¿Y la Palabra se hizo Zoom? La urgencia de una pastoral ciberteológica.

Un aviso que circula a través de la página web de “Mercado de Lima” ofrece misas virtuales privadas. Aún después de la apertura de iglesias, promovida desde el pasado mes de febrero, este servicio promete brindar “… una sala zoom privada para 100 invitados, 1 sala de espera antes de iniciar el evento…Los precios deben acordarse vía WhatsApp…etc.” Al consultar, el encargado de ventas me envió toda la información, señalándome que las misas se impartían desde México, ya que en el Perú “no estaban permitidas vía zoom”. El argumento era convincente para aquellos que no hayan entendido que las celebraciones virtuales fueron solo una medida de emergencia.

Lo cierto es que los servicios on-line de eucaristías, comunitarias o privadas, parecieran haber llegado para quedarse. Pese a la nueva normalidad, las misas virtuales se siguen ofreciendo y de manera claramente informal. La ambigüedad latente del periodo actual en que la población aun resiente dificultades para moverse en total libertad, deja abierta la puerta a una zona gris que amenaza con seguir confundiendo a los feligreses y que reclama, tácitamente, un mejor acompañamiento de sus pastores.

La oferta de la transmisión virtual en nuestro país se dio al inicio de la pandemia casi sin mayor oposición de los fieles o de las instituciones locales, contrariamente a lo que ocurrió en otras latitudes. No obstante, el pragmatismo consensuado en aquellos momentos no fue de la mano con ningún tipo de clarificación por parte de las autoridades, dejando latentes preguntas sobre lo que podía implicar esta inusual práctica de la fe. ¿Qué significa la “validez” de una eucaristía, si no se ha participado en la comunión? ¿Es la comunión no solo necesaria sino indicadora de una participación plena en la fe de Cristo? Si esto es así, ¿la imposibilidad de comulgar me aleja de Dios? A estas preguntas, que podrían haberse dado en situaciones fuera del contexto de pandemia, se agregaron otras que se fueron multiplicando a escala planetaria a través de las sucesivas cuarentenas. La presencia real de Cristo en la hostia consagrada, ¿puede transmitirse por medios digitales? En una cultura religiosa en la que las nociones de “validez” de preceptos supervisados por la autoridad sacerdotal se encuentran ya en crisis, la legitimación (aun cuando fuese coyuntural) a la virtualidad puede haber colaborado a fragilizar una serie de presupuestos en muchos practicantes.  ¿Quiere decir -se pueden haber preguntado muchos de ellos- que es finalmente relativa la exigencia de la presencialidad para estar en comunión con mi iglesia o, en última instancia, con Dios?

En un reciente estudio realizado en Londres, se deja en claro que la crisis local de la iglesia británica durante la pandemia se debió en parte a la firme oposición de las autoridades a dejar toda puerta abierta a la ambigüedad: en el momento de la consagración no se permitió que la cámara enfocara el espacio ritual de ese momento litúrgico. Tampoco se permitieron las transmisiones desde las mismas iglesias. La virtualidad de las prácticas religiosas en tiempos de la COVID-19 se ha mostrado en todas partes como fuente de tensiones, muchas veces no explicitadas.

Sea como fuere, los debates teológicos sobre el sentido de la realidad física como necesaria para expresar o no la fe, ya se iniciaron, y dudo que haya retrocesos. La experiencia de la virtualidad ha comenzado a remecer la conciencia sobre la cercanía o la lejanía, llegando en ocasiones a paliar la distancia física. Pero ¿pueden (o podrán) las tecnologías digitales de la comunicación reorientar a través de la virtualidad el sentido de la vivencia comunitaria, intrínseca a la experiencia de la fe cristiana?

En otro estudio que venimos realizando con un colega jesuita, examinamos lo ocurrido en una parroquia limeña durante el tiempo de la pandemia. Parte de los miembros de su comunidad manifestaron haber atravesado los momentos más álgidos de la COVID-19 rodeados de gran incertidumbre y agobiados por la sensación de ausencia de Dios. Era como si el hecho mismo de la vida, al serles arrebatada, los hubiera dejado sin Dios. Hubo, sin embargo, dos momentos que les ayudaron a remontar esta crisis: las eucaristías, cotidianas, y las reuniones con sus amistades de la comunidad parroquial. Ambos, enteramente virtuales.

Las eucaristías a distancia se volvieron el momento central del día en el cual la familia se reunía para hacer sentido de lo experimentado y pedir a Dios fortaleza ante la incertidumbre. Algunos de ellos incluso se volvieron agentes, literalmente, del momento central de la comunión, compartiendo un pan al que tomaban como si hubiese sido “directamente” consagrado. Ninguno de ellos cuestionó su eventual heterodoxia. Para ellos fue exactamente lo mismo que compartían en la misa presencial. La presencia de Dios la sintieron real en su experiencia comunitaria familiar.

Paulatinamente, experimentaron la sensación de cercanía en el encuentro con familiares y amigos de su comunidad referente. Algunos retomaron el ritmo de responsabilidades y compromisos gestionándolos a la distancia. A medida que fueron desarrollando mayores habilidades en el manejo de la tecnología de la comunicación digital, el sentimiento de ausencia se fue alejando. No olvidemos que para muchos la comunicación virtual no era parte de la cotidianeidad. Descubrir sus ventajas fue abrir una compuerta a una nueva realidad, no solo de la comunidad, sino de la percepción y experiencia de los vínculos.

Sería interesante seguir recogiendo testimonios como estos para poder estar atentos a la presencia del Espíritu en tiempos de transición cultural que atañen a toda la humanidad, globalmente entendida. Creo que la experiencia de la virtualidad en la vivencia espiritual durante el tiempo de la pandemia no puede tomarse solo como un paréntesis coyuntural, sino que debiera ser la ocasión para replantearnos tres dimensiones de una teología práctica para el nuevo milenio, en que ya nos encontramos.

La primera es el rol del laico. Este ha sido recientemente un tema polémico en nuestro medio, luego de declaraciones hechas por el Arzobispo Carlos Castillo respecto a la necesidad y posibilidad de que laicos y laicas tomen responsabilidades de liderazgo en las parroquias. Ello no va a poder hacerse hasta que los laicos y laicas sean conscientes de su autonomía responsable en la vida espiritual individual y comunitaria. La pandemia les ha permitido, a muchos, considerar que la presencia de Dios ha podido trascender la fisicalidad de las celebraciones comunitarias… (y la de la dependencia de sus curas, también). En esta zona de riesgo, es natural que algunos espíritus se muestren suspicaces por el olor a “protestantismo” que pueden percibir. Es, pues, momento de que el empoderamiento de los laicos y laicas vaya de la mano con iniciativas parroquiales de inclusión, antes que dé lugar a “refuerzos” de una visión jerárquica que poco ayuda a construir una Iglesia verdaderamente sinodal.

La segunda dimensión para aggiornar la teología práctica desde nuestros ritos comunitarios es la que compete a los límites de lo físico-presencial y de lo virtual. Las experiencias vividas durante la pandemia hasta la fecha levantan la pregunta de hasta qué punto las experiencias comunitarias sacramentales virtuales tienen la misma “legitimidad” (¿realidad?) de lo que ocurre en el altar, vía el sacerdote consagrado. La tecnología no puede suplir la realidad humana, ciertamente, pero al menos nos da la ocasión de comenzar a hacernos preguntas. La realidad digital y de la inteligencia artificial que se encuentran ya no en el umbral, sino en los interiores de la casa común de nuestra humanidad, nos obligan a ver en estos signos de los tiempos, las encrucijadas del futuro de nuestra reflexión teológica.

La época de pandemia nos ha dejado ahora un momento en el nos toca reflexionar sobre el rol de la cultura digital en la vivencia de la fe, así como en las prácticas espirituales y comunitarias.

Por último, el fenómeno de la virtualidad en las prácticas de la fe durante la pandemia ha acelerado la posibilidad de repensar la realidad digital como posibilidad de nuevos sacramentales. Esto encaja con la necesidad de des-instrumentalizar la realidad digital, no sólo como medio para “evangelizar” sino para enfrentar la cibercultura en que ya vivimos, mediante propuestas ciberteológicas pertinentes. La pandemia hizo que se incrementara la presencia eclesial en redes. Los datos muestran que muchos se sintieron acompañados por la presencia del Papa en Twitter (@Pontifex) o Instagram (@franciscus). Con 54 millones de seguidores creció un total de 740 mil en solo nueve meses, de acuerdo al Dicasterio de comunicación. Solo su cuenta de Instagram creció hasta llegar a 7.7 millones de seguidores en el pasado mes de marzo. Pero no basta pensar la cibercultura actual solo como un medio masivo de comunicación. El fenómeno de la pandemia nos ha abierto la compuerta a pensar temas profundos que remecen las fibras de la autoridad sacramental, de las mediaciones sacerdotales y del rol del laico en su propia agencia espiritual y apostólica.

Se inaugura, quizá así, un tiempo en el que tendremos que estar atentos para reflexionar el rol de la cultura digital en la vivencia de la fe, en las prácticas espirituales y comunitarias. Vivir la paradoja de experimentar la presencia pese a la distancia o la ausencia, es parte del sentido de la fe en un Espíritu que se abre camino en la historia desvelándonos los lugares que debemos reparar, evangelizar. El aviso de internet con que iniciamos este artículo es una muestra del riesgo a la vez que oportunidad en que nos encontramos como iglesia: o dejamos mediante silencios cómplices reducir hasta la banalidad la práctica espiritual, mediante su masiva instrumentalización digital-mercantil, o reflexionamos como sociedad civil sobre las diversas posibilidades de engendrar comunidades en sinodalidad mediante el uso inteligente y discernido de la virtualidad y los diversos medios ciber-tecnológicos.

 

Invierno 2022


Juan Dejo, SJ

Universidad Antonio Ruiz de Montoya




“Hermanas, hermanos, estoy convencido de que el mundo se ve más claro desde las periferias.”

