Editorial Edición Nº55

¿Qué nos enseñó las elecciones del bicentenario? Que no hemos sido capaces de construir la República del Perú con la que se soñó, salvo algunos esfuerzos y personajes de nuestra historia republicana de mención excepcional y puntual que son dignos de ser reconocidos por su labor. Más bien, lo que más resalta es que en gran parte de estos doscientos años no asumimos nuestra tarea con compromiso y responsabilidad como un solo pueblo que quiere salir adelante incluyendo la riqueza humana, cultural y natural de esta tierra bendita.

Por ejemplo, admiramos a Japón y Alemania que después de ser devastados hace solo 70 años son ahora potencias mundiales. ¿Qué los hizo diferente a nosotros? Primero, pensar en el país teniendo la firme convicción que el bienestar de algunos es el de todos. Segundo, trabajar fuertemente con honestidad. Tercero, proyectarse a futuro, con los aprendizajes del pasado, con el reconocimiento de todos por igual y con la voluntad férrea de construir país.

Por un lado, la gran mayoría de hombres y mujeres del Perú es muy trabajadora, sin embargo, resalta una visión individualista. Esto se refleja en el alto índice de corrupción en diversos niveles de la sociedad y en la alta tasa de informalidad. Las razones son muchas, pero en doscientos años no las hemos atacado y la corrupción e informalidad ha ido en aumento.

Por otro lado, en gran parte estamos atascados en el pasado sin aprender lecciones que nos permitan proyectarnos a un futuro mejor. Idealizamos un imperio inca sin tener en cuenta cómo ellos sometieron a las culturas ya existentes en estas tierras. Resaltamos lo negativo de la colonización española sin considerar los aportes que brindó y el mestizaje que se dio. Vivimos culpabilizando a otros y lamentándonos de  las derrotas en las guerras con países vecinos. No hemos atacado las causas del terrorismo que sumió al país a una de sus épocas más oscuras y crueles. No hemos puesto todas las fuerzas y mecanismos necesarios para fortalecer la política que en las últimas décadas ha mostrado un deterioro impresionante, salvo algunas excepciones.

Estamos festejando doscientos años, en gran parte, de ataduras a un pasado que alimentó el resentimiento de los marginados y la desidia de los afortunados. Producto de todo ello se expresa en las elecciones del bicentenario. Ojala podamos liberarnos de las esclavitudes absurdo-imaginarias del pasado y del aprovechamiento para fines propios del presente. Ojalá pensemos en el Perú como la nación de todos, que aprovechemos toda la riqueza humana, cultural y natural del país y exijamos a todas las autoridades para representarnos y trabajar por nuestra patria.

Carlos Miguel Silva Canessa, SJ

 

 

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