La Iglesia y la política: la enseñanza del Papa Francisco

En el último proceso electoral peruano ha reaparecido el problema de las relaciones entre la Iglesia y la política, excesivamente centrado en la cuestión de si la Iglesia puede decir a sus miembros que deben votar a favor o en contra de un determinado candidato. Me parece que, siendo un asunto tan amplio, serviría de poco presentar aquí una síntesis apretada sobre la doctrina social de la Iglesia con respecto al tema. Más bien prefiero ofrecer una lectura de la enseñanza del papa Francisco sobre algunos aspectos de la política, aunque limitándome a sus encíclicas y exhortaciones publicadas del 2013 al 2020.

  1. Más allá del ámbito privado

El papa Francisco parte del principio de que “ya no se puede decir que la religión debe recluirse en el ámbito privado y que está sólo para preparar las almas para el cielo” (Evangelii gaudium 182). La Iglesia tiene el derecho a emitir opiniones sobre todo aquello que afecte a la vida de las personas, porque la evangelización exige la promoción integral del ser humano. La conversión se orienta también al orden social y al bien común.

Por consiguiente, nadie puede exigirnos que releguemos la religión a la intimidad secreta de las personas, sin influencia alguna en la vida social y nacional, sin preocuparnos por la salud de las instituciones de la sociedad civil, sin opinar sobre los acontecimientos que afectan a los ciudadanos (Evangelii gaudium 183).

Citando la encíclica Deus caritas est del papa Benedicto XVI, dice Francisco que, si bien el orden justo de la sociedad es una tarea principal de la política, la Iglesia no puede quedarse al margen en la lucha por la justicia (cf. Evangelii gaudium 183).

  1. La política es una vocación

En su exhortación programática Evangelii gaudium, el papa Francisco defiende que la política es una altísima vocación, una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común (cf. 205). En su reciente encíclica social Fratelli tutti, enfatiza que nos hace falta la mejor política puesta al servicio del verdadero bien común (cf. 154); por lo tanto, convoca a rehabilitar la política como una altísima vocación (cf. 180).

El Papa reconoce que en nuestro tiempo la política es una mala palabra para muchos. La razón está muchas veces en los errores, la corrupción y la ineficiencia de algunos políticos. Se añade el hecho de que otras personas y otros grupos desarrollan estrategias que buscan debilitarla, con el propósito de reemplazarla por la economía o dominarla desde su ideología. Cabe preguntarse si puede funcionar el mundo o el país sin política: “¿Puede haber un camino eficaz hacia la fraternidad universal y la paz social sin una buena política?” (Fratelli tutti 176). Se trata de una pregunta que nos cuestiona a todos.

Francisco recuerda que el ejercicio de la ciudadanía y la participación en la política son una obligación moral (cf. Evangelii gaudium 220). Desde su hermenéutica social de la parábola del buen samaritano (cf. Lc 10, 25-37), considera que el texto bíblico es una invitación a todos, orientada a que resurja nuestra vocación de ciudadanos del propio país y del mundo entero, como constructores de un nuevo vínculo social (cf. Fratelli tutti 66).

  1. La política que se necesita

El quinto capítulo de la Fratelli tutti lleva por título “La mejor política”. En los números 177, 178 y 179 se presentan tres características de “la política que se necesita”. Me parece que podrían aplicarse como un test para evaluar la política en nuestro país.

Una política que no se somete a la economía ni la tecnocracia

En primer lugar, considera Francisco que la política no debe someterse a la economía y esta no debe someterse a los dictámenes y al paradigma eficientista de la tecnocracia (cf.  177). Es innegable que debemos rechazar el mal uso del poder, la corrupción y la ineficiencia en la política, pero no podemos justificar una economía sin política. La economía sería incapaz de propiciar otra lógica que dirija los diversos aspectos de la crisis.

En su encíclica ecológica Laudato si’ habla del diálogo entre política y economía para la plenitud humana, diciendo que necesitamos imperiosamente que la política y la economía se coloquen decididamente al servicio de la vida (cf. 189).

La política y la economía tienden a culparse mutuamente por lo que se refiere a la pobreza y a la degradación del medio ambiente. Pero lo que se espera es que reconozcan sus propios errores y encuentren formas de interacción orientadas al bien común. Mientras unos se desesperan sólo por el rédito económico y otros se obsesionan sólo por conservar o acrecentar el poder, lo que tenemos son guerras o acuerdos espurios donde lo que menos interesa a las dos partes es preservar el ambiente y cuidar a los más débiles (Laudato si’ 198).

Una política que busca el bien común a largo plazo

En segundo lugar, sostiene Francisco que la grandeza de la política se muestra cuando se obra pensando en el bien común a largo plazo (cf. 178), superando los intereses mezquinos en la política. Se sabe que al poder político le cuesta mucho asumir este deber en un proyecto de nación y más aún en un proyecto común para la humanidad presente y futura. En realidad, pensar en los que vendrán no sirve mucho a los fines electorales.

En su encíclica Laudato si’ se ocupa no solo del diálogo acerca del medio ambiente en la política internacional, sino también del diálogo hacia nuevas políticas nacionales y locales; en este contexto, denuncia el inmediatismo en la política:

El drama del inmediatismo político, sostenido también por poblaciones consumistas, provoca la necesidad de producir crecimiento a corto plazo. Respondiendo a intereses electorales, los gobiernos no se exponen fácilmente a irritar a la población con medidas que puedan afectar al nivel de consumo o poner en riesgo inversiones extranjeras. La miopía de la construcción de poder detiene la integración de la agenda ambiental con mirada amplia en la agenda pública de los gobiernos (Laudato si’ 178).

Una política que lidera los cambios convocando a los otros

En tercer lugar, constata Francisco que la sociedad mundial tiene fallas estructurales que no se resuelven con parches, con soluciones rápidas meramente ocasionales. Vemos que existen situaciones que deben ser cambiadas con replanteos de fondo, con transformaciones importantes. Por lo tanto, una sana política tendrá que liderar estos cambios, “convocando a los más diversos sectores y a los saberes más variados” (179).

En su carta Laudato si’ dice que no se trata de detener irracionalmente el progreso y el desarrollo humano, sino de asumir que desacelerar un determinado ritmo de producción y de consumo puede generar otro modo de progreso y desarrollo.

Por ejemplo, un camino de desarrollo productivo más creativo y mejor orientado podría corregir el hecho de que haya una inversión tecnológica excesiva para el consumo y poca para resolver problemas pendientes de la humanidad; podría generar formas inteligentes y rentables de reutilización, refuncionalización y reciclado; podría mejorar la eficiencia energética de las ciudades (Laudato si’ 192).

  1. El amor político

En su primera encíclica Francisco afirma que la fe permite comprender la arquitectura de las relaciones humanas, debido a que capta su fundamento último y su destino definitivo en el amor de Dios, así ilumina el arte de la edificación por el bien común (cf. Lumen fidei 51). Un poco después, en la Evangelii gaudium retoma una afirmación del papa Benedicto XVI en la que la caridad es la vía maestra de la doctrina social de la Iglesia, “no es sólo el principio de las micro-relaciones, como en las amistades, la familia, el pequeño grupo, sino también de las macro-relaciones, como las relaciones sociales, económicas y políticas” (Caritas in veritate 2). En su exhortación Christus vivit escribe a los jóvenes que “la vocación laical es ante todo la caridad en la familia, la caridad social y la caridad política” (168).

En este sentido, el papa Francisco nos invita a ampliar nuestra visión del amor, cuando dice que “el amor, lleno de pequeños gestos de cuidado mutuo, es también civil y político, y se manifiesta en todas las acciones que procuran construir un mundo mejor” (Laudato si’ 231). En la Fratelli tutti vuelve sobre el amor político, reiterando que el amor se expresa no solo en las relaciones íntimas y cercanas, sino también en las macro-relaciones (cf. 181).

Francisco distingue los actos que proceden directamente de la virtud de la caridad de los actos de la caridad que impulsan a crear instituciones más sanas, regulaciones más justas o estructuras más solidarias (cf. Fratelli tutti 186). Remite al Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, donde se afirma que la obra de misericordia con la que se responde aquí y ahora a una necesidad real y urgente del prójimo es un acto de caridad, pero “es un acto de caridad igualmente indispensable el esfuerzo dirigido a organizar y estructurar la sociedad de modo que el prójimo no tenga que padecer la miseria” (208). En definitiva, la caridad social y política no se agota en las relaciones entre las personas, sino que la caridad se despliega en la red en la que las relaciones se insertan, en la comunidad social y política.

Es caridad acompañar a una persona que sufre, y también es caridad todo lo que se realiza, aun sin tener contacto directo con esa persona, para modificar las condiciones sociales que provocan su sufrimiento. Si alguien ayuda a un anciano a cruzar un río, y eso es exquisita caridad, el político le construye un puente, y eso también es caridad. Si alguien ayuda a otro con comida, el político le crea una fuente de trabajo, y ejercita un modo altísimo de la caridad que ennoblece su acción política (Fratelli tutti 186).

  1. La opción por los pobres

En la Evangelii gaudium dice el Papa que el corazón de Dios tiene un sitio preferencial para los pobres, al punto que hasta Él mismo “se hizo pobre” (2 Co 8, 9) (cf. 197). Así también advierte que para la Iglesia esta opción por los pobres es una categoría teológica antes que cultural, sociológica, política o filosófica (cf. 198). Citando el discurso del papa Benedicto XVI en Aparecida, recuerda que esta opción está implícita en la fe cristológica.

Por eso quiero una Iglesia pobre para los pobres. Ellos tienen mucho que enseñarnos. Además de participar del sensus fidei, en sus propios dolores conocen al Cristo sufriente. Es necesario que todos nos dejemos evangelizar por ellos. La nueva evangelización es una invitación a reconocer la fuerza salvífica de sus vidas y a ponerlos en el centro del camino de la Iglesia. Estamos llamados a descubrir a Cristo en ellos, a prestarles nuestra voz en sus causas, pero también a ser sus amigos, a escucharlos, a interpretarlos y a recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos (Evangelii gaudium 198).

En la Fratelli tutti el papa Francisco señala que “esta caridad, corazón del espíritu de la política, es siempre un amor preferencial por los últimos” (187). Solamente con una mirada cuyo horizonte esté transformado por la caridad y que la lleve a percibir la dignidad del otro, los pobres son descubiertos, valorados y reconocidos en su dignidad, respetados en su estilo propio y su cultura; por lo tanto, realmente integrados a la sociedad.

Francisco advierte que en la política existe lugar para amar con ternura: en medio de la actividad política, los más pequeños, los más débiles, los más pobres deben enternecernos, tienen “derecho” de llenarnos el alma y el corazón (cf. Fratelli tutti 194).

Finalmente, considero que las enseñanzas del papa Francisco acerca de la política son valiosas en un contexto donde se suele utilizar el mecanismo político de exasperar, exacerbar y polarizar (cf. Fratelli tutti 15). El amor político se expresa en la apertura a todos. Por lo tanto, estamos llamados a escuchar el punto de vista del otro facilitando que todos tengan un lugar, “es un intercambio de ofrendas en favor del bien común” (Fratelli tutti 190).

El Papa Francisco explica que Dios tiene un sitio preferencial para los pobres. También advierte que para la Iglesia esta es una categoría teológica antes que cultural, sociológica, política o filosófica.

Primavera 2021


Raúl Pariamachi, ss.cc.

Superior Provincial de la Congregación “Sagrados Corazones”