La Descentralización, cuestión maltratada y pendiente

Reunión del equipo técnico y funcionarios de la Mancomunidad Regional Los Andes, realizada en la sala Acuerdo Nacional de la Presidencia del Consejo de Ministros (Nov. 2015).

El debate sobre la descentralización en el Perú, estando poco en primer plano, responde a un  modo de constitución que está en el origen de nuestra sociedad, y que tienen mucho que ver con la desigualdad en la distribución de poder en el país. El Estado republicano heredó la centralización en Lima del gobierno del muy extenso Virreinato del Perú. Sólo en las dos décadas últimas, el progreso de la comunicación electrónica y la mejora de las vías de comunicación, han permitido relaciones más directas, intensas y plurales, económicas y culturales, entre la capital y las regiones más lejanas. Existieron periodos de autonomías regionales, posibles por la incomunicación, pero fueron la excepción. En los últimos tiempos, la descentralización ha logrado avances parciales, entre los que están: la elección ininterrumpida de autoridades locales desde los años ochenta y, más recientemente, la creación de un nivel de gobierno intermedio de base departamental, mal llamado “regional”.

Los numerosos informes sobre el tema, coinciden: luego de un serio intento que se inició en la década de los ochenta bajo la constitución del 79 y duró hasta 1992, se retomó el proceso el año 2002 con el Gobierno de Toledo. Pero estuvo marcada por una transferencia de funciones acelerada y mal definida, y que se sumó a la ausencia de capacidades para cumplirla en el gobierno central y en las regiones a la vez; una dependencia directa de los recursos designados por el Ministerio de Economía (MEF); un error de diseño que ha apostado por una departamentalización antes que una regionalización sin considerar la heterogeneidad del territorio; un sistema de control poco eficiente y la ausencia de espacios de coordinación y articulación intermedios claros, entre distintos niveles de gobierno. En suma, el proceso de descentralización se da marcado por los problemas que caracterizan al Estado en su conjunto.

En el último gobierno, los progresos a contra-corriente se han detenido y hoy tenemos signos de retroceso, pese al interés inicial del presidente Humala[1]. El concepto constitucional de un Estado unitario y descentralista, se contrapone a la continuidad del profundo centralismo dominante aún, expresado en dinámicas excluyentes, visibles casi de inmediato a nivel político, social y económico. El gobierno actual ha optado por políticas desconcentradas en sectores como el de cultura e inclusión social, que han tenido logros pero que enfrentan el desafío de articularse bien dentro de los espacios locales para que sus funciones sean más eficientes y se continúen de gobierno a gobierno.

A nivel político, no se observan plataformas que faciliten la coordinación permanente con actores claves como el Congreso de la República o el Concejo de Coordinación Intergubernamental. Esta situación dibuja un escenario fragmentado que refuerza la discrecionalidad de los gobernadores regionales o la imposición de políticas desde el centro, aumentando la conflictividad y el surgimiento de micro poderes.

Pese a las promesas iniciales[2], la Secretaría de Descentralización (SD) de la Presidencia del Consejo de Ministros no ha guiado el proceso. Por el contrario, ha centralizado la coordinación evitando la creación de contrapesos. Esta situación, iniciada tras la eliminación del Consejo Nacional de Descentralización (CND) en el 2007, resulta funcional al gobierno central, pues permite privilegiar la coordinación directa antes que el reconocimiento de espacios no institucionalizado tales como la Asamblea Nacional de Gobiernos Regionales (ANGR) o REMURPES que hoy encuentran su efectividad en el voluntarismo del Gobierno o en liderazgo político de turno[3]. La recurrencia a liderazgos regionales ha sido más bien un recurso político efectista, tal y como ha sucedido con la convocatoria descentralizada a Consejos de Ministros o la designación de César Villanueva, un exitoso presidente regional de San Martín a la Presidencia del Consejo de Ministros cuando su figura era aprovechable.

Los casos de corrupción de autoridades regionales[4] han reforzado la imagen que se tiene desde Lima de las instancias regionales como fuente de ineptitud y ahora agravamiento de la inmoralidad en el Estado. Los medios de comunicación de la capital propagan esta imagen simplificada que trata de dejar mejor, o menos mal, al Ejecutivo central y al Parlamento. De este modo no se han dado presiones eficaces, incluso de las propias autoridades regionales, y se ha facilitado desviar la atención de la indiferencia del Gobierno Central sobre la suerte del proceso de descentralización como conjunto. En lugar de mejorarse los controles de la Fiscalía y del Poder judicial dentro de las regiones, de revivir el Consejo Nacional de Descentralización como instancia de coordinación entre Gobierno Nacional y Gobiernos regionales, y de promover la reforma general del Estado en una perspectiva descentralista seria, se ha abandonado a los Gobiernos regionales a su suerte. Al contrario, como parte de la tendencia a desprestigiarlos, los parlamentarios, también los de las regiones por supuesto, han usado su descrédito para justificar medidas como la eliminación de la reelección a ese nivel subnacional, cuando sí es permitida en el Congreso.

