Editorial Edición Nº 52

Algunos dicen que lo que caracteriza al ser humano es la capacidad para pensar, pero hay niveles de razonamiento en algunos seres vivos no humanos. Sin embargo, la capacidad de tener esperanza sí es propia de las personas. Esperanza entendida como la proyección a un futuro que podemos transformar y no solo adecuarnos a él. Es decir, requiere nuestra participación activa y creativa.

Con este número de INTERCAMBIO cerramos el 2020. Un año que deja huellas y heridas profundas en la humanidad. Esperamos que no solo haya trastocado nuestras vidas, sino que las haya transformado.

Atahualpa Yupanqui cantaba “yo tengo tantos hermanos / que no los puedo contar / en el valle, en la montaña / en la pampa y en el mar… Y así seguimos andando / curtidos de soledad / y en nosotros nuestros muertos / para que nadie quede atrás”. Nuestra solidaridad con los que nos acompañan desde “otro lugar”, pues muchos murieron por la pandemia. La Covid-19 afectó seriamente la vida y porvenir de millones de personas afectando nuestra salud, revolviendo nuestra psique y condiciones dignas para el desarrollo humano. Así, en este número analizamos la crisis sanitaria física- mental, económica y política.

En menos de 10 días hemos tenido tres presidentes en el país: el primero, que asumió el cargo por la renuncia del elegido por el pueblo, fue vacado por el Congreso; el segundo, efímero, fue designado por grupos de poderes políticos y económicos; y con el tercero esperamos que nos lleve a una “aceptable” transición.

Ante este panorama los ciudadanos y ciudadanas no se resignaron, sino que movidos por la esperanza realizaron protestas legítimas y sustentadas para luchar contra el abuso, la corrupción y la manipulación. Cabe destacar la participación de los jóvenes, que han dado muestra de compromiso con su patria. Lamentablemente, Inti y Bryan fueron asesinados por las estructuras de injusticia. Hoy, los jóvenes y toda la sociedad civil apuestan por un Perú más justo, solidario y equitativo. Sí, ese Perú donde todos tengamos voz: pobres y ricos, campesinos y empresarios, negros, cholos y mestizos, los pueblos originarios con su ancestral y nueva riqueza cultural (quechuas, aymaras, ashaninkas, awajún, wampis…) y todas las personas de “realmente” buena voluntad.

Hoy es tiempo de que la esperanza se enraíce en la diversidad del país, deje de ser una utopía y se convierta en la tierra fecunda, donde crecen las semillas de equidad, solidaridad e inclusión. Más aún, para que la cosecha sea abundante para todas y todos.

Es tiempo de conjugar lo que se debe, puede y quiere hacer. Cada uno de estos elementos, por separado, nos puede llevar a lo hipotético, a sacarle la vuelta a la ley o a intereses personales. Por eso, la armonía del deber, poder y querer, sustentados en la fraternidad y equidad, son los caminos para tener esperanza en un Perú mejor. Un Perú que quiere cicatrizar sus heridas y salir fortalecido de esta crisis. Es MOMENTO DE REAVIVAR EL PAÍS.

P. Carlos Miguel Silva Canessa, SJ

Verano 2020 / 2021

 

Edición Nº 52

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