Editorial Edición N°60

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Sin comida no hay vida. Hambre tendrá el mundo ante la crisis alimentaria en el planeta. Es una realidad dramática que ya vivimos, y que se agudizará si no hay políticas globales para evitar una catástrofe alimentaria. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés) estima que, en el 2022, cerca de 924 millones de personas (11,7 % de la población mundial) afrontaron niveles graves de inseguridad alimentaria. Es decir 28 veces la población del Perú, 1.3 veces la población de América latina- Caribe-Oceanía, que equivale a la población de Europa. Además, la FAO señala que en el 2022 más de la mitad de peruanos y peruanas está en situación de inseguridad alimentaria.

Hambre es morir o subsistir. Las demás necesidades básicas (vestimenta, vivienda, educación, salud, etc.) están supeditadas a lo fundamental que es comer. El hambre genera muerte o vida miserable: niño/as marcados por la anemia para toda su vida impidiéndoles desarrollarse laboralmente y como ciudadanos. Además afecta la dignidad básica de todo ser humano de alimentarse y alimentar a su familia.

El Perú está convulsionado por una crisis política que exige reformas constitucionales para que los tres poderes del Estado den respuestas eficientes y eficaces a las necesidades de la población: erradicar la corrupción, el narcotráfico, la tala y minería ilegal, la inseguridad ciudadana y la informalidad. Pero sin comida, millones de peruanos vivirán en la miseria, y todo lo antes señalado se agudizará más.

En este número de INTERCAMBIO, presentamos varios análisis sobre la seguridad alimentaria a nivel mundial, de país y regiones. Hay muchos factores implicados: la guerra en Ucrania, el problema energético de los combustibles fósiles, la falta de compromisos de los Estados por cuidar la ecología, las deficiencias en toma de decisiones gubernamentales en lo que se refiere a agricultura familiar, agroecología, etc. También presentamos posibles alternativas, pues el empuje y creatividad de los que vivimos en este país no tiene límites.

Es vital que el Estado y todos los consumidores apoyemos la agricultura familiar, sin dejar de lado la agro-exportación. Hoy hay muchos beneficios para estos y casi nada para la agricultura familiar. Es fundamental y evangélico apoyar más a los que menos tienen. Como señala CONVEAGRO, hay que acompañar y apoyar la agricultura familiar que representa a más de 2 millones de unidades familiares a nivel nacional generando el 24.2% de la PEA para garantizar la seguridad alimentaria.

Es tarea de todos ser conscientes de la crisis alimentaria, que el Estado tome medidas concretas y que, como ciudadanos, nos comprometamos a consumir lo que produce nuestro país para cuidar la calidad agropecuaria familiar y ecológica de lo que comemos.

Carlos Silva Canessa, SJ

Director

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