Editorial Edición Nº 47

¡La juventud no es el futuro, es el HOY!, porque asumen los retos del presente y marcan el futuro. Pero debemos tomar en cuenta que, en la actualidad, no sólo la edad puede definir la juventud de una persona. Entre ellos podemos encontrar personas sin dependencias, que estudian, en situación variable (de soltera a casada, de estudiante a trabajador…); y, a todo esto, debemos sumar características específicas de las diversas juventudes: rurales, urbanas, indígenas, vulnerables, millennials, ninis, etc.

A la diversidad juvenil añadimos que el bono demográfico en el Perú es alto, favoreciendo el crecimiento del PBI en por lo menos una década. Las y los jóvenes son piezas claves para pensar el país de hoy y del futuro, que tienen que buscar nuevas formas de: hacer política, generar economías socio-ecológicas, proponer lúcidas formas de vivir bien, potenciar la riqueza cultural. La juventud es la que tiene la palabra, ideas, sentimientos, recursos, medios, posibilidades para responder a los desafíos del país.

Es absurdo pensar que los jóvenes no tienen interés político ni social; ni compromisos, ni ideales. ¡Los tienen, pero de una manera nueva!, más propia de un “mundo líquido” (Z. Bauman), pero no por ello menos auténtica. Ante esta realidad es importante reflexionar y dialogar entre jóvenes, y entre jóvenes y adultos, para proyectarnos a fin de saber: a) articular la creatividad juvenil con la experiencia que proporciona la historia y b) las condiciones que la juventud requiere para construir país.

Pensar que “todo tiempo pasado fue mejor” nos obnubila en la nostalgia y aferra a un pasado sin ventanas al porvenir. La historia anacrónica y la que no se abre al futuro, no es historia, es una base datos. Jesús, dijo “odres nuevos para vino nuevo” porque no podemos quedarnos en la parcial e ideal sensación que el vino añejo es el mejor (Lc. 5, 37-39). Los jóvenes necesitan entender críticamente la historia para no repetirla, sino propulsar nuevas propuestas.

Sin embargo, más importante y urgente que el pasado y que el futuro, ES EL HOY: bisagra que recoge la experiencia del pasado y debería establecer las condiciones para enrumbarnos al futuro. El Perú tiene la “obligación” de dar a la juventud las condiciones para “construir” el país que sueñan. Los y las jóvenes necesitan que el Estado y TODOS los ciudadanos nos comprometamos para brindarles las condiciones mínimas para desplegar sus alas, a saber: una educación de calidad e intercultural bilingüe que aproveche nuestras riquezas y deje las marginaciones que generan la mayoría de conflictos sociales del Perú; una salud en donde la infancia de hoy “crezca” sin anemia y sea la juventud del mañana; oportunidades laborales dignas para que no prolifere el abuso laboral y discriminatorio hacia los jóvenes, para que se inserten en una economía formal (erradicando la informal, que representa más del 70% en el país produciendo tanto daño); pero, sobre todo, una juventud forjada en VALORES aprendidos en casa, en el barrio, en las redes, de las autoridades políticas, policiales, educativas… de ti ….de mí.

P. Carlos Miguel Silva Canessa, SJ

Primavera 2019

Edición Nº 47

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Editorial Edición Nº 46

Este año, la Compañía de Jesús universal celebra los 50 años de la creación del Secretariado de Justicia Social y Ecología. Es evidente que la justicia social ha sido su misión siempre, pues está en el origen de su fundación en 1550, y se cimienta en Jesús. La razón de ser de un Secretariado es el dinamizar, promover y articular los esfuerzos en la dimensión socio-ambiental a nivel de la Compañía en el mundo. Esta celebración tiene un carácter conmemorativo, es decir, mirar con agradecimiento el camino recorrido para inspirar el servicio de hoy y proyectar la misión de justicia y reconciliación de tal modo que responda a los desafíos que presenta el mundo. Para ello recorremos la semántica, lo que está a la base del discurso (significado, sentido, interpretación, deseo y voluntad) de aquello que nos convoca y moviliza en el servicio social que la Compañía en el Perú viene realizando en estos 50 años. También reflexionamos sobre lo aprendido en este tiempo de trabajo en las fronteras socio-ambientales, entendidas no como líneas divisorias, sino como espacios de encuentro enriquecedor para ampliar panoramas y encaminar esfuerzos en la búsqueda de una sociedad más equitativa y digna.

