Hacia una política al servicio del bien común: La post-pandemia como oportunidad para la rehabilitación de la política

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Nunca la política estuvo tan desprestigiada y, a la vez, nunca como ahora resulta tan necesaria. Si la gestión de la pandemia fue una oportunidad desperdiciada por la política, la postpandemia representa una nueva posibilidad para su rehabilitación en un contexto de enorme fragilidad de la vida humana en el Perú y en el mundo de hoy.

I. La postpandemia desde la perspectiva de la política:

El principal problema de la política es su creciente desconexión con la vida y las aspiraciones de las personas. Esta desconexión está en la base del crecimiento de diferentes manifestaciones de la antipolítica.

 La desconexión de la política

 Entre las diferentes maneras de medir la desconexión de la política, esta vez queremos destacar el Índice “El sistema está roto”, elaborado por Ipsos desde el 2016 a fin de comprender la prevalencia de la desafección social y política a nivel global.

A fines de julio de 2021 se publicó los resultados de la encuesta realizada a más de 19,000 personas en 25 países, incluyendo el Perú. “La encuesta encuentra las percepciones de un sistema político y económico quebrado que prevalece en la mayoría de los países”[1].

En promedio, el 56% está de acuerdo en que la sociedad de su país está rota y el 57% está de acuerdo en que su país está en declive. El índice está basado en el nivel de acuerdo con afirmaciones como “a los políticos no les importa la gente” y “los expertos no comprenden la vida de personas ‘como yo’”.

Los cuatro países con los niveles más altos de desconexión se encuentran todos en América Latina: Colombia, Perú, Brasil y Chile.

Entre los resultados destaca también que, en promedio en los 25 países, la “élite” es percibida en todo el mundo como un grupo que toma decisiones en función de sus intereses e ignora las necesidades de los demás.

Los riesgos de la antipolítica

 En las circunstancias actuales, la política no está ofreciendo una narrativa que de sentido a la enorme fragilidad de la vida postpandemia.

En un escenario marcado por los temores y la incertidumbre, los discursos políticos no le dicen nada a la gente. Las palabras se han vaciado de contenido y no guardan relación con un contexto social extremadamente complejo al que, en la práctica, se ha renunciado a comprender.

Ante los ojos y oídos de las personas, nadie parece estar a la altura de los problemas reales. En este clima crece el discurso antipolítico.

Y esto no ocurre sólo en el Perú. En Argentina, por ejemplo, el estudio cualitativo realizado por tres investigadores de la Universidad Nacional de San Martín[2] encuentra que la antipolítica se orienta a demarcar “zonas de culpabilidad y le señala objetivos a la indignación moral: los culpables de la crisis son los políticos, todos los políticos. Se trata de un relato simple, que –como los conspiranoicos– reduce la complejidad y otorga un sentido en el medio del caos”.

Una política sin virtudes cívicas

La pandemia de la covid-19 no fue solo una crisis de salud pública. Fue también una crisis global y cívica de enorme impacto en la política.

En el caso peruano, en medio de la pandemia y hasta ahora, la ciudadanía ha contemplado el mal uso del poder, la corrupción, la falta de respeto a las leyes y la ineficiencia.

En la política peruana de hoy campean y predominan los intereses particulares, lo que hace más difícil resolver los problemas comunes. Como resultado de ello, los peruanos carecemos de un sentido del bien común.

II. La rehabilitación de la política, el bien común y la gobernanza

 Tenemos un problema con nuestra comprensión y gestión de la política. Son muchas las voces que sostienen lo ilusorio que resulta proyectar un camino de salida a la crisis de la política sin una renovación de nuestras maneras de pensar y actuar.

Dicho de otro modo, para mejorar nuestro entendimiento de la crisis y sus salidas, no podemos quedarnos sólo en la coyuntura, debemos también mirar la historia y las estructuras. Nuestra atención no debería centrarse sólo en los actores tradicionales y las instituciones estatales sino también los comportamientos y prácticas de los grupos y personas de la sociedad.

La rehabilitación de la política

Aquí seguimos la perspectiva propuesta por el Papa Francisco en las encíclicas Fratelli Tutti y Laudato Si.  “Para hacer posible el desarrollo de una comunidad mundial… hace falta la mejor política puesta al servicio del verdadero bien común” (FT, 154). Mientras que en la segunda afirma que “la política no debe someterse a la economía y esta no debe someterse a los dictámenes y al paradigma eficientista de la tecnocracia”. (LS, 189).

Pensada desde las organizaciones de la sociedad, la rehabilitación de la política debe ser asumida teniendo como referencia la extrema fragilidad humana de la gran mayoría de las peruanas y peruanos.

Tenemos que encontrar la forma de encarar las causas de los malestares contemporáneos: la creciente desigualdad social, la precarización del trabajo, las jerarquías culturales excluyentes, las consecuencias del cambio climático y una globalización económica que carece por completo de una gobernanza democrática.

Desde esta perspectiva, pensando en caminos y propuestos innovadoras, pero teniendo también que no hay una sola salida posible, existen dos ámbitos de acción que conviene explorar para la rehabilitación de la política. La construcción de un sentido del bien común y la forja de diferentes modalidades de gobernanza.

La construcción de un sentido del bien común

Michael Sandel[3] sostiene que hay dos maneras diferentes de concebir el bien común: la consumista y la cívica. En la primera, el bien común se define como la suma de las preferencias e intereses de consumo todas y de todos. “Según esta versión logramos el bien común cuando maximizamos el bienestar del consumidor, lo que por regla general significa maximizar el crecimiento económico”.

Para la concepción cívica el bien común “no puede conseguirse tan sólo mediante la actividad económica. Es algo a lo que sólo podemos llegar deliberando con nuestros conciudadanos sobre los propósitos y fines de nuestra comunidad política… requiere que ciudadanos con diferentes modos de vida y orígenes se encuentren en espacios comunes y en lugares públicos”.

Bajo este enfoque, el desafío al que nos enfrentamos consiste en descubrir fuentes de solidaridad en una época en la que la mayor parte de las sociedades democráticas están profundamente divididas.

La forja de diferentes modalidades de gobernanza

El mundo actual exige un cambio radical en los sistemas de gobierno. Daniel Innerarity[4] sostiene que “cada época histórica tiene su propia forma de gobierno”.

En cuanto al concepto de gobernanza, Innerarity afirma que “entendido en un sentido amplio, alude a un cambio profundo en la acción social y las formas de gobierno de las sociedades contemporáneas, que deben resituarse en medio de un ámbito, no exento de tensiones, configurado por el Estado, el mercado y la sociedad y en un contexto marcado por la globalización y la interdependencia”.

Como consecuencia de ello, “la gobernanza expresa una transformación de la estatalidad en las democracias, que se ve obligada a transitar desde formas jerárquicas y soberanas hacia formas más cooperativas”

Ante la pregunta sobre cómo se gobernaría entonces, Innerarity responde: “Habría que gobernar las sociedades como se cuida la vida: capacitar, empoderar, facilitar. Gobernar a través y no sobre o contra implica una relación más horizontal entre quien gobierna y quien es gobernado. Gobernar no es algo que se ejerce sobre o contra, sino a través de la complejidad”.

En nuestro contexto actual, es necesario poder generar diálogos por el bien común con diversos grupos de la sociedad civil.

III. Diálogos por el Bien Común y Gobernanza Colaborativa Local

La iniciativa Resucita Perú Ahora, que agrupa a organizaciones de la sociedad en diferentes territorios del país, se ha propuesto impulsar los diálogos por el bien común y la gobernanza colaborativa local.

Los diálogos tratan de poner en práctica aquello planteado por el Papa Francisco: “Acercarse, expresarse, escucharse, mirarse, conocerse, tratar de comprenderse, buscar puntos de contacto, todo eso se resume en el verbo dialogar. Para encontrarnos y ayudarnos mutuamente necesitamos dialogar”. (FT, 198).

En cuanto la temática y agenda de los diálogos, estos se han de organizar en torno a las cuatro emergencias que se vive en el país en el contexto de la postpandemia: sanitaria, alimentaria, educativa y climática.

Las experiencias de Gobernanza Colaborativa Local se impulsan de acuerdo a la convicción de que hay que mirar lo global y, simultáneamente, hay que asumir con cordialidad lo local. “La buena política busca caminos de construcción de comunidades en los distintos niveles de la vida social”. (FT, 182).

El mismo Papa Francisco sostiene que “hace falta pensar en la participación social, política y económica de tal manera que incluya realmente a las organizaciones sociales y los movimientos populares y anime la estructura de los gobiernos locales, nacionales e internacionales… y a su vez es bueno promover que estos movimientos, estas experiencias de solidaridad que surgen desde abajo, desde el subsuelo del planeta, confluyan, estén más coordinados, se vayan encontrando”. (FT, 169).

En su libro Historia de dos ciudades, Charles Dickens escribió hace casi dos siglos: “Es el mejor de los tiempos. Es el peor de los tiempos”. El ambiente post-pandemia tiene un enorme parecido, tal vez porque nos está tocando vivir otra transición histórica.

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[1] https://www.ipsos.com/sites/default/files/ct/news/documents/2021-08/Ipsos%20Global%20Advisor%20-%20Populismo%20Anti%20Elitismo%20y%20Nativismo%20_%20Final.pdf
[2] https://www.revistaanfibia.com/antipolitica-el-asalto-a-la-razon-democratica/
[3] La tiranía del mérito: ¿qué ha sido del bien común?; Penguin Random House Grupo Editorial, 2020.
[4] Una teoría de la democracia compleja: gobernar en el siglo XXI; Galaxia Gutemberg, 2020.

 

Invierno 2022


Félix Grández Moreno

Sociólogo

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