Panorama regional latinoamericano: cambios, riesgos y continuidad en la región

Pese a que los medios internacionales persisten en clasificar los gobiernos latinoamericanos por la pertenencia o identificación con la izquierda y derecha, conviene incluir otros criterios para la comprensión de la política regional, como por ejemplo, la gravitación de los partidos políticos, la solidez o precariedad de las instituciones, el desempeño real de organismos fiscalizadores o reguladores, el grado de inseguridad ciudadana, y la existencia de poderes fácticos, sean legales o ilegales. En aspectos económicos, más allá del crecimiento del PBI, es también útil notar el porcentaje de población empleada en la economía informal y no solo los indicadores de redistribución y pobreza. Por último, en cuestiones sociales, existe cada vez una mayor tensión entre población local y la fuerza pública -o entre población local y empresas- en la disputa por los recursos naturales; el rol de los gobiernos en este tipo de conflictos no se puede tampoco analizar de acuerdo a si son de izquierda o derecha, un ejemplo notorio al respecto es el comportamiento del gobierno brasileño en el caso de la represa de Belo Monte. Se ha negado a acatar una resolución de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que dispone la paralización de las obras, e incluso decidió suspender sus aportes a ese órgano de la OEA.

Cambios

La muerte del ex presidente Hugo Chávez en marzo abrió un período poco predecible en el oficialismo en Venezuela. Nicolás Maduro, el candidato que el ex presidente destapó el año pasado –al estilo de las sucesiones en el antiguo PRI mexicano– utilizó los recursos del Estado con más dureza para mantener un discurso homogéneo de defensa de la denominada revolución bolivariana y, también, para atacar el disenso.

El canal de TV Globovisión, uno de los pocos medios opositores, fue comprado días después de las elecciones, luego de declararse acosado política y judicialmente, y económicamente asfixiado. Durante la campaña electoral Maduro usó, al igual que Chávez, los recursos del Estado para asegurar su triunfo en los comicios. Las señales que da hasta el momento son de un chavismo más rígido que el que se conoció a su predecesor. Mientras tanto, a las dos devaluaciones recientes, se suma el problema de inseguridad ciudadana aún pendiente. Según cifras oficiales, hubo 16.072 homicidios el año pasado en Venezuela y 3.400 en los tres primeros meses de 2013.

Otro giro a tener en cuenta en la región ha ocurrido en México, a raíz de la firma de un pacto entre el presidente Enrique Peña Nieto, del PRI, con los otros dos principales partidos políticos: el PAN (conservador) y el Partido de la Revolución Democrática (progresista). Superando toda expectativa, ha decidido reformas para diluir el monopolio en el sector de las telecomunicaciones, permitir la inversión privada en petróleo, e inició una reforma educativa que ha costado la cabeza de una antigua líder del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, Elba Esther Gordillo, detenida por corrupción en febrero. Pese a este punto a favor de la nueva élite priista, México sigue desangrándose, por las guerras entre y contra los carteles del narcotráfico. Este país se ha convertido en la región en uno de los más peligrosos, junto con Brasil, donde ejercer el periodismo. A fin de 2012, mensajes del líder del zapatismo llamaron la atención. Dado que el PRI volvió al poder, pidió el cumplimiento de los Acuerdos de San Andrés, firmados por quien fue presidente en 1996, el priísta Ernesto Zedillo. Los compromisos pendientes se refieren al reconocimiento –en la Constitución– de los derechos y la cultura indígenas.

Riesgos

Las decisiones del gobierno argentino en el campo monetario y en su relación con los inversionistas extranjeros, han puesto a Cristina de Kirchner en el lado del presidente Evo Morales y el ex mandatario venezolano, en particular, luego de expropiar la empresa de hidrocarburos YPF, filial de la española Repsol. Kirchner pretendió, luego de esa decisión, reforzar las alianzas energéticas con Brasil y Venezuela. La presidenta también ha logrado, al estilo de Venezuela, imponer una política de control de la circulación de la moneda extranjera, lo que alienta un mercado negro del dólar. En cuando a las libertades de los sectores no afines al oficialismo, la presidenta tuvo un triunfo parcial contra el grupo Clarín, al aprobar una norma antimonopolio en el sector de los medios de comunicación. Sin embargo, la Ley de Medios no se ha aplicado contra Clarín debido a una medida cautelar interpuesta por los abogados de ese conglomerado empresarial. La respuesta de Kirchner ha sido anunciar una reforma en el Poder Judicial que, entre otros aspectos, contempla obstaculizar el uso de las medidas cautelares.

Uno de los riesgos comunes en América Latina es el que atraviesan las poblaciones de colonos y de indígenas en zonas donde los estados han aprobado megaproyectos de infraestructura o de industrias extractivas, sin haber logrado consentimiento de dichos ciudadanos, o sin haberles dado información. A fines de marzo, el Comité de Derechos Humanos de la ONU ha indicado en Ginebra al Perú que le preocupa el excesivo uso de la fuerza ante protestas locales originadas por esos motivos y la insuficiente investigación y sanción de los responsables de las muertes en esos hechos. También ha pedido explicaciones acerca de dos decretos que formalizan ese tipo de comportamiento de las fuerzas armadas y policiales: los decretos 1064 y 1065. Conflictos similares han ocurrido en Brasil, Bolivia, Paraguay, Chile y Colombia. Otro rubro causante de muertes por la disputa de recursos y espacios ocurre en torno a actividades delictivas como la minería informal (en auge en Perú y Colombia), el narcotráfico, la tala ilegal, la trata de personas. En este tipo de actividades, la colusión de las autoridades o, peor, la ausencia del Estado, siempre dejan en la peor posición a las poblaciones locales, que se sienten desprotegidas, como ocurre –por mencionar solo un ejemplo– con los agricultores en Madre de Dios, frente al avance de la minería ilegal, cuyos operadores manejan grandes cantidades de dinero, maquinaria, armas y mercurio.

Continuidad

Michelle Bachelet volvió a Chile en vísperas de Semana Santa, luego de varios años dirigiendo el organismo de Naciones Unidas para la Mujer en Nueva York. Uno de los principales analistas chilenos, Patricio Navia, ha declarado que tiene la mejor chance para las elecciones presidenciales de noviembre de este año pero, lo más importante, que Bachelet se encontrará con ciudadanos más exigentes comparados con el momento en que dejó el país. Reivindicaciones de territorio mapuche, reclamos sobre la calidad de la educación pública, y el rechazo a la hidroeléctrica en zonas vulnerables –volcánicas– como Aysén, han marcado la agenda de los dos últimos años. “La democracia chilena termina de madurar en el gobierno de Bachelet, y ella misma alimenta esa maduración al promover una democracia más participativa. La gente se ha tomado en serio ese mensaje y busca elevar su voz en las decisiones del gobierno. (…) Sabiendo que la economía camina bien y que la macroeconomía tiene bases sólidas, la gente demanda una mejor repartición de la riqueza, una reducción de la desigualdad”, explicó Navia a un semanario peruano[1].

[1] Ver: http://revistavelaverde.pe/2013/03/27/patricio-navia-%E2%80%9Cbachelet-parte-con-una-ventaja-incuestionable-a-la-presidencia%E2%80%9D/revistavelaverde


Jacqueline Fowks

Periodista e investigadora peruana. Profesora asociada de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Colaboradora en Perú del diario español El País.




La minería en Arequipa: oportunidades y amenazas para el desarrollo

La región Arequipa se encuentra ubicada al suroeste peruano, en un territorio muy accidentado al estar atravesado de norte a sur por las derivaciones de la Cordillera Occidental de los Andes, y con un reducido tablazo costero de grandes pampas arenosas, interrumpidas por valles que forman oasis al inicio del desierto de Atacama.

Así, la naturaleza ha dotado a esta región de un extenso litoral, valles extensos, quebradas y una diversidad de recursos minerales. La pesca continental, las irrigaciones agrícolas y la minería son las actividades económicas inexorables de dicho territorio; a lo que hay que agregar el potencial que representan las altas cordilleras y las quebradas profundas para el almacenamiento de agua y desarrollo de energía.

El reciente “boom” minero en Arequipa

En la última década (2001-2010) Arequipa ha venido experimentando significativos cambios en su desarrollo económico, social y cultural. En ese período su PBI regional creció aceleradamente a una tasa promedio de 7% anual, casi igual al crecimiento de la economía nacional, y el ingreso promedio per capita fue ligeramente superior al nacional.

Este ritmo de crecimiento está vinculado a la expansión del sector minero en la propia Arequipa y en todo el sur peruano, debido al extraordinario incremento de la demanda y del precio de los metales en el mercado internacional.

La actividad minera, en una década, ha variado su aporte al PBI regional del 6 al 10% y su producción representa el 89% de las exportaciones regionales. Pero además, la minería es importante por el flujo de ingresos que genera a los gobiernos locales y el regional, con cerca de 500 millones de nuevos soles (2011) por concepto de canon y regalías; a lo que hay que agregar el llamado “aporte voluntario” para el desarrollo de inversiones sociales, ejecutadas directamente por las empresas mineras.

Esta bonanza de la minería ha llevado a que en la actualidad el 42,74% del territorio de Arequipa esté con concesiones mineras; siendo tal vez uno de las regiones con mayores concesiones.

Las principales empresas que dominan el mercado regional de cobre, oro y plata, son la Sociedad Minera Cerro Verde SAA, la Compañía de Minas Buenaventura y la Compañía Minera Ares. Si bien estas empresas en el 2011 reportaron un leve decrecimiento en su producción, ello no se tradujo en una disminución de sus ganancias, pues el precio de exportación de estos metales se incrementó; lo cual indica que se depende más del precio de los metales en el mercado internacional que de la propia productividad de la actividad minera.

Las tres empresas gozan de las políticas de fomento que se dieron durante el gobierno de Alberto Fujimori, y que les permite disminuir el pago de su impuesto a la renta con la depreciación acelerada de sus activos y la reinversión de sus utilidades.

De otro lado, existen cerca de una docena de otras empresas medianas dedicadas a la extracción de cobre, oro y plata en las provincias de Caravelí, Condesuyos, Caylloma y La Unión, así como un número similar de empresas que están en etapa de exploración. A lo que hay que agregar la ampliación de Cerro Verde, que se inicia en los próximos meses, y el proceso de reelaboración del Estudio de Impacto Ambiental de Southern Peru Copper Corporation (SPCC) por la explotación de Tía Maria en Cocachacra, Islay.

La dinámica económica de los metales en la región, en especial del oro, ha hecho que se incremente la minería artesanal, formal e informal. Esta da ocupación a cerca de 50,000 personas. Según el Ministerio de Energía y Minas, en el 2010 había 555 pequeños mineros artesanales y 573 pequeños productores mineros acreditados. Arequipa es la región con mayor número de mineros formales de producción a pequeña escala a nivel nacional.

Los impactos de la minería en el desarrollo regional.

La minería seguirá siendo una de las principales actividades económicas en Arequipa y el Sur, pero en las condiciones descritas se puede correr el riesgo de:

  • Que la explotación minera se desarrolle de manera desarticulada del resto de la economía y con un muy lento impacto en la diversificación económica con valor agregado.
  • Hacer de los gobiernos locales, regional y población en general demasiado dependientes a los ingresos provenientes del canon y regalías mineras para financiar obras públicas, descuidándose la recaudación fiscal y las apuestas por opciones sostenibles del desarrollo a largo plazo.
  • Incrementar la desigualdad y el conflicto social, dada la ineficiencia del Estado para distribuir de los beneficios generados por la minería, acrecentándose el temor y desconfianza en que la minería pueda garantizar mejores condición de vida.
  • Desarrollar posiciones de dominio en las empresas que debilitan a las instituciones locales o regionales.
  • Deteriorar el medio ambiente y los ecosistemas de manera irreversible.

Esos efectos de la minería en la dinámica económica y social de la región, no pueden ser atribuidos a los recursos mineros, en la visión pesimista de la “maldición de los recursos naturales”.

Si la explotación de los recursos naturales se convierte en una “maldición”; más que de los recursos, depende del contexto y circunstancias en el que se desarrolla la actividad extractiva. Mucho tiene que ver con el marco legal que norma su desenvolvimiento y con el grado de institucionalidad local, regional y nacional; depende de cómo se ubique adecuadamente la minería dentro de una visión de desarrollo y cómo se planteen estrategias de ahorro e inversión a mediano y largo plazo sobre la explotación de recursos no renovables.

Armonizar la minería con el desarrollo sostenible de la región.

A la luz del balance del conflicto de Tía Maria en Arequipa, y de los resultados de la Mesa de Diálogo de Quellaveco en Moquegua, ello es posible si se trabaja con:

  • Una visión concertada del desarrollo local/regional y de largo plazo.
  • El dialogo institucional entre los diversos actores representativos involucrados en el desarrollo.
  • La transparencia en la información y explicación de la empresa donde más interesa el cómo se explota que el qué.
  • La imparcialidad y mediación del Estado, actuando en defensa del bienestar nacional y no de los intereses de una de las partes en pugna.
  • La creación de mecanismos participativos de monitoreo y seguimiento de los compromisos que se asuman.

La Región Arequipa no debe temer la explotación minera y verse como una amenaza; sí debe verse con preocupación la incapacidad de las autoridades y líderes políticos y sociales para aprovechar esta oportunidad, planteando un entorno para su desarrollo con una visión prospectiva, donde el presente financie y brinde sostenibilidad al futuro.


José Lombardi

Gerente General de Consultora Reverso SAC (Arequipa).




Piura: las contradicciones del despegue

Piura, en el corto periodo de tres años, será el primer productor nacional de uva. Con 4 mil hectáreas instaladas produce uva todo el año, habiendo desplazado la producción liderada por el mango y el limón, con una rentabilidad de 10 mil dólares por hectárea. En Piura los modernos centros comerciales han sentado plaza. El crecimiento no se detiene y las inversiones prosiguen viento en popa. El vigor de la economía ha transformado viejos locales, de la otrora prosperidad algodonera, en modernas tiendas comerciales. Sin embargo, pese a la explosión del comercio en escaparate, el Mercado Central de Piura, hacinado e insalubre, se mantiene en pie.

Piura tiene una economía en movimiento. Uno de los sectores de mayor dinamismo es el de la construcción de edificios multifamiliares, y la presión del sector es tan fuerte que el plan de desarrollo urbano se ha enmendado bajo la mesa. De la Piura tradicional no queda nada, a consecuencia de los nuevos edificios de tres y cuatro pisos que pueblan el viejo centro. Nuevas zonas residenciales ocupan lo que hasta ayer eran tierras agrícolas. La plusvalía urbana y los traficantes de tierras han sentado sus reales en la ciudad.

Otro sector de inusitado vigor es el turismo hacia las playas y la gastronomía. El flujo turístico se ha favorecido por el buen estado de las carreteras y la incursión de cómodos servicios de transportes hacia Talara. La región se conecta con Lima gracias a doce vuelos en diversos horarios. El aeropuerto está poblado de taxis que conducen directamente a los turistas hacia las playas. Los hoteles tienen, a consecuencia del sol norteño, visitantes todo el año. Máncora y Colán son los balnearios favoritos; pero Máncora ha visto surgir un negocio entre bambalinas: el comercio de drogas al menudeo. El servicio de transporte turístico tiene su mayor amenaza en las bandas de extorsionadores llegadas de Trujillo, aliadas a delincuentes locales. En marzo la PNP ultimó a balazos a cinco integrantes de la temible banda “Los Albines”. Para muchos empresarios, transportistas y productores arroceros la enérgica acción policial devolvió la tranquilidad. El temor mayor es la recomposición de estas bandas armadas. La mayor amenaza para la inversión es la inseguridad.

La papa caliente de la economía piurana es la minería informal asentada en Tambogrande, Las Lomas, Suyo y Sapillica. Esta actividad amenaza las fuentes de agua con vertimientos de mercurio y cianuro, lo que puede afectar la producción frutícola. Los hoy mineros informales antes eran agricultores pobres que, gracias al comercio de oro, mejoran sus ingresos. Muchos, al obtener un nivel de prosperidad, se desplazan a la periferia urbana de Sullana, donde adquieren vivienda y buscan mejores oportunidades para sus familias. Junto al minero migrante también se desplazan los integrantes de su “servicio de seguridad”: sujetos armados que tientan suerte como mototaxistas. Sin embargo, nada impide que incurran al asalto en un día de pocas performances laborales.

Otros males que se propagan en los ayer villorrios tranquilos son el expendio de alcohol y el meretricio clandestino. La prostitución acompaña el bienestar económico. En “Café Rojo”, un prostíbulo de Sullana, buena parte de las trabajadoras sexuales proceden de Ecuador y Colombia.