¿De dónde surgen los Encuentros Mundiales de Movimientos Populares? ¿Por qué el Papa Francisco los ha tomado en cuenta y se ha dirigido a ellos con un discurso especial? [1] ¿Cuál es el mensaje que Francisco ha querido transmitir? ¿Ese mensaje es solo para los Movimientos Populares? Son preguntas que nos hacemos al conocer el potente discurso que Francisco dirigió a los Movimientos Populares.

Los Movimientos Populares tienen una larga trayectoria.[2] Durante los años setenta y los ochenta, en América Latina surgieron y se fortalecieron movimientos populares muy variados como los movimientos: obrero, campesino, barrial, de derechos humanos; los mismos continúan con algunos cambios. Han surgido nuevos movimientos por demanda de derechos, críticos al modelo económico y con planteamiento de propuestas. Los más activos son los movimientos ecologista, feminista, indígena, los movimientos urbanos; ellos enfatizan la lucha por tierra, techo y trabajo; por igualdad y no discriminación.

Los Encuentros Mundiales de Movimientos Populares son una iniciativa del Papa Francisco. En el 2021 se realizó el IV Encuentro Mundial. “El EMMP es un espacio de hermandad entre las organizaciones de base de los cinco continentes, … en torno a la invitación de Francisco a que los pobres y los pueblos organizados no se resignen y sean protagonistas del (proceso de) cambio”. [3]

Históricamente los papas se han dirigido a las autoridades, a los grupos de poder, a los que “teniendo la sartén por el mango” podrían cambiar la realidad a situaciones de mayor justicia y equidad.  Lo novedoso es que Francisco se dirige a los Movimientos Populares. Como él mismo dice, a las “periferias”, porque las considera una gran fuerza transformadora no solo de su propia calidad de vida, sino para aportar al cambio de modelo estructural de la sociedad.

Lo enfatizó desde el I Encuentro de Movimientos Populares: “Pese … a esta cultura del descarte, a esta cultura de los sobrantes, tantos de ustedes, trabajadores excluidos, sobrantes para este sistema, fueron inventando su propio trabajo con todo aquello que parecía no poder dar más de sí mismo… pero ustedes, con su artesanía, que les dio Dios… con su búsqueda, con su solidaridad, con su trabajo comunitario, con su economía popular, lo han logrado y lo están logrando… Y déjenme decírselo, eso además de trabajo, es poesía “. [4]

En el IV EMMP les dirá: “ustedes son poetas sociales, porque tienen la capacidad y el coraje de crear esperanza allí donde sólo aparece descarte y exclusión”. [5] Francisco considera la capacidad poética como la capacidad de soñar juntos: “…sueñen entre ustedes, sueñen con otros”. “Sepan que están llamados a participar en los grandes procesos de cambio” … “el futuro de la humanidad está en sus manos, en su capacidad de organizarse, en su capacidad de promover alternativas creativas”.

Esa poesía viene de la empatía, de sentir el dolor de otros, que es lo que humaniza: “Quiero agradecerles porque ustedes sintieron como propio el dolor de los otros. Ustedes saben mostrar el rostro de la verdadera humanidad, esa que no se construye dando la espalda al sufrimiento del que está al lado sino en el reconocimiento, paciente comprometido y muchas veces hasta doloroso de que el otro es mi hermano (cf. Lc. 10, 25-37) y que sus dolores, sus alegrías y sus sufrimientos son también los míos (cf. GS1). Ignorar al que está caído es ignorar nuestra propia humanidad que clama en cada hermano nuestro”. Por ello también los llamará “Samaritanos colectivos”.

Francisco tiene una convicción que le viene del Evangelio: “Hermanas, hermanos, estoy convencido que el mundo se ve más claro desde las periferias”. “El sufrimiento del mundo se entiende mejor junto a los que sufren”. No se trata de una cercanía sentimentalista sino transformadora de la sociedad: “El cambio personal es necesario, pero es imprescindible también ajustar nuestros modelos socioeconómicos para que tengan rostro humano”.

Francisco, en “nombre de Dios” realiza pedidos muy concretos como demandas desde los vulnerables, desde los Movimientos Populares: [6]

