Editorial Edición Nº 37

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La situación de emergencia que vive el Perú no es solo consecuencia de un fenómeno natural, es el reflejo de un país carente de institucionalidad, con una corrupción enquistada, con una sociedad civil frágil y muy vulnerable ante el cambio climático. Pero este panorama ensombrecido puede ser ocasión para, como el ave fénix, resurgir esta vez no de las cenizas sino del lodo; tanto del que trajo el Niño Costero, como del lodo de los problemas políticos, sociales y ecológicos. Desde INTERCAMBIO queremos contribuir al país señalando, por un lado, las causas de la crisis y, por otro, dando alternativas.

Entre las causas podemos citar 4 como las más cruciales en estos momentos. La realidad nos muestra que el Perú es uno de los cinco países más vulnerables ante el cambio climático. Sin embargo, no se han tenido políticas claras ni de prevención ante los fenómenos naturales de gran intensidad, ni de cuidado del medio ambiente. En segundo lugar, hoy los peruanos tenemos claro que la corrupción es un flagelo nacional enquistado en todos los niveles de nuestra sociedad (Poderes del Estado, empresa privada y hasta en el ciudadano de a pie), cuyos montos bordean, según la estimación de algunos expertos, entre el 4% y 5% del PBI (equivalente a lo que destina el Estado al sector educación). En tercer lugar está la falta de institucionalidad. No contamos con partidos políticos sólidos y con trayectoria, los gobiernos regionales y locales no tienen políticas institucionales y su actuar está a merced de la autoridad de turno que, en muchos casos, busca sus intereses personales. En general, los Poderes del Estado son débiles y se encuentran en conflicto entre sí. Por último, la sociedad civil peruana es frágil, sin mayor capacidad para ejercer sus funciones de indignación, movilización y fiscalización.

Ante este panorama desolador, Evangelina Chamorro se ha convertido en el símbolo de la esperanza. Una mujer que con la fuerza de su voluntad venció la fuerza de un huaico que se le vino encima.

En este panorama, también percibimos un Estado más proactivo. Presidente y ministros dando respuesta a las urgencias de la población en emergencia y pensando ya en una reconstrucción planificada. Las fuerzas armadas están dando todo de sí. El pueblo peruano no solo se ha puesto de pie, sino que camina para dar sus donaciones materiales y en dinero. Hay miles de voluntarios, jóvenes y adultos, que tienen un solo norte: #UnaSolaFuerza. Ante la emergencia, los peruanos “decidimos” no abatirnos sino unirnos.

Pasada la emergencia estamos llamados a poner toda nuestra voluntad en la construcción de un país sólido que le dice NO a la corrupción. Peruanos que asumimos con solidaridad, compromiso y responsabilidad nuestro trabajo. Ciudadanos que aportamos, ya sea organizándonos como sociedad civil responsable, como empresarios, emprendedores o autoridades que no solamente quieren reconstruir un país, sino que sueñan con uno donde se cuide nuestra Pachamama; donde los Poderes del Estado trabajen eficientemente, aunando esfuerzos entre sí; donde se cuente con políticas públicas institucionalizadas. Un país movido por una sola fuerza, la de la justicia social; donde nadie quede excluido, donde se busque el buen vivir de todos.

P. Carlos Miguel Silva Canessa, SJ

Otoño 2017

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