“Existe una gran cantidad de jóvenes con conciencia de sus derechos y posibilidades”

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Entrevista a Rocio Silva Santisteban, Secretaria Ejecutiva de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos.

Por Diana Tantaleán
(Apostolado Social SJ)

La tarde del martes 16 de julio un medio de comunicación reveló, a través de unos audios, la negociación “bajo la mesa” de las diferentes bancadas del Congreso de la República en la designación de los magistrados del Tribunal Constitucional, los directores del Banco Central de Reserva y el titular de la Defensoría del Pueblo. A pesar de la denuncia, el Congreso realizó los cuestionados nombramientos al día siguiente. La población se indignó ante la denominada “repartija” y se volcó a las calles para expresarla en diferentes movilizaciones, obligando a las autoridades a dar marcha atrás y anular dichas designaciones.

Rocío Silva Santisteban, secretaria ejecutiva de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, nos habla de las movilizaciones y comenta el papel de los jóvenes en la escena política.

¿Qué lectura hace de estas movilizaciones que se han dado? ¿Qué opinión le merece esta reacción de la ciudadanía?

Hay que diferenciar entre las tres movilizaciones que se realizaron pues han tenido contrastes. La primera, la del 17 de julio, no fue tan masiva pero pudo ser convocada en tres horas, eso es algo que las personas con experiencia en movilizaciones políticas no podían concebir. Algunos decían: “esto es una locura, no va a ir nadie”. Sin embargo, fue sumamente efectiva, pero no porque se haya convocado a través de las redes sociales, sino porque hay un colectivo de jóvenes de diferentes tendencias y grupos políticos, de universidades como la Católica, San Marcos o la Villarreal, que están organizados y sentían un gran malestar en relación con lo que estaba sucediendo en el Congreso.

La marcha del 22 de julio tuvo una convocatoria más amplia, fue convocada y respaldada desde la Coordinadora pero quienes la lideraban eran nuevamente los colectivos de jóvenes que provenían de diferentes grupos bastante organizados; ellos se han estado reuniendo mucho antes por diferentes temas, al igual que una serie de personalidades indignadas por lo que estaba sucediendo, como Claudia Cisneros, Jason Day, Francesca Brivio. También participaron otros jóvenes que forman parte de partidos políticos, de Patria Roja, etc.

Ambas movilizaciones, las del 17 y la del 22, tuvieron como objetivo específico parar “la repartija”.

La marcha del 27 de julio fue bastante organizada, y su objetivo era solidarizarse con los reclamos gremiales de los sectores de trabajadores de nuestro país. Esta fue convocada por la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP), la Confederación Intersectorial de Trabajadores Estatales del Perú (CITE), así como una serie de centrales sindicales como construcción civil, la Central Unitaria de Trabajadores del Perú (CUT) y también por los colectivos de jóvenes y la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos.

¿Cómo se desarrollaron las marchas? Se comentó que la violencia en una de ellas surgió porque la barra de Universitario estuvo presente.

En la marcha del 22 un grupo de jóvenes quería ir al Congreso y otro grupo planteaba una marcha más de visibilización. Yo estaba un poco preocupada porque el Ministro del Interior había dicho que la marcha no tenía permiso y se había dispuesto que estuviera la policía presente; también se dispuso que no se saliera de la Plaza San Martin, lo cual era muy difícil porque era una movilización. En un momento determinado se redirigió la marcha y decidieron ir al Congreso. Sin embargo, solo se llegó hasta el Ministerio Publico; allí se dispersaron algunos jóvenes por las bombas lacrimógenas pero otro grupo se quedó en la Avenida Abancay porque estaban tocando los sikuris y bailando. En ese momento escuché que un oficial le dijo a la tropa: “se acabó este asunto, comenzamos con las detenciones” y comenzaron a tirar bombas lacrimógenas y gas pimienta de manera exagerada. A mí también me han golpeado y no había ningún motivo para justificar ese tipo de represión, eso nos parece un abuso de autoridad.

La movilización del 27 fue multitudinaria y muy festiva. Eran cuadras de cuadras, deben haber sido como 25 cuadras. Yo después he conversado con los dirigentes del Colectivo Lolo Fernández, que no forman parte de la barra de la trinchera norte. Muchos de ellos son hijos de los socios del club. Ellos nos habían dicho para participar el 27 porque tienen un reclamo, una solicitud de privatización del equipo por sus deudas, y los dirigentes del colectivo sabían que estaban estigmatizados como violentos, así que buscaron portarse mejor que todos los demás.

Habría que preguntarse quienes iniciaron las acciones en la marcha del 27, si es que las hubo. Mi primera hipótesis es que sí hubo algunas acciones pero que no justificaban la represión final. Hubo algunas acciones aisladas de parte de un grupo que estuvo en el Campo de Marte y que trató de entrar a la movilización, pero la dirigencia de la CGTP decidió que vaya adelante, eran militantes del partido Aprista. Estos militantes tienen en algún momento un choque con la policía, pero se disipa.

Todo esto lo estoy revisando en los incontables videos que hay pues, a diferencia de situaciones políticas anteriores, hoy en día cada quien puede ser reportero de sus propias acciones y puedes encontrar una increíble cantidad de información sobre el tema. Eso me parece bastante sano porque si los medios te dicen una versión, tú puedes encontrar otras fuentes a través de internet.

También contrasta mucho la cobertura periodística de estas marchas con la marcha más grande que tuvimos hace 2 años en contra de que Keiko Fujimori subiera al poder como presidenta del Perú, previa a la segunda vuelta. Ahí también hubo una multitud de gente y los medios dijeron que había 300 personas. Claro, los medios tienen su propia agenda, la cual a veces coincide y a veces no coincide. Cuando no coincide van a tratar de aminorar el impacto de una movilización de tal magnitud. Hay que tener en consideración que no todos los medios son iguales, hay diferentes propuestas, pero los canales de televisión que pasan estos programas embrutecedores no tienen ningún interés en mostrar que la juventud no es bruta sino pensante, dialogante y de acción.

¿Por qué cree que se da una reacción tan violenta por parte de la policía para reprimir el avance?

No entiendo cuál es la explicación, creo que es un modus operandi. Esto sucedió en las tres marchas, la represión ha sido similar en las 3 ocasiones.

En la Coordinadora estamos preparando un informe detallado sobre el abuso de autoridad. Porque, verdaderamente, no podemos quedarnos callados; protestar es un derecho y para movilizarnos no necesitamos ninguna autorización, está permitido. Incluso hay sentencia del Tribunal Constitucional en ese sentido.

Lo que demostró la marcha del 22 fue que no era solamente una marcha de limeños, porque también hubo réplicas en Tacna, Arequipa, Cajamarca, Cusco, en todos lados. Entonces sí creo que hay una indignación ciudadana en relación con una serie de errores que está cometiendo la clase política.

Al juntarse diferentes agrupaciones, sobre todo en las últimas marchas, también se podía correr el riesgo de que algunos grupos la usaran para su propio beneficio para visualizarse ellos.

Siempre hay alguien que quiere hacer eso, pero ya depende de la organización de la movilización. Por ejemplo, en la última sabíamos que se podía infiltrar el MOVADEF[1] o alguno de estos grupos, pero nosotros dejamos bien claro que esta era una marcha democrática e institucional, y nosotros no somos violentistas ni estamos pretendiendo iniciar otra guerra popular, todo lo contrario, queremos que se fortalezcan las instituciones y se respeten los derechos humanos.

Se ha visto muchos jóvenes de diferentes colectivos y agrupaciones en las movilizaciones. ¿Cree que esta generación está despertando a la participación política a diferencia de otras generaciones?

Todos estos jóvenes estaban articulados y forman parte de diferentes grupos y colectivos, son muy movidos y creativos, como la rata gigante que hicieron para la marcha del  27, y en el último plantón hicieron una bomba lacrimógena gigante. Son acciones irreverentes y simbólicas, al mismo tiempo que le dan una increíble fuerza. Eso también estuvo en la marcha de Fujimori Nunca Más, como ese grupo de chicas de la Universidad de San Marcos que se colocaron dibujos de úteros ensangrentados, fue verdaderamente un icono extraordinario para poder representar algo muy difícil como las esterilizaciones forzadas. Hay una gran cantidad de jóvenes que se han politizado, en el mejor sentido del término, que tienen conciencia de sus derechos y de sus posibilidades. ¿Qué es lo que quieren? una democracia representativa, efectiva y verdadera. En este punto se vinculan tanto los jóvenes de espacios políticos de izquierda como algunos jóvenes apristas, PPKausas, etc. Pero en el cuestionamiento al modelo neoliberal y al modelo activista sí se pondrían ciertas diferencias; pero en general ha habido una plataforma ya existente de jóvenes articulados a través de colectivos.

Aquí existe una diferencia, por ejemplo, con mis alumnos de los años 90 en San Marcos que no salían a marchar ni a rastras, ¿por qué? porque venían de la experiencia terrible de los 80 en la que nosotros mismos que salimos a marchar tuvimos que atravesar una politización de la universidad, que fue muy desfavorable y causó una crisis interna y muertos universitarios. En ese sentido lo que sucede hoy en día es un replanteamiento de la política dentro de paradigmas democráticos que son sumamente sanos y saludables.

¿Cree que esta manera de expresar la disconformidad con el gobierno es pasajera?, ¿cómo asegurar que no decaiga este interés por decir “tengo voz y tengo el derecho a protestar y a manifestarme”?

Yo creo que hay que confiar en la juventud, creo que no es un tema simplemente de una mañana o de una noche o de un momento espontaneo de indignación. Si tú escuchas los discursos de los jóvenes verás que son muy inteligentes, con una pasión política interesante. Han asumido también varias luchas; por ejemplo, casi todos han asumido las luchas del movimiento feminista. Ahí hay una pedagogía por entender también la lucha del otro y eso me parece fundamental, lo dicen en sus arengas: “luchando y marchando también nos educamos”, eso es importantísimo, vital. A mí, vieja profesora universitaria, me da lecciones de cómo los propios colectivos de jóvenes piensan la alteridad, eso es fundamental.

Yo creo que en futuras movilizaciones, dependiendo del origen y si es justa o no, lo que se tiene que dar es una movilización de todos los sectores de la ciudadanía, pero no para que cierren el Congreso ni nada de eso, por el contrario, para que se fortalezcan las instituciones y evitar la corrupción, para visibilizar toda una serie de problemas que solo son visibles cuando se pone el dedo en la llaga. La movilización del 17 fue una marcha pedagógica para la clase política. Los jóvenes le enseñaron a la clase política lo que significa una “repartija” y lo que significa un acuerdo serio, fue una sanción moral y ética fuertísima.

Movilizarse colectivamente bajo consignas sociales y políticas, en un contexto donde la represión policial y militar se torna en un hecho innegable, es un asunto, por lo menos, delicado. Sin embargo, la adrenalina causada por la indignación y la vergüenza de tener un presidente sin liderazgo, por las descaradas repartijas que se pretendieron en el Congreso de la República, por leyes que, tímidamente, buscan una suerte de consenso con los grupos vulnerables, como lo son los trabajadores sindicalizados, los estudiantes, las mujeres, los niños y las personas cuyas realidades son abrumadoramente precarias, y solamente son pateadas a un lado, hace que la pulsión interna llame a la conciencia cívica. Avisar a los compañeros; quedar una hora antes, ‘compa’, para organizarnos bien en la plaza y cuidarnos de los infiltrados; revisar la hora para no llegar tarde; suave con encontrarnos con las calles cerradas, compañera, no vayamos a cruzarnos con la gente asustada corriendo sin saber qué sucede con estos jóvenes y los tombos que los persiguen; llevar los documentos y los números de emergencia por si hay ‘levante’, compañera, tú sabes, para (aunque sea) evitar pasar peores ratos y, cualquier cosa, hacer las denuncias al toque; ya está el vinagre y los guantes para las lacrimógenas; las zapatillas que ya han corrido huyendo de la policía montada; pañuelos que puedan cubrir la cara para proteger la nariz y los ojos de los gases y, sobre todo, coraje y valentía compañeras y compañeros, porque sí habrá represión y será desmedida.

Y sí la hubo, y fue brutal e injusta. Sin embargo, no se retrocedió. Desde mi perspectiva vi cómo, desde el 4 de julio, las personas, los colectivos y comités, las organizaciones de una precaria sociedad civil, se organizan para, a su manera, (re)generar aquellas memorias que pocos están dispuestos a revivir, evidenciar ausencias de libertades, mostrar fuertes descontentos con la estructura nacional; generar, en otras palabras, la necesidad de levantamientos masivos para nutrirlos, como dice Johann Baptist Metz, con la fuerza subversiva de los sufrimientos evocados.

Durante las últimas marchas hubo desorganización y hubo miedo, pero también hubo fe y esperanza. Y estas son las razones por las cuales las personas seguiremos insistiendo en marcar la línea por donde el actual gobierno, y la estructura estatal, debe andar; una línea de solidaridad, comprensión, humanidad, reconocimiento de la otra persona y, por supuesto, de amor.

Carla Toche Casalino
Estudiante de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya

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[1] Movimiento por Amnistía y Derechos Fundamentales


Rocío Silva Santisteban

Periodista y poeta. Secretaria Ejecutiva de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos.

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