La minería ilegal y su impacto en la salud, cultura y territorio de la provincia de Condorcanqui

La minería ilegal genera impactos que, en muchos casos, son irreversibles sobre la salud y cultura de las poblaciones indígenas, como la Awajún – Wampis, afectando gran parte de la biodiversidad en sus territorios. Un ejemplo de ello es la provincia de Condorcanqui, región de Amazonas, donde fue posible observar las huellas concretas que deja la minería ilegal y que demuestran la gravedad de los hechos que enfrentan los pueblos indígenas, consecuencia de las desventajas sociales, económicas y legislativas-normativas frente a la actividad minera ilegal. El presente artículo resume un estudio más amplio que se realizó en la zona previamente mencionada durante el año 2021. Se exponen los principales resultados, interpretaciones y recursos legales empleados por aquellas comunidades indígenas que se encuentran en contra de cualquier actividad minera, así como de los que están a favor de la misma.

Hay que empezar señalando la situación en la provincia respecto a la minería ilegal. Es aquí donde el estudio indica que no se puede determinar comunidades que estén a favor o en contra de la minería ilegal; ya que existen algunos indígenas que favorecen la minería ilegal, y otros que la rechazan y conviven en la misma comunidad nativa. Además, las respuestas del gobierno peruano frente a la minería ilegal en la zona son fragmentadas y poco eficaces, pasando inadvertidas en territorios indígenas donde su legitimidad es inexistente. Esta situación se acrecienta por el déficit de capacidades y presupuesto estatal para la comprensión de un problema complejo.

Se puede determinar tres áreas de explotación de minería ilegal en la zona: la cuenca del río Cenepa, cuenca del río Santiago, y la cordillera del Cóndor. En estos dos primeros lugares existe desinformación respecto al tipo de explotación minera que se realiza. Los diferentes actores que dieron su testimonio señalan que se trabaja con “dragas” y otros métodos mecanizados; pero por las imágenes y conocimiento de la zona, sólo se está trabajando motores de succión de poca capacidad.

En la cordillera del Cóndor la situación es diferente, porque se trabaja con minería filoneana de socavón y la relación entre mineros peruanos y ecuatorianos es bastante fluida. Esta minería tiene como destino el Ecuador, donde se lleva a procesar el oro y comercializarlo. Este lugar es el más cuestionado por las organizaciones indígenas y defensores ambientales, pero tampoco existe respuesta de los gobiernos de Ecuador y Perú respecto a cómo ordenar la actividad extractiva. Esta zona minera es un problema binacional que demanda una atención urgente de parte de los gobiernos.

Los factores que condicionan la proliferación de la actividad ilegal es principalmente la extrema pobreza que tiene la población de Condorcanqui. La provincia cuenta con un 93% de personas consideradas pobre extremo (62,283 personas), 2% es pobre (1,392 personas) y 5% no pobre (3,110 personas). Esta situación, junto al aspecto económico y educacional, condicionan fuertemente a los pobladores a realizar la minería ilegal, aun a costas de su salud.

Unos de los impactos más preocupantes son los relacionados a aspectos de salud, siendo el mercurio el principal elemento usado para procesar el oro que se extrae; ya sea aluvial en las cuencas de los ríos Cenepa y Santiago o de socavón como se realiza en la cordillera del cóndor. No es de extrañar que la población comience a presentar cuadros clínicos relacionados a la contaminación por mercurio, lo sorprendente es que en el centro de salud de Santa María de Nieva no tenga conocimiento de casos de enfermedades producto de la exposición directa a este metal.

La poca información respecto a casos de enfermedades que se pueden atribuir a las actividades de minera ilegal provino de agentes que no pertenecen al centro de salud, en forma de comentarios que fueron tomados como referencias; ya que las únicas pruebas en materia de salud las debe de proporcionar el centro de salud de cada uno de los distritos de la provincia Condorcanqui.

Los altos niveles de pobreza de la región de Condorcanqui ocasiona que muchos pobladores tengan que recurrir a las actividades mineras ilegales, incluso cuando eso atenta contra su propia salud y cultura.

Otro impacto relacionado a la salud es el de enfermedades de trasmisión sexual como VIH/SIDA, según la Sala Situacional VIH/SIDA, CDC Perú, la provincia de Condorcanqui ha presentado un crecimiento exponencial de los casos detectados de esta enfermedad teniendo sus picos más altos en 2016, 2017 y 2020 con 116, 137 y 107 diagnósticos respectivamente.

Estos datos podrían estar en relación con el crecimiento de la minería en la zona. Los actores locales manifiestan que se ha podido observar un incremento de esta actividad en estos años, por otro lado, estos números de casos habría que tomarlos con cautela pues no reflejaría la verdadera situación de la enfermedad en el lugar de estudio. La literatura especializada señala que la cifra podría ser mucho mayor a la señalada por el Ministerio de Salud; ya que existe un marco cultural en torno a la enfermedad entre los Awajun y Wampis, que coloca el suigéneris de la enfermedad por efectos de la brujería, lo cual evita que la enfermedad sea diagnosticada a tiempo y termine expandiendo su radio de contagio entre estas dos comunidades.

