Pedro Barreto: “La auténtica democracia tiene que ser cauce de fraternidad y de justicia para todos los peruanos”

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Habiendo participado y mediado diversas iniciativas de diálogo entre el gobierno y distintos sectores sociales, el Arzobispo de Huancayo sigue firme en sus convicciones de que el país aun esta a tiempo de reconciliarse, sanar, y unirse a favor del bien común.

El Monseñor Pedro Barreto, cardenal jesuita, nos comparte sus reflexiones sobre la coyuntura política actual y los escenarios para una propuesta ciudadana de construir un mejor Perú.

 

 

 

Ante la coyuntura política actual que estamos viviendo ¿Cómo visualiza la posibilidad que los peruanos y peruanas podamos reactivar el país a favor del bien común?

En estos últimos dos años se han visto afectadas diversas esferas de la vida social, económica y política. Por ello, podemos afirmar que la pandemia es integral y es necesario tratarla desde el punto de vista de curar al país de la enfermedad de la desconfianza. Por otro lado, yo quiero afirmar que la grave crisis que estamos viviendo en este momento de la historia del Perú está indicando la necesidad de un proyecto de fraternidad y amistad social en nuestro país hoy. La carencia de un proyecto país hace que la política y la economía vayan respondiendo a las cuestiones inmediatas, y no tengamos un motivo que nos movilice a buscar juntos aquello que nos beneficia a todos, al bien común. Por lo tanto, pienso que ante la situación de desconfianza y corrupción generalizada que vivimos en el país, tenemos que ser todos muy conscientes de que somos llamados a vivir en unidad como familia y promover una esperanza activa. Esto implica decir “sí” a lo que es verdadero y justo para realizar juntos el bien común, y “no” a la mentira que nos estamos acostumbrando.

¿Qué definiría usted por esta esperanza activa?

Considero la esperanza activa como no cruzarse de brazos. Este país nuestro necesita brazos abiertos a la acción solidaria, la cual exige una tarea inmediata y conjunta de ponernos de acuerdo para escuchar los gritos y clamores populares. La informalidad ha crecido y, por tanto, tenemos que escuchar esta voz de la población a lo largo de la costa, sierra y selva que nos pide buscar juntos una salida pacífica, democrática, solidaria e inclusiva a la grave problemática que vivimos en el país.

¿En qué medida siente usted que esta situación que vivimos actualmente podría afectar a futuros proyectos de unidad y confianza con las autoridades?

 Lo que nos está pasando en estos días es que no acabamos esta grave telenovela que vivimos en el país. Esta es una larga historia en que los peruanos y peruanas nos sentimos defraudados en nuestras expectativas de un Perú más justo, así como de reconciliarnos al celebrar el Bicentenario de la Independencia Nacional. Sin embargo, yo creo que todavía estamos a tiempo para trabajar juntos como sociedad peruana, aprendiendo de nuestros graves errores. De unas autoridades políticas que no responden a la visión que la misma sociedad les ha confiado; que no están sirviendo a la sociedad, sino se están sirviendo de ella. Por eso digo que de esta grave crisis debe surgir, y está surgiendo, una propuesta para trabajar juntos en un proyecto de un Perú fraterno, donde todos participemos en un objetivo común: la amistad social y el bienestar de todos los peruanos. Es parte, también, de lo que considero una esperanza activa.

En este caso ¿Qué es lo que debe hacer el ejecutivo para poder generar acciones a favor del bien común?

Lamentablemente, debo afirmar que, ya habiendo pasado más de un año de gobierno, la cronología de hechos hace inviable en este momento un diálogo en un nivel que convoque a todos los actores sociales en nuestro país. Con decir que son más de 60 ministros de Estado en menos de 13 meses, y algunos con signos graves de corrupción. Sin embargo, yo estoy convencido de que esta propuesta no debe salir del poder ejecutivo ni legislativo; sino de una sociedad civil que busque a través del diálogo y la verdad las mejores vías de hacer posible este proyecto país del que estamos hablando. Por eso, este tiempo de crisis es propicio también para unir a toda la familia peruana. Aquí, quiero recordar la Encíclica Social Fratelli Tutti del Papa Francisco; que, en el capítulo V, reflexiona sobre la mejor política: “ante estas formas mezquinas e inmediatistas de política, recuerdo que la grandeza política se muestra cuando en momentos difíciles se obra por grandes principios y pensando en el bien común a largo plazo”.

Al poder político, dice Francisco, le cuesta mucho asumir este deber en un proyecto de nación y más aún en una propuesta en común para la humanidad presente y futura. En consecuencia, es la hora de tomar decisiones valientes, eficaces y pacíficas para tener pronto un Perú que nos una como familia peruana y pueda orientar los procesos a seguir en el corto y mediano plazo. No podemos seguir sin un rumbo claro y definido.

Desde esa perspectiva, ¿Qué mecanismos podríamos gestionar entre nosotros mismos, desde los diversos sectores y grupos sociales, para empezar a tender puentes y generar canales de diálogo?

De hecho, ya la sociedad civil está moviéndose. Hay diversos grupos que están viendo que el Perú necesita una comunión entre todos, que exija transparencia y honestidad en todos aquellos que realmente quieran decir una palabra con respecto a la realidad que vivimos. En ese sentido, creo que es el momento de invocar a la sociedad civil a que ejerza su derecho para hacer una propuesta ciudadana para exigir a los poderes del Estado a que cumplan la misión para la cual la misma sociedad los ha elegido. La auténtica democracia tiene que ser el cauce de fraternidad y de justicia que todos los peruanos y peruanas deseamos.

Dentro de esta coyuntura que nos pone a prueba como ciudadanos ¿Qué significaría en este contexto ser un buen cristiano?

Bueno, para los cristianos, para aquel que profesa la fe en Jesús, deben darse cuenta de que tienen un deber de cumplir con su ser ciudadano. La ciudadanía nos hace ser conscientes que conformamos una sociedad. Y, si hay algo que Jesús nos enseña, es pensar y actuar en términos de comunidad. Este es un principio fundamental: somos comunidad, tenemos que aceptarnos, unos a otros, para poder realmente poner como prioridad la vida de todos aquellos que la conforman. Por tanto, desde nuestra fe, sabemos que hay que luchar por una sociedad más justa y fraterna. Tenemos que sentir de verdad que la política es la búsqueda del bien común. En este sentido, tenemos que ser muy conscientes que es verdad que los obispos y los sacerdotes no podemos entrar en una vida política partidaria; pero, como dice la doctrina social de la iglesia y el Papa Francisco, esto no nos exime a una responsabilidad social de buscar el bien común de todos los peruanos y peruanas.

¿Usted cree que estos mensajes de justicia, paz y fraternidad trascienden lo religioso?

Sí, como ya citaba al Papa Francisco, decíamos que, en la política, es mejor que durante tiempos difíciles todos asumamos principios fundamentales para la vida social: la defensa de la vida, el respeto a las personas, la protección de sus derechos, pero también los deberes que eso conlleva. Estas convicciones y valores van mucho más allá de la misión evangelizadora de la iglesia. Aquí está, yo diría, la clave de cómo unir una población con ideales que todos podamos asumir como compromisos fundamentales por el bien del país.

Como ciudadanos de a pie que buscan y desean un proyecto de país más unificador y solidario ¿Qué podemos hacer nosotros en nuestro día a día para contribuir a construirlo?

En primer lugar, yo daría un mensaje fundamental a los jóvenes que tienen sueños por un Perú cada vez mejor. Los jóvenes son los signos de esperanza y lo han demostrado con las diversas movilizaciones que promueven unión, no desde una perspectiva partidaria. En segundo lugar, las instituciones, sean políticas, privadas, incluso eclesiales, tenemos que ser capaces de escuchar al pueblo y sus clamores. La informalidad está expresando un país que no se resigna a morir ante esta consecuencia de corrupción, y de todas las pandemias sociales que todavía percibimos y que afectan gravemente a los pobres. Yo reafirmo mi esperanza de un Perú cada vez más unido. Como dice el Papa Francisco, de todas las crisis no salimos igual, resurgimos mejores o peores; y yo estoy convencido que el Perú tiene esos recursos morales, éticos y, sobre todo, de fe en Dios, para poder construir juntos ese camino nuevo que todos deseamos.

 

Primavera 2022


Álvaro Fabián Suárez León

Apostolado Social de Justicia y Ecología

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