La Iglesia y la política: la enseñanza del Papa Francisco

En el último proceso electoral peruano ha reaparecido el problema de las relaciones entre la Iglesia y la política, excesivamente centrado en la cuestión de si la Iglesia puede decir a sus miembros que deben votar a favor o en contra de un determinado candidato. Me parece que, siendo un asunto tan amplio, serviría de poco presentar aquí una síntesis apretada sobre la doctrina social de la Iglesia con respecto al tema. Más bien prefiero ofrecer una lectura de la enseñanza del papa Francisco sobre algunos aspectos de la política, aunque limitándome a sus encíclicas y exhortaciones publicadas del 2013 al 2020.

  1. Más allá del ámbito privado

El papa Francisco parte del principio de que “ya no se puede decir que la religión debe recluirse en el ámbito privado y que está sólo para preparar las almas para el cielo” (Evangelii gaudium 182). La Iglesia tiene el derecho a emitir opiniones sobre todo aquello que afecte a la vida de las personas, porque la evangelización exige la promoción integral del ser humano. La conversión se orienta también al orden social y al bien común.

Por consiguiente, nadie puede exigirnos que releguemos la religión a la intimidad secreta de las personas, sin influencia alguna en la vida social y nacional, sin preocuparnos por la salud de las instituciones de la sociedad civil, sin opinar sobre los acontecimientos que afectan a los ciudadanos (Evangelii gaudium 183).

Citando la encíclica Deus caritas est del papa Benedicto XVI, dice Francisco que, si bien el orden justo de la sociedad es una tarea principal de la política, la Iglesia no puede quedarse al margen en la lucha por la justicia (cf. Evangelii gaudium 183).

  1. La política es una vocación

En su exhortación programática Evangelii gaudium, el papa Francisco defiende que la política es una altísima vocación, una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común (cf. 205). En su reciente encíclica social Fratelli tutti, enfatiza que nos hace falta la mejor política puesta al servicio del verdadero bien común (cf. 154); por lo tanto, convoca a rehabilitar la política como una altísima vocación (cf. 180).

El Papa reconoce que en nuestro tiempo la política es una mala palabra para muchos. La razón está muchas veces en los errores, la corrupción y la ineficiencia de algunos políticos. Se añade el hecho de que otras personas y otros grupos desarrollan estrategias que buscan debilitarla, con el propósito de reemplazarla por la economía o dominarla desde su ideología. Cabe preguntarse si puede funcionar el mundo o el país sin política: “¿Puede haber un camino eficaz hacia la fraternidad universal y la paz social sin una buena política?” (Fratelli tutti 176). Se trata de una pregunta que nos cuestiona a todos.

Francisco recuerda que el ejercicio de la ciudadanía y la participación en la política son una obligación moral (cf. Evangelii gaudium 220). Desde su hermenéutica social de la parábola del buen samaritano (cf. Lc 10, 25-37), considera que el texto bíblico es una invitación a todos, orientada a que resurja nuestra vocación de ciudadanos del propio país y del mundo entero, como constructores de un nuevo vínculo social (cf. Fratelli tutti 66).

  1. La política que se necesita

El quinto capítulo de la Fratelli tutti lleva por título “La mejor política”. En los números 177, 178 y 179 se presentan tres características de “la política que se necesita”. Me parece que podrían aplicarse como un test para evaluar la política en nuestro país.

Una política que no se somete a la economía ni la tecnocracia

En primer lugar, considera Francisco que la política no debe someterse a la economía y esta no debe someterse a los dictámenes y al paradigma eficientista de la tecnocracia (cf.  177). Es innegable que debemos rechazar el mal uso del poder, la corrupción y la ineficiencia en la política, pero no podemos justificar una economía sin política. La economía sería incapaz de propiciar otra lógica que dirija los diversos aspectos de la crisis.

En su encíclica ecológica Laudato si’ habla del diálogo entre política y economía para la plenitud humana, diciendo que necesitamos imperiosamente que la política y la economía se coloquen decididamente al servicio de la vida (cf. 189).

La política y la economía tienden a culparse mutuamente por lo que se refiere a la pobreza y a la degradación del medio ambiente. Pero lo que se espera es que reconozcan sus propios errores y encuentren formas de interacción orientadas al bien común. Mientras unos se desesperan sólo por el rédito económico y otros se obsesionan sólo por conservar o acrecentar el poder, lo que tenemos son guerras o acuerdos espurios donde lo que menos interesa a las dos partes es preservar el ambiente y cuidar a los más débiles (Laudato si’ 198).

Una política que busca el bien común a largo plazo

En segundo lugar, sostiene Francisco que la grandeza de la política se muestra cuando se obra pensando en el bien común a largo plazo (cf. 178), superando los intereses mezquinos en la política. Se sabe que al poder político le cuesta mucho asumir este deber en un proyecto de nación y más aún en un proyecto común para la humanidad presente y futura. En realidad, pensar en los que vendrán no sirve mucho a los fines electorales.

En su encíclica Laudato si’ se ocupa no solo del diálogo acerca del medio ambiente en la política internacional, sino también del diálogo hacia nuevas políticas nacionales y locales; en este contexto, denuncia el inmediatismo en la política:

El drama del inmediatismo político, sostenido también por poblaciones consumistas, provoca la necesidad de producir crecimiento a corto plazo. Respondiendo a intereses electorales, los gobiernos no se exponen fácilmente a irritar a la población con medidas que puedan afectar al nivel de consumo o poner en riesgo inversiones extranjeras. La miopía de la construcción de poder detiene la integración de la agenda ambiental con mirada amplia en la agenda pública de los gobiernos (Laudato si’ 178).

Una política que lidera los cambios convocando a los otros

En tercer lugar, constata Francisco que la sociedad mundial tiene fallas estructurales que no se resuelven con parches, con soluciones rápidas meramente ocasionales. Vemos que existen situaciones que deben ser cambiadas con replanteos de fondo, con transformaciones importantes. Por lo tanto, una sana política tendrá que liderar estos cambios, “convocando a los más diversos sectores y a los saberes más variados” (179).

En su carta Laudato si’ dice que no se trata de detener irracionalmente el progreso y el desarrollo humano, sino de asumir que desacelerar un determinado ritmo de producción y de consumo puede generar otro modo de progreso y desarrollo.

Por ejemplo, un camino de desarrollo productivo más creativo y mejor orientado podría corregir el hecho de que haya una inversión tecnológica excesiva para el consumo y poca para resolver problemas pendientes de la humanidad; podría generar formas inteligentes y rentables de reutilización, refuncionalización y reciclado; podría mejorar la eficiencia energética de las ciudades (Laudato si’ 192).

  1. El amor político

En su primera encíclica Francisco afirma que la fe permite comprender la arquitectura de las relaciones humanas, debido a que capta su fundamento último y su destino definitivo en el amor de Dios, así ilumina el arte de la edificación por el bien común (cf. Lumen fidei 51). Un poco después, en la Evangelii gaudium retoma una afirmación del papa Benedicto XVI en la que la caridad es la vía maestra de la doctrina social de la Iglesia, “no es sólo el principio de las micro-relaciones, como en las amistades, la familia, el pequeño grupo, sino también de las macro-relaciones, como las relaciones sociales, económicas y políticas” (Caritas in veritate 2). En su exhortación Christus vivit escribe a los jóvenes que “la vocación laical es ante todo la caridad en la familia, la caridad social y la caridad política” (168).

En este sentido, el papa Francisco nos invita a ampliar nuestra visión del amor, cuando dice que “el amor, lleno de pequeños gestos de cuidado mutuo, es también civil y político, y se manifiesta en todas las acciones que procuran construir un mundo mejor” (Laudato si’ 231). En la Fratelli tutti vuelve sobre el amor político, reiterando que el amor se expresa no solo en las relaciones íntimas y cercanas, sino también en las macro-relaciones (cf. 181).

Francisco distingue los actos que proceden directamente de la virtud de la caridad de los actos de la caridad que impulsan a crear instituciones más sanas, regulaciones más justas o estructuras más solidarias (cf. Fratelli tutti 186). Remite al Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, donde se afirma que la obra de misericordia con la que se responde aquí y ahora a una necesidad real y urgente del prójimo es un acto de caridad, pero “es un acto de caridad igualmente indispensable el esfuerzo dirigido a organizar y estructurar la sociedad de modo que el prójimo no tenga que padecer la miseria” (208). En definitiva, la caridad social y política no se agota en las relaciones entre las personas, sino que la caridad se despliega en la red en la que las relaciones se insertan, en la comunidad social y política.

Es caridad acompañar a una persona que sufre, y también es caridad todo lo que se realiza, aun sin tener contacto directo con esa persona, para modificar las condiciones sociales que provocan su sufrimiento. Si alguien ayuda a un anciano a cruzar un río, y eso es exquisita caridad, el político le construye un puente, y eso también es caridad. Si alguien ayuda a otro con comida, el político le crea una fuente de trabajo, y ejercita un modo altísimo de la caridad que ennoblece su acción política (Fratelli tutti 186).

  1. La opción por los pobres

En la Evangelii gaudium dice el Papa que el corazón de Dios tiene un sitio preferencial para los pobres, al punto que hasta Él mismo “se hizo pobre” (2 Co 8, 9) (cf. 197). Así también advierte que para la Iglesia esta opción por los pobres es una categoría teológica antes que cultural, sociológica, política o filosófica (cf. 198). Citando el discurso del papa Benedicto XVI en Aparecida, recuerda que esta opción está implícita en la fe cristológica.

Por eso quiero una Iglesia pobre para los pobres. Ellos tienen mucho que enseñarnos. Además de participar del sensus fidei, en sus propios dolores conocen al Cristo sufriente. Es necesario que todos nos dejemos evangelizar por ellos. La nueva evangelización es una invitación a reconocer la fuerza salvífica de sus vidas y a ponerlos en el centro del camino de la Iglesia. Estamos llamados a descubrir a Cristo en ellos, a prestarles nuestra voz en sus causas, pero también a ser sus amigos, a escucharlos, a interpretarlos y a recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos (Evangelii gaudium 198).

En la Fratelli tutti el papa Francisco señala que “esta caridad, corazón del espíritu de la política, es siempre un amor preferencial por los últimos” (187). Solamente con una mirada cuyo horizonte esté transformado por la caridad y que la lleve a percibir la dignidad del otro, los pobres son descubiertos, valorados y reconocidos en su dignidad, respetados en su estilo propio y su cultura; por lo tanto, realmente integrados a la sociedad.

Francisco advierte que en la política existe lugar para amar con ternura: en medio de la actividad política, los más pequeños, los más débiles, los más pobres deben enternecernos, tienen “derecho” de llenarnos el alma y el corazón (cf. Fratelli tutti 194).

Finalmente, considero que las enseñanzas del papa Francisco acerca de la política son valiosas en un contexto donde se suele utilizar el mecanismo político de exasperar, exacerbar y polarizar (cf. Fratelli tutti 15). El amor político se expresa en la apertura a todos. Por lo tanto, estamos llamados a escuchar el punto de vista del otro facilitando que todos tengan un lugar, “es un intercambio de ofrendas en favor del bien común” (Fratelli tutti 190).

