Dilemas de la juventud indígena amazónica en el Perú

juventud amazónicaHoy en día, ser joven e indígena originario de la Amazonía peruana no es nada fácil. Los y las jóvenes indígenas amazónicos enfrentan diversos desafíos que les impiden vivir de manera más integral su condición de ciudadanos peruanos modernos y, al mismo tiempo, continuar con las tradiciones y la riqueza de su herencia cultural. Todos los días enfrentan numerosas presiones: por parte de otros jóvenes no indígenas, por parte de sus maestros o empleadores, por parte de los medios de comunicación, del Estado o de la sociedad mestiza; e incluso, a veces también, por parte de sus parientes y familiares que les dicen, de distinta forma, que “no vale ser indígena”, “no puedes ser indígena y profesional al mismo tiempo”, “no sirve hablar en tu propio idioma”, “si quieres vivir bien, deja de ser indígena”, “ser indígena es vivir en el pasado”, etc.

Para muchas sociedades amazónicas, además, la experiencia de la juventud o de la adolescencia constituye un fenómeno relativamente reciente. Hasta hace algunas décadas, en estas sociedades, se pasaba directamente de la niñez a la adultez luego de cumplir con los rituales correspondientes de pubertad. Apenas un niño o niña estaba físicamente en condiciones de tener hijos, y de demostrar su capacidad para obtener los alimentos necesarios para sobrevivir, ya podían convertirse en padres o madres y asumir todas las responsabilidades propias de la adultez. Por ello, lo que hoy consideramos adolescentes y jóvenes, recién aparecieron en la Amazonía junto con la escolaridad, la vida urbana y la cultura moderna.

En algunos casos se trata de un fenómeno tan novedoso que muchas veces ni los padres ni los adolescentes saben cómo lidiar con esta nueva situación, a diferencia de lo que ocurre en otros sectores, donde hay una mayor experiencia para lidiar con estas tensiones, y en donde se puede contar con especialistas en psicología o pedagogía que organizan escuelas para padres y talleres para adolescentes.

Además, los desajustes pueden ser tan grandes que tengan como consecuencia efectos terribles, como el suicidio. En los últimos años, este problema es uno de los más graves que enfrentan las sociedades indígenas. Al respecto, las Naciones Unidas han expresado su alarma frente al alto número de suicidios entre jóvenes y adolescentes indígenas, que es mucho mayor, proporcionalmente, al que existe en el resto de sectores sociales. Precisamente, una de las principales razones para el suicidio entre jóvenes indígenas es su imposibilidad de encontrar un lugar adecuado, ya sea en el mundo moderno o en el mundo tradicional de sus padres y antepasados.

La educación y la vida urbana han traído para los pueblos amazónicos nuevas costumbres y formas de vida, tanto positivas como negativas. Por un lado, ofrecen espacios y experiencias que les permite acceder a herramientas y conocimientos que pueden servirles, no solo para ganarse la vida, sino también para eventualmente defender sus derechos y territorios en permanente amenaza; pero, al mismo tiempo, pueden generar el debilitamiento y hasta la destrucción de los valores, creencias y relaciones sociales que constituyen las bases mismas de las sociedades indígenas.

En la ciudad, los y las jóvenes indígenas no solamente aprenden nuevas ideas o valores en las instituciones educativas, también enfrentan desafíos y situaciones para los que no siempre están preparados adecuadamente. En los contextos urbanos, el contacto constante con la sociedad mestiza les exige a estos jóvenes adaptarse, no siempre de una manera positiva, eventualmente intensificando o acelerando los procesos de transformación o de pérdida cultural. Y en el caso de vivir en sus propias comunidades, también reciben muchas presiones para ser buenos estudiantes para luego migrar y convertirse en profesionales; ideal al que, además, no siempre logran acceder.

Una parte fundamental del dilema que enfrentan los y las jóvenes indígenas radica en que no queda del todo claro qué significa ser un indígena moderno. Es decir, ¿cómo ser un indígena que no corresponde a los estereotipos e imaginarios generalizados a través del tiempo y de los medios de comunicación, y que presentan a los indígenas como desnudos o emplumados salvajes, cazando o pescando en medio de un bosque amazónico idealizado?

¿Qué hacer, pues, frente a un imaginario tan fuerte que no corresponde con la realidad? Una realidad en la que cada vez son menos los pueblos indígenas que pueden dedicarse exclusivamente a la caza o pesca, ya que los animales han sido depredados, los ríos contaminados y los bosques deforestados. Pero, además, este imaginario no corresponde tampoco a la población indígena amazónica que hoy en día vive en centros urbanos, que estudia o ha estudiado en institutos superiores o universidades, usa celulares, viaja en avión y está conectada a internet.

Juventud amazónica

“Soy awajun, tengo orgullo de mi lengua y mis conocimientos”. El pueblo awajún es uno de los identificados con su cultura y su etnia.

Frente a este imaginario resulta difícil para los y las jóvenes indígenas encontrar su propio lugar y la forma adecuada de vida que les permita encontrarse a gusto consigo mismos como individuos “modernos” y, al mismo tiempo, como parte de pueblos con una fuerte y rica herencia cultural. Evidentemente, no existe una respuesta única para resolver esta inquietante pregunta que se formulan muchos jóvenes indígenas. Y, en algunos casos, la pregunta es tan angustiante que, ante las presiones mencionadas, muchos jóvenes no quieren pensar en ello. Ante esta situación resulta necesario y urgente generar espacios para discutir sobre este tema al interior de las familias o los colegios, pero también debería ser una prioridad para las organizaciones indígenas en la medida en que son las nuevas generaciones las que van a continuar manteniendo vivas sus tradiciones y formas de vida.

Las respuestas y opciones que asumen los y las jóvenes indígenas dependen de varios factores, tanto personales como sociales, incluyendo la historia de relaciones de su comunidad con el Estado, así como la relación que estos jóvenes mantienen con las propias tradiciones y valores de sus propios pueblos. A pesar de estas diferencias, hoy se pueden apreciar tres tendencias importantes:

  • Por un lado, algunos grupos de jóvenes de pueblos con una fuerte autoestima en relación a su identidad étnica, como los shipibo-konibo o los awajún, buscan formas creativas de combinar sus tradiciones culturales con las formas de vida modernas. Un ejemplo de ello es la intensa participación de jóvenes shipibos en la producción y conducción de programas radiales bilingües.
  • Una segunda tendencia busca establecer una mayor distancia frente a las prácticas culturales de sus pueblos y antepasados, pero sin romper definitivamente con sus orígenes. Este sería el caso, por ejemplo, de grupos de jóvenes kukama o yánesha, que antes que definirse como tales prefieren optar por la fórmula de autoidentificarse como “descendientes kukama” o “descendientes yánesha”. Al utilizar el término “descendiente” se distancian más de sus padres y abuelos, pero sin romper con ellos; además, pueden seguir demandando para ellos o ellas, si así lo desean, que se les reconozcan sus derechos indígenas, ya que la legislación nacional e internacional utiliza también este término.
  • Finalmente, están los y las jóvenes que buscan distanciarse más de sus orígenes, en algunos casos llegando a negar o rechazar su identidad étnica. En muchos casos, sin embargo, esta actitud de rechazo dura solamente algunos años. Existen varios casos de líderes indígenas que cuentan cómo cuando fueron más jóvenes rechazaron su identidad debido al “bullying”, basado en la discriminación y racismo, o por diferentes presiones sociales, pero una vez que llegaron a convertirse en adultos más maduros, volvieron a sus raíces y se convirtieron en activistas culturales y políticos que defienden y promueven los derechos de sus pueblos.

En última instancia, las opciones que vayan tomando los y las jóvenes indígenas marcarán el derrotero que seguirán sus comunidades y pueblos en el futuro. Por supuesto, es muy difícil predecir cuáles van a ser estos derroteros. Durante más de un siglo se ha venido señalando la inminente desaparición de los pueblos indígenas. Sin embargo, la historia ha mostrado que este no es el caso y que, a pesar de que efectivamente esto ha ocurrido con algunas sociedades, un número importante de pueblos indígenas siguen viviendo, creciendo demográficamente y siendo cultural y políticamente creativos. En todo caso, es responsabilidad no solamente del Estado, sino de toda la sociedad peruana, ayudar a los y las jóvenes indígenas de hoy en sus búsquedas para encontrar la posibilidad de vivir como ciudadanos peruanos modernos sin tener que renunciar a la riqueza de las tradiciones culturales heredadas de sus padres y antepasados.

Primavera 2019


Oscar Espinosa de Rivero

Docente del Departamento de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP)