La Gran y Gradual Transformación

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Un primer mensaje presidencial suele generar gran curiosidad y muchas expectativas. En el caso del mensaje presidencial pronunciado por el presidente Ollanta Humala el último 28 de julio, la situación era todavía algo más intensa porque durante la campaña electoral la posibilidad de un triunfo de Gana Perú había generado desconfianza y temor en una parte importante del electorado y porque los principales líderes de esta organización política habían, en más de una ocasión, hecho modificaciones importantes a sus planes y propuestas de gobierno. También porque no termina de quedar claro cuál es la composición y la dinámica de quienes conforman los círculos más cercanos e influyentes en torno al presidente electo.

Dada esta situación, lo primero que se puede destacar en relación con el mensaje pronunciado es su alto grado de continuidad con lo planteado por Gana Perú después de la primera vuelta electoral: la conformación de un gobierno de concertación nacional orientado a una transformación gradual y persistente del Perú en el marco del Estado de Derecho vigente, con respeto a la división de poderes del Estado, y honrando los compromisos previamente asumidos por el Estado peruano. Dicho sea de paso, el vínculo que se observa entre estas propuestas electorales, y el discurso en sí mismo, pasó también por la conformación del primer gabinete ministerial, bastante diverso en relación con los desempeños políticos y profesionales de sus integrantes.

En segundo lugar, y dejando de lado las preferencias de lo que debe ser un mensaje presidencial, lo planteado por el presidente Humala ha sido particularmente efectivo para generar una buena recepción que se extiende a casi todos los sectores y grupos sociales del país; incluso de algunos que hasta hace poco eran sus más feroces críticos y opositores. Dicho de otro modo, los disconformes con el contenido del último mensaje presidencial han quedado siendo una clara minoría. En relación con lo logrado por este mensaje presidencial, habría que reconocer que en principio es muy difícil oponerse a lo que ha sido propuesto como las líneas maestras y los principales objetivos para los próximos cinco años: inclusión, redistribución, crecimiento, paz con justicia, seguridad, descentralización, transparencia, soberanía y concertación.

Entonces, en general, el mensaje presidencial y varios de los primeros anuncios han logrado dar la sensación de que estamos frente a un gobierno que, hasta nuevo aviso, se reafirma en su voluntad de tratar de marcar una real diferencia en relación con lo que han sido los últimos gobiernos—en particular, los que vinieron después de la transición democrática del 2001—; pero con un alto nivel de pragmatismo y moderación política. Si todavía quedaban dudas, lo visto hasta ahora confirma la posibilidad de que se consolide en el Perú un gobierno de centro izquierda durante los próximos cinco años. Gobierno que tendría como referente a las actuales administraciones en Brasil y Uruguay.

Dada esta situación, lo que se abre para los próximos años (esperando que sean años y no meses) es la discusión sobre los principales desafíos que un gobierno de este tipo puede tener en nuestro país. Para comenzar, dentro de muy pronto la voluntad del nuevo gobierno tendrá que transformarse en políticas públicas, y cuando esto suceda, será inevitable el surgimiento de tensiones y conflictos entre potenciales perdedores y ganadores. En este sentido, aún la más moderada de las versiones de un gobierno que pretenda reorientar y fortalecer los programas sociales, y busque de algún modo promover o defender el bienestar social y económico de la mayor parte de su población, va a requerir de alguna modificación importante en los actuales patrones de distribución de los recursos públicos, de acceso a los recursos y oportunidades económicas, y de redistribución de los beneficios generados por el crecimiento económico. Ya sea porque se perciba que estos cambios son demasiado o son muy poco, el gobierno se verá forzado a confrontar una oposición política considerable y que, en muchos casos, contará con recursos efectivos para bloquear sus decisiones.  Finalmente, no solo la dinámica de las voluntades políticas durante los próximos años va a jugar a favor o en contra del nuevo gobierno. Con todas sus particularidades, los gobiernos anteriores han mostrado también que las debilidades de nuestro Estado tienen un impacto negativo sobre las posibilidades de éxito de las mejor intencionadas y diseñadas políticas públicas.

Publicado en setiembre 2011


Jorge Aragón Trelles

Politólogo. Docente en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya y la Pontificia Universidad Católica del Perú.

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