La opinión pública en Lima ignora la valoración positiva de los cambios cualitativos que tienen de esta reforma las poblaciones de las regiones, tradicionalmente poco consideradas. Como también los casos de logros positivos en muchos lugares. Los actores e instituciones que buscan poner en agenda esta cuestión de fondo tienen muchas dificultades. Sin embargo, no debe negarse que la descentralización ha dinamizado la participación política, permitido la visibilización de actores e incrementado -con sus limitaciones- la presencia del Estado. No se trata pues de defender a los líderes políticos de turno o a tales indicadores. Se trata de decidir sobre una contradicción de fondo irresuelta en el Estado y que afecta a todos sus sectores.

En un diálogo reciente en la Universidad Católica, políticos y expertos de distintas posiciones coincidieron: debe decidirse en serio pronto. El proceso actual no se inició bien, pero ha avanzado y es difícil, y para muchos, negativo, pretender revertirlo. Las soluciones puntuales no lo son. No se puede gestionar descentralizadamente un Estado que no lo es. Para algunos hay que tomar un tiempo para reorganizarlo todo y relanzar el proceso. Para otros, avanzar descentralizando ya. El tema no debe seguir oculto. Gobierno y Congreso nuevos tendrán que asumir el reto. La participación de líderes regionales en las planchas presidenciales y congresales ha abierto un canal de acción nuevo a no desaprovechar[5].

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[1] Quiñones, Patricia. “Una mirada al proceso de descentralización tras el primer año de gobierno de Ollanta Humala”. En Revista Argumentos. Año 6. N° 3. Julio 2012. http://revistaargumentos.iep.org.pe/articulos/una-mirada-al-proceso-de-descentralizacion-tras-el-primer-ano-de-gobierno-de-ollanta-humala/
[2] En el Plan de Descentralización 2012-2016 se rescata el liderazgo de la SD y su articulación con el Consejo de Coordinación Intergubernamental (CCI) pensando como un espacio de coordinación y articulación de la política descentralista (21).
[3] La Asamblea Nacional de Gobiernos Regionales (ANGR) está integrada por los gobernadores regionales electos. Cobró importancia durante la presidencia de César Villanueva. Sin embargo, la elección de Acuña y su salida temprana debido a su candidatura, debilitó la institución.
[4] El debate ha retornado al Gobierno Central tras el descubrimiento de redes de corrupción que involucran a actores externos y a niveles de gobierno. Sin embargo, se han mostrado como casos aislados y no han llevado en ningún caso a un cuestionamiento del Sistema de Control o de las reformas que este precisa.
[5] Ver “Perspectivas sobre la Descentralización y su futuro”, Serie “Diálogos en la PUCP”, Lima, 2015


Rolando Ames Cobián

Licenciado en Derecho y Ciencias Políticas; Bachiller en Filosofía de la Universidad de San Marcos, además de Licenciado en Ciencias Políticas de la Universidad Católica Lovaina, Bélgica. Profesor principal de la Pontificia Universidad Católica del Perú – PUCP.

María Claudia Augusto

Estudiante de pregrado en Ciencia Política y Gobierno-PUCP. Asistente de Investigación de la Plataforma para la Reflexión Política.




“Misericordear” en Ayacucho

El Papa Francisco convoca a vivir el Año Santo de la Misericordia. En Ayacucho, la Catedral y el templo de Santa Clara son “puertas de la misericordia”; todos los días muchas personas pasan por ellas para confesarse, pedir perdón a Dios e iniciar una vida nueva. Han escuchado que este Año Santo es una oportunidad para un nuevo comienzo en sus vidas.

En breve sondeo descubrí que, en el sentido común de la gente, “misericordia” tiene que ver con “miseria” y con dar limosna a las personas -que aún hoy, en pleno siglo XXI-, mendigan por las calles de Huamanga. Otros relacionan la misericordia como un tema de Iglesia, un llamado para los creyentes: “la misericordia es de Dios”, “Dios tiene misericordia con nosotros, sino ¿qué sería de nosotros?, estaríamos perdidos”. “Dios es misericordioso y nos perdona nuestros pecados”. En cierto sentido, el resto de la sociedad queda exonerado.

