Servicio Jesuita al Migrante: Diez años acompañando, sirviendo y defendiendo

Entrevista a César Ruiz
Por Álvaro Fabián Suárez

Desde su creación por el Padre Emilio Martínez en el 2011, el Servicio Jesuita al Migrante se ha encargado de acompañar, servir y defender a los migrantes y refugiados en situación de vulnerabilidad.

Este 2021 se cumplen diez años desde su creación y compromiso con la comunidad. César Ruiz, coordinador de SJM, reflexiona con nosotros sobre la misión de la organización, sus proyectos y compromisos a futuro.

¿Cómo definiría el trabajo y compromiso del Servicio Jesuita al Migrante (SJM) con los migrantes, refugiados y solicitantes de asilo en situación de vulnerabilidad en estos diez años de trabajo?

Estos han sido muchos años de desafíos y retos. Yo podría definir el trabajo del equipo como de mucho compromiso de trabajar con las personas que más lo necesitan, en este caso, con las personas refugiadas y migrantes. Un trabajo de entrega total y de servicio. Casi un apostolado.

El equipo que está en primera línea atendiendo las necesidades de los migrantes, no solamente los escuchan y asesoran; sino que tratan profundamente con las familias de encontrar la mejor salida para que puedan resolver múltiples problemáticas que en el día a día encuentran. Desde temas de vivienda, salud y de acceso a la educación.

¿Cómo se visualizan estas labores dentro de su misión jesuita?

Nuestra misión se fundamenta en una frase acuñó el padre Pedro Arrupe: “acompañar”, “servir” y “defender” a los refugiados y migrantes. Asimismo, desde que surge el SJM en el 2011 bajo la misión del Padre Emilio, hemos siempre tratado de incorporar en el servicio todo lo que el Papa Francisco señaló sobre estar con los descartados.

Los migrantes, en nuestro contexto actual, son invisibilizados y no considerados en las políticas públicas. El trabajo que realizamos desde SJM, bajo el paraguas de la Compañía de Jesús, es básicamente eso: acompañarlos, servirles y defenderlos para que puedan ser considerados sus derechos en un contexto tan complicado como el nuestro.

¿Dentro de que redes trabaja el SJM? ¿Cómo articulan sus labores con sus aliados?

A lo largo de estos años hemos desarrollado una relación y una articulación con diversos actores, tanto del Estado como de la sociedad civil. Sobre todo, cuando identificamos las necesidades y los principales problemas que enfrentan la población refugiada migrante en el Perú. Cuando hablamos, por ejemplo, del tema de salud, hacemos diagnostico participativos y grupos focales. De este modo, a través de las entrevistas vemos qué dificultades o barreras encuentran cuando hablamos sobre esto. Así, tratamos de acercarnos al Estado para presentar estas problemáticas y ver de manera conjunta de qué modo proveemos los servicios necesarios o eliminamos estas barreras.

Entonces, a diario y dependiendo también de la problemática identificada, nos podemos relacionar con ministerios, migraciones, cancillería, gobiernos nacionales, y también con agencias de las Naciones Unidas. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) es nuestro principal aliado. El trabajo con ellos es diario porque uno de los problemas principales que enfrentan los refugiados es la falta de políticas públicas que los incluyan.

¿Cuáles son los principales proyectos que se están impulsando ahora desde SJM con los refugiados y migrantes?

Actualmente tenemos cuatro proyectos. Uno de estos es, justamente, con ACNUR. Este proyecto se desarrolla en nuestras cinco oficinas a nivel nacional: Lima, Tumbes, Arequipa, Tacna y Piura. Tiene la característica de abordar nuestro sistema de atención de manera integral. Hay abogados, trabajadores sociales, psicólogos y también personal de campo que busca acercar y articular los servicios ya existentes en las comunidades para que puedan revertirse en la población refugiada inmigrante.

Luego tenemos el proyecto con Lutheran World Relief que se desarrolla en Lima. Este proyecto nos ayuda a potenciar y desarrollar nuestra plataforma virtual “Ven Informado”. Esta plataforma digital cuenta con abogados en línea que responden y atienden las consultadas de las personas migrantes, sobretodo en temas legales y en medios de vida. Ya llevamos tres años consecutivos trabajando.

Con el Consejo Noruego para los Refugiados impulsamos una iniciativa que se desarrolla en nuestras oficinas de Piura, Tumbes y Lima. Nos ayuda a fortalecer nuestra clínica jurídica que brinda asesoría legal y también asistencia a las personas que están en la búsqueda de regularizar su situación migratoria.

Y, por último, el proyecto que tenemos con el Consejo Danés para Refugiados, que funciona en Arequipa y Lima. También tiene abogados que brindan asesoría legal y un equipo de oficiales de protección que diariamente. Este proyecto se caracteriza porque hacemos análisis contextuales a través de encuestas y monitoreos de protección. Cada tres meses hay un informe o un reporte sobre la situación de los refugiados y migrantes.

Dentro de su experiencia trabajando con migrantes y refugiados desde SJM ¿Cómo entiende la amenaza que algunas personas sienten sobre los migrantes en temas relacionados al trabajo o seguridad ciudadana?

Yo creo que es un tema de desinformación. Además, el responsable de hacer un poco de difusión y desterrar estos mitos es el Estado, pero tampoco lo hace. No hay que olvidar que cerca de tres millones de peruanos viven en el exterior. Bajo esta lógica absurda, estos tres millones de peruanos les estarían quitando el trabajo a alguien, o que estarían fomentando la delincuencia en los países en los que están, pero no se aplica así. Todos tenemos un amigo o un familiar en el exterior que trabaja y ayuda con recursos a sus familias que están aquí en nuestro país. La misma lógica es con los migrantes en el Perú.

Yo no creo que haya un rechazo al migrante, yo creo que es un rechazo al pobre. Cuando vienen, por ejemplo, turistas chilenos por Tacna todos los fines de semana, son bien recibidos. Es que cuando no tienen dinero para gastar es que nace el rechazo.

Creo que esta falsa idea tiene que combatirse con información. Estoy convencido de que el Perú es un país solidario. Tampoco está bien tomar las malas acciones que puede hacer un grupo reducido de extranjeros para generalizarlas como una actitud colectiva. Los buenos siempre vamos a ser más. Toca de nuestra parte demostrar que, en realidad, el migrante viene a colaborar y aportar. Hay que aprovechar los recursos que ellos tienen para hacer un país mejor.

El Servicio Jesuita al Migrante cuenta con una amplia clínica jurídica que brinda asistencia legal a migrantes y refugiados en situación de vulnerabilidad.

Dentro de las labores de acompañamiento y servicio de SJM se destaca mucho su trabajo por la garantía de condiciones de vida dignas, educación, trabajo y salud. Estos son aspectos de la vida que en esta época de pandemia han resultado muy afectadas; más aún para los migrantes en situación de vulnerabilidad. Desde SJM ¿Cómo se ha trabajado con esta serie de problemáticas?

Hasta el 2016, el Perú no era un país de acogida, sino uno de tránsito. Nuestro trabajo era básicamente de acompañamiento y de asistencia de emergencia sobre todo a las personas que estaban de paso y se iban a otro país. Nuestro servicio era muy diferenciado: asesoría legal y asistencia de emergencia de respuesta inmediata, para que las condiciones de movilización sean las más favorables posibles.

En el 2017 empieza a llegar el flujo grande de migrantes, especialmente venezolanos. Para darte un ejemplo, en el 2015 nosotros atendimos 211 personas en nuestras oficinas de Arequipa y Tacna. El 2020 hemos superados las 39 mil personas.

Para el 2020 nosotros apostábamos por iniciar ya procesos de integración de las familias migrantes. Pero la pandemia lo cambio todo y tuvimos que volver a una respuesta de emergencia: vivienda y alimentación.En estos cinco años hubo un cambio de flujo enorme. Es así que nuestro modelo de atención tuvo que adaptarse, porque en el 2018 nuestra respuesta se volvió de emergencia: la gente llegaba y teníamos que atenderlos, especialmente en los temas relacionados a alimentación, vivienda y asesoría legal.

Hoy en día nuestra respuesta tiene una mirada integral. Cada oficina a nivel nacional cuenta con los abogados que los ayuden con los temas legales, para que las personas se puedan regularizar migratoriamente o accedan al sistema de protección internacional con una solicitud de refugio. Asimismo, cuentan con un trabajador social que se encarga del aspecto psicosocial, es decir, acceso a alimentación, vivienda, educación y salud. Lo que hace el equipo es asesorar de manera integral a estas familias.

¿Cómo las personas pueden acceder a todas estas ayudas y facilidades que brinda SJM?

Nosotros tenemos un programa de inclusión socioeconómica que dura todo un año. Durante ese tiempo, acompañamos a la familia dando bonos económicos para que puedan tener comida y alojamiento mientras que ellas se ocupan de generar empleo. La finalidad es que la familia pueda generar sus propios recursos y conozcan los servicios de la comunidad y ante cualquier emergencia sepan dónde pueden acudir.

El punto clave en cada familia es que tenga la regularidad migratoria, porque si no la tienen no pueden desarrollar procesos de integración.

Este programa y este modelo de intervención lo iniciamos en el 2019; pero en el 2020 la gran mayoría de estas familias, al igual que varias familias peruanas, sufrieron un retroceso importante. Pero a diferencia del resto, ninguna de estas recibió un bono del Estado, ya que esta ayuda era solo para los peruanos.

Entonces, estamos nuevamente impulsando estas iniciativas con ellos, y es prácticamente comenzar de cero. Pero claro, el contacto no se ha perdido y nosotros estamos tratando nuevamente de inyectar recursos.

El MINSA ha alertado de la fuerte subida en la tasa de suicidios en el país desde el inicio de la pandemia. ¿Cómo se ha estado trabajando la situación de la salud mental y la prevención de estos casos?

Tenemos a una organización aliada que es el Centro de Atención Psicosocial – CAPS que semanalmente realiza artículos relacionados que puedan orientar a las familias. Ellos también atienden directamente los casos. Cuando nosotros identificamos casos que necesiten este apoyo, derivamos y continuamos con ellos para que un psicólogo o médico psiquiatra lo aborde.

Acompañar, servir y defender son los tres pilares sobre los que se sostienen las labores que realiza del Servicio Jesuita al Migrante. En cara a sus 10 años y enfrentando una crisis nacional ¿Cómo se resignifican estos tres principios?

Creo que acompañar, servir y defender resumen muy bien lo que nosotros hacemos. Porque acompañar implica estar al “lado de”. Y eso es lo que hacemos, estamos allí en el día a día.

Nosotros estamos al “servicio de”. Yo pienso que esto no es un trabajo, es una forma de vida. No estamos solo al lado, sino a su servicio para lo que el migrante o refugiado requiera.

La defensa se refiere a un tema de derechos. En países como el nuestro vulnerar derechos puede ser muy sencillo. No reconocerlos, más aún. Entonces, con el equipo asistencia jurídica estamos al lado de los migrantes para que se respeten sus derechos y las personas puedan exigirlos. También, con el Estado, haciendo incidencia para que se les pueda respetar como seres humanos.

Yo creo que cuando el Padre Emilio tuvo la visión de crear en SJM, la misión seria acompañar, servir y defender. Creo que nadie pensó que en estos 10 años íbamos a crecer tanto e íbamos a hacer tanto bien. La idea es que, en algún momento, nosotros y nuestros servicios desaparezcan; porque no habrán refugiados ni inmigrantes en el mundo. Pero, mientras ellos estén, estaremos ahí para acompañarlos, defenderlos y poder hacer de este un mundo mejor, donde haya más justicia y solidaridad.

Invierno 2021


César Ruiz

Coordinador del Servicio Jesuita al Migrante – SJM