Escuchar las voces de nuestros pueblos ancestrales

Observar, discernir y actuar son los principios de la pedagogía ignaciana que dirigen las acciones emprendidas por la fundación Fe y Alegría de Brasil al caminar junto a los más pobres, excluidos y desplazados. El estado de Roraima, al norte de Brasil, es el epicentro de una grave crisis migratoria. Diferentes y complejas realidades se encuentran en un mismo territorio donde miles de venezolanos buscan refugio para reconstruir sus vidas. Entre ellos están niños, adolescentes y ancianos, quienes constituyen incontables experiencias de vida con una cosa en común: todos forzados a emigrar. La grave crisis económica, política y moral en nuestro país natal, Venezuela, nos obligó, tanto a criollos como indígenas, a encarar la aventura de migrar hacia un país diferente, una nueva cultura, una lengua desconocida, y un futuro incierto. Yo soy uno de estos desplazados otrora vulnerable y hoy fortalecido por el amor que Dios me dispensó, y actualmente trabajo en esta obra de la Compañía de Jesús.

Dentro de este grupo inmenso de personas desplazadas forzadamente, están presentes familias de cuatro etnias indígenas venezolanas: los Warao, que constituyen el mayor número de indígenas no brasileros dentro del territorio y que comenzaron a llegar en el año 2016; seguidos posteriormente por los Eñepa, Kariña y en menor número los Pemones (cuya realidad es un poco diferente por ser una etnia transfronteriza). Desde entonces, estos pueblos originarios de la amazonia viven fuera de su medio natural (los caños). En la mayoría de los casos, los waraos y eñepas están abrigados institucionalmente por cuenta de organizaciones internacionales que, haciendo su mejor esfuerzo, intentan garantizar sus derechos humanos básicos, la alimentación, un lugar para dormir y las condiciones mínimas de salubridad. Sin embargo, esta situación de “acogimiento de emergencia” se ha prolongado por años, lo que podría marcar significativamente la forma de vida y cultura de estos grupos. Hoy su destino es incierto, nadie sabe cuál es la solución.

Desde el año 2019, Fe y Alegría, junto a universidades, organizaciones de la sociedad civil, y pastorales sociales de la Iglesia católica de Boa Vista, acompaña procesos de investigación y formación que fortalecen los liderazgos y la organización comunitaria de estos grupos; amplificando de esta forma su voz tradicionalmente marginada, primero desde su país de origen y ahora en suelo extranjero. Hoy viven confinados a la realidad que el acogimiento institucional les brinda, lo que debería ser una solución temporal. Sin embargo, las posibilidades de retorno a su país de origen son casi nulas, visto que las condiciones que los motivaron a salir no han mejorado, y la interiorización (traslado de migrantes para otros estados de Brasil con condiciones más favorables) no está disponible para los pueblos indígenas.

¿Será verdaderamente que esta situación no tiene solución? ¿Seremos simples observadores mientras la cultura ancestral de estos pueblos se pierde? ¿Se les ha preguntado a ellos sobre esta posible solución? Ellos tienen algo que decir. Tienen una opinión, saben lo que quieren y necesitan, pero ¿estaremos dispuestos a escucharlos? Es claro que la solución requiere de un cambio de paradigma por parte de todos nosotros.

El proyecto pan amazónico de la Federación Internacional de Fe y Alegría desarrolla y amplía la visión de la ecología integral acompañando en Boa Vista a estos pueblos originarios desplazados en la búsqueda de autonomía. Es imposible pensar en ecología integral y justicia socio ambiental sin sensibilizarnos con estas culturas ancestrales en riesgo de desaparecer, por acción de la transculturización y la influencia del modelo de economía de mercado que rige la forma de actuar del siglo XXI. El papa Francisco lo expresa claramente en la encíclica Laudato si’: “la visión consumista del ser humano, incentivada por los mecanismos de la economía globalizada actual, tiende a homogenizar las culturas y debilitar la inmensa variedad cultural que es un tesoro de la humanidad”. La cultura de los pueblos Warao, Eñepa, Kariña y Pemón, aún lejos de sus territorios, es un tesoro invaluable y es nuestra responsabilidad no solo preservarlos para la posteridad garantizando las condiciones para la transmisión de conocimiento según su propria cosmovisión, sino también de esta forma cumplir con el principio de trascendencia generacional propuestos también en la encíclica.

Por siglos pueblos originarios como estos fueron los guardianes de la selva amazónica, extensos territorios en los cuales su estilo de vida encontró el justo equilibrio en su vínculo con el medio ambiente, cosa que para nosotros es un objetivo prácticamente imposible de alcanzar desde la cosmovisión individualista. Consideramos que las soluciones tecnológicas serán la clave para salir de la grave crisis ecológica en la que estamos, pero con esta estrategia podremos alcanzar apenas resultados modestamente aceptables. Tenemos mucho que aprender de nuestros pueblos originarios. Después de muchos años acompañando estos grupos puedo comprender el vínculo directo que ellos tienen con la tierra, el agua y su propio entorno. Solo se cuida lo que se ama, solo amamos con lo que estamos vinculados, y solo nos vinculamos con lo que conocemos, con lo que tenemos contacto diariamente. No cuidamos el medio ambiente porque no lo amamos, no lo amamos porque no tenemos un vínculo con él, y no tenemos vínculo con él porque nuestro contacto cotidiano es con el cemento, el asfalto, el vidrio. Es nuestro modelo posmoderno de vivir.

