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	<title>Opinión archivos - Intercambio - Revista Jesuita de Cultura Social</title>
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	<description>Intercambio es la revista de cultura social de la Compañía de Jesús en el Perú, una publicación trimestral que busca promover la reflexión y el diálogo en torno a los temas que marcan la vida social del país, desde la perspectiva de la experiencia cristiana.</description>
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	<title>Opinión archivos - Intercambio - Revista Jesuita de Cultura Social</title>
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		<title>El camino que me enseñó a mirar</title>
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		<dc:creator><![CDATA[uaisdtrmc]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 12 Mar 2026 22:13:13 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Donde todo comenzó a ordenarse Crónica de la vigésima edición del Camino Ignaciano: fe, comunidad y el descubrir a Dios en todas las cosas ¿Dónde encontrar hoy la fe? No como consuelo rápido ni como respuesta prefabricada, sino como experiencia viva, capaz de sostener la existencia en medio de un mundo fragmentado. Vivimos en una [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><em><strong>Donde todo comenzó a ordenarse</strong></em></p>



<p><em>Crónica de la vigésima edición del Camino Ignaciano: fe, comunidad y el descubrir a Dios en todas las cosas</em></p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="900" height="600" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/grupo-de-jovenes-mujeres-hombres-caminando-juntos-con-un-rio-de-fondo.jpg" alt="Grupo de mujeres y hombres jovenes caminando juntos en dirección a un río" class="wp-image-4706" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/grupo-de-jovenes-mujeres-hombres-caminando-juntos-con-un-rio-de-fondo.jpg 900w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/grupo-de-jovenes-mujeres-hombres-caminando-juntos-con-un-rio-de-fondo-500x333.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/grupo-de-jovenes-mujeres-hombres-caminando-juntos-con-un-rio-de-fondo-768x512.jpg 768w" sizes="(max-width: 900px) 100vw, 900px" /></figure>



<p><strong><em>¿Dónde encontrar hoy la fe?</em></strong></p>



<p>No como consuelo rápido ni como respuesta prefabricada, sino como experiencia viva, capaz de sostener la existencia en medio de un mundo fragmentado. Vivimos en una época marcada por el individualismo, la desconfianza en las instituciones, la normalización de la corrupción y una sensación persistente de incertidumbre, especialmente entre los jóvenes. El futuro no se presenta como promesa, sino como pregunta. Y ante ese escenario, la espiritualidad —cuando no es reducida a mercancía o eslogan— parece desplazada, sospechosa o simplemente irrelevante.</p>



<p>Sin embargo, la pregunta por el sentido no desaparece. Cambia de forma, se esconde, se posterga, pero insiste. Viktor Frankl lo formuló con claridad después de atravesar el horror: “<em>El hombre puede soportar casi cualquier cómo, si encuentra un porqué</em>”. Tal vez no se trata tanto de encontrar respuestas inmediatas, sino de aprender a habitar la búsqueda sin anestesiarla.</p>



<p>Llegué a la vigésima edición del Camino Ignaciano con muchas preguntas, pero sin la expectativa de resolverlas. No vine a buscar respuestas claras, ni certezas doctrinales, ni una experiencia extraordinaria que pudiera ser contada luego con épica. Vine —aunque entonces no lo sabía del todo— dispuesto a escuchar. <em>Déjate sorprender </em>fue la frase que marcó el inicio del camino y que, sin saberlo aún, atravesaría toda la experiencia. Eso intenté hacer: dejarme sorprender.</p>



<p><em>“Déjate sorprender”,</em> repetían los acompañantes. Lo decía el padre Julio, lo decían los gestos más que las palabras, lo encarnaba cada persona que fue llegando ese viernes 2 de enero a la Iglesia de la Compañía de Jesús, en la Plaza Mayor del Cusco, para iniciar la travesía. Jóvenