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	<title>General archivos - Intercambio - Revista Jesuita de Cultura Social</title>
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	<description>Intercambio es la revista de cultura social de la Compañía de Jesús en el Perú, una publicación trimestral que busca promover la reflexión y el diálogo en torno a los temas que marcan la vida social del país, desde la perspectiva de la experiencia cristiana.</description>
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		<title>El camino que me enseñó a mirar</title>
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		<dc:creator><![CDATA[uaisdtrmc]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 12 Mar 2026 22:13:13 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
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		<category><![CDATA[Notas culturales]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Donde todo comenzó a ordenarse Crónica de la vigésima edición del Camino Ignaciano: fe, comunidad y el descubrir a Dios en todas las cosas ¿Dónde encontrar hoy la fe? No como consuelo rápido ni como respuesta prefabricada, sino como experiencia viva, capaz de sostener la existencia en medio de un mundo fragmentado. Vivimos en una [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>Donde todo comenzó a ordenarse</strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Crónica de la vigésima edición del Camino Ignaciano: fe, comunidad y el descubrir a Dios en todas las cosas</em></p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="900" height="600" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/grupo-de-jovenes-mujeres-hombres-caminando-juntos-con-un-rio-de-fondo.jpg" alt="Grupo de mujeres y hombres jovenes caminando juntos en dirección a un río" class="wp-image-4706" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/grupo-de-jovenes-mujeres-hombres-caminando-juntos-con-un-rio-de-fondo.jpg 900w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/grupo-de-jovenes-mujeres-hombres-caminando-juntos-con-un-rio-de-fondo-500x333.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/grupo-de-jovenes-mujeres-hombres-caminando-juntos-con-un-rio-de-fondo-768x512.jpg 768w" sizes="(max-width: 900px) 100vw, 900px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>¿Dónde encontrar hoy la fe?</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">No como consuelo rápido ni como respuesta prefabricada, sino como experiencia viva, capaz de sostener la existencia en medio de un mundo fragmentado. Vivimos en una época marcada por el individualismo, la desconfianza en las instituciones, la normalización de la corrupción y una sensación persistente de incertidumbre, especialmente entre los jóvenes. El futuro no se presenta como promesa, sino como pregunta. Y ante ese escenario, la espiritualidad —cuando no es reducida a mercancía o eslogan— parece desplazada, sospechosa o simplemente irrelevante.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, la pregunta por el sentido no desaparece. Cambia de forma, se esconde, se posterga, pero insiste. Viktor Frankl lo formuló con claridad después de atravesar el horror: “<em>El hombre puede soportar casi cualquier cómo, si encuentra un porqué</em>”. Tal vez no se trata tanto de encontrar respuestas inmediatas, sino de aprender a habitar la búsqueda sin anestesiarla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Llegué a la vigésima edición del Camino Ignaciano con muchas preguntas, pero sin la expectativa de resolverlas. No vine a buscar respuestas claras, ni certezas doctrinales, ni una experiencia extraordinaria que pudiera ser contada luego con épica. Vine —aunque entonces no lo sabía del todo— dispuesto a escuchar. <em>Déjate sorprender </em>fue la frase que marcó el inicio del camino y que, sin saberlo aún, atravesaría toda la experiencia. Eso intenté hacer: dejarme sorprender.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“Déjate sorprender”,</em> repetían los acompañantes. Lo decía el padre Julio, lo decían los gestos más que las palabras, lo encarnaba cada persona que fue llegando ese viernes 2 de enero a la Iglesia de la Compañía de Jesús, en la Plaza Mayor del Cusco, para iniciar la travesía. Jóvenes de distintos lugares, historias diversas, con mochilas cargadas no solo de ropa y cuadernos, sino también de expectativas, cansancios, búsquedas y silencios.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="683" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft0001-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-4517" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft0001-1024x683.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft0001-500x333.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft0001-768x512.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft0001-1536x1024.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft0001-2048x1365.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Había llegado con la idea de participar como reportero, como escritor, incluso como editor de esta revista. Pero apenas cruzamos el umbral, todos fuimos nombrados de la misma manera: <em>caminantes</em>. Ese bautismo sencillo, casi inadvertido, fue también una renuncia. Ese día dejé de ser periodista para volverme caminante del Camino Ignaciano. Y, con ello, acepté —no sin resistencias— la invitación a dejarme sorprender.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El cielo de la Plaza Mayor nos recibía con un celeste limpio, casi transparente. Aunque era verano, la tarde cusqueña se hacía sentir con su frío seco; el sol, alto todavía, parecía jugar a esconderse entre las nubes, iluminando por momentos las fachadas y luego retirándose con discreción. Eran las 3:15 de la tarde. Frente a la Iglesia, mochilas alineadas en el suelo y pequeños grupos conversando marcaban el inicio de algo que aún no sabíamos nombrar. Allí, entre piedra, historia y espera, comenzó el camino.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="683" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft1-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-4515" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft1-1024x683.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft1-500x333.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft1-768x512.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft1-1536x1024.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft1-2048x1365.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Frente a la Iglesia, mochilas alineadas en el suelo y pequeños grupos conversando marcaban el inicio de algo que aún no sabíamos nombrar. Allí, entre piedra, historia y espera, comenzó el camino.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Capítulo I</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Volver a uno mismo</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>El cansancio, la mochila y las preguntas que evitamos</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La vida en la ciudad nos arrastra a una velocidad que no deja espacio para detenernos. Entre horarios, responsabilidades y expectativas ajenas, postergamos las preguntas más íntimas: de dónde venimos, qué nos ha marcado, qué heridas aún caminan con nosotros. Vivimos rodeados de conversaciones pendientes —con nuestra historia, con quienes fuimos, con quienes somos—, pero rara vez encontramos el silencio necesario para escucharlas. Creemos conocernos, o tememos descubrir cuánto nos desconocemos, y seguimos avanzando, acumulando respuestas rápidas para preguntas que nunca nos atrevemos a habitar. Por eso, al iniciar el Camino, una inquietud comenzó a abrirse paso dentro de mí, con la claridad de lo inevitable: tal vez había llegado, por fin, el momento de sentarme conmigo mismo y escuchar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Éramos veintinueve caminantes —hombres y mujeres— cuando partimos rumbo a Urcos para iniciar, o tal vez reencontrar, nuestro camino. Sin saberlo, en ese trayecto también empezábamos a tejer una comunidad hondamente humana. La llegada a Wasinchis, la casa de retiro que sería nuestro hogar, quedó grabada como una escena suspendida en la penumbra: el auditorio a oscuras, un pequeño altar al centro iluminado por velas, una Biblia abierta y una frase escrita a mano que parecía dirigida a cada uno: <em>“Vengan a mí todos los que estén cansados”</em>. Y yo lo estaba. No sabía exactamente de qué, pero lo estaba. Todos entramos con mochilas grandes, visibles, y con otras invisibles que pesaban mucho más.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No traíamos solo ropa y cuadernos; traíamos historias, culpas, silencios, expectativas. Aún no podía nombrar qué me pesaba, pero sí sabía que quería aligerarlo. <em>“¿Qué llevo conmigo? ¿Qué peso innecesario sigo cargando?”</em>, me preguntaba. Entendí entonces que el Taller de Autoconocimiento no prometía respuestas rápidas, sino algo más exigente: mirarse sin atajos. Así comenzó oficialmente el Camino Ignaciano. Y, sin saberlo, ese primer gesto de honestidad marcaría el tono de todo lo que vendría después.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="683" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft2-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-4520" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft2-1024x683.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft2-500x333.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft2-768x512.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft2-1536x1024.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft2-2048x1365.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Entendí entonces que el Taller de Autoconocimiento no prometía respuestas rápidas, sino algo más exigente: mirarse sin atajos. Así comenzó oficialmente el Camino Ignaciano.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Aprender a pedir</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Luces, sombras y la gracia que ilumina</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">“La espiritualidad ignaciana no se trata de pedir cosas de frente —nos dijo Marcelo, comunicador de la red ESEJOVEN y acompañante del Camino—. Se trata de pedir una gracia que nos ilumine. Disponer el corazón para lo que Dios quiera, no para lo que nosotros esperamos”. Sus palabras quedaron flotando en el aire la mañana del segundo día, como una advertencia silenciosa. Pedir no resultados, sino luz. Pedir no certezas, sino claridad para ver. Mientras sonaba de fondo una canción de U2, la pregunta regresó con una honestidad incómoda: <em>¿qué es eso que he estado buscando durante tanto tiempo y que todavía no encuentro?</em> El Camino Ignaciano no ofrecía respuestas cerradas; proponía un método, una forma de habitar la pregunta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Guiados por el estudiante jesuita Daniel Lapachelle SJ, los primeros bloques del Taller de Autoconocimiento nos invitaban a reconocer nuestras luces y nuestras sombras, no como un juicio, sino como el primer gesto de verdad hacia uno mismo. En ese ejercicio comencé a verme con menos defensas. No se trataba de explicarnos, sino de sentirnos —como escribió Ignacio de Loyola, <em>“no es el mucho saber lo que satisface al alma, sino el sentir y gustar internamente</em>”. Descubrí que mi seguridad, esa que suelo mostrar como firmeza, era a veces una defensa sutil; una tela delgada para evitar que el juicio ajeno me tocara. El ejercicio me obligó a preguntarme qué ven realmente los otros en mí, qué partes intento ocultar, qué rasgos necesitan ser reconciliados. “<em>Solo identificando nuestras luces y sombras podemos reconocernos y amarnos</em>”, repetía Daniel. Y en esa mezcla de exigencia y gracia comenzó un proceso menos cómodo, pero mucho más verdadero.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="683" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft3-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-4521" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft3-1024x683.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft3-500x333.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft3-768x512.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft3-1536x1024.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft3.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Volver a las raíces fue una parte decisiva del proceso: revisar la historia cultural que nos formó, las costumbres heredadas, las frases de infancia que aún nos habitan sin pedir permiso. En un grupo diverso, proveniente de distintas regiones del país y trayectorias pastorales diferentes, descubrir cómo la cultura moldea identidad resultó revelador: ¿qué raíces nos sostienen y cuáles todavía nos atan? Hacerme esa pregunta fue desconcertante; no sabía con claridad cuál era mi “tierra santa”, si Lima era hogar o apenas escenario. Lo desafiante —y a la vez profundamente enriquecedor— fue que esas reflexiones no se limitaban a la palabra escrita. Muchas veces no se trataba de responder con frases, sino de hacerlo a través del cuerpo y la creatividad: pintando, dibujando, modelando plastilina, armando collages, escribiendo canciones o poemas. En el compartir grupal descubrimos que, al traducir lo que sentíamos en una expresión artística, reflexionábamos con mayor profundidad. Aparecían sentidos que no sabíamos que estaban ahí.