Para poder salvar la naturaleza y vivir en armonía con ella, es necesario respetar a nuestros pueblos originarios y aprender de ellos.

A lo largo de estos años de camino con los waraos, eñepas, kariñas y pemones, son muchos los aprendizajes que hemos podido sintetizar. Hemos comprendido que su amor por la naturaleza tiene que ver con la forma en que ellos se comprenden a sí mismos como parte de ella y no apenas como meros administradores de recursos naturales. También comprendimos que emprender acciones de ecología integral incluye la justicia socioambiental; es decir, procesos que transformen el modo de vivir de los pueblos, cambiando el individualismo por un modelo de responsabilidad colectiva más justo. Implica vivir de una forma más simple y austera, donde la valorización de los vínculos familiares y comunitarios llenan la vida del ser humano y lo aproximan a su entorno por medio de la contemplación. A generar el vínculo, a amar, por ende, a cuidar. Son innumerables los conocimientos que estos pueblos originarios nos ofrecen; sin embargo ¿queremos escucharlos? La gran propuesta es transformar nuestro modo de vida por modelos que garantizaron la existencia de estos pueblos por cientos y en algunos casos miles de años. Nuestra forma de vida individualista ha deteriorado nuestro planeta en los últimos de 100 años más de lo que en todos los siglos de existencia de la humanidad.  Es momento de reconocer que estos pueblos originarios tienen la clave para que podamos superar esta crisis climática mundial, pero no es tan simple. La ecología integral requiere una conversión integral del ser humano, y estos pueblos pueden ser un modelo de referencia para nuestra transición.

Las tensiones de los waraos, eñepas, kariñas y pemones no son diferente a las tensiones que viven todos nuestros pueblos originarios en nuestra querida América Latina. Son apenas diferentes caras de un mismo problema: la defensa de nuestras sociedades de un modelo de mercado basado en el hedonismo. Gracias a Dios, no todo está perdido. Comprendemos hoy que nuestra responsabilidad es cuidar de estos pueblos y de su cultura, esta actitud nos aproxima más a la solución. La encíclica Laudato si’ constituyó un gran avance: es un llamado para todos los cristianos a la conversión necesaria para aproximarnos a ese modelo de vida más simple, colaborativo, respetuoso de la naturaleza que se contenta en actos simples de servicio. Estamos a tiempo, salvar a la naturaleza pasa obligatoriamente por respetar a nuestros pueblos originarios y aprender de ellos.

Verano 2021/2022


José Alberto Romero Blanco

Fe y Alegría Brasil




CCAIJO: 50 años sirviendo a la provincia de Quispicanchi y su compromiso con la comunidad

Este 2021 el Centro de Capacitación Agro Industrial Jesús Obrero – CCAIJO cumple 50 años. El primer Centro Social del Sector de Justicia Social y Ecología de la Compañía de Jesús  en el Perú. Durante todo este tiempo, esta obra ha caminado junto a los y las campesinas, brindándoles formación y acompañamiento para construir conjuntamente procesos de desarrollo en sus vidas, familias y en la provincia de Quispicanchi de la región de Cusco.

Arístides Díaz, actual coordinador del Centro de Educación Técnico Productiva (CETPRO) de CCAIJO, nos comparte sus reflexiones sobre los aprendizajes significativos en estas cinco décadas de servicio.

¿Cómo surge CCAIJO?

En un contexto post Reforma Agraria. Los campesinos habían accedido a las tierras y animales, pero no tenían la formación para trabajarlos adecuadamente. Toda la tecnología y el mercado se habían ido con los empleados y funcionarios de la hacienda. Por otro lado, la iglesia en América Latina vivía la irrupción del pobre plasmada en la inspiración de la Teología de La Liberación, propuesta por el sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez. También era la época de la propuesta educativa de Pablo Freire que promovió una educación popular muy adecuada para adultos pobres analfabetos en la medida que implicaba su autoría en la sociedad. Y, a nivel de la Compañía de Jesús Universal, se impulsó la creación de Centros Sociales, donde el Apostolado Social pasó del asistencialismo a la promoción y desarrollo de las personas.

Así se funda el CCAIJO en el año 1971, teniendo como norte la formación de jóvenes para que puedan forjarse un futuro en diferentes opciones ocupacionales como: mecánica, electricidad, carpintería, entre otros.

¿Cuáles han sido las etapas de trabajo que ha realizado CCAIJO con los campesinos en Quispicanchi?

En un principio, los jóvenes participantes venían a los centros de formación, ubicados en las capitales de los distritos, como por ejemplo en Andahuaylillas. Allí contaban con talleres implementados y profesores. Los alumnos recibían formación durante varios días, hospedándose en las instalaciones  proporcionadas por el CCAIJO. Es importante señalar que todas las capacitaciones incluían un proceso de alfabetización al estilo de Paulo Freire.

Después, vimos más conveniente que el equipo y personal técnico vaya a las comunidades a realizar los talleres, con la finalidad de que estos sean más adecuados a la realidad; es decir, más prácticos y vivenciales, desarrollándose dentro de sus mismos espacios de producción. Asimismo, se opta por esta estrategia para poder darle más posibilidades de participar a las mujeres. Nos dimos cuenta que ellas presentaban muchas dificultades para venir a los centros de capacitación, sea ya por la carga familiar o las responsabilidades en casa. Luego de este cambio, por el año 2000, la participación de las mujeres había incrementado notoriamente. Actualmente, las mujeres representan el  70% de  las propuestas de CCAIJO.

Otro rasgo fundamental a señalar es que al principio las personas recibían capacitación de CCAIJO, luego han sido co-elaboradores de propuestas conjuntas, hoy muchos son emprendedores.

¿Cómo diría que el trabajo que viene haciendo CCAIJO estos 50 años se alinea con la misión de la Compañía de Jesús?

La Compañía de Jesús surge como una propuesta en la Iglesia que busca trasmitir al Jesús que nos ofrecen en los evangelios y, por tanto, articula fe, justicia y educación. Desde CCAIJO contribuimos con la justicia que la misma fe exige, pues creemos que la justicia está basada en la equidad, en el respeto, en la igualdad de condiciones y en valores cristianos. Por ello buscamos darle a la gente la posibilidad formarse. El trabajo con el CETPRO de CCAIJO nos permite eso: formar y calificar a nuestros alumnos y alumnas sin mayores estudios. Les damos la posibilidad de que sean parte del sistema educativo reconocidos por el Ministerio de Educación. Asimismo, al concluir la formación, que es netamente práctica y vivencial, pueden acceder a una certificación. Ahora están accediendo a un título de profesionales técnicos. Ya hemos empezado esta experiencia los últimos años.

Por otro lado, también se desarrollan cuadros políticos en el sentido de búsqueda del bien común. Especialmente las mujeres. Hoy, mujeres y hombres, gracias a muchos actores y al CCAIJO reflexionan sobre el empoderamiento político de las mujeres en la provincia de Quispicanchi. Estos son proyectos más sociales que preparan a los y las campesinas para visionar el futuro y desarrollo de sus localidades.

¿Desde cuándo podría decir que CCAIJO asume un compromiso ecológico?

Yo siento que estaba desde un principio. Tal vez no tan evidente, pero estos últimos años empieza a hacerse más notorio. Hace unos años atrás empezamos un trabajo de reforestación de pino. En los últimos 15 años logramos reforestar más de 15 mil hectáreas, un logro que no tiene ninguna otra provincia del Cusco.  Otro aporte es la propuesta de siembra y cosecha de agua a nivel regional. De hecho, ya forma parte de una política, incluso del país. Nuestra experiencia ha contribuido y está recogido en un libro que ha publicado el MIDAGRI. Desde CCAIJO hemos logrado proporcionar en la provincia más de un millón metros cúbicos de agua que sirven para la producción agrícola y pecuaria. En este sentido promovemos el desarrollo de emprendimientos con cuyes y lácteos. Ahora hemos entrado a la producción agroecológica. Apostamos por una transición hacia la agroecología. Incluso hemos optado por la certificación de productos orgánicos como quesos, papa nativa y hortalizas.

¿Cuál diría que serían los mayores aprendizajes que se han construido en estos 50 años de servicio?

Primero, que es posible hacer cambios con las familias campesinas que no han tenido mucho acceso a formación, con las dificultades que presenta, es posible plantearse cambios. Esto depende de que en CCAIJO nosotros nos consideramos como incubadoras de proyectos: nos planteamos una idea, formulamos su prototipo, lo validamos, lo llevamos a la práctica para finalmente transferirlo al gobierno local o regional para desarrollarlos a mayor escala en  el territorio.

Segundo, que las mujeres necesitan más opciones y oportunidades. Estas experiencias de la capacitación en sus propios territorios fueron muy útiles para su participación. Al final, son ellas las que se comprometen mucho más que los varones y con quienes hemos podido logar grandes cambios.

¿Cuáles podrían haber sido los desafíos o dificultades más grandes que han tenido que atravesar?

Lo que más me ha marcado es como sobrellevar esta relación entre campo y ciudad.  Porque se mantienen algunas taras de la época de hacienda, donde la gente mestiza es la gente que participa mucho más y es la llamada a los cambios, y la gente muy campesina no. Entonces, este dialogo entre estos dos sectores siempre ha sido muy complicado. Nos ha llevado a algunos enfrentamientos sobre cómo hacer entender que también es posible trabajar y lograr cambios con las comunidades y las familias rurales.

¿Cuál podría decir que son los más grandes o principales aportes que CCAIJO ha podido dar a Quispicanchi en los 50 años?

Definitivamente la formación de los jóvenes y personas mayores con estudios que han podido certificar a través de su CETPRO. Ahora último estamos con la titulación de los jóvenes y se sienten muy orgullosos. Hay algunos que están trabajando en los municipios con ese título. Otros  han emprendido negocios familiares como producción de quesos y cuyes. De hecho en la zona hay una producción diaria de más de una toneladas de quesos que requieren para su elaboración unos 8 litros de leche por kilo de queso.

