Los desafíos de la emergencia climática: poniendo al centro a la niñez

Quiero presentarles a Milagros. Milagros es habitante de un lugar en la costa peruana, donde su familia, como otras de la zona, se ocupan en empresas de agroexportación. Además, su familia también siembra en su chacra algunos productos para el autoconsumo. A pesar del aparente desarrollo en la zona, la vivienda de Milagros no tiene agua corriente ni servicios de saneamiento. Ella, junto con su madre, se encargan de abastecer a la familia del agua de consumo. Eso quiere decir que deben ir al punto de toma de agua donde se acercan otras mujeres, niñas y niños de la comunidad. Como Milagros, las otras niñas de la comunidad invierten al menos una hora al día para acarrear agua para sus hogares, lo que repercute en el tiempo que pueden dedicar a sus estudios o a jugar. Además, aunque no lo sabe, tiene anemia. Sus hermanos, al igual que ella, pasan por varios episodios de diarrea a lo largo del año. Sin embargo, en el último presupuesto participativo, la comunidad (o los hombres de la comunidad) apostaron por que la inversión del gobierno local fuera destinada a un estadio en vez de asegurar el agua de calidad en los hogares de la comunidad. Finalmente, como a veces demoran en la tarea de traer agua, su padre se molesta con su madre y le grita. A veces, hasta la golpea. Milagros y sus hermanos y hermanas (cinco en total) son testigos de ello y a veces, su padre o su madre también dirigen esa violencia hacia ellos.

Esta viñeta breve sobre Milagros refleja una serie de problemas de salud que se viven en muchas comunidades en el país. Los factores que afectan estos desenlaces son múltiples, pero el origen del problema se centra en la escasez del recurso hídrico en los hogares. En comunidades de la sierra y la selva también se manifiesta la insuficiencia de agua para consumo, a pesar que en apariencia ésta sea abundante y cuente a veces con períodos de copiosidad. La presión o carestía del recurso básico como el agua surge a raíz del efecto del cambio climático y por la contaminación del recurso. Pero es importante destacar la relevancia y el impacto que tiene el precario acceso al agua sobre diversos aspectos de salud en la vida de las familias: enfermedades infecciosas por consumo de agua insegura, violencia de género y violencia hacia los más vulnerables, retrasos en el crecimiento y malnutrición. Zonas rurales o de los quintiles más bajos de pobreza donde viven niñas como Milagros todavía registran más de 30% de la población infantil con menor talla para la edad, a pesar de notables avances para disminuir las brechas. En las zonas rurales, también se registra las mayores tasas de anemia (más del 50%) en niños entre los seis meses y los tres años de edad. Estas son algunas de las consecuencias más inmediatas de la crisis climática y un entorno tóxico que se verán traducidos en otras secuelas a lo largo de su vida, como retrasos en los aprendizajes y menos capacidades para el entorno laboral y en el desarrollo familiar. Si tenemos en cuenta, además, que el impacto en el aprendizaje de Milagros tiene efectos a futuro sobre su propia salud y sobre la descendencia que podría tener ella, estamos enfrentándonos a un círculo difícil de romper.

La situación actual del cambio climático nos ha mostrado ya los impactos que éste tiene sobre la mortalidad. En un estudio reciente se midió el exceso de mortalidad por eventos de calor atribuibles a el cambio climático generado por la actividad humana en 37% en un período de 17 años. Asimismo, las enfermedades infecciosas asociadas al clima cambiante muestran patrones distintos. Es determinante que enfrentemos este flagelo como la crisis que se constituye y que seguirá siéndolo, especialmente para poblaciones vulnerables como niños pequeños, adultos mayores y los grupos poblacionales cuyos medios de vida dependen directamente de los recursos naturales. Teniendo en cuenta este escenario, es fundamental dirigir las soluciones y estrategias para enfrentar la crisis climática con un enfoque centrado en los más vulnerables, es decir, la niñez.

Esta visión al pensar en las respuestas más adecuadas a la adaptación al cambio climático nace de la gran vulnerabilidad de los niños y niñas frente a los eventos de desastre o a las situaciones de crisis crónica a las que se enfrentan las distintas regiones. En el caso del Perú, por ejemplo, podemos referirnos a eventos de El Niño que se ha mostrado que tienen un impacto directo facilitando la incidencia de diarrea en los más pequeños y a mediano plazo impactos en su desarrollo. En otros entornos, también se ha visto que las sequías y los incendios en la cuenca amazónica impactan los medios de vida de las comunidades, mediado y exacerbado por la deforestación. Estas situaciones reportan impactos en la salud de las comunidades y la seguridad alimentaria de los grupos más vulnerables. Asimismo, las niñas, niños y adolescentes todavía representan una gran proporción de la población. Reportes de mortalidad y morbilidad realizados a nivel global estiman que casi la mitad de la carga de enfermedad se debe a enfermedades transmisibles y aquellas que tienen mayor impacto en la niñez y que se prevé que aumentarán con el cambio climático que ocurren en países en vías de desarrollo. En el Perú, se ha reportado que el incremento de temperatura por efecto de las actividades humanas ha tenido un impacto aumentando la tasa de mortalidad, utilizando información del 2008 al 2014. Del mismo modo, en el país, la población infantil (0-5 años) alcanza el 10% y los niños, niñas y adolescentes componen un 30% de la población en el año 2021. La proporción es mayor en zonas rurales cuyos medios de vida dependen de su entorno inmediato.

El hecho que los niños sean física y psicológicamente más vulnerables a los efectos del cambio climático, tiene consecuencias al orientar las respuestas enfocadas en la niñez.

El hecho que los niños sean física y psicológicamente más vulnerables a los efectos del cambio climático en su bienestar, salud y educación, también tiene consecuencias al orientar las respuestas enfocadas en la niñez, ya sea por programas dirigidos hacia estos grupos o por su participación en éstos. Los aspectos de vulnerabilidad y la gran proporción de población infantil hacen que los beneficios percibidos de este enfoque deriven en mayor impacto sobre la carga de enfermedad a largo plazo, pensando en aspectos de salud. Del mismo modo, la evidencia muestra que las condiciones que generen seguridad y bienestar para las niñas, niñas y adolescentes tendrán réditos en diversos aspectos, como mayor enrolamiento escolar y desempeño.

Al referirnos a los programas dirigidos a las niñas y niños podemos pensar en aquellos que tradicionalmente están orientados a la población infantil y que deben tener mayor cobertura en poblaciones más vulnerables y alejadas con un enfoque de equidad. Pero ello no debe menospreciar la importancia de las iniciativas dirigidas por las niñas, niños y adolescentes. Recientemente, en un estudio desarrollado en Piura, Loreto y Cusco sobre la percepción de los y las adolescentes sobre el cambio climático, los participantes expresaron identificar los alcances del entorno cambiante y poco predecible en su vida diaria, así como en sus planes a futuro. Quizás lo más valioso es que demandaron poder ser parte e involucrarse de las iniciativas locales para adaptación y mitigación del cambio climático. Propusieron estrategias que se han mencionado anteriormente, pero que no han sido incorporadas completamente como el incluir actividades de prevención de los impactos del cambio climático en el currículo escolar. También mostraron interés en participar en los espacios de diálogo y planificación, lo cual tiene un impacto relevante a largo plazo, considerando su involucramiento en la prevención de los impactos y de situaciones de riesgo. Esto se ha evidenciado en otras experiencias donde niños, niñas y adolescentes a través de sus escuelas han desarrollado un programa de monitoreo de calidad de agua en Tajikistán o en la promoción y sembrado de hectáreas de manglares en zonas costeras de Filipinas para prevenir desastres. Del mismo modo, en el Perú, en ciudades como Iquitos existen colectivos de jóvenes que buscan mejorar las áreas verdes en los entornos urbanos para crear un ambiente más saludable frente al cambio climático y fomentar ecosistemas más amigables para el desarrollo de iniciativas turísticas locales.

En Perú se cuenta con normativa y planes de adaptación y mitigación al cambio climático. En paralelo, existen diversas iniciativas y ejemplos en otros entornos y varias propuestas generadas por las comunidades locales que involucran a los niños, niñas y adolescentes, principales afectados y actores del cambio para enfrentar al cambio climático. Nos queda la tarea pendiente de encontrar los mecanismos más eficientes para articular mejor las propuestas de la niñez y aquellas estrategias dirigidas a su bienestar para asegurar las mejores condiciones frente a la crisis climática actual. El enfoque centrado en la niñez nos brinda una hoja de ruta clara para dirigir los esfuerzos estas estrategias que ponen en el centro a los niños, niñas y adolescentes.

 

Otoño 2022


Gabriela Salmón Mulanovich

Pontificia Universidad Católica del Perú – PUCP