El Foro Social Mundial de Migraciones

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Del 08 y el 12 de octubre se llevó a cabo en Quito (Ecuador) el IV Foro Social Mundial de las Migraciones (FSMM), con el lema “Pueblos en Movimiento por una Ciudadanía Universal: Derrumbando el modelo, construyendo actores”. Continúa, así, el camino comenzado por los movimientos sociales en Porto Alegre (Brasil, 2005), Rivas Vaciamadrid (España, 2006) y Rivas Vaciamadrid (España, 2008).

Este Foro se produce en el contexto de crisis mundial, crisis del modelo capitalista, que como se afirma en la Declaración de Quito, “en su afán de acumulación desmedida, profundiza la degradación ambiental y la precarización laboral. (…) Igualmente implica la agudización del desarrollo desigual y de las asimetrías al interior de los países y entre los países y regiones, con el incremento de la inequidad y la exclusión social, la discriminación, el racismo y la xenofobia”.

La crisis económica también llegó a la organización del FSMM (según comentarios de asistentes con mayor experiencia), provocando poca presencia de delegaciones, especialmente asiáticas y africanas. Sin embargo, se respiraban los deseos de participar, dialogar y reflexionar juntos y juntas para encontrar nuevas vías alternativas a este sistema actual.

Las conferencias, foros y talleres giraron en torno a cuatro temáticas: 1. Crisis globales y flujos migratorios, 2. Derechos Humanos y Migración, 3. Diversidad, convivencia y transformaciones socioculturales y 4. Nuevas formas de esclavitud, explotación humana y servidumbre. Además, se mostró una gran preocupación por el cambio climático y se puso de manifiesto la necesidad de repensar un sistema que proteja el medio ambiente.

Uno de los temas a destacarse fue el proceso de criminalización de las migraciones, llevadas a cabo en diferentes países y que conllevan a la externalización y militarización de las fronteras, lo cual “tiene su cara más cruda en los recientes acontecimientos de expulsión del pueblo Rom[1] de Francia, en los constantes rechazos en la Valla de Melilla[2], en la Ley Arizona, los miles de muertos en las diferentes fronteras del mundo, los miles de desplazados climáticos anuales de Bangladesh y la masacre de los 72 migrantes en Tamaulipas, México” (Declaración de Quito).

Se reconoció que existe una violación sistemática de los derechos humanos a las personas migrantes, refugiadas y desplazadas en los diferentes países y fronteras. Este hecho hace necesario el impulso de políticas públicas globales que defiendan la vida de estas personas. Se necesita mayor conocimiento de las realidades específicas, así como indicadores que permitan evaluar el grado de cobertura de los derechos humanos de estas personas en movilidad, y el aporte y los costos que suponen los migrantes para los países de destino y de origen.

La nueva forma de esclavitud, la trata de personas, unida muchas veces al tráfico de personas, es un fenómeno que debe de provocar la actuación de los gobiernos, de cara a proteger a las personas vulnerables de este tipo de flagelo. Igualmente se debe de crear un sistema que garantice la persecución y sanción a las mafias que hacen posible esta realidad.

Una reflexión que surgía en un taller es que, la reflexión se ha centrado mucho en posicionar a la persona migrante como agente de desarrollo tanto en el país que le acoge, como en aquel que ha dejado, sin embargo, siendo esto bueno y necesario, es conveniente un giro hacia el cuestionamiento del modelo de desarrollo, que genera la necesidad de migrar para poder encontrar una vida mejor. Este giro lleva a mirar las causas profundas de la situación actual, porque nos puede pasar que, al final, sigamos repitiendo el mismo sistema de desarrollo desigual y no equitativo.

Por eso el FSMM habla de derrumbar el modelo, de crear un “nuevo paradigma que asegure una relación armónica entre los derechos de los seres humanos y los de la Madre Tierra, y que a su vez permita pensar y definir nuevas políticas sobre desarrollo y migración” (Declaración de Quito). Para ello es necesario generar nuevos actores para el cambio social, empoderar a las personas migrantes y sus comunidades de origen para que ellas también participen en esta creación. Se precisa de experiencias concretas que hablen de la plausibilidad de un nuevo modelo, más humano, más equitativo, con perspectiva del respeto de los Derechos Humanos de todos y todas. Hay que demostrar en la práctica que sí se puede y hacerlo visible.