CCAIJO ha logrado proporcionar a la provincia de Quispicanchi más de un millón de metros cúbicos de agua, que sirven para la producción agrícola y pecuaria.

¿Cuál siente que son los aportes dejando CCAIJO para las nuevas generaciones de jóvenes en Quispicanchi?

Yo creo que enseñar que es posible vivir de la tierra. Hay gente que ya no creía que el sector agrario y agrícola sea rentable. Hay riesgos, sí; pero si sabes ubicar bien una propuesta es posible vivir de la ganadería. Yo creo que eso es un gran aprendizaje para las futuras generaciones: que, capacitados y preparados, ellos pueden emprender y contribuir. Por otro lado apostamos por el cuidado de la casa común de la cual todos somos responsables.

¿Qué planes o proyectos a futuro tiene planteado CCAIJO en la región?

Hay que seguir apostando por la formación de los jóvenes. Me gustaría que CCAIJO tenga más propuestas formativas para la gente mayor y joven, no solamente para el sector agrario. Por ejemplo en el campo del turismo. Hace varios años que desde CCAIJO venimos promoviendo la Ruta Turística del Ausangate. Una ruta que permite el desarrollo sostenible y sustentable de los y las comuneras, una forma de establecer un diálogo entre el visitante y los pobladores promoviendo un enriquecimiento intercultural. Para ello capacitamos y apoyamos a la producción de productos locales alimenticios (cuyes, lácteos, tubérculos nativos, truchas…) que puedan ser vendidos en restaurantes acondicionados para los turistas y pobladores locales. Esto genera una cadena productiva enorme en la zona. Hay que seguir apostando por la agroindustria y transformando los productos. Y hacer el tránsito a la agroecología lo más rápido posible, cuidando siempre el medioambiente, la naturaleza, la salud y la producción, para ellos mismos y para los consumidores.

Verano 2021/2022


Arístides Díaz

Centro de Capacitación Agro Industrial Jesús Obrero – CCAIJO




La Iglesia y la política: la enseñanza del Papa Francisco

En el último proceso electoral peruano ha reaparecido el problema de las relaciones entre la Iglesia y la política, excesivamente centrado en la cuestión de si la Iglesia puede decir a sus miembros que deben votar a favor o en contra de un determinado candidato. Me parece que, siendo un asunto tan amplio, serviría de poco presentar aquí una síntesis apretada sobre la doctrina social de la Iglesia con respecto al tema. Más bien prefiero ofrecer una lectura de la enseñanza del papa Francisco sobre algunos aspectos de la política, aunque limitándome a sus encíclicas y exhortaciones publicadas del 2013 al 2020.

  1. Más allá del ámbito privado

El papa Francisco parte del principio de que “ya no se puede decir que la religión debe recluirse en el ámbito privado y que está sólo para preparar las almas para el cielo” (Evangelii gaudium 182). La Iglesia tiene el derecho a emitir opiniones sobre todo aquello que afecte a la vida de las personas, porque la evangelización exige la promoción integral del ser humano. La conversión se orienta también al orden social y al bien común.

Por consiguiente, nadie puede exigirnos que releguemos la religión a la intimidad secreta de las personas, sin influencia alguna en la vida social y nacional, sin preocuparnos por la salud de las instituciones de la sociedad civil, sin opinar sobre los acontecimientos que afectan a los ciudadanos (Evangelii gaudium 183).

Citando la encíclica Deus caritas est del papa Benedicto XVI, dice Francisco que, si bien el orden justo de la sociedad es una tarea principal de la política, la Iglesia no puede quedarse al margen en la lucha por la justicia (cf. Evangelii gaudium 183).

  1. La política es una vocación

En su exhortación programática Evangelii gaudium, el papa Francisco defiende que la política es una altísima vocación, una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común (cf. 205). En su reciente encíclica social Fratelli tutti, enfatiza que nos hace falta la mejor política puesta al servicio del verdadero bien común (cf. 154); por lo tanto, convoca a rehabilitar la política como una altísima vocación (cf. 180).

El Papa reconoce que en nuestro tiempo la política es una mala palabra para muchos. La razón está muchas veces en los errores, la corrupción y la ineficiencia de algunos políticos. Se añade el hecho de que otras personas y otros grupos desarrollan estrategias que buscan debilitarla, con el propósito de reemplazarla por la economía o dominarla desde su ideología. Cabe preguntarse si puede funcionar el mundo o el país sin política: “¿Puede haber un camino eficaz hacia la fraternidad universal y la paz social sin una buena política?” (Fratelli tutti 176). Se trata de una pregunta que nos cuestiona a todos.

Francisco recuerda que el ejercicio de la ciudadanía y la participación en la política son una obligación moral (cf. Evangelii gaudium 220). Desde su hermenéutica social de la parábola del buen samaritano (cf. Lc 10, 25-37), considera que el texto bíblico es una invitación a todos, orientada a que resurja nuestra vocación de ciudadanos del propio país y del mundo entero, como constructores de un nuevo vínculo social (cf. Fratelli tutti 66).