  1. A los grandes laboratorios: que liberen las patentes para que cada ser humano y cada pueblo tenga acceso a las vacunas.
  2. A los grupos financieros y organismos internacionales de crédito: que condonen las deudas “tantas veces contraídas contra los intereses de esos mismos pueblos”.
  3. A las grandes corporaciones extractivas -mineras, petroleras, forestales, inmobiliarias, agronegocios-: “dejen de destruir los bosques, humedales y montañas, dejen de contaminar los ríos y los mares, dejen de intoxicar los pueblos y los alimentos”.
  4. A las grandes corporaciones alimentarias: “dejen de imponer estructuras monopólicas de producción y distribución que inflan los precios y terminan quedándose con el pan del hambriento”.
  5. A los fabricantes y traficantes de armas: “cesen totalmente su actividad”.
  6. A los gigantes de la tecnología: “dejen de explotar la fragilidad humana, las vulnerabilidades de las personas para obtener ganancias, sin considerar cómo aumentan los discursos de odio, el grooming, las fake news, las teorías conspirativas, la manipulación política”.
  7. A los gigantes de las telecomunicaciones: “liberen el acceso a los contenidos educativos y el intercambio con los maestros por internet para que los niños pobres también puedan educarse…”.
  8. A los medios de comunicación: “terminen con la lógica de la post-verdad, la desinformación, la difamación, la calumnia y esa fascinación enfermiza por el escándalo y lo sucio, …busquen contribuir a la fraternidad humana y a la empatía con los más vulnerables”.
  9. A Los países poderosos: “No al neocolonialismo. Los conflictos pueden resolverse en instancias multilaterales como las Naciones Unidas.”
  10. A los gobiernos en general, a los políticos de todos los partidos: “…representen a sus pueblos y trabajen por el bien común.” “…cuídense de escuchar solamente a las élites económicas…” “Sean servidores de los pueblos que claman por tierra, techo, trabajo y una vida buena. Ese “buen vivir” aborigen…” “Ese vivir humano que nos pone en armonía con toda la humanidad, con toda la creación”.
  11. A los líderes religiosos: “Estemos junto a los pueblos, a los trabajadores, a los humildes y luchemos junto a ellos para que el desarrollo humano integral sea una realidad.”  “Tendamos puentes de amor para que la voz de la periferia con sus llantos, pero también con su canto y también con su alegría, no provoque miedo sino empatía en el resto de la sociedad.”

El Papa Francisco entiende que “el sufrimiento del mundo se entiende mejor junto a los que sufren”; teniendo una aproximación no sentimentalista sino transformadora de la sociedad.

Sugiere medidas concretas para lograr algunos cambios significativos. Además de la integración urbana, la agricultura familiar, la economía popular que sugirió en otros Encuentros; plantea el salario universal o ingreso básico (IBU) “para que cada persona en este mundo pueda acceder a los más elementales bienes de la vida”; y la reducción de la jornada de trabajo: “No puede haber tantas personas agobiadas por el exceso de trabajo y tantas otras agobiadas por la falta de trabajo”.

Su llamado va más allá del inmediatismo, se trata de una exigencia urgente de cambio de camino para el desarrollo: “Este sistema con su lógica implacable de la ganancia está escapando a todo dominio humano.  Es hora de frenar la locomotora, una locomotora descontrolada que nos está llevando al abismo.”

Lo sucedió en la COP26 puede ayudarnos a comprender mejor lo que nos quiere decir Francisco.

La Conferencia de Naciones Unidas sobre el cambio climático reúne a líderes de casi todos los países del mundo para tomar acuerdos en vistas a resolver la crisis climática. En el 2021 este espacio con gran potencial para el cambio, se convirtió en una oportunidad que aprovecharon los representantes de los países para tomar acuerdos que favorecen sus economías con poco compromiso para la transformación de estas a fin de eliminar el daño que están causando a la Casa Común.

El Secretario General de la ONU, António Guterres, dirá: “Es un paso importante, pero no suficiente. Es hora de pasar al modo de emergencia”. El P.G. Arturo Sosa SJ, manifestará: “La Conferencia anual de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, la COP26, terminó en Glasgow… con avances insuficientes” (6.12.2021). El Pronunciamiento de ECOJESUITS menciona que la COP26 concluyó con “…decisiones, acuerdos y compromisos asumidos que son respuestas inadecuadas a la gravedad de la crisis socio ecológica y al sufrimiento de quienes padecen sus impactos, con acciones reales, transparencia y una rendición de cuentas insuficiente.”Considerando los compromisos actuales, nada cambiará en los próximos 20 años para los más vulnerables, los que están en las fronteras, mientras siguen perdiendo sus hogares, sus medios de vida y su seguridad general…”

Coinciden en manifestar que los acuerdos han sido insuficientes y sus respuestas son inadecuadas ante la gravedad de la crisis socio ecológica que estamos viviendo.

El P. G. nos anima. “… Sin esperar a que los líderes políticos actúen, hagamos lo que debemos. Como ciudadanía responsable de este planeta, comprometámonos a hacer nuestra parte para cuidar juntos de nuestra Casa Común.” Ese consejo del P.G. de “hagamos lo que debemos” se une al pedido del Papa Francisco, de hacerlo con los Movimientos Populares.

Ecojesuits continuará: “Mantenemos nuestra participación en las discusiones y plataformas globales, … asegurando la participación significativa de la juventud, los pueblos indígenas y todos los marginados, y ampliando la colaboración interreligiosa…”.

En el ejemplo ofrecido se puede constatar que los poderosos tienen otro ritmo, no están acompasados a las urgencias de los pobres, ni a los gritos de la tierra. Si los movimientos populares no presentan con fuerza su voz no cambiará mucho la realidad. Es importante participar en los espacios de diálogo y acuerdos entre las instancias de poder, pero igualmente importante es animar a las personas vulnerables a organizarse, a participar y fortalecer los movimientos populares para hacer oír sus voces, visibilizar las afectaciones que sufren y proponer alternativas desde la defensa de la vida en todos sus aspectos.