Fue un momento apasionante la marcha final que se realizó, donde participaron organizaciones campesinas, mujeres rurales, migrantes, refugiados y refugiadas, trabajadores agrícolas, desplazados, gente sin tierra, organizaciones de defensa de los derechos humanos, etc. Colorido, música, gritos, pancartas pidiendo un nuevo modelo, donde los más pequeños tengan cabida.

Pre Foro sobre Migraciones SJ

En el marco del IV FSMM, se organizó el Pre Foro sobre Migraciones para Obras y Apostolados de la Compañía de Jesús, del 04 al 06 de octubre, como espacio de encuentro y diálogo para evaluar la presencia de los jesuitas con migrantes, refugiados y desplazados, intercambiar experiencias y pensar en estrategias conjuntas.

Producto de esta reflexión compartida se elaboró un comunicado, del cual presentamos a continuación un resumen:

La Compañía de Jesús ante la Migración

Sostenemos que:

Es importante destacar el derecho de toda persona a vivir, trabajar y realizarse humanamente y en plenitud en su lugar o país de origen. Pero cuando ello no es posible, también enfatizamos el derecho a buscar mejores condiciones de vida fuera de su lugar de origen, sea atravesando alguna frontera internacional o sea dentro de su propio país.

Los participantes de este Preforo denunciamos:

Cualquier forma de violación de los derechos humanos de personas migrantes.

La estigmatización mediática y social y la criminalización por parte de los Estados de la migración irregular.

La negación sistemática por parte de muchos Estados a otorgar la debida protección internacional a solicitantes de asilo y refugio, lo cual les deja en situación de extrema vulnerabilidad.

Las políticas migratorias restrictivas, que se centran en detención, deportación y control fronterizo.

El consecuente fortalecimiento de redes de trata y tráfico de personas, muchas veces vinculadas a la corrupción e impunidad estatal.

El modelo de desarrollo desequilibrado, promovido por corporaciones multinacionales, que prioriza el mercado por encima del desarrollo humano, y que tiene como consecuencias:

• La destrucción medioambiental y extracción de recursos naturales, forzando el desplazamiento de poblaciones enteras.
• La explotación laboral de personas migrantes.
• La vulnerabilización particular de mujeres y menores de edad.

Demandamos:

La ratificación universal de la Convención internacional sobre la protección de los derechos de todos los trabajadores migratorios y de sus familiares de 1990.

La protección internacional efectiva de solicitantes de asilo y refugio.

Políticas migratorias integrales e incluyentes que aborden no sólo la migración laboral, sino también sus dimensiones cultural, social, religiosa y política.

La protección de los derechos de las personas, independientemente de su estatus administrativo migratorio, con particular atención a sectores vulnerables como mujeres y menores de edad.

Respeto al derecho de los pueblos indígenas sobre sus tierras y recursos.

Un modelo de desarrollo sostenible y centrado en las personas.

Nos comprometemos a:

Partiendo del acompañamiento directo, reflexionar sobre temas prioritarios, para hacer frente a la estigmatización y criminalización de las personas migrantes, y para incidir en políticas migratorias más justas y humanas.

Crear una red global ignaciana de migraciones para fortalecer nuestra respuesta como cuerpo a este desafío global.

Colaborar con otras instituciones y organizaciones que tienen una misión afín a la nuestra.

Potenciar la solidaridad y colaboración Norte-Sur y Sur-Sur para buscar políticas migratorias y modelos de desarrollo más justos.

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[1] Como se le conoce a la etnia gitana.
[2] Barrera física de separación entre Marruecos y la ciudad africana de Melilla (España), cuyo propósito es detener la inmigración ilegal y el contrabando comercial.

Publicado en enero 2011


Isabel Berganza Setién

Socióloga. Miembro del Departamento Pastoral de Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal Peruana.

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