Dentro de estos acápites también se exponen las consecuencias negativas que la actividad ilegal minera ha traído para las poblaciones indígenas en el plano de la salud, la cultura y la biodiversidad. Se hace énfasis en los cambios culturales bajo la condición de desigualdad en que se encuentran las comunidades indígenas de Condorcanqui, llevándolos a una dinámica en la que los bosques y la naturaleza pierden su significado social y espiritual. Todas estas situaciones guardan una estrecha relación con las actividades extractivas ilegales, como la minería aurífera en las cuencas de los ríos Santiago, Cenepa, Nieva o la zona de la cordillera del Cóndor, cuyos efectos contaminantes también alcanzan a las comunidades de los ríos ya mencionados.

Por otro lado, la violencia en la zona de Condorcanqui ha ido en aumento y también el crecimiento de lugares en donde se ejerce la prostitución y la trata de personas (hechos que claramente atentan contra los Derechos Humanos). Además, de los casos de violencia intrafamiliar de toda índole de las cuales son víctimas especialmente las mujeres, y esto podría estar relacionado de alguna forma a la actividad minera ilegal.

Por último, la crisis de la representación política en la zona se ha visto fuertemente acelerada; ya que, la minería, al generar contradicciones con los pobladores y sus autoridades u organizaciones, demuestra que existe una clara crisis de representación en las comunidades indígenas. Crisis que, en muchos casos, es exacerbada por los mineros ilegales, impidiendo que los defensores ambientales y de derechos humanos, en muchos casos, puedan ejercer su rol, pues son constantemente amenazados o se les prohíbe el ingreso a las comunidades que ejercen la minería ilegal. Por ende, las comunidades que en algún momento se mostraron en contra se ven prácticamente obligadas a aceptar estas actividades extractivas en sus territorios, o como en muchos casos, terminan dividiéndose.

Por último, a modo de conclusiones, como consecuencia de la fuerte crisis de representación indígena en la zona se genera el distanciamiento de las comunidades indígenas, la divergencia de ideas que obstruyen la mirada global de la problemática en la región, la separación y la obstrucción comunicativa con el Estado y las organizaciones a favor de los derechos humanos y ambientales haciendo decaer sus intentos ante el acelerado proceso de la perdida de la identidad étnica, la contaminación ambiental y la salud.

Otoño 2022


Víctor Hugo Pachas

Servicio Agropecuario para la Investigación y Promoción Económica – SAIPE

 




Loreto: estrategia regional post-petróleo

El aislamiento geográfico de la región Loreto explica que sea la región del país más dependiente de los derivados del petróleo. El transporte – terrestre, fluvial y aéreo –, la generación eléctrica y el GLP para usos domésticos, comerciales e industriales están directamente relacionados con la ingesta fósil. En este artículo se propone una estrategia energética regional post-petróleo para dicha zona, a fin que evite la construcción de infraestructuras asociadas a un irreversible impacto medioambiental y social para las comunidades amazónicas.

Las secuelas sociales y medioambientales del extractivismo petrolero

El extractivismo estatal y privado han dejado en la región Loreto gravísimas e irreversibles secuelas medioambientales y sociales; reflejadas en destrucción, contaminación e indolencia ante los problemas y necesidades de los habitantes y legítimos dueños de esos territorios. Las zonas de explotación petrolera no han beneficiado ni benefician a las comunidades, agraciados por la “bendición” de tener petróleo en sus territorios. Loreto presenta elevados porcentajes de pobreza y pobreza extrema. Según el INEI, los distritos dentro del Lote 192 presentan porcentajes promedio de pobreza y extrema pobreza financiera de 76,3% y 41,95%, respectivamente. Dentro del lote 192, 7 de cada 10 personas vive en estas condiciones. Asimismo, tienen que convivir con el impacto medioambiental y social que genera la exploración y explotación del oro negro. Por tanto, a los pueblos amazónicos les sobra las razones para oponerse a un modelo extractivista que pone en riesgo el futuro de sus próximas generaciones por las afectaciones a territorios tan sensibles y de tanta biodiversidad como la selva peruana.

El caso más escandaloso y deleznable de destrucción medioambiental es el causado por la explotación de hidrocarburos del Lote 1AB – dividido actualmente en el Lote 192 y Lote 8. El aumento de los derrames, el incumplimiento de los mecanismos de gestión medioambiental y el desconocimiento de responsabilidad de PlusPetrol ha exacerbado las manifestaciones contra la exploración y explotación petrolera en las comunidades amazónicas, continuando con las mismas prácticas de la Oxy en el transcurso de 30 años. Los derrames ha desprovisto a las poblaciones de suministros de agua para el consumo humano, así como de los peces y animales de caza, afectados por las fuentes de agua contaminadas. Un atentando inaceptable contra la seguridad alimentaria de las comunidades y su vínculo ancestral con la naturaleza, el territorio y la identidad colectiva.