Dirá Francisco: “Que importante que vuestra voz sea escuchada, representada en todos los lugares de toma de decisión”, porque “el mundo se ve mejor desde las periferias”.

BIBLIOGRAFIA

Alarco, Germán
2021     Mensaje del Papa Francisco en el IV Encuentro Mundial de Movimientos  Populares. GESTIÓN. Herejías Económicas.
https://gestion.pe/blog/herejias-economicas/2021/11/mensaje-del-papa-francisco-en-el-iv-encuentro-mundial-de-movimientos-populares-de-octubre-2021.html/

ECOJESUITS
2021      La COP26 y más allá. La misión compartida de justicia climática. Pronunciamiento.

Murga Frassinetti, Antonio
2000      Los  movimientos sociales en América Latina (1980-2000): una revisión bibliográfica.
http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1870-23332006000200163diversos

Papa Francisco
2021      Mensaje del papa Francisco en el IV Encuentro Mundial de Movimientos Populares. Encuentro mundial de Movimientos Populares. Diálogo con Francisco.
https://movpop.org/2021/10/mensaje-del-papa-francisco-en-el-iv-encuentro-mundial-de-movimientos-populares/#:~:text=Tengo%20presente%20muchos%2C%20entre%20comillas,So%C3%B1ar%20juntos

Pérez Wrubel, Federico Germán. (Maestrando).
2019      Puntos de encuentro entre el Papa Francisco y la Economía Social y Solidaria. “La Influencia del discurso papal en los Movimientos Populares en Argentina: La Confederación de trabajadores de la Economía Popular y el Observatorio de la Riqueza para un Nuevo Sistema Financiero y Comunicacional Mundial Padre Arrupe”. Tesis de Maestría en Economía Social. Universidad Nacional de General Sarmiento.

____________________________

[1] Mensaje del Papa Francisco en el IV Encuentro Mundial de Movimientos Populares. 16 octubre 2021.
[2] Murga Frassinetti, Antonio. Los movimientos sociales en América Latina (1980-2000).
[3] Pérez Wrubel, Federico Germán. Tesis de Maestría en Economía Social. 2019. Pág. 65.
[4] Ob. Cit. Pág. 71.
[5] Mensaje del Papa Francisco en el IV Encuentro MdeMP. 16 octubre 2021.
[6] Cfr. Mensaje del Papa Francisco en el IV Encuentro MdeMP. Es un resumen, la numeración es mía.

Otoño 2022


Carmen de los Ríos

Conferencia de Provinciales Jesuitas de América Latina y El Caribe (CPAL)




Escuchar las voces de nuestros pueblos ancestrales

Observar, discernir y actuar son los principios de la pedagogía ignaciana que dirigen las acciones emprendidas por la fundación Fe y Alegría de Brasil al caminar junto a los más pobres, excluidos y desplazados. El estado de Roraima, al norte de Brasil, es el epicentro de una grave crisis migratoria. Diferentes y complejas realidades se encuentran en un mismo territorio donde miles de venezolanos buscan refugio para reconstruir sus vidas. Entre ellos están niños, adolescentes y ancianos, quienes constituyen incontables experiencias de vida con una cosa en común: todos forzados a emigrar. La grave crisis económica, política y moral en nuestro país natal, Venezuela, nos obligó, tanto a criollos como indígenas, a encarar la aventura de migrar hacia un país diferente, una nueva cultura, una lengua desconocida, y un futuro incierto. Yo soy uno de estos desplazados otrora vulnerable y hoy fortalecido por el amor que Dios me dispensó, y actualmente trabajo en esta obra de la Compañía de Jesús.

Dentro de este grupo inmenso de personas desplazadas forzadamente, están presentes familias de cuatro etnias indígenas venezolanas: los Warao, que constituyen el mayor número de indígenas no brasileros dentro del territorio y que comenzaron a llegar en el año 2016; seguidos posteriormente por los Eñepa, Kariña y en menor número los Pemones (cuya realidad es un poco diferente por ser una etnia transfronteriza). Desde entonces, estos pueblos originarios de la amazonia viven fuera de su medio natural (los caños). En la mayoría de los casos, los waraos y eñepas están abrigados institucionalmente por cuenta de organizaciones internacionales que, haciendo su mejor esfuerzo, intentan garantizar sus derechos humanos básicos, la alimentación, un lugar para dormir y las condiciones mínimas de salubridad. Sin embargo, esta situación de “acogimiento de emergencia” se ha prolongado por años, lo que podría marcar significativamente la forma de vida y cultura de estos grupos. Hoy su destino es incierto, nadie sabe cuál es la solución.

Desde el año 2019, Fe y Alegría, junto a universidades, organizaciones de la sociedad civil, y pastorales sociales de la Iglesia católica de Boa Vista, acompaña procesos de investigación y formación que fortalecen los liderazgos y la organización comunitaria de estos grupos; amplificando de esta forma su voz tradicionalmente marginada, primero desde su país de origen y ahora en suelo extranjero. Hoy viven confinados a la realidad que el acogimiento institucional les brinda, lo que debería ser una solución temporal. Sin embargo, las posibilidades de retorno a su país de origen son casi nulas, visto que las condiciones que los motivaron a salir no han mejorado, y la interiorización (traslado de migrantes para otros estados de Brasil con condiciones más favorables) no está disponible para los pueblos indígenas.

¿Será verdaderamente que esta situación no tiene solución? ¿Seremos simples observadores mientras la cultura ancestral de estos pueblos se pierde? ¿Se les ha preguntado a ellos sobre esta posible solución? Ellos tienen algo que decir. Tienen una opinión, saben lo que quieren y necesitan, pero ¿estaremos dispuestos a escucharlos? Es claro que la solución requiere de un cambio de paradigma por parte de todos nosotros.

El proyecto pan amazónico de la Federación Internacional de Fe y Alegría desarrolla y amplía la visión de la ecología integral acompañando en Boa Vista a estos pueblos originarios desplazados en la búsqueda de autonomía. Es imposible pensar en ecología integral y justicia socio ambiental sin sensibilizarnos con estas culturas ancestrales en riesgo de desaparecer, por acción de la transculturización y la influencia del modelo de economía de mercado que rige la forma de actuar del siglo XXI. El papa Francisco lo expresa claramente en la encíclica Laudato si’: “la visión consumista del ser humano, incentivada por los mecanismos de la economía globalizada actual, tiende a homogenizar las culturas y debilitar la inmensa variedad cultural que es un tesoro de la humanidad”. La cultura de los pueblos Warao, Eñepa, Kariña y Pemón, aún lejos de sus territorios, es un tesoro invaluable y es nuestra responsabilidad no solo preservarlos para la posteridad garantizando las condiciones para la transmisión de conocimiento según su propria cosmovisión, sino también de esta forma cumplir con el principio de trascendencia generacional propuestos también en la encíclica.

Por siglos pueblos originarios como estos fueron los guardianes de la selva amazónica, extensos territorios en los cuales su estilo de vida encontró el justo equilibrio en su vínculo con el medio ambiente, cosa que para nosotros es un objetivo prácticamente imposible de alcanzar desde la cosmovisión individualista. Consideramos que las soluciones tecnológicas serán la clave para salir de la grave crisis ecológica en la que estamos, pero con esta estrategia podremos alcanzar apenas resultados modestamente aceptables. Tenemos mucho que aprender de nuestros pueblos originarios. Después de muchos años acompañando estos grupos puedo comprender el vínculo directo que ellos tienen con la tierra, el agua y su propio entorno. Solo se cuida lo que se ama, solo amamos con lo que estamos vinculados, y solo nos vinculamos con lo que conocemos, con lo que tenemos contacto diariamente. No cuidamos el medio ambiente porque no lo amamos, no lo amamos porque no tenemos un vínculo con él, y no tenemos vínculo con él porque nuestro contacto cotidiano es con el cemento, el asfalto, el vidrio. Es nuestro modelo posmoderno de vivir.

Para poder salvar la naturaleza y vivir en armonía con ella, es necesario respetar a nuestros pueblos originarios y aprender de ellos.

A lo largo de estos años de camino con los waraos, eñepas, kariñas y pemones, son muchos los aprendizajes que hemos podido sintetizar. Hemos comprendido que su amor por la naturaleza tiene que ver con la forma en que ellos se comprenden a sí mismos como parte de ella y no apenas como meros administradores de recursos naturales. También comprendimos que emprender acciones de ecología integral incluye la justicia socioambiental; es decir, procesos que transformen el modo de vivir de los pueblos, cambiando el individualismo por un modelo de responsabilidad colectiva más justo. Implica vivir de una forma más simple y austera, donde la valorización de los vínculos familiares y comunitarios llenan la vida del ser humano y lo aproximan a su entorno por medio de la contemplación. A generar el vínculo, a amar, por ende, a cuidar. Son innumerables los conocimientos que estos pueblos originarios nos ofrecen; sin embargo ¿queremos escucharlos? La gran propuesta es transformar nuestro modo de vida por modelos que garantizaron la existencia de estos pueblos por cientos y en algunos casos miles de años. Nuestra forma de vida individualista ha deteriorado nuestro planeta en los últimos de 100 años más de lo que en todos los siglos de existencia de la humanidad.  Es momento de reconocer que estos pueblos originarios tienen la clave para que podamos superar esta crisis climática mundial, pero no es tan simple. La ecología integral requiere una conversión integral del ser humano, y estos pueblos pueden ser un modelo de referencia para nuestra transición.