Paita y Sullana han alcanzado el pleno empleo a consecuencia de la actividad pesquera, la producción de etanol y las nuevas plantaciones de uva, banano y camote. También Sechura experimentó un notable impulso económico a consecuencia de la explotación de los fosfatos por el consorcio Vale-Mitsui-Mosaic, las calizas por Cementos Pacasmayo, las diatomitas[1] por Juan Pedro Quay y las salmueras por Americas Potash; esto se percibe en los nuevos negocios y actividades productivas de sus pobladores, antes dedicados a la pesca y a la agricultura. Hoy Sechura es una potencia minera no metálica y un gran exportador de moluscos. Actualmente, la empresa Savia espera concluir los estudios para la explotación de gas en la bahía.

Talara espera iniciar la remodelación de su refinería con una inversión ascendente a los 2 mil millones de dólares. En Paita la empresa concesionaria del puerto Terminales Portuarios Euroandinos (TPE) invertirá 160 millones de dólares en la habilitación de un segundo espigón para embarque de productos. Por este puerto salen los productos agrícolas de la región; mientras que Bayóvar es el puerto de embarque minero y también dispone de un embarcadero de hidrocarburos.

El Proyecto Alto Piura permitirá ampliar la frontera agrícola en aproximadamente 20 mil hectáreas, el equivalente a la cantidad de tierras salinizadas por el mal uso de agua de riego del Proyecto Chira-Piura. Sin embargo, Paita y Talara, provincias productoras de pescado e hidrocarburos, disponen diariamente de sólo cuatro horas de suministro de agua potable. Problema similar enfrentan Sullana y Piura. El futuro distrito oeste de Piura cuenta con agua racionada. La falta de agua potable es un grave problema que se cierne sobre el futuro urbano de la región.

Piura posee una población estimada de un millón 800 mil habitantes, siendo su mayor población menor de 25 años. Su mayor capital es el recurso humano. Actualmente la Universidad Nacional de Piura tiene un total de 27 mil alumnos en pregrado y postgrado; mientras que la Universidad de Piura, a la otra orilla de la ciudad, tiene 5 mil 422 alumnos de los cuales mil 429 corresponden al Campus Lima. Hoy tienen sede en Piura nuevas filiales de universidades privadas como Alas Peruanas, César Vallejo, Antenor Orrego, San Pedro y Los Ángeles de Chimbote. Contradictoriamente el vigor económico de Piura requiere técnicos que se apliquen a sus múltiples vocaciones productivas. Ese es el desafío de una economía en movimiento.

Como se puede observar, el crecimiento económico que experimenta Piura está cambiando las dinámicas sociales, culturales, económicas y políticas de la región. Al mismo tiempo, surgen contradicciones que desafían a saber integrar las dinámicas tradicionales de convivencia y armonía social con nuevas dinámicas de producción y de intercambio comercial. Asimismo, las dinámicas generadas por la minería informal trasladan el problema a las zonas periféricas de las ciudades, en donde se incrementa la violencia y la inseguridad ciudadana.

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[1] Las diatomitas son rocas sedimentarias silíceas de grano fino.


José Miguel Godos Curay

Docente de la Universidad de Piura




Los nuevos peruanos

En los últimos treinta años la sociedad peruana ha sufrido grandes cambios, de los cuales no nos hemos percatado, cambios que han afectado nuestra visión de la realidad y nuestra vida. Para poder comprender esto primero debemos hacer una reflexión sobre cuál ha sido el orden tradicional que hemos vivido en el país.

En un Perú tradicionalmente centralista, donde todo era Lima, con una sociedad dividida, existían dos grupos culturales: los educados y los ignorantes (en el fondo los analfabetos), con una élite cultural blanca o auto denominada “blanco dominante”, siendo la denominación racial una identidad relacionada al costeño. Ser serrano tenía cierta carga negativa y costeño era lo natural.

Era una sociedad rural y extremadamente desigual: muy pocos propietarios, pero muy ricos; muchos proletarios y una sociedad realmente pobre. El Perú era Lima y el resto no importaba. Las provincias daban a Lima pero Lima no daba nada a las provincias.

Los estratos sociales en el Perú estaban bien definidos en una pirámide. En 1821 tenemos españoles arriba, mestizos en medio e indios abajo. Luego viene la independencia y lo único que ocurre es que los mestizos suben un poquito pero los indios siguen abajo. En 1900 aparece el concepto de clase alta-aristócrata, donde estaban los dueños; clase media-bisagra, donde estaban los que trabajaban para los dueños; clase baja, donde estaban los que sirven para los que trabajan para los dueños; y luego los campesinos. Posteriormente aparecen los niveles A, B, C, D. El A son los más ricos, el B y C en el medio y el D los más pobres. Hemos vivido toda nuestra historia, hasta hace treinta años, una situación de pirámide muy definida.

Detrás de este concepto existían diversos estereotipos: que los del nivel A eran educados, modernos, blancos, inteligentes, honrados, limpios, informados, vivían en ciudad y eran optimistas. Esa definición llevaba escondida el hecho de que, cuanto más pobre eras, eras más ignorante, más tradicional, indígena y, además, con aspiración a ser blanco y de ojos verdes. Significaba que eran poco informados, rurales, fatalistas, sucios y deshonestos. Hemos vivido durante mucho tiempo con la idea de “cuanto más limeño eres, estás más cercano al estereotipo del rico”; mientras que la provincia era el estereotipo de los pobres. Pero esto ha sufrido una ruptura muy grande en los últimos treinta o cuarenta años.

Esa ruptura del orden: clase alta, clase media, clase baja y campesinos, se debe a varias razones. Primero, por la reforma agraria en los años setenta, que ataca a la punta de la pirámide, los propietarios de las tierras, los ricos del Perú. La reforma agraria le quita mucho de poder a esta clase alta. En los años ochenta llega la hiperinflación y afecta, básicamente, a los que tienen ingresos monetarios; es decir, a los empleados, que forman la clase media tradicional y trabajaban para los terratenientes o los dueños de los negocios; esta era la clase asalariada. Sin embargo, los ricos no pierden tanto porque tienen bienes y estos se revaloran, y los pobres tampoco pierden tanto con la inflación pues no tenían nada que ahorrar, por lo tanto nada se depreciaba. Posteriormente, entre los ochenta y noventa, viene el terrorismo, atacando a todos, sobre todo a las clases más bajas, especialmente en las zonas rurales. Esto, junto a la ley de la reforma agraria y la hiperinflación, ocasiona una crisis integral, una crisis interna.

La reforma agraria, mal ejecutada, empobreció más al campo, con importaciones subvencionadas que fueron contra el agro durante muchos años. El resultado de todo esto fue un fenómeno sin precedente en nuestra historia republicana: las migraciones. La gente, los pobres del campo, empiezan a salir y a poblar las ciudades, y los cerros se transforman en barrios.

Entre el año 1960 y el 2012 Lima pasó de tener un poco más de dos millones y medio de habitantes, a tener casi nueve millones. Sin embargo, al mirar la estructura, vemos que los barrios que existían hasta el año ochenta: la Victoria, Breña, Miraflores y San Isidro, fueron los que pasaron de ser un millón y medio a tres millones doscientos; y en las zonas llamadas “conos” o “invasiones” eran doscientos cincuenta mil y hoy son cinco millones y medio de personas. Es decir, el crecimiento de la ciudad se da sobre todo en la zona periférica. La ciudad de Lima hoy es una donde los llamados “conos”, Lima Norte y Lima Este, son la mayoría de la ciudad.

Este mismo fenómeno está pasando en Arequipa, Trujillo, etc. Pero todavía, para mucha gente, las ciudades son el centro, cuando en realidad las verdaderas poblaciones que conforman la ciudad son las periferias.

La realidad del Perú hoy es que somos el 78% urbano y 22% rural. Este nivel de urbanización es más alto que en Inglaterra, Francia o España, más alto que cualquier país europeo; estamos al nivel de urbanización de Estados Unidos. Esto cambia absolutamente la estructura social, la estructura de distribución geográfica y la estructura cultural de las ciudades.

La vida de las ciudades, a raíz de esta aglomeración, genera informalidad y falta de empleo, y las personas empiezan a generar su propio trabajo. Crece la desorganización urbana, las ciudades crecen de manera desarticulada, los problemas de transporte se hacen grandes, hay un gran problema inicial en la formación de las ciudades. Pero este gran problema se convierte luego en una tremenda oportunidad, llamada “urbanización”.

Las zonas urbanas tienen capacidad de contar con servicios públicos, mercados cercanos y capacidad de bienestar agregado. Es entonces cuando se generan esquemas de desarrollo, porque aparecen economías de mercado. Este es el caso de Gamarra. Adicionalmente, en las zonas urbanas existe electricidad, lo que significa bajo costo, y mayor bienestar. Sus hijos tendrán la posibilidad de ir a un colegio cercano, caso contrario a la zona rural donde, o no tienen colegio, o tienen que caminar cuatro horas para llegar al más cercano.

También se da otro fenómeno que nunca se había visto en el Perú: por primera vez se empieza a ver un crecimiento mayor en las provincias, a diferencia de años anteriores, cuando Lima era siempre más del 50% del PBI. En el 2005, según datos macroeconómicos, por primera vez las provincias empiezan a tener un PBI mayor que Lima, y la diferencia sigue creciendo. Ahora las provincias son el 53% del PBI y Lima es el 47%.

Debido a los problemas que hubo de la reforma agraria, la hiperinflación, la migración, la informalidad y el crecimiento de las provincias, se origina otro fenómeno: la pirámide de clases sociales se empieza a transformar en un rombo, donde hasta los datos económicos de las investigadoras (con respecto a los niveles A, B, C, D, E) empiezan a resaltar que la mayor cantidad ya no está en el E, si no en el C y en el D.

Los informes del BIF o del Banco Mundial dicen claramente que existe un 20% de clase media tradicional y, a la vez, que un 38% de gente ya no es pobre pero tampoco es clase media estable. Los datos económicos muestran que más del 50% de la población ya entró en una situación con cierto nivel de bienestar.

Todo esto influye en la necesidad de un cambio de óptica, porque tradicionalmente tenemos la idea de que si eres rico entonces eres blanco, tradicional, educado y vives en Miraflores; pero si eres pobre entonces eres medio indígena y analfabeto. Las mezclas sociales de crecimiento de este nuevo grupo de inmigrantes han sido tan grandes que ya no podemos decir eso; ahora se plantea la necesidad de ver a la sociedad, no en función de cuánto tienen, sino en función de cuántos son; tratar de ver qué grupos sociales existen en términos de forma de pensar, de forma de actuar y de sus relaciones sociales.

En cuanto a los peruanos urbanos, que son el 80% de la población total, encontramos un grupo (8%) a los que llamamos “sofisticados”[1], que son ricos y modernos, de clase media o alta. Pero, ¿quiénes son los sofisticados?, es el joven, urbano, tecnológico, que está informado de lo que pasa en el mundo, sigue el fútbol, sigue la Champions League, usa un teléfono de última generación y, en el fondo, termina siendo un yuppie.

En el otro extremo tenemos casi un 9% a los que denominamos “resignados”: pobres por lo general, un poco mayores de edad, muchos de ascendencia indígena, pero que tienen como característica que viven resignados a ser pobres. Son los pobres tradicionales, los que no cambian, los últimos en adoptar cualquier moda, muy pegados a la religión (“yo soy pobre porque las circunstancias son así; ¿quién me va a sacar de la pobreza?, el destino, Dios o el gobierno”). Estos dos grupos (que forman casi el 17%) corresponden al estereotipo que teníamos de la pirámide de clases.

Pero existe un gran número que se clasifica desde otra perspectiva. Tenemos por ejemplo a los “progresistas” (21%), quienes buscan progreso y a los que no les interesa su imagen personal, sólo desean invertir su dinero. Es un hombre que siempre está buscando productividad, y en ir mejorando más cada día. Tiene mucho dinero pero no es yuppie, ni es fino, es el dueño del comercio de su zona; probablemente sus hijos están en colegios privados.

También tenemos a la “mujer moderna”, 27% de la población. Es la mujer del futuro que, a pesar de ser mamá, quiere realizarse por sí misma, busca trabajo, quiere compartir la dirección del hogar con el esposo. Es una mujer activa pero que puede ser hermana de la “mujer conservadora” (18% de la población), que es la mujer tradicional. Cada vez menos cantidad de mujeres pertenecen a este grupo: Es la mamá tradicional que está en la casa cuidando a los hijos, cocinando; es la que administra el dinero de la casa. Para esta mujer el centro de su vida es el hogar.

Un 18%, que son los “adaptados”, personas que les interesa mucho el statu quo, su prestigio, quedar bien con la sociedad. Es la persona que guarda el concepto de buenas costumbres y está buscando mucho respeto social, a diferencia del “progresista”, que lo que busca es el crecimiento.

Con estos cambios se ha roto el concepto de aspiracionalidad[2]. Los de la clase alta miraban hacia el extranjero (Europa o Estados Unidos), y copiaban lo de afuera; las clases medias tradicionales miraban a las clases altas y copiaban lo de ellas; y las clases bajas copiaban a las clases medias. Sin embargo, la nueva mayoría, estos dos tercios de la población que han llegado a la ciudad, tienen como característica principal que han crecido sin depender de las clases altas. Cuando los migrantes llegaron a Lima empezaron a crecer solos en sus zonas, a formar su propio negocio, su propio mercado, sus propios sistemas informales; son grupos que han crecido económicamente fuera del sistema tradicional. Por lo tanto, no le deben nada al de arriba, no dependen de ellos, con lo que se ha roto el concepto de aspiracionalidad. Esta nueva clase media empieza a crear su propia cultura, su propia manera de pensar. Incluso miran la televisión de afuera y se traen modas directamente hacia acá; escuchan el reggaeton afuera y lo transforman en ‘perreo’, ya no copian hacia arriba. Son grupos que han creado su propia aspiracionalidad, generando las modas en la ciudad.

Detrás de estos grupos existen más cambios importantes. Por ejemplo, la ruptura del concepto de izquierda y derecha, la idea tradicional de que los pobres son de izquierda y los ricos de derecha.

Este grupo ha crecido debido a un gran liberalismo económico, porque el Estado no ha entrado a ayudarlos pero tampoco a controlarlos. Ha crecido informalmente, con barrios desorganizados; ellos prefieren un Estado que no intervenga. Por eso es que ni el Estado ni los partidos políticos han podido ingresar. No hay representatividad política en estos grupos. De los 1400 distritos que hay en el Perú, menos del 10% tienen autoridades que son de partidos nacionales, todos ellos han elegido a alguien que esté en su grupo.

Un punto importante a destacar es que el sentimiento colectivo de comunidad no existe aún en este sector, debido al liberalismo económico. Han crecido gracias a su propio esfuerzo, de manera individual. No es un grupo uniforme, cada uno actúa por su lado. Esa idea de la comunidad andina que se ha traído a las ciudades no existe, cada uno todavía ve su propio beneficio.

Sin embargo, ha crecido un poco el orgullo nacional, el sentir que lo nuestro es bueno. Ha desaparecido el considerar que lo “importado” era mejor, no importaba de dónde, lo importante era decir que el producto no era peruano. Ahora hay un mayor sentimiento nacionalista.

Cuando hablamos de aspiracionalidad racial no estamos hablando de grandes cifras. Sí, el racismo existe, hay gente que se cree blanca y que habla mal del que no lo es, pero hay dos variables que llaman la atención: Primero, en las nuevas generaciones ‘serrano’ ya no es un insulto como lo fue antes. Una persona mayor todavía usa el término como despectivo, sobre todo los limeños tradicionales lo usan como insulto; pero los jóvenes no: serrano es una denominación de origen. Segundo, cuando hablamos de discriminación, y se presenta un caso en algún lugar público, se habla del tema en twitter, en los periódicos y la televisión. De lo que antes no se hablaba ni se denunciaba, hoy se ve en los medios y genera movimientos sociales.

Hoy en día vemos un Perú que, hasta hace poco, eran una gama de colores separados, pero que ahora se está formando un mosaico donde ya hay formas. Por primera vez se está formando un concepto de nación peruana; y esperemos que con el tiempo, esta nación peruana llegue a ser una mezcla de colores. Hay un mosaico, se están viendo cosas pero es un mosaico donde no se han mezclado las clases sociales. El siguiente paso es que se mezclen, ahí tendremos una nación.

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[1] Ver: www.arellanomarketing.com/inicio/estilos-de-vida/
[2] Término usado en Marketing, hace referencia al deseo de la población de parecerse a las clases altas.


Rolando Arellano

Arellano Marketing