Según el Observatorio Petrolero de la Selva Norte – OPNS, la compañía PlusPetrol, en enero de 2015, antes de concluir sus operaciones, informó al Estado peruano de la existencia de 2014 pasivos ambientales contaminados dentro del lote 192 y, posteriormente, se retiró sin cumplir con sus obligaciones de remediación ambiental. Si bien no existe una evaluación económica real de los costes de remediación del lote 1AB, incluidos los lotes 192 y 8, las experiencias de remediación en otros países de similares características, como Ecuador y Nigeria, indican que podría ser aproximadamente mil millones de dólares, según el Observatorio Petrolero de la Selva Norte. Entre el año 2004 y 2015, el lote 192 generó casi 6500 millones de dólares y el Estado peruano recibió 1678 millones de dólares en regalías. Desde el año 2004 al 2014, la región Loreto recibió 2405 millones de soles por canon y sobrecanon petrolero. Se estima que en más de 45 años de explotación petrolera, el Lote 1AB ha generado un volumen de negocio de más de 36 mil millones de dólares. La riqueza generada durante más de 4 décadas no se refleja en el nivel de vida de las comunidades amazónicas.

Los pueblos amazónicos, dueños de los territorios en los que se realiza la explotación, son los más afectados por la extracción de hidrocarburos y, por tanto, los más preocupados porque los operadores realicen una explotación con criterios medioambientales y respetuosos de las actividades económicas de los pueblos selváticos. Los beneficios de la renta petrolera se deberían invertir en las zonas extractivas que en un futuro no lejano se verán muy afectadas por la desaparición de los recursos petrolíferos, por lo que parece lógico que una parte sustancial de las regalías deberían invertir en la creación de una economía desacoplada del hidrocarburo en estos territorios.

Loreto: Estrategia de Transición Energética

Frente a la política extractivista, pública y privada, sin una visión de futuro para las comunidades y poblaciones amazónicas, se propone la elaboración de una estrategia regional de transición petrolera. El objetivo fundamental de la mencionada estrategia de transformación energética es plantear las fases de un desacoplamiento regional del petróleo y una transición soberana y respetuosa con el medio ambiente hacia un modelo novedoso e innovador que permita a las poblaciones amazónicas a sentar las bases de un desarrollo sostenible basado en recursos autóctonos y renovables.

En una perspectiva a corto plazo, las comunidades amazónicas deberán plantear una moratoria de exploración en la selva y proceder a una auditoría de los yacimientos en explotación, Asimismo, tendrán que evaluar el impacto medioambiental causado, así como las inversiones que deberán realizar las empresas privadas o estatales, nacionales y extranjeras, con un compromiso firme antes de la aprobación de la firma del contrato de concesión. Las comunidades amazónicas deberán fiscalizar la remediación efectiva de los pasivos medioambientales antes de la finalización de los contratos.

En una perspectiva a largo plazo, la explotación de petróleo en la región Loreto es un asunto de inseguridad medioambiental, alimentaria y de salud pública más que de seguridad energética. El petróleo que se descubre en la selva es de mala calidad, reducidos volúmenes y presenta elevados riesgos para la biodiversidad de la Amazonía peruana. Por lo tanto, el planteamiento lógico es iniciar un proceso de electrificación del transporte público y privado, así como de los servicios domésticos, comerciales e industriales de las grandes poblaciones de la región y de las comunidades amazónicas aisladas. La eficiencia energética, la construcción bioclimática y las energías renovables – solar, hidráulica y biomasa – así como el aprovechamiento de los residuos sólidos y aguas residuales deberán ser la base de la generación de energía eléctrica y térmica en las grandes poblaciones y en las comunidades amazónicas aisladas.

Evolución de la producción de crudo en el Lote 192 y de la cotización en dólares por barril de petróleo.

La estrategia regional de transición petrolera deberá basarse en los siguientes lineamientos generales:

  • Soberanía nacional sobre los recursos petroleros.
  • Riguroso respeto medioambiental en las actividades de exploración, explotación, transporte y distribución del crudo.
  • Gestión regional y fiscalización comunitaria de la adecuada utilización del canon y sobrecanon petrolero.
  • Inversión de los recursos económicos obtenidos de las actividades petroleras en la:
    • Implementación de planes de eficiencia y ahorro energético en el sector doméstico, comercial e industrial.
    • Construcción de viviendas y edificios públicos de emisiones cero, basados en criterios bioclimáticos y ahorro energético.
    • Construcción de sistemas renovables de generación térmica y eléctrica – solar, hidráulica y biomasa.
    • Construcción de instalaciones de aprovechamiento energético de residuos sólidos y aguas residuales en las grandes poblaciones y en las comunidades amazónicas aisladas.
    • Electrificación del sistema de transporte público y privado de la ciudad de Iquitos.
    • Actualización y modernización del sistema de distribución eléctrica, con el objetivo de construir un sistema de distribución inteligente en la ciudad de Iquitos.
    • Reconversión de la refinería de Iquitos en una biorrefinería.
  • Capacitación en una cultura de sencillez y sobriedad energética en organismos público, escuelas y universidades.