Las tensiones de los waraos, eñepas, kariñas y pemones no son diferente a las tensiones que viven todos nuestros pueblos originarios en nuestra querida América Latina. Son apenas diferentes caras de un mismo problema: la defensa de nuestras sociedades de un modelo de mercado basado en el hedonismo. Gracias a Dios, no todo está perdido. Comprendemos hoy que nuestra responsabilidad es cuidar de estos pueblos y de su cultura, esta actitud nos aproxima más a la solución. La encíclica Laudato si’ constituyó un gran avance: es un llamado para todos los cristianos a la conversión necesaria para aproximarnos a ese modelo de vida más simple, colaborativo, respetuoso de la naturaleza que se contenta en actos simples de servicio. Estamos a tiempo, salvar a la naturaleza pasa obligatoriamente por respetar a nuestros pueblos originarios y aprender de ellos.

Verano 2021/2022


José Alberto Romero Blanco

Fe y Alegría Brasil




CCAIJO: 50 años sirviendo a la provincia de Quispicanchi y su compromiso con la comunidad

Este 2021 el Centro de Capacitación Agro Industrial Jesús Obrero – CCAIJO cumple 50 años. El primer Centro Social del Sector de Justicia Social y Ecología de la Compañía de Jesús  en el Perú. Durante todo este tiempo, esta obra ha caminado junto a los y las campesinas, brindándoles formación y acompañamiento para construir conjuntamente procesos de desarrollo en sus vidas, familias y en la provincia de Quispicanchi de la región de Cusco.

Arístides Díaz, actual coordinador del Centro de Educación Técnico Productiva (CETPRO) de CCAIJO, nos comparte sus reflexiones sobre los aprendizajes significativos en estas cinco décadas de servicio.

¿Cómo surge CCAIJO?

En un contexto post Reforma Agraria. Los campesinos habían accedido a las tierras y animales, pero no tenían la formación para trabajarlos adecuadamente. Toda la tecnología y el mercado se habían ido con los empleados y funcionarios de la hacienda. Por otro lado, la iglesia en América Latina vivía la irrupción del pobre plasmada en la inspiración de la Teología de La Liberación, propuesta por el sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez. También era la época de la propuesta educativa de Pablo Freire que promovió una educación popular muy adecuada para adultos pobres analfabetos en la medida que implicaba su autoría en la sociedad. Y, a nivel de la Compañía de Jesús Universal, se impulsó la creación de Centros Sociales, donde el Apostolado Social pasó del asistencialismo a la promoción y desarrollo de las personas.

Así se funda el CCAIJO en el año 1971, teniendo como norte la formación de jóvenes para que puedan forjarse un futuro en diferentes opciones ocupacionales como: mecánica, electricidad, carpintería, entre otros.

¿Cuáles han sido las etapas de trabajo que ha realizado CCAIJO con los campesinos en Quispicanchi?

En un principio, los jóvenes participantes venían a los centros de formación, ubicados en las capitales de los distritos, como por ejemplo en Andahuaylillas. Allí contaban con talleres implementados y profesores. Los alumnos recibían formación durante varios días, hospedándose en las instalaciones  proporcionadas por el CCAIJO. Es importante señalar que todas las capacitaciones incluían un proceso de alfabetización al estilo de Paulo Freire.

Después, vimos más conveniente que el equipo y personal técnico vaya a las comunidades a realizar los talleres, con la finalidad de que estos sean más adecuados a la realidad; es decir, más prácticos y vivenciales, desarrollándose dentro de sus mismos espacios de producción. Asimismo, se opta por esta estrategia para poder darle más posibilidades de participar a las mujeres. Nos dimos cuenta que ellas presentaban muchas dificultades para venir a los centros de capacitación, sea ya por la carga familiar o las responsabilidades en casa. Luego de este cambio, por el año 2000, la participación de las mujeres había incrementado notoriamente. Actualmente, las mujeres representan el  70% de  las propuestas de CCAIJO.

Otro rasgo fundamental a señalar es que al principio las personas recibían capacitación de CCAIJO, luego han sido co-elaboradores de propuestas conjuntas, hoy muchos son emprendedores.

¿Cómo diría que el trabajo que viene haciendo CCAIJO estos 50 años se alinea con la misión de la Compañía de Jesús?

La Compañía de Jesús surge como una propuesta en la Iglesia que busca trasmitir al Jesús que nos ofrecen en los evangelios y, por tanto, articula fe, justicia y educación. Desde CCAIJO contribuimos con la justicia que la misma fe exige, pues creemos que la justicia está basada en la equidad, en el respeto, en la igualdad de condiciones y en valores cristianos. Por ello buscamos darle a la gente la posibilidad formarse. El trabajo con el CETPRO de CCAIJO nos permite eso: formar y calificar a nuestros alumnos y alumnas sin mayores estudios. Les damos la posibilidad de que sean parte del sistema educativo reconocidos por el Ministerio de Educación. Asimismo, al concluir la formación, que es netamente práctica y vivencial, pueden acceder a una certificación. Ahora están accediendo a un título de profesionales técnicos. Ya hemos empezado esta experiencia los últimos años.

Por otro lado, también se desarrollan cuadros políticos en el sentido de búsqueda del bien común. Especialmente las mujeres. Hoy, mujeres y hombres, gracias a muchos actores y al CCAIJO reflexionan sobre el empoderamiento político de las mujeres en la provincia de Quispicanchi. Estos son proyectos más sociales que preparan a los y las campesinas para visionar el futuro y desarrollo de sus localidades.

¿Desde cuándo podría decir que CCAIJO asume un compromiso ecológico?

Yo siento que estaba desde un principio. Tal vez no tan evidente, pero estos últimos años empieza a hacerse más notorio. Hace unos años atrás empezamos un trabajo de reforestación de pino. En los últimos 15 años logramos reforestar más de 15 mil hectáreas, un logro que no tiene ninguna otra provincia del Cusco.  Otro aporte es la propuesta de siembra y cosecha de agua a nivel regional. De hecho, ya forma parte de una política, incluso del país. Nuestra experiencia ha contribuido y está recogido en un libro que ha publicado el MIDAGRI. Desde CCAIJO hemos logrado proporcionar en la provincia más de un millón metros cúbicos de agua que sirven para la producción agrícola y pecuaria. En este sentido promovemos el desarrollo de emprendimientos con cuyes y lácteos. Ahora hemos entrado a la producción agroecológica. Apostamos por una transición hacia la agroecología. Incluso hemos optado por la certificación de productos orgánicos como quesos, papa nativa y hortalizas.

¿Cuál diría que serían los mayores aprendizajes que se han construido en estos 50 años de servicio?

Primero, que es posible hacer cambios con las familias campesinas que no han tenido mucho acceso a formación, con las dificultades que presenta, es posible plantearse cambios. Esto depende de que en CCAIJO nosotros nos consideramos como incubadoras de proyectos: nos planteamos una idea, formulamos su prototipo, lo validamos, lo llevamos a la práctica para finalmente transferirlo al gobierno local o regional para desarrollarlos a mayor escala en  el territorio.

Segundo, que las mujeres necesitan más opciones y oportunidades. Estas experiencias de la capacitación en sus propios territorios fueron muy útiles para su participación. Al final, son ellas las que se comprometen mucho más que los varones y con quienes hemos podido logar grandes cambios.

¿Cuáles podrían haber sido los desafíos o dificultades más grandes que han tenido que atravesar?

Lo que más me ha marcado es como sobrellevar esta relación entre campo y ciudad.  Porque se mantienen algunas taras de la época de hacienda, donde la gente mestiza es la gente que participa mucho más y es la llamada a los cambios, y la gente muy campesina no. Entonces, este dialogo entre estos dos sectores siempre ha sido muy complicado. Nos ha llevado a algunos enfrentamientos sobre cómo hacer entender que también es posible trabajar y lograr cambios con las comunidades y las familias rurales.

¿Cuál podría decir que son los más grandes o principales aportes que CCAIJO ha podido dar a Quispicanchi en los 50 años?

Definitivamente la formación de los jóvenes y personas mayores con estudios que han podido certificar a través de su CETPRO. Ahora último estamos con la titulación de los jóvenes y se sienten muy orgullosos. Hay algunos que están trabajando en los municipios con ese título. Otros  han emprendido negocios familiares como producción de quesos y cuyes. De hecho en la zona hay una producción diaria de más de una toneladas de quesos que requieren para su elaboración unos 8 litros de leche por kilo de queso.

CCAIJO ha logrado proporcionar a la provincia de Quispicanchi más de un millón de metros cúbicos de agua, que sirven para la producción agrícola y pecuaria.

¿Cuál siente que son los aportes dejando CCAIJO para las nuevas generaciones de jóvenes en Quispicanchi?

Yo creo que enseñar que es posible vivir de la tierra. Hay gente que ya no creía que el sector agrario y agrícola sea rentable. Hay riesgos, sí; pero si sabes ubicar bien una propuesta es posible vivir de la ganadería. Yo creo que eso es un gran aprendizaje para las futuras generaciones: que, capacitados y preparados, ellos pueden emprender y contribuir. Por otro lado apostamos por el cuidado de la casa común de la cual todos somos responsables.

¿Qué planes o proyectos a futuro tiene planteado CCAIJO en la región?

Hay que seguir apostando por la formación de los jóvenes. Me gustaría que CCAIJO tenga más propuestas formativas para la gente mayor y joven, no solamente para el sector agrario. Por ejemplo en el campo del turismo. Hace varios años que desde CCAIJO venimos promoviendo la Ruta Turística del Ausangate. Una ruta que permite el desarrollo sostenible y sustentable de los y las comuneras, una forma de establecer un diálogo entre el visitante y los pobladores promoviendo un enriquecimiento intercultural. Para ello capacitamos y apoyamos a la producción de productos locales alimenticios (cuyes, lácteos, tubérculos nativos, truchas…) que puedan ser vendidos en restaurantes acondicionados para los turistas y pobladores locales. Esto genera una cadena productiva enorme en la zona. Hay que seguir apostando por la agroindustria y transformando los productos. Y hacer el tránsito a la agroecología lo más rápido posible, cuidando siempre el medioambiente, la naturaleza, la salud y la producción, para ellos mismos y para los consumidores.

Verano 2021/2022


Arístides Díaz

Centro de Capacitación Agro Industrial Jesús Obrero – CCAIJO