Empleo y oportunidades productivas para jóvenes rurales hoy

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Por su limitado acceso a recursos productivos, la informalidad y precariedad laboral -y la deficiencia y poca pertinencia de la educación- la juventud rural[1] se ve afectada desproporcionadamente por crisis como la COVID-19[2]. A partir de las reflexiones compartidas durante el “I Taller de Jóvenes Rurales Líderes 2020” organizado por YPARD-Perú[3], se mostrarán algunos de los efectos de la pandemia en las oportunidades productivas y de empleo para la juventud rural.

Antes de la pandemia, aproximadamente la mitad de jóvenes rurales se dedicaba al trabajo familiar no remunerado dentro de la parcela, y de cada 10 jóvenes rurales ocupados, 7 trabajaban en el sector agropecuario y 6 eran peones agrícolas[4]. Para los y las talleristas, el trabajo agropecuario exige un sacrificio físico mayor pobremente remunerado debido, en parte, al limitado desarrollo en sus territorios. La variabilidad y degradación de los ecosistemas y suelos –sobre todo en la sierra y selva[5]– y las muy restringidas condiciones productivas, de capacidades y de mercado son las principales barreras. Además, las y los jóvenes tienen dificultades para acceder a tierras por las reglas consuetudinarias establecidas en sus localidades o por la extrema minifundización y fragmentación, ocasionadas por la herencia. Incluso aquellos con mayores recursos y oportunidades para emprender encontraban dificultades para organizarse colectivamente, impulsar innovaciones y liderar el desarrollo productivo de sus localidades.

Ante la falta de oportunidades en la agricultura familiar, muchos jóvenes buscaban otros oficios mejor remunerados, como la construcción, el turismo o empleos vinculados a las industrias extractivas, pero que tenían sus propias limitaciones: reducidos puestos de trabajo, contratación predominantemente masculina, alta estacionalidad y condiciones precarias. Otra vía era emigrar a la ciudad en busca de mayores y mejores oportunidades de empleo, en su mayoría vinculados a la industria de servicios y comercio[6], pero nuevamente persisten los problemas con la informalidad, la corta duración de los contratos y la precariedad. Solo los pocos que contaban con posibilidades de acceder a formación superior y el apoyo de familiares tuvieron mayores herramientas para enfrentar la crisis.

La paralización de actividades por la pandemia ha tenido efectos devastadores en materia económica, particularmente en cuanto a la contracción del PBI[7] y el empleo[8], sobre todo en zonas urbanas. Al pensar ambos territorios, urbanos y rurales, se suele imaginar que la pandemia no ha afectado mucho lo rural, pues se los piensa como ámbitos inconexos. Sin embargo, como veremos a partir de las historias y trayectorias laborales de las y los jóvenes del taller, ambos espacios tienen una relación fluida e interdependiente y, al entender los efectos sobre el empleo y las oportunidades productivas de los jóvenes, podremos comprender también qué nuevos desafíos enfrentan los territorios rurales y qué posibilidades existen de generar oportunidades en medio de la crisis.

Efectos de la pandemia sobre jóvenes rurales que trabajaban fuera de la parcela

Pese a que algunas medidas implementadas para la contención del COVID-19 se levantaron paulatinamente, el dinamismo de las zonas urbanas no es el mismo y de momento no provee las mismas oportunidades a la juventud rural, pues sólo un grupo reducido ha podido mantener sus empleos. Han aumentado los despidos y se han reducido las ofertas laborales[9], incluso las informales, debido al cierre de negocios, la reducción de mano de obra por el empleador y la competencia con migrantes. También se generaron dificultades para continuar con los sistemas de distribución y comercialización de insumos y bienes para industrias rurales[10], siendo una de las más afectadas la de turismo local y comunitario, que dinamizaba la economía local y proveía de ingresos secundarios importantes a varias familias. Incluso en un escenario de reactivación, los negocios más pequeños enfrentan dificultades para asumir e implementar los permisos y protocolos de bioseguridad requeridos.