Debido a la explotación petrolera las futuras generaciones de las comunidades amazónicas no dispondrán de los recursos naturales necesarios para satisfacer sus necesidades.

En un artículo posterior se presentará en detalle los flujos energéticos, costes de inversión y reducción de volúmenes de contaminación ambiental de un sistema aislado de generación eléctrica para la ciudad de Iquitos, basado en la implementación de planes de ahorro y eficiencia energética; integración de sistemas renovables; aprovechamiento energético de los residuos sólidos y aguas residuales; en la construcción de viviendas y edificaciones bioclimáticas; la modernización del sistema de distribución eléctrica y la reconversión de la refinería de Iquitos en una biorrefinería. Asimismo, se realizará una propuesta de la integración de sistemas híbridos – solar, hidráulico y biomasa – en comunidades amazónicas aisladas, que permita el establecimiento de actividades económicas comunales.

Conclusiones

En Loreto, la explotación de petróleo, durante más de 45 años, no se ha transformado en mejoras de las condiciones de vida en las comunidades amazónicas. Al contrario, la actividad extractivita se ha convertido en una herramienta de destrucción intergeneracional. Las futuras generaciones de las comunidades amazónicas no dispondrán de los recursos naturales necesarios y suficientes para satisfacer mínimamente sus necesidades alimentarias, afectando su milenaria relación con la naturaleza y el territorio e identidad colectiva.

Además, en este sentido, las reservas existentes de crudo en la zona desvelan que el petróleo es un recurso fósil que puede entrar en franco agotamiento en las próximas décadas, afectando seriamente el presupuesto del lugar. Es imprescindible que la región Loreto aproveche al máximo los recursos económicos a obtener de la explotación remanente petrolera para iniciar un proceso de transformación del sistema energético regional, que permita abordar con éxito un futuro no lejano sin petróleo y evitar un posible colapso social en el territorio. Las organizaciones sociales deberán jugar un rol principal en la elaboración de una estrategia regional post-petróleo.

Otoño 2022


Alberto Ríos Villacorta

Universidad Técnica de Ambato




Piura: agricultura y seguridad alimentaria en contexto de la COVID-19 y del cambio climático

La agricultura es una actividad económica de mucha importancia para la economía y la sociedad regional de Piura, no sólo por ser el único sector productivo capaz de proveer de alimentos frescos, sino por su capacidad para desencadenar otros procesos económicos y productivos vinculados a la manufactura, la agroindustria alimentaria, el comercio nacional e internacional y las finanzas.

Juega un rol importante en la dinamización de la economía regional y es considerada entre las actividades económicas que más empleo genera y la de mayor alcance demográfico; pues, se estima que, aproximadamente, un 30% de la población regional está vinculada a esta actividad. En el período 2010-2019, el sector agropecuario en su conjunto, ha tenido una tasa de crecimiento promedio anual de 4.4%[1], y su aporte a la economía de la región, en ese mismo período, ha sido de 8.5% del valor agregado.

Actualmente, su importancia se hace aún más visible por su alta participación en las exportaciones regionales. En el año 2020, las exportaciones de productos agrícolas representaron casi el 41% del total de exportaciones realizadas en ese año.

En ese mismo año, en que ocurre la pandemia de la COVID-19, el total de las exportaciones de la región Piura, medido en millones de US$ FOB, tuvo una disminución del 14% con respecto al monto alcanzado en el 2019. Sin embargo, las exportaciones agrícolas mostraron un crecimiento de 20%, y alcanzaron un valor equivalente a 1,060,7 millones de dólares, generados por la exportación de frutas, como la uva, mango, banano orgánico, limón, palta y granos como el café y cacao. En su mayoría, estas exportaciones son lideradas por las medianas y grandes empresas agroexportadoras que operan en la región y, en menor escala, por pequeños productores y productoras de la agricultura familiar, organizados en asociaciones o cooperativas, principalmente en torno a productos como café, cacao, banano orgánico y, en menor escala, algodón Pima.

Otra característica fundamental de la agricultura piurana es el comportamiento que tiene su estructura productiva. El volumen total de producción agrícola obtenida en el año 2020, año de la pandemia, fue de 2,200,615 toneladas, superior en 18% a la producción alcanzada en el año 2019.