En este marco publicamos este número, teniendo en cuenta que la justicia social implica diversas dimensiones de una sociedad; todas ellas articuladas y, por ende, exigentes de respuestas integradas desde la educación, salud, cultura, economía, política, justicia y ecología. Por ello lo hacemos desde los desafíos actuales del Perú. El primero de ellos, la corrupción. Analizar sus causas y efectos es fundamental para poder erradicar este mal enquistado en casi todos los estratos de la sociedad peruana. Otro desafío inmenso es la pobreza y la desigualdad, binomio indivisible y reflejado en los altos índices de anemia, que superan el 43% en menores de 3 años. Lo peor de todo es que, contando con los medios para cambiar esta realidad, no contamos con la voluntad política ni con la presión movida por la solidaridad desde la sociedad civil.

Una característica propia de la justicia social en nuestro siglo es la crisis ecológica, que ha tomado dimensiones enormes, llegando a un punto donde el daño que estamos causando a la Casa Común será irreversible, ya que amenaza ecosistemas y la capacidad de proporcionar bienes esenciales a la humanidad. Evidentemente los más afectados serán los que viven en situación de pobreza y vulnerabilidad, es decir, estamos frente a un problema de justicia socio-ambiental. Tres artículos de este número están dedicados a analizar el aspecto ecológico en nuestro país, y en otros lugares del mundo, desde lo más cotidiano, la basura. Sí, aquello que desechamos, que no queremos ver ni oler, nos puede ayudar a reconsiderar nuestro modo de vida marcado por el descarte, el cual nos está llevando a: ciudades con pésima calidad de aire y aumento de enfermedades cardiopulmonares que afectan a todos (pobres y ricos), descongelamiento de nevados que hunden en una mayor pobreza a los pobladores andinos y que afecta el abastecimiento de alimentos en las ciudades, contaminaciones generadas por megas industrias productoras de sequías y aguas inservibles para el consumo humano… Es decir, a este ritmo de vida ya no habrá dónde poner la basura que descartamos sin que nos afecte. O cambiamos, o los descartados seremos nosotros.

P. Carlos Miguel Silva Canessa, SJ

Invierno 2019

Edición Nº 46

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Editorial Edición Nº 45

Hacia dónde vamos, por qué y para qué es un discernimiento que ha realizado la Compañía de Jesús a lo largo de su existencia y como respuesta a su compromiso con la sociedad. En este último tiempo esta reflexión se ha realizado a nivel mundial para establecer hacia dónde debemos canalizar todos nuestros esfuerzos en los próximos diez años. En esta tarea han participado miles de colaboradores (laicos, religiosas, jesuitas, ateos, agnósticos y personas de diferentes religiones) de más de 160 países. La respuesta, llamada Preferencias Apostólicas Universales, es: (1) caminar junto a los pobres, los descartados del mundo, los vulnerados en su dignidad en una misión de reconciliación y justicia, (2) acompañar a los jóvenes en la creación de un futuro esperanzador, (3) colaborar en el cuidado de la Casa Común, (4) mostrar el camino hacia Dios mediante los Ejercicios Espirituales y el discernimiento.

Del mismo modo, el pensar hacia dónde queremos ir como país, cómo lograrlo y con qué recursos contamos, ha sido una preocupación constante de reflexión en INTERCAMBIO. Es por esto que nos pareció fundamental visualizar cómo nos encontramos como sociedad en lo referente a nuestra salud mental y cómo esta se ve afectada por la realidad que vivimos (y viceversa).

Siendo la salud mental la capacidad que tenemos los seres humanos para afrontar los desafíos que se nos presentan en nuestro entorno y, a la vez, el poder aportar en la construcción de la comunidad, iniciamos este número con una entrevista al director de Salud Mental del MINSA quien nos indica que uno de cada 5 peruanos sufre de problemas mentales, subrayando lo vulnerables que podemos ser en este punto frente a la violencia.

El modelo económico imperante también es generador de desigualdades, afectando la salud mental de quienes viven en pobreza, e incluso de los grupos emergentes o de poder, produciendo stress, ansiedad y violencia. Igualmente, la salud psíquica de los pueblos originarios, especialmente de las mujeres, se ve aquejada ante los problemas de anemia y la alteración de sus tradiciones culinarias y rituales, producto de la contaminación de los ríos y peces.

Por otra parte, la educación recibida en el hogar, la escuela, el barrio, etc., refuerzan estereotipos de masculinidades (dominantes, superiores) que conllevan a atacar física y psicológicamente a la mujer y, al mismo tiempo, a generar violencia en los mismos hombres, incapaces de manejar la fragilidad propia del ser humano, refugiándose en el alcohol o la delincuencia ante el fracaso laboral.

¿Qué decir de la movilidad humana? No solo de nuestros hermanos venezolanos, también de los peruanos que van de una comunidad a un pueblo, o de un pueblo a una pequeña ciudad, o a Lima o a otro país. ¿Somos conscientes de los problemas mentales a los que se enfrentan por dejar su tierra, costumbres, distanciarse de sus vínculos afectivos más cercanos?

Para saber por dónde ir, para lograr las metas que deseamos, tenemos que reflexionar sobre las condiciones individuales o como sociedad que nos permitan la consecución de dicho objetivo. Mens sana in corpore sano es una expresión que solemos entender como mente sana “en cuerpo sano.” Así tendemos a pensar en la necesita de la salud corporal como primacía ante la mental y no como la necesidad de contar con un espíritu equilibrado para tener un cuerpo equilibrado. Solo una mente sana con su cuerpo sano puede buscar una meta.

P. Carlos Miguel Silva Canessa, SJ

Otoño 2019

Edición Nº 45

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Editorial Edición Nº 44

Para una gran mayoría de peruanos la política se ha convertido en una telenovela con gran audiencia, en la fuente de memes, en motivo para expresar aversiones de manera agresiva, o simplemente algo en lo que no confiamos o frente a lo cual nos hacemos indiferentes. En efecto, solo 10% de los peruanos se sienten representados por los políticos; el Congreso y el poder judicial registran niveles bajísimos de aprobación y se percibe que el poder político está más orientado a los intereses personales y no a los de interés común. Encuestas recientes indican que casi el 90% de la población desaprueba el desempeño del Poder Judicial, pues está corrompido; e investigaciones judiciales y periodísticas muestran grandes indicios de enormes casos de corrupción a nivel de la clase política.

Las consecuencias de la corrupción son nefastas ya que nos distorsiona la idea de política, nos da la sensación de estar ante una mafia muy poderosa frente a la cual no podemos hacer nada, y además nos afecta económicamente. Se estima que el costo de la corrupción asciende al 10% del presupuesto general de la República, unos 16 mil millones de soles en el 2018 provenientes fundamentalmente de sobornos, actividades económicas informales e ilegales que no solo merman los ingresos fiscales (dinero que debería utilizarse en beneficio de la población, como educación, salud, entre otras), sino que enriquece a unos cuantos. En el caso de la minería ilegal, este año ha depredado 1725 hectáreas de bosque de la reserva de Tambopata, por mencionar un ejemplo.

Es evidente que no podemos mantenernos al margen de la política, que es urgente y necesaria una reforma donde es vital el fortalecimiento de la democracia. Para ello se tiene que buscar con firmeza la aplicación de la justicia y una lucha frontal contra la corrupción. Es importante señalar que esa firmeza no significa gobernar con “mano dura”, donde se corre el riesgo de caer en formas autoritarias radicales de posiciones extremas. Ejemplos como estos están presente en el continente (Bolsonaro, Maduro, Ortega, Trump, etc). En el Perú hemos tenido experiencia con esa forma de gobernar que nos han llevado a dictaduras, con autoridades que han debilitado institucionalidades, han caído en actos de corrupción y exacerbado polarizaciones.

Que la desilusión o la indiferencia no nos venzan, pues contribuirían a mantener el statu quo o a su empeoramiento. Hay signos de esperanza de que la situación actual puede cambiar. El presidente Martín Vizcarra, de alguna manera, ha sabido canalizar la presión del pueblo y de algunas instancias de la sociedad civil convocando a un Referéndum con el propósito de reformar el sistema de justicia, el Congreso y regular el financiamiento de los partidos políticos. Somos conscientes que el Referéndum no será la solución total, es un primer paso, y la ciudadanía con su compromiso político puede contribuir a que otros se sigan dando.

P. Carlos Miguel Silva Canessa, SJ

Verano 2018-2019

Edición Nº 44

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