Retos en el contexto de postpandemia: la experiencia de Resucita Perú Ahora

La pandemia mundial de la COVID-19 es para el Perú el acontecimiento más grave y devastador después de la guerra con Chile. Somos el país más golpeado de América Latina y con mayor porcentaje de muertes en el mundo.

Al mismo tiempo, la pandemia nos ha mostrado algunas realidades que debemos enfrentar para sacar adelante al Perú.

¿Qué nos muestra la pandemia sobre nuestro país? No cerremos los ojos, nos tentará el olvido. Como tras el sangriento conflicto armado interno de los años ’80 y ’90, querremos barrer los malos recuerdos bajo la alfombra; pero es importante aprender, para que no se repita la tragedia que hemos vivido. Porque esta crisis no es solo causada por un virus que asola el planeta, sino por las condiciones en que se encontraba el país.

Muchos han presenciado como el virus ha puesto ante nuestros ojos la pobreza inmensa de muchos peruanos: las viviendas precarias y reducidas donde el hacinamiento hace mortal la cuarentena, además sin agua para lavarse las manos y expuestos a la violencia familiar que se agudiza; la falta de trabajo formal que empuja a más del 70% de la población al trabajo informal; como la cuarentena golpeó y agudizó al hambre, expresada con banderas blancas por los cerros y combatida con ollas comunes, pues no les llegaba ninguna ayuda; y la muerte por todas partes, pues el sistema de salud desmantelado no era capaz de responder a todo lo que se necesita.

No hay oxígeno, no hay medicinas, no hay médicos ni enfermeras suficientes, sobre todo en lugares alejados como los pueblos indígenas de la selva. Como dijo la exministra de Salud, “¡no hay nada!”. Las familias pobres vendían sus escasos bienes para conseguir oxígeno para el padre o madre que se moría, mientras hacían colas de días y noches para una cama UCI. La “nueva clase media” cayó otra vez en la pobreza por haber perdido el trabajo y ya no puede pagar el modesto colegio, ni la vivienda. Muchas familias que habían logrado con esfuerzo adquirir un departamento o casita propia vieron ese sueño evaporarse al no poder seguir pagando las cuotas. Miles de personas regresaron a pie a sus pueblos por las carreteras, porque no había transporte y el Estado no fue capaz de ayudarlos. La población, una vez más, desamparada y obligada a arreglárselas como pudiese en esas duras condiciones. En suma, un país que no es capaz de proteger a sus ciudadanos.

La pandemia nos ha puesto ante la necesidad de un Estado que pueda responder a tantas exigencias, pero el nuestro es prácticamente incapaz de hacerlo por haber sido sistemáticamente desmontado durante décadas, creyendo que el mercado resolvería todos los problemas. Por eso, a pesar de los esfuerzos heroicos de muchos funcionarios y personal de salud, los hospitales están desbordados. A pesar de que se propusieron desde el primer momento, los bonos de ayuda no llegan a todos los necesitados; porque la mentalidad focalizadora del sistema hace que tenga que haber listas de familias beneficiarias, y muchos no entran en ellas. Los niños no iban a las escuelas y por tanto no recibieron la alimentación que se les daba, y muchos no tienen cómo seguir las clases virtuales. Dos años perdidos en una etapa crucial de su desarrollo. A pesar de que hay dinero, cientos de policías han muerto porque muchos jefes compraron materiales bamba que no los protegen. Los campesinos no han recibido asistencia para poder sembrar, y son quienes alimentan al país. Los alcaldes no han sido capaces de entregar canastas de víveres a los necesitados, aunque recibieron dinero del gobierno para ello, lo robaron o las entregaron a sus allegados.

Y así podríamos seguir con todas las desesperantes carencias y fallas que falta mencionar; pero mejor es aprender de ellas, y hay algunas lecciones claras a sacar:

Lo primero es vencer a la muerte que nos ronda. La prioridad es la salud, la vida, porque como dijo una exministra: el dinero y los bienes se pueden recuperar, pero los muertos no resucitan.

No éramos un país de desarrollo medio, como nos habían contado, a punto de entrar en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Tenemos pies de barro, pobreza y miseria por todas partes. Una economía que no puede ofrecer trabajo digno sino a una minoría, un Estado destartalado. Tenemos que vencer la pobreza ofreciendo una vida digna para todos, incluyendo a los peruanos del campo y de la selva.

Tenemos que reformar el Estado, empezando por el sistema de salud y por la educación, que no pueden estar librados al mercado ni guiarse por el lucro.

Tenemos que proteger el ambiente para evitar que nuevos virus surjan de la invasión y destrucción de los hábitats de otras especies.

Resucita Perú Ahora (RPA) surge en esa situación como una iniciativa pastoral de la Conferencia Episcopal Peruana liderada por el cardenal Pedro Barreto, para responder a todas las pandemias, como dice el Papa Francisco; tanto a la pandemia de la COVID-19 como a la del hambre y del ambiente depredado; y hacerlo con una base en la ciencia.

El cardenal Barreto convoca a un conjunto plural de personas e instituciones de la sociedad civil: organizaciones sociales, universidades, personalidades, comunidades de fe tanto católicas como evangélicas, judías, mormones; diversas circunscripciones eclesiásticas se unen al colectivo. Se forman comisiones: de salud integral que incluye salud mental; de alimentación, sobre una adecuada nutrición y el apoyo a las ollas comunes que surgen desde la población más pobre; de organizaciones sociales y estrategias organizativas, que propone la gobernanza colaborativa como modelo de gestión del estado en todos sus niveles; de atención al cambio climático; de comunidades de fe; y, finalmente, una comisión de territorios eclesiásticos. Las comisiones desarrollan acciones en diversos lugares del país y tejen redes de solidaridad. Asimismo, dialogan con las autoridades estatales correspondientes, por sectores como Educación o Salud, y también con el gobierno nacional, a través de reuniones con primeras ministras y con los presidentes.

Los miembros de RPA se reúnen semanal y quincenalmente en plenos donde discuten, tantos las acciones de las comisiones, como las cuestiones urgentes del país, que son analizadas por especialistas de todas las ramas del conocimiento.

Lo que encontramos los participantes en RPA es una fraternidad de acción ante las emergencias que golpean a la población. Una posibilidad de aportar desde lo que cada uno sabe o hace, una convicción de que sólo unidos podemos salir adelante, una voluntad de fortalecer la sociedad civil y de actuar en la política buscando el bien común. Una esperanza de transformación del país en un lugar que acoja a todos sus ciudadanos y les ofrezca una vida digna.

Y no podemos hacerlo si no nos unimos; solos no podemos salvarnos.

 

 

Invierno 2022


Cecilia Tovar

Resucita Perú Ahora