Aporte de la juventud para una nueva economía mundial

 

La Economía de Francisco (EoF) es una iniciativa convocada por el Papa Francisco que involucra a jóvenes economistas, estudiantes, empresarios, mujeres de negocios y principales agentes de cambio de todo el mundo. Este proyecto tiene por objetivo impulsar un cambio en la economía actual y promover una distinta, más justa, fraterna, sostenible y, sobre todo, sin dejar a nadie atrás.

El encuentro estaba previsto para marzo del 2020 en Asís, Italia; sin embargo, ante la emergencia sanitaria mundial causada por la COVID-19, se pospuso la fecha para noviembre del 2020 en modalidad virtual. Con la ilusión de continuar trabajando, se optó por otras alternativas como: talleres en vivo, seminarios de estudio, conferencias, conversatorios mediante conexiones vía streaming, entre otras. A pesar de ello, teniendo la esperanza de continuar con la misión, y cuando las condiciones sanitarias nos lo permitan, se tiene previsto un encuentro presencial en Asís para el otoño del 2021.

Primer encuentro virtual

El evento internacional online de tres días inició el 19 de noviembre. Contó con la participación de más de 2 mil jóvenes de 120 países, donde se compartió las experiencias, el trabajo, las propuestas y las reflexiones adquiridas durante los meses previos. Cabe mencionar que el evento tuvo la participación de personajes internacionales: como el Premio Nobel de la Paz y economista Muhammad Yunus, la economista inglesa Kate Raworth, el especialista en desarrollo sostenible Jeffrey Sachs, la filósofa y ecofeminista Vandana Shiva, el economista italiano Stefano Zamagni, el sociólogo Mauro Magatti, el economista ambiental Juan Camilo Cárdenas, la filósofa política canadiense Jennifer Nedelsky y otros empresarios con experiencias y habilidades consolidadas, quienes contribuyeron y escucharon las reflexiones de cada grupo de trabajo.

En EoF nos hemos dividido en doce “aldeas o villas” de trabajo, en las que compartimos y discutimos acerca de temas claves de la economía de hoy y del mañana. Dentro de las problemáticas escogidas se encuentran:

  • Gestión y donación (Management and gift)
  • Vocación y beneficio (Vocation and profit)
  • Políticas para la felicidad (Policies and happiness)
  • CO2 de la desigualdad (CO2 of inequalities)
  • Negocios y paz (Business and peace)
  • Trabajo y cuidado (Work and care)
  • Negocios en transición (Business in transition)
  • Vida y estilos de vida (Life and life style)
  • Economía y mujeres (Women for economy)
  • Energía y pobreza (Energy and poverty)

En cada aldea contamos con un grupo de coordinadores y participantes. En estos grupos hemos compartido experiencias a partir de nuestras propias realidades. El estar pasando por una crisis sanitaria ha hecho que varias deficiencias sean vistas de forma más clara, inspirándonos a continuar trabajando por más cambios. Los temas de salud, educación y salud mental coincidieron durante esta etapa de coronavirus. Además, temas como trabajo, finanzas, educación de calidad, inteligencia artificial y cuidado de la Casa Común fueron muy conversados y reflexionados.

Por otro lado, el 20 de noviembre, se realizó una maratón virtual de 24 horas en la que 20 diversos países contaron con un espacio para hacerse conocer. Finalmente, el 21 de noviembre, tercer y último día, se contó con la presencia del santo padre Francisco, desde la Basílica de San Francisco de Asís, en la que se dirigió a los jóvenes haciendo un llamado a realizar un impacto concreto con compromiso, inteligencia y convicción, empezando en sus vidas, ciudades, universidades, centros de trabajos, empresas, movimientos, oficinas públicas y privadas, con la finalidad de promover el diálogo y la escucha.

San Francisco de Asís como inspiración

Asís es un lugar lleno de significados que inspira a fomentar una economía distinta, puesta al servicio de los más pobres. San Francisco es ejemplo de desprendimiento y humildad que se preocupó por el hermano y hermana desfavorecido. Asimismo, el Papa Francisco es parte de esta inspiración, ya que nos muestra su preocupación por el otro y la Casa Común. En su encíclica Laudato Si’, nos habla de la importancia de su cuidado y la economía verde; pero también en Fratelli Tutti nos recuerda la relevancia de la fraternidad para tener un mundo mejor, en medio de la crisis actual.

Considero que vivir el encuentro en Asís será inspirador, pues nos recordará el entusiasmo de un corazón alegre y humilde, como nos lo enseña San Francisco. Cabe mencionar que muchos de los seminarios y transmisiones virtuales se hicieron desde los históricos lugares franciscanos, como la basílica de Santa Clara, el santuario de Spongliazione y el palacio monte Frumentario.

Compromiso final de los jóvenes

Durante estos meses de diálogo y escucha los jóvenes quisimos hacer llegar las reflexiones que hemos madurado y recogido, además de enviar un mensaje a todos los empresarios, economistas, maestros, políticos, trabajadores, ciudadanos y ciudadanas del mundo entero. Estamos totalmente convencidos que debemos de repensar la economía actual y lo que estamos haciendo con nuestro planeta. He escuchado mencionar a padres y madres que nosotros, los jóvenes, e incluso los niños y niñas, debemos de adaptarnos y entender a la sociedad. Personalmente, considero que este mundo se está volviendo insensible: en la actualidad ya no se siente el dolor y preocupación por el otro. Este mundo se ha vuelto tan individualista que ya no tiene piedad para hacer daño. Al parecer, estamos en una sociedad que ya no piensa en la dignidad humana. Todo ello me lleva a pensar que la tarea de todos es llevar la dignidad humana a la vida social y económica.