La misericordia también se ve como sentimentalismo, debilidad, “no saber defenderse”; o como algo femenino, “las mujeres se dejan llevar por sus sentimientos, sienten por los que sufren”; como si los hombres no tuvieran sentimientos, como si todos no tuviéramos que “misericordear”.

En un grupo de reflexión, la misericordia se relacionó con el servicio, el amor incondicional, la compasión y, especialmente, con “dejar las puertas abiertas para recuperar relaciones”.

Kasper dirá: “La palabra latina misericordia, según su significado originario, quiere decir: tener el corazón (cors) con los pobres (misen), sentir afecto por los pobres”[1].

“El término «compasión» no puede ser entendido solo como conducta caritativa, sino que es necesario escuchar cómo resuena en ella la palabra «pasión» y percibir la reacción apasionada ante las clamorosas injusticias existentes en nuestro mundo, así como el grito en demanda de justicia”[2].

Tener el corazón con los pobres, ira contra la injusticia, pasión por la justicia. El Papa Francisco nos llama a “misericordear” con una perspectiva social. Sentir con los pobres, buscar la justicia y, superar la justicia con el amor.

En el Perú somos una sociedad de post conflicto que nos llama a estar atentos, solidarios y misericordiosos.

¿Cómo vivir la misericordia en Ayacucho, región que vivió el epicentro de 20 años de conflicto armado interno con más del 40% de víctimas fatales, más de 15 mil desplazados, más de 2 mil lugares de entierro clandestino? Esta es una tarea pendiente.

¿Cómo practicar la misericordia y enseñarles a los jóvenes a ser misericordiosos teniendo en cuenta las heridas abiertas de esos años?

El otro día fui con jóvenes del voluntariado Magis a visitar a los desplazados durante el conflicto armado interno; los que sufrieron más, hoy sufren los achaques de la vejez y están abandonados.

Dos ancianas en una casita de adobe. Por las calaminas rotas del techo pasa la lluvia.  Se mantienen de juntar botellas y latas para venderlas a recicladores, pero les pagan una miseria, ¡no les alcanza para nada! Están enfermas. ¿Cómo ayudarles a tener un biohuerto en casa si no tienen agua potable? ¿Cómo misericordear nuestro corazón y el de los jóvenes?

No todo es negativo. Otra pareja de ancianos: él no puede salir a trabajar porque la esposa está enferma y tiene que atenderla en todo. Pasaron por ahí jóvenes estudiantes para realizar una investigación y “misericordearon”. Forraron de plástico la casita de adobe para que no entre la lluvia, armaron estantes con tablones de madera y los llenaron de gaseosas para que tengan algo que vender. Algunos vecinos les alcanzan un plato de comida.

Las 23 Asociaciones de desplazados de Huamanga cuentan con más 116 personas de la tercera edad. En un solo barrio hay 156 ancianos empadronados, necesitados de una mano para atender su alimentación, salud, derecho al cariño y a la recreación.  Sería una primera forma de misericordear el acercarse a ellos, organizar acciones de solidaridad y búsqueda de leyes para que tengan VIDA.

Son 15 mil los desplazados en Ayacucho. Misericordear es ayudarles a organizarse para que tengan acceso a justas reparaciones por parte del estado y a los programas sociales que les den mayor calidad de vida; ayudarles a pasar de víctimas a ciudadanos plenos con deberes y derechos.

Misericordear es apoyar la aprobación de la Ley de búsqueda de personas desaparecidas. Tener más de 15 mil desaparecidos a nivel nacional debe tocar nuestros corazones. Las familias siguen buscando a sus seres queridos.

Nos acercamos a las víctimas con amor y a los victimarios con horror. Quisiéramos convertir al victimario en un ser monstruoso que no merece vivir. Son muchos los sentimientos de odio, rabia, rencor, deseos de venganza. La misericordia es dolorosa, “misericordia es poner el corazón en la miseria”[3], nuestro corazón sufre al conocer la crueldad y deshumanización de los victimarios. Y más aún al conocer que muchas víctimas se convirtieron en victimarios y victimarios en víctimas.