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Uno de los ejercicios más reveladores fue escribir nuestra autobiografía. Nos la pidieron desde el primer día y la construimos por etapas, como si aprender a narrarnos fuera también aprender a leernos. Al inicio dudé: soy joven, ¿qué tengo de memorable?, ¿no recuerdo mi infancia o no quiero hacerlo? Pero pronto entendí que no se trataba de escribir para otros, sino de reconocer mi propia historia como un territorio habitado por Dios, presente en gestos mínimos, en decisiones, en silencios. Así como revisábamos nuestra vida, conocíamos también la de san Ignacio de Loyola, no como la de un santo lejano, sino como la de un hombre herido que encontró sentido en su propia ruptura. Esa era la Etapa Loyola: el autoconocimiento como peregrinación interior. Un proceso exigente, que implicó desmontar máscaras, confrontar luces y sombras, revisar vínculos, el cuerpo, la fe, y comprender, finalmente, que Dios no solo habita en lo que vendrá, sino también en todo aquello que ya fue. “<em>Buscar y hallar a Dios en todas las cosas</em>”, como proponía Ignacio, implicaba también buscarlo en la propia historia.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="683" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft4-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-4522" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft4-1024x683.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft4-500x333.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft4-768x512.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft4-1536x1024.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft4-2048x1365.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">En el compartir grupal descubrimos que, al traducir lo que sentíamos en una expresión artística, reflexionábamos con mayor profundidad. Aparecían sentidos que no sabíamos que estaban ahí.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Así transcurrieron los primeros días del Camino: jornadas que comenzaban a las siete y media de la mañana y se extendían hasta pasadas las diez de la noche. Para el cuarto día ya me había acostumbrado —más o menos— a la cama incómoda y corta, de la que se me salían los pies. Dormía mejor. Las mañanas secas y frías, con ese sol cusqueño que quema sin avisar, empezaron a sentirse más acogedoras. Incluso compartir habitación con todos los hombres, una de mis primeras grandes incomodidades, terminó tejiendo una comunidad inesperada: bromas, chapas, conversaciones nocturnas que empezaban antes de los talleres y no tenían hora de cierre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El quinto día, coincidiendo con la bajada de Reyes, dejamos atrás la Etapa Loyola para entrar en la Etapa Manresa. Comenzaban los talleres de oración y los Ejercicios Espirituales. El camino, lentamente, empezaba a profundizarse.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Aprender a escuchar</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Oración, discernimiento y la intimidad de un Dios que se deja encontrar</em></strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="683" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft5-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-4523" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft5-1024x683.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft5-500x333.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft5-768x512.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft5-1536x1024.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft5-2048x1365.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“La conexión con Dios es única e irrepetible, así como nuestra historia con Él también lo es”</em>, nos dijo el padre Julio Hurtado SJ al inicio de esta nueva etapa. Lo dijo sin grandilocuencia, casi como quien recuerda algo evidente. Pero en el contexto del Camino, esa afirmación tenía peso: nadie podía rezar por otro; nadie podía vivir la experiencia espiritual en nombre ajeno. Cada encuentro sería personal, intransferible.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Había hecho Ejercicios Espirituales antes, conocía el método y sus silencios, pero esta vez era distinto: llegaban después de haberme enfrentado a mí mismo. Ya no buscaba entender el método, sino dejar que el método me entendiera a mí. Si la primera etapa fue mirarme por dentro, esta era aprender a mirar con Él. Los talleres de oración comenzaron por lo esencial: disponer el cuerpo, respirar, soltar la tensión que la ciudad nos había enseñado a cargar, aprender a detenernos. Descubrí entonces que la oración no empieza cuando hablamos, sino cuando hacemos silencio, porque muchas veces no es que Dios no hable, sino que nosotros no escuchamos. Ignacio lo entendía como un diálogo, “<em>como un amigo habla con su amigo</em>”: una conversación sincera, sin fórmulas ni máscaras, donde uno se presenta tal como es y, en ese acto simple y radical, aprende también a escuchar.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="683" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft6-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-4524" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft6-1024x683.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft6-500x333.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft6-768x512.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft6-1536x1024.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft6-2048x1365.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Descubrí que la oración no empieza cuando hablamos, sino cuando hacemos silencio, porque muchas veces no es que Dios no hable, sino que nosotros no escuchamos.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Uno de los ejercicios más reveladores fue desmontar las imágenes falsas de Dios que habíamos cargado durante años. En pequeños sketches representamos esas caricaturas invisibles: a mi grupo le tocó el “Dios negociador”, y entre risas incómodas encarnamos una fe convertida en transacción. Otros mostraron al Dios castigador, al indiferente, al lejano. La pregunta quedó suspendida en el aire: ¿con cuál de ellos he rezado? Frente a esas distorsiones emergió con fuerza el Dios de Jesús: cercano, misericordioso, sin condiciones. Desde ahí, la oración dejó de ser solo reflexión para volverse experiencia viva. Lo comprendimos también al dramatizar la Última Cena: el auditorio se hizo cenáculo, el pan y el vino circularon entre nosotros, y el Evangelio dejó de ser relato distante para convertirse en presente. La contemplación ignaciana no invita a mirar desde fuera, sino a entrar en la escena hasta que la historia te atraviese.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero el camino espiritual no fue una línea recta de certezas. Hubo consolaciones —paz profunda, lágrimas serenas, gratitud inexplicable— y también desolaciones: sequedad, distracción, cansancio interior. Aprendí que ambas forman parte del mismo proceso, que la fe no se mide por la intensidad de lo que se siente, sino por la fidelidad con la que se permanece. Ignacio lo sabía: la consolación ensancha el alma, la desolación la prueba. Y permanecer, aun en medio de esa tensión, era también una forma de aprender a creer.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="683" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft7-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-4525" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft7-1024x683.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft7-500x333.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft7-768x512.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft7-1536x1024.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft7-2048x1365.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Así concluyeron los talleres de oración. Habíamos aprendido —o al menos comenzado a aprender— a disponernos, a escuchar, a contemplar, a discernir los movimientos interiores. Lo que seguía ya no sería preparación. Sería entrar de lleno en los Ejercicios Espirituales.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El umbral del silencio</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Todo fue siempre un llamado</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El sexto día nos recibe soleado. El cielo parecía haberse abierto apenas lo suficiente para dejarnos ver la claridad, como si también él se estuviera preparando para lo que venía. Las nubes acariciaban el sol con una delicadeza que no lo ocultaba, sino que lo volvía más íntimo, más cercano. El viento frío, ese viento constante de Urcos, nos saludaba como un viejo conocido que nunca falta a su cita.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El desayuno, como cada mañana, se volvió un ritual de comunión: en nuestras voces convivían el cansancio y la gratitud de quienes habían atravesado algo difícil de explicar. Sin anunciarlo, dejábamos de ser desconocidos para convertirnos en comunidad, unidos no por la costumbre sino por la búsqueda. En la tarde, Julio nos preparó para cruzar un umbral: comenzaban los Ejercicios Espirituales y, con ellos, un silencio real y exigente. “<em>Este soy yo, Señor. Así vengo</em>.” La frase implicaba despojarse de máscaras. Entonces entendí que el silencio no es vacío, sino revelación: el crujido del pasto, el viento entre las hojas, la lluvia anunciándose antes de caer. Callar era aprender a oír.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="684" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft8-1024x684.jpg" alt="" class="wp-image-4526" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft8-1024x684.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft8-500x334.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft8-768x513.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft8-1536x1027.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft8-2048x1369.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Allí, en esa quietud, el Principio y Fundamento dejó de ser teoría para volverse experiencia: estamos hechos para amar y servir, y todo —encuentros, pérdidas, heridas— puede conducirnos a Dios. </p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Sin horarios que ordenaran el día, el tiempo se abrió como un territorio interior. Solo quedaban algunos puntos de encuentro; lo demás dependía de nosotros y de la decisión de no huir. Fue en esos momentos que encontré refugio en la laguna de Urcos, donde el viento peinaba el paisaje y el agua parecía respirar. Allí, en esa quietud, el Principio y Fundamento dejó de ser teoría para volverse experiencia: estamos hechos para amar y servir, y todo —encuentros, pérdidas, heridas— puede conducirnos a Dios. Comprendí que mi historia no era una suma de episodios aislados, sino una historia acompañada. Él había estado siempre: en mi familia, en los amigos que llegaron y en los que se fueron, en cada paso que, aun sin saberlo, me había traído hasta allí.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“<em>Nosotros amamos porque Él nos amó primero</em>.” (1 Juan 4:19)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa frase dejó de ser una cita. Se volvió memoria y evidencia. Yo no había llegado hasta ahí por casualidad. Había sido llamado. Acompañado. Sostenido. Incluso en los momentos en que creí estar solo. Sentado frente a la laguna, entendí que encontrar a Dios no significaba escapar del mundo, sino aprender a verlo en todo. En la materia, en la historia, en los vínculos, en el propio corazón. Y por primera vez, esa idea dejó de ser una enseñanza. Se convirtió en experiencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En ese silencio, que al inicio parecía una ausencia, comenzó a revelarse como lo que realmente era: una presencia.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"></p>
