Iglesia: cambios y desafíos

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Francisco busca una Iglesia cercana a los que más sufren.Desde que Francisco fue elegido en 2013, desde Roma llegan vientos de renovación y esperanza. La Iglesia estaba en crisis por los abusos sexuales del clero contra miles de niños, niñas y adolescentes, y por la corrupción en el Vaticano.

La propuesta de Francisco es una nueva manera de ser Iglesia, que él encarna primero en gestos: presentarse como obispo de Roma y no como Papa, lo que tiene un sentido ecuménico ante otras Iglesias cristianas y de colegialidad ante los demás obispos católicos; no se aloja en el Palacio, sino en un cuarto en Santa Marta; usa un auto sencillo. Estas son señales de un estilo lejano del boato que antes rodeaba el cargo. Su primer viaje es a Lampedusa, donde llegan los migrantes de África; lava los pies a presas mujeres (una musulmana); dice a madres que amamanten a sus hijos en ceremonias; recibe a un transexual y su pareja que habían sido insultados en España; concede entrevistas, lo que ningún Papa había hecho; impulsa la canonización de Juan XXIII, Mons. Romero y Mons. Angelelli.

Con estos gestos y con sus mensajes, lo que Francisco plantea es volver a lo esencial del cristianismo: “El anuncio se concentra en lo esencial” (EG35): “el amor de Dios concentrado en Jesucristo” (EG36).

Dios es amor y misericordia, un Dios que perdona. Por eso lanza el Jubileo de la misericordia y pide una Iglesia que no condena, de puertas abiertas, hospital de campaña en un mundo herido; una Iglesia en salida (“prefiero mil veces una Iglesia accidentada que una Iglesia enferma”). “Como quisiera una Iglesia pobre y para los pobres”, dice en su primer encuentro con la prensa, expresando así su proyecto (cf. EG198).

“La propuesta del Evangelio es el Reino de Dios”. “El proyecto de Jesús es instaurar el Reino de su Padre” (EG180). Por tanto, “Evangelizar es hacer presente en el mundo el Reino de Dios” (EG176).

Pide un cambio de estilo: “No se puede evangelizar con cara de funeral” (EG10).

Al subrayar lo esencial, Francisco aclara que no todas las enseñanzas tienen el mismo nivel: “Hay un orden o jerarquía en las verdades” (EG36). Dice que se ha puesto demasiado acento en temas de sexualidad y eso debe cambiar (entrevista con Antonio Spadaro). Por eso, cuando le preguntan por el uso del condón ante el sida, dice que la pregunta no le parece suficientemente importante, que lo importante es el hambre, la pobreza, las guerras, los migrantes.

El segundo fundamento de la reforma que emprende Francisco (el primero es el Evangelio) es el Concilio Vaticano II. Dice: “El Concilio fue una bella obra del Espíritu Santo. Piensen en el papa Juan XXIII: parecía un párroco bueno y él fue obediente al Espíritu Santo e hizo aquello. Pero, después de 50 años, ¿hemos hecho todo lo que nos dijo el Espíritu Santo en el Concilio?, ¿en esa continuidad del crecimiento de la Iglesia que fue el Concilio? No… No queremos cambiar. Más aún, hay voces que quieren retroceder. Esto se llama ser testarudos, esto se llama querer domesticar al Espíritu Santo, esto se llama volverse tontos y lentos de corazón”. (Homilía en Santa Marta el 16 abril 2013, un mes después de su elección).

Por tanto, Francisco retoma las líneas de fuerza del Concilio y está atento a los signos de los tiempos. Por eso es firme en afirmar que “hoy tenemos que decir no a una economía de la exclusión y la inequidad. Esa economía mata” (EG 53). “No a la idolatría del dinero” (EG55). Se preocupa constantemente por los migrantes: “No se puede tolerar que el Mediterráneo se convierta en un gran cementerio”, dice. También es el gran adalid de la defensa del planeta e insiste en “el desafío urgente de proteger nuestra casa común” (LS 13). Respalda “el movimiento ecológico mundial” (LS14). Su encíclica Laudato Si tiene gran impacto, Francisco se convierte en un líder global.

También del Concilio toma la reafirmación de la colegialidad y más allá aún la sinodalidad como la manera de ser Iglesia. Convoca cuatro sínodos en 6 años: dos sobre la familia, uno sobre jóvenes y otro sobre la Amazonía; todos con consulta previa amplia al pueblo de Dios, e incluso más allá; y con libertad para hablar y proponer para los participantes, como no sucedió en los anteriores sínodos, donde había temas que no se podían mencionar.

Francisco plantea la descentralización y refuerza el papel de las Conferencias Episcopales. En un hecho inédito, convoca la primera reunión de presidentes de Conferencias Episcopales para tratar sobre los abusos sexuales, en febrero 2019.

El desafío más difícil para Francisco ha sido el de los abusos sexuales. Después del error que cometió en Chile al rechazar las acusaciones contra Mons. Barros, tachándolas de calumnias, se dio cuenta de su error y envió a Mons. Scicluna en misión a Chile para averiguar la verdad, junto con el P. Bertomeu. Ambos le presentaron un informe que motivó que convocara a todos los obispos de Chile al Vaticano y les pidiera su renuncia. También convocó a tres laicos víctimas de los abusos de Karadima al Vaticano, y se reunió con cada uno por largo tiempo, y luego con los tres, pidiéndoles perdón. Escribió una carta al pueblo de Dios de Chile condenando los abusos. También una carta a todo el pueblo de Dios, donde señala que la raíz de los abusos se encuentra en el clericalismo: “Esto se manifiesta con claridad en una manera anómala de entender la autoridad en la Iglesia —tan común en muchas comunidades en las que se han dado las conductas de abuso sexual, de poder y de conciencia— como es el clericalismo, esa actitud que «no solo anula la personalidad de los cristianos, sino que tiene una tendencia a disminuir y desvalorizar la gracia bautismal que el Espíritu Santo puso en el corazón de nuestra gente». El clericalismo, favorecido sea por los propios sacerdotes como por los laicos, genera una escisión en el cuerpo eclesial que beneficia y ayuda a perpetuar muchos de los males que hoy denunciamos. Decir no al abuso, es decir enérgicamente no a cualquier forma de clericalismo”. (Carta al Pueblo de Dios, 20 agosto 2018). Desde el inicio Francisco pidió pastores “con olor a oveja”.

Como expresión de colegialidad, el Papa crea el Consejo de Cardenales para ayudar en el gobierno de la Iglesia universal y revisar la Constitución Pastor Bonus (de Juan Pablo II) sobre la Curia romana. Esta reforma de la curia ya está lista y la nueva Constitución “Predicar el Evangelio” se ha consultado a las diversas instancias eclesiales.

Todos estos cambios no son fáciles. La reforma es una lucha constante, pues despierta oposición. Los sectores conservadores han atacado fuertemente al Papa, ya que permanecen aferrados a una moral cerrada que no tiene en cuenta la realidad de las familias ni la conciencia de los fieles; como el exnuncio en Estados Unidos, Carlo María Viganò, al que respaldaron más de dos decenas de obispos de ese país y varios de otros. Algunos obispos y cardenales lo cuestionaron por su Exhortación “La alegría del amor”, tras el sínodo sobre la familia. También lo atacaron por el sínodo de la Amazonía. Laicos ultraconservadores robaron y echaron al río Tíber unas imágenes de mujeres encinta, propias de las culturas amazónicas.

También se oponen a Francisco laicos poderosos. El último caso es el del exasesor de Donald Trump, Steve Bannon, y otros que lo consideran «malo para los negocios». Según el editorial del National Catholic Reporter, del 23 de abril de 2019: «Now Bannon is setting his providential magic on the Vatican, taking a shot at the pope, with the help of wealthy American and European Friends» (“Ahora Bannon está concentrando su magia providencial en el Vaticano, apuntando al Papa, con la ayuda de ricos americanos y amigos europeos”).

En relación a la actual pandemia del coronavirus, Francisco ha estado muy presente tanto a nivel de la oración (todos nos impresionamos con la bendición en la plaza san Pedro vacía en la lluvia), como de la acción, donando fondos para atender a los afectados, pidiendo un salario universal dado el impacto de la pandemia en el empleo y los ingresos de los informales (Carta a los movimientos populares del 12 de abril 2020); urgiendo al perdón de la deuda de los países más pobres para que puedan hacer frente al coronavirus; e instituyendo una gran comisión a cargo del nuevo Dicasterio de la Curia: Servicio para el Desarrollo Humano Integral.

Iglesia y Amazonía

Entre las muchas luchas del Papa Francisco se encuentra la defensa del medioambiente, “Nuestra Casa Común”. Su pensamiento se ve reflejado en la Encíclica “Laudato Si”.

La principal misión de esta comisión será “poner en marcha acciones de apoyo a las iglesias locales para salvar vidas humanas, para ayudar a los más pobres”… “El Papa está convencido de que nos encontramos en un momento de cambio de época y reflexiona sobre lo que vendrá después de la emergencia, sobre las consecuencias económicas y sociales de la pandemia, sobre lo que tendremos que afrontar y, sobre todo, sobre cómo la Iglesia puede ofrecerse como punto de referencia seguro al mundo perdido ante un acontecimiento inesperado”, señaló Tukson, Prefecto del Dicasterio.

La comisión tendrá cinco grupos de trabajo:

  • El Grupo de trabajo 1, coordinado por el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral (DSDHI), “se dedica a escuchar y apoyar a las iglesias locales, en un servicio que las convierte en protagonistas de las situaciones que viven, en cooperación con Caritas Internationalis”. Además, el grupo “tiene la tarea de colaborar positivamente con las iniciativas caritativas promovidas por otras realidades de la Santa Sede, como la Limosnería Apostólica, la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y la Farmacia Vaticana”.
  • El Grupo de trabajo 2, coordinado por el mismo Dicasterio, se ocupará “de la investigación y el estudio de la pandemia, para reflexionar sobre la sociedad y el mundo post-COVID-19, en particular en los campos del medio ambiente, la economía, el trabajo, la sanidad, la política, la comunicación y la seguridad”. Los socios del Grupo serán las Academias Pontificias para la Vida y las Ciencias, junto con varias organizaciones que ya colaboran con el DSDHI.
  • El Grupo de trabajo 3, coordinado por el Dicasterio de Comunicación, informará sobre la labor de los Grupos y promoverá la comunicación con las iglesias locales, “ayudándolas a responder de manera auténtica y creíble al mundo posterior a la COVID-19”.
  • El Grupo de trabajo 4, coordinado por la Sección de Relaciones con los Estados de la Secretaría de Estado (presidida por primera vez en la historia por una mujer), “apoyará a la Santa Sede en sus actividades y en sus relaciones con los países y los organismos internacionales, comunicándoles los frutos de las investigaciones, el diálogo y la reflexión que se produzcan”.
  • El Grupo de trabajo 5, coordinado por el DSDHI, se encarga de la financiación para apoyar “la asistencia de la Comisión para el COVID-19 a las iglesias locales y las organizaciones católicas, y su actividad de investigación, análisis y comunicación”.

Los nuevos vientos que trae Francisco han llegado también a nuestro país. Señalamos brevemente, para concluir, algunos cambios importantes en la Iglesia peruana.

Un cambio de mucha significación fue el nombramiento del nuevo arzobispo de Lima, el sacerdote y teólogo Carlos Castillo, tras la renuncia presentada por el cardenal Cipriani al cumplir 75 años de edad. Carlos Castillo fue párroco en barrios populares, como Tablada de Lurín y San Lázaro, y trabajó en la pastoral juvenil. Fue muy significativo que quien lo presentara como candidato en la ceremonia de consagración del 2 de marzo en la Catedral de Lima, en acto previsto por el protocolo, fuera el P. Gustavo Gutiérrez, conocido como fundador de la Teología de la Liberación, de quien Carlos Castillo se declara discípulo. Ciertamente, algo que no habríamos considerado posible unos meses antes.

En su discurso inaugural, que fue programático, explicó el sentido de haber llegado desde el templo de San Lázaro (que fue barrio de indios y leprosos) hasta la catedral. Manifestó su intención de «construir esa Iglesia hospital de campaña», «una Iglesia cercana y amiga» que realice «el sueño de Francisco» de «una Iglesia pobre para los pobres». Como nuevo arzobispo en Lima pasa a ser la autoridad encargada del Seminario Santo Toribio y de la Facultad de Teología.

En un momento como el actual -de crispación entre la Iglesia, las autoridades estatales y otras confesiones religiosas, en particular en torno a la educación-, Castillo señaló que desea una Iglesia «abierta a la sociedad civil, sus búsquedas y puntos de vista laicales». En el contexto de los abusos sexuales por parte del Sodalicio de Vida Cristiana, y del enjuiciamiento de dos periodistas que los denunciaron, demandó con firmeza: «Una Iglesia signo de credibilidad, que actúa con transparencia, que afronta los problemas y no los esconde, que reconoce sus errores, pecados y hasta delitos, si existen, y los enfrenta con toda justicia y verdad».

El 10 de abril, el Arzobispo de Lima firmó con el Presidente de la Conferencia Episcopal Peruana –hecho muy inusual– un comunicado «ante la decisión de la Jueza del Primer Juzgado Unipersonal Penal de Piura, en el caso de un periodista que ha buscado esclarecer la verdad sobre el accionar del Sodalitium», donde manifiestan:

“1. El Papa Francisco nos pide enfáticamente priorizar la comprensión y atención a las víctimas de todo tipo de abuso, condenando cualquier tipo de complicidad. 2. El mismo Santo Padre ha alabado y agradecido la labor de los periodistas que, mediante sus investigaciones, contribuyen a denunciar los abusos, a castigar a los victimarios y a asistir a las víctimas. Subraya el Papa que la Iglesia necesita de su ayuda en esta difícil tarea de luchar contra este mal. 3. El clima cuaresmal de conversión y misericordia mueva a todos a la máxima transparencia para que los delitos se reconozcan y sea posible la justa reparación. Finalmente, reiteramos nuestra solidaridad y cercanía con las víctimas, con sus familiares y con sus defensores”.

Cambios en la Iglesia peruana

El Santo Padre también ha realizado cambios significativos en la iglesia peruana, uno de ellos ha sido el nombramiento, como Cardenal, de Mons. Pedro Barreto SJ, Arzobispo de Huancayo.

Otro nombramiento muy importante fue el de un segundo cardenal para el Perú, hecho inédito en nuestro país: Mons. Pedro Barreto Jimeno, jesuita y arzobispo de Huancayo. Fue creado cardenal el 29 de junio del 2018. Es vicepresidente de la REPAM (Red Eclesial Pan Amazónica) y tuvo un papel importante en el Sínodo Pan Amazónico.

Se han dado cambios de obispos conservadores por otros renovadores en los últimos años. En el sur andino, el arzobispo del Cusco, Juan Antonio Ugarte (del Opus Dei), fue remplazado por Mons. Richard Alarcón; y el obispo de Juli, José María Ortega (también del Opus Dei), fue sustituido por Mons. Ciro Quispe. El obispo Schmalhausen, de Ayaviri, renunció al Sodalicio de Vida Cristiana a raíz de los abusos sexuales en esa institución, y ha dejado la Prelatura. Mons. Jorge Enrique Izaguirre, ancashino, de la congregación Holy Cross, fue nombrado el nuevo Obispo Prelado de Chuquibamba, en reemplazo de Mario Busquets Jordá, ligado al Opus Dei. Izaguirre es actualmente Presidente de la Comisión Episcopal de Acción Social (CEAS).

En Chiclayo, el Obispo Moliné fue reemplazado por Mons. Prevost, agustino muy cercano al Papa Francisco. Y también acaba de ser nombrado administrador apostólico del Callao, ante la destitución del obispo Del Palacio, neocatecúmeno.

En la selva, Francisco ha nombrado obispos como David Martínez OP, en Puerto Maldonado, quien tuvo destacado papel en la visita del Papa a nuestro país y fue parte del secretariado del Sínodo Pan Amazónico; y el jesuita Alfredo Vizcarra Mori en Jaén, actual presidente de la Comisión Episcopal para los Laicos y Juventud, cargo de gran trascendencia para la participación del laicado renovador, antes prácticamente excluido.

Arturo Colgan, de la congregación Holy Cross, fue nombrado Obispo Auxiliar de la Diócesis de Chosica; y Reinaldo Nann, miembro del Instituto Secular de los Sacerdotes Diocesanos de Schoenstatt, fue nombrado Obispo Prelado de Caravelí.

Más recientemente, ante el retiro por edad de Mons. Turley, muy querido en Chulucanas, fue nombrado Cristóbal Mejia, de la diócesis de Lurín, también de espíritu renovador.

Con muchos nuevos y buenos obispos, positivas condiciones de trabajo llegan así a gran parte de la Iglesia peruana.

Invierno 2020


Cecilia Tovar Samanez

Filósofa, investigadora y responsable del equipo Iglesia y Sociedad del Instituto Bartolomé de las Casas.

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