Editorial Edición Nº 45

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Hacia dónde vamos, por qué y para qué es un discernimiento que ha realizado la Compañía de Jesús a lo largo de su existencia y como respuesta a su compromiso con la sociedad. En este último tiempo esta reflexión se ha realizado a nivel mundial para establecer hacia dónde debemos canalizar todos nuestros esfuerzos en los próximos diez años. En esta tarea han participado miles de colaboradores (laicos, religiosas, jesuitas, ateos, agnósticos y personas de diferentes religiones) de más de 160 países. La respuesta, llamada Preferencias Apostólicas Universales, es: (1) caminar junto a los pobres, los descartados del mundo, los vulnerados en su dignidad en una misión de reconciliación y justicia, (2) acompañar a los jóvenes en la creación de un futuro esperanzador, (3) colaborar en el cuidado de la Casa Común, (4) mostrar el camino hacia Dios mediante los Ejercicios Espirituales y el discernimiento.

Del mismo modo, el pensar hacia dónde queremos ir como país, cómo lograrlo y con qué recursos contamos, ha sido una preocupación constante de reflexión en INTERCAMBIO. Es por esto que nos pareció fundamental visualizar cómo nos encontramos como sociedad en lo referente a nuestra salud mental y cómo esta se ve afectada por la realidad que vivimos (y viceversa).

Siendo la salud mental la capacidad que tenemos los seres humanos para afrontar los desafíos que se nos presentan en nuestro entorno y, a la vez, el poder aportar en la construcción de la comunidad, iniciamos este número con una entrevista al director de Salud Mental del MINSA quien nos indica que uno de cada 5 peruanos sufre de problemas mentales, subrayando lo vulnerables que podemos ser en este punto frente a la violencia.

El modelo económico imperante también es generador de desigualdades, afectando la salud mental de quienes viven en pobreza, e incluso de los grupos emergentes o de poder, produciendo stress, ansiedad y violencia. Igualmente, la salud psíquica de los pueblos originarios, especialmente de las mujeres, se ve aquejada ante los problemas de anemia y la alteración de sus tradiciones culinarias y rituales, producto de la contaminación de los ríos y peces.

Por otra parte, la educación recibida en el hogar, la escuela, el barrio, etc., refuerzan estereotipos de masculinidades (dominantes, superiores) que conllevan a atacar física y psicológicamente a la mujer y, al mismo tiempo, a generar violencia en los mismos hombres, incapaces de manejar la fragilidad propia del ser humano, refugiándose en el alcohol o la delincuencia ante el fracaso laboral.

¿Qué decir de la movilidad humana? No solo de nuestros hermanos venezolanos, también de los peruanos que van de una comunidad a un pueblo, o de un pueblo a una pequeña ciudad, o a Lima o a otro país. ¿Somos conscientes de los problemas mentales a los que se enfrentan por dejar su tierra, costumbres, distanciarse de sus vínculos afectivos más cercanos?

Para saber por dónde ir, para lograr las metas que deseamos, tenemos que reflexionar sobre las condiciones individuales o como sociedad que nos permitan la consecución de dicho objetivo. Mens sana in corpore sano es una expresión que solemos entender como mente sana “en cuerpo sano.” Así tendemos a pensar en la necesita de la salud corporal como primacía ante la mental y no como la necesidad de contar con un espíritu equilibrado para tener un cuerpo equilibrado. Solo una mente sana con su cuerpo sano puede buscar una meta.

P. Carlos Miguel Silva Canessa, SJ

Otoño 2019

Edición Nº 45

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