Editorial Edición Nº 51

Las grandes pandemias históricas recientes han sido ocasionadas por los virus, quienes dependen de un organismo para poder desarrollarse. Ante organismos más débiles, el impacto es mayor. Ante el virus COVID-19 somos el país con mayor mortalidad mundial y el sexto en contagios, ¿por qué esta consecuencia nefasta si fuimos elogiados mundialmente por las drásticas medidas gubernamentales dadas al inicio para afrontar la enfermedad? Hay dos factores fundamentales interrelacionados: las bajas “defensas” del país y la estrategia del gobierno.

Las medidas gubernamentales carecen de estrategia y de la escucha de los diversos sectores del país. Se dieron normas desde una mirada centralista, que no responden a nuestra diversidad geo-política-económica-cultural. Así, ¿cómo hacer cuarentena si gran parte de la población vive del día a día, en espacios pequeños, precarios y sin servicios básicos?

Las estadísticas macroeconómicas hicieron que el Perú sea catalogado como un país de renta media-alta. En los últimos años reducimos el índice de pobreza, justo al borde de la línea. Así, cualquier factor, como la COVID-19, nos llevó a retroceder 20 años en pocos meses. Hoy tenemos 6 millones de peruanos (más del 20% de la población) en situación de pobreza. ¿Cuáles son esas bajas defensas inmunológicas del Perú?, ¿cuáles son sus pandemias?

La precariedad. Estamos sostenidos por hilos finos. La Constitución del Perú, y los Derechos Humanos Universales establecen condiciones básicas para la salud, educación, economía, dignidad y respeto a la diversidad (cultural, sexual, racial…) de las personas. No se cumple. Tenemos una educación, que avanza, pero aún no ofrece una propuesta de calidad para todos. En las zonas urbanas periféricas y rurales el sistema de salud es precario o inexistente, gran parte de la población no cuenta con servicios básicos de agua y desagüe.

La desigualdad. Más tienen mucho y muchos poquísimo. El 70% de la población vive en la informalidad, y un número significativo de “formales” no cumplen con todas las regulaciones de formalidad. Desigualdad que aumenta en un país donde la corrupción está enquistada.

La falta de institucionalidad. Carecemos de partidos políticos, dependemos de muchos caudillos en el Estado, gobiernos regionales y locales. Cada cual llega con una propuesta que no está articulada a una política de desarrollo a largo plazo. Si a esto sumamos la alta rotación de autoridades (el último gabinete duró 21 días, el congreso actual tendrá un periodo de menos de dos años, un importante número de gobernadores regionales y alcaldes son vacados al poco tiempo de ser elegidos…), ¿cómo podemos avanzar?

Desconocimiento del Perú multicultural. Las políticas contra la COVID-19 no han dado los resultados esperados porque el Estado no ha tenido en cuenta las diversidades culturales del país, llegando tarde para apagar incendios en vez de prevenirlos. En los pueblos originarios de la Amazonía y sierra sur sabíamos que la enfermedad tendría un impacto muy fuerte. ¡Hay publicaciones! Sin embargo, las autoridades no hicieron nada para prever. Somos un país multicultural, mas no en propuestas públicas que respondan eficientemente y aprovechen la riqueza cultural del país.

El país se desmorona. Requerimos respuestas solidarias de todos (Estado, sociedad civil, la empresa privada, ciudadanos de a pie…) para afrontar la COVID-19. Pero, sobre todo, necesitamos dar respuestas ante las pandemias que desgarran a este país: precariedad, desigualdad, falta de institucionalidad, estar de espaldas a la multiculturalidad. Solo fortaleciendo estas debilidades podremos hacer que la COVID-19 y demás amenazas no nos destruyan.

P. Carlos Miguel Silva Canessa, SJ

Primavera 2020

 

Edición Nº 51

Ediciones Anteriores:

 

 




Editorial Edición Nº 50

El primer número de la Revista INTERCAMBIO salió en setiembre del 2007 bajo el formato de un boletín y en junio del 2009 se convirtió en revista. Han pasado un poco más de 12 años y presentamos el Nº 50 en medio de la crisis de la Covid-19, y a un año del bicentenario de la independencia del Perú. Como revista del Sector Social de la Compañía de Jesús abordamos temas cruciales para el país: política, descentralización, educación, economía, género, ecología integral, cultura. INTERCAMBIO intenta ayudar a desplegar nuestras alas de libertad hechas con las plumas de la solidaridad, de la riqueza multicultural, de la búsqueda del Bien Común. En esta edición hacemos una reflexión sobre las luces y sombras vividas en la última década.

