Perú ante la sindemia política y biológica

pandemia y sindemia políticaLa política en el Perú nos da tantas sorpresas y desilusiones que intentar predecir su actuar a corto y mediano plazo es más complejo que predecir una segunda o tercera ola de la Covid-19. Este artículo no busca reflexionar sobre coyunturas políticas, sino sobre la función vital que debe cumplir la política en una sociedad, considerando la pandemia como factor histórico crucial que trastoca la vida de los peruanos en todas sus esferas (sanitarias, políticas, sociales, económicas, etc.) sindemia

¿Qué es política y por qué es importante para todos los miembros de una sociedad?

Básicamente la política es la búsqueda del Bien Común. Como toda definición puede entrar en el campo del conocer o del saber. Todos “conocemos” el término, más no lo “sabemos”. Saber viene del latín sapere (tener inteligencia, saborear, disfrutar). Así, la política desde el saber se convierte en un ideal interiorizado que embebe todo nuestro ser en sociedad, creando un vínculo existencial de gusto y necesidad por lo que produce bienestar. Buscar el Bien Común implica nuestra felicidad personal y como sociedad. Por un lado, el “bien” entendido no solo como material, sino sobre todo como lo que es bueno en tanto que genera bienestar, satisfacción y al mismo tiempo es correcto y honesto. Por otro lado, lo “común” nos identifica y relaciona con otros en una sociedad unida por la cultura, historia, etc. Así, la política sería el ideal y los medios para identificarnos como ciudadanos que logran su realización personal, vinculada necesariamente a la colectiva.

La política contemporánea se expresa bajo la forma de una democracia. Por tanto, no puede existir en abstracto. Esto requiere, por una parte, de un contexto-realidad desde el cual se nutre y proyecta. La historia nos muestra que la política ha comprendido los términos “bien” y “común” de manera diferentes. Por ejemplo, las guerras mundiales condujeron a la declaración de los Derechos Humanos Universales (impensables tiempos atrás) y a la constitución de la ONU. Por otra parte, la política exige la participación de todos los ciudadanos organizados como sociedad civil y su derecho de elección de autoridades para canalizar las proposiciones en la búsqueda de un Bien Común.

Hoy tenemos una guerra metafórica mundial llamada pandemia Covid-19. Aquí no hay bandos de países con intereses colonizadores. Estamos frente a un enemigo post-moderno globalizado que reconfigura la realidad.

Vivir en una sociedad exige de leyes que posibiliten ejercer a cabalidad los deseos del pueblo en un contexto determinado. Sin ellas la educación sería clasista, la salud de calidad estaría al alcance de unos cuantos, la economía beneficiaría a los grupos de poder generando exclusión y opresión. Lamentablemente es lo que pasa en el Perú. Quizá esto se deba a dos razones: i) un grupo de personas han buscado posiciones políticas en base a intereses personales, prostituyendo la política para convertirla en politiquería, y ii) el pueblo se desentendió de la política confundiéndola con la politiquería. Es hora de hacer distinciones de ambas, pues “el precio de desentenderse de la política es el ser gobernados por los peores hombres” (Platón).

¿Qué nos enseñó, o no, la pandemia para hacer política en el Perú?

No hay mal que por bien no venga, dice el refrán. Los refranes son sabidurías populares que condensan experiencias de la vida y nos invitan a la reflexión para dar pautas para la acción. Evidentemente nadie pide un mal para aprender, pero una vez que está allí podemos afrontarlos, como dice San Pablo: “Afligidos, pero no agobiados; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no destruidos” (2 Cor. 4, 8-9). El hecho es que la Covid-19 afecta a todos los peruanos y a la humanidad. En estos meses hemos experimentado nuestra vulnerabilidad, lo positivo y las limitaciones de lo virtual y de la tecnología, la comprensión de que la vida y la muerte dependen de las relaciones fundamentales con los “otros” para sentirnos bien física y emocionalmente… para vivir.

La lección mayor de la Covid-19 es que “somos con los otros”, donde la vida de cada individuo depende de los otros. Eso exige una convivencia social donde determinamos intenciones y regulaciones. Allí entra a tallar el “bien”, que nos ayuda a vivir plenamente en una sociedad; y lo “común”, que nos une para pasar del “sobrevivir” al despliegue de nuestras habilidades y potencialidades como personas que logran su esplendor en una sociedad mediante normativas definidas desde la política.

Igualdad, libertad y fraternidad fue el lema de la revolución francesa. Revolución política que luchó por el bienestar para todos como comunidad. Apostó por la libertad para construir conjuntamente una sociedad que despliegue lo individual en relaciones societales. Hoy, más que igualdad, deberíamos buscar la equidad: permitir las condiciones mínimas comunes en educación, salud, economía, etc., para que todos tengamos un buen vivir. Pero no puede haber igualdad ni libertad sin el cimiento de la fraternidad. Sin la empatía fraterna, las libertades y la igualdad-equidad quedarán políticamente en manos de unos cuantos y, entonces, realmente no habrá ni libertad ni igualdad. Como dice el papa Francisco: todos estamos en la misma barca llamada sociedad encarando las tormentas. En esa barca unos van en primera, otros en segunda y otros como pueden o les dejan. Pero todos estamos en una sola barca, pues si la nave se hunde morimos todos. Sin embargo, hay otra opción, salir a salvo de la tormenta juntos, sin importar el billete que se pagó, y así estar más fortalecidos para afrontar las vicisitudes de la vida. La única escapatoria para la plena realización personal y colectiva exige fraternidad.

¿Cómo respondimos políticamente ante la Covid-19?

La pandemia nos restregó en la cara las grandes falencias del país. Más allá del factor exógeno del virus importado, constatamos que tenemos varios virus en el país que, conjugados, se transforman en una sindemia biológica y política.

Una de las funciones principales de la historia es poder analizar causas y consecuencias para, de este modo, no caer en los errores del pasado y contar con mayores recursos para afrontar el futuro. Sin embargo, pareciera que los peruanos no aprendemos de las lecciones que nos da la historia; y así nos creímos el cuento de que somos un país de renta media alta que está superando la pobreza, que oferta una educación de calidad, que cuenta con seguros de salud sólidos, con un boom inmobiliario que hace pensar que podemos tener un techo seguro, con una industria minera y agroexportadora bien rankeadas internacionalmente, pero que se desarrolla en pueblos que siguen viviendo en la miseria. La pandemia derrumbó el castillo de naipes ilusorio. Hoy el sistema de salud, de educación y la economía se desploma.

Solidaridad ante la sindemia política

Una enseñanza de este tiempo difícil que estamos viviendo es que la mejor manera de salir adelante de la adversidad es juntos, en fraternidad, cuidándonos unos a otros sin importar origen ni condición social o política.

Así, desde una perspectiva política, somos un país que sigue pensando en el bien particular. La corrupción está enquistada en todos los niveles: autoridades políticas, empresarios y ciudadanos de a pie; mientras las instancias públicas están desarticuladas y corrompidas. El Poder Judicial no funciona eficientemente para la gran mayoría y resuelve casos de manera exprés según conveniencias. El Congreso (al menos los tres últimos) no refleja la voluntad popular. Basta ver las encuestas que lo deslegitimizan y las protestas/marchas expresando claramente que sus miembros no representan al pueblo. Además, como Poder Legislativo, su función principal debe ser establecer leyes que recojan la voluntad del pueblo para una mejor convivencia, pero lamentablemente sigue focalizado en la caza de brujas de algunos, en los encubridores de corruptos, en productores de desestabilidad política, y todo esto para conseguir beneficios particulares. El gobierno de Vizcarra hizo sus mejores esfuerzos, pero su gran fracaso fue establecer políticas centralistas desconectadas de la realidad de la gran mayoría de los ciudadanos que poseen una riqueza intercultural.

Y qué decir de una parte del empresariado desconectado del dolor del pueblo y garrapateado al lucro. Farmacias y muchos comercios siguen abusando de los pobladores, algunas industrias (minera, eléctrica y de agroexportación) cuentan con beneficios y privilegios tributarios que enriquecen a pocos y condenan a la pobreza a muchos. ¿Consideran el desarrollo de la población?, ¿pagan proporcionalmente la misma cantidad de impuestos que la mayoría de contribuyentes?, ¿se ocupan del desarrollo de las comunidades donde intervienen, o le echan la culpa al Estado y autoridades locales por no contribuir en el desarrollo donde actúan?, ¿respetan el medio ambiente, la consulta con los pueblos originarios? Dolorosamente la respuesta es no. Se compran dirigentes para hacer creer a la población que un futuro mejor les tocará por chorreo.

Y qué decir de los partidos políticos… Su función es garantizar una democracia que persigue el bienestar común. Sin embargo, la gran mayoría de ellos son vientres de alquiler para arribistas que confabulan alianzas desarraigadas de programas ideológicos partidarios y desconectados de la voluntad popular. Pareciera que la política peruana en tiempos de pandemia, en vez de ser piedra de toque para construir un Perú fraterno, libre y equitativo, se convierte en otro caballo de Troya para engañar y beneficiar las ansias de poderes dominadores y explotadores.

Mirada a futuro

No sabemos cuánto tiempo durará esta pandemia o sindemia política y biológica. Pero lo que vamos viviendo afecta a todos los peruanos. Es tiempo de reconsiderar la pandemia como posibilidad de reconstruir un país que, a puerta del bicentenario de la independencia, sigue siendo dependiente de la colonización post-moderna, basada en manipulaciones ad intra y ad extra.

Sin embargo, no todo está perdido. En estos meses surgieron buenas iniciativas, como Resucita Perú Ahora (promovido desde la Iglesia católica por el Cardenal Barreto), diversas instituciones públicas y privadas han dado soporte a la población. Pasemos del soporte, del atender emergencias, y busquemos alternativas solidarias que cimienten el desarrollo del Perú desde políticas democráticas para impulsar el crecimiento del país.

En este sentido, creemos que debemos establecer políticas nacionales que posibiliten y consoliden los siguientes aspectos fundamentales para crecer como país:

  • Partidos políticos altruistas: con propuestas ideológicas claras para un desarrollo inclusivo del país.
  • Poderes del Estado sólidos e independientes: donde el Ejecutivo, Legislativo y Judicial articulen y canalicen políticas en beneficio de la población.
  • Sociedad civil: como instancia en la cual los ciudadanos ejerzan sus funciones de proposición, denuncia y vigilancia en aras de una construcción política democrática.
  • Empresariado de calidad: que conjugue su propio beneficio con el servicio a la comunidad, apuntando a un gana-gana, tanto en lo particular como en lo social.
  • Medios de comunicación: el “cuarto poder” como canal de diálogos respetuosos y democráticos.
  • Una identidad nacional inclusiva: para que los sueños y esperanzas de todos sean acogidos. Tenemos que pasar del Perú de Gonzales Prada (lugar donde se pone el dedo y sale la pus), y del Perú de Antonio Raimondi (donde somos mendigos sentados en un banco de oro), al Perú en construcción de Cesar Vallejo, donde (hermanos) hay tanto por hacer para forjar un Perú fraterno y solidario rico en culturas y en recursos naturales aprovechados desde una perspectiva ecológica sostenible y sustentable.

Los avatares de la vida empañados por la pandemia o sindemia nos abre dos caminos: perpetuar la discriminación, exclusión, el beneficio particular y la marginación de muchos; o tener la capacidad de enfrentarnos a los retos de la vida como pueblo, sociedad civil y autoridades para desplegar nuestras alas como nación. La política puede renovarse para inspirar y actuar porque amamos este país. No le echemos la culpa a otros. Hoy nos toca ser los constructores del país que aspiramos, en el cual la política considere nuestros anhelos y luchas para construir el futuro que queremos y soñamos.

Verano 2020 / 2021


Carlos Silva Canessa, SJ

Delegado Provincial de Justicia Social y Ecología. Director de la revista INTERCAMBIO.




Reactiva Perú solo alcanzará a 20% de las Mypes

mypesLos estragos que viene ocasionando el virus denominado Covid-19 han revelado la precariedad de nuestro sistema sanitario, económico y de generación de empleo. La existencia de incongruencia del crecimiento económico es que 30 años de bonanza pareciera que no ha garantizado sentar las bases para que este desarrollo económico sea más inclusivo y sostenible. mypes

Los resultados que se van mostrando en este contexto son:

  • Cerca de 35 mil fallecidos por Covid-19
  • Caída del PBI que se proyecta cerrará -14%
  • Pérdida de puestos de trabajo que ha afectado a más de 6 millones de trabajadores
  • Retroceso en 10 años en la disminución de la pobreza

El presente artículo abordará la incongruencia del modelo económico, la realidad de las Mypes en este contexto y afectación en el marco de la pandemia, y se esbozarán algunos lineamientos que vienen planteando especialistas para mitigar sus efectos e iniciar un proceso de inclusión a partir de promover su formalización y el desarrollo de mayor competitividad.

Paradoja del modelo económico peruano

Los índices de resiliencia macroeconómica, al comienzo de la pandemia, eran los más fuertes de la región. La base de ello es un sistema financiero fuerte, con Reservas Internacionales Netas (RIN) de US$ 74,667 MM, Deuda Externa equivalente a US$ 22,440 MM (26% PBI), Inflación inferior al 5% desde el 2000. Es por ello que nuestro país es reconocido por tener en el sol una “moneda dura”, con una calificación de riesgo país BBB+[1], además de estar ubicados en los últimos 20 años en el 10° puesto de países con mayor crecimiento en el mundo.

Sin embargo, cuando a esta resiliencia macroeconómica se le adicionan Indicadores estructurales, como:  precariedad del empleo, elevada presencia de la informalidad en la PEA, bajos niveles de ahorro e intermediación financiera y baja efectividad gubernamental, relacionado a la capacidad de implementación y ejecución de políticas, ello nos ubica en los últimos lugares del ranking según el Índice de resiliencia macro + estructural, que elabora el BM y FMI.

Sobre efectividad gubernamental habría que recordar las dificultades que viene enfrentando el gobierno para distribuir los bonos que se dispuso entregar a un 75% de familias en el Perú y que está tomando más tiempo de los planeado.

Mypes y el rostro de la informalidad y la baja competitividad

La Población Económicamente Activa (PEA) en el Perú está conformada por 17 millones de personas, según Encuesta Nacional de Hogares – ENAHO 2019; de las cuales 5 millones se desenvuelven en el marco de actividades económicas formales y 12 millones en condiciones de informalidad.

Según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), el número de empresas activas en el 2019 ascendió a 2’734,619, con una tasa de bajas de 4.7%. A nivel de actividades la misma está distribuida en el sector Agropecuario (1.6%), Minería e Hidrocarburos (0.6%), Manufactura (7.7%), Construcción (3.2%), Comercio (43.5%) y Servicios (43.4%).

Fernando Villarán, especialista en el tema Mypes, destaca que según la investigación realizada en el Perú sobre Producción y Empleo Informal, a cargo del INEI con el apoyo del Instituto de Investigación para el Desarrollo de Francia (publicada por el INEI en el 2014), se comprobó que el Empleo Informal en el Perú alcanzaba el 79% de la PEA, y que la producción informal alcanzaba el 19% del PBI. Esta investigación, desde su perspectiva, difiere de todas las investigaciones previas sobre el sector informal, que sobrevaloraban el aporte de este sector al PBI hasta por el 60%. Con los ajustes en la metodología permitió establecer que el problema central de las Mypes era la baja productividad.En esta estructura, la participación de las Mypes representa un 95%, principalmente vinculadas a actividades de comercio, servicios y manufactura, que se caracterizan por el uso intensivo en mano de obra, con bajos requerimientos de capital y con mínimas barreras de entrada.

Los programas de apoyo del gobierno

Desde el inicio de la pandemia el gobierno de Vizcarra, con el fin de mitigar los impactos en la economía, desarrolló dos estrategias de intervención de apoyo con medidas focalizadas y transversales. En la primera, para dar alivio tributario, se prorrogó el pago de impuestos para empresas con ventas menores a 5000 UIT, y creó un Fondo de Apoyo Empresarial Mype (FAE Mype). En la segunda, para apoyar en el proceso de recuperación empresarial, se dio la suspensión de sanciones tributarias, otorgó un subsidio del 35% de planilla por única vez (para sueldos menores a 2,400 soles), realizó una flexibilización laboral al activar la figura de la suspensión perfecta de labores y creó el Programa REACTIVA PERU, entre otras. Lo que conllevó a que el país implementara un plan económico de 19,69% del PBI, que equivale a S/ 136,536 millones[2].

¿De qué se trata cada programa de apoyo a las Empresas?

FAE-Mype[3]. Es un Fondo estatal creado para garantizar créditos de capital de trabajo para las micro y pequeñas empresas (Mype) de todos los sectores productivos (formales e informales), con plazos de 3 años y un período de gracia de hasta 12 meses, canalizados a través de las entidades del sistema financiero y las cooperativas de ahorro y crédito. Dicho programa cuenta con un patrimonio de S/. 800 millones. Una particularidad de este programa es la figura de apalancamiento, que consiste en la combinación de recursos propios (el fondo) y ajenos (recursos de las entidades financieras como resultado de sus operaciones) y a través de la cual, el fondo puede incrementar hasta en cinco veces su valor (S/. 4 mil millones en créditos garantizados).

Reactiva Perú[4]. Es un préstamo otorgado por las entidades financieras a las empresas (micro, pequeña, mediana y gran empresa) con la finalidad de garantizar el cumplimiento de sus obligaciones con sus trabajadores y proveedores. El programa cuenta con un fondo de S/. 60 mil millones. Además, de acuerdo con el Banco Central de Reserva, los créditos serán otorgados con tasas por debajo de un 2% anual.

Paralelamente a ello, en el mes de mayo se presentó un plan para la reactivación de actividades económicas, estructurado en 4 fases, el mismo que se viene implementando y que preveía que hasta fines de agosto se retomarían todas las actividades. La amenaza de una segunda ola de contagio ha obligado al gobierno a retroceder y mantener algunas actividades en suspensión (espectáculos deportivos masivos, reuniones sociales en discotecas y bares, asistencia a cines y gimnasios, etc.)

Acceso de las Mypes a los fondos de apoyo

El portal periodístico independiente Ojo Público difundió en agosto, tomando datos del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), que durante la pandemia la entrega de créditos en soles aumentó de 9,7% a 19%, debido al impulso de programas como Reactiva Perú y FAE Mype. A la fecha, los préstamos totales colocados a grandes empresas y clientes corporativos (compañías con ventas anuales que superan los S/200 millones) alcanzan cerca de S/127 mil millones. Un monto muy superior al segmento de medianas empresas, que captaron S/54 mil millones del sistema financiero; y las Mypes, que alcanzaron casi S/. 51 mil millones en créditos.

Por su parte, el titular del BCR informó, al 12 de octubre, que más de 480 mil empresas de todos los sectores económicos recibieron créditos de Reactiva Perú, de las cuales el 98%, son micro y pequeñas empresas. Estos negocios se beneficiaron con tasas de interés históricamente bajas. Dicho monto acumulado a la fecha representa el 84% de los recursos del programa, y se asignó a una tasa de interés promedio de 1,72%, para los clientes de las entidades financieras.

El Estado benefició a un gran número de microempresas con créditos especiales en este tiempo de pandemia, pero el monto invertido en ellas es muchísimo menor a los préstamos otorgados a las grandes empresas, siendo estas últimas poco más de la tercera parte de las primeras.

Sin embargo, esta cifra revela la poca incidencia de apoyo de este programa en el sector micro y pequeña empresa, pues apenas refleja una cobertura aproximada del 18% según número de beneficiarios. Sin embargo, la distribución de los fondos no se proyecta muy auspicioso si tomamos como referencia el reporte emitido en junio por Experian, empresa consultora en información y análisis con filial en el país, que señala que el tipo de crédito microempresa registraba una participación de deuda apenas del 4.4%, en contraste con la corporativa que alcanzó 31.3%.

Estas deficiencias advertidas, según Ojo Público y Propuesta Ciudadana, están relacionadas con la metodología para garantizar la llegada de estos fondos a las Mypes: si esta no registra historial crediticio, no puede acceder; la periodicidad de las subastas y exigencia de presentación de los expedientes a COFIDE para dar conformidad en el acceso a los fondos; la disyuntiva que han enfrentado las Cajas Municipales de Crédito por otorgar préstamos con tasas promedio de 2.65%, cuando por sus saldos pasivos paga entre 6% y 7%.

Cambios o adaptaciones realizadas por las Mypes para adecuarse a esta “nueva realidad”

El Perú es uno de los países con mayor intención para emprender según Global Entrepreneurship Monitor (GEM) en la publicación de su ranking 2019; quizás ello explica que, tras las medidas de confinamiento y el aislamiento social, a las pocas semanas cientos de miles de informales y desempleados tomaron avenidas y calles colindantes a centros de abasto y mercados para vender “lo que sea” y procurar ingresos con qué mantener sus hogares. Tal situación ocasionó que estos centros duplicaran en número su capacidad, terminando por constituirse en los principales focos de infección.

Con la ampliación de las medidas, y reconociendo la capacidad resiliente en el sector, no extraña que más del 30% de microempresarios hayan cambiado de giro de negocio, no sabemos aún si será definitivo, pero hemos visto cómo salones de belleza y discotecas fueron transformados en tiendas de abarrotes o minimarkets, hemos vistos cómo jóvenes han tomado las redes sociales para ofrecer la venta de artículos diversos o empresas adecuarse para ofrecer y realizar ventas on line, servicio de delivery, entre otros. Se estima que más del 80% de actividades ya se encuentran operando en el marco del plan de reactivación económica y, según coinciden la mayoría de analistas, tomará más de 1 año recuperarse.

Agenda para superar la crisis del empleo y elevar la productividad

Según el documento “Perú: Impacto de la COVID-19 en el empleo y los ingresos laborales”[5], elaborado por Julio Gamero y publicado por la OIT, refieren que las coordinaciones y los acuerdos entre gobierno, empleadores y trabajadores será clave para iniciar un proceso positivo; a ello debiera sumarse temas estructurales, entre ellos, la poca diversificación de la economía, la baja productividad y heterogeneidad productiva, la elevada informalidad. Los ejes propuestos son:

  1. Reactivación del empleo a través de la diversificación productiva y la creación de un entorno de promoción de empleos formales.
  2. Impulso del empleo decente a través de la inversión en políticas activas del mercado de trabajo.
  3. Fomentar el empleo mediante la formación, la digitalización de una parte de la economía y el impulso de nuevos sectores productivos.

Por su parte, Fernando Villarán, para lo mismo, propone implementar dos estrategias que ha denominado “de abajo hacia arriba” y de “arriba hacia abajo”, que consiste en: 

1. Elevar la Productividad de las Mypes:

    • Implementación de servicios de desarrollo empresarial (capacitación, transferencia de tecnología, acceso a mercados y consultorías)
    • Desarrollo de proveedores
    • Clústers competitivos
    • Asociatividad
    • Mediante la digitalización de trámites y regulaciones

2. Creando empleos bien remunerados en el sector formal:

    • Diversificación productiva
    • Obras de infraestructura (empleo en el sector construcción)
    • Empleo temporal

A estas iniciativas debieran alinearse los gobiernos locales para asumir una mayor eficiencia en el gasto, promover el desarrollo económico de sus territorios con énfasis en las Mypes, destinando recursos en el marco de la Ley que las promueve, abordar como prioridad el ordenamiento del comercio ambulatorio y evitar el uso de la violencia (porque la pandemia ha agudizado el desempleo); asimismo, priorizar el dialogo, la comunicación y llegar a acuerdos de intereses.

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[1] https://www.mef.gob.pe/es/noticias/notas-de-prensa-y-comunicados/6418-fitch-ratings-ratifica-la-calificacion-crediticia-de-peru-en-moneda-extranjera-en-bbb-con-perspectiva-estable-y-ajusta-de-a-a-bbb-la-calificacion-crediticia-en-moneda-nacional
[2] https://www.mef.gob.pe/planeconomicocovid19
[3] D.U. 029-2020, 049-2020 y Resolución Ministerial N° 150-2020-EF/15
[4] D.L. 1455, 1485 y Resolución Ministerial N° 165-2020-EF/15
[5] https://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/—americas/—ro-lima/documents/publication/wcms_756474.pdf

Verano 2020 / 2021


Jorge Lamas Velásquez

Coordinador del Programa de Apoyo a Estrategias de Autoempleo del CEOP Ilo.



Nuestros alimentos, ¿de dónde provienen?

La pandemia ha impactado el sistema alimentario en sus diferentes eslabones: en la disponibilidad, la distribución y el consumo.

En la actual situación crítica, la atención sobre la cuestión alimentaria ha sido puesta, en primer lugar, en su disponibilidad: ¿hay alimentos para todos? ¿lo habrá en los meses siguientes?

Los alimentos que consumimos provienen de diferentes fuentes: la actividad agrícola, la pecuaria, la pesca y la industria alimentaria. La mayor parte de los alimentos son producidos internamente, pero las importaciones también tienen un lugar destacado en la dieta de los peruanos. En este artículo abordaremos las diferentes fuentes de los alimentos que se consumen en el país en la actualidad.

Alimentos de origen agrícola y pecuario

La principal fuente de alimentos procede de la actividad agropecuaria. En los primeros meses de la pandemia el abastecimiento de los alimentos de origen agrícola provino, en lo fundamental, de las cosechas de la campaña que se inició a mediados del año pasado y que culminó al inicio de este año. Puesto que las condiciones climáticas fueron favorables, la campaña fue buena, por lo que se podía esperar buenas cosechas. Según información del Ministerio de Agricultura y Riego (MINAGRI), en el primer semestre del 2020 el valor bruto de producción del sector agrícola creció un 2.8%, en comparación con similar período del año 2019, debido a la mayor producción de cultivos transitorios y permanentes[1]. El desempeño de los primeros (de período vegetativo menor a un año), sin embargo, fue superior al de los permanentes, pues estos últimos fueron aquejados por la menor disponibilidad de mano de obra, originada en las restricciones introducidas durante la cuarentena.

El precio de varios alimentos experimentó una baja por dos razones. La primera, por la reducción de la demanda debido a la súbita y extrema reducción de los ingresos de millones de personas al perder sus puestos de trabajo, y por el cierre de restaurantes debido al confinamiento obligatorio. La segunda razón, por las dificultades de transporte originadas en las restricciones impuestas por el gobierno y por los controles establecidos por los propios pobladores de comunidades y centros poblados, en un esfuerzo por reducir la propagación del Covid-19.

Esta reducción de precios y, en muchos casos, la imposibilidad de enviar la producción a los mercados, ha impactado en los ingresos de los productores, por lo general pequeños. Es muy probable que esta situación redunde en las dificultades para lograr una normal nueva campaña agrícola, que se inició el mes de agosto pasado y cuyos resultados veremos a fines de este año y en los primeros meses del 2021. Las medidas adoptadas por el gobierno para apoyar esta campaña, en particular el Fondo de Desarrollo Empresarial para la Agricultura (FAE-Agro), han tenido un grado de ejecución muy bajo. Impulsado por los Ministerios de Economía y de Agricultura, este fondo debería garantizar los préstamos al que supuestamente accederían, a través de entidades financieras privadas, 230 mil agricultores. Sin embargo, al mes de noviembre los avances eran escasos y, en el mejor de los casos, alcanzarían a 90 mil productores, según los estimados de Eduardo Zegarra, investigador de GRADE.

Mayor fue el impacto de la pandemia en el sector pecuario, que incluye la producción de aves, huevos, leche y carnes. En el primer semestre de este año (según el segundo informe del MINAGRI citado en la nota 1) el crecimiento fue de apenas 0.7%. Ello se debió a una significativa reducción de la demanda causada por las razones ya mencionadas.

La responsabilidad de la producción de alimentos de origen agrícola y pecuario en el Perú recae fundamentalmente en la agricultura familiar, conformada por aproximadamente 2 millones de familias. Este vasto universo es bastante heterogéneo, e incluye a pequeños agricultores familiares comerciales, a campesinos comuneros y de subsistencia, a miembros de pueblos nativos. A pesar de su elevado número y de su papel estratégico en garantizar la seguridad alimentaria de la población peruana –el MINAGRI estima que el 70% de estos alimentos proviene de la agricultura familiar-, suelen quedar al margen del apoyo de las políticas públicas, más atentas a las exigencias de los agronegocios exportadores.

Algo urgente a trabajar desde el Estado es una política agraria que proteja y apoye la agricultura familiar (la cual cubre el 70% de nuestra producción agropecuaria). A pesar de contar con una Ley desde el 2015, aún no recibe el presupuesto ni la atención que requiere.

Una de las lecciones que debe dejar la crisis general ocasionada por la pandemia es la urgencia de redefinir cuáles son las prioridades del gobierno. Uno de estos cambios en la política agraria debe ser el apoyo decidido a la agricultura familiar. La marginación de la que esta ha sido objeto de manera permanente terminaría, aparentemente, con la aprobación, en al año 2015, de la Estrategia Nacional de Agricultura Familiar, y el mismo año con la promulgación de la Ley 30355 de Promoción y Desarrollo de la Agricultura Familiar. Lamentablemente no ha sido así. No ha habido variaciones en el presupuesto público, que ya era bastante modesto, destinado a este mayoritario sector de productores. Más aún, la propia ley determina, en su artículo 10, que su ejecución no demandará recursos adicionales. Por añadidura, se prevé una disminución en la asignación presupuestal correspondiente al año 2021, debido al colapso que ha sufrido la economía peruana por efecto de la pandemia.

Tampoco el proyecto de ley que cambia el nombre del MINAGRI por el de Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (MiDAR), aprobado por el reciente Pleno Agrario congresal, establece con claridad le preeminencia de la agricultura familiar. Es cierto que el renombrado Ministerio incluye la creación de un viceministerio de Agricultura Familiar e Infraestructura Agraria y Riego; sin embargo, nada del articulado de la norma nos permite afirmar que esta prioridad será efectiva, ni que refleja un real compromiso político.

La industria alimentaria

La dieta de los peruanos no está compuesta sólo por productos agrícolas y pecuarios, aunque muchas de las discusiones en el actual contexto de pandemia se limitan a estos; también lo está por los productos de la agroindustria alimentaria. En esta destacan cuatro rubros de mucha importancia: la industria avícola, la industria de molinería de trigo, la de derivados lácteos y la de oleaginosas.

La industria avícola es la principal proveedora de proteínas de origen animal del poblador peruano, sobre todo en las zonas urbanas. El consumo anual de aves per cápita, que rodea los 50 kilos, es mayor que la suma de todos los demás productos pecuarios y más del doble que el pescado. Como sucede con otras industrias alimentarias, la industria avícola está altamente concentrada; en este caso, en dos empresas, San Fernando y Redondos, que abastecen más del 50% de pollos de pie en los mercados mayoristas de aves de corral en Lima Metropolitana y el Callao[2]. El insumo principal de esta industria es el maíz amarillo duro, que ocupa alrededor de un cuarto de millón de hectáreas sembradas en el Perú. La demanda, sin embargo, es mucho mayor, por lo que el país importa las tres cuartas partes del volumen requerido, lo que representa las dos quintas partes del valor total de las importaciones agrícolas del año 2019. El principal proveedor de este cereal son los Estados Unidos. En buena medida provienen de semillas transgénicas.

Merece la pena mencionar que el consumo de productos de origen transgénico como alimentos o insumos no está prohibido por la Ley 29811, que establece la moratoria al ingreso y producción de organismos vivos modificados, pero sí lo está la siembra de semillas transgénicas. Sin embargo, se han detectado numerosos predios en el departamento de Piura que las utilizan, aprovechando indebidamente granos destinados al consumo de la industria pecuaria. Hay presiones internas provenientes de la industria avícola para que se autorice el uso de semillas transgénicas y se expanda el cultivo de este cereal en el Perú, y reducir así el componente importado. Pero un proyecto de ley aprobado por el Pleno Agrario, al que hemos hecho ya alusión, prorroga la moratoria del uso de estas semillas hasta el año 2035. Debido a la complicada crisis política que ha tenido el país en las semanas de noviembre, la autógrafa aún no ha sido rubricada por el Presidente.

En cuanto a la industria molinera, los derivados del trigo son una importante fuente de carbohidratos en la dieta popular. Esta industria importa casi la totalidad –más del 90%– del trigo utilizado para la producción de harinas, fideos, panes, galletas y otros derivados. El valor de las importaciones de este cereal fue el 27% del total de importaciones agrícolas realizadas el año pasado[3]. El grupo Romero, a través de Alicorp, tiene una posición dominante en esta rama industrial.

El mismo grupo también tiene una presencia dominante en la industria oleaginosa, siendo responsable de la producción de ocho de las marcas más vendidas de aceites comestibles[4]. Esta industria depende en buena medida de las importaciones de soja y otras semillas oleaginosas. El grupo es, asimismo, el principal importador de productos agrícolas del país, con montos anuales próximos a los 400 millones de dólares. Adicionalmente, el grupo Romero es el principal productor de productos oleaginosos extraídos de la palma aceitera, cultivada en sus extensas plantaciones de los departamentos de San Martín, Ucayali y Loreto.

También cuenta con una formidable base logística y estructura de distribución que permite que sus productos estén presentes en todo el país, en todos los niveles de distribución minorista, desde supermercados hasta bodegas en zonas populares y centros poblados.

La industria de derivados lácteos está ampliamente dominada por el grupo Gloria. Este conglomerado económico capta aproximadamente las tres cuartas partes de la leche orientada a la industria. Es también el principal importador de insumos lácteos -148 millones de dólares en 2018-, que son recombinados para la producción de una variedad de derivados lácteos. Sumados ambos grupos, Romero y Gloria, representaron el 52% del total facturado por la suma de las veinte principales empresas de la industria alimentaria en el año 2015[5].

La presencia de estas empresas se extiende, además, al ámbito de la producción agrícola primaria. La presencia del grupo Romero no se limita a las plantaciones de palma aceitera, sino también a la producción de caña para la producción de etanol en el valle del Chira, en el departamento de Piura. Sus propiedades suman, en total, aproximadamente 35 mil hectáreas. El grupo Gloria, por su lado, es el más grande terrateniente del país: es propietario de más de 90 mil hectáreas en la costa dedicadas a cultivos de exportación, pero, sobre todo, al cultivo de caña de azúcar, del cual es principal productor nacional, para consumo humano y para la producción de etanol.

Producción de alimentos envasados

La industria alimentaria también tiene gran importancia en el consumo de la población; sin embargo, está concentrada en un número reducido de grupos económicos.

Queda claro que la industria alimentaria tiene una gran importancia en la dieta de la población, y debe incluirse en las preocupaciones de quienes deben orientar y vigilar la alimentación de los peruanos, más aún en un contexto tan crítico como el actual. En agudo contraste con la producción primaria de alimentos, en la que intervienen millones de familias, la industria alimentaria está concentrada en un número reducido de grupos económicos. Ello les permite una influencia muy grande en la determinación de la provisión de alimentos y en la composición de la dieta alimentaria, influencia que está potenciada además por su logística nacional de distribución y por la omnipresente publicidad en todos los medios de comunicación.

No puede dejar de mencionarse las variadas empresas de la industria alimentaria que se dedican a la producción de alimentos ultraprocesados, ricos en sodio, grasas y azúcares, que son una de las primeras causas del creciente sobrepeso y obesidad de la población en todos los grupos de edad, tanto en las ciudades como en las zonas rurales.

Otras fuentes de alimentos

Así como el papel de la industria alimentaria está poco considerado en las discusiones sobre los desafíos alimentarios en el actual contexto de pandemia, tampoco lo está lo que debería ser probablemente la principal fuente de proteína animal: el pescado y otras especies ictiológicas. El Perú es una de los grandes extractores de pescado del mundo, sobre todo anchoveta, pero destina la mayor parte de ella a la exportación en forma de harina, para alimento de ganado y aves[6]. El carácter exportador de la extracción pesquera está tan fuertemente establecido que no llama a escándalo el hecho de que, habiendo carencia de consumo de proteínas en un amplio sector de la población peruana, no haya una política que priorice el consumo humano interno. Aunque en términos comparativos el Perú es el sexto país con mayor consumo per cápita -22 kg- es menos de la mitad del volumen consumido de pollo, y la mitad del consumo de pescado per cápita del Japón[7].

Ante el incremento de la demanda mundial de pescado y la presión sobre las especies marítimas, algunas de las cuales se encuentran amenazadas por la sobrepesca, la acuicultura está cobrando una gran importancia a nivel global. Aunque todavía es incipiente en nuestro país, su crecimiento es relativamente rápido, pasando de 28 400 toneladas en el año 2006 a más de 100 mil toneladas registradas en el 2017[8]. En el 2018 la producción superó las 103 mil toneladas[9]. Las principales especies cultivadas son truchas, tilapia, paiche, langostinos y conchas de abanico. La orientación de la producción de algunas especies se dirige claramente al exterior. Desde el primero de enero del 2019, en virtud del Decreto Legislativo 1431, la acuicultura tiene estímulos tributarios similares a los ya mencionados para los agronegocios (reducción del impuesto a la renta al 15%). Sería un problema si esta actividad, que tiene un importante potencial, se orientase básicamente a la exportación y no a contribuir a la mejor alimentación de los peruanos.

En suma, el análisis del problema alimentario debe incluir todas las fuentes en las que se originan alimentos, y todas ellas deben ser susceptibles de atención por las autoridades públicas, más aún en un contexto de emergencia que puede prolongarse por muchos meses más, con graves consecuencias para la salud de millones de personas.

Para tratar de entender mejor la situación actual del campesino cusqueño nos alejaremos de la clásica teoría de la economía campesina de los años ’60 y ’70 del siglo pasado. Hoy este campesino ya no es el autosubsistente que se articula al mercado solo cuando tiene excedentes de producción, que tiene aversión al riesgo y migra temporalmente fuera de su territorio. Hoy están articulados al mercado, son muy emprendedores, toman decisiones de producción en función a maximizar sus ventas e ingresos e invierten sus pequeños recursos pensando en el mediano y largo plazo.

Esto no los hace más vulnerables a eventos como la COVID-19, el campesino desde ya ha estado incorporando nuevas estrategias en su acción diaria. Esta pandemia no les afecta más o menos que otras situaciones que ha enfrentado históricamente: sequías, heladas, granizadas, inundaciones, sobreproducción, alta variación de precios en el mercado, productos importados, mal estado de los caminos rurales, altos costos de transporte y la falta de fluidez de la información por la ausencia o deficiencia de los servicios de telefonía e internet en el ámbito rural.

Así, han desarrollado estrategias propias para superar dichas dificultades, por ejemplo, hacer uso de pequeños recursos propios. En palabras de Salvador Merma Hilachoque, Secretario General de la Federación Departamental de Campesinos de Cusco (FDCC): “no somos tan pobres como ustedes creen”. Otra estrategia: lo primero que hacen en las cosechas es guardar semillas para la próxima campaña, así como transportar de manera conjunta sus productos.

En marzo de este año, cuando se declaró la pandemia, repentinamente tuvieron que enfrentar las exigencias de permisos y licencias de circulación; el incremento en los costos de transporte; la actuación de los intermediarios, quienes aprovechando la situación bajaron los precios en chacra y los aumentaron al consumidor final. La demanda estaba ahí, el acceso de los productos al mercado fue y es el principal problema, teniendo en cuenta que se restringieron los mercados de abastos, por lo que es necesario identificar nuevos canales de comercialización y nuevos segmentos de mercado, que a su vez tienen nuevas exigencias como calidad y presentación de productos, volumen y continuidad de los mismos.

En Cusco, los pequeños agricultores tienen dos mercados: el mercado regional y el mercado turístico. Los que están ligados al mercado regional, es decir, a los consumidores de la capital regional y otras ciudades intermedias, ven restablecidos los flujos de sus productos después de un primer momento caótico; a ellos hay que apoyarlos con mejores medios de comunicación (teléfono e internet), facilitarles información sobre los nuevos protocolos de bioseguridad y el acceso a ellos, etc. Los que están sufriendo mucho más son aquellos que orientaron sus productos hacia el sector turístico: sus ventas se desplomaron y, antes de ofrecerles créditos para superar sus problemas de caja, hay que avanzar en abrir el sector turístico, así como ayudarles a reorientar sus productos al mercado regional. Finalmente, también es necesario sensibilizar al consumidor para que valore la producción regional y retribuya adecuadamente el esfuerzo del pequeño agricultor cusqueño.

Luis Casallo
Asociación Jesús Obrero – CCAIJO
(Obra social jesuita en Cusco)

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[1]  Minagri (2020). Impacto de la covid-19 en la actividad agraria y perspectivas. Segundo informe. P. 21 https://bit.ly/35TToMJ
[2] MINAGRI (setiembre 2020). Aves vivas. Comercio al por mayor en Lima. Dirección General de Seguimiento de Políticas.
[3] EGUREN, Fernando. Sobre la seguridad alimentaria en el contexto de la pandemia. Publicado en Cientificos.pe el 7 de julio de 2020.  https://www.cientificos.pe/?p=4381
[4] SALAZAR, Elizabeth (15 de noviembre 2019). La poderosa industria que sirve la mesa en Perú. Ojo Público. https://bit.ly/2IXYYVG
[5] Según Perú Top Publicaciones, citado por Elizabeth Salazar, Op.cit.
[6] En contraste, según señala la FAO (2009), el 86% de las 4.3 millones de toneladas de la producción pesquera en el Japón se destinó, en el año 2006, al consumo humano. Ver Perfiles sobre la pesca y la acuicultura por países. El Japón. https://bit.ly/3kUhvPG.
[7] Según el portal Save Ningaloo. https://bit.ly/2UTlJMS
[8] Ministerio de la Producción (2018). Sistema Nacional de Innovación en pesca y acuicultura. Fundamentos y propuesta 2017-2022. P. 14 https://bit.ly/2J176oo
[9] IPAC.acuicultura. Perú estima que su acuicultura crecerá en 2019 en un 6,8 %. https://bit.ly/3nQ6pgK

Verano 2020/2021


Fernando Eguren López

Centro Peruano de Estudios Sociales – CEPES




“Nos hace bien el compartir juntos este sueño”

Card. Barreto, rostro de Resucita Perú AhoraEntrevista al Card. Pedro Barreto SJ, Arzobispo de Huancayo (Resucita Perú)

Por Diana Tantaleán C.
Apostolado de Justicia Social y Ecología

Con el fin de promover y fortalecer la acción solidaria frente a la pandemia (y otras “pandemias de la sociedad”), la Conferencia Episcopal Peruana lanzó el Programa Pastoral “¡Resucita Perú, ahora!”.

Conversamos con el Cardenal Pedro Barreto SJ, Arzobispo de Huancayo, quien se ha encargado de difundir esta iniciativa, para que nos cuente cómo ha sido su organización, la respuesta de la población y el gobierno a la propuesta, y los objetivos que se plantean una vez sea superada la crisis sanitaria.

Resucita Perú Ahora es una iniciativa pastoral de la Conferencia Episcopal Peruana ¿Cómo nació?

Este tiempo de pandemia nos ha puesto en una situación inédita en la historia de la humanidad y en nuestras vidas. El Perú, desde el 17 de marzo pasado, inició el confinamiento y las restricciones de movilización. El contagio del Covid-19 se propagaba con fuerza y las numerosas muertes nos conmovían.

A pesar de la flexibilidad para movilizarse en las últimas semanas, aún se mantiene la inseguridad y el desasosiego, principalmente por el temor al contagio. Sin embargo, durante las semanas más difíciles y angustiosas que se vivieron surgió una serie de iniciativas del Poder Ejecutivo, de la sociedad civil, de empresarios, de instituciones privadas y de diversas Comunidades de Fe que respondían a las urgencias de alimentación, oxígeno e implementos sanitarios. Pero estos valiosos gestos de solidaridad se realizaron de manera dispersa y desarticulada.

En este contexto que se vivía en nuestro país, dos razones dieron pie para lanzar, desde la Conferencia Episcopal Peruana, la iniciativa pastoral Resucita Perú Ahora (RPA).

Primera razón. Percibimos que la Iglesia Católica, en sus 46 Jurisdicciones Eclesiásticas, reaccionó con agilidad y prontitud a la pandemia con más de 260 proyectos sociales. Además, la Conferencia Episcopal Peruana (CEP) organizó a nivel nacional las campañas “Denles ustedes de comer” y “Respira Perú”, con el apoyo de un grupo de empresarios. Por su parte, la Conferencia de Religiosos y Religiosas del Perú tienen numerosas experiencias de solidaridad efectiva con las víctimas del Covid-19 allí donde están presentes en la selva, sierra y costa.

La segunda razón es la propuesta del Papa Francisco de un plan para resucitar (Cfr. Revista Vida Nueva, 17 de abril 2020), y toma como base el texto de Mateo 28,9: “De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: ‘Alégrense’. El Señor transforma su duelo en alegría y las consuela en medio de la aflicción (cfr. Jr 31, 13) porque quiere resucitar a una vida nueva a las mujeres y, con ellas, a la humanidad entera”.

RPA se inició modestamente. Dos Obispos y un laico convocaron a profesores de la Universidad Cayetano Heredia y de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Cuatro profesores de cada una de ellas. Y así se conformó el equipo impulsor de RPA. Se presentó un esbozo o perfil de la iniciativa a la Asamblea de Obispos el 18 de agosto pasado, que fue aprobado por unanimidad, y se lanzó el 20 de agosto a todo el país.

¿Cuál es el propósito de Resucita Perú Ahora?

El Perú vive en una permanente fragmentación donde se experimentan con mayor fuerza la desigualdad, el individualismo y la corrupción, que son otras pandemias destructivas del tejido social. Se extiende la desconfianza mutua y crece la falta de esperanza.

El mismo nombre, Resucita Perú Ahora, habla de la transformación de la persona y de la sociedad a la luz de Cristo Resucitado que nos hace pasar, como sociedad peruana, de la tristeza a la alegría, del desánimo a la esperanza, del individualismo a un trabajo articulado y efectivo.

El propósito de RPA es, a partir de una amplia alianza social que surge de las comunidades de fe, las ciencias, los organismos del Estado y las experiencias sociales de solidaridad en el Perú, unir voluntades para enfrentar con eficacia, prontitud y diálogo el COVID-19 y otras pandemias sociales con la perspectiva del desarrollo humano integral, solidario y sostenible.

¿En qué se diferencia RPA de otras iniciativas que han ido surgiendo en este tiempo?

RPA tiene una característica peculiar. Somos personas dispuestas a entregar lo mejor de nosotros mismos para la transformación del Perú en todos los campos de la vida social y religiosa. En este tiempo de pandemia nos hemos dado cuenta que las respuestas aisladas diluyen la fuerza de una acción, por más buena que sea. También hemos aprendido la necesidad de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral que asegure un proceso de una auténtica transformación de la sociedad peruana.

Por ello, “nos urge discernir, para encontrar el camino del Espíritu e impulsar, junto a otros, las dinámicas que puedan testimoniar y canalizar la vida nueva que el Señor quiere generar en este momento de la historia” (Papa Francisco). Aquí está la novedad de esta iniciativa pastoral. Somos un espacio de discernimiento comunitario para buscar caminos de fraternidad y amistad social. Somos conscientes que por nuestras propias fuerzas o conocimientos no podemos conseguir nada estable ni duradero. Nuestra lucha es contra el enemigo invisible, insignificante y destructivo del Covid-19. Pero también nuestra lucha –la más difícil y desafiante- es contra el enemigo de la vida y de la verdad, que es el espíritu del mal, presente en cada uno de nosotros y en la humanidad. Es también invisible y aparentemente poderoso, que lucha y se esconde detrás de personas o grupos para destruir, desanimar, engañar, crear el caos social y la desconfianza mutua. RPA es la fuerza que discierne, construye la mejor política, la economía, la ética y la moral ciudadanas, para levantar el espíritu hacia causas nobles y solidarias.

La fraternidad es una exigencia social que debe expresarse en acciones prácticas, como precisan los dos objetivos específicos de RPA:

Campaña de Resucita Perú Ahora

“¡Resucita Perú, ahora!” ha lanzado diversas campañas para concientizar a la población a cuidarse y cuidar a los demás en este tiempo de crisis sanitaria. Al mismo tiempo, ha recibido múltiples colaboraciones de personalidades y la sociedad civil.

1° Promover y fortalecer la salud integral de la población peruana para superar la pandemia del COVID-19 con la mayor eficiencia, prontitud y legitimidad posibles.

 

2° Promover la acción solidaria para superar las pandemias sociales que surgen de la desigualdad y que han debilitado los servicios públicos esenciales, con una amplia participación ciudadana y en diálogo con las autoridades del Estado.

Por tanto, RPA es una propuesta inclusiva y permanente en el tiempo porque busca discernir las mejores respuestas para enfrentar al Covid-19 de manera eficaz y pronta mediante la articulación de esfuerzos y capacidades compartidas.

La novedad es su continuidad, más allá de la superación de la pandemia del Covid-19. Queremos propiciar el cauce de diálogo y amistad social para construir una sociedad peruana abierta, fraterna y solidaria. Esta es la peculiaridad de RPA que valora e incluye a otras propuestas que coincidan con los dos objetivos anteriormente señalados.

Esta iniciativa pastoral convoca a la sociedad civil, la Academia, el Estado, las comunidades de Fe ¿cómo ha sido la respuesta a esta invitación?, ¿quiénes están participando?

Desde el primer momento los participantes se han mostrado muy dispuestos al diálogo. Miembros del Poder Ejecutivo, del Congreso, políticos, empresarios, Universidades, Educadores, jóvenes, familias, movimientos sociales, organizaciones populares, artistas y comunidades de Fe.

El ambiente en RPA es un sentimiento de fraternidad y amistad en un espíritu de diálogo y articulación cada vez más visible y eficaz. Así se evidencia el amor al Perú, compartiendo lo mucho que nos une para buscar la superación del Covid-19 y de otras pandemias que impiden la transformación de nuestra sociedad peruana.

Una de las propuestas de Resucita Perú Ahora es que no existan protagonismos individuales ni institucionales para afrontar esta crisis, ¿cómo se está logrando esto?, ¿cómo están trabajando en conjunto tantas organizaciones y quiénes lideran este trabajo?

Los que estamos participando en RPA tenemos en común la inspiración de Dios –algunos sin darnos cuenta- que “abre horizontes de esperanza, despierta la creatividad y nos renueva en fraternidad para decir “aquí estoy” ante la enorme e impostergable tarea que nos espera” (Papa Francisco).

Un detalle que puede verse como algo sin relevancia es el trato directo por el nombre y no por los títulos que uno pueda tener en las reuniones. De esta manera se ha creado un espacio de encuentro de persona a persona que nos humaniza y transforma. Nos hace bien el compartir juntos este sueño que se va haciendo realidad a través de esta iniciativa pastoral. Me doy cuenta que la transformación de mi persona y el conocer a otras que aman al Perú, nos enriquece y alienta nuestro caminar. Este “contagio” de esperanza, de alegría por ayudar a transformar las personas es ya un proceso nunca terminado de resurrección.

Todos los sábados, desde el 22 de agosto, nos reunimos en plenario. Nos hemos organizado con Comisiones de acción (Salud Integral, Ciencia y Tecnología, Organizaciones Sociales, Derecho y Legalidad y Comunicaciones), y Comisiones de expansión de la iniciativa (políticos, empresarios, movimientos sociales y organizaciones populares, universidades, artistas, educadores, jóvenes, comunidades de fe). Existen además tres Equipos: Espiritualidad, Ejecutivo y Asesores.

Con esta organización estamos avanzando lenta pero sostenidamente en nuestro objetivo. La novedad es la articulación efectiva entre nosotros, con las instancias del Estado y otras organizaciones sociales. Las reuniones de las Comisiones y Equipos se realizan durante la semana. Los avances se comparten en el plenario los sábados en la mañana. De esta forma se hace visible que el protagonismo es de la sociedad civil organizada. Los que lideran esta iniciativa son los coordinadores de las Comisiones de Acción, de Expansión, los Equipos y la coordinación general de RPA.

Existe gran presencia de la Iglesia en diversas regiones gracias a las parroquias ¿también están participando los gobiernos regionales y locales?, ¿cómo es el trabajo fuera de Lima?

Como fue un acuerdo unánime de los Obispos del Perú lanzar la iniciativa pastoral RPA, se propuso que en las 46 Jurisdicciones Eclesiásticas se inicie el proceso de articulación en su ámbito territorial. De esta forma se fortalecerá la iniciativa y se hará sostenible y eficaz desde la participación activa de las más de 1,500 parroquias en la costa, sierra y selva. Y así las demás comunidades de fe son invitadas a participar allí donde se encuentren.

Precisamente algunas Jurisdicciones Eclesiásticas han iniciado el proceso de articular con las autoridades regionales, provinciales y distritales, empresarios, jóvenes, universidades, profesionales, educadores, comunidades de fe en cada una de sus regiones.

Pronto tendremos las reuniones con la presencia de personas de las diversas regiones del país. También esperamos que las diversas Congregaciones Religiosas puedan incluir el mensaje de esperanza y de compromiso de RPA en sus diversas Obras y actividades.

¿Qué sectores del gobierno están respondiendo a esta propuesta y cuáles cree que faltan sumarse a esta iniciativa y que son muy necesarios?

La Comisión de Política de RPA, que coordina el Dr. Allan Wagner Tizón, propició el inicio de un diálogo con las autoridades del Gobierno. Uno de los aspectos más esperanzadores fue el encuentro con la Presidencia del Consejo de Ministros y con la Ministra de Salud de forma cordial y ejecutiva. Se manifestó la disposición del Poder Ejecutivo a trabajar de manera integrada. De parte nuestra se manifestó el apoyo a la Estrategia Nacional frente al Covid-19 y el proceso de vacunación. A partir de estos encuentros los Viceministros de Salud y funcionarios del MINSA están en comunicación con las Comisiones, y en especial con Salud Integral que coordina la Dra. Theresa Ochoa y Ciencia y Tecnología que coordina el Dr. Edward Málaga (ambos de la Universidad Peruana Cayetano Heredia).

Así mismo las Comisiones de acción y de expansión se han reunido con diversos Ministros y funcionarios del MINEDU, MINJUS, MIDIS, MIMP, el Ministerio de Cultura y el de Defensa.

Tenemos una comunicación inicial muy favorable con el Poder Ejecutivo que nos asegura una mayor eficacia y prontitud en el cumplimiento del primer objetivo específico de RPA: la lucha articulada frente al Covid-19.

En este contexto tan difícil que estamos viviendo (político, social, económico…), ¿cuál es el mensaje, la enseñanza que propone Resucita Perú Ahora?

Es un mensaje de esperanza y de solidaridad organizada con un objetivo común para la transformación de la sociedad peruana. Hoy se manifiesta la grandeza y la fuerza moral de muchas personas de toda condición social, especialmente de los sectores populares. Son personas que asumen, desde su dolor, la responsabilidad de espacios de superación de las adversidades mediante proyectos sociales en sectores vulnerables de nuestras ciudades y pueblos.

La enseñanza que nos está dejando RPA es afirmar que es posible un espacio de diálogo respetuoso, amable y sincero cuando se quiere aportar al bien común, comenzando por los últimos y descartables de la sociedad.

El mejor mensaje de RPA nos lo ofrece el Papa Francisco: “No hay punto final en la construcción de la paz social de un país, sino que es una tarea que no da tregua y que exige el compromiso de todos. Trabajo que nos pide no decaer?en el esfuerzo por construir?la unidad de la nación y, a pesar de los obstáculos, diferencias y distintos enfoques sobre la manera de lograr la convivencia pacífica, persistir en la lucha para favorecer la cultura del encuentro, que exige colocar en el centro de toda acción política, social y económica, a la persona humana, su altísima dignidad, y el respeto por el bien común” (Encíclica Fratelli Tutti, 32)

Verano 2020 / 2021


Cardenal Pedro Barreto Jimeno, SJ

Cardenal de la Iglesia del Perú, Arzobispo Metropolitano de Huancayo, Presidente de la Red Eclesial Panamazónica (REPAM), vicepresidente de la Conferencia Episcopal Peruana, promotor de la iniciativa pastoral Resucita Perú Ahora.