De esta producción, el 70.1% se orientó directamente a la exportación, sea como materia prima o productos derivados, principalmente basada en productos como el mango, plátano, azúcar de caña y uva. Entre tanto, solo el 29.9% de la producción agrícola regional se orientó al mercado interno, vale decir, a la población de la región Piura o del país. Productos como el arroz, maíz amiláceo, papa, trigo, arveja, entre otros, son de consumo directo y forman parte de la dieta alimenticia de la población regional, que constituyen la base de nuestra seguridad alimentaria.

En cierta forma resulta paradójico tener una agricultura moderna, como se le califica a la agricultura de Piura, cuando el 70% de la producción que genera, constituye la agro exportación, en su mayoría como materia prima, con escasa transformación, que se destina a consumidores no nacionales y sólo el 30% produce el consumo interno.

 

 

La Agricultura Familiar y su producción para el mercado interno

Otra característica a tomar en cuenta es que la producción para el mercado interno es generada, justamente, por los pequeños productores y productoras de la agricultura familiar, de la costa y sierra de Piura. Pese a las restricciones y duras condiciones impuestas por la pandemia, en el año 2020, la producción alimenticia para el mercado interno, generada por la pequeña agricultura familiar, creció en 4.3% con respecto al año 2019, pese a no contar con medidas de políticas de promoción agraria, como sí las tiene la gran agricultura de exportación desde hace más de 30 años.

En Piura, según el Censo Agrario 2012, existen 139,981 Unidades Agropecuarias, de las cuales 124,257 (88.8% del total) poseen predios menores a las 5 hectáreas de extensión, otras 15,095 con predios que van entre las 5 y las 10 hectáreas. Ambos grupos, constituyen el 96.2% de las Unidades Agropecuarias existentes, confirmando así la predominancia e importancia que tiene la pequeña agricultura familiar en esta parte del país.

La pequeña agricultura familiar es la que, hasta ahora, ha llevado la peor parte de la pandemia, pero la que más sigue resistiendo, produciendo con sus limitados recursos y con muy poca asistencia de parte del Estado.

Durante todo lo que va de la pandemia de la COVID-19, mientras la gran agricultura de exportación orienta su producción hacia el mercado externo, la pequeña agricultura familiar, en cambio, continúa produciendo alimentos para la poblacional regional. Sin embargo, en plena pandemia, el sector de la mediana y gran empresa exportadora fue uno de los primeros en ser atendidos a través del Programa Reactiva Perú. Un grupo de 59 empresas logró acceder a créditos de la banca múltiple, garantizados por el Estado, por montos superiores a los 83 millones de soles.

La pequeña agricultura familiar es la que, hasta ahora, ha llevado la peor parte de la pandemia, pero la que más sigue resistiendo, produciendo con sus limitados recursos y con muy poca asistencia de parte del Estado. A su permanente limitada disponibilidad de recursos, se suma la descapitalización generada por los impactos de la COVID-19. La inmovilización social obligatoria ha impedido que miembros de la familia generen ingresos como jornaleros fuera de la parcela familiar. En otros casos, los miembros de la familia residentes en otras ciudades, en vez de enviar las acostumbradas remesas al hogar paterno, ahora son los migrantes de retorno, que vuelven para compartir los recursos disponibles en la casa matriz. Además, se suman los gastos propios del contexto de pandemia, como los gastos en salud o los mayores precios de los servicios de transporte, comunicación, y de los productos alimenticios y, más recientemente, de los insumos agrícolas, como los fertilizantes, que necesitan para seguir produciendo.

Una buena parte de estos productores/as no sólo han enfrentado las duras condiciones de la pandemia que, finalmente, están impactando en la obtención de menores niveles de producción, sino que también la crisis ha agudizado los problemas de endeudamiento que ya venían arrastrando con AGROBANCO y otras entidades financieras. Como es el caso de las Cajas Municipales y el Programa PIMA del Gobierno Regional de Piura (en el caso de los productores algodoneros de los valles del Alto y Bajo Piura), proyectos generados a partir de los desastres climáticos del Fenómeno del Niño Costero 2017, y que a la fecha son protagonistas de procesos judiciales y de la ejecución del remate de sus tierras por parte de AGROBANCO que, paradójicamente, es la entidad que debe garantizar las estrategias de financiamiento adecuadas a las condiciones de la pequeña agricultura y de la agricultura familiar.

En el presente año agrícola 2022, en el contexto del tercer año de pandemia, la pequeña agricultura familiar se enfrenta a la incertidumbre climática, que hace temer una escasa disponibilidad hídrica. Y es que para aquellos productores y productoras cuyas parcelas no tienen riego regulado o no disponen de agua subterránea, la producción depende de las lluvias y si éstas no llegan, la situación se termina de agravar.

En general, los/as productores/as de la agricultura familiar de la región Piura, han enfrentado y continúan enfrentando los impactos de la COVID-19 con sus propios recursos y con poca ayuda del Estado. El bono agrario que no llegó a todos/as productores/as, un plan de reactivación del sector agrario limitado a un programa de limpieza de canales de riego con un monto de 20 millones de soles que financió 347,661 jornales y un FAE Agro que nunca se ejecutó en esta región.

Entre tanto, desde el Estado, nuevas voces anuncian una segunda reforma agraria enfocada, esta vez, en este importante sector socio económico, prometiendo resolver históricos problemas. Sin embargo, las expectativas y el entusiasmo generados en el lanzamiento, en octubre del 2021, de esta prometedora política pública, parecen extinguirse en medio de la inestabilidad y la crisis política que envuelve al poder ejecutivo.

Si se reconoce que la pequeña agricultura familiar es un sector estratégico para el fortalecimiento de nuestra seguridad y soberanía alimentaria, entonces hay que darle las condiciones sociales, políticas, económicas y ambientales para que lo sea. Se tiene que valorar y aceptar a la agricultura familiar como un agente estratégico de desarrollo, pensar que los problemas no se resuelven con bonos, sino con inversiones en infraestructura productiva y social, con innovaciones tecnológicas, con mejores servicios básicos de educación, salud, comunicación, con finanzas adecuadas, y con mejores oportunidades para incorporar a los jóvenes, hombres y mujeres, a la implementación de una agricultura familiar moderna, inclusiva y competitiva.

Otoño 2022


José Luis Juárez 

Centro de Investigación y Promoción del Campesinado – CIPCA




Niñez y adolescencia en contextos andinos y amazónicos

La diversidad cultural que le da fama al Perú abarca también a la niñez y la adolescencia. Hay muchas maneras de ser niño, niña y adolescente en el país. Esto se puede afirmar pese a grandes vacíos en nuestro conocimiento sobre cómo se viven los procesos asociados a estas etapas de la vida en los pueblos de los Andes y la Amazonía. Ellos cuentan con estudios de la vida adulta, aunque esos también son escasos. Sin embargo, conocer a profundidad la situación de la niñez y adolescencia en grupos humanos presenta desafíos excepcionales. Exige investigaciones cuidadosas, prolongadas, de terreno y realizadas en la lengua materna de cada lugar. Sin un conocimiento fino de ese tipo, demasiadas veces se pretende aplicar supuestas leyes universales de desarrollo infantil que se basan principalmente en poblaciones europeas.

Afortunadamente, hay esfuerzos en curso que buscan llenar los vacíos. Algunos estudios comparativos ofrecen pistas que nos ayudan a entender qué hay de diferente y específico de crecer en contextos como los que caracterizan a los pueblos indígenas de la Amazonía y a las comunidades andinas (Lancy, 2008; Hewlett y Lamb, 2005; Rogoff, 2003; Valsiner, 2007).

El entorno ecológico es uno de los primeros factores en saltar a la vista, por los efectos que tiene sobre las formas de organizar la vida. Las zonas tropicales húmedas y las zonas de gran altura sobre el nivel del mar figuran entre los hábitats que plantean los retos más extremos para la existencia humana (Wiley 2004). Si eso vale para las personas adultas, tiene el doble de impacto en los infantes y niños. De hecho, la mortalidad neonatal e infantil ha sido y sigue siendo alta en ambas zonas. En los Andes, conservar el calor del cuerpo del bebé es vital. Los cuidadores han desarrollado sistemas de protección mediante el waltado (fajado), la manta, y la cercanía al cuerpo de la madre. En la Amazonía, además del contacto con el agua sucia, el gran peligro son los insectos que causan heridas e infecciones. El poco uso de ropas facilita el monitoreo y los constantes baños refrescan y reaniman. Aun así, los riesgos de parásitos, desnutrición, diarreas y deficiencias de micronutrientes no encuentran respuesta suficiente en los sistemas médicos locales (el chamanismo, el curanderismo) con su poca elaboración de la especialidad de pediatría. El sistema médico oficial, demasiadas veces, minusvalora los beneficios de las prácticas locales y tampoco ofrece la ayuda que se requiere.

Un rasgo muy difundido entre los pueblos no occidentales de todo el mundo es la distribución de la responsabilidad por el cuidado de los niños entre múltiples personas. Es un patrón que se relaciona con la fuerte participación de las mujeres en los sistemas de producción, y se halla tanto en los Andes como la Amazonía. Los niños y las niñas amazónicas acompañan a sus madres, abuelas, tías y hermanas mayores a la chacra en el bosque. Los niños y las niñas andinas asisten a sus madres al pastoreo y en las largas caminatas de sus familiares en tareas de cultivo. Muchas veces, sus cuidadores directos son otros niños; así, tenemos la icónica imagen de la niña andina con su hermanito en la espalda. Algunos han analizado la importancia estructural del núcleo de hermanos, varones y mujeres, y la solidaridad generacional horizontal que organiza el sistema de parentesco andino, como un resultado de este sistema de crianza (Ortiz, 1994). Los niños mayores cuidan y enseñan a sus menores. La misma lógica se reproduce cuando los hermanitos asisten como estudiantes “espontáneos” en las escuelas rurales.

Los sistemas de enseñanza y aprendizaje definen otro ámbito; donde los pueblos indígenas amazónicos y andinos se asemejan a la generalidad de pueblos indígenas en el mundo, y contrastan con la situación de niñas, niños y adolescentes en sociedades donde la mayoría acumula muchos años de asistencia a la escuela. En estos pueblos, la transmisión de conocimientos y habilidades de las personas mayores a la nueva generación se apoya en la observación, la imitación y el ensayo y error por parte de los aprendices (Lancy, Bock y Gaskins, 2010). Se usa, sobre todo, una estrategia de “open observation (observación abierta)” (Gaskins y Paradise, 2010). Premia la capacidad de recoger información de escenarios amplios. Su valor de sobrevivencia en contextos como la selva amazónica es evidente. El fomento en la escuela de estilos radicalmente diferentes de aprendizaje explica muchas de las dificultades que tienen los niños, niñas y adolescentes – más allá de la pobre calidad de las escuelas que están a su alcance y la dudosa relevancia de mucho de lo que se enseña en ellas.

La agricultura familiar practicada en la selva y los Andes supone la participación de todos los miembros del hogar, incluidos los niños y las niñas; quienes hacen una contribución económica desde muy temprana edad.

La niñez amazónica se tipifica con frecuencia como “indulgente”: se exige poco de los niños y las niñas en términos de colaboración en las tareas del hogar y las actividades de subsistencia. En la niñez y adolescencia se goza de grandes márgenes de libertad de movimiento (Anderson, 2016). Eso puede acarrear cierto grado de auto aprovisionamiento; por ejemplo, recogiendo frutas para comer o practicando con la cerbatana, o el arco y flecha, la caza de lagartijos y pájaros. No se castiga; pero, empleando métodos más sutiles, se fomenta la iniciativa y la autonomía.

En cambio, “indulgente” no es un descriptor que se aplica a la niñez y adolescencia en los Andes; salvo raras excepciones, como podría ser el hijo único de una pareja de edad avanzada. La clave es el sistema de producción. La agricultura familiar practicada en los Andes presupone la participación de todos los miembros del hogar. Los niños y las niñas hacen una contribución económica desde muy temprana edad. A la vez son accionistas, con parcelas, animales y eventualmente otras propiedades que están reservadas para afrontar las demandas de su educación y porvenir.

Veamos la situación de los dos hijos de una familia que se halló en un pueblo de la provincia de Yauyos, región Lima[1]:

Ximena (seudónimo), de 9 años, divide su día entre las mañanas, cuando asiste a la escuela, y las tardes, cuando lleva a pastar el rebaño familiar de media docena de ovejas y un par de cabras. Los fines de semana y por ratos entre juegos ayuda a atender en la tienda familiar. La bodega de su familia está lejos de ser la más grande, surtida o concurrida en el pueblo, pero da alguna ganancia gracias al esfuerzo de los dos padres de Ximena. Cada quincena su madre viaja a Cañete para abastecerla de novedades además de artículos de primera necesidad. Los sábados y domingos, y algunas noches cuando hay movimiento en el pueblo, se estaciona un carrito salchipapero delante de la tienda. Ximena ayuda a su mamá despachando los platos y cobrando el sol que cuesta la porción.

Esto era, por supuesto, la vida de Ximena antes de la pandemia. Aun en ese entonces, su rendimiento en la escuela había bajado, dice su mamá, debido a una caída que tuvo del techo de su casa. Otros podrían decir que la sobrecarga de trabajo jugaba un papel. De hecho, Ximena llevaba sus cuadernos al campo y hacía la tarea escolar mientras vigilaba a los animales. Sus padres le inculcaban la importancia de cuidarlos bien ya que el rebaño representaba la posibilidad de ejecutar su plan para el futuro de la familia: comprar un terreno en Lima, trasladarse a la capital, encaminar a Ximena y su hermano menor en estudios secundarios y post secundarios. La familia poseía terrenos en las afueras del pueblo, y cosechaba habas y otros productos para el autoconsumo y para la venta. El hermano de Ximena ayudaba al papá en la chacra, pero, a sus 6 años, no tenía la fuerza para las tareas de otros niños mayores frente a la chaquitaclla, la pala y la barreta. No se le podía enviar para manipular compuertas en los canales de regadío, incluso durante la noche cuando el puma vagaba por los cerros. Sí, como casi la totalidad de las niñas y los niños del lugar, podía colaborar en tareas como recolectar leña en zonas de bosque y traer forraje para los cuyes en casa.