“Hay protocolos que se deben seguir y para los que se necesita dinero: para poner un lavadero de manos afuera, para la certificación, para la fumigación, para el examen de COVID. ¿De dónde vamos a acceder a ese capital para poder tener esos protocolos?” (Daisy, 36 años, costa)

Estas barreras y la reducción del empleo han tenido consecuencias importantes sobre la vida de jóvenes rurales, quienes han visto sus ingresos drásticamente reducidos. Desde Cusco, Gladys (16 años, sierra) comenta que algunas actividades que empleaban jóvenes, como la venta de comida y las artesanías asociadas al turismo, no se recuperan del todo. Esta dificultad para generar ingresos preocupa a la juventud, pues pone en riesgo sus posibilidades de seguir viviendo y estudiando en la ciudad. La situación es especialmente difícil para los jóvenes más vulnerables que no cuentan con acceso a vivienda segura ni con redes de apoyo en la ciudad, y que tenían la urgencia de generar ingresos para pagar el alquiler de sus viviendas.

Uno de las consecuencias inmediatas de la pandemia, ante la reducción del empleo urbano e ingresos de las y los jóvenes, fue la migración “de retorno” o “migración reversa”[11], por la cual muchos jóvenes volvieron a sus lugares de origen, buscando sortear las dificultades propias de una movilidad restringida por el Estado de Emergencia. Este retorno no planificado presenta nuevos desafíos -vinculados a presiones demográficas sobre la tierra y otros recursos naturales-, pero también nuevas oportunidades.

 

Una manera de salir adelante, a pesar de la crisis económica originada por la pandemia, ha sido la creación de negocios relacionados a actividades urbanas, y las ya conocidas agroferias campesinas.

 

Efectos de la pandemia sobre las economías familiares y la seguridad alimentaria

Si bien, en primera instancia, las medidas implementadas impactaron con mayor severidad a las áreas urbanas, los efectos sobre las economías rurales también fueron importantes y continúan sufriendo impactos complejos y aún poco comprendidos. Si bien las consecuencias sobre las actividades agropecuarias y la continuidad de las próximas campañas son importantes, la reducción de capital y la presión sobre las economías familiares también suponen grandes retos para la seguridad alimentaria y la reducción de brechas entre ámbitos urbanos y rurales.

El retorno de jóvenes de las ciudades generó importantes desafíos para los territorios rurales, los cuales no estaban preparados para su acogida. La problemática de la tenencia de la tierra y la minifundización ha generado varios conflictos por el uso de la tierra entre las y los jóvenes retornantes, familiares y comunidades. Este fenómeno puede generar diversos retos a futuro: mayor presión sobre la ampliación de la frontera agrícola, profundización de la fragmentación de la tierra y el minifundio, o la erosión de suelos agropecuarios. Además, las dificultades para el acceso a la tierra generan una secuencia de barreras para los jóvenes, quienes ven el acceso a oportunidades de desarrollo agropecuario limitadas por no contar con este recurso, y que además los empuja a buscar empleo como peones agrícolas en condiciones precarias.

“Ahora que han venido, el terreno estaba con título de propiedad a nombre de otro (…) Él viene, pero ya no tiene donde trabajar ni nada.” (Ricardo, 31 años, Cajamarca)

La falta de tierras fue solo uno de los problemas que enfrentó la juventud a raíz de la pandemia: los sistemas productivos también se vieron afectados por las medidas de aislamiento social obligatorio. El trabajo cotidiano dentro de la parcela se vio restringido durante los primeros meses de la emergencia sanitaria, generando una reducción en la demanda de mano de obra. Además, el aislamiento paralizó las actividades productivas comunitarias, como el mantenimiento colectivo de la infraestructura de riego, y el desarrollo de capacitaciones, teniendo efectos negativos sobre la producción agropecuaria por la falta de riego y asistencia técnica oportuna.

La suspensión del transporte también tuvo un fuerte impacto sobre la producción: los gastos de los hogares agropecuarios se incrementaron debido al aumento de los costos de los insumos y los fletes pagados para la comercialización de sus productos. Algunos y algunas jóvenes mencionaron, además, que no pudieron adquirir insumos agropecuarios a tiempo, particularmente alimentos balanceados para sus crianzas, pues estos no se encontraban en sus localidades y no podían salir a comprarlos. Todos estos factores causaron una reducción en la productividad agropecuaria y un aumento en los costos de producción.

Las medidas impuestas por la emergencia sanitaria también generaron una contracción inicial en la demanda de productos agropecuarios, tanto por las medidas tomadas para el control sanitario de los mercados, como por la paralización de distintos corredores económicos. La suspensión de actividades económicas afectó distintos nodos comerciales a nivel regional y local, siendo algunos de los compradores más importantes los restaurantes y turistas. El cierre de restaurantes, la paralización del turismo y otras medidas de restricción afectaron negativamente a los y las proveedores de los mismos, entre ellos agricultores locales que vendían directamente su producción. No obstante, a partir del mes de julio, los y las jóvenes señalan que esta situación ha mejorado, pues se han generado nuevos mecanismos de comercialización, como la implementación progresiva de mercados itinerantes y ferias agropecuarias.

“Antes los buses se detenían en los restaurantes (El Mirador), ahora los restaurantes están cerrados, por eso la producción de carne ha disminuido bastante.” (Gabriela, 28 años, sierra).

 

Como vemos, las economías familiares de las zonas rurales sí fueron considerablemente afectadas por la pandemia: reducción de la productividad, aumento de costos, reducción del mercado de bienes y de trabajo. En esta situación la migración de retorno ha tenido efectos diversos: en algunos casos fue una ayuda para la familia al volver con ahorros o bonos y apoyar el desarrollo de las actividades en la parcela y el hogar. Pero en otros ha sido más complejo, pues las familias no contaban con tierras o dependían de las remesas de los jóvenes. La contracción en la economía familiar se ha traducido en cambios en las estrategias de alimentación para reducir gastos, y los pueblos indígenas han sido particularmente afectados, pues dependían tanto de su producción como de la venta de la misma para acceder a una dieta variada. Los testimonios coinciden con las primeras estimaciones que sugieren que cerca del 90% de hogares rurales habría disminuido la cantidad y calidad de alimentos que consume[12]. La creciente inseguridad alimentaria es una problemática grave y urgente que no está siendo atendida con la suficiente celeridad desde el Estado.

 

 “Ahora que pasó todo esto, se cortó todo y vivimos en la pobreza. Hay muchas familias que no tienen alimentación.” (Aimee, 17 años, selva)

Nuevas oportunidades económicas y productivas a partir de la pandemia

A pesar de las dificultades, la migración de retorno puede ser una oportunidad de desarrollo para jóvenes y territorios rurales, beneficiándose de los conocimientos y experiencias acumulados en la ciudad para generar nuevas estrategias de desarrollo[13] y emprendimientos en el campo al vincular creativamente servicios urbanos con áreas rurales.

Algunos de los nuevos emprendimientos rurales están vinculados con actividades urbanas, como la apertura de cabinas de internet; mientras otros son emprendimientos y oportunidades de autoempleo en base a la elaboración y confección de diversos bienes de alta demanda, particularmente prendas y equipos de protección personal. Por otro lado, también se está incursionando y retomando diversos proyectos agropecuarios: algunos están impulsando productos orgánicos a través del uso de tecnologías agroecológicas, como fitotoldos, hidroponía y cultivos verticales, mientras que otro grupo está transformando productos con valor agregado e implementando estrategias de comercialización novedosas a través de servicios de delivery, agro-ferias campesinas, tiendas bionaturistas y “marketplaces”. Otros han logrado diversificar y reducir los circuitos de comercialización mediante innovaciones simples de bajo costo, como el uso de mototaxis para vincular productos agropecuarios con los circuitos urbanos más próximos.

Como vemos, la crisis por la pandemia ha tenido efectos diversos sobre la juventud y su acceso a oportunidades económicas, dependiendo mucho del acceso a diversos activos y posibilidades de inversión de ellos y sus familias. La juventud más vulnerable se ha visto severamente afectada por la reducción del empleo urbano y la migración de retorno, la disrupción en las cadenas de suministro y comercialización de bienes agropecuarios y la reducción de ingresos, lo cual ha generado una creciente inseguridad alimentaria y presión sobre recursos naturales. Pero, a pesar de este escenario adverso, se han generado nuevas posibilidades y alternativas que pueden dar un nuevo impulso al desarrollo de sus territorios, esta vez liderados por la innovación y creatividad de la juventud. Es primordial respaldar y promover estos mecanismos de dinamización local, pues absorben momentáneamente la caída en la venta agropecuaria y acercan al productor y el consumidor por medio de sistemas agroalimentarios más resilientes.

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* Artículo basado en: Ypard Perú (2021 – En imprenta) Entre las brechas del pasado y los retos del presente: la juventud rural frente a la pandemia de la COVID-19. Ypard Perú, Eclosio

[1] Aquella población en etapa de transición de la adolescencia a la adultez, caracterizada por la búsqueda y progresiva consolidación de autonomía económica, política y social, y que transita multidireccionalmente por una diversidad de territorios.
[2] Instituto de Estudios Peruanos (2019) Entre aspiraciones y limitaciones. Políticas Públicas en favor de la juventud rural del Perú. FAO (2020) Rural Youth and the COVID-19 pandemic. FAO
[3] El taller fue realizado de manera virtual entre junio y julio del 2020 y tuvo la participación de 29 jóvenes rurales líderes (15 mujeres y 7 jóvenes indígenas).
[4] URRUTIA, C. & TRIVELLI, C. (2019) Juventud rural en el Perú: lo que nos dice el Censo 2017. IEP
[5] En la sierra y selva, además de los fenómenos climáticos regulares, se resaltó la rápida degradación de los suelos y la contaminación de las fuentes hídricas como afectaciones a las condiciones naturales.
[6] Algunas de las ramas e industrias mencionadas como principales fuentes de empleo fueron los servicios de transporte (mototaxi), alimentación y restaurantes, comercio, y textilería.
[7] Según el Banco Mundial y su prospectiva económica global. https://www.bancomundial.org/es/publication/global-economic-prospects
[8] CEPAL (2020). Coyuntura Laboral en América Latina y el Caribe. La dinámica laboral en una crisis de características inéditas: desafíos de políticas. https://www.cepal.org/es/publicaciones/46308-coyuntura-laboral-america-latina-caribe-la-dinamica-laboral-crisis
[9]  Entre ellas se tiene al teletrabajo como una opción; sin embargo, son muy pocas las ofertas de este tipo y requieren de un buen servicio de Internet, al cual un número reducido de jóvenes pueden acceder, limitando aún más sus oportunidades de empleo.
[10] Entre estas figuran, principalmente, las industrias mineras y madereras, entre otras.
[11] Cabe mencionar que la migración reversa, por la paralización de actividades económicas a causa del COVID-19, es un fenómeno que se ha visto en otros países, principalmente en India, Indonesia y África del Este. Ver: Boillar y Zähringer (2020) https://www.landgovernance.org/glp-covid-19-reverse-migration-and-the-impact-on-land-systems/.
[12] Instituto de Estudios Peruanos – Encuesta telefónica a nivel nacional sobre Desigualdad, vulnerabilidades y estrategias frente a la Covid-19, mayo 2020.
[13] TRIVELLI, C. & URRUTIA, C. (2018). Geografías de la resiliencia. La configuración de las aspiraciones de los jóvenes peruanos (Documento de Trabajo, 243). Lima: IEP. Recuperado de http://repositorio.iep.org.pe/bitstream/IEP/1130/3/Trivelli-Carolina_Urrutia-Adriana_Geografias-resilencia-configuracion-aspiraciones-jovenes-peruanos-rurales.pdf

Otoño 2021


Alejandra Huamán / Dámaris Herrera / Adriana García / Claudia Mendoza / Vanessa Azañedo

Equipo de Investigación YPARD – Perú

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