</blockquote>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="684" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft9-1024x684.jpg" alt="" class="wp-image-4527" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft9-1024x684.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft9-500x334.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft9-768x513.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft9-1536x1026.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft9-2048x1368.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La noche del perdón</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>La salvación no es una meta lejana, sino un regreso</em></strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="684" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft10-1024x684.jpg" alt="" class="wp-image-4528" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft10-1024x684.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft10-500x334.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft10-768x513.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft10-1536x1026.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft10-2048x1368.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">La última noche de los Ejercicios volvimos a la parroquia de Urcos, pero entramos por una puerta lateral, como quien se acerca a un misterio. El templo estaba a oscuras, iluminado solo por velas led que dibujaban sombras largas sobre las paredes; frente a cada uno alumbraba una vela. Era la noche de penitencia. El examen de conciencia no se vivió como juicio, sino como una invitación a mirar la propia fragilidad a la luz del amor. Al fondo, el padre Julio esperaba para quienes quisieran confesarse. Hacía quince años que no me confesaba. Me acerqué con torpeza, cargando culpas y silencios difíciles de ordenar, y entendí pronto que no estaba ante un juez, sino ante un Padre. La absolución cayó como una lluvia suave: no fue solo un rito, sino la experiencia concreta de ser perdonado. Apagué mi vela y salí a la noche; la oscuridad seguía ahí, pero ya no pesaba.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="636" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft11-1024x636.jpg" alt="" class="wp-image-4529" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft11-1024x636.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft11-500x311.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft11-768x477.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft11-1536x955.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft11-2048x1273.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Los últimos días transcurrieron sin estridencias: cada uno avanzó a su ritmo, sostenido por un silencio que incomodó y reveló a la vez. Hablamos de la salvación no como premio futuro, sino como relación restaurada y libertad interior para ordenar la vida hacia el amor y el servicio. Comprendí que no se trata de huir del mundo, sino de encontrar a Dios en todas las cosas. Cerramos en el templo de Urcos, entre cantos en quechua y una complicidad serena que ya nos unía. Cuando recibimos la polera con el lema “Enviados a las fronteras del mundo”, dejó de ser eslogan para volverse llamado. El padre Julio lo resumió: la misión es la misma, cambian las formas; la buena noticia es que Dios está entre nosotros. Miré por última vez el cielo frío, los cerros y la laguna que guardó mis preguntas. Si la salvación era don, la misión sería respuesta. Y lo que nos esperaba ya no era el silencio. Era la peregrinación.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="684" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft11.1-1024x684.jpg" alt="" class="wp-image-4532" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft11.1-1024x684.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft11.1-500x334.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft11.1-768x513.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft11.1-1536x1026.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft11.1-2048x1368.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Si la salvación era don, la misión sería respuesta. Y lo que nos esperaba ya no era el silencio. Era la peregrinación.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Tras las huellas de piedra y el cielo</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Caminar con los pies heridos y el corazón despierto</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Antes de la misión, tocaba caminar. No como metáfora, sino con el cuerpo entero expuesto al frío de la madrugada cusqueña, con la mochila marcando los hombros y el aliento acompasado al ritmo del grupo. Era la llamada Etapa París, la peregrinación física que encarna todo lo rezado en silencio, todo lo discernido en soledad. Partimos antes del amanecer, cuando el cielo de Urcos aún dudaba entre la noche y el día, y avanzamos en silencio, escuchando el crujido de nuestras botas sobre la tierra húmeda y el viento descendiendo desde los cerros. Después de la contemplación, venía el polvo del camino; después del recogimiento, el movimiento. El cuerpo aprendía, paso a paso, aquello que el alma apenas comenzaba a comprender.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="684" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft12-1024x684.jpg" alt="" class="wp-image-4530" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft12-1024x684.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft12-500x334.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft12-768x513.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft12-1536x1026.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft12-2048x1369.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Nuestro recorrido por la ruta del barroco andino nos llevó a templos donde la fe se volvió arte mestizo y catequesis en oro y color. Al cruzar el umbral del Templo de San Pedro Apóstol de Andahuaylillas entendí por qué la llaman la Capilla Sixtina de América: su exterior austero estalla por dentro en frescos, retablos dorados y ángeles suspendidos, como si el cielo hubiera descendido a habitar la tierra. No era turismo, era oración prolongada. Esas iglesias, sobrevivientes de siglos y terremotos, nos recordaban que la fe, cuando se encarna en un pueblo, adopta su lengua y su memoria; y que mientras avanzábamos hacia ellas, también peregrinábamos hacia dentro, hacia ese lugar donde la fe deja de ser idea y se vuelve experiencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En lo alto de las montañas de Urcos, con el amanecer encendiendo el cielo y el frío mordiéndonos las manos, pensé en las mochilas invisibles que cada uno cargaba: heridas, decisiones, quiebres que nos habían cambiado el rumbo, como la herida de Ignacio que dio origen a su discernimiento. Caminar removía la historia personal y tejía comunidad: ya no éramos extraños, sino veintinueve caminantes que se habían reconocido en sus fragilidades. La Etapa París evocaba aquel momento en que Ignacio y sus compañeros comprendieron que la misión se discierne juntos. También nosotros lo intuíamos: el Camino nos había entrelazado, y ese lazo no era el final, sino el umbral. Pronto seríamos enviados, no como salvadores, sino como compañeros dispuestos a reconocer a Dios en el rostro concreto del otro, porque el amor que se contempla siempre termina convirtiéndose en misión.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Después de la contemplación, venía el polvo del camino; después del recogimiento, el movimiento. El cuerpo aprendía, paso a paso, aquello que el alma apenas comenzaba a comprender.</p>
</blockquote>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="684" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft13_2-1024x684.jpg" alt="" class="wp-image-4549" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft13_2-1024x684.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft13_2-500x334.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft13_2-768x513.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft13_2-1536x1026.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft13_2-2048x1368.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras descendíamos por el camino de tierra, con las montañas abriéndose frente a nosotros y el cielo extendiéndose sin límites, comprendí que peregrinar es aceptar que uno nunca regresa siendo el mismo. Que algo ha cambiado, que algo ha despertado y que el siguiente paso ya no es hacia adentro. Es hacia los demás.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="576" height="1024" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft14-576x1024.jpg" alt="" class="wp-image-4534" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft14-576x1024.jpg 576w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft14-281x500.jpg 281w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft14-768x1365.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft14-864x1536.jpg 864w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft14-1152x2048.jpg 1152w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft14-scaled.jpg 1440w" sizes="(max-width: 576px) 100vw, 576px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Capitulo II</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La Misión</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>El Camino deja de ser búsqueda y se convierte en entrega</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Es domingo, previo a nuestra última semana en el Camino.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estamos reunidos en el auditorio de Wasinchis, sentados en círculo, como tantas otras veces. Pero esta vez el aire es distinto. Ya no es el silencio introspectivo de los ejercicios espirituales ni la incertidumbre temblorosa de los primeros días. Es otra cosa. Una mezcla de alegría, nerviosismo y una forma nueva de cariño y complicidad que ha empezado a crecer entre nosotros. La comunidad ya no es un concepto: es un latido.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="684" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft15-1024x684.jpg" alt="" class="wp-image-4538" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft15-1024x684.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft15-500x334.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft15-768x513.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft15-1536x1026.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft15-2048x1369.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">En el centro, el padre Julio, laptop encendida, Excel abierto, nombres y destinos listos para ser pronunciados. A sus costados, los acompañantes. Se respira emoción. Y nervios. Empieza Roma, la etapa final.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Van llamando comunidades: París, Jerusalén, Loyola, Pamplona&#8230; Cada nombre es una pequeña historia que comienza. Aplausos. Abrazos. Algunos se miran con sorpresa, otros con alivio. Hasta que escucho con claridad:</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Fabián, Yllari, Danuska, Kimberly y Josef… son la comunidad Montserrat. Irán a Ccoñamuro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Ccoñamuro».</p>



<p class="wp-block-paragraph">La palabra resuena en mí como un eco antiguo. No sé dónde queda. No sé quién vive ahí. No sé qué nos espera, y ni puedo ubicarlo en el mapa. Pero sé que ese es mi lugar. Nos acompañaría Juan Diego, asesor de la Red ESEJOVEN Piura, peregrino antes que nosotros, testigo activo de lo que este Camino puede hacer en una persona. Nos miramos entre los seis. Sonreímos. Sin decirlo, sabemos que algo importante está por comenzar. Esa misma tarde, cada grupo diseñó la bandera que nos acompañaría los días de misión.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" width="746" height="916" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft16.jpg" alt="" class="wp-image-4539" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft16.jpg 746w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft16-407x500.jpg 407w" sizes="(max-width: 746px) 100vw, 746px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Partimos a la mañana siguiente. Salimos de Urcos por una trocha que asciende entre montañas, dejando atrás otras comunidades mientras el paisaje se abre en una inmensidad verde y silenciosa. Llegamos a media mañana y nos recibió Marcelino López, catequista del lugar, con la serenidad de quien ha vivido siempre en diálogo con la tierra. Ccoñamuro, con sus casas de adobe, chacras y cerros guardianes, es una comunidad agrícola de 800 hectáreas, con unas 120 familias donde la vida sigue el ritmo de las cosechas. Nos instalamos en su casa, junto a costales de papas y un gallinero, y salimos a conocer los alrededores: subimos un cerro desde donde, entre la neblina, se adivinaban a lo lejos las siluetas del Cusco. Sentados allí, compartimos expectativas y miedos mientras el viento golpeaba el rostro y un perro desconocido se sumaba silenciosamente a nuestra conversación.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="768" height="1024" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft17-768x1024.jpg" alt="" class="wp-image-4540" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft17-768x1024.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft17-375x500.jpg 375w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft17-1152x1536.jpg 1152w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft17-1536x2048.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft17-scaled.jpg 1920w" sizes="(max-width: 768px) 100vw, 768px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">De regreso, almorzamos con Marcelino y escuchamos su historia de vida antes de acompañar a su hijo Milky a pastar las ovejas. Terminamos corriendo tras el rebaño por una pampa abierta, entre risas y tropiezos, en una escena tan simple como profundamente humana. Al caer la noche —rápida y fría en la altura— organizamos con el equipo las actividades para los niños del día siguiente y cerramos la jornada compartiendo lo vivido y rezando por la comunidad que nos había recibido sin condiciones. Acostado sobre el suelo duro, envuelto en el sleeping y escuchando el viento contra las paredes de adobe, entendí algo esencial: la misión no era venir a cambiar este lugar, sino permitir que este lugar empezara a cambiar algo en mí. Y aquello recién comenzaba.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="735" height="1024" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft18-735x1024.jpg" alt="" class="wp-image-4541" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft18-735x1024.jpg 735w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft18-359x500.jpg 359w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft18-768x1070.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft18-1103x1536.jpg 1103w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft18-1470x2048.jpg 1470w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft18.jpg 1790w" sizes="(max-width: 735px) 100vw, 735px" /></figure>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">La misión no era venir a cambiar este lugar, sino permitir que este lugar empezara a cambiar algo en mí. Y aquello recién comenzaba.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Día 2</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Aprender el ritmo de la tierra</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Donde el cuerpo se cansa, pero el corazón empieza a comprender</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La segunda mañana en Ccoñamuro empezó antes que el sol. Entre arañas diminutas y pericotes que corrían con naturalidad por el primer piso, recordábamos que nosotros éramos los huéspedes. Dormir en el suelo, sobre cuero y lana de oveja, tenía algo de rústico y honesto. A las seis abrí los ojos sin haber descansado del todo. El frío era punzante, pero en la sierra se aprende a confiar en el sol. </p>



<p class="wp-block-paragraph">A las ocho llegó el señor Marcelino con un desayuno, para luego partir a cortar pasto para los cuyes. Con hoces, sacos de rafia y una botella de chicha de jora helada, subimos treinta minutos cuesta arriba entre cerros y riachuelos. Marcelino nos enseñó el gesto simple —agarrar desde la raíz, cortar por debajo— y nos dejó trabajando mientras él atendía sus cultivos de papa y olluco. El ritmo del corte se volvió casi meditativo: agarrar, cortar, juntar, repetir. Hasta que llegó la lluvia. Corrimos a guardar el pasto antes de que se mojara y se echara a perder, refugiándonos bajo un techo de tejas donde por un momento solo existieron la lluvia y nuestra respiración agitada.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="679" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft19-1024x679.jpg" alt="" class="wp-image-4542" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft19-1024x679.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft19-500x331.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft19-768x509.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft19-1536x1018.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft19-2048x1357.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando escampó terminamos el trabajo con las manos adoloridas y la sensación de haber participado, aunque fuera mínimamente, del esfuerzo que sostiene esta comunidad. Marcelino cargó los sacos con una naturalidad que nos dejó en silencio; nosotros apenas logramos avanzar unos metros antes de quedarnos sin aire. Llamó entonces a su hijo Efraín, de catorce años, que apareció en una moto de carga y resolvió lo que para nosotros parecía una hazaña física. El contraste enseñaba sin necesidad de palabras. Almorzamos olluco saltado con atún mientras Marcelino nos hablaba de la vida en la chacra, de los precios en el mercado de Urcos y de lo incierto que puede ser depender del clima.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por la tarde preparamos el taller con los niños. Mientras esperábamos la llave de la canchita, Ani —sobrina de Marcelino— se acercó a mostrarnos flores y plantas del lugar. Trepó un pequeño muro y nos regaló una flor de tumbo serrano, un “tintín” como le decían ahí. En ese gesto sencillo había una hospitalidad que no necesitaba explicación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la cancha nos esperaban Jordy, Joselino, Neymar, Milky, Annita, Ani y Sebastián, que apenas tiene tres años. Jugamos fútbol primero y luego hicimos el taller: les pedimos que dibujaran su comunidad y cómo se veían dentro de ella. En los papeles aparecieron casas de adobe, cerros verdes, flores gigantes y niños jugando. Era un mundo sencillo, pero completo. Cerramos recordándoles que todo eso que aman es un regalo y que Dios también habita ahí.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="881" height="1024" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft20-881x1024.jpg" alt="" class="wp-image-4544" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft20-881x1024.jpg 881w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft20-430x500.jpg 430w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft20-768x893.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft20-1321x1536.jpg 1321w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft20-1761x2048.jpg 1761w" sizes="(max-width: 881px) 100vw, 881px" /></figure>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">La misión no es un evento extraordinario: es entrar, aunque sea por un instante, en la vida ordinaria de otros y dejar que esa vida empiece a transformarte.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Al anochecer se despidieron corriendo cuesta abajo y, en el camino, jugamos a lanzar piedras a una casa abandonada, tratando de acertar a los huecos de las paredes. Por un momento desaparecieron las distancias: ya no era visitante, era uno más en el juego. La noche volvió rápido. Cenamos una sopa caliente, compartimos lo vivido y rezamos juntos antes de dormir. “Mientras esto es para nosotros solo tres días, para ellos es su realidad”, dijimos en voz alta. Y entendí que la misión no es un evento extraordinario: es entrar, aunque sea por un instante, en la vida ordinaria de otros y dejar que esa vida empiece a transformarte.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Día 3</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El cerro resbaloso y el corazón firme</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>La gracia de permanecer</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El tercer día en Ccoñamuro amaneció bajo una lluvia persistente que golpeaba las tejas como un tambor antiguo. Dormir seguía siendo un desafío, pero ya no un enemigo: la gran manta de lana que compré en el Mercado de San Pedro terminó cubriéndonos a los tres. A las ocho desayunamos lentejas con papa, arroz y un huevo montado —aquí las categorías no importan: todo es alimento, todo es energía— mientras el señor Marcelino nos avisaba que la lluvia impediría arar la papa ese día. Él viajaría a Urcos para un taller de crianza de cuyes y nosotros quedaríamos esperando. La mañana transcurrió entre cartas, conversación y el sonido constante de la lluvia. Al mediodía, cuando la neblina había borrado el horizonte, apareció Ani con el almuerzo —trucha con tallarines y papa— cargando los platos con la naturalidad de quien sabe que aquí todos ayudan. Poco después la lluvia cedió y el cielo empezó a abrirse, como si el día nos concediera una segunda oportunidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Subimos nuevamente a la cancha. Nos esperaban Jordy, Neymar, Jeni Mónica, Ani, Anita, Joselino y Milky. Jugamos fútbol, repetimos dinámicas y cerramos con el último taller: “Mi yo del futuro”. En los papeles aparecieron futbolistas llenando estadios, profesoras frente a pizarras, médicos con bata blanca, policías cuidando su comunidad. Había algo profundamente sagrado en esos dibujos. Les dimos galletas y chocolates, y les agradecimos por todo lo compartido. Sabíamos que era nuestro último día. Algunos sonrieron; otros guardaron silencio. No era un adiós definitivo, pero sí un cierre.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="881" height="1024" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft21-881x1024.jpg" alt="" class="wp-image-4545" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft21-881x1024.jpg 881w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft21-430x500.jpg 430w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft21-768x893.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft21-1321x1536.jpg 1321w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft21-1761x2048.jpg 1761w" sizes="(max-width: 881px) 100vw, 881px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Esa misma noche, decidimos subir el cerro una vez más.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ccoñamuro, nos explicaron, significa “cerro resbaloso”. Esa tarde entendimos por qué. El barro convierte el camino en una prueba de equilibrio. Subimos paso a paso, sujetando ramas, dándonos la mano, advirtiendo cada piedra suelta. La oscuridad cae rápido. Solo nuestras linternas dibujan pequeños círculos de luz sobre el suelo húmedo. Arriba, el frío es intenso. Pero el cielo… el cielo es un espectáculo. Un manto de estrellas se despliega sobre nosotros. A lo lejos, las luces de la ciudad de Cusco brillan como un corazón que late en la distancia. Del otro lado, Ccoñamuro permanece tenue, discreto, pero vivo. La oscuridad no asusta. Abraza. Rezamos ahí mismo.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="893" height="1024" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft22-893x1024.jpg" alt="" class="wp-image-4546" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft22-893x1024.jpg 893w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft22-436x500.jpg 436w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft22-768x881.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft22-1339x1536.jpg 1339w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft22-1786x2048.jpg 1786w" sizes="(max-width: 893px) 100vw, 893px" /></figure>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">A lo lejos, las luces de la ciudad de Cusco brillan como un corazón que late en la distancia. Del otro lado, Ccoñamuro permanece tenue, discreto, pero vivo. La oscuridad no asusta. Abraza. Rezamos ahí mismo.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Agradecemos por todo: las risas, el cansancio, la incomodidad, los aprendizajes, las conversaciones, el trabajo en la chacra, los niños, el señor Marcelino y su familia, el frío, el silencio, la comunidad que se ha tejido entre nosotros. Terminamos la misión en el mismo lugar donde la comenzamos: en altura, mirando el horizonte.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“¿Cómo no creer en Dios?”, pienso. Si ha puesto en mi camino a gente tan sencilla y tan grande al mismo tiempo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las lágrimas llegan sin permiso. No solo por la nostalgia de que todo termina, sino por la alegría profunda de haber estado ahí. Y porque sé, en el fondo, que esto no termina aquí. Bajamos con más dificultad que al subir. El barro traiciona. En el último tramo resbalo y caigo. Era casi inevitable. Se preocupan, luego nos reímos. No es grave, tal vez era necesario llevarme un poco de ese cerro en la ropa, como prueba física de lo vivido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al llegar, Neymar nos espera con la cena: tortilla de huevo con papa, plátano frito y arroz. Poco después llega el señor Marcelino con mate de muña. Nunca había probado uno tan fresco, tan necesario. Compramos una Inca Kola para compartir. Le servimos un vaso. Lo recibe con gratitud sincera. Jugamos un rato más en el comedor. Conversamos. Reímos. Ya no somos visitantes. Somos parte de una historia compartida. Esa noche dormimos mejor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al día siguiente partiríamos de regreso a Wasinchis. Quedaban solo un último día de Camino. Pero algo dentro de mí comenzaba a comprender que el Camino no se estaba acabando, se estaba quedando.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Capitulo III</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Regresar para quedarse</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>El final del inicio</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El último día en Ccoñamuro comenzó antes que nosotros. A las cinco de la mañana sentí algo deslizarse por mi cabeza: la cola de un pericote perdiéndose entre mi pelo. El susto duró segundos; la anécdota quedaría. A pesar de que salté del miedo, Josef y Juan Diego apenas se movieron y siguieron durmiendo, como quien ya ha aprendido a convivir con lo inesperado. El cuarto estaba frío, pero ya no era hostil. El suelo había dejado de ser incomodidad para convertirse en refugio. Afuera, la sierra despertaba.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desayunamos por última vez con el señor Marcelino: un locro de zapallo caliente, espeso, generoso. Aquí la comida no es solo alimento, es cuidado, comunidad, una forma silenciosa de decir “estás en casa”. A las ocho y media partimos. Marcelino, su esposa y Neymar nos despidieron sin discursos, solo con sonrisas y manos firmes. Al alejarnos volteé: estaban sentados bajo el sol compartiendo papas. Levantaron la mano. Una escena simple, perfecta. Sentí un nudo en la garganta. Había llegado pensando en servir; me iba habiendo sido servido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La van nos esperaba en la entrada. Partimos en silencio mientras el paisaje retrocedía lentamente detrás de nosotros. En el camino recogimos a los compañeros que habían estado en Sallac y, sin planearlo, empezamos a cantar “Un beso y una flor” de Nino Bravo. Las voces se quebraban, pero la canción decía exactamente lo que sentíamos: partir no es perder, es llevarse. Al regresar a Wasinchis compartimos nuestras misiones: algunos en la chacra, otros con textiles, otros con niños. Todos habíamos ido a dar algo y todos habíamos recibido más. Entendimos que el servicio es encuentro, que la fe es acción y que Dios habita en las personas.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="684" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft23-1024x684.jpg" alt="" class="wp-image-4547" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft23-1024x684.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft23-500x334.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft23-768x513.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft23-1536x1026.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft23-2048x1368.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Todos habíamos ido a dar algo y todos habíamos recibido más. Entendimos que el servicio es encuentro, que la fe es acción y que Dios habita en las personas.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Esa misma tarde celebramos la última misa en la Capilla de Canincunca, donde el padre provincial Víctor Hugo Miranda nos recordó que el liderazgo nace del servicio y que las comunidades no necesitan salvadores, sino compañeros. Salimos con la sensación de ser realmente enviados. Por la noche, la despedida se volvió celebración: jóvenes de la Red Juvenil del Cusco nos recibieron con danzas tradicionales andinas y una yunza improvisada donde caían pequeños regalos entre risas y abrazos. Luego la música siguió en el auditorio. Bailábamos entre cansancio y nostalgia, sabiendo que algo en nosotros había cambiado, aunque todavía no pudiéramos nombrarlo.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="819" height="1024" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft24-819x1024.jpg" alt="" class="wp-image-4548" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft24-819x1024.jpg 819w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft24-400x500.jpg 400w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft24-768x960.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft24-1229x1536.jpg 1229w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft24-1638x2048.jpg 1638w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft24-scaled.jpg 2048w" sizes="(max-width: 819px) 100vw, 819px" /></figure>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Bailábamos entre cansancio y nostalgia, sabiendo que algo en nosotros había cambiado, aunque todavía no pudiéramos nombrarlo.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Al día siguiente, abordamos el bus que nos llevará de regreso a la ciudad del Cusco.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me siento junto a la ventana. El vehículo avanza lentamente por la carretera. Las montañas empiezan a alejarse. La ciudad aparece en el horizonte como un organismo vivo, vibrante, ruidoso. Observo en silencio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los cerros quedan atrás. El cielo se llena de cables. El viento limpio se mezcla con el humo. El silencio se transforma en ruido. Y, sin embargo, algo permanece intacto. Cierro los ojos un momento. Recuerdo los rostros. Las manos. Las risas. El frío. El cansancio. El amor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entiendo, finalmente, que el Camino Ignaciano nunca fue el trayecto entre un punto y otro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El verdadero camino ocurrió dentro de mí. Y no terminó cuando dejamos Ccoñamuro. No terminó cuando subimos a la van. No terminó cuando regresamos a Wasinchis. No termina ahora que el bus entra a la ciudad. Porque el Camino Ignaciano no es un lugar al que se llega. Es una forma de vivir. Es elegir ver a Dios en todas las cosas. En el ruido y en el silencio. En la abundancia y en la carencia. En el otro y en uno mismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El bus se detiene. La ciudad nos recibe. Respiro profundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y entonces lo sé con certeza absoluta:</p>



<p class="wp-block-paragraph">El Camino Ignaciano no ha terminado.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Recién empieza.</em></p>
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		<title>Entre la fe y la tierra: la apuesta jesuita por la justicia climática en la COP30</title>
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		<dc:creator><![CDATA[uaisdtrmc]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 19 Dec 2025 15:20:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
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		<category><![CDATA[Artículo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Voces, tensiones y esperanza desde la Amazonía Belém do Pará amanecía cada día con el rumor espeso del río y el calor húmedo de la Amazonía recordando, incluso antes de cualquier discurso, que la crisis climática no es una abstracción. Entre pabellones oficiales, credenciales, zonas de negociación y espacios alternativos, la COP30 se desplegó como [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Voces, tensiones y esperanza desde la Amazonía</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Belém do Pará amanecía cada día con el rumor espeso del río y el calor húmedo de la Amazonía recordando, incluso antes de cualquier discurso, que la crisis climática no es una abstracción. Entre pabellones oficiales, credenciales, zonas de negociación y espacios alternativos, la COP30 se desplegó como un territorio fragmentado: decisiones de alto nivel en la llamada zona azul y, en paralelo, una constelación de diálogos, encuentros y resistencias en la zona verde y en múltiples foros simultáneos. Fue allí, en esos márgenes vivos de la cumbre, donde muchas de las voces más urgentes —pueblos indígenas, organizaciones sociales, comunidades de fe— buscaron hacerse escuchar.</em></p>



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<p class="wp-block-paragraph">En ese entramado, la presencia de la Compañía de Jesús fue particularmente visible y distinta. No se trató solo de una participación simbólica ni protocolar, sino de una apuesta clara por la incidencia desde la escucha, el acompañamiento y la articulación. Jesuitas, redes eclesiales y aliados de la sociedad civil caminaron la COP desde múltiples frentes: declaraciones oficiales, conferencias de prensa, espacios de diálogo con pueblos indígenas, campañas educativas, mesas de incidencia política y encuentros pastorales. Más que una sola presencia, fue una presencia coral, tejida entre Roma, América Latina y la Amazonía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La COP30 —celebrada en Brasil, corazón geográfico y simbólico de la región amazónica— fue clave para América Latina no solo por su ubicación, sino porque volvió a poner en el centro debates largamente postergados: la justicia climática, el financiamiento para pérdidas y daños, la transición energética justa y el reconocimiento efectivo de los derechos de los pueblos indígenas. Sin embargo, también dejó en evidencia las tensiones persistentes entre los compromisos declarados y la falta de decisiones vinculantes frente a la magnitud de la crisis. Para muchos actores, fue una cumbre marcada tanto por la urgencia como por la insuficiencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En ese escenario, la participación jesuita se diferenció por su lectura ética y política de nuestro momento actual. La Compañía no llegó a la COP30 únicamente para observar negociaciones, sino para insistir en una pregunta de fondo: ¿qué significa hoy hablar de desarrollo, de progreso y de futuro cuando los territorios amazónicos y sus pueblos cargan con el costo más alto de la crisis climática? Desde la ecología integral, los jesuitas subrayaron que no hay solución ambiental sin justicia social, ni transición verde posible si se ignora el clamor de la tierra, de los pueblos indígenas y de los pobres.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta urgencia moral y ecológica se volvió aún más significativa al cumplirse diez años de la encíclica Laudato Si’, un texto que transformó el modo en que la Iglesia católica se aproxima a la crisis ambiental. En Belém, esa herencia no se expresó solo en palabras, sino en gestos concretos de articulación, incidencia y acompañamiento. La COP30 fue, para la Compañía de Jesús, un espacio donde la fe se tradujo en acción política, y donde la espiritualidad ignaciana dialogó con la ciencia, los pueblos indígenas, los líderes mundiales y la sociedad civil global.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">La Compañía no llegó a la COP30 únicamente para observar negociaciones, sino para insistir en una pregunta de fondo: ¿qué significa hoy hablar de desarrollo, de progreso y de futuro cuando los territorios amazónicos y sus pueblos cargan con el costo más alto de la crisis climática?</p>
</blockquote>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="576" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/SJE_CLIMATJUSTICEJESUITS-1024x576.png" alt="" class="wp-image-4486" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/SJE_CLIMATJUSTICEJESUITS-1024x576.png 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/SJE_CLIMATJUSTICEJESUITS-500x281.png 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/SJE_CLIMATJUSTICEJESUITS-768x432.png 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/SJE_CLIMATJUSTICEJESUITS.png 1440w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Una palabra ética en medio de la negociación global</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En ese contexto, la experiencia vivida por la Compañía de Jesús en la COP30 marcó un punto de inflexión. “Durante mucho tiempo los jesuitas han participado en este tipo de conferencias, desde Río 92, pero siempre representando el apostolado social de una provincia, una universidad o alguna institución vinculada a los gobiernos”, explica el padre Roberto Jaramillo SJ, responsable del Secretariado de Justicia Social y Ecología de la Compañía de Jesús en Roma. Esta vez, sin embargo, el enfoque fue distinto: “Es la primera vez que tomamos la iniciativa de articular el trabajo de todos”, subraya.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La delegación jesuita que llegó a Brasil reflejó ese cambio de escala y de horizonte. Fueron 29 personas en total —16 jesuitas y el resto laicas y laicos vinculados a obras y proyectos de las distintas conferencias— que trabajaron de manera coordinada antes, durante y después de la cumbre. Más que una presencia circunstancial, se trató de un proceso pensado a largo plazo. Según relata Jaramillo, un mes después de la COP anterior comenzó un trabajo sistemático de articulación interna para construir una declaración común y definir los ejes de incidencia. “Empezamos a elaborar un <em>statement</em>, una declaración y unos puntos en los cuales queríamos insistir”, señala, un ejercicio que permitió ordenar el trabajo colectivo en torno a <strong>cuatro demandas centrales que orientaron toda la acción jesuita en la COP30</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese esfuerzo de articulación no fue improvisado ni retórico. Respondió a un proceso deliberado de discernimiento y estudio que, por primera vez, buscó <strong>traducir la preocupación ética, ecológica y espiritual en planteamientos políticos concretos.</strong></p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">“Se hizo un trabajo de discernimiento y estudio de cuatro asuntos”, señala Jaramillo, marcando el punto de partida de una agenda común de incidencia.</p>
</blockquote>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="627" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/RJARAMILLO1-1024x627.png" alt="" class="wp-image-4487" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/RJARAMILLO1-1024x627.png 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/RJARAMILLO1-500x306.png 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/RJARAMILLO1-768x470.png 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/RJARAMILLO1-1536x940.png 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/RJARAMILLO1-2048x1254.png 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">El primero de esos ejes fue el perdón de la deuda externa de los países más pobres, entendida como una condición estructural que limita cualquier respuesta real frente a la crisis climática. A ello se sumó una llamada a fortalecer, regular y operar con mayor transparencia el Fondo de Pérdidas y Daños, pensado para apoyar a los países en vías de desarrollo que enfrentan desastres climáticos cada vez más frecuentes e intensos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El tercer punto —que terminó ocupando el centro del debate en la COP30— fue la necesidad de una transición energética justa, especialmente frente al papel persistente de los combustibles fósiles. “Resultó ser como el tema fundamental de la COP30”, recuerda Jaramillo, subrayando cómo esta demanda conectó la justicia climática con los dilemas económicos y políticos globales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El cuarto eje, que el jesuita define como una hoja de ruta de largo aliento, apuntó a la construcción de sistemas alimentarios basados en la soberanía alimentaria y las prácticas agroecológicas, reconociendo la diversidad cultural, territorial y productiva de los pueblos. “Esos cuatro pedidos continúan como hojas de ruta en la <em>Jesuit Campaign for Climate Justice</em>, que continuará”, enfatiza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Jaramillo es prudente al evaluar los resultados. “No tenemos métricas como para establecer qué tanta influencia hayamos tenido”, admite. Reconoce que incidir directamente en las posiciones oficiales de los Estados sigue siendo complejo, pero subraya el valor del proceso: “Es una primera oportunidad y estamos aprendiendo de fracasos, de éxitos y de errores y de aciertos también”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por otro lado, reconoce que la Compañía —como muchas otras instituciones— entendió tarde la urgencia del momento: “Deberíamos haberlo hecho hace mucho tiempo y no lo hicimos”, afirma, en un contexto donde “el planeta está siendo destruido” y la ciencia climática es negada o despreciada por sectores del poder político.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, esa conciencia se convierte hoy en responsabilidad moral. Jaramillo subraya que la Compañía no puede permanecer al margen cuando tiene capacidad y oportunidad de actuar: “La Compañía tiene una palabra y una posición ética que decir”, recuerda, evocando a Pedro Arrupe y su convicción de que “donde hay capacidad y oportunidad, hay responsabilidad”. Aunque la incidencia jesuita sea apenas “un vaso de agua en el océano” de intereses que atraviesan una cumbre como la COP, insiste en la necesidad de hacerse presentes, “manifestar el nombre del Evangelio” y situarse “del lado de las víctimas y de la gente que trabaja por la defensa del planeta”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La motivación de fondo, concluye, es inequívoca<strong>: responder al llamado de la cuarta Preferencia Apostólica Universal, que convoca a la Compañía de Jesús a colaborar activamente en el cuidado de la casa común.</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="611" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/DSC_0021-scaled-e1759484826885-1024x611.jpg" alt="" class="wp-image-4488" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/DSC_0021-scaled-e1759484826885-1024x611.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/DSC_0021-scaled-e1759484826885-500x298.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/DSC_0021-scaled-e1759484826885-768x458.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/DSC_0021-scaled-e1759484826885-1536x917.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/DSC_0021-scaled-e1759484826885-2048x1222.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Cuando la crisis climática deja de ser técnica y se vuelve humana</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa convicción ética —estar del lado de las víctimas y asumir la responsabilidad moral de cuidar la casa común— encuentra eco en otras voces jesuitas que participaron activamente en la COP30. Una de ellas es la del padre Cristóbal Emilfork SJ, jesuita chileno, quien fue invitado a la COP30 precisamente por su formación doctoral en antropología socioambiental, con énfasis en estudios de ciencia y tecnología, un campo que le ha permitido seguir de cerca el proceso de las Conferencias de las Partes y comprender cómo la ciencia se traduce —o se tensiona— en decisiones políticas frente a la crisis climática.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para Emilfork, la presencia eclesial en este tipo de foros no es opcional, aun cuando las iglesias no tengan un peso formal en las decisiones finales. “Como Iglesia tenemos que estar presentes en este tipo de espacios”, afirma, reconociendo que la COP “no va a considerar la opinión de las iglesias de una forma directa”, pero subrayando que su ausencia dejaría el debate reducido a lo estrictamente técnico. “Es un proceso que corre el riesgo de irse demasiado hacia los tecnicismos”, advierte.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde su mirada, el aporte de la Iglesia —y de la Compañía de Jesús en particular— consiste en recordar lo que suele quedar fuera de las tablas y los indicadores: “Lo que hay de fondo no es solamente un número”, sostiene Emilfork, “lo que hay de fondo es biodiversidad, lo que hay de fondo es humanidad”. Una humanidad que hoy se encuentra seriamente amenazada por la crisis climática y ecológica, y que exige una lectura ética y social del problema, inseparable de la ciencia, pero no subordinada a ella.</p>



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<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">“Lo que nos da cierta autoridad y legitimidad para hablar, es que conocemos de primera mano a la gente que está viendo sus vidas trastocadas de forma esencial.”</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Esa legitimidad para hablar en la COP, explica, no proviene solo del discurso moral, sino de una presencia histórica en los territorios. “Lo que nos da cierta autoridad y legitimidad para hablar, es que conocemos de primera mano a la gente que está viendo sus vidas trastocadas de forma esencial”, señala.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde esa experiencia territorial, la Compañía de Jesús buscó introducir en la COP30 una lectura más profunda del problema climático. “Nosotros introducimos el tema del cuidado de la casa común desde el tema de la justicia”, explica Emilfork. En ese marco, la crisis climática no puede entenderse como un fenómeno aislado o meramente ambiental. “Queríamos visibilizar que esta es una crisis socioambiental, que el grito de la tierra es el grito de los pobres”, afirma, en sintonía con el magisterio del papa Francisco.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No se trata, entonces, de dos crisis separadas, sino de una sola. “No hay una crisis ambiental, hay una única crisis socioambiental”, sostiene Emilfork. Ese fue —dice— el norte del trabajo jesuita en la COP30: insistir en que cualquier llamado a la acción climática y política debe incorporar necesariamente la justicia social, los territorios y a quienes ya están pagando el costo más alto del colapso ecológico.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Más allá del evento: la COP como proceso y compromiso</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Si la COP30 fue el escenario visible de discursos y negociaciones, hubo también un trabajo menos evidente —pero decisivo— que sostuvo la presencia jesuita desde dentro: la articulación continental, la coordinación política y el cuidado logístico entre Roma, las redes globales y los territorios latinoamericanos. En ese plano operó <strong>la Conferencia de Provinciales Jesuitas de América Latina y el Caribe (CPAL)</strong>, que permitió que la participación de la Compañía no fuera fragmentada ni improvisada, sino estratégica y cohesionada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Uno de los actores clave de ese proceso fue <strong>el padre Agnaldo Junior</strong>, delegado socioambiental de la CPAL, quien acompañó la preparación, el desarrollo y el seguimiento de la COP30. Su rol se sitúa en un espacio de mediación constante: articular agendas, traducir prioridades y mantener conectados los distintos niveles del trabajo jesuita, en diálogo con el <strong>Secretariado de Justicia Social y Ecología (SJES)</strong> en Roma y con las redes globales de incidencia, especialmente <strong>Ecojesuit</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fue precisamente en ese espacio de reflexión global donde surgió una intuición clave: al realizarse en América Latina, la COP30 exigía una coordinación distinta<strong>. “Nos dimos cuenta de que era importante realizar una articulación más cohesionada de la participación de la Compañía en la COP”</strong>, explica Agnaldo. Pero esa articulación no se pensó como algo puntual, sino como parte de un proceso sostenido en el tiempo.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">“<strong>Siempre entendemos la COP no como un evento al que vamos y se acabó, sino como un proceso.</strong> Hay tareas antes, durante y después. No es una aventura, sino un compromiso que asumimos como Iglesia, como sociedad civil y como organizaciones de fe”, señala.</p>
</blockquote>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="683" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/Pe.-Agnaldo-Jr-SJ-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-4490" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/Pe.-Agnaldo-Jr-SJ-1024x683.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/Pe.-Agnaldo-Jr-SJ-500x333.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/Pe.-Agnaldo-Jr-SJ-768x512.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/Pe.-Agnaldo-Jr-SJ-1536x1024.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/Pe.-Agnaldo-Jr-SJ.jpg 1920w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Ese compromiso tiene un horizonte claro: la <strong>justicia climática</strong>. Para Agnaldo, este concepto nombra una realidad ineludible: los impactos del cambio climático no se distribuyen de manera equitativa, sino que recaen con mayor dureza sobre los más pobres. “<strong>Lo que queremos es que de verdad haya justicia climática para el medio ambiente y para las personas</strong>, para que no sigamos pasando factura a los más pobres, fruto de la desigualdad y de la falta de financiación climática”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así, la participación jesuita en las COP se sostiene incluso en un clima de profunda desconfianza hacia los compromisos de los Estados. Agnaldo lo reconoce sin ambigüedades: la credibilidad del proceso está en crisis. Sin embargo, precisamente por ello, la presencia de actores de fe y de la sociedad civil se vuelve aún más necesaria.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">“Creo que ahí va el espíritu con el que asistimos como Compañía de Jesús, como Iglesia, y nos involucramos en los procesos de la COP, aun sabiendo que tenía muchísima descredibilidad. Ya no creemos que los países vayan a asumir un compromiso real; por eso estamos presentes.”</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Entre la parálisis diplomática y las conquistas locales</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde esa misma tensión —entre frustración y perseverancia— se sitúan las reflexiones de Luiz Felipe Lacerda, doctor en Ciencias Sociales, secretario ejecutivo del Observatorio Nacional de Justicia Socioambiental de Brasil e investigador de la Cátedra Laudato Si’ de la Universidad Católica de Pernambuco. Presente en la COP30 desde el trabajo de análisis, monitoreo y articulación con organizaciones sociales, Lacerda ofrece una lectura crítica sobre el funcionamiento real de la arena política internacional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Siempre hay una insatisfacción, porque en la arena global los países no van a debatir los intereses climáticos de la naturaleza; van a debatir sus propios intereses”, explica. Esta lógica, sostiene, explica el estancamiento recurrente de las negociaciones y la escasa efectividad de muchos acuerdos. Sin embargo, advierte que reducir la COP únicamente a sus resultados diplomáticos sería una lectura incompleta: “la conferencia, junto con la Cumbre de los Pueblos, es algo mucho más amplio, con resultados que se juegan dentro de los países y a nivel regional”.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" width="400" height="316" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/luizz.png" alt="" class="wp-image-4493"/></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Uno de esos impactos concretos fue el reconocimiento y la homologación de más de diez territorios indígenas en Brasil, algunos de ellos en espera desde hacía más de tres décadas. “Es una súper conquista. Ahora hay una ley que regula un territorio ancestral que estaba en disputa hace más de 20 años”, subraya. Para Lacerda, estos avances no pueden entenderse sin el rol histórico del movimiento indígena, que ha desarrollado estrategias sostenidas de organización, resistencia y acción política.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La COP30, además, se desarrolló en un contexto democrático que permitió una participación ciudadana inédita. La apertura de la zona verde al público general transformó el evento en un espacio de encuentro directo entre negociadores y sociedad civil. “Tuvimos más de 70 mil personas en las calles y por primera vez la zona verde se abrió para cualquiera”, recuerda. Esta democratización, afirma, ejerció una presión directa sobre las negociaciones oficiales y permitió destrabar agendas históricamente paralizadas del campo socioambiental.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" width="1000" height="685" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/zonavrd.jpg" alt="" class="wp-image-4494" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/zonavrd.jpg 1000w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/zonavrd-500x343.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/zonavrd-768x526.jpg 768w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Para Lacerda, lo vivido en Belém marcó también un punto de inflexión en la forma en que la Compañía de Jesús se ha hecho presente en las cumbres climáticas. A diferencia de otras COP, esta vez se logró —en sus palabras— “un momento histórico en el modelo de representación”, con una estrategia alineada desde la Curia hasta la articulación continental y la presencia local. Las cuatro agendas estratégicas por la justicia climática, conectadas con las Preferencias Apostólicas Universales, permitieron una presencia cohesionada y una voz común.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El verdadero desafío, concluye, comienza después de la COP: sostener en el tiempo ese alineamiento, monitorear las agendas estratégicas y traducir los lenguajes técnicos para que las comunidades puedan discernir críticamente los proyectos que afectan sus territorios. De fondo, advierte, está una cuestión política ineludible: <strong>“no hay cómo garantizar el cuidado de la casa común con una democracia fragilizada”</strong>. En América Latina, hablar de cambio climático y ecología integral es hablar de justicia y fortalecimiento democrático. Porque —como recuerda Laudato si’— <em>todo está interconectado.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Cuando la democracia se juega en el territorio</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Si, como advertía Luiz Felipe Lacerda, no hay justicia socioambiental posible sin democracias vivas y sin un seguimiento real de los compromisos asumidos, esa afirmación adquiere cuerpo y urgencia cuando se escucha a quienes habitan los territorios más afectados. En la COP30, esa conexión entre política global y vida cotidiana estuvo presente en la voz de Patricia Gualinga, lideresa indígena ecuatoriana y vicepresidenta de la Conferencia Eclesial de la Amazonía (CEAMA), para quien el debate climático no es abstracto ni técnico: es una cuestión de supervivencia.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" width="958" height="559" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/patricia.jpg" alt="" class="wp-image-4495" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/patricia.jpg 958w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/patricia-500x292.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/patricia-768x448.jpg 768w" sizes="(max-width: 958px) 100vw, 958px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Desde Belém, Gualinga puso palabras a lo que muchas comunidades amazónicas vienen denunciando desde hace décadas: la participación indígena sigue siendo, en muchos casos, más simbólica que vinculante. Aunque reconoce avances en el reconocimiento de derechos y en la visibilidad de las demandas históricas, su balance es crítico. “No fue una COP indígena —señala—. Fue una COP en territorio indígena”. La diferencia no es menor: mientras las decisiones continúen concentradas lejos de quienes viven las consecuencias del colapso climático, los acuerdos seguirán siendo frágiles.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"> “No fue una COP indígena —señala—. Fue una COP en territorio indígena.”</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">En ese escenario, el papel de la Iglesia —y particularmente de la CEAMA— aparece como un factor clave de articulación. Para Gualinga, la presencia eclesial permitió que las voces de los pueblos no quedaran aisladas en la Cumbre de los Pueblos, sino que dialogaran, tensionaran y acompañaran los espacios oficiales. “No es lo mismo que lo diga solo un movimiento social, a que lo diga también un cardenal”, explica, subrayando cómo esa alianza amplificó un mensaje común: la crisis climática es inseparable de la justicia, de los derechos y de la defensa de la vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así, lo que Lacerda plantea como un desafío estratégico —bajar los grandes acuerdos a los territorios, fortalecer la participación y sostener el monitoreo en el tiempo— encuentra en la voz de Patricia Gualinga su rostro más concreto. Porque, como ella misma recuerda, no habrá transición justa ni democracia ambiental posible mientras los pueblos indígenas sigan siendo invitados a la mesa, pero no parte real de las decisiones.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="618" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/Gualinga-COP30-lideresas-indigenas-©CEAMA-e1763487440136-1024x618.jpg" alt="" class="wp-image-4496" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/Gualinga-COP30-lideresas-indigenas-©CEAMA-e1763487440136-1024x618.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/Gualinga-COP30-lideresas-indigenas-©CEAMA-e1763487440136-500x302.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/Gualinga-COP30-lideresas-indigenas-©CEAMA-e1763487440136-768x463.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/Gualinga-COP30-lideresas-indigenas-©CEAMA-e1763487440136.jpg 1200w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Donde la fe se vuelve camino: sembrar esperanza más allá de la COP</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Si la COP30 dejó una certeza para la Compañía de Jesús, es que la incidencia no se mide solo en párrafos de un documento final ni en declaraciones oficiales. Se juega, más bien, en los márgenes: en los espacios paralelos, en la zona verde, en los encuentros cara a cara donde la sociedad civil, los pueblos indígenas, los jóvenes y las comunidades de fe construyen alianzas, tejen confianzas y sostienen procesos a largo plazo. Son esas —como decía Roberto Jaramillo— las “otras COP”, las que no siempre ocupan titulares, pero donde germinan los cambios más profundos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde ese lugar habla Daniela Alba, coordinadora de incidencia del Secretariado para la Justicia Social y la Ecología, quien vivió esta COP no solo como un evento diplomático, sino como un ejercicio de discernimiento espiritual y político. Para ella, la participación jesuita en Belém estuvo marcada menos por expectativas de impacto inmediato y más por una actitud de escucha y aprendizaje. “La fe es algo que conlleva acción”, afirma, pero esa acción —insiste— no comienza en las salas de negociación, sino en el territorio, allí donde las comunidades viven a diario las consecuencias de la crisis climática.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="650" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/danielaalbaaaa-1024x650.jpg" alt="" class="wp-image-4497" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/danielaalbaaaa-1024x650.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/danielaalbaaaa-500x317.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/danielaalbaaaa-768x488.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/danielaalbaaaa-1536x975.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/danielaalbaaaa-2048x1300.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">En la COP, explica, la Compañía no ocupó asientos en las mesas de negociación, pero sí llevó consigo voces que rara vez son escuchadas: jóvenes, lideresas indígenas, comunidades acompañadas por obras jesuitas en distintas partes del mundo. Esa fue, quizá, la diferencia más clara de esta presencia: no hablar en nombre de, sino caminar con. “Aprendiendo, escuchando y acompañando el territorio”, resume Alba, consciente de que los procesos reales no se imponen desde arriba ni se resuelven en dos semanas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su reflexión va más allá de lo estratégico. Hay, en sus palabras, un llamado a reconocer también la propia pobreza: la distancia entre el discurso y las prácticas, entre el saber acumulado y la conversión cotidiana. En ese sentido, la COP se vuelve espejo incómodo y, a la vez, oportunidad. Un espacio donde la espiritualidad ignaciana se traduce en examen, humildad y compromiso sostenido. Porque —como recuerda— los cambios verdaderamente transformadores no son rápidos ni espectaculares: crecen lento, como semillas cuidadas en común.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al final, la apuesta es clara y exigente: no reducir la COP a un evento, sino asumirla como proceso; no delegar la justicia climática a los gobiernos, sino sostenerla desde la sociedad civil organizada; no separar fe y política, sino entender que, en América Latina, hablar de ecología integral es hablar de justicia, de democracia y de vida digna. “Hay más trabajo que vida”, repite a menudo Roberto Jaramillo. Y quizá ahí esté la clave de este camino compartido: <strong>seguir, paso a paso, sin llegar tarde otra vez, sembrando hoy lo que otros —mañana— tendrán que cuidar.</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" width="900" height="600" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/mujeres-y-un-hombre-celebrando-una-resolucion.jpg" alt="Mujeres y un hombre celebrando una resolución en una reunión" class="wp-image-4710" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/mujeres-y-un-hombre-celebrando-una-resolucion.jpg 900w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/mujeres-y-un-hombre-celebrando-una-resolucion-500x333.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/mujeres-y-un-hombre-celebrando-una-resolucion-768x512.jpg 768w" sizes="(max-width: 900px) 100vw, 900px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><em>La COP termina. Los procesos continúan. Y, como recuerdan quienes caminaron Belém desde la fe y el territorio, la justicia climática no se negocia solo en documentos: se construye, paso a paso, allí donde la vida está en juego.</em></p>
<div class='heateorSssClear'></div><div  class='heateor_sss_sharing_container heateor_sss_horizontal_sharing' data-heateor-sss-href='https://intercambio.pe/entre-la-fe-y-la-tierra-cop30/'><div class='heateor_sss_sharing_title' style="font-weight:bold" >Compartir en:</div><div class="heateor_sss_sharing_ul"><a aria-label="Facebook" class="heateor_sss_facebook" href="https://www.facebook.com/sharer/sharer.php?u=https%3A%2F%2Fintercambio.pe%2Fentre-la-fe-y-la-tierra-cop30%2F" title="Facebook" rel="nofollow noopener" target="_blank" style="font-size:32px!important;box-shadow:none;display:inline-block;vertical-align:middle"><span class="heateor_sss_svg" style="background-color:#0765FE;width:35px;height:35px;display:inline-block;opacity:1;float:left;font-size:32px;box-shadow:none;display:inline-block;font-size:16px;padding:0 4px;vertical-align:middle;background-repeat:repeat;overflow:hidden;padding:0;cursor:pointer;box-sizing:content-box"><svg style="display:block;" focusable="false" 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			</item>
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		<title>La convivencia en la escuela, la gran ausente</title>
		<link>https://intercambio.pe/la-convivencia-en-la-escuela-la-gran-ausente/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[uaisdtrmc]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 13 Jun 2018 03:27:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[Artículo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La primera década del milenio, en forma brusca, nos puso de cara a un desconocido problema de violencia en la escuela, o cuanto menos poco conocido hasta entonces. No hubo respuestas orgánicas de las autoridades educativas ni de ninguna otra índole, lo que significaba que el acoso entre iguales o bullying tenía ya patente de [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-full is-resized"><img decoding="async" width="784" height="501" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2024/04/No-al-bullying.jpg" alt="" class="wp-image-3549" style="width:430px" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2024/04/No-al-bullying.jpg 784w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2024/04/No-al-bullying-300x192.jpg 300w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2024/04/No-al-bullying-768x491.jpg 768w" sizes="(max-width: 784px) 100vw, 784px" /></figure>
</div>


<p class="wp-block-paragraph">La primera década del milenio, en forma brusca, nos puso de cara a un desconocido problema de violencia en la escuela, o cuanto menos poco conocido hasta entonces. No hubo respuestas orgánicas de las autoridades educativas ni de ninguna otra índole, lo que significaba que el acoso entre iguales o <em>bullying</em> tenía ya patente de impunidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En junio del 2011 se promulga la Ley 29719 (Ley que promueve la convivencia sin violencia en las Instituciones Educativas) y un año más tarde se aprueba su Reglamento, cuyos contenidos reconocían la existencia del <em>bullying</em> y sus variantes, señalaba las responsabilidades de las autoridades educativas y padres de familia ante este fenómeno y disponía la organización de un comité de convivencia que asumiera las necesarias acciones de intervención y prevención de la violencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Cuánto ha cambiado el panorama de inseguridad de las Instituciones Educativas (IE) a partir de la aprobación de las aludidas normas legales? Es un asunto que sigue pendiente en la agenda del MINEDU y necesita ser rescatado en aras de la reclamada cultura de paz que siempre se invoca.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Cuál es el verdadero problema?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El mayor énfasis se ha puesto siempre en la violencia, en cómo controlarla o erradicarla, y los resultados revelan que las medidas represivas y sancionadoras, al no ser pedagógicas, fracasan. La pasividad, ante la disrupción de los estudiantes en las IE, deviene en tolerancia a los excesos relacionales y la violencia. La violencia normativa y la pasividad, entonces, que son las “estrategias” elegidas ante el <em>bullying</em> y otras formas de violencia en la escuela, no han alcanzado los resultados esperados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El <em>bullying</em> no es una <strong>situación</strong> más de violencia en la escuela, no es expresión de una coyuntura que no se sabe resolver adecuadamente por la intemperancia ocasional de una o ambas partes, no. El <em>bullying</em> es una <strong>relación</strong> de violencia; por eso, algunas de sus más importantes características es la durabilidad en el tiempo y la situación de inseguridad y vulnerabilidad que experimenta la víctima, aun cuando el agresor se encuentre ausente<a href="#_ftn1" id="_ftnref1">[1]</a>.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-full is-resized"><img decoding="async" width="509" height="783" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2024/04/Mapa-casos-violencia-escolar-1-1.jpg" alt="" class="wp-image-3548" style="width:430px" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2024/04/Mapa-casos-violencia-escolar-1-1.jpg 509w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2024/04/Mapa-casos-violencia-escolar-1-1-195x300.jpg 195w" sizes="(max-width: 509px) 100vw, 509px" /></figure>
</div>


<p class="wp-block-paragraph">Abordar la convivencia es un tema complejo en las políticas de las IE, en procura de un clima escolar de bienestar y seguridad: es educar a las personas para una ciudadanía crítica, reflexiva y con valores. Interesarnos únicamente en la violencia es priorizar las medidas que controlen y repriman conductas y estilos relacionales definidos como violencia, mientras que interesarnos en la convivencia democrática en la escuela equivale a centrarse en aprendizajes de conocimientos y competencias para el logro de estilos de relación interpersonal, capaces de proveer bienestar personal y social en todos los individuos de la comunidad educativa; es decir, es caminar en dirección de la conquista de calidad de vida para la vida y la cultura de paz.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La convivencia democrática</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El Reglamento de la Ley 29719 es puntual cuando se refiere a la convivencia democrática, y afirma que el programa de convivencia a ejecutarse debe contar con la participación de los estudiantes<a href="#_ftn2" id="_ftnref2">[2]</a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aprobado el Reglamento, las IE quedaban expeditas para iniciar la construcción formal de los comités de convivencia preceptuados en la norma, y con ello mejorar el clima institucional de los colegios. La pertinencia de su aplicación cobraba mayor significación porque su objetivo consiste precisamente en crear condiciones personales y sociales para que la escuela se convierta en un espacio de bienestar y calidad de vida para todos los miembros de la comunidad educativa, bajo cuyas condiciones, los demás aprendizajes se cualificarían poderosamente. Por cierto, que la convivencia también ayudaría a desacelerar las diversas modalidades de violencia y el <em>bullying</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No existe evidencia de que la presencia de organismos como los Policías, Fiscales o Jueces Escolares, que han sido implementados pretextando mejorar el orden y la disciplina en la escuela, haya sido beneficioso para la promoción de la convivencia democrática en las IE. Tememos más bien que estos organismos perpetúan la relación poder-sumisión y la no participación de los estudiantes en las actividades escolares.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La delegación de tareas y responsabilidades en estudiantes de los últimos años, con algunos reconocimientos académicos, no significa que ellos cuenten con el conocimiento y las habilidades requeridas para atender un complejísimo problema social que ha echado raíces en el aula. Estas supuestas políticas de pacificación escolar, impuestas desde fuera de las IE, expresan una modalidad de violencia contra los estudiantes que se constituyen en reales interferentes de la convivencia democrática.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La convivencia democrática participativa</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La convivencia democrática participativa la definimos como la construcción de un orden en donde intervienen todos los miembros de la comunidad educativa, mediante la cual se materializa en forma concreta una realidad basada en relaciones de equidad y de respeto, fundadas en el diálogo, la solidaridad, el respeto a los derechos de las personas y la resolución de los conflictos en forma pacífica y creativa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo más importante en este tipo de convivencia es que el alumnado abandona su condición pasiva y dependiente para asumir el necesario protagonismo en la toma de decisiones de una vida democrática, que se despega en el centro educativo. De este modo, los estudiantes se transforman, desde las aulas, en ciudadanos activos en el espacio público que es la escuela y no devienen en proyecto de ser ciudadanos de segunda clase en el futuro, como lo son hasta ahora.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para la teoría de la praxis, nos dice Murueta<a href="#_ftn3" id="_ftnref3">[3]</a>, lo importante es incidir propositivamente en el cambio de la sociedad como parte esencial del proceso educativo. No se trata de aprender lo dado, sino que los equipos de alumnos y maestros aprendan actuando sobre la sociedad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La convivencia democrática participativa será fruto de nuevos y reveladores estilos de vida en la escuela, donde la enseñanza no se funda más en la trasmisión de saberes sino basados en lo que Delors denominaba saber hacer, para lo cual se requiere aprender habilidades y capacidades a través de la praxis<a href="#_ftn4" id="_ftnref4">[4]</a>. Como también lo destaca Puig Rovira: la escuela no debe preparar para la democracia sino debe ser democrática, con la participación real del alumnado y del conjunto de la comunidad educativa<a href="#_ftn5" id="_ftnref5">[5]</a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Qué hacer para que la convivencia democrática participativa, con la praxis como metodología de transformación, sea realidad? Una de las más valiosas herramientas en este tránsito de democratización relacional en la escuela es la formalización de las asambleas de aula. La asamblea de aula es considerada una herramienta de mucho valor para desarrollar las habilidades comunicativas de los niños para exponer ideas, confrontarlas con sus compañeros y arribar a conclusiones y acuerdos que deben ser aceptados y respetados por todos.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-full"><img decoding="async" width="478" height="572" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2024/04/Cuadro-casos-violencia-escolar-1.jpg" alt="" class="wp-image-3550" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2024/04/Cuadro-casos-violencia-escolar-1.jpg 478w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2024/04/Cuadro-casos-violencia-escolar-1-251x300.jpg 251w" sizes="(max-width: 478px) 100vw, 478px" /></figure>
</div>


<p class="wp-block-paragraph">La asamblea se convierte en un foro donde los estudiantes dialogan sobre temas que los afectan en forma directa o indirecta, y basados en esa dinámica van construyendo sus aprendizajes y acuerdos en forma colaborativa y consensuada. Como nunca antes en la escuela, los estudiantes pueden expresar libremente sus ideas y puntos de vista, cotejarlos y debatirlos con la de otros compañeros, gracias a lo cual van aprendiendo a recomponer o reformular sus ideas originales, aceptando y reconociendo el valor de otros puntos de vista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que acabamos de exponer, aceptar sugerencias y propuestas de los otros, no quiere decir que esa sea la única buena referencia de la democracia que se gesta entre los estudiantes. Las implicancias son mucho más profundas que la mera decisión cuantitativa, ya que aceptar las ideas de los otros les está enseñando que la suma de aportes es la mejor de las actitudes en la construcción del conocimiento y de las realizaciones del grupo: aprendizaje colaborativo, respeto a las opiniones de los otros, valoración de la participación, solidaridad, autoestima, empatía, amistad, gestión y resolución de conflictos, aprender a dialogar y a discrepar, son otros aprendizajes que debemos destacar en la asamblea de aula.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La asamblea de aula contribuye a la mejora del clima institucional de la escuela y la integración y cohesión de todos sus miembros. Los acuerdos pactados laboriosamente desde abajo, en el debate de todos los estudiantes en sus asambleas de aula, conectando las demandas académicas con las necesidades sociales de la vida, son las que proporcionan una novedosa vitalidad a la institución porque la escuela está dejando de ser un armatoste de reproducción de la parálisis social y cultural para transformarse en un hervidero de ideas y de vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref1" id="_ftn1">[1]</a> CAROZZO, Julio Cesar (2017) <em>La nueva Triada del Bullying</em>. Fondo Editorial del Observatorio sobre la Violencia y Convivencia en la Escuela. Versión Virtual.<br><a href="#_ftnref2" id="_ftn2">[2]</a> Decreto Supremo Nº 010-2012-ED, y el Reglamento de la Ley 29719, artículos 6 y 10.<br><a href="#_ftnref3" id="_ftn3">[3]</a> MURUETA, Marco Eduardo (2014) <em>Psicología. Teoría de la Praxis</em>. 2 Tomos. Asociación Mexicana de Alternativas en Psicología, A.A. México.<br><a href="#_ftnref4" id="_ftn4">[4]</a> DELORS, Jaques (1996) <em>La educación encierra un tesoro</em>. UNESCO.<br><a href="#_ftnref5" id="_ftn5">[5]</a> PUIG ROVIRA, Josep (1996) «La escuela, comunidad participativa». <em>Cuadernos de Pedagogía Nº 253</em>. Recuperado en <a href="http://cvonline.uaeh.edu.mx/Cursos/Lic_virt/LITE/DITE028/Unidad_1/Lec_1.5b_Democracia_la%20escuela_Comunidad_participativa.pdf">http://cvonline.uaeh.edu.mx/Cursos/Lic_virt/LITE/DITE028/Unidad_1/Lec_1.5b_Democracia_la%20escuela_Comunidad_participativa.pdf</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Invierno 2018</em></p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Julio César Carozzo Campos</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Fundador y presidente del Observatorio sobre la Violencia y Convivencia en la Escuela.</p>
<div class='heateorSssClear'></div><div  class='heateor_sss_sharing_container heateor_sss_horizontal_sharing' data-heateor-sss-href='https://intercambio.pe/la-convivencia-en-la-escuela-la-gran-ausente/'><div class='heateor_sss_sharing_title' style="font-weight:bold" >Compartir en:</div><div class="heateor_sss_sharing_ul"><a aria-label="Facebook" class="heateor_sss_facebook" href="https://www.facebook.com/sharer/sharer.php?u=https%3A%2F%2Fintercambio.pe%2Fla-convivencia-en-la-escuela-la-gran-ausente%2F" title="Facebook" rel="nofollow noopener" target="_blank" style="font-size:32px!important;box-shadow:none;display:inline-block;vertical-align:middle"><span class="heateor_sss_svg" style="background-color:#0765FE;width:35px;height:35px;display:inline-block;opacity:1;float:left;font-size:32px;box-shadow:none;display:inline-block;font-size:16px;padding:0 4px;vertical-align:middle;background-repeat:repeat;overflow:hidden;padding:0;cursor:pointer;box-sizing:content-box"><svg 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		<title>¡Bienvenidos a nuestra web!</title>
		<link>https://intercambio.pe/bienvenidos-a-nuestra-web/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[uaisdtrmc]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 31 Dec 2016 02:10:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[Artículo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Estimados amigos: Hoy lanzamos&#160;intercambio.pe&#160;la web de INTERCAMBIO, revista del Apostolado Social de los Jesuitas en el Perú, con el propósito de ofrecerles una mejor accesibilidad y una mayor difusión. INTERCAMBIO tiene 8 años buscando incentivar, cada vez más, el debate y la reflexión sobre temas de interés nacional e internacional. Esperamos sea de su agrado.Gracias [&#8230;]</p>
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<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" width="1024" height="634" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2024/04/portada-3-1024x634.jpg" alt="" class="wp-image-3502" style="width:430px" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2024/04/portada-3-1024x634.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2024/04/portada-3-300x186.jpg 300w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2024/04/portada-3-768x475.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2024/04/portada-3.jpg 1373w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>
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<p class="wp-block-paragraph">Estimados amigos: Hoy lanzamos&nbsp;<strong><a href="http://intercambio.pe">intercambio.pe</a></strong>&nbsp;la web de INTERCAMBIO, revista del Apostolado Social de los Jesuitas en el Perú, con el propósito de ofrecerles una mejor accesibilidad y una mayor difusión. INTERCAMBIO tiene 8 años buscando incentivar, cada vez más, el debate y la reflexión sobre temas de interés nacional e internacional. Esperamos sea de su agrado.<br>Gracias por seguirnos.</p>
<div class='heateorSssClear'></div><div  class='heateor_sss_sharing_container heateor_sss_horizontal_sharing' data-heateor-sss-href='https://intercambio.pe/bienvenidos-a-nuestra-web/'><div class='heateor_sss_sharing_title' style="font-weight:bold" >Compartir en:</div><div class="heateor_sss_sharing_ul"><a aria-label="Facebook" class="heateor_sss_facebook" href="https://www.facebook.com/sharer/sharer.php?u=https%3A%2F%2Fintercambio.pe%2Fbienvenidos-a-nuestra-web%2F" title="Facebook" rel="nofollow noopener" target="_blank" style="font-size:32px!important;box-shadow:none;display:inline-block;vertical-align:middle"><span class="heateor_sss_svg" style="background-color:#0765FE;width:35px;height:35px;display:inline-block;opacity:1;float:left;font-size:32px;box-shadow:none;display:inline-block;font-size:16px;padding:0 4px;vertical-align:middle;background-repeat:repeat;overflow:hidden;padding:0;cursor:pointer;box-sizing:content-box"><svg style="display:block;" focusable="false" 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