  1. La política que se necesita

El quinto capítulo de la Fratelli tutti lleva por título “La mejor política”. En los números 177, 178 y 179 se presentan tres características de “la política que se necesita”. Me parece que podrían aplicarse como un test para evaluar la política en nuestro país.

Una política que no se somete a la economía ni la tecnocracia

En primer lugar, considera Francisco que la política no debe someterse a la economía y esta no debe someterse a los dictámenes y al paradigma eficientista de la tecnocracia (cf.  177). Es innegable que debemos rechazar el mal uso del poder, la corrupción y la ineficiencia en la política, pero no podemos justificar una economía sin política. La economía sería incapaz de propiciar otra lógica que dirija los diversos aspectos de la crisis.

En su encíclica ecológica Laudato si’ habla del diálogo entre política y economía para la plenitud humana, diciendo que necesitamos imperiosamente que la política y la economía se coloquen decididamente al servicio de la vida (cf. 189).

La política y la economía tienden a culparse mutuamente por lo que se refiere a la pobreza y a la degradación del medio ambiente. Pero lo que se espera es que reconozcan sus propios errores y encuentren formas de interacción orientadas al bien común. Mientras unos se desesperan sólo por el rédito económico y otros se obsesionan sólo por conservar o acrecentar el poder, lo que tenemos son guerras o acuerdos espurios donde lo que menos interesa a las dos partes es preservar el ambiente y cuidar a los más débiles (Laudato si’ 198).

Una política que busca el bien común a largo plazo

En segundo lugar, sostiene Francisco que la grandeza de la política se muestra cuando se obra pensando en el bien común a largo plazo (cf. 178), superando los intereses mezquinos en la política. Se sabe que al poder político le cuesta mucho asumir este deber en un proyecto de nación y más aún en un proyecto común para la humanidad presente y futura. En realidad, pensar en los que vendrán no sirve mucho a los fines electorales.

En su encíclica Laudato si’ se ocupa no solo del diálogo acerca del medio ambiente en la política internacional, sino también del diálogo hacia nuevas políticas nacionales y locales; en este contexto, denuncia el inmediatismo en la política:

El drama del inmediatismo político, sostenido también por poblaciones consumistas, provoca la necesidad de producir crecimiento a corto plazo. Respondiendo a intereses electorales, los gobiernos no se exponen fácilmente a irritar a la población con medidas que puedan afectar al nivel de consumo o poner en riesgo inversiones extranjeras. La miopía de la construcción de poder detiene la integración de la agenda ambiental con mirada amplia en la agenda pública de los gobiernos (Laudato si’ 178).

Una política que lidera los cambios convocando a los otros

En tercer lugar, constata Francisco que la sociedad mundial tiene fallas estructurales que no se resuelven con parches, con soluciones rápidas meramente ocasionales. Vemos que existen situaciones que deben ser cambiadas con replanteos de fondo, con transformaciones importantes. Por lo tanto, una sana política tendrá que liderar estos cambios, “convocando a los más diversos sectores y a los saberes más variados” (179).

En su carta Laudato si’ dice que no se trata de detener irracionalmente el progreso y el desarrollo humano, sino de asumir que desacelerar un determinado ritmo de producción y de consumo puede generar otro modo de progreso y desarrollo.

Por ejemplo, un camino de desarrollo productivo más creativo y mejor orientado podría corregir el hecho de que haya una inversión tecnológica excesiva para el consumo y poca para resolver problemas pendientes de la humanidad; podría generar formas inteligentes y rentables de reutilización, refuncionalización y reciclado; podría mejorar la eficiencia energética de las ciudades (Laudato si’ 192).

  1. El amor político

En su primera encíclica Francisco afirma que la fe permite comprender la arquitectura de las relaciones humanas, debido a que capta su fundamento último y su destino definitivo en el amor de Dios, así ilumina el arte de la edificación por el bien común (cf. Lumen fidei 51). Un poco después, en la Evangelii gaudium retoma una afirmación del papa Benedicto XVI en la que la caridad es la vía maestra de la doctrina social de la Iglesia, “no es sólo el principio de las micro-relaciones, como en las amistades, la familia, el pequeño grupo, sino también de las macro-relaciones, como las relaciones sociales, económicas y políticas” (Caritas in veritate 2). En su exhortación Christus vivit escribe a los jóvenes que “la vocación laical es ante todo la caridad en la familia, la caridad social y la caridad política” (168).

En este sentido, el papa Francisco nos invita a ampliar nuestra visión del amor, cuando dice que “el amor, lleno de pequeños gestos de cuidado mutuo, es también civil y político, y se manifiesta en todas las acciones que procuran construir un mundo mejor” (Laudato si’ 231). En la Fratelli tutti vuelve sobre el amor político, reiterando que el amor se expresa no solo en las relaciones íntimas y cercanas, sino también en las macro-relaciones (cf. 181).