Por ello, en nombre de los jóvenes y de los pobres de la tierra, pedimos que:

  1. Las grandes potencias mundiales, las grandes instituciones económico-financieras y todas las pequeñas empresas sean conscientes y se pongan a pensar en el nivel de daño que causan a nuestro planeta. La llegada de esta pandemia nos muestra que, sin salud, no se puede lograr nada y que debemos optar por soluciones eco amigables, teniendo en cuenta al más necesitado.
  2. Se opte en crear un equipo con tecnologías más avanzadas, con la finalidad de trabajar de la mano con los países de bajos recursos e impulsarlos a apostar por recursos sostenibles, donde se considere el cuidado de los recursos naturales.
  3. Se priorice como tema central el salvaguardar los bienes comunes, como la atmósfera, bosques, ecosistemas, biodiversidad, océanos, flora, fauna y los recursos naturales en general, con la finalidad de que los gobiernos, escuelas, universidades y empresas de todo el mundo prioricen y enseñen el cuidado de estas.
  4. El derecho a un trabajo digno para todos. Que los derechos de la familia, y todos los derechos humanos, sean respetados en cada empresa, para cada trabajadora y trabajador. Además, que todos los países sean cuidadosos y observadores con aquellas empresas que lucran con la explotación de los pobres o la infancia a costa de su propio beneficio.
  5. Se reformen y creen nuevas opciones financieras mundiales, que tengan un sentido democrático e inclusivo. Que sean conscientes de la pobreza de muchos países, sobre todo ahora que vivimos una etapa difícil a causa de la pandemia. Necesitamos financieras que fomenten las finanzas sostenibles y éticas para que todos tengan la oportunidad de estar mejor. La ética es un factor muy importante en las empresas y los bancos, especialmente los grandes y globalizados.
  6. Se fomente gestiones sostenibles ambientalmente, socialmente, espiritualmente y, sobre todo, gestiones pensadas en las personas, ya que dentro de la empresa o comunidad el objetivo debe ser que el mundo esté bien y el resultado vendría a ser la ganancia de todos.
  7. La educación de calidad debe ser el compromiso de todos los Estados, las empresas e instituciones internacionales, así como el compromiso de los padres, porque consideramos que el “capital humano” es el primer capital relevante. Debemos velar para que niños y niñas tengan una educación digna y de calidad.
  8. Que todos los trabajadores tengan oportunidades laborales dignas, pero sobre todo que las trabajadoras tengan las mismas oportunidades que los trabajadores, porque consideramos que el talento femenino es igual de relevante que el masculino. Por ello, pedimos que las organizaciones económicas y las instituciones civiles estén pendientes del sector laboral.
  9. Finalmente, pedimos el compromiso de todos los ciudadanos y ciudadanas para que se logre una economía justa y fraterna. Nosotros, los jóvenes, ya no vamos a consentir que se maten nuestros recursos naturales, que se roben los recursos de los colegios y hospitales y, sobre todo, que violen nuestros derechos humanos.

 

Con la esperanza de continuar trabajando, el equipo organizador nos invita a participar de la escuela de formación llamada “The Economy of Francesco School- 2021”, que consiste en un curso virtual donde se explorarán las raíces económicas, pensamientos franciscanos y algunos de los temas que se fundamentaron en las aldeas de trabajo. Para cada sesión se contará con personas destacadas en el rubro económico, negocios y sociedad. Una de las preguntas dejadas para reflexionar fue “¿Qué pasaría si los cursos brindados en las universidades se centraran en temas de los bienes comunes en lugar de los bienes privados?”

 

Una de las denuncias de los jóvenes a nivel mundial: la contaminación del medioambiente, la gran deuda de la humanidad con las futuras generaciones.

 

Nos gustaría contarles a nuestros hijos e hijas que el mundo de desigualdad terminó para siempre y que esto fue gracias al compromiso de todos. Ustedes los adultos recuerden sus sueños de niños (o de jóvenes), cuando querían ser políticos para lograr cambios en su país. Hoy, nosotros los jóvenes, les recordamos que estamos en busca de cambios y queremos pedirles el apoyo para hacerles entender a las empresas, instituciones y gobiernos que es posible darle un giro a la economía actual. Confiamos que este evento es una oportunidad y un impulso para generar cambios, y lograr una economía mejor. Mientras tanto, la Economía de Francisco continúa con el compromiso de promover ideas, dialogar, escuchar e inspirar a que más jóvenes se unan a la misión por una economía más justa, inclusiva y sostenible.

 

Otoño 2021


Maritza Condori Castro

Participante del evento Economy of Francesco (EoF)




Creando caminos de encuentro

Importancia del encuentro entre jóvenesLa identidad es algo que siempre está en mi mente. Como norteamericana- peruana, como me dicen mis amigos, los últimos años han sido una lucha interna de cómo llevar estas identidades. Creo que lo más complicado es que en ambos países (como en muchos lugares), no hay una sola identidad. Son países multiculturales, multilingües con diversidad geográfica, histórica y creencias. Es un encuentro de tantas identidades que puede ser abrumador definirlo. En una época de información y tecnología estamos acostumbrados a tener respuestas instantáneas. La identidad, sin embargo, no es algo estático, cerrado o simple, sino un proceso de encuentro y conocimiento durante toda la vida. En la última encíclica: Fratelli Tutti, el Papa Francisco nos lleva a reflexionar sobre una “cultura del encuentro” que es más que un solo acto entre dos o tres personas, es un deseo y estilo de vida que se realiza en conjunto como pueblo.

Generar una cultura de encuentro

“Entonces, hablar de “cultura del encuentro” significa que como pueblo nos apasiona intentar encontrarnos, buscar puntos de contacto, tender puentes, proyectar algo que incluya a todos. Esto se ha convertido en deseo y en estilo de vida” (216).

Yo crecí en un pueblo de 10 mil habitantes, un pueblo con raíces holandeses, muy dedicado a la fe cristiana. En los cafés era común ver grupos de hombres y mujeres reunidos con la biblia en la mano discutiendo sobre su mensaje y la mejor manera de vivir la vida. Como un pueblo homogéneo (en ese entonces), no había muchos espacios de encuentros con otras culturas, etnicidades o religión. Nuestros “encuentros” venían a través de las noticias y testimonios de los misioneros cuando regresaban de Haití o del África. Para los jóvenes hubo la oportunidad de participar en viajes de misión, donde apoyábamos en las ollas comunes en la ciudad o en la construcción de casas en pueblos pobres del sur de los EEUU. Espacios y oportunidades de conectar con otros y sacarnos de nuestras burbujas son claves para generar esta cultura de encuentro. Pero solo es un primer paso de un largo camino. Si solo nos quedamos en momentos puntuales de encuentro nunca habrá un encuentro sostenible y verdadero.

Una parte de mi trabajo en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya es promover oportunidades de encuentro a través de la educación internacional. Antes de la pandemia recibimos aproximadamente 300 extranjeros de América Latina, Europa y Norteamérica. En cada visita o programa internacional buscábamos crear espacios de diálogo entre los extranjeros y los peruanos, ya sea con los alumnos, con las Obras Jesuitas o con la comunidad local. Aunque muchos extranjeros regresaron impactados por su experiencia en el Perú, lo que más me gustó (me gusta) de estos programas fue la oportunidad que se presentaba a los peruanos. En cada programa los alumnos peruanos acompañaban a los extranjeros durante sus actividades: como a comer ceviche, visitar el Congreso, viajar en avión por primera vez y conocer Machu Picchu. Más allá de lo turístico, también podían practicar inglés y hacer nuevos amigos internacionales, y les brindó la oportunidad de encontrarse con su propia cultura. Egresados del Colegio Fe y Alegría de Lima conocían a Fe y Alegría 44 en Andahuaylillas, Cusco. Alumnos de zonas rurales de Amazonas conocían comunidades rurales en Cuyuní. Alumnos de Economía y Gestión Ambiental de Ayacucho podrían conocer los proyectos de atrapanieblas y compost realizado por los limeños en los conos este y sur de Lima.

Cuando hay oportunidades de encuentros la preparación “antes de”, y la reflexión “después de”, tienen tanta importancia como el mismo encuentro. Una de las formas más viables para los encuentros es a través de la educación. La educación internacional y la educación en la experiencia promueven un complemento de la teoría. Generan espacios de encuentro en la comunidad local e internacional a través de programas de inmersión; personalmente debo mucho a estos programas. Gracias a ellos he podido aprender castellano, conocer contextos sociales, culturales y políticas muy diferentes a mi lugar de origen, lo cual me ha permitido conectar con más personas. Sin embargo, la educación internacional también es una estrategia para el marketing y el negocio, lo que forma parte de la cultura de globalización. El Papa nos habla que esta globalización se ha convertido en una sola cultura en que:

“Esta cultura unifica al mundo pero divide a las personas y a las naciones, porque «la sociedad cada vez más globalizada nos hace más cercanos, pero no más hermanos». Estamos más solos que nunca en este mundo masificado que hace prevalecer los intereses individuales y debilita la dimensión comunitaria de la existencia” (12).

A veces es más fácil operar en una cultura común, para no tener que enfrentar las diferencias. En nuestra cultura globalizada e individualista es difícil tener un encuentro verdadero porque caemos en narrativas simples como “si vienes de un país del norte global tienes mayor formación que alguien del sur global” o, como dice el Papa, podemos ofender a otros, especialmente a los últimos de la sociedad con generalizaciones injustas (234). Es más fácil encajar con las personas para poder simplificar nuestra realidad y no tener que hacer preguntas complicadas. Sin embargo, por la falta de preguntas sobre las realidades y las estructuras que existen, aceptamos seguir implementando injusticias y encuentros de beneficio propio, en vez de beneficio mutuo.

Los caminos de encuentro

“Lo que vale es generar procesos de encuentro, procesos que construyan un pueblo que sabe recoger las diferencias. ¡Armemos a nuestros hijos con las armas del diálogo! ¡Enseñémosles la buena batalla del encuentro!” (217).

La riqueza del encuentro con otros está en aprender de nuestras diferencias.

Durante mis propias experiencias de encuentro, y como facilitadora de ellos, he visto que los encuentros más profundos e impactantes son parte de un largo proceso. Quizá la ironía del encuentro con otros es que es un proceso que empieza con uno mismo. Para poder llegar al diálogo, uno tiene que estar preparado no solo a conversar, sino escuchar, observar y estar dispuesto a entender otras perspectivas. Sin embargo, muchas veces se usa el diálogo para promover su propia agenda o querer cambiar la mente del otro para hacerles entender su punto de vista.

Una herramienta que uso mucho antes de entrar en diálogo es la Pedagogía Ignaciana (contexto, experiencia, reflexión, acción, evaluación). En particular, me gusta que nos llama a considerar primero el contexto histórico, social, económico y personal. Esto nos permite, reconocer las luchas, logros, desafíos y posibilidades del otro, lo cual brinda una visión más compleja, completa e íntegra.

De la misma manera, a través de los “caminos de encuentro” el Papa nos llama a recomenzar con la verdad, implementar la arquitectura y artesanía de la paz, valor y el sentido del perdón y hacer memoria. Los hechos históricos son herramientas para cultivar una memoria. Muchas veces la historia es contada desde una perspectiva, en muchos casos, la que tuvo mayor poder. Sincerar los hechos pasados con la verdad -acompañados por la justicia y misericordia- nos permite re-escribir la verdadera historia con voces y perspectivas que fueron excluidas. A la par, brinda el espacio para el diálogo sobre heridas que todavía quedan, y que sin curar nos impiden crecer como comunidad global. Hay que ser capaces “de asumir el pasado para liberar el futuro”.

Pero asumir el pasado es difícil, especialmente si los actos de tus antepasados causaron injusticias y daños. He tenido que reconocer que, como persona blanca de los EEUU, yo represento a una historia de colonización y que el sistema actual me ha favorecido de estudiar en la universidad, viajar por el mundo y no vivir con miedo de la policía. Pero vemos que cuando grupos de personas asumen el pasado, todo el pueblo se beneficia. El movimiento Black Lives Matter es un gran ejemplo de encuentro. Es un movimiento que invita a todas las raíces, edades y clases sociales a recoger las injusticias que sufre la comunidad afro. Pero no solo con un grupo, Black Lives Matter también lucha por los derechos de inmigrantes y contra la violencia doméstica. Generar una cultura de encuentro nos brinda el poder de enfrentar las luchas de la sociedad y llegar a la paz.

