impactos en la vida de la gente.

El impacto del conjunto de estos cambios ha estado produciendo en la región amazónica, de manera muy seguida, eventos climáticos extremos con una frecuencia inusitada. En los años 1998, 2005, 2010 y 2016, se produjeron sequías extremas, tres de las cuales han sido consideradas entre las peores sequías de los últimos ciento veinte años, en los que se cuenta con información registrada. Según un informe científico, el año 2015 fue el más caluroso en la región amazónica desde 1900. Y la sequía del 2016, vinculada al Fenómeno del Niño, ha sido considerada como una de las más graves, quizás la peor en cincuenta años, impactando un territorio mayor que otras anteriores. Asimismo, se ha comprobado que desde 1980 se está incrementando la duración de la temporada seca en la región, afectando los cultivos y los ciclos de vida de plantas y animales.

En las últimas décadas también se han producido fuertes inundaciones en la región amazónica, como aquellas producidas en 1999, 2009, 2011, 2012, 2014 y 2015. Las dos últimas impactaron más a la región amazónica sur en Perú, así como en las regiones amazónicas de Bolivia y de los estados brasileños de Acre y Rondonia. Las inundaciones de 2011 y 2012 han sido consideradas como dos de las peores de la historia, llegando los ríos a alcanzar caudales muy grandes que solamente habían ocurrido otras dos veces más en el último siglo. Asimismo, en abril de 2012 se llegó al récord histórico de crecimiento de caudal en la Amazonía peruana.

Uno de los impactos más graves del cambio climático en la región amazónica es el que afecta la biodiversidad y, por lo tanto, también a la alimentación y la salud de las poblaciones locales. Las sequías e inundaciones extremas, junto con los cambios en los vientos y en el ritmo de las estaciones, han generado la desaparición de diversas especies de flora y fauna al alterar los ciclos vitales de las plantas y animales. La alteración en el ciclo anual de las plantas también tiene un impacto directo sobre los animales y los seres humanos que consumen sus frutos. Por ejemplo, según estudios científicos, en los últimos años se han notado alteraciones importantes en el ciclo vital de frutas de importante valor nutritivo y comercial come el camu camu, del pijuayo o del aguaje, generando impactos negativos en los hábitos de alimentación y en la economía de muchas familias amazónicas.

Deforestación en la AmazoníaEste panorama, abiertamente sombrío, debe llevarnos a tomar conciencia sobre lo que viene ocurriendo con los bosques amazónicos y a revisar nuestros hábitos de consumo, pero sobre todo debe ser un llamado a nuestras autoridades para que implementen políticas más claras y decisivas para la protección de nuestros bosques y ríos amazónicos. El futuro de nuestro país y del mundo entero depende de ello.

Otoño 2020


Oscar Espinosa de Rivero

Doctor en Antropologia. Profesor principal del Departamento Académico de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP).




Mujer: una presencia con voz propia

 

Mujer en el Sínodo“Permítanme una vez más decir
¡Alabado seas Señor por esta
obra maravillosa de tus pueblos amazónicos
y por toda la biodiversidad que estas tierras envuelven!
Este canto de alabanza se entrecorta cuando escuchamos y vemos
las hondas heridas que llevan consigo la Amazonia y sus pueblos.”[1]
Papa Francisco.

Una cuestión previa

Convocado el Sínodo Panamazónico por el Papa Francisco en octubre de 2017, no imaginábamos la repercusión que iba a tener este acontecimiento. La visita del Santo Padre a Puerto Maldonado en enero 2018, y la posterior realización del Sínodo en octubre del año pasado, ayudó a visibilizar universalmente la realidad compleja que se vive en la Amazonía. El documento preparatorio del Sínodo y el Instrumentum Laboris (IL), contenían en gran parte las luces y sombras de esta “obra maravillosa de Dios” y, no es de extrañar, las diversas sensibilidades y reacciones que despertaron.

Al Sínodo llegamos diversos actores del Pueblo de Dios: Líderes Indígenas, Laicas y Laicos, Padres Sinodales, Religiosas y Religiosos, personas de diferentes credos, Científicos… Procedíamos de la cuenca amazónica y de otros espacios sociales y eclesiales, llevando la voz de la Amazonía; especialmente la de quienes habían sido consultados en la etapa presinodal, junto a nuestra experiencia de servicio como discípulas de Jesús. En nuestro corazón resonaba el clamor de la vida amenazada por la destrucción y explotación ambiental, por la violación a los derechos humanos de los Pueblos Originarios, y en ellos especialmente el de las mujeres, doblemente marginadas: por ser mujeres y por ser indígenas.