Francisco distingue los actos que proceden directamente de la virtud de la caridad de los actos de la caridad que impulsan a crear instituciones más sanas, regulaciones más justas o estructuras más solidarias (cf. Fratelli tutti 186). Remite al Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, donde se afirma que la obra de misericordia con la que se responde aquí y ahora a una necesidad real y urgente del prójimo es un acto de caridad, pero “es un acto de caridad igualmente indispensable el esfuerzo dirigido a organizar y estructurar la sociedad de modo que el prójimo no tenga que padecer la miseria” (208). En definitiva, la caridad social y política no se agota en las relaciones entre las personas, sino que la caridad se despliega en la red en la que las relaciones se insertan, en la comunidad social y política.

Es caridad acompañar a una persona que sufre, y también es caridad todo lo que se realiza, aun sin tener contacto directo con esa persona, para modificar las condiciones sociales que provocan su sufrimiento. Si alguien ayuda a un anciano a cruzar un río, y eso es exquisita caridad, el político le construye un puente, y eso también es caridad. Si alguien ayuda a otro con comida, el político le crea una fuente de trabajo, y ejercita un modo altísimo de la caridad que ennoblece su acción política (Fratelli tutti 186).

  1. La opción por los pobres

En la Evangelii gaudium dice el Papa que el corazón de Dios tiene un sitio preferencial para los pobres, al punto que hasta Él mismo “se hizo pobre” (2 Co 8, 9) (cf. 197). Así también advierte que para la Iglesia esta opción por los pobres es una categoría teológica antes que cultural, sociológica, política o filosófica (cf. 198). Citando el discurso del papa Benedicto XVI en Aparecida, recuerda que esta opción está implícita en la fe cristológica.

Por eso quiero una Iglesia pobre para los pobres. Ellos tienen mucho que enseñarnos. Además de participar del sensus fidei, en sus propios dolores conocen al Cristo sufriente. Es necesario que todos nos dejemos evangelizar por ellos. La nueva evangelización es una invitación a reconocer la fuerza salvífica de sus vidas y a ponerlos en el centro del camino de la Iglesia. Estamos llamados a descubrir a Cristo en ellos, a prestarles nuestra voz en sus causas, pero también a ser sus amigos, a escucharlos, a interpretarlos y a recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos (Evangelii gaudium 198).

En la Fratelli tutti el papa Francisco señala que “esta caridad, corazón del espíritu de la política, es siempre un amor preferencial por los últimos” (187). Solamente con una mirada cuyo horizonte esté transformado por la caridad y que la lleve a percibir la dignidad del otro, los pobres son descubiertos, valorados y reconocidos en su dignidad, respetados en su estilo propio y su cultura; por lo tanto, realmente integrados a la sociedad.

Francisco advierte que en la política existe lugar para amar con ternura: en medio de la actividad política, los más pequeños, los más débiles, los más pobres deben enternecernos, tienen “derecho” de llenarnos el alma y el corazón (cf. Fratelli tutti 194).

Finalmente, considero que las enseñanzas del papa Francisco acerca de la política son valiosas en un contexto donde se suele utilizar el mecanismo político de exasperar, exacerbar y polarizar (cf. Fratelli tutti 15). El amor político se expresa en la apertura a todos. Por lo tanto, estamos llamados a escuchar el punto de vista del otro facilitando que todos tengan un lugar, “es un intercambio de ofrendas en favor del bien común” (Fratelli tutti 190).

El Papa Francisco explica que Dios tiene un sitio preferencial para los pobres. También advierte que para la Iglesia esta es una categoría teológica antes que cultural, sociológica, política o filosófica.

Primavera 2021


Raúl Pariamachi, ss.cc.

Superior Provincial de la Congregación “Sagrados Corazones”




Buen Vivir: Desaprendiendo para aprender una nueva forma de relacionarnos sanamente.

Si hay un deseo en el fondo del corazón de todos y todas en estos tiempos es vivir sanamente. Desde el año pasado, todos los ser humanos vivimos una pandemia que ha fragilizado nuestras relaciones y ha puesto las energías de los gobiernos en encontrar la salud para volver a vivir con normalidad, si es que eso existe. La mayoría de los países están haciendo el esfuerzo por encontrar y administrar una vacuna teniendo la expectativa que, de esa manera, encontraremos una inmunidad de rebaño que nos permita volver a vivir la vida que llevábamos antes del 2020. Necesitamos esa vacuna, sí, pero el punto está en saber si ese remedio lo queremos para volver a vivir como antes.

La vida que llevábamos marcada por el consumismo y un extractivismo desenfrenado nos estaba llevando a una crisis climática y social extrema. Ejemplo de ello fue la recuperación de la fauna en lugares donde antes era imposible encontrarlas, aguas más limpias y hasta la capa de ozono recuperada. Nos dimos cuenta que, con las medidas de cuarentenas masivas, la vida anterior que teníamos estaba marcada por relaciones utilitaristas y aceleradas, casi de descarte. Ahora nos echamos de menos, deseamos estar unos con otros y hasta rompemos las reglas de la cuarentena para encontrarnos. Otros, por no dan más con el encierro en pocos metros cuadrados, han comenzado a resentir las relaciones con los cercanos, llegando incluso a la violencia intrafamiliar y otros tipos de desenfrenos que los contagios han desbocado.

