El Conflicto de Siria: de la Primavera Árabe a la Guerra Civil

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El 17 de diciembre de 2010, el joven tunecino Mohammad Bouazizi decidió ‘quemarse a lo bonzo’ como protesta por la corrupción de su país. Su muerte dio lugar a una serie de revueltas que terminaron por producir la salida del gobierno de Ben Ali, tras más de dos décadas en el poder. Tras Túnez, otros revoluciones populares se extendieron por los países vecinos, dando lugar a lo que conocemos como “primavera árabe”. Las revueltas consiguieron derrocar a varios dictadores pero también han abierto conflictos que tardarán años en solucionarse.

La guerra de Siria

En Siria, desde el año 2000, gobierna Bashar al-Asad el cual sucedió en el cargo a su propio padre, quien presidió el país durante 29 años hasta su muerte. Padre e hijo pertenecen a la minoría alauita, una rama del Islam chií, mientras que la mayoría del país es suní. Las primeras revueltas llegaron a Siria en 2011 cuando la población civil, de mayoría suní, se alzó contra el gobierno reclamando mayores libertades y el respeto de los derechos humanos. Al-Asad respondió con puño de hierro a las revueltas provocando que las mismas no solo se agravaran sino que también se extendieran por otras ciudades hasta desencadenar una guerra civil. Al mismo tiempo y aprovechando la inestabilidad generada, Daesh (el autoproclamado estado islámico) empezó a expandirse desde Irak hacia Siria enfrentándose no solo al gobierno de al-Asad sino también a todos aquellos que no comparten su interpretación radical del Islam (chiíes, kurdos, suníes moderados, cristianos y demás minorías).

Tras meses de ataques y contraataques hemos llegado a una etapa de estancamiento en la que cada bando (gobierno, oposición y Daesh) se ha hecho fuerte en la parte del territorio que controla, lo que puede provocar una prolongación indefinida del conflicto. Parte de culpa de la misma la tienen los distintos aliados de cada bando, los cuales intentando defender sus intereses particulares tan solo contribuyen a la destrucción progresiva del país en lugar de buscar una solución conjunta al problema.

En este laberinto de nombres, de grupos y subgrupos, de aliados y enemigos, no hay que perder de vista los millones de víctimas de una guerra que va ya por su quinto año y de la cual no se vislumbra una cercana resolución. Según datos de ACNUR[1], la guerra en Siria se ha cobrado ya más de 100 mil víctimas, de las cuales un 40% de ellos son civiles, incluyendo a más de 10 mil niños. Pero el mayor drama es el de los refugiados y desplazados: al día de hoy, solo en países limítrofes como Turquía, Líbano, Jordania o Irak hay ya más de 4 millones de refugiados sirios.

El primer éxodo

En 2012, cuando la guerra en Siria era ya una realidad, comenzó el primer éxodo de refugiados. Familias jóvenes que buscaban criar a su hijo sin tener que temer por los obuses, veinteañeros que huían por el miedo a ser reclutados a la fuerza por el ejército o miembros de las distintas minorías que empezaban a sospechar las masacres que se avecinaban. Este es el perfil de los primeros refugiados que salieron a los países vecinos de Turquía, Jordania y Líbano principalmente. En los años siguientes, y a medida que la guerra se desplazaba hacia una u otra zona de Siria, el número de refugiados aumentaba como un constante goteo que llegó a su punto álgido a principios del año 2015. Algunos datos nos pueden ayudar a dimensionar la magnitud de la catástrofe: solo en Turquía ya hay más de 2 millones de refugiados sirios, en el Líbano uno de cada cinco habitantes es sirio y en Jordania la tercera población más grande del país es el campo de refugiados de Za’atari[2].

El caso del Líbano es quizá paradigmático. El Líbano es un pequeño país del Mediterráneo oriental, situado al norte de Israel y que hace frontera principalmente con Siria. Debido a las relaciones históricas entre ambos países los sirios podían entrar libremente en el país sin necesidad de visado. Esta política de fronteras abiertas hizo que en los primeros años de la guerra fueran muchos los sirios que buscaran refugio en el país vecino. La idea de éstos era instalarse en el Líbano de manera temporal a la espera de poder regresar a sus hogares una vez que el conflicto se resolviera. Lo que comenzó como una solución temporal se fue prolongando en el tiempo que, sumada a la continua llegada de refugiados en los meses siguientes, hizo que un país de poco más de 4 millones de habitantes acoja hoy día a más de 1 millón de refugiados sirios. En vista de la situación el gobierno libanés decidió restringir la entrada a los sirios pero la crisis humanitaria ya era descomunal.