Nuevos espacios de encuentro

“El camino hacia la paz no implica homogeneizar la sociedad, pero sí nos permite trabajar juntos. Puede unir a muchos en pos de búsquedas comunes donde todos ganan. Frente a un determinado objetivo común se podrán aportar diferentes propuestas técnicas, distintas experiencias, y trabajar por el bien común” (228).

Este camino al encuentro final nos hace más humanos. Nos invita a ver a cada persona creada en la imagen de Dios. Además, la pandemia nos reta a ver el mundo con una nueva mirada. En parte, ya no podemos interactuar de la misma manera, ha cambiado la forma en que nos encontramos, las redes sociales, plataformas virtuales, televisión y radio son nuestros centros de encuentro. Al mismo tiempo, nos obliga a pasar más tiempo solo o en mayor proximidad con nuestras familias o compañeros de cuarto. En parte es una gran oportunidad de reencontrarnos con nosotros mismos y retomar partes de nuestra identidad que hemos olvidado.

La pandemia también nos reta a no perder la esperanza y seguir caminando hacia una cultura de encuentro. Hay muchas oportunidades de conectarnos más con el mundo y dialogar. Mientras nos movemos en un mundo más digitalizado, esto nos hace ver que no todos tienen el mismo acceso a la tecnología. Hay voces que no escuchamos en este nuevo diálogo virtual. Muchas de las voces ausentes son justo las que tienen mayor cercanía con la tierra, nuestra casa común y una cultura basada en la sostenibilidad. Son voces necesarias para nuestra identidad humana y para el futuro. Entonces queda preguntarnos ¿cómo podemos asegurar que sigamos creando espacios de diálogo y encuentro en el que todos podamos participar?

Verano 2020 / 2021


Lauren De Veau

Directora de Relaciones Institucionales de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya – UARM.




Imágenes y espacios de compañía

imágenes que acompañanCuando una crisis como la pandemia actual desestabiliza las grandes estructuras y dinámicas globales, no podemos perder de vista la violencia que ha sufrido nuestra vida cotidiana. Aunque estemos en nuestro hogar, los objetos familiares y el ritmo de las horas nos aparecen de otra forma. Actividades corrientes, como salir a una bodega cercana, se preparan y realizan con una nueva atención y preocupación. Cuando lo familiar se vuelve inquietante, sentimos más intensamente la necesidad de lugares y momentos que nos ayuden a orientarnos, a dar sentido a nuestras angustias y preguntas. En nuestro país, la experiencia con las imágenes religiosas ofrece, para muchas personas y comunidades, esa suerte de guía. Estas imágenes encarnan esos ejes existenciales que se comparten como espacios donde nos acompañamos, especialmente en tiempos que parecen sobrepasarnos.

Se puede apreciar este poder orientador en las salas de espera y atención de pacientes en nuestro sistema público de salud. Un Cristo crucificado, a la cabeza de las filas de sillones para recibir quimioterapia, transfigura una sala de procedimientos en un lugar donde personas desconocidas pueden ver plasmado un sufrimiento como el suyo. En los saludos, gestos de ayuda y palabras de aliento de pacientes y familiares, cada historia particular se puede leer como entretejida con la vieja historia de abandono, fragilidad y esperanza en la cruz. Esta certeza no es el resultado de razonamientos teológicos. Los relatos que nos movilizan no son creencias que recuperamos a manera de archivos desde nuestra memoria; son, en primer lugar, la perspectiva en la que comprendemos lo que vivimos. Por eso, cuando esa vida se vuelve incomprensible y amenazante, no es extraño que volvamos a esas historias fundantes.

El relato del crucificado sufriente puede transfigurar las cuatro horas de tratamiento porque hace de la sala un lugar familiar, de compañía, cercanía y solidaridad para quienes comparten su debilidad y sufrimiento. A esa fragilidad se suma ahora el miedo por cómo la pandemia ha convertido también los centros de salud en focos de amenaza. Comprender mejor la experiencia con las imágenes religiosas puede ayudar a aprovechar su poder transfigurador de lugares y momentos para aliviar y fortalecer a quienes más sufren en este tiempo.

Aclarando las imágenes

La estética filosófica, la teoría del arte y la antropología cultural nos han recordado que la imagen religiosa está integrada al mundo del creyente, pero no es un objeto más al que se añadió algún poder. No me acerco a una figura de yeso, sino que me encuentro con una presencia personal cuya compañía también involucra el cuidado y el misterio. Aunque la figura puede permanecer en la misma ubicación, su presencia aparece especialmente en lugares y momentos específicos. En contraste con las ideas que pueda tener sobre María, y su rol en la economía de la salvación, el creyente se encuentra en septiembre ante la Mamacha de Cocharcas, vestida con su manto turquesa, visitando el manantial y el santuario que toda la comunidad creció reconociendo como sus lugares propios. Los cantos y danzas que la acompañan por la calle configuran, en un sentido palpable, esa porción del mundo. La identidad personal y comunitaria no son esencias ocultas, sino una interacción compartida que incorpora a la tierra y a las personas, orientadas por esa imagen. Un aspecto de su poder es alcanzar más allá del lugar y los momentos de encuentro más estrechos con la comunidad. Son ejes que atraviesan todo el mundo vivido. Por eso, encontrarla en la sala de espera de un piso cualquiera en un hospital, puede reconfigurar ese espacio ajeno e incierto en uno familiar, abierto a la esperanza.

La imagen religiosa tampoco es un mero dispensador de beneficios. No se establece con ella una transacción, sino un encuentro. Su clave es el relato que compromete a la comunidad con la presencia que le permite reconocerse. Por eso se puede distinguir entre el devoto interesado y el devoto fiel, entre la que nunca vuelve y quien regresa agradecida. Creer es un acto público y compartido. Solo cuando se olvida ese horizonte comunitario, el concepto de creencia se reduce a un contenido cognitivo, alojado en una subjetividad distanciada del mundo. Por el contrario, la comunidad se reconoce ante y a través de la imagen de su santa patrona: señala su tierra, sus historias y sus vínculos. En su música y sus bailes que actualizan y celebran, se rememora y renueva esa pertenencia mutua que hace del mundo un lugar familiar, y de la vida una historia que se puede contar con sentido. Pero, aunque funde su identidad, la comunidad no tiene el monopolio de la presencia encarnada en la imagen. Por eso, cuando lo pedido no se concede como se esperaba, es posible abrirse a otra forma de comprender lo que uno verdaderamente necesita. También por eso una mujer se puede acercar a una madre que llora por su hijo en la sala de emergencia y ofrecerle una estampa de la Virgen Dolorosa, para que lo encomiende a ella.