Nos dimos cuenta del valor de salud, pero no nos hemos dado cuenta de lo que nos ha llevado a un momento como éste; porque aún estamos centrados en la vacuna, sin reparar en toda la vida previa a una enfermedad que debemos cuidar desde como nos alimentamos hasta como nos relacionamos. Debemos desaprender un modo de vivir y relacionarnos, que nos han enfermado mucho antes de esta pandemia, la cual vino solo a confirmar lo enfermos que estamos.

Viviendo en territorio indígena mapuche[1] hemos hecho un camino que nos ha llevado a ir descubriendo que una vida sana tiene que ver con todas las dimensiones de la vida. Nada está separado: mente, espíritu, cuerpo, tierra, relaciones. Todo está profundamente interrelacionado. Un desequilibrio en una dimensión hace que las personas, la comunidad y la misma Madre Tierra se enfermen.

Esta certeza la hemos ido comprendiendo a partir de una profunda conversión que, al vivir en este territorio, se nos ha presentado. Hemos ido desaprendiendo para aprender a reconocer las infinitas manifestaciones de Dios en un espacio que se nos presenta como un lugar epifánico del Espíritu. Epifanía que nos ha revelado una nueva forma de entender la realidad, la espiritualidad, nuestra propia identidad y fe. Una nueva forma de entendernos como seres humanos en relación con toda la creación. Una conversión de la mirada desde la sabiduría de esta tierra que se puede resumir en el Buen Vivir o, mejor dicho, Buen Con-vivir[2]: un horizonte y camino de sentido que los pueblos originarios han elaborado a partir de su cosmovisión, religión e historia de resistencia.

Este camino ha implicado quedarnos sin palabras, respuestas ni soluciones preelaboradas. Quizás el primer paso para volver a relacionarnos más sanamente es hacer silencio para escuchar la “palabra de la gente de la tierra”[3] y de la misma tierra[4]. Escuchar a nuestro propio cuerpo, así como a nuestra historia personal y colectiva.  Palabra que nos habla, enseña y manifiesta la Vida que estamos invitados a vivir y a Vivir Bien (Küme Mongen), en toda su diversidad, sus tensiones, sus luces y sombras.

Es todo un aprendizaje para personas criadas en la ciudad y en la formación de una racionalidad instrumental-tecnológica que busca desentrañar las mecánicas de las cosas, dividiendo para entender y enfrentando al mundo en una relación sujeto-objetivo, que valora todo según la utilidad o provecho. Esta racionalidad es la base de la supuesta normalidad a la que se busca volver luego de la pandemia.

Esta sabiduría, que está en el centro de la espiritualidad mapuche y de todos los los Pueblos Originarios de Abyayala[5], es una invitación a descubrir un nuevo paradigma de la vida. Dicha enseñanza se basa en la armonía de relaciones justas y reconciliadas con Dios, y las fuerzas espirituales con la Madre Tierra, los demás y uno mismo. Ahí está la clave de una vida sana. De cómo entender la enfermedad y, por tanto, de la verdadera “normalidad” a la que necesitamos volver.En esa lógica, no es fácil entenderse o sentirnos compartiendo profundamente la vida con todo lo viviente. Menos, entender que la enfermedad es un evento que está profundamente unido al modo como vivimos y nos relacionamos entre todos y todas, y con la Madre Tierra. Nos hemos percatado que necesitamos entrar en crisis respecto a toda esa lógica contemporánea, quedarnos en silencio y escuchar sabidurías como el Buen Con-vivir del pueblo mapuche que hacen de la vida de todo lo viviente, una vida digna.

Este paradigma se aleja de consumismos y avaricias. Es un modelo que recupera aquellas realidades y demandas esenciales para una vida plena. Desde la perspectiva de nuestra fe e identidad como jesuitas, esto consiste en trabajar con Cristo “en el restablecimiento relaciones justas con Dios, con los demás y con la creación”[6]. En palabras de un sabio mapuche: “Si derribo el árbol, yo comeré en abundancia… pero no habrá comida para mis nietos”.

Es lo que el Lonko (jefe) Teodoro Huenuman, quien nos acogió aquí hace 20 años, nos compartió alguna vez: “Nosotros no queremos ser ricos, queremos vivir bien, con dignidad”. Se trata de una propuesta de vida que implica experimentarnos profundamente interrelacionados unos de otros. Otros son los hombres y mujeres, pero también el viento, el árbol, la montaña, el río, la roca, las estrellas, lo trascendente… todos los vivientes y toda la creación. Es lo que los kimnche (persona sabia) llaman el “itrovill mongen”, que describe algo semejante a lo que entendemos por diversidad de vidas, biodiversidad o todo lo viviente, incluido lo trascendente. Todos son mis hermanos y hermanas. Como se afirma en el Sínodo de la Amazonía:

Se trata de vivir en armonía consigo mismo, con la naturaleza, con los seres humanos y con el ser supremo, ya que hay una intercomunicación entre todo el cosmos, donde no hay excluyentes ni excluidos, y donde podamos forjar un proyecto de vida plena para todos. Tal comprensión de la vida se caracteriza por la conectividad y armonía de relaciones entre el agua, el territorio y la naturaleza, la vida comunitaria y la cultura, Dios y las diversas fuerzas espirituales.”[7]