El IL ha sido claro al señalar que la amenaza a la vida, al territorio y la cultura proviene de intereses económicos y políticos de los sectores dominantes y de poder de la sociedad actual. Así lo ha ratificado también el Documento Final del Sínodo (DF): “la Amazonía hoy es una hermosura herida y deformada, un lugar de dolor y violencia. Los atentados contra la naturaleza tienen consecuencias contra la vida de los pueblos. Esta única crisis socio-ambiental se reflejó en las escuchas presinodales que señalaron las diversas amenazas contra la vida… Son amenazas reales que traen asociadas graves consecuencias sociales… Detrás de todo ello están los intereses económicos y políticos de los sectores dominantes, con la complicidad de algunos gobernantes y de algunas autoridades indígenas. Las víctimas son los sectores más vulnerables, los niños, jóvenes, mujeres y la hermana madre tierra”.

La propuesta sinodal de recorrer nuevos caminos como Iglesia con rostro amazónico exige la conversión integral desde lo pastoral, cultural, ecológico y sinodal, bajo la guía del Espíritu. “La vida consagrada, los laicos y entre ellos las mujeres, son los protagonistas antiguos y siempre nuevos que nos llaman a esta conversión.” (DF 86). La sinodalidad, como dimensión constitutiva de la Iglesia, le exige escuchar las diferentes voces que claman, susurran, cantan, alaban en toda la Amazonía. Una de estas voces privilegiadas es la de la MUJER AMAZÓNICA que clama ser considerada como sujeto de derechos para el cuidado de la “Casa Común”. Desde esta perspectiva compartiré mi reflexión sobre algunos aspectos de la presencia y participación de la Mujer en la Amazonía.

“Las propuestas para las mujeres indígenas deben nacer desde las mujeres indígenas. Tradicionalmente hemos sido tratadas como seres pasivos. Ahora es momento de que se piense en nosotras como sujetos de derechos”
Ketty Marcelo, Ex Presidenta, de la Organización Nacional de Mujeres Indígenas Andinas y Amazónicas del Perú (ONAMIAP).

Brechas históricas

Según el último censo del 2017, realizado por el INEI, la población femenina en el Perú está representada por más del 50% de la población. La costa concentra la población con un 58% de habitantes (más de 17 millones); y la selva representa casi 14% (más de 4 millones). Otro dato que arrojó este censo en relación con las Comunidades Indígenas en el Perú, es que aproximadamente más de 107 mil mujeres se autoidentifican como indígenas de la Amazonía. Cifra que fácilmente puede aumentar, pues no ha considerado a las mujeres indígenas amazónicas migrantes ni a quienes integran grupos en aislamiento voluntario; además de algunas comunidades nativas que no fueron censadas, por lo menos en la Región de Madre de Dios.

Este país nuestro con rostro de mujer, tiene brechas históricas de desigualdad entre varones y mujeres en cuanto a empleo, salarios, salud, educación y justicia. Si éstas son visibles en la costa, donde las oportunidades de trabajo y acceso a los servicios han mejorado; en la selva adquiere gran preocupación, pues se tornan en brechas abismales. El Gobierno actual está implementando algunas medidas que superen la discriminación y desigualdad de las mujeres; así como contribuir con el empoderamiento e incrementar su participación en la política nacional, en la toma de decisiones en los ámbitos público y privado[2].