Ciertamente hay distorsiones y hasta traiciones a esta experiencia de redescubrimiento y renovación. La comunidad cristiana en particular convierte ocasionalmente imágenes en instrumentos para volver a olvidar, estigmatizar o ejecutar a los crucificados y las crucificadas de su tiempo. Si bien puede haber causas externas -sociales, culturales, desastres naturales- que motiven esa perversión, la lógica interna de la experiencia con las imágenes religiosas tiene sus tentaciones características en la cerrazón a otros grupos, el rechazo de la crítica y, en general, a poner el sábado por encima del hombre. Pero también una experiencia religiosa más moderna, centrada en la interioridad subjetiva, tiene sus propias tentaciones en el individualismo autosuficiente, el activismo subordinado a los resultados y la ilusión de superioridad frente a todo lo pasado o no ilustrado. El problema no es, entonces, que el camino espiritual centrado en las imágenes religiosas sea una forma ingenua o degenerada de la experiencia religiosa, sino que, como toda experiencia humana, demanda discernimiento.

Preguntarse por la presencia de -y la devoción a- las imágenes religiosas en hospitales públicos permite reconsiderar otra forma de descalificación de esta experiencia. Durante la pandemia hemos visto cómo técnicas(os), enfermeras(os) y doctoras(es) participan en liturgias, se arrodillan para recibir la bendición del Santísimo, etc. Sin prejuzgar sobre cada experiencia religiosa personal (lo cual requeriría una investigación empírica), sí podemos constatar que, tanto para este grupo de profesionales como para pacientes y familiares, no hay una contradicción abierta entre la presencia de las imágenes y el saber y la práctica científicos. Buscamos -y producimos- esa contradicción cuando asumimos que las creencias que nos orientan vitalmente son ideas o teorías que hay que comparar con las certezas de la ciencia.

Nuestras creencias no son, en primer lugar, ideas sobre los objetos del mundo, sino formas de abrirnos a él. Y esa apertura es valorativa y práctica, antes que cognitiva. Cuando una situación, o el conjunto de nuestra vida cotidiana, se vuelven amenazantes, la pérdida de certezas nos remonta a esas creencias fundantes desde las que podemos formular preguntas y tentar respuestas. Esas certezas se sedimentaron en nuestra infancia, a través de la incorporación práctica al mundo que empezábamos a descubrir guiados por nuestra familia y comunidad. Para muchas personas ese (auto)descubrimiento tuvo como eje central una imagen religiosa ante la que aprendieron a callar, guardar silencio, llorar o agradecer con sus padres, etc., en lugares y momentos específicos. La idea de un mundo -de un espacio y de un tiempo- valorativamente neutro solo es accesible por un aprendizaje posterior. El mundo y la vida cotidiana, sin embargo, no pueden prescindir de la compañía y el sentido.

Espacios de compañía

Reconsiderar cómo las imágenes religiosas (re)configuran los lugares, momentos y relaciones que habitamos, ayuda a apreciar mejor el valor de nuestras acciones cotidianas tocadas por la pandemia. El rostro del vigilante a la salida del hospital, cuando le agradecemos su servicio, no es el mismo que cuando le decimos que se cuide o que Dios lo bendiga. Cobra, en fin, otro sentido cuando estamos al lado de la imagen del Señor de los Milagros rodeada de personas en mascarilla arrodilladas en oración. Hay palabras -saludos, agradecimientos, bendiciones- que pueden aliviar o iluminar el mundo cotidiano en el que nos encontramos. Por supuesto, hay también palabras y acciones que lo pueden oscurecer todavía más.

imágenes para rezar

En los momentos de dolor, el acercamiento a la imagen del Cristo crucificado crea un espacio de compañía, consuelo, identificación. En la foto: capilla del hospital Dos de Mayo (Lima)

La idea misma de salud puede ser ocasión de oscuridad cuando se la reduce a la gestión eficiente de un servicio. Esa gestión es necesaria -y urgente en países con nuestra falta de recursos, ineficiencia y corrupción históricas-, pero puede herir más a un paciente cuando lo entiende meramente como un usuario o cliente. Estar sano no es solo un estado funcional, sino una forma de relacionarse con el mundo y los demás. En ese sentido, ser curado y curarse no se limita a procesar y administrar medicamentos al ocupante de una cama. Apunta, más bien, a restituir en la persona concreta una comunicación más plena, dentro de sus posibilidades, con el mundo de su vida cotidiana. Lo que nos puede enseñar el escenario de la sala de quimioterapia con un Cristo crucificado en la viga central y dos Vírgenes junto a la puerta es la importancia de constituir un espacio de encuentro humano que permita una atención competente sin dejar de tratar al ser humano.

Somos capaces de pensar y abrir lugares que no prescindan de su sentido humano. De hecho, lo hace ya el personal de salud que se sacrifica -y, muchas veces, es sacrificado- en la atención a sus pacientes. Palabras y acciones pueden abrir esperanza en un mundo de sufrimiento cuando son capaces de ver en cosas, espacios, momentos y personas su profundidad.

Promover esa mirada no implica poblar las instituciones públicas de imágenes. De hecho, nos permite diferenciar entre lugares dedicados a la salud, a la ciencia, a la justicia, etc. Tampoco nos exime de preguntarnos cómo acoger la pluralidad, no solo de imágenes sino de creencias, en esos lugares diferenciados. En todo caso, hemos querido sugerir que somos capaces de redescubrir y recuperar facetas humanizantes en la experiencia de las imágenes religiosas. En las últimas décadas hemos aprendido a leer en las narrativas y estéticas de la cultura popular -la pop culture de la globalización- la aspiración a vínculos significativos que la sociedad moderna deja a la preocupación individual. También podemos profundizar en una lectura análoga de lo que muchas veces despachamos rápidamente con el rótulo de “religiosidad popular”.

