CCAIJO: 50 años sirviendo a la provincia de Quispicanchi y su compromiso con la comunidad

Este 2021 el Centro de Capacitación Agro Industrial Jesús Obrero – CCAIJO cumple 50 años. El primer Centro Social del Sector de Justicia Social y Ecología de la Compañía de Jesús  en el Perú. Durante todo este tiempo, esta obra ha caminado junto a los y las campesinas, brindándoles formación y acompañamiento para construir conjuntamente procesos de desarrollo en sus vidas, familias y en la provincia de Quispicanchi de la región de Cusco.

Arístides Díaz, actual coordinador del Centro de Educación Técnico Productiva (CETPRO) de CCAIJO, nos comparte sus reflexiones sobre los aprendizajes significativos en estas cinco décadas de servicio.

¿Cómo surge CCAIJO?

En un contexto post Reforma Agraria. Los campesinos habían accedido a las tierras y animales, pero no tenían la formación para trabajarlos adecuadamente. Toda la tecnología y el mercado se habían ido con los empleados y funcionarios de la hacienda. Por otro lado, la iglesia en América Latina vivía la irrupción del pobre plasmada en la inspiración de la Teología de La Liberación, propuesta por el sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez. También era la época de la propuesta educativa de Pablo Freire que promovió una educación popular muy adecuada para adultos pobres analfabetos en la medida que implicaba su autoría en la sociedad. Y, a nivel de la Compañía de Jesús Universal, se impulsó la creación de Centros Sociales, donde el Apostolado Social pasó del asistencialismo a la promoción y desarrollo de las personas.

Así se funda el CCAIJO en el año 1971, teniendo como norte la formación de jóvenes para que puedan forjarse un futuro en diferentes opciones ocupacionales como: mecánica, electricidad, carpintería, entre otros.

¿Cuáles han sido las etapas de trabajo que ha realizado CCAIJO con los campesinos en Quispicanchi?

En un principio, los jóvenes participantes venían a los centros de formación, ubicados en las capitales de los distritos, como por ejemplo en Andahuaylillas. Allí contaban con talleres implementados y profesores. Los alumnos recibían formación durante varios días, hospedándose en las instalaciones  proporcionadas por el CCAIJO. Es importante señalar que todas las capacitaciones incluían un proceso de alfabetización al estilo de Paulo Freire.

Después, vimos más conveniente que el equipo y personal técnico vaya a las comunidades a realizar los talleres, con la finalidad de que estos sean más adecuados a la realidad; es decir, más prácticos y vivenciales, desarrollándose dentro de sus mismos espacios de producción. Asimismo, se opta por esta estrategia para poder darle más posibilidades de participar a las mujeres. Nos dimos cuenta que ellas presentaban muchas dificultades para venir a los centros de capacitación, sea ya por la carga familiar o las responsabilidades en casa. Luego de este cambio, por el año 2000, la participación de las mujeres había incrementado notoriamente. Actualmente, las mujeres representan el  70% de  las propuestas de CCAIJO.

Otro rasgo fundamental a señalar es que al principio las personas recibían capacitación de CCAIJO, luego han sido co-elaboradores de propuestas conjuntas, hoy muchos son emprendedores.

¿Cómo diría que el trabajo que viene haciendo CCAIJO estos 50 años se alinea con la misión de la Compañía de Jesús?

La Compañía de Jesús surge como una propuesta en la Iglesia que busca trasmitir al Jesús que nos ofrecen en los evangelios y, por tanto, articula fe, justicia y educación. Desde CCAIJO contribuimos con la justicia que la misma fe exige, pues creemos que la justicia está basada en la equidad, en el respeto, en la igualdad de condiciones y en valores cristianos. Por ello buscamos darle a la gente la posibilidad formarse. El trabajo con el CETPRO de CCAIJO nos permite eso: formar y calificar a nuestros alumnos y alumnas sin mayores estudios. Les damos la posibilidad de que sean parte del sistema educativo reconocidos por el Ministerio de Educación. Asimismo, al concluir la formación, que es netamente práctica y vivencial, pueden acceder a una certificación. Ahora están accediendo a un título de profesionales técnicos. Ya hemos empezado esta experiencia los últimos años.

Por otro lado, también se desarrollan cuadros políticos en el sentido de búsqueda del bien común. Especialmente las mujeres. Hoy, mujeres y hombres, gracias a muchos actores y al CCAIJO reflexionan sobre el empoderamiento político de las mujeres en la provincia de Quispicanchi. Estos son proyectos más sociales que preparan a los y las campesinas para visionar el futuro y desarrollo de sus localidades.

¿Desde cuándo podría decir que CCAIJO asume un compromiso ecológico?