La raíz de las injusticias actuales está en no vivir en armonía. Como dijo un hermano indígena: “Buen Vivir es el concepto del equilibrio cosmológico como proyecto de vida, un equilibrio tanto interior a la persona como exterior, en la relación con todo lo creado y sólo desde esta perspectiva se entiende la gravedad del conflicto social”. Desde este aprendizaje del silencio y la escucha, hemos ido abriendo la mirada a la experiencia de que todo y todos estamos profundamente unidos. Que todo tiene vida. Todo tiene un espíritu que anima. El Buen Con-vivir habla de esa realidad viva, donde nada ni nadie está solo. Como dice don Vicente Huenupil, un kimnche, cuando habla de los espíritus que animan y dan vida a todo:

En la tierra existen los Ngen[8], está la cascada, las aguas que corren, el mar, lo cerros sagrados, los volcanes, las estrellas en el medio del cielo, el sol, la luna, ninguno está solo, nada existe en soledad, todos tienen un Ngen.

El mundo de lo tangible y el espiritual están profundamente unidos. El territorio no es meramente un lugar con seres físicos, sino también espirituales. Un lugar especial lo ocupan los Kuivikeche (antepasados), los Kumeke pulonko y wedake pulonko (espíritus buenos y espíritus malos), junto a los Ngen. Las relaciones están atravesadas por esta trascendencia y presencia de lo espiritual, de ahí que todo cobra vida, significado e interpelación.

Así, una enfermedad no es meramente una disfunción o daño de un órgano en particular, sino que también incorpora un sentido según las relaciones que se han tenido con del territorio, y exige también, ciertas acciones para encontrar alivio. Por tanto, la enfermedad no es un problema individual y desconectado de las relaciones y contexto en el que se encuentra la persona. Tampoco el remedio está desvinculado de quién lo ofrece.

El Kume Mongen, es una propuesta vital que se hace urgente para nuestra sociedad, no sólo para el mundo mapuche y rural.  En medio del ruido de las grandes ciudades también necesitamos vivir en relación. Hoy más que nunca, en medio de esta pandemia que vivimos, nos damos cuenta de ello. El barrio, el hogar, el trabajo, la escuela, el liceo son lugares donde cada hombre y cada mujer anhela vivir en relación y no en continua competencia; vivir en equilibrio y no en la frenética carrera por acumular bienes. Es una propuesta que nos mueve a buscar otras formas de economía; así como de relaciones políticas, sociales y espirituales.En una sociedad que nos presenta la felicidad en la góndola de un supermercado se nos hace difícil discernir, en medio de un cúmulo de bienes innecesarios, qué es lo que necesitamos para vivir bien. Para vivir sanamente. Son muchos los hombres y mujeres indígenas sabios que dicen que como país estamos enfermos. Desde la ciencia occidental se dice que muchas enfermedades hoy son “psicosomáticas”. El mapuche diría que se trata de desequilibrios con el entorno, cuya causa principal es el poco respeto a las fuerzas espirituales que rigen la naturaleza y que nos rigen a nosotros mismos. Sufrimos dolores de cabeza, de espalda, crisis de pánico, angustias, stress y depresiones que no son sino síntomas de algo que está mal en nuestro modo de vivir. Para mejorarnos necesitamos aprender a vivir bien, aprender a vivir en relación y no en posesión.

En medio de una crisis sanitaria y social, el Küme Morgen (Vivir Bien) nos invita a poder aprender nuevas formas de relacionarnos para vivir sanamente.

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[1] Pueblo Originario del sur de Chile.
[2] El jesuita y antropólogo boliviano Xavier Albó  habla de Buen Con-vivir en vez de solo Buen Vivir para remarcar la relación entre todo lo viviente. Hace este planteamiento a partir de las palabras en Aymara “suma qamaña” que implican una conexión de vida entre todo lo viviente. Albó, X. 2009. Suma Qarnana = el buen convivir. OBETS, Revista de ciencias social 4. Pp. 25-40.
[3] Chedungun: el habla de la gente
[4] Mapudungun: el habla de la tierra. Esta expresión como la anterior son dos formas de nombrar el idioma mapuche
[5] Nombre del continente Americano en el idioma del pueblo Cuna (Panama y Colombia) que significa “tierra viva” que comienza a usarse con un sentido político y decolonial a partir de la II Cumbre Continental de los Pueblos y Nacionalidades Indígenas de ABYA YALA, realizada en Quito en 2004.
[6] Decreto 12 de la Congregación General 35 de la Compañía de Jesús, y en el número 9 del documento conclusivo del Sínodo de la Amazonía que dice: “Se trata de vivir en armonía consigo mismo, con la naturaleza, con los seres humanos y con el ser supremo”.
[7] Documento Conclusivo Sínodo Amazonía número 9.
[8] Espíritu protector que anima cada elemento de la naturaleza.

Invierno 2021


Carlos Bresciani, SJ.

Miembro de la Comunidad Jesuita de Tirúa en Chile