Además de pseudocientíficos charlatanes y políticos mezquinos que medran con la crisis, en estos días el fundamentalismo religioso se aviva para ofrecer la “salvación” frente a la amenaza, afirmando su pureza, que siempre necesita culpar a otros. En este escenario, podemos volver provechosamente sobre una experiencia que hace presente, en sus imágenes, historias que incorporan el sufrimiento, el sinsentido y una esperanza que no renuncia a la acción. Promover la justicia y la fe en la diversidad cultural de un país que sufre en la incertidumbre nos desafía a acompañar y fortalecer sus propias fuentes de consuelo, fortaleza y solidaridad.

Primavera 2020


Víctor Casallo Mesías

Director de la EAP de Filosofía de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya. Docente de la Pontificia Universidad Católica del Perú




Iglesia: cambios y desafíos

Francisco busca una Iglesia cercana a los que más sufren.Desde que Francisco fue elegido en 2013, desde Roma llegan vientos de renovación y esperanza. La Iglesia estaba en crisis por los abusos sexuales del clero contra miles de niños, niñas y adolescentes, y por la corrupción en el Vaticano.

La propuesta de Francisco es una nueva manera de ser Iglesia, que él encarna primero en gestos: presentarse como obispo de Roma y no como Papa, lo que tiene un sentido ecuménico ante otras Iglesias cristianas y de colegialidad ante los demás obispos católicos; no se aloja en el Palacio, sino en un cuarto en Santa Marta; usa un auto sencillo. Estas son señales de un estilo lejano del boato que antes rodeaba el cargo. Su primer viaje es a Lampedusa, donde llegan los migrantes de África; lava los pies a presas mujeres (una musulmana); dice a madres que amamanten a sus hijos en ceremonias; recibe a un transexual y su pareja que habían sido insultados en España; concede entrevistas, lo que ningún Papa había hecho; impulsa la canonización de Juan XXIII, Mons. Romero y Mons. Angelelli.

Con estos gestos y con sus mensajes, lo que Francisco plantea es volver a lo esencial del cristianismo: “El anuncio se concentra en lo esencial” (EG35): “el amor de Dios concentrado en Jesucristo” (EG36).

Dios es amor y misericordia, un Dios que perdona. Por eso lanza el Jubileo de la misericordia y pide una Iglesia que no condena, de puertas abiertas, hospital de campaña en un mundo herido; una Iglesia en salida (“prefiero mil veces una Iglesia accidentada que una Iglesia enferma”). “Como quisiera una Iglesia pobre y para los pobres”, dice en su primer encuentro con la prensa, expresando así su proyecto (cf. EG198).

“La propuesta del Evangelio es el Reino de Dios”. “El proyecto de Jesús es instaurar el Reino de su Padre” (EG180). Por tanto, “Evangelizar es hacer presente en el mundo el Reino de Dios” (EG176).

Pide un cambio de estilo: “No se puede evangelizar con cara de funeral” (EG10).

Al subrayar lo esencial, Francisco aclara que no todas las enseñanzas tienen el mismo nivel: “Hay un orden o jerarquía en las verdades” (EG36). Dice que se ha puesto demasiado acento en temas de sexualidad y eso debe cambiar (entrevista con Antonio Spadaro). Por eso, cuando le preguntan por el uso del condón ante el sida, dice que la pregunta no le parece suficientemente importante, que lo importante es el hambre, la pobreza, las guerras, los migrantes.

El segundo fundamento de la reforma que emprende Francisco (el primero es el Evangelio) es el Concilio Vaticano II. Dice: “El Concilio fue una bella obra del Espíritu Santo. Piensen en el papa Juan XXIII: parecía un párroco bueno y él fue obediente al Espíritu Santo e hizo aquello. Pero, después de 50 años, ¿hemos hecho todo lo que nos dijo el Espíritu Santo en el Concilio?, ¿en esa continuidad del crecimiento de la Iglesia que fue el Concilio? No… No queremos cambiar. Más aún, hay voces que quieren retroceder. Esto se llama ser testarudos, esto se llama querer domesticar al Espíritu Santo, esto se llama volverse tontos y lentos de corazón”. (Homilía en Santa Marta el 16 abril 2013, un mes después de su elección).

Por tanto, Francisco retoma las líneas de fuerza del Concilio y está atento a los signos de los tiempos. Por eso es firme en afirmar que “hoy tenemos que decir no a una economía de la exclusión y la inequidad. Esa economía mata” (EG 53). “No a la idolatría del dinero” (EG55). Se preocupa constantemente por los migrantes: “No se puede tolerar que el Mediterráneo se convierta en un gran cementerio”, dice. También es el gran adalid de la defensa del planeta e insiste en “el desafío urgente de proteger nuestra casa común” (LS 13). Respalda “el movimiento ecológico mundial” (LS14). Su encíclica Laudato Si tiene gran impacto, Francisco se convierte en un líder global.

También del Concilio toma la reafirmación de la colegialidad y más allá aún la sinodalidad como la manera de ser Iglesia. Convoca cuatro sínodos en 6 años: dos sobre la familia, uno sobre jóvenes y otro sobre la Amazonía; todos con consulta previa amplia al pueblo de Dios, e incluso más allá; y con libertad para hablar y proponer para los participantes, como no sucedió en los anteriores sínodos, donde había temas que no se podían mencionar.

Francisco plantea la descentralización y refuerza el papel de las Conferencias Episcopales. En un hecho inédito, convoca la primera reunión de presidentes de Conferencias Episcopales para tratar sobre los abusos sexuales, en febrero 2019.

El desafío más difícil para Francisco ha sido el de los abusos sexuales. Después del error que cometió en Chile al rechazar las acusaciones contra Mons. Barros, tachándolas de calumnias, se dio cuenta de su error y envió a Mons. Scicluna en misión a Chile para averiguar la verdad, junto con el P. Bertomeu. Ambos le presentaron un informe que motivó que convocara a todos los obispos de Chile al Vaticano y les pidiera su renuncia. También convocó a tres laicos víctimas de los abusos de Karadima al Vaticano, y se reunió con cada uno por largo tiempo, y luego con los tres, pidiéndoles perdón. Escribió una carta al pueblo de Dios de Chile condenando los abusos. También una carta a todo el pueblo de Dios, donde señala que la raíz de los abusos se encuentra en el clericalismo: “Esto se manifiesta con claridad en una manera anómala de entender la autoridad en la Iglesia —tan común en muchas comunidades en las que se han dado las conductas de abuso sexual, de poder y de conciencia— como es el clericalismo, esa actitud que «no solo anula la personalidad de los cristianos, sino que tiene una tendencia a disminuir y desvalorizar la gracia bautismal que el Espíritu Santo puso en el corazón de nuestra gente». El clericalismo, favorecido sea por los propios sacerdotes como por los laicos, genera una escisión en el cuerpo eclesial que beneficia y ayuda a perpetuar muchos de los males que hoy denunciamos. Decir no al abuso, es decir enérgicamente no a cualquier forma de clericalismo”. (Carta al Pueblo de Dios, 20 agosto 2018). Desde el inicio Francisco pidió pastores “con olor a oveja”.

Como expresión de colegialidad, el Papa crea el Consejo de Cardenales para ayudar en el gobierno de la Iglesia universal y revisar la Constitución Pastor Bonus (de Juan Pablo II) sobre la Curia romana. Esta reforma de la curia ya está lista y la nueva Constitución “Predicar el Evangelio” se ha consultado a las diversas instancias eclesiales.

Todos estos cambios no son fáciles. La reforma es una lucha constante, pues despierta oposición. Los sectores conservadores han atacado fuertemente al Papa, ya que permanecen aferrados a una moral cerrada que no tiene en cuenta la realidad de las familias ni la conciencia de los fieles; como el exnuncio en Estados Unidos, Carlo María Viganò, al que respaldaron más de dos decenas de obispos de ese país y varios de otros. Algunos obispos y cardenales lo cuestionaron por su Exhortación “La alegría del amor”, tras el sínodo sobre la familia. También lo atacaron por el sínodo de la Amazonía. Laicos ultraconservadores robaron y echaron al río Tíber unas imágenes de mujeres encinta, propias de las culturas amazónicas.

También se oponen a Francisco laicos poderosos. El último caso es el del exasesor de Donald Trump, Steve Bannon, y otros que lo consideran «malo para los negocios». Según el editorial del National Catholic Reporter, del 23 de abril de 2019: «Now Bannon is setting his providential magic on the Vatican, taking a shot at the pope, with the help of wealthy American and European Friends» (“Ahora Bannon está concentrando su magia providencial en el Vaticano, apuntando al Papa, con la ayuda de ricos americanos y amigos europeos”).

En relación a la actual pandemia del coronavirus, Francisco ha estado muy presente tanto a nivel de la oración (todos nos impresionamos con la bendición en la plaza san Pedro vacía en la lluvia), como de la acción, donando fondos para atender a los afectados, pidiendo un salario universal dado el impacto de la pandemia en el empleo y los ingresos de los informales (Carta a los movimientos populares del 12 de abril 2020); urgiendo al perdón de la deuda de los países más pobres para que puedan hacer frente al coronavirus; e instituyendo una gran comisión a cargo del nuevo Dicasterio de la Curia: Servicio para el Desarrollo Humano Integral.

Iglesia y Amazonía

Entre las muchas luchas del Papa Francisco se encuentra la defensa del medioambiente, “Nuestra Casa Común”. Su pensamiento se ve reflejado en la Encíclica “Laudato Si”.

La principal misión de esta comisión será “poner en marcha acciones de apoyo a las iglesias locales para salvar vidas humanas, para ayudar a los más pobres”… “El Papa está convencido de que nos encontramos en un momento de cambio de época y reflexiona sobre lo que vendrá después de la emergencia, sobre las consecuencias económicas y sociales de la pandemia, sobre lo que tendremos que afrontar y, sobre todo, sobre cómo la Iglesia puede ofrecerse como punto de referencia seguro al mundo perdido ante un acontecimiento inesperado”, señaló Tukson, Prefecto del Dicasterio.

La comisión tendrá cinco grupos de trabajo:

  • El Grupo de trabajo 1, coordinado por el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral (DSDHI), “se dedica a escuchar y apoyar a las iglesias locales, en un servicio que las convierte en protagonistas de las situaciones que viven, en cooperación con Caritas Internationalis”. Además, el grupo “tiene la tarea de colaborar positivamente con las iniciativas caritativas promovidas por otras realidades de la Santa Sede, como la Limosnería Apostólica, la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y la Farmacia Vaticana”.
  • El Grupo de trabajo 2, coordinado por el mismo Dicasterio, se ocupará “de la investigación y el estudio de la pandemia, para reflexionar sobre la sociedad y el mundo post-COVID-19, en particular en los campos del medio ambiente, la economía, el trabajo, la sanidad, la política, la comunicación y la seguridad”. Los socios del Grupo serán las Academias Pontificias para la Vida y las Ciencias, junto con varias organizaciones que ya colaboran con el DSDHI.
  • El Grupo de trabajo 3, coordinado por el Dicasterio de Comunicación, informará sobre la labor de los Grupos y promoverá la comunicación con las iglesias locales, “ayudándolas a responder de manera auténtica y creíble al mundo posterior a la COVID-19”.
  • El Grupo de trabajo 4, coordinado por la Sección de Relaciones con los Estados de la Secretaría de Estado (presidida por primera vez en la historia por una mujer), “apoyará a la Santa Sede en sus actividades y en sus relaciones con los países y los organismos internacionales, comunicándoles los frutos de las investigaciones, el diálogo y la reflexión que se produzcan”.
  • El Grupo de trabajo 5, coordinado por el DSDHI, se encarga de la financiación para apoyar “la asistencia de la Comisión para el COVID-19 a las iglesias locales y las organizaciones católicas, y su actividad de investigación, análisis y comunicación”.

