“Los pueblos no pueden existir sin construir y contar su pasado.”

Dentro del marco de las actividades por el Bicentenario de la Independencia del Perú, el Lugar de la Memoria y la Inclusión Social – LUM inauguró la exposición temporal “Las independencias regionales. Guerra, mujeres y participación popular”, la cual se encontró abierto al público desde julio hasta octubre del 2021.

Esta exposición histórica y colectiva contó con más de 50 piezas que exponían y reconstruían el protagonismo de las regiones, la participación de los sectores populares y el papel de las mujeres en el proceso de la independencia nacional.

Gustavo Montoya, historiador y coordinador del comité académico de la muestra, nos comenta cuáles fueron las motivaciones y expectativas al elaborar la muestra, así como la relevancia de la misma en el contexto actual.

La exposición da una mirada muy descentralizada y reflexiva sobre el proceso de independencia en nuestro país, dándole protagonismo a tres grupos ignorados e invisibilizados a lo largo de nuestra historia republicana: las regiones, las mujeres y los sectores populares. En el marco del bicentenario ¿Cómo toma importancia darles voz a estos sectores? Y, por otro lado, ¿por qué cree usted han sido silenciados tanto tiempo?

Desde el comité académico, lo que tratamos fue de visibilizar las investigaciones en curso sobre estos tres aspectos del proceso separatista. El desafío era cómo darles rostro a estos nuevos personajes y actores colectivos, sobre todo los rurales. Las reuniones trataron justamente de este asunto: sobre la base de qué criterios metodológicos, narrativas e instrumentos pedagógicos podríamos mostrar estos nuevos hallazgos historiográficos. El gran problema era, justamente, establecer esas correas de transmisión entre la investigación formal, académica y científica, y el gran público nacional. Sin duda, la elección de estos tres ejes narrativos fue definido por la coyuntura.

La historia se piensa desde tu tiempo, y este es un acto inconsciente. Entonces, el protagonismo femenino es de primer orden en el Perú, a través de múltiples iniciativas; sobre todo, desde los sectores menos favorecidos. De esta manera, nuestro objetivo fue establecer una comunicación entre el pasado y el presente; y desde esa perspectiva pensar el futuro. Asimismo, se buscó crear las condiciones subjetivas y estimular el imaginario del país a través de personajes que realmente tuvieron valores y son paradigmáticos.

Son mujeres que se comprometieron en favor de la libertar y la justicia. A veces, nos olvidamos que la independencia fue una coyuntura de profundos cambios, donde emergieron grandes posibilidades para realizar transformaciones fundamentales para la sociedad y los valores de la época. Entonces, para este Bicentenario era ineludible recuperar este estado de ánimo revolucionario desde actores de las mayorías sociales y los sectores plebeyos.

Las diversas miradas locales, regionales e internacionales que presenta la exposición ponen de nuevo en agenda este debate que viene de hace tiempo: ¿La independencia es conseguida o concebida?

Bueno, son categorías ¿no? Parecen etiquetas: independencia concedida, independencia impuesta, controlada, concebida o tardía…La complejidad del proceso separatista en el virreinato peruano es de tal magnitud que todas estas categorías aplican al proceso de la independencia en el Perú. ¿Fue una independencia concedida? Por supuesto, por la presencia de las expediciones libertadoras. ¿Fue una independencia controlada? También, porque las elites locales y regionales -a través de estos ejércitos, que son libertadores, pero también son de ocupación- intentaron en todo momento desmovilizar las acciones de estas montoneras y guerrillas. De estos brazos armados que van emergiendo con mucha intensidad en los valles Mantaro. La discusión sobre el carácter de la independencia va a continuar y me parece que está bien que sea así, porque la investigación no avanza si no es a través de nuevas preguntas.

¿De qué forma darles voz a estos grupos y visibilizarlos los reivindica? Y, si fueron tan importantes en el proceso de independencia, ¿por qué fueron invisibilizados tanto tiempo?

Cada época tiene sus propias sensibilidades, y esto también aplica a la investigación histórica. Hay un horizonte historiográfico del que es bien difícil escapar. Por ejemplo, para la época del Centenario, el gobierno de Augusto B. Leguía recuperó a los próceres e ideólogos de la independencia: Unanue, Sánchez Carrión, Carrillo, Pando, entre otros. Es una galería enorme. Esa sensibilidad, de una manera, traducía el proceso político, social e ideológico del régimen de turno; que se había proclamado regenerador de la patria nueva. Entonces, el protagonismo del individuo, del héroe, tuvo una enorme importancia. Hay que pensar también en el Oncenio como un régimen autoritario; el cual, para el año 1921, estaba en su apogeo. El Centenario de la Independencia de Perú fue una celebración apoteósica.

El Sesquicentenario, por otro lado, es en el régimen de Juan Velasco Alvarado. Los cambios que este gobierno lleva adelante son transformaciones que, existen consenso, fueron profundas: la Reforma Agraria y la Reforma Educativa, por mencionar algunas. Asimismo, el espacio que el régimen militar -para algunos, reformista, para otros, revolucionario- les da a los sectores indígenas, campesinos, y al movimiento popular es enorme. Esa sensibilidad ideológica-política se puede encontrar en Colección Documental de la Independencia del Perú, esta monumental publicación que financió el gobierno militar. Son mas de cien volúmenes. Nunca antes el Estado peruano había emprendido un proyecto historiográfico de tal magnitud. Es la colección de la independencia que se está usando en los últimos estudios.

Ahora, el Bicentenario tiene otras sensibilidades. Lo que tú has mencionado es correcto: el protagonismo femenino, los estudios de género, los movimientos feministas, la propia realidad angustiante y cambiante, hacen que varios historiadores dirijan su mirada a los ancestros de los sectores marginados y desplazados. Basta con darse una vuelta por el país para ver las enormes desigualdades que existen.

Entonces, una mirada historiográfica que busca recuperar a estos actores -a las mujeres, las regiones, la dimensión local de la independencia- es una forma también de pensar en la coyuntura política y en la republica desde sus márgenes; lugares que han sido realmente abandonados y esto lo estamos viendo con bastante dramatismo a propósito de la pandemia. Se hacen visibles las enormes limitaciones que tiene el Estado inconcluso que existe en el Perú.

Se puede decir que existen varias independencias. Algunos dicen que nunca nos terminamos de independizar. Existiendo tantas realidades distintas para tantos grupos y actores en el país, ¿cómo en este Bicentenario podemos apelar a un sentido de unidad?

Hay una metáfora que puede servirnos. Voy a mencionar dos libros: uno que se llama La república plebeya, escrito hace casi una década por Cecilia Méndez. Esta obra reconstruye cómo se instituye la república y resalta la enorme importancia que tuvieron los escenarios rurales, así como la participación de sectores plebeyos en la gestación del Estado, desde los márgenes. Hasta buena parte del siglo XIX, Lima apenas legitimaba lo que se definía en las regiones. Lo que nos están mostrado los estudios sobre la independencia es que, lo que se produjo a partir de la partir de la presencia de los libertadores son procesos locales casi autónomos. Se tiene registro de actas que se elaboran, así como proclamas que se organizan en una cantidad impresionante de pueblos: Huamanga, Tarma, Trujillo, Paita, Chachapoyas, y así. Son procesos locales y regionales, sin embargo, están vinculados.

Ahora, la otra imagen que quiero transmitirte es a través de otro libro reciente que se ha publicado: se llama La república agrietada, la autora es Carmen McEvoy. Esta investigación retrata cómo, en los últimos dos siglos, muchas de las promesas que se formularon en el periodo de la independencia y durante el establecimiento de la republica siguen pendientes. Es algo realmente preocupante e indignante.

Óleo, bordado, grabado, xilografía, escultura, ilustración, son solo algunas de las muchas técnicas artísticas que utilizaron en la muestra del LUM.

Es por ello que, dentro de los foros académicos, existe cierto consenso de que en el Bicentenario…no hay nada que celebrar. En cambio, se tiene que hacer un llamado a que conmemorar, reflexionar, cuestionar, criticar y mirarnos al espejo. ¿Qué es lo que ha pasado en estos 200 años como para que agendas que se establecieron en estas primeras décadas de formación de la república continúen pendientes a nuestra fecha? Existen varias reflexiones que no se desvinculan del presente, y esto es lo que se buscó trabajar con el comité académico en el Lugar de la Memoria.

Me llamo mucho la atención la diversidad de formatos artísticos con los que cuenta la muestra: bordados, oleos, cortos audiovisuales, animaciones 3D, etc. Me hace recordar lo que me mencionaba al inicio sobre cómo y de qué formas hacer llegar el mensaje de las investigaciones al público. ¿Cómo usted visualiza el papel del arte como un medio de concientización sobre temas de relevancia como estos?

La gran potencia del arte es que transmite grandes ideas. A diferencia de un texto histórico de cientos de páginas, un artista puede condensar en una imagen una cantidad impresionante de libros. Ese es el principio estético: trasciende y construye imaginarios con mayor eficacia que una investigación convencional de historia o filosofía. Sobre ese principio es que el LUM, con la dirección de Manuel Burga, llegó a la conclusión de que se tenía que convocar el mayor número de estrategias plásticas y estéticas. La exposición realmente logró esta riqueza y variedad. Fue complejo, pero a la vez sumamente dinámico y didáctico.

¿Qué tanto el LUM y sus muestras están logrando su labor de concientizarnos en este escenario?

Existen diversas iniciativas en Lima y regiones. Yo he tenido la oportunidad y suerte de estar en diferentes espacios en regiones del norte, centro y sur. Es paradójico, a pesar de los laberintos burocráticos y de las limitaciones que tiene el Estado, lo que tenemos son iniciativas bastante valiosas. Muchas veces, municipalidades distritales o provinciales que se movilizan desde sus propios intereses y sensibilidades logran recuperar su historia y sus héroes culturales. Es un acto fantástico, me parece que es una tendencia irreversible. A veces, frente al desdén, son los propios espacios territoriales los que toman en su mano la construcción de su memoria. Los pueblos no pueden vivir sin recuerdos. Así como el ser humano no puede vivir sin memoria, los pueblos no pueden existir sin construir y contar su pasado, y es lo que está ocurriendo, me parece, en todo el país.

Verano 2021/2022


Gustavo Montoya

Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social