Yo siento que estaba desde un principio. Tal vez no tan evidente, pero estos últimos años empieza a hacerse más notorio. Hace unos años atrás empezamos un trabajo de reforestación de pino. En los últimos 15 años logramos reforestar más de 15 mil hectáreas, un logro que no tiene ninguna otra provincia del Cusco.  Otro aporte es la propuesta de siembra y cosecha de agua a nivel regional. De hecho, ya forma parte de una política, incluso del país. Nuestra experiencia ha contribuido y está recogido en un libro que ha publicado el MIDAGRI. Desde CCAIJO hemos logrado proporcionar en la provincia más de un millón metros cúbicos de agua que sirven para la producción agrícola y pecuaria. En este sentido promovemos el desarrollo de emprendimientos con cuyes y lácteos. Ahora hemos entrado a la producción agroecológica. Apostamos por una transición hacia la agroecología. Incluso hemos optado por la certificación de productos orgánicos como quesos, papa nativa y hortalizas.

¿Cuál diría que serían los mayores aprendizajes que se han construido en estos 50 años de servicio?

Primero, que es posible hacer cambios con las familias campesinas que no han tenido mucho acceso a formación, con las dificultades que presenta, es posible plantearse cambios. Esto depende de que en CCAIJO nosotros nos consideramos como incubadoras de proyectos: nos planteamos una idea, formulamos su prototipo, lo validamos, lo llevamos a la práctica para finalmente transferirlo al gobierno local o regional para desarrollarlos a mayor escala en  el territorio.

Segundo, que las mujeres necesitan más opciones y oportunidades. Estas experiencias de la capacitación en sus propios territorios fueron muy útiles para su participación. Al final, son ellas las que se comprometen mucho más que los varones y con quienes hemos podido logar grandes cambios.

¿Cuáles podrían haber sido los desafíos o dificultades más grandes que han tenido que atravesar?

Lo que más me ha marcado es como sobrellevar esta relación entre campo y ciudad.  Porque se mantienen algunas taras de la época de hacienda, donde la gente mestiza es la gente que participa mucho más y es la llamada a los cambios, y la gente muy campesina no. Entonces, este dialogo entre estos dos sectores siempre ha sido muy complicado. Nos ha llevado a algunos enfrentamientos sobre cómo hacer entender que también es posible trabajar y lograr cambios con las comunidades y las familias rurales.

¿Cuál podría decir que son los más grandes o principales aportes que CCAIJO ha podido dar a Quispicanchi en los 50 años?

Definitivamente la formación de los jóvenes y personas mayores con estudios que han podido certificar a través de su CETPRO. Ahora último estamos con la titulación de los jóvenes y se sienten muy orgullosos. Hay algunos que están trabajando en los municipios con ese título. Otros  han emprendido negocios familiares como producción de quesos y cuyes. De hecho en la zona hay una producción diaria de más de una toneladas de quesos que requieren para su elaboración unos 8 litros de leche por kilo de queso.

CCAIJO ha logrado proporcionar a la provincia de Quispicanchi más de un millón de metros cúbicos de agua, que sirven para la producción agrícola y pecuaria.

¿Cuál siente que son los aportes dejando CCAIJO para las nuevas generaciones de jóvenes en Quispicanchi?

Yo creo que enseñar que es posible vivir de la tierra. Hay gente que ya no creía que el sector agrario y agrícola sea rentable. Hay riesgos, sí; pero si sabes ubicar bien una propuesta es posible vivir de la ganadería. Yo creo que eso es un gran aprendizaje para las futuras generaciones: que, capacitados y preparados, ellos pueden emprender y contribuir. Por otro lado apostamos por el cuidado de la casa común de la cual todos somos responsables.

¿Qué planes o proyectos a futuro tiene planteado CCAIJO en la región?

Hay que seguir apostando por la formación de los jóvenes. Me gustaría que CCAIJO tenga más propuestas formativas para la gente mayor y joven, no solamente para el sector agrario. Por ejemplo en el campo del turismo. Hace varios años que desde CCAIJO venimos promoviendo la Ruta Turística del Ausangate. Una ruta que permite el desarrollo sostenible y sustentable de los y las comuneras, una forma de establecer un diálogo entre el visitante y los pobladores promoviendo un enriquecimiento intercultural. Para ello capacitamos y apoyamos a la producción de productos locales alimenticios (cuyes, lácteos, tubérculos nativos, truchas…) que puedan ser vendidos en restaurantes acondicionados para los turistas y pobladores locales. Esto genera una cadena productiva enorme en la zona. Hay que seguir apostando por la agroindustria y transformando los productos. Y hacer el tránsito a la agroecología lo más rápido posible, cuidando siempre el medioambiente, la naturaleza, la salud y la producción, para ellos mismos y para los consumidores.

Verano 2021/2022


Arístides Díaz

Centro de Capacitación Agro Industrial Jesús Obrero – CCAIJO