Al día de hoy, solo en países limítrofes como Turquía, Líbano, Jordania e Irak hay ya más de 4 millones de refugiados sirios.

La situación de los sirios en estos países de tránsito es mala, ya que existe el temor a que los refugiados se instalen de manera definitiva y decidan no regresar a Siria una vez concluida la guerra. Los refugiados encuentran muchas dificultades, tanto a la hora de acceder a una vivienda como de encontrar un trabajo. De hecho, en el Líbano es casi imposible que un sirio obtenga un permiso de trabajo, por lo que se tiene que limitar a trabajar de manera ilegal por sueldos irrisorios. Otro ejemplo es la política educativa: hasta septiembre de 2015 los niños sirios no tenían el derecho de acudir a la enseña pública libanesa, provocando su aislamiento y su empobrecimiento gradual.

A estas restricciones de nivel político hay que añadirle las condiciones de pobreza en las que se ven obligados a vivir miles de refugiados. Falta de condiciones higiénicas, hacinamiento e infraviviendas son algunas de las realidades diarias de los refugiados. A todo ello hay que sumarle el desprecio por parte de la comunidad de acogida, que en algunos casos desemboca en violencia, como hemos podido ver en Turquía en los últimos meses. Ante esta perspectiva, y tras más de cinco años de conflicto, surge en los refugiados una nueva pregunta, ¿qué hacemos ahora? La respuesta es el segundo éxodo, esta vez hacia Europa, del que somos testigos en estos momentos.

El segundo éxodo

Una vez perdida la esperanza de regresar a Siria a corto plazo toca pensar en el futuro. Las soluciones intermedias de Jordania, Líbano y Turquía respondían a una situación de emergencia pero no ofrecen ningún horizonte de futuro. Tras comprobarlo in situ durante los últimos años, ahora los refugiados son plenamente conscientes de sus alternativas: morir lentamente en los países de tránsito, morir rápidamente en Siria o intentar vivir en Europa a costa de un viaje que también les puede costar la vida. La respuesta es clara; ante la muerte segura o la posibilidad, aunque vaga, de vivir, cientos de miles de sirios han optado por intentar llegar a Europa durante la primavera y el verano de 2015. Algunos han tenido la suerte de llegar a su destino, otros muchos se encuentran aún en los Balcanes[3] intentando encontrar algún país que les abra las puertas, y otros tantos se quedaron por el camino. Con la llegada del invierno es esta zona el flujo de gente se reducirá a la espera de la primavera siguiente.

¿Y el futuro?

Es difícil tener una respuesta clara. Los últimos atentados contra Francia y Rusia han hecho que la intervención militar en Siria aumente, y podemos estar a las puertas de una coalición internacional contra Daesh que cambie el rumbo de la guerra. Del mismo modo, el segundo éxodo tan solo ha supuesto un 10% del total de refugiados sirios en la zona, por lo que es de esperar que las imágenes de refugiados atravesando el mar para llegar a Europa se repita en los próximos años. ¿Y el retorno a casa? Ese es el objetivo, el sueño de millones de sirios y por el que trabajamos desde el JRS (Servicio Jesuita al Refugiado), pero hasta entonces seguiremos defendiendo, acompañando y sirviendo a las víctimas del odio y la guerra en Oriente Próximo.

[1] Agencia de la ONU para los Refugiados [N. del E.]

[2] El campamento de Za’atari es el mayor campo de refugiados de Oriente Medio. Se fundó el 29 de julio de 2012 para poder atender los enormes flujos de refugiados provenientes de Siria (Fuente: ACNUR). [N. del E.]

[3] La Península balcánica se encuentra situada al sureste de Europa. Conformada por: Albania, Bulgaria, Croacia, Grecia, Macedonia, Montenegro, Rumanía, Serbia, Kosovo, Estambul, Eslovenia, Eslovaquia, Hungría, Moldavia y Ucrania, Bosnia y Herzegovina [N. del E.]


Ángel Benítez-Donoso, SJ

Director adjunto del Proyecto Educativo del Servicio Jesuita al Migrante en Beirut (JRS Líbano).

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