No es desconocido que las mujeres costeñas, andinas y amazónicas aportan cotidianamente al desarrollo del Perú con su servicio y trabajo mal remunerado; sin embargo, son víctimas de la discriminación y el maltrato de forma cotidiana y estructural, consecuencia del machismo existente y de sistemas patriarcales que marcan la convivencia. Estas brechas de desigualdad y violencia por género, así como la discriminación por origen étnico, son aún más pronunciadas en el caso de las mujeres indígenas amazónicas. Por ello, se requiere atender a los desafíos que ellas plantean, integrando sus particularidades culturales y formas de vida, desde la interrelación, escuchando sus voces. Ellas juegan un papel clave en el cuidado de la familia, la educación de las futuras generaciones, en la seguridad alimentaria, en el cuidado y preservación de las semillas… pero estas actuaciones no se hacen públicas. Desde lo observado, su presencia en las asambleas comunitarias es desde el silencio; quienes mayoritariamente hablan y ocupan cargos directivos, son los varones. En las ciudades, ellas poco a poco van irrumpiendo en espacios públicos y políticos, que demanda nuevos aprendizajes. Escuchemos sus voces:

“Para que esta Política de Igualdad de Género funcione debe tener la mirada de los pueblos indígenas, además de tener un enfoque intercultural”.
Rocilda Nunta, lideresa del pueblo shipibo y coordinadora del Programa Mujer de la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (AIDESEP). CAAAP, setiembre 2019.

“En los últimos años, las comunidades indígenas venimos siendo víctimas de un “desarrollo” que daña la Amazonía. Las actividades extractivas ponen en riesgo la salud y vida de nuestras familias, comunidades y sus bosques; es por eso que debemos trabajar juntas y juntos para conocer y frenar todo lo que nos afecta”.
Delfina Capit, lideresa awajún y miembro del consejo nacional de AIDESEP. (Servindi, julio 2019)

¿Cómo responder desde la Iglesia a esta realidad? Nuestra institución eclesial no es ajena a la desigualdad y discriminación de participación por género. Su estructura piramidal y jerárquica, requiere cambios. Sabemos bien que, hoy por hoy, las mujeres somos el brazo ejecutor de las acciones de la caridad y otros servicios en las distintas comunidades parroquiales y comunidades indígenas, asumiendo responsabilidades que aseguran el “Buen Vivir” y el trabajo pastoral urbano y rural, pero sin poder de decisión en la mayoría de los casos. De allí que el planteamiento del Sínodo Panamazónico se ha tornado en un Kairos, especialmente para las víctimas de los sectores más vulnerables.

La conversión pastoral y sinodal tienen desafíos concretos, a los que urge dar respuestas concretas, que reconfiguren el rostro de la Iglesia en el mundo, especialmente en la Amazonía. El reconocimiento que pueda hacer la Iglesia a la MUJER (en su dignidad como Ser Humano y no sólo en sentido utilitarista) ayudará a las familias, sociedad y Humanidad entera al trato igualitario de oportunidades, y a desterrar la violencia existente contra ella en todas sus formas (feminicidios, explotación sexual y laboral: Trata de persona, maltratos psicológicos…)

Una voz libre y fuerte

“Este Sínodo no tendría sentido sin nuestra presencia; me refiero a hablar de ecología, de proteger la Casa Común cuando los guardianes hemos sido, somos y seremos los pueblos indígenas”.
Yesica Patiachi Tayori[3]

Mujer y Sínodo

La participación de la mujer, y sobre todo de la mujer indígena, marcó un hecho sin precedentes en el Sínodo Amazónico por el mensaje de apertura y acogida que transmitía a la Iglesia Universal.

El Sínodo Panamazónico irrumpió como un soplo de la Ruah que desea convertir y renovar la Iglesia de la región amazónica. Así también fue la participación de 35 mujeres, invitadas por Francisco a participar en el Sínodo de Obispos como expertas, consultoras y auditoras. Hemos sido 18 religiosas y 17 Laicas, 9 de ellas líderes amazónicas. Hemos intervenido con la libertad del Espíritu, desde nuestras vivencias, sueños y con el dolor de la pobreza y la injusticia que matan la esperanza y privan de sus derechos a tantas niñas y mujeres.

En el Sínodo hemos hablado de interlocutores válidos. Nos hemos referido a la mujer como sujeto que tiene palabra y decisión. Su liderazgo es vital en la construcción de los nuevos caminos sinodales. En esta etapa post sinodal, siguen resonando las voces de las líderes indígenas de la Amazonía. Necesitamos realmente que el diálogo intercultural se pueda ir concretando y, desde la Pastoral Indígena, acompañar y fortalecer desde la formación, el liderazgo en espacios públicos y en la misma Iglesia. Es motivo de alegría y agradecimiento saber que, en la comisión postsinodal, dos Mujeres indígenas forman parte de ella: una líder de Ecuador y una hermana de Brasil. Aquí la declaración de una de ellas:

“De la participación en Roma me llevé la experiencia de cómo se trabaja a nivel de la Iglesia Católica y la forma en que se reflexiona. Aprendí mucho, además de los aportes que pude dar. Pero siento que fue un paso más, no la culminación. Ahora nos espera un trabajo mucho más arduo, la implementación en territorio de lo que se habló en Roma y lo que se dice en los documentos”.
Patricia Gualinga. CAAAP, enero 2020.