Los recursos que explotan los pueblos de caza, recolección y horticultura – es decir, la economía tradicional amazónica – requieren de conocimientos y habilidades que se adquieren lentamente y que demandan un notable madurez física y mental. Si los niños acompañaran a sus padres, abuelos y tíos en expediciones de caza sería un estorbo antes que una ayuda. Las niñas que observan a sus madres, abuelas y tías en el cultivo de la chacra o la búsqueda de alimentos del bosque demoran mucho en adquirir la capacidad para seleccionar las plantas y no tienen la fuerza para cargar productos pesados como la yuca y los plátanos de vuelta a la aldea. Su aporte probablemente se limitará a cargar palitos y hojas para alimentar el fuego de la cocina.

Debido al complejo sistema de articulación entre su medio y la sociedad mestiza, la niñez y adolescencia en los Andes y Amazonía seguirán siendo un procesos diferenciados del resto del país.

Los pueblos amazónicos y andinos vuelven a converger en torno a las expectativas de autovalía que guardan para las niñas, niños y adolescentes y en el entrenamiento que ofrecen para la misma. En todos ellos, la niñez termina tempranamente. La madre de Ximena afirmaba que ella dejaría de jugar a los 12-13 años, y esas fueron las edades que la mayoría de padres en los pueblos yauyinos mencionaban como el fin de la infancia (Anderson y Leinaweaver, en preparación). El emparejamiento suele ser precoz en la Amazonía, especialmente para las mujeres (UNFPA / Plan International, 2019). Un día están jugando con sus amigas y mascotas, y al año siguiente están con un bebé. En los Andes se produce una intensificación gradual del rol proveedor y gerencial de adolescentes varones y mujeres. Antes de cumplir los 20 años, la mayoría está en condiciones de conducir una casa y la unidad agropecuaria asociada a ella.

Muchos de estos patrones están siendo trastocados por la escuela, la oferta de trabajo en las ciudades del entorno (servicio doméstico para las mujeres; construcción civil y vigilancia particular en el caso de los varones), cambios en las bases económicas de las comunidades y cambios en las aspiraciones de niños, niñas y adolescentes en el conjunto del país. Es previsible que la niñez y la adolescencia en las zonas indígenas de los Andes y la Amazonía seguirán marcadas como procesos diferentes del resto del país. La nueva generación forma parte de un complejo sistema de articulación entre su medio (físico, social, político) y la sociedad mestiza envolvente. Las niñas, los niños y adolescentes tendrán que hacer uso de todas sus capacidades creativas y de pensamiento independiente para trazar un camino hacia un futuro no solo diferente, sino de “aumento”[2] y feliz.

Referencias

Anderson, Jeanine. 2016 Las infancias diversas. Estudio fenomenológico de la niñez de cero a tres años en cuatro pueblos indígenas de la Amazonía peruana. Lima: UNICEF Perú.

Anderson, Jeanine y Leinaweaver, Jessaca. En preparación. Niñez en Yauyos (título tentativo).

Gaskins, Suzanne y Paradise, Ruth. 2010 “Learning through observation in daily life”. En: Lancy, David F., Bock, John y Gaskins, Suzanne, editores. The Anthropology of Learning in Childhood. Walnut Creek, CA: AltaMira Press, pp. 85-117.

Hewlett, Barry S. y Lamb, Michael E., editores. 2005 Hunter-Gatherer Childhoods. Evolutionary, Developmental and Cultural Perspectives. New Brunswick, NJ: AldineTransaction.

Lancy, David F. 2008 The Anthropology of Childhood. Cherubs, Chattel, Changelings. Cambridge, UK: Cambridge University Press.

Lancy, David F., Bock, John y Gaskins, Suzanne, editores. 2010 The Anthropology of Learning in Childhood. Walnut Creek, CA: AltaMira Press.

Ortiz Rescaniere, Alejandro. 1994 Un estudio sobre los grupos autónomos de niños a partir de un trabajo de campo en Champaccocha, Andahuaylas. Lima: Fundación Bernard Van Leer / Ministerio de Educación. Proyecto de Innovaciones Pedagógicas No Formales, Documento de Trabajo.

Rogoff, Barbara. 2003 The Cultural Nature of Human Development. Oxford, UK: Oxford University Press.

UNFPA / Plan International. 2019 Las adolescentes peruanas en matrimonio o unión. Tradiciones, desafíos y recomendaciones. Lima: Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA).

Valsiner, Jaan. 2007 Culture in Minds and Societies. Foundations of Cultural Psychology. Los Angeles, CA: Sage Publications.

Wiley, Andrea S. 2004 An Ecology of High-Altitude Infancy. Cambridge, UK: Cambridge University Press.

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[1] Extracto del manuscrito en proceso que contiene los resultados de un estudio de campo en seis localidades rurales de la provincia de Yauyos, al sur de Lima, en el 2008. Anderson y Leinaweaver, en preparación.
[2] El “aumento” expresa un valor primordial de los pueblos indígenas amazónicos. Alude a procesos deseables de crecimiento, florecimiento y prosperidad.

Verano 2021/2022


Jeanine Anderson

Pontificia Universidad Católica del Perú – PUCP