El Papa Francisco explica que Dios tiene un sitio preferencial para los pobres. También advierte que para la Iglesia esta es una categoría teológica antes que cultural, sociológica, política o filosófica.

Primavera 2021


Raúl Pariamachi, ss.cc.

Superior Provincial de la Congregación “Sagrados Corazones”




Buen Vivir: Desaprendiendo para aprender una nueva forma de relacionarnos sanamente.

Si hay un deseo en el fondo del corazón de todos y todas en estos tiempos es vivir sanamente. Desde el año pasado, todos los ser humanos vivimos una pandemia que ha fragilizado nuestras relaciones y ha puesto las energías de los gobiernos en encontrar la salud para volver a vivir con normalidad, si es que eso existe. La mayoría de los países están haciendo el esfuerzo por encontrar y administrar una vacuna teniendo la expectativa que, de esa manera, encontraremos una inmunidad de rebaño que nos permita volver a vivir la vida que llevábamos antes del 2020. Necesitamos esa vacuna, sí, pero el punto está en saber si ese remedio lo queremos para volver a vivir como antes.

La vida que llevábamos marcada por el consumismo y un extractivismo desenfrenado nos estaba llevando a una crisis climática y social extrema. Ejemplo de ello fue la recuperación de la fauna en lugares donde antes era imposible encontrarlas, aguas más limpias y hasta la capa de ozono recuperada. Nos dimos cuenta que, con las medidas de cuarentenas masivas, la vida anterior que teníamos estaba marcada por relaciones utilitaristas y aceleradas, casi de descarte. Ahora nos echamos de menos, deseamos estar unos con otros y hasta rompemos las reglas de la cuarentena para encontrarnos. Otros, por no dan más con el encierro en pocos metros cuadrados, han comenzado a resentir las relaciones con los cercanos, llegando incluso a la violencia intrafamiliar y otros tipos de desenfrenos que los contagios han desbocado.

Nos dimos cuenta del valor de salud, pero no nos hemos dado cuenta de lo que nos ha llevado a un momento como éste; porque aún estamos centrados en la vacuna, sin reparar en toda la vida previa a una enfermedad que debemos cuidar desde como nos alimentamos hasta como nos relacionamos. Debemos desaprender un modo de vivir y relacionarnos, que nos han enfermado mucho antes de esta pandemia, la cual vino solo a confirmar lo enfermos que estamos.

Viviendo en territorio indígena mapuche[1] hemos hecho un camino que nos ha llevado a ir descubriendo que una vida sana tiene que ver con todas las dimensiones de la vida. Nada está separado: mente, espíritu, cuerpo, tierra, relaciones. Todo está profundamente interrelacionado. Un desequilibrio en una dimensión hace que las personas, la comunidad y la misma Madre Tierra se enfermen.

Esta certeza la hemos ido comprendiendo a partir de una profunda conversión que, al vivir en este territorio, se nos ha presentado. Hemos ido desaprendiendo para aprender a reconocer las infinitas manifestaciones de Dios en un espacio que se nos presenta como un lugar epifánico del Espíritu. Epifanía que nos ha revelado una nueva forma de entender la realidad, la espiritualidad, nuestra propia identidad y fe. Una nueva forma de entendernos como seres humanos en relación con toda la creación. Una conversión de la mirada desde la sabiduría de esta tierra que se puede resumir en el Buen Vivir o, mejor dicho, Buen Con-vivir[2]: un horizonte y camino de sentido que los pueblos originarios han elaborado a partir de su cosmovisión, religión e historia de resistencia.

Este camino ha implicado quedarnos sin palabras, respuestas ni soluciones preelaboradas. Quizás el primer paso para volver a relacionarnos más sanamente es hacer silencio para escuchar la “palabra de la gente de la tierra”[3] y de la misma tierra[4]. Escuchar a nuestro propio cuerpo, así como a nuestra historia personal y colectiva.  Palabra que nos habla, enseña y manifiesta la Vida que estamos invitados a vivir y a Vivir Bien (Küme Mongen), en toda su diversidad, sus tensiones, sus luces y sombras.

Es todo un aprendizaje para personas criadas en la ciudad y en la formación de una racionalidad instrumental-tecnológica que busca desentrañar las mecánicas de las cosas, dividiendo para entender y enfrentando al mundo en una relación sujeto-objetivo, que valora todo según la utilidad o provecho. Esta racionalidad es la base de la supuesta normalidad a la que se busca volver luego de la pandemia.

Esta sabiduría, que está en el centro de la espiritualidad mapuche y de todos los los Pueblos Originarios de Abyayala[5], es una invitación a descubrir un nuevo paradigma de la vida. Dicha enseñanza se basa en la armonía de relaciones justas y reconciliadas con Dios, y las fuerzas espirituales con la Madre Tierra, los demás y uno mismo. Ahí está la clave de una vida sana. De cómo entender la enfermedad y, por tanto, de la verdadera “normalidad” a la que necesitamos volver.En esa lógica, no es fácil entenderse o sentirnos compartiendo profundamente la vida con todo lo viviente. Menos, entender que la enfermedad es un evento que está profundamente unido al modo como vivimos y nos relacionamos entre todos y todas, y con la Madre Tierra. Nos hemos percatado que necesitamos entrar en crisis respecto a toda esa lógica contemporánea, quedarnos en silencio y escuchar sabidurías como el Buen Con-vivir del pueblo mapuche que hacen de la vida de todo lo viviente, una vida digna.

Este paradigma se aleja de consumismos y avaricias. Es un modelo que recupera aquellas realidades y demandas esenciales para una vida plena. Desde la perspectiva de nuestra fe e identidad como jesuitas, esto consiste en trabajar con Cristo “en el restablecimiento relaciones justas con Dios, con los demás y con la creación”[6]. En palabras de un sabio mapuche: “Si derribo el árbol, yo comeré en abundancia… pero no habrá comida para mis nietos”.

