Gestión cultural y la acción social en la época de post-pandemia y lo que fue su reinvención en la virtualidad

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El 15 de marzo del 2020 se anunció el cierre de todas las actividades y la inmovilización sanitaria en todo el país. La noticia paralizó a todos, pero determinó que las temporadas y exposiciones que estaban en proceso se cerraran, que los ensayos se detuvieran y que pasáramos a un, en ese momento pensamos, corto periodo de espera.

La calma se fue convirtiendo en estupor al ver que los días pasaban y las fechas se postergaban, se postergaban y se postergaban. Así por tres meses. En todo ese tiempo había que seguir generando iniciativas, buscar soluciones y encontrar nuevas formas; porque no se podía quedar uno con los brazos cruzados. Se inició el momento de los gestores culturales.

El Ministerio de Cultura realizó una primera encuesta para analizar la magnitud de las pérdidas económicas para la actividad cultural y se concluyó que, entre marzo y junio del 2020, se perdieron 162 967 928 de soles. El monto mayor de este total (27%) estaba dedicada a la educación y formación cultural.

Adicionalmente la Asociación Cultural Playbill desarrolló una encuesta para el sector de las Artes Escénicas y concluyó que 3142 funciones fueron canceladas en el Perú y se paralizó el movimiento de 3 millones de soles, un millón de los cuales fueron desembolsados para gastos de producción y no se recuperaron.

Te reconozco y trabajamos juntos

La situación de crisis en el sector develó una serie de situaciones en el sector Cultura. Quizá la más complicada fue que no existía una lista de los trabajadores y las trabajadoras de la cultura en el país. Además, porque tampoco existían agrupaciones u organizaciones que integraran al sector. Desde los primeros días comenzaron a aparecer agremiaciones buscando hacer llegar sus necesidades al Ministerio de Cultura con el fin de pedir apoyo. Cada agrupación enviaba su carta y comentaba lo difícil de su situación gremial. Danza, música, teatro, los medios audiovisuales. Todos tenían su problemática y todos necesitaban ayuda.

Muchas de las agrupaciones tuvieron una vida efímera, salvo algunas como Red de Teatro y espacios alternativos que, en junio del 2022, sigue aún activa.

Mención aparte merecen las redes reconocidas por el Estado; como es el programa Puntos de Cultura, que agrupa a más de 550 agrupaciones a nivel nacional articuladas por el Ministerio de Cultura. En la capital, desde la Municipalidad Metropolitana Lima, se articula la Red del Programa Cultura Viva Comunitaria.

Todas las redes mencionadas se articularon para llevar apoyo a las agrupaciones y artistas más necesitados.

En el 2021 se creó el Registro Nacional de Trabajadores y Organizaciones de la Cultura y las Artes – RENTOCA.

El apoyo estatal

Ante la emergencia sanitaria, se promulga el 21 de mayo de 2020 el Decreto de Urgencia 058 con el que se buscaba apoyar a los trabajadores de la cultura. Se otorgaba 50 millones de soles para mitigar el impacto de la COVID-19.

Para hacer efectivo el apoyo se convocó a cuatro líneas de soporte: la Línea de apoyo al sostenimiento del trabajador cultural independiente a través de organizaciones culturales; al sostenimiento de organizaciones y espacios culturales; al replanteamiento de ferias, festivales y festividades; y la Línea de apoyo al replanteamiento de la oferta de bienes, servicios y actividades culturales.

Las diversas ayudas se hicieron efectivos hacia finales del 2020 y debió solicitarse una ampliación ya que no se logró cubrir a todos aquellos que habían sido considerados aptos por los jurados que se convocaron. Por ello, en febrero de 2021 se aprobó otorgar 20 millones de soles adicionales.

Adicionalmente, es importante destacar que el 21 de julio 2020 se promulgó la Política Nacional de Cultura que sienta las bases para el desarrollo de iniciativas desde el estado.

En el reino de las pantallas  

Por otro lado, la virtualidad dio algunas respuestas. Al inicio, se presentó material grabado, espectáculos escénicos y recorridos grabados en museos. El Ministerio de Cultura lanzó la iniciativa de Museos en Línea que presenta recorridos virtuales por casi los 30 museos que son parte de su red.

Desde las artes escénicas, los teatros y agrupaciones comenzaron primero a presentar material de registro de piezas ya presentadas. Con el tiempo, se comenzaron a crear obras para este nuevo formato digital (Zoom, Instagram, Youtube) y plataformas ad hoc como Joinnus o TLK Play. El público respaldó, por lo menos hasta los primeros del 2021, estas iniciativas pagando entradas por “acudir”. Podemos mencionar, sin desmerecer a otras propuestas, la ópera “Eclipse” de la dramaturga peruana Maritza Nuñez; que contó con la participación de 14 compositores jóvenes, una bailarina y dos cantantes, y que fue grabada completamente en la virtualidad.

La tecnología permitió romper las barreras geográficas. Se llegó a todo el país y se cruzaron las fronteras. Sin embargo, también se evidenció la enorme brecha digital que separa al país y que no permite que todos y todas accedan al contenido cultural como está garantizado en la Constitución Política del Perú en el artículo 2 inciso 8: “A la libertad de creación intelectual, artística, técnica y científica, así como a la propiedad sobre dichas creaciones y a su producto. El Estado propicia el acceso a la cultura y fomenta su desarrollo y difusión”. 

En algunos casos, como sucedió con otras iniciativas como el Programa Aprendo en casa, la televisión fue también un vehículo para permitir el acceso a la cultura. Gracias a un convenio con el Gran Teatro Nacional se difundieron obras creadas en el marco del Programa de Formación de públicos.

Los gestores culturales exploraron diversos formatos para llegar a su público y acompañarlo durante el encierro. Las posibilidades fueron diversas, pensando sólo en las artes escénicas: se crearon obras virtuales, se grabó en salas para luego trasmitir o vender funciones, se actuó en vivo y se trasmitió vía streaming y cuando fue posible regresar, se hicieron presentaciones híbridas.

Con aforos reducidos

Ya para mediados del 2021 se comenzaron a abrir los museos, galerías, centros culturales y teatros con aforo reducido de 30%. Fue necesario considerar temas como pruebas COVID-19 con relativa periodicidad (a veces todos los días para quienes iban a estar sobre el escenario sin mascarilla), así como material de desinfección y desarrollar los protocolos para la interacción con el público (fichas sintomatológicas, carnets de vacunación, distancia social, etc).

En la época más fuerte de la COVID-19, los gestores culturales exploraron diversos formatos para llegar a su público y acompañarlo durante ese contexto.

La audiencia llegó apenas pudo, primero de manera cauta y luego, con tranquilidad. El sector Cultura buscó cuidar mucho el tema de ser y parecer un espacio bioseguro. Los gestores culturales debieron tener gran flexibilidad para adaptarse, no solo al formato digital, sino a trabajar para un retorno seguro, generando y ganando la confianza del público para llegar al aforo de más de 50%, que hace algunas semanas era 80%.

Otra de las opciones que se tomaron fue optar por el espacio público y así se realizaron festivales, ferias del libro, conciertos y puestas en escena en diferentes parques y plazas de la ciudad y del país.

Lo que nos toca

Una de las características que considero nos exigió la situación de emergencia sanitaria fue la flexibilidad para poder adaptarnos a las circunstancias de cada momento. Además, nos mostró la importancia del trabajo articulado y colaborativo que nos permita reconocer necesidades conjuntas, experiencias compartidas y, sobre todo, bajar costos.

 

Invierno 2022


Carina Moreno

Universidad Antonio Ruiz de Montoya

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