Los nuevos vientos que trae Francisco han llegado también a nuestro país. Señalamos brevemente, para concluir, algunos cambios importantes en la Iglesia peruana.

Un cambio de mucha significación fue el nombramiento del nuevo arzobispo de Lima, el sacerdote y teólogo Carlos Castillo, tras la renuncia presentada por el cardenal Cipriani al cumplir 75 años de edad. Carlos Castillo fue párroco en barrios populares, como Tablada de Lurín y San Lázaro, y trabajó en la pastoral juvenil. Fue muy significativo que quien lo presentara como candidato en la ceremonia de consagración del 2 de marzo en la Catedral de Lima, en acto previsto por el protocolo, fuera el P. Gustavo Gutiérrez, conocido como fundador de la Teología de la Liberación, de quien Carlos Castillo se declara discípulo. Ciertamente, algo que no habríamos considerado posible unos meses antes.

En su discurso inaugural, que fue programático, explicó el sentido de haber llegado desde el templo de San Lázaro (que fue barrio de indios y leprosos) hasta la catedral. Manifestó su intención de «construir esa Iglesia hospital de campaña», «una Iglesia cercana y amiga» que realice «el sueño de Francisco» de «una Iglesia pobre para los pobres». Como nuevo arzobispo en Lima pasa a ser la autoridad encargada del Seminario Santo Toribio y de la Facultad de Teología.

En un momento como el actual -de crispación entre la Iglesia, las autoridades estatales y otras confesiones religiosas, en particular en torno a la educación-, Castillo señaló que desea una Iglesia «abierta a la sociedad civil, sus búsquedas y puntos de vista laicales». En el contexto de los abusos sexuales por parte del Sodalicio de Vida Cristiana, y del enjuiciamiento de dos periodistas que los denunciaron, demandó con firmeza: «Una Iglesia signo de credibilidad, que actúa con transparencia, que afronta los problemas y no los esconde, que reconoce sus errores, pecados y hasta delitos, si existen, y los enfrenta con toda justicia y verdad».

El 10 de abril, el Arzobispo de Lima firmó con el Presidente de la Conferencia Episcopal Peruana –hecho muy inusual– un comunicado «ante la decisión de la Jueza del Primer Juzgado Unipersonal Penal de Piura, en el caso de un periodista que ha buscado esclarecer la verdad sobre el accionar del Sodalitium», donde manifiestan:

“1. El Papa Francisco nos pide enfáticamente priorizar la comprensión y atención a las víctimas de todo tipo de abuso, condenando cualquier tipo de complicidad. 2. El mismo Santo Padre ha alabado y agradecido la labor de los periodistas que, mediante sus investigaciones, contribuyen a denunciar los abusos, a castigar a los victimarios y a asistir a las víctimas. Subraya el Papa que la Iglesia necesita de su ayuda en esta difícil tarea de luchar contra este mal. 3. El clima cuaresmal de conversión y misericordia mueva a todos a la máxima transparencia para que los delitos se reconozcan y sea posible la justa reparación. Finalmente, reiteramos nuestra solidaridad y cercanía con las víctimas, con sus familiares y con sus defensores”.

Cambios en la Iglesia peruana

El Santo Padre también ha realizado cambios significativos en la iglesia peruana, uno de ellos ha sido el nombramiento, como Cardenal, de Mons. Pedro Barreto SJ, Arzobispo de Huancayo.

Otro nombramiento muy importante fue el de un segundo cardenal para el Perú, hecho inédito en nuestro país: Mons. Pedro Barreto Jimeno, jesuita y arzobispo de Huancayo. Fue creado cardenal el 29 de junio del 2018. Es vicepresidente de la REPAM (Red Eclesial Pan Amazónica) y tuvo un papel importante en el Sínodo Pan Amazónico.

Se han dado cambios de obispos conservadores por otros renovadores en los últimos años. En el sur andino, el arzobispo del Cusco, Juan Antonio Ugarte (del Opus Dei), fue remplazado por Mons. Richard Alarcón; y el obispo de Juli, José María Ortega (también del Opus Dei), fue sustituido por Mons. Ciro Quispe. El obispo Schmalhausen, de Ayaviri, renunció al Sodalicio de Vida Cristiana a raíz de los abusos sexuales en esa institución, y ha dejado la Prelatura. Mons. Jorge Enrique Izaguirre, ancashino, de la congregación Holy Cross, fue nombrado el nuevo Obispo Prelado de Chuquibamba, en reemplazo de Mario Busquets Jordá, ligado al Opus Dei. Izaguirre es actualmente Presidente de la Comisión Episcopal de Acción Social (CEAS).

En Chiclayo, el Obispo Moliné fue reemplazado por Mons. Prevost, agustino muy cercano al Papa Francisco. Y también acaba de ser nombrado administrador apostólico del Callao, ante la destitución del obispo Del Palacio, neocatecúmeno.

En la selva, Francisco ha nombrado obispos como David Martínez OP, en Puerto Maldonado, quien tuvo destacado papel en la visita del Papa a nuestro país y fue parte del secretariado del Sínodo Pan Amazónico; y el jesuita Alfredo Vizcarra Mori en Jaén, actual presidente de la Comisión Episcopal para los Laicos y Juventud, cargo de gran trascendencia para la participación del laicado renovador, antes prácticamente excluido.

Arturo Colgan, de la congregación Holy Cross, fue nombrado Obispo Auxiliar de la Diócesis de Chosica; y Reinaldo Nann, miembro del Instituto Secular de los Sacerdotes Diocesanos de Schoenstatt, fue nombrado Obispo Prelado de Caravelí.

Más recientemente, ante el retiro por edad de Mons. Turley, muy querido en Chulucanas, fue nombrado Cristóbal Mejia, de la diócesis de Lurín, también de espíritu renovador.

Con muchos nuevos y buenos obispos, positivas condiciones de trabajo llegan así a gran parte de la Iglesia peruana.

Invierno 2020


Cecilia Tovar Samanez

Filósofa, investigadora y responsable del equipo Iglesia y Sociedad del Instituto Bartolomé de las Casas.