Al igual que en la vida de las primeras comunidades cristianas, donde existieron mujeres que ejercieron un rol protagónico, hoy debemos caminar y surcar juntas y juntos. Queremos que la jerarquía de la Iglesia tenga siempre presente lo que el Santo Padre en su última intervención dijo: “el lugar de la mujer en la Iglesia no es solamente para la funcionalidad. El papel de la mujer en la organización eclesial, en la Iglesia, va más allá, y debemos trabajar sobre este más allá…”

Dios se nos ha querido comunicar en su Misterio para siempre. En Él tenemos la imagen y la semejanza de hijas e hijos de Dios. Escuchemos su Palabra cada día en la voz de tantas mujeres que han muerto por defender su territorio y su cultura, escuchemos el clamor actual de aquellas que están siendo explotadas sexual y laboralmente; escuchemos la voz de la creación que gime con dolores de parto; confiando que Dios continúa paseando “a la hora de la brisa” por el jardín de la Amazonía…

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[1] Saludo del Papa Francisco a los Pueblos Indígenas, Puerto Maldonado. Enero 2018.
[2] Al respecto son dos iniciativas que el Gobierno ha promovido. Una es la implementación de la Política Nacional de Igualdad de Género, DS 008-2019-MIMP, abril 2019. Y, la segunda, la “Ley de paridad y alternancia de género”, que busca incrementar la presencia femenina en las listas de candidatos. Esta ley, que fue parte de la reforma política diseñada por el Ejecutivo, no entró en vigencia en la elección de congresistas de enero 2020.
[3] Lideresa Harakbut de la Comunidad de Puerto Luz. Participó como Auditora en el Sínodo Pan Amazónico. Octubre 2019.

Otoño 2020


Hna. Zully Rojas Quispe

Misionera Dominica del Rosario. Miembro del Equipo Itinerante “Bajo Madre de Dios”, comprometida en la Pastoral indígena del Vicariato Apostólico de Puerto Maldonado y participante en el Sínodo Especial para la Región Panamazónica.




Los jesuitas y su apuesta por la Amazonía

jesuitas sjpam

Las complejidades y problemáticas del territorio Panamazónico, usualmente visto como un bosque y una cuenca hidrográfica sin gente, están estrechamente ligadas a su historia herida por el extractivismo de los recursos naturales (minero-energéticos, madereros, etc.), los megaproyectos, la deforestación, la migración y urbanización con empobrecimiento de los pobladores, entre otras situaciones que amenazan todas las formas de vida, ocasionando la pérdida de la biodiversidad biológica y cultural, y causando cambios ambientales y sociales a escala mundial. jesuitas

Tanto las amenazas que enfrentan los pobladores amazónicos como su riqueza son, sin duda, un contexto desafiante para la Misión de la Compañía de Jesús en el servicio de la fe y la promoción de la justicia. Por ellos intentamos responder al grito de la tierra y de los pobres en un contexto específico, como nos dice el Papa Francisco en “Laudato Si’”, con el fin de hacer de nuestra misión una acción de conjunto como Cuerpo Apostólico.

La Conferencia de Provinciales Jesuitas de América Latina (CPAL) asumió la Amazonía como una prioridad, presente en su Plan Apostólico del 2011. Este vasto territorio que involucra nueve países también cuenta con la presencia, en algunos de ellos, de comunidades, parroquias y centros de espiritualidad jesuita; algunas obras, centros sociales y redes que trabajan con indígenas, niños y jóvenes. Ante la necesidad de responder de manera articulada a los desafíos y potencializar la presencia jesuítica en el territorio, surgió en el 2013 el Servicio Jesuita Panamazónico (SJPAM), cuyo objetivo es “Contribuir a la defensa y promoción de la vida, los derechos y territorios de los pueblos indígenas y un ambiente sostenible en la Panamazonía”. Desde un inicio hemos sido llamados a animar y dinamizar la presencia de la Compañía en la Amazonía, y a prestar un mejor servicio al territorio y sus pobladores desde las redes de la CPAL. Nuestros focos de trabajo son los pueblos indígenas y la sostenibilidad ambiental, y de ahí se desprenden nuestras acciones en varios campos estratégicos, que se traducen en: sensibilización, educación y formación; reflexión, sistematización, investigación e incidencia y el servicio a la Iglesia local en la triple frontera (Perú, Brasil, Colombia), donde está nuestra sede (Leticia, Colombia)) y en la Panamazonía. Hay algunos verbos que identifican nuestro trabajo como son: sumarse a colaborar, articular, sensibilizar, convocar, dinamizar acciones con las redes de la SJ, de la Iglesia y con otros actores. En síntesis, pretendemos ser activadores de cosas nuevas y potencializadores de lo existente.

Nuestra experiencia de servicio nos ha permitido proponer otros modos de proceder y, como ejemplo concreto, podemos mencionar el vínculo que hemos establecido con Fe y Alegría y la Red Xavier, con quienes estamos consolidando una Red de Centros Educativos Panamazónicos, donde se promueven procesos de educación intercultural, bilingüe y de defensa de la naturaleza, en seis de los nueve países amazónicos.

De cara al servicio a la Iglesias locales de la triple frontera hemos: i) fortalecido el trabajo junto a otros misioneros-as, laicos-as y sacerdotes, organizando un equipo pastoral que acompaña 12 comunidades indígenas del Vicariato de Leticia; ii) consolidado una Red de Enfrentamiento al Tráfico y Trata de Personas que previene este flagelo en la triple frontera (Perú, Colombia y Brasil) a través de encuentros sensibilización y formación de líderes comunitarios; iii) entre 2015 y hasta mediados de 2019, 54 jesuitas en formación han acompañado pastoralmente comunidades en los tres países, teniendo la oportunidad de vivir otra forma de ser Iglesia en la Amazonia.

Como servicio a la Iglesia, apoyamos el fortalecimiento de la Red Eclesial Panamazónica (REPAM), y hemos sido parte del Comité Ejecutivo de la misma, liderando y co-liderando tres de sus ejes (Pueblos indígenas, Justicia socio-ambiental y Buen Vivir y fronteras), participamos y promovemos el proceso de escucha sinodal, en el que se involucró a las universidades de la Compañía, que dieron su aporte al Sínodo, y han apoyado procesos de investigación para la incidencia ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) sobre violaciones a los derechos de los pueblos indígenas amazónicos.

Finalmente, estamos convencidos de que la transformación no ocurrirá de un momento a otro, y esto hace necesario que sensibilicemos y enamoremos a las nuevas generaciones, también a las familias, a las comunidades cristianas. Sensibilizar es la herramienta para apalancar procesos de conversión ecológica, donde se asuma una responsabilidad ambiental que aliente nuevos paradigmas y comportamientos en la relación con el cuidado de la naturaleza (LS, 209-216).

Recordamos las palabras de Francisco en Puerto Maldonado, que nos invitó a amar esta tierra como un tesoro para disfrutar y no como un objeto para descartar; y a valorar y respetar a los pueblos indígenas que con sus riquezas espirituales y teológicas son ejemplo y protagonistas de prácticas de cambio. Son muchos los desafíos que tenemos como Iglesia y como Compañía de Jesús en este territorio, que cada vez más se convierte en un espacio estratégico en la defensa de la vida y de los derechos de los pueblos originarios. Consideramos que estamos en el camino de ir haciendo realidad algunas de las preferencias apostólicas de la Compañía de Jesús universal, recientemente definidas, lo cual supone un mayor compromiso de nuestra parte.

jesuitas en la Amazonía

El compromiso de los jesuitas en el territorio amazónico busca contribuir, principalmente, a la defensa y la promoción de la vida. Por ello la importancia del trabajo conjunto, traspasando fronteras.

Otoño 2020


María Teresa Urueña B.

Politóloga colombiana con maestría en Estudios Amazónicos.

Alfredo Ferro SJ

Coordinador del Servicio Jesuita Panamazónico (SJPAM) de la Conferencia de Provinciales Jesuitas de América Latina (CPAL).