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Edición Nº 18

“La indiferencia ante el dolor y la injusticia nos invalida para ser seguidores de Jesús”
19 de diciembre, 2011

Entrevista a Mons. Francisco González, OP

Por Diana Tantaleán C.
Apostolado Social

Monseñor Francisco González OP, es Obispo del Vicariato Apostólico de Puerto Maldonado; territorio selvático y con presencia de pueblos indígenas. Monseñor Paco, como es conocido, vive desde hace 15 años en el Perú y casi 12 en el Vicariato. Su labor pastoral ha sido reconocida por muchos por la entrega a su pueblo y la defensa para los que no tienen voz; por esta actitud ha tenido que afrontar críticas y denuncias en su contra.

A continuación, él nos comparte cuál es su idea de compromiso y presencia entre los más necesitados.

¿A qué se siente comprometido como Obispo al ver de cerca la realidad y las necesidades de su feligresía?

Creo que el primer compromiso es llevar un corazón semejante al del Nazareno, que echa una mirada cargada de compasión sobre todos los hombres y mujeres. La indiferencia ante el dolor, el sufrimiento, la injusticia, la pobreza, la enfermedad, nos invalida para ser seguidores de Jesús, aunque habitemos en un palacio episcopal, nos cubramos de largas, negras o moradas vestiduras y cuelguen costosos pectorales de nuestros cuellos.

Nuestro compromiso no puede ser otro que dar de comer al hambriento, vestir al desnudo, visitar cárceles, quitar cadenas, hacer cantar a la vida de todos y de todo y llevar esperanza con paz, con salud, con justicia, con dignidad a la gran mayoría de nuestros hermanos tan alejados de vivir dignamente.

Desde su Vicariato ¿Qué visión tiene de este llamado desarrollo que se está dando en el país?

No creo que pueda hablarse de desarrollo a esta locura extractiva de recursos en nuestros suelos. Sean los hidrocarburos, el oro, los minerales, etc., todo está consistiendo en un plan para sacar estos recursos a través de grandes empresas extranjeras, donde el grueso de las ganancias queda en manos de los accionistas foráneos, un tanto por ciento va a las arcas del Estado y otra mínima parte se distribuye entre los gobiernos regionales, provinciales y distritales, que manejarán los políticos de turno sin ningún criterio real de desarrollo y distribución equitativa.

Lo peor de todo es que la mayoría de estos recursos va a parar como materia prima a otros países que serán, al final, quienes obtengan el fuerte beneficio a través de su transformación y tecnología. Mientras tanto, en los lugares de origen de esos recursos, sólo quedará la devastación, todos los impactos medioambientales y humanos que generan enfermedades, contaminación, desertización, y destrucción de culturas, costumbres y etnias.

Usted ha sido portavoz de la población en las denuncias sobre la vía interoceánica y conoce de cerca la problemática medioambiental de la zona, inclusive ha sido mediador en diversos conflictos amazónicos ¿por qué decide intervenir?

El mecanismo de las grandes empresas es siempre el mismo y es diabólico. Su accionar es en connivencia con los gobiernos o los Estados. Éstos, mediante contratos y convenios llamados “de interés nacional”, acaban por poner todo el aparato estatal al servicio de estas multinacionales, ignorando las leyes nacionales sobre lugares protegidos, de áreas, recursos o reservas hídricas, de flora y fauna. Y, lo que es peor, ignorando los legítimos derechos de sus propios ciudadanos.

Los Estados de casi toda América Latina usan los poderes policiales o militares, así como fiscales y judiciales, para imponer las políticas arbitrarias, abusivas y depredadoras de las grandes multinacionales.

Cuando los conflictos afloran, uno puede interviene de dos formas, por solicitud de una o de las dos partes implicadas, o por iniciativa propia ante la inanición de quienes deberían constituirse en defensores frente a los atropellos e injusticias. En el primer caso, uno queda bien parado, aunque con el peligro de ser utilizado para intereses políticos y de orden, sin que se tenga ninguna intención real de resolver el fondo del conflicto. En el segundo lugar, todo respeto desaparece y uno será tratado y atacado con toda la artillería legal o ilegal para tratar de acallar la última voz, cuando todos callan bajo el peso de las coimas, los favores o las amenazas.

¿Qué diría a las autoridades sobre lo que se vive en la región?

Como vemos, las autoridades van y vienen, se ponen y se quitan. Cuando están se hacen la ilusión de ser dueños y señores, de decidir sobre la vida y la muerte de aquellos que los pusieron con sus votos, en el sillón que ocupan, y a quienes acaban olvidando rápidamente. La realidad es que acaban por sucumbir y son fagocitados para la “única causa que si permanece”, es decir, para el insaciable afán del dios ganancia, poder, enriquecimiento.

Seguramente que el gran reto que supone la pobreza extendida en nuestros pueblos, la irresponsabilidad absoluta de la fiebre extractivista de recursos frente al medio ambiente, al clima, la salud y las culturas, está por encima de los intereses y metas de la mayoría de nuestros gobernantes y autoridades. Resulta muy difícil dar alcances que vayan a ser escuchados por ellos. Serán las evidencias, cuando sucedan como en Fukushima, del peligro real en el que estamos, lo que posiblemente vaya haciéndoles tomar conciencia de la barbarie con que estamos tratando al planeta y a todos los seres vivos que lo habitamos.

Publicado en diciembre 2011


Mons. Francisco González Hernández, OP

Obispo del Vicariato Apostólico de Puerto Maldonado desde el 2008.

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