Es lo que el Lonko (jefe) Teodoro Huenuman, quien nos acogió aquí hace 20 años, nos compartió alguna vez: “Nosotros no queremos ser ricos, queremos vivir bien, con dignidad”. Se trata de una propuesta de vida que implica experimentarnos profundamente interrelacionados unos de otros. Otros son los hombres y mujeres, pero también el viento, el árbol, la montaña, el río, la roca, las estrellas, lo trascendente… todos los vivientes y toda la creación. Es lo que los kimnche (persona sabia) llaman el “itrovill mongen”, que describe algo semejante a lo que entendemos por diversidad de vidas, biodiversidad o todo lo viviente, incluido lo trascendente. Todos son mis hermanos y hermanas. Como se afirma en el Sínodo de la Amazonía:

Se trata de vivir en armonía consigo mismo, con la naturaleza, con los seres humanos y con el ser supremo, ya que hay una intercomunicación entre todo el cosmos, donde no hay excluyentes ni excluidos, y donde podamos forjar un proyecto de vida plena para todos. Tal comprensión de la vida se caracteriza por la conectividad y armonía de relaciones entre el agua, el territorio y la naturaleza, la vida comunitaria y la cultura, Dios y las diversas fuerzas espirituales.”[7]

La raíz de las injusticias actuales está en no vivir en armonía. Como dijo un hermano indígena: “Buen Vivir es el concepto del equilibrio cosmológico como proyecto de vida, un equilibrio tanto interior a la persona como exterior, en la relación con todo lo creado y sólo desde esta perspectiva se entiende la gravedad del conflicto social”. Desde este aprendizaje del silencio y la escucha, hemos ido abriendo la mirada a la experiencia de que todo y todos estamos profundamente unidos. Que todo tiene vida. Todo tiene un espíritu que anima. El Buen Con-vivir habla de esa realidad viva, donde nada ni nadie está solo. Como dice don Vicente Huenupil, un kimnche, cuando habla de los espíritus que animan y dan vida a todo:

En la tierra existen los Ngen[8], está la cascada, las aguas que corren, el mar, lo cerros sagrados, los volcanes, las estrellas en el medio del cielo, el sol, la luna, ninguno está solo, nada existe en soledad, todos tienen un Ngen.

El mundo de lo tangible y el espiritual están profundamente unidos. El territorio no es meramente un lugar con seres físicos, sino también espirituales. Un lugar especial lo ocupan los Kuivikeche (antepasados), los Kumeke pulonko y wedake pulonko (espíritus buenos y espíritus malos), junto a los Ngen. Las relaciones están atravesadas por esta trascendencia y presencia de lo espiritual, de ahí que todo cobra vida, significado e interpelación.

Así, una enfermedad no es meramente una disfunción o daño de un órgano en particular, sino que también incorpora un sentido según las relaciones que se han tenido con del territorio, y exige también, ciertas acciones para encontrar alivio. Por tanto, la enfermedad no es un problema individual y desconectado de las relaciones y contexto en el que se encuentra la persona. Tampoco el remedio está desvinculado de quién lo ofrece.

El Kume Mongen, es una propuesta vital que se hace urgente para nuestra sociedad, no sólo para el mundo mapuche y rural.  En medio del ruido de las grandes ciudades también necesitamos vivir en relación. Hoy más que nunca, en medio de esta pandemia que vivimos, nos damos cuenta de ello. El barrio, el hogar, el trabajo, la escuela, el liceo son lugares donde cada hombre y cada mujer anhela vivir en relación y no en continua competencia; vivir en equilibrio y no en la frenética carrera por acumular bienes. Es una propuesta que nos mueve a buscar otras formas de economía; así como de relaciones políticas, sociales y espirituales.En una sociedad que nos presenta la felicidad en la góndola de un supermercado se nos hace difícil discernir, en medio de un cúmulo de bienes innecesarios, qué es lo que necesitamos para vivir bien. Para vivir sanamente. Son muchos los hombres y mujeres indígenas sabios que dicen que como país estamos enfermos. Desde la ciencia occidental se dice que muchas enfermedades hoy son “psicosomáticas”. El mapuche diría que se trata de desequilibrios con el entorno, cuya causa principal es el poco respeto a las fuerzas espirituales que rigen la naturaleza y que nos rigen a nosotros mismos. Sufrimos dolores de cabeza, de espalda, crisis de pánico, angustias, stress y depresiones que no son sino síntomas de algo que está mal en nuestro modo de vivir. Para mejorarnos necesitamos aprender a vivir bien, aprender a vivir en relación y no en posesión.

En medio de una crisis sanitaria y social, el Küme Morgen (Vivir Bien) nos invita a poder aprender nuevas formas de relacionarnos para vivir sanamente.

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[1] Pueblo Originario del sur de Chile.
[2] El jesuita y antropólogo boliviano Xavier Albó  habla de Buen Con-vivir en vez de solo Buen Vivir para remarcar la relación entre todo lo viviente. Hace este planteamiento a partir de las palabras en Aymara “suma qamaña” que implican una conexión de vida entre todo lo viviente. Albó, X. 2009. Suma Qarnana = el buen convivir. OBETS, Revista de ciencias social 4. Pp. 25-40.
[3] Chedungun: el habla de la gente
[4] Mapudungun: el habla de la tierra. Esta expresión como la anterior son dos formas de nombrar el idioma mapuche
[5] Nombre del continente Americano en el idioma del pueblo Cuna (Panama y Colombia) que significa “tierra viva” que comienza a usarse con un sentido político y decolonial a partir de la II Cumbre Continental de los Pueblos y Nacionalidades Indígenas de ABYA YALA, realizada en Quito en 2004.
[6] Decreto 12 de la Congregación General 35 de la Compañía de Jesús, y en el número 9 del documento conclusivo del Sínodo de la Amazonía que dice: “Se trata de vivir en armonía consigo mismo, con la naturaleza, con los seres humanos y con el ser supremo”.
[7] Documento Conclusivo Sínodo Amazonía número 9.
[8] Espíritu protector que anima cada elemento de la naturaleza.

Invierno 2021


Carlos Bresciani, SJ.

Miembro de la Comunidad Jesuita de Tirúa en Chile




Servicio Jesuita al Migrante: Diez años acompañando, sirviendo y defendiendo

Entrevista a César Ruiz
Por Álvaro Fabián Suárez

Desde su creación por el Padre Emilio Martínez en el 2011, el Servicio Jesuita al Migrante se ha encargado de acompañar, servir y defender a los migrantes y refugiados en situación de vulnerabilidad.

Este 2021 se cumplen diez años desde su creación y compromiso con la comunidad. César Ruiz, coordinador de SJM, reflexiona con nosotros sobre la misión de la organización, sus proyectos y compromisos a futuro.

¿Cómo definiría el trabajo y compromiso del Servicio Jesuita al Migrante (SJM) con los migrantes, refugiados y solicitantes de asilo en situación de vulnerabilidad en estos diez años de trabajo?

Estos han sido muchos años de desafíos y retos. Yo podría definir el trabajo del equipo como de mucho compromiso de trabajar con las personas que más lo necesitan, en este caso, con las personas refugiadas y migrantes. Un trabajo de entrega total y de servicio. Casi un apostolado.

El equipo que está en primera línea atendiendo las necesidades de los migrantes, no solamente los escuchan y asesoran; sino que tratan profundamente con las familias de encontrar la mejor salida para que puedan resolver múltiples problemáticas que en el día a día encuentran. Desde temas de vivienda, salud y de acceso a la educación.

¿Cómo se visualizan estas labores dentro de su misión jesuita?

Nuestra misión se fundamenta en una frase acuñó el padre Pedro Arrupe: “acompañar”, “servir” y “defender” a los refugiados y migrantes. Asimismo, desde que surge el SJM en el 2011 bajo la misión del Padre Emilio, hemos siempre tratado de incorporar en el servicio todo lo que el Papa Francisco señaló sobre estar con los descartados.

Los migrantes, en nuestro contexto actual, son invisibilizados y no considerados en las políticas públicas. El trabajo que realizamos desde SJM, bajo el paraguas de la Compañía de Jesús, es básicamente eso: acompañarlos, servirles y defenderlos para que puedan ser considerados sus derechos en un contexto tan complicado como el nuestro.

¿Dentro de que redes trabaja el SJM? ¿Cómo articulan sus labores con sus aliados?

A lo largo de estos años hemos desarrollado una relación y una articulación con diversos actores, tanto del Estado como de la sociedad civil. Sobre todo, cuando identificamos las necesidades y los principales problemas que enfrentan la población refugiada migrante en el Perú. Cuando hablamos, por ejemplo, del tema de salud, hacemos diagnostico participativos y grupos focales. De este modo, a través de las entrevistas vemos qué dificultades o barreras encuentran cuando hablamos sobre esto. Así, tratamos de acercarnos al Estado para presentar estas problemáticas y ver de manera conjunta de qué modo proveemos los servicios necesarios o eliminamos estas barreras.

Entonces, a diario y dependiendo también de la problemática identificada, nos podemos relacionar con ministerios, migraciones, cancillería, gobiernos nacionales, y también con agencias de las Naciones Unidas. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) es nuestro principal aliado. El trabajo con ellos es diario porque uno de los problemas principales que enfrentan los refugiados es la falta de políticas públicas que los incluyan.

¿Cuáles son los principales proyectos que se están impulsando ahora desde SJM con los refugiados y migrantes?

Actualmente tenemos cuatro proyectos. Uno de estos es, justamente, con ACNUR. Este proyecto se desarrolla en nuestras cinco oficinas a nivel nacional: Lima, Tumbes, Arequipa, Tacna y Piura. Tiene la característica de abordar nuestro sistema de atención de manera integral. Hay abogados, trabajadores sociales, psicólogos y también personal de campo que busca acercar y articular los servicios ya existentes en las comunidades para que puedan revertirse en la población refugiada inmigrante.

Luego tenemos el proyecto con Lutheran World Relief que se desarrolla en Lima. Este proyecto nos ayuda a potenciar y desarrollar nuestra plataforma virtual “Ven Informado”. Esta plataforma digital cuenta con abogados en línea que responden y atienden las consultadas de las personas migrantes, sobretodo en temas legales y en medios de vida. Ya llevamos tres años consecutivos trabajando.

Con el Consejo Noruego para los Refugiados impulsamos una iniciativa que se desarrolla en nuestras oficinas de Piura, Tumbes y Lima. Nos ayuda a fortalecer nuestra clínica jurídica que brinda asesoría legal y también asistencia a las personas que están en la búsqueda de regularizar su situación migratoria.

Y, por último, el proyecto que tenemos con el Consejo Danés para Refugiados, que funciona en Arequipa y Lima. También tiene abogados que brindan asesoría legal y un equipo de oficiales de protección que diariamente. Este proyecto se caracteriza porque hacemos análisis contextuales a través de encuestas y monitoreos de protección. Cada tres meses hay un informe o un reporte sobre la situación de los refugiados y migrantes.

Dentro de su experiencia trabajando con migrantes y refugiados desde SJM ¿Cómo entiende la amenaza que algunas personas sienten sobre los migrantes en temas relacionados al trabajo o seguridad ciudadana?

Yo creo que es un tema de desinformación. Además, el responsable de hacer un poco de difusión y desterrar estos mitos es el Estado, pero tampoco lo hace. No hay que olvidar que cerca de tres millones de peruanos viven en el exterior. Bajo esta lógica absurda, estos tres millones de peruanos les estarían quitando el trabajo a alguien, o que estarían fomentando la delincuencia en los países en los que están, pero no se aplica así. Todos tenemos un amigo o un familiar en el exterior que trabaja y ayuda con recursos a sus familias que están aquí en nuestro país. La misma lógica es con los migrantes en el Perú.

Yo no creo que haya un rechazo al migrante, yo creo que es un rechazo al pobre. Cuando vienen, por ejemplo, turistas chilenos por Tacna todos los fines de semana, son bien recibidos. Es que cuando no tienen dinero para gastar es que nace el rechazo.

Creo que esta falsa idea tiene que combatirse con información. Estoy convencido de que el Perú es un país solidario. Tampoco está bien tomar las malas acciones que puede hacer un grupo reducido de extranjeros para generalizarlas como una actitud colectiva. Los buenos siempre vamos a ser más. Toca de nuestra parte demostrar que, en realidad, el migrante viene a colaborar y aportar. Hay que aprovechar los recursos que ellos tienen para hacer un país mejor.

El Servicio Jesuita al Migrante cuenta con una amplia clínica jurídica que brinda asistencia legal a migrantes y refugiados en situación de vulnerabilidad.

Dentro de las labores de acompañamiento y servicio de SJM se destaca mucho su trabajo por la garantía de condiciones de vida dignas, educación, trabajo y salud. Estos son aspectos de la vida que en esta época de pandemia han resultado muy afectadas; más aún para los migrantes en situación de vulnerabilidad. Desde SJM ¿Cómo se ha trabajado con esta serie de problemáticas?

Hasta el 2016, el Perú no era un país de acogida, sino uno de tránsito. Nuestro trabajo era básicamente de acompañamiento y de asistencia de emergencia sobre todo a las personas que estaban de paso y se iban a otro país. Nuestro servicio era muy diferenciado: asesoría legal y asistencia de emergencia de respuesta inmediata, para que las condiciones de movilización sean las más favorables posibles.

En el 2017 empieza a llegar el flujo grande de migrantes, especialmente venezolanos. Para darte un ejemplo, en el 2015 nosotros atendimos 211 personas en nuestras oficinas de Arequipa y Tacna. El 2020 hemos superados las 39 mil personas.

Para el 2020 nosotros apostábamos por iniciar ya procesos de integración de las familias migrantes. Pero la pandemia lo cambio todo y tuvimos que volver a una respuesta de emergencia: vivienda y alimentación.En estos cinco años hubo un cambio de flujo enorme. Es así que nuestro modelo de atención tuvo que adaptarse, porque en el 2018 nuestra respuesta se volvió de emergencia: la gente llegaba y teníamos que atenderlos, especialmente en los temas relacionados a alimentación, vivienda y asesoría legal.

Hoy en día nuestra respuesta tiene una mirada integral. Cada oficina a nivel nacional cuenta con los abogados que los ayuden con los temas legales, para que las personas se puedan regularizar migratoriamente o accedan al sistema de protección internacional con una solicitud de refugio. Asimismo, cuentan con un trabajador social que se encarga del aspecto psicosocial, es decir, acceso a alimentación, vivienda, educación y salud. Lo que hace el equipo es asesorar de manera integral a estas familias.

¿Cómo las personas pueden acceder a todas estas ayudas y facilidades que brinda SJM?

Nosotros tenemos un programa de inclusión socioeconómica que dura todo un año. Durante ese tiempo, acompañamos a la familia dando bonos económicos para que puedan tener comida y alojamiento mientras que ellas se ocupan de generar empleo. La finalidad es que la familia pueda generar sus propios recursos y conozcan los servicios de la comunidad y ante cualquier emergencia sepan dónde pueden acudir.

El punto clave en cada familia es que tenga la regularidad migratoria, porque si no la tienen no pueden desarrollar procesos de integración.

Este programa y este modelo de intervención lo iniciamos en el 2019; pero en el 2020 la gran mayoría de estas familias, al igual que varias familias peruanas, sufrieron un retroceso importante. Pero a diferencia del resto, ninguna de estas recibió un bono del Estado, ya que esta ayuda era solo para los peruanos.

Entonces, estamos nuevamente impulsando estas iniciativas con ellos, y es prácticamente comenzar de cero. Pero claro, el contacto no se ha perdido y nosotros estamos tratando nuevamente de inyectar recursos.

El MINSA ha alertado de la fuerte subida en la tasa de suicidios en el país desde el inicio de la pandemia. ¿Cómo se ha estado trabajando la situación de la salud mental y la prevención de estos casos?

Tenemos a una organización aliada que es el Centro de Atención Psicosocial – CAPS que semanalmente realiza artículos relacionados que puedan orientar a las familias. Ellos también atienden directamente los casos. Cuando nosotros identificamos casos que necesiten este apoyo, derivamos y continuamos con ellos para que un psicólogo o médico psiquiatra lo aborde.

Acompañar, servir y defender son los tres pilares sobre los que se sostienen las labores que realiza del Servicio Jesuita al Migrante. En cara a sus 10 años y enfrentando una crisis nacional ¿Cómo se resignifican estos tres principios?

Creo que acompañar, servir y defender resumen muy bien lo que nosotros hacemos. Porque acompañar implica estar al “lado de”. Y eso es lo que hacemos, estamos allí en el día a día.

Nosotros estamos al “servicio de”. Yo pienso que esto no es un trabajo, es una forma de vida. No estamos solo al lado, sino a su servicio para lo que el migrante o refugiado requiera.

La defensa se refiere a un tema de derechos. En países como el nuestro vulnerar derechos puede ser muy sencillo. No reconocerlos, más aún. Entonces, con el equipo asistencia jurídica estamos al lado de los migrantes para que se respeten sus derechos y las personas puedan exigirlos. También, con el Estado, haciendo incidencia para que se les pueda respetar como seres humanos.

Yo creo que cuando el Padre Emilio tuvo la visión de crear en SJM, la misión seria acompañar, servir y defender. Creo que nadie pensó que en estos 10 años íbamos a crecer tanto e íbamos a hacer tanto bien. La idea es que, en algún momento, nosotros y nuestros servicios desaparezcan; porque no habrán refugiados ni inmigrantes en el mundo. Pero, mientras ellos estén, estaremos ahí para acompañarlos, defenderlos y poder hacer de este un mundo mejor, donde haya más justicia y solidaridad.

Invierno 2021


César Ruiz

Coordinador del Servicio Jesuita al Migrante – SJM




Aporte de la juventud para una nueva economía mundial

 

La Economía de Francisco (EoF) es una iniciativa convocada por el Papa Francisco que involucra a jóvenes economistas, estudiantes, empresarios, mujeres de negocios y principales agentes de cambio de todo el mundo. Este proyecto tiene por objetivo impulsar un cambio en la economía actual y promover una distinta, más justa, fraterna, sostenible y, sobre todo, sin dejar a nadie atrás.

El encuentro estaba previsto para marzo del 2020 en Asís, Italia; sin embargo, ante la emergencia sanitaria mundial causada por la COVID-19, se pospuso la fecha para noviembre del 2020 en modalidad virtual. Con la ilusión de continuar trabajando, se optó por otras alternativas como: talleres en vivo, seminarios de estudio, conferencias, conversatorios mediante conexiones vía streaming, entre otras. A pesar de ello, teniendo la esperanza de continuar con la misión, y cuando las condiciones sanitarias nos lo permitan, se tiene previsto un encuentro presencial en Asís para el otoño del 2021.

Primer encuentro virtual

El evento internacional online de tres días inició el 19 de noviembre. Contó con la participación de más de 2 mil jóvenes de 120 países, donde se compartió las experiencias, el trabajo, las propuestas y las reflexiones adquiridas durante los meses previos. Cabe mencionar que el evento tuvo la participación de personajes internacionales: como el Premio Nobel de la Paz y economista Muhammad Yunus, la economista inglesa Kate Raworth, el especialista en desarrollo sostenible Jeffrey Sachs, la filósofa y ecofeminista Vandana Shiva, el economista italiano Stefano Zamagni, el sociólogo Mauro Magatti, el economista ambiental Juan Camilo Cárdenas, la filósofa política canadiense Jennifer Nedelsky y otros empresarios con experiencias y habilidades consolidadas, quienes contribuyeron y escucharon las reflexiones de cada grupo de trabajo.

En EoF nos hemos dividido en doce “aldeas o villas” de trabajo, en las que compartimos y discutimos acerca de temas claves de la economía de hoy y del mañana. Dentro de las problemáticas escogidas se encuentran:

  • Gestión y donación (Management and gift)
  • Vocación y beneficio (Vocation and profit)
  • Políticas para la felicidad (Policies and happiness)
  • CO2 de la desigualdad (CO2 of inequalities)
  • Negocios y paz (Business and peace)
  • Trabajo y cuidado (Work and care)
  • Negocios en transición (Business in transition)
  • Vida y estilos de vida (Life and life style)
  • Economía y mujeres (Women for economy)
  • Energía y pobreza (Energy and poverty)

En cada aldea contamos con un grupo de coordinadores y participantes. En estos grupos hemos compartido experiencias a partir de nuestras propias realidades. El estar pasando por una crisis sanitaria ha hecho que varias deficiencias sean vistas de forma más clara, inspirándonos a continuar trabajando por más cambios. Los temas de salud, educación y salud mental coincidieron durante esta etapa de coronavirus. Además, temas como trabajo, finanzas, educación de calidad, inteligencia artificial y cuidado de la Casa Común fueron muy conversados y reflexionados.

Por otro lado, el 20 de noviembre, se realizó una maratón virtual de 24 horas en la que 20 diversos países contaron con un espacio para hacerse conocer. Finalmente, el 21 de noviembre, tercer y último día, se contó con la presencia del santo padre Francisco, desde la Basílica de San Francisco de Asís, en la que se dirigió a los jóvenes haciendo un llamado a realizar un impacto concreto con compromiso, inteligencia y convicción, empezando en sus vidas, ciudades, universidades, centros de trabajos, empresas, movimientos, oficinas públicas y privadas, con la finalidad de promover el diálogo y la escucha.

San Francisco de Asís como inspiración

Asís es un lugar lleno de significados que inspira a fomentar una economía distinta, puesta al servicio de los más pobres. San Francisco es ejemplo de desprendimiento y humildad que se preocupó por el hermano y hermana desfavorecido. Asimismo, el Papa Francisco es parte de esta inspiración, ya que nos muestra su preocupación por el otro y la Casa Común. En su encíclica Laudato Si’, nos habla de la importancia de su cuidado y la economía verde; pero también en Fratelli Tutti nos recuerda la relevancia de la fraternidad para tener un mundo mejor, en medio de la crisis actual.

Considero que vivir el encuentro en Asís será inspirador, pues nos recordará el entusiasmo de un corazón alegre y humilde, como nos lo enseña San Francisco. Cabe mencionar que muchos de los seminarios y transmisiones virtuales se hicieron desde los históricos lugares franciscanos, como la basílica de Santa Clara, el santuario de Spongliazione y el palacio monte Frumentario.

Compromiso final de los jóvenes

Durante estos meses de diálogo y escucha los jóvenes quisimos hacer llegar las reflexiones que hemos madurado y recogido, además de enviar un mensaje a todos los empresarios, economistas, maestros, políticos, trabajadores, ciudadanos y ciudadanas del mundo entero. Estamos totalmente convencidos que debemos de repensar la economía actual y lo que estamos haciendo con nuestro planeta. He escuchado mencionar a padres y madres que nosotros, los jóvenes, e incluso los niños y niñas, debemos de adaptarnos y entender a la sociedad. Personalmente, considero que este mundo se está volviendo insensible: en la actualidad ya no se siente el dolor y preocupación por el otro. Este mundo se ha vuelto tan individualista que ya no tiene piedad para hacer daño. Al parecer, estamos en una sociedad que ya no piensa en la dignidad humana. Todo ello me lleva a pensar que la tarea de todos es llevar la dignidad humana a la vida social y económica.

Por ello, en nombre de los jóvenes y de los pobres de la tierra, pedimos que:

  1. Las grandes potencias mundiales, las grandes instituciones económico-financieras y todas las pequeñas empresas sean conscientes y se pongan a pensar en el nivel de daño que causan a nuestro planeta. La llegada de esta pandemia nos muestra que, sin salud, no se puede lograr nada y que debemos optar por soluciones eco amigables, teniendo en cuenta al más necesitado.
  2. Se opte en crear un equipo con tecnologías más avanzadas, con la finalidad de trabajar de la mano con los países de bajos recursos e impulsarlos a apostar por recursos sostenibles, donde se considere el cuidado de los recursos naturales.
  3. Se priorice como tema central el salvaguardar los bienes comunes, como la atmósfera, bosques, ecosistemas, biodiversidad, océanos, flora, fauna y los recursos naturales en general, con la finalidad de que los gobiernos, escuelas, universidades y empresas de todo el mundo prioricen y enseñen el cuidado de estas.
  4. El derecho a un trabajo digno para todos. Que los derechos de la familia, y todos los derechos humanos, sean respetados en cada empresa, para cada trabajadora y trabajador. Además, que todos los países sean cuidadosos y observadores con aquellas empresas que lucran con la explotación de los pobres o la infancia a costa de su propio beneficio.
  5. Se reformen y creen nuevas opciones financieras mundiales, que tengan un sentido democrático e inclusivo. Que sean conscientes de la pobreza de muchos países, sobre todo ahora que vivimos una etapa difícil a causa de la pandemia. Necesitamos financieras que fomenten las finanzas sostenibles y éticas para que todos tengan la oportunidad de estar mejor. La ética es un factor muy importante en las empresas y los bancos, especialmente los grandes y globalizados.
  6. Se fomente gestiones sostenibles ambientalmente, socialmente, espiritualmente y, sobre todo, gestiones pensadas en las personas, ya que dentro de la empresa o comunidad el objetivo debe ser que el mundo esté bien y el resultado vendría a ser la ganancia de todos.
  7. La educación de calidad debe ser el compromiso de todos los Estados, las empresas e instituciones internacionales, así como el compromiso de los padres, porque consideramos que el “capital humano” es el primer capital relevante. Debemos velar para que niños y niñas tengan una educación digna y de calidad.
  8. Que todos los trabajadores tengan oportunidades laborales dignas, pero sobre todo que las trabajadoras tengan las mismas oportunidades que los trabajadores, porque consideramos que el talento femenino es igual de relevante que el masculino. Por ello, pedimos que las organizaciones económicas y las instituciones civiles estén pendientes del sector laboral.
  9. Finalmente, pedimos el compromiso de todos los ciudadanos y ciudadanas para que se logre una economía justa y fraterna. Nosotros, los jóvenes, ya no vamos a consentir que se maten nuestros recursos naturales, que se roben los recursos de los colegios y hospitales y, sobre todo, que violen nuestros derechos humanos.

 

Con la esperanza de continuar trabajando, el equipo organizador nos invita a participar de la escuela de formación llamada “The Economy of Francesco School- 2021”, que consiste en un curso virtual donde se explorarán las raíces económicas, pensamientos franciscanos y algunos de los temas que se fundamentaron en las aldeas de trabajo. Para cada sesión se contará con personas destacadas en el rubro económico, negocios y sociedad. Una de las preguntas dejadas para reflexionar fue “¿Qué pasaría si los cursos brindados en las universidades se centraran en temas de los bienes comunes en lugar de los bienes privados?”

 

Una de las denuncias de los jóvenes a nivel mundial: la contaminación del medioambiente, la gran deuda de la humanidad con las futuras generaciones.

 

Nos gustaría contarles a nuestros hijos e hijas que el mundo de desigualdad terminó para siempre y que esto fue gracias al compromiso de todos. Ustedes los adultos recuerden sus sueños de niños (o de jóvenes), cuando querían ser políticos para lograr cambios en su país. Hoy, nosotros los jóvenes, les recordamos que estamos en busca de cambios y queremos pedirles el apoyo para hacerles entender a las empresas, instituciones y gobiernos que es posible darle un giro a la economía actual. Confiamos que este evento es una oportunidad y un impulso para generar cambios, y lograr una economía mejor. Mientras tanto, la Economía de Francisco continúa con el compromiso de promover ideas, dialogar, escuchar e inspirar a que más jóvenes se unan a la misión por una economía más justa, inclusiva y sostenible.

 

Otoño 2021


Maritza Condori Castro

Participante del evento Economy of Francesco (EoF)