Desde la misericordia comprendemos que el victimario también es víctima. “El misericordioso pone -el corazón- ahí donde esa miseria se ha materializado en extremos inenarrables. Así, los señalados por violadores a los derechos humanos encontrarán misericordia cuando de manera avergonzada y arrepentida pongan su corazón en esa realidad execrable que ellos mismos han producido”[4].

Dios practica la justicia restaurativa, quiere que el victimario se restaure. Es la ira de Dios y su santidad. Amar al pecador, odiar sus pecados. La ira de Dios es superada por el amor de Dios. Sentir ira ante la injusticia, condenar la injusticia y salvar al injusto. Salvar al pecador. ¡Qué gran reto!

Una joven contaba que no podía “ver” a un militar en la calle pues a sus abuelitos los mataron los militares en Cayara. Una tía sobrevivió pero quedó muda. Sus abuelitos y su tía no tenían que ver nada con la violencia. Gracias a los talleres y reflexiones esta joven ha podido superar el odio que sentía y tiene voluntad de caminar al perdón-reconciliación para construir una cultura de paz en Ayacucho.

Nos preguntamos ¿cuántas personas caminan en las calles con odio en su corazón a los senderistas, a los militares, a los que frustraron el desarrollo de sus vidas y la de sus familiares? En las comunidades y en las poblaciones conviven víctimas y victimarios. La guerra rompió lazos sociales, generó enormes desconfianzas que aún persisten. ¿Cómo vivir juntos?

El odio, el rencor, los deseos de venganza que anidan en el corazón humano y que anidan en muchos corazones ayacuchanos que vivieron el dolor, el abuso y la pérdida de sus seres queridos, necesitan un proceso para perdonar, sanar heridas y no vivir con rabia. Si este proceso no se da, la violencia aparece con fuerza disfrazada de otros rostros.

Entre las varias iniciativas para misericordear, el Centro Loyola Ayacucho está promoviendo espacios de diálogo entre víctimas y victimarios. La base son las ESPERE (Escuelas de Perdón y Reconciliación). En un segundo momento presentarán su versión de los hechos. Se abre el camino para perdonar y ser perdonados, para iniciar una vida nueva, experimentando “las cumbres oxigenadas del perdón”[5]. Este proceso que parece fácil teóricamente, no lo es en la práctica.

En la primera reunión con los licenciados del ejército, manifestaron que sienten que los miran con odio, que los rechazan. Afirman que defendieron el país pero que además hicieron mucho daño, le llaman “excesos”, pero saben que abusaron de la sencillez de las personas. Hoy quieren ser perdonados.

¿Cómo misericordear sintiendo ira por la injusticia y a la vez sintiendo compasión por las víctimas y los victimarios? Queremos caminar en ese amor liberador de Dios que “siente compasión por este pueblo” y sana nuestro corazón de piedra para convertirlo en un corazón de carne. Nos enseña a que el amor se imponga sobre la indignación. Nos enseña a vivir en el amor que convierte, sana heridas, promueve nuevos comienzos. Nos ayuda a “pasar de víctimas y/o victimarios a ser victoriosos”[6].

En este Año de la Misericordia profundizaremos como misericordear en Ayacucho, llevando a la práctica nuestras reflexiones.

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[1] KASPER, Walter. La misericordia. Clave del Evangelio y de la vida cristiana. Pág. 29
[2] Íd. pág. 26
[3] CARDENAL, Rodolfo. La misericordia. Artículo en: www.uca.edu.sv/noticias/opinion-4011.
[4] Idem.
[5] Leonel Narvaez, fundador de las ESPERE -Escuela de perdón y reconciliación.
[6] Ídem.


Carmen de los Ríos Baertl

Directora del Centro Loyola Ayacucho (asociación civil de la Compañía de Jesús). Integrante del Movimiento Ciudadano por los DDHH de Ayacucho “Para Que No Se Repita”.




Las catorce mil Obras de Misericordia

En un retiro de mi tiempo de seminarista, el Padre espiritual nos dijo: “las Obras de Misericordia no son catorce, son catorce mil”. Y, conforme han ido pasando los años, he comprobado que tenía razón mi buen Padre espiritual, especialmente durante mis trabajos en ambientes populares de El Agustino, Ilo, Ayacucho, Jaén… en los que se hizo el milagro de la multiplicación de las clásicas obras de misericordia. Y el Papa Francisco lo ha confirmado en su Bula sobre la Misericordia: “Es mi vivo deseo que el pueblo cristiano reflexione sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Será un modo de despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar en el corazón del Evangelio… Redescubramos las obras de misericordia corporales”[1]. Veamos algunas:

Visitar y cuidar a los enfermos: Y recuerdo la “Pastoral de Salud” del Vicariato de Jaén, que preparaba unos 200 promotores de salud para que orientaran a los campesinos, en sus caseríos, sobre los síntomas de sus enfermedades. Además, capacitaban a unas 80 parteras que atendían a las mamás campesinas.

Dar de comer al hambriento: por los años 80 se hizo la remodelación de la parte “llana” de El Agustino. Esto suponía que se destruiría la mayoría de las casas de adobe para urbanizarlo, haciendo lotes mayores, calles, plazas… y que los pobladores tenían que volver a edificar sus viviendas, con los inevitables ataques a sus exiguos presupuestos. Una comunidad cristiana decidió hacer un “comedor popular” que reforzara un poco los sencillos menús familiares. Pronto surgieron otros comedores que ofrecían almuerzos económicos, especialmente para los niños.

Dar de beber al sediento: En Lima hay un cinturón de pobreza con un millón de habitantes, donde no hay servicios de agua y desagüe. Lo suplen los típicos “aguateros” con sus camiones cisterna. Esta es el agua más cara de todo Lima. Por eso, los pobladores de los “Asentamientos Humanos” se pusieron de acuerdo y -tras numerosas asambleas- decidieron traer el agua a la zona: papeleos, coimas, gestiones aquí y allá y, después de un par de años, la autorización. Todas las manos a la obra para abrir las zanjas que adelanten las obras, nuevos papeleos… y al final, fiesta popular: música, cadenetas, cerveza, público y algunas autoridades que se hacen presentes para “dar realce a la ceremonia”. Lograron dar de beber a todo un barrio sediento.

Dar posada al peregrino: En Ilo, a nuestra vecina, la señora Eufrasia, le han detectado cáncer de mama. Es decir, tiene que ir a Lima para el tratamiento que durará tres o cuatro meses. “¿Lima?, muy lejos. ¿Dónde me voy a hospedar todo ese tiempo?” El esposo, después de dar muchas vueltas al asunto, recuerda: “En el barrio de Huáscar tengo un primo… casi ni me acuerdo de su nombre… ¿podrá alojar a mi esposa?, ¿tendrá sitio?, ¿le podré pagar alguito por los gastos?” Después de vueltas y revueltas, llegó la respuesta del primo: “Que venga la Eufrasia. Ya le haremos un rinconcito en la casa. También a mi Lucha le encontraron el cáncer, aunque el Señor de los Milagros la sanó”. Sin saberlo, el pariente lejano había cumplido una obra moderna de misericordia.

Redimir al cautivo: en la parroquia de Jaén se comenzó la pastoral carcelaria. Muchas cosas había que hacer, sobre todo por los que no tenían familias en la ciudad: conseguir ropa para el invierno, algo de comida para completar la “paila” de cada día, medicinas… buscar a los posibles familiares ente los paisanos… Un abogado joven se comprometió a atender gratuitamente los casos que se presentaran. Había que acompañar los largos trámites para conseguir que a los “internos”, que ya llevaban demasiados años sin juicio, se les haga juicios legales. Una maestra jubilada daba clases para que pudieran acabar la primaria… No todo lo necesario, pero algo se hizo. Sobre todo, cumplir la moderna obra de misericordia: redimir al cautivo.

Enseñar al que no sabe: el movimiento Fe y Alegría tiene como objetivo proporcionar una educación gratuita de calidad, con el aporte económico del Estado. Su especialidad es trabajar en los ambientes populares –“donde acaba el asfalto”- tanto en las ciudades, como en el campo, y una enseñanza que afirma los valores religiosos y cívicos. Los jesuitas son los directores del movimiento, con la colaboración de numerosos laicos y religiosas-religiosos. Su presencia se halla en América Latina y África (el Chad). En el Perú atienden unos 80 mil alumnos, en 80 colegios, distribuidos por 20 regiones. Ha recibido del Ministerio de Educación diversos premios por su alto nivel educativo. Lleva más de 50 años cumpliendo la obra de misericordia.

Consolar al triste, dar consejo al que lo necesita, vestir al desnudo… no son catorce las obras de misericordia, son catorce mil.

Volvemos a las palabras del Papa Francisco: “redescubramos las obras de misericordia… no podemos escapar a las palabras del Señor y en base de ellas seremos juzgados… en cada uno de estos “más pequeños” está presente el mismo Cristo. Su cuerpo se hace de nuevo visible como cuerpo martirizado, llagado, desnutrido… para que nosotros lo reconozcamos, lo toquemos y lo asistamos con cuidado. No olvidemos las palabras de San Juan de la Cruz: “en el ocaso de nuestras vidas, seremos juzgados por el amor”[2].

[1] Bula sobre el Año de la Misericordia, 15
[2] Ídem.


Jesús Valverde Pacheco, SJ

Sacerdote y confesor en la Parroquia San Pedro de Lima




El Arte que transforma

La violencia, los asaltos y la inseguridad son amenazas que se han apoderado de la ciudad y que están a la vuelta de la esquina. Males que hasta el día de hoy no pueden ser controlados por las autoridades y las fuerzas del orden.

Mientras se escucha irresponsablemente como propuesta el sacar a los militares a patrullar las calles, en Villa El Salvador el centro cultural Vichama Teatro apuesta por la transformación social desde el arte para la vida. Vichama surge en los arenales de Villa El Salvador y su labor se remonta a un 20 de Junio de 1983.

El fundador y director es César Escuza Norero, galardonado en el 2012 con el Reconocimiento de Personalidad Meritoria de la Cultura Peruana, quien congregó las diversas manifestaciones culturales que confluyeron en el naciente distrito de Villa El Salvador. El teatro fue el arte que agrupó las expresiones culturales de los migrantes y que se encarnaron en piezas comunitarias de carácter sociopolítico.

El centro cultural posee un repertorio de treinta obras. “El Hoyo”, entre las más recientes, cuenta la historia de una familia quebrada por un hijo que está sumergido en el mundo de las drogas. La pieza aborda la importancia de reflexionar sobre las drogas y su relación con la juventud.

Vichama ofrece y promueve la campaña del buen trato, círculos de reflexión sobre el ambiente, el agua y creaciones colectivas donde aflora el trabajo comunitario. Niños, niñas, jóvenes y adultos se concentran para elaborar una propuesta teatral, talleres artísticos e intervenciones en los barrios. Durante los preparativos para un pasacalle por la concientización del tema ambiental en Villa El Salvador, es vigoroso observar la relación simétrica que se establece entre personas de todas las edades y su movilización por un objetivo común.

Para consolidar los lazos con la gente de Villa El Salvador,  Vichama Teatro ha incursionado en las instituciones educativas públicas y privadas, organizaciones barriales y culturales de su localidad. El centro cultural elabora y plantea proyectos a las organizaciones e instituciones donde la ciudadanía es la protagonista.

Para los centros educativos, Vichama convoca a educadores para ser capacitados en arte y pedagogía con el objetivo que apliquen lo aprendido en sus aulas. A la comunidad de estudiantes se extiende una invitación para que en horas de clase, junto a sus profesores, visiten la sala de teatro y sean espectadores de las piezas que están en el repertorio. El aporte de Vichama es que el mensaje de las obras de teatro pueda ser discutido en clase entre alumnos y profesores.

El encuentro “ImaginArte en Escena” es el evento que aglomera a docentes, estudiantes y organizaciones socioculturales. Los mencionados protagonistas plasman en sus obras las problemáticas que los aquejan: violencia, contaminación ambiental, bullying, etc.

El teatro Vichama moviliza la energía de jóvenes por un camino creativo y por prácticas culturales que promuevan la participación de la comunidad. Jóvenes que en lugar de estar desempleados, en el mundo de las drogas y la delincuencia, ahora son nuevos líderes y lideresas que mueven a más jóvenes a transformar la sociedad a través del arte.

Todo esto es Cultura Viva Comunitaria. Un espacio donde, según el director de Vichama, “Los jóvenes puedan encontrarse, donde construimos capacidad creativa, donde construimos la posibilidad de resolver a través del teatro una serie de necesidades. Eso es lo que estamos viniendo a llamar Cultura Viva Comunitaria”. En otras palabras, Cultura Viva Comunitaria “Es toda manifestación que existe en las comunidades”, añade César Escuza.

El arte y la cultura liberan, empoderan, transforman y educan a la sociedad. El Ministro de Cultura de Costa Rica, Manuel Obregón, mencionó que donde no se potencien espectáculos culturales, la violencia se vuelve el único espectáculo. Por ello, es urgente proponer programas culturales como políticas públicas a nivel local y nacional ante el crecimiento exacerbado de la criminalidad en el país.


Kevin Huamaní Ochoa

Actor. Forma parte del elenco de Vichama Teatro.