¿De dónde venimos? Somos un país milenario, orgulloso de sus pueblos originarios ancestrales, consciente de todos sus aportes y limitaciones. Pensar en un pasado idílico es iluso. Pero más allá, podemos reconocer los logros de esas culturas que formatearon las actuales. No por ello debemos dejar de lado el encuentro de dos mundos (América y Europa), hito importante de globalización, tan presente en nuestros días. El bicentenario nos muestra que lamentablemente la balanza se ha inclinado por las pesas de la corrupción y discriminación.

¿Hacia dónde vamos, o queremos ir? En América somos el tercer país con más contagios y muertes por la Covid-19. Importantes causas estructurales son: la corrupción, informalidad, desigualdad y discriminación. ¿Nos escuchamos?, ¿somos solidarios?, ¿o somos guiados por los grupos económicos de poder? Angela Merkel precisa que el gran problema de América es que los que tienen más no quieren contribuir con los que tienen menos. Basta un ejemplo: todos necesitamos alimentarnos, pero ¿por qué la agro-exportación tiene exoneración de impuestos cuando el campesino sólo recibe el 10% de lo que paga el consumidor?

La pandemia ha mostrado nuestra fragilidad. Hoy apreciamos el oxígeno para respirar, el mismo que contaminamos con nuestro modus vivendi. Nos allanamos a una economía neoliberal de consumo y de falsa felicidad que ofrece lo económico y virtual. El hiper-consumo, el atentado ecológico y el individualismo nos revelan que no hemos construido sociedad civil. Saqueamos el planeta, exacerbamos nuestro ego (lo que implica discriminación y desigualdad) y apostamos por una política orientada al beneficio particular en lugar de buscar el bien común. Sin embargo, la pandemia nos señala que, para vivir bien en este mundo, necesitamos que todos estén bien. Eso implica tener una sociedad civil fortalecida, armonía con nuestra Casa Común (de la que somos una parte y no amos), una economía que no solo beneficie a algunos y mate a muchos, generar la posibilidad de ofrecer una educación de calidad. Es decir, la posibilidad de sentirnos todos Perú, pues la felicidad y bienestar de unos es la de todos. La libertad puede permitirnos ser constructores de futuros de bienestar. ¡Somos libres (todos), seámoslo siempre (todos)! Y la libertad es nuestra responsabilidad.

P. Carlos Miguel Silva Canessa, SJ

Invierno 2020

 

Edición Nº 50

Ediciones Anteriores:

 

 




Editorial Edición Nº 49

La Amazonía es un lugar privilegiado para el mundo, pues representa el 40% del área de bosque tropical del planeta. Allí vive el 20% de las especies de aves y el 50% de las especies de plantas del mundo, y alberga alrededor del 15% de la biodiversidad. Además de dos elementos básicos para que exista el ser humano: agua y oxígeno. La Amazonía almacena entre 150 mil y 200 mil millones de toneladas de carbono cada año (capacidad de purificación del aire contaminado) y arroja en el océano Atlántico el 15% del total de agua dulce del planeta. Y, por si esto fuera poco, desde el punto de vista cultural, la selva amazónica es una de las regiones más diversas del mundo. Solo en el Perú, de los 55 pueblos indígenas/originarios, 51 son de la Amazonía.

Más del 60% del territorio peruano es selva, y ante estos datos tenemos que preguntarnos: ¿qué estamos haciendo con este tesoro? Lamentablemente estamos de espaldas a esta realidad. Actualmente hay grandes conflictos sociales; nuestros hermanos selváticos están levantando sus voces indignadas (por no decir palabras mayores) como protesta ante el crecimiento del narcotráfico, la explotación minera irresponsable (con grandes consecuencias contaminantes), la tala indiscriminada de árboles y megaproyectos de plantaciones (como las de palma aceitera que están destruyendo el ecosistema y que son para beneficio de unos pocos). Ya hay manifestaciones en esas regiones, ¿qué esperamos?, ¿otro Baguazo?

A nivel mundial, el Papa Francisco es el líder que ha puesto más énfasis y esfuerzos en este tema: publicó la encíclica Laudato si, realizó el Sínodo Panamazónico y últimamente ha publicado una carta de amor expresada en su Exhortación Apostólica Querida Amazonía. Todo esto dirigido a católicos, a creyentes de otras religiones e incluso a agnósticos y ateos, es decir, a todos. Sin embargo, muchos peruanos no se han enterado del tema. Quizá estemos esperando que la situación sea megacrítica; porque ya es crítica. En el 2017 la deforestación iba a un ritmo equivalente de una cancha de futbol por minuto, ahora está al ritmo alarmante de dos canchas de futbol por minuto.

Necesitamos hacer y poner en ejecución una propuesta integral que responda a esta dejadez y crisis, que incluya todos los medios concretos expresados en políticas, acciones e implicancia ciudadana, para aumentar la riqueza y potencialidades de la biodiversidad amazónica. Es decir, elaborar una política que realmente considere la realidad de nuestra selva en todas sus dimensiones: salud, educación, cuidado y promoción del medio ambiente, consulta previa, demarcación de territorios, etc. Pero sobre todo poniendo en primer lugar a los pueblos originarios con su Tajimat pujtut (buen vivir selvático, que implica la armonía relacional-trascendente de los seres humanos con la creación).

Con ellos, y ellas especialmente, pues la mujer de la Amazonia es el motor de la vida y está olvidada, podemos construir un futuro para que su Amazonía, que también es nuestra, sea vida y esperanza para nuestro país y el mundo.

P. Carlos Miguel Silva Canessa, SJ

Otoño 2020

Edición Nº 49

Ediciones Anteriores:

 

 




Editorial Edición Nº 48

Hace unos meses se celebraron en Lima los Juegos Panamericanos 2019. Más allá del valor de los Juegos en sí, para la gran mayoría de peruanos y peruanas fue un orgullo el haber sido capaces de una buena organización, pese a las grandes limitaciones y deficiencias por las que atraviesa el país.

Luego vinieron los Juegos Parapanamericanos, los cuales también fueron una revelación para muchos peruanos al ser testigos de los logros deportivos de personas con discapacidad de diferentes nacionalidades. Fue realmente una fiesta donde se derrochó esfuerzo, superación, creatividad, solidaridad, respeto; una muestra de cómo las carencias o limitaciones, en vez de ser percibidas negativamente, pueden ser generadoras de perspectivas nuevas que nos engrandecen como personas, como pueblo.

El censo del 2017 mostró que en el Perú existen más de tres millones de personas con discapacidad, lo que representa el 10% de la población. Estos datos nos urgen a reflexionar sobre las condiciones en las que vive este número significativo de peruanas y peruanos. Para ello partamos de la definición de la OMS, según la cual la discapacidad es un término general que abarca las deficiencias (problemas que afectan una función corporal), las limitaciones (dificultades para ejecutar acciones o tareas), y las restricciones (para participar en situaciones vitales). Por consiguiente, la discapacidad es un fenómeno complejo que refleja una interacción entre las características del organismo humano y la sociedad en la que vive. En este sentido, una persona con una deficiencia (como la imposibilidad para caminar) puede superar las limitaciones para desplazarse si cuenta con lo necesario (como una silla de ruedas), y así poder participar en la sociedad, al igual que otros, a través de un trabajo digno.

Sin embargo, la silla de ruedas, por sí sola, no basta. El Estado y la sociedad civil tienen la tarea de abordar integralmente la situación de las personas con discapacidad, es decir, desde el ámbito sanitario, educativo, laboral, legal y social. Si bien es cierto existe un marco legal que establece sus derechos, todavía queda bastante camino por recorrer en el Perú. Todavía falta mucho para contar con un sistema de salud que les brinde los recursos que requieren, como sillas de ruedas, prótesis, terapias de rehabilitación. A nivel educativo, aún no contamos con un sistema inclusivo y con los suficientes profesionales especializados. En cuanto a lo laboral, si bien hay cuotas que establece la ley para contratar a personas con discapacidad, estas todavía no se cubren. Tampoco nuestras ciudades están preparadas para evitar su exclusión: no se cuenta con sistema de lectura braille, rampas en el transporte público ni en las instituciones, o el respeto necesario de todos… Todo ello significa un esfuerzo para que accedan a incorporarse al tejido social.

Algunos puntos a considerar: son un número significativo de la población que puede contribuir al desarrollo del país; algunas personas, dadas sus discapacidades, pueden ser más productivas; otras pueden desarrollar grandes habilidades artísticas (como genios de la música o pintura); también son iconos de esfuerzo y tenacidad para superar las adversidades. La discapacidad no es, pues, incapacidad, más bien está relacionada a la capacidad del Estado y de la sociedad para incluir a estas personas, a fin de que puedan desarrollarse plenamente, contribuyendo al desarrollo y enriquecimiento del país.

P. Carlos Miguel Silva Canessa, SJ

Verano 2019-2020

Edición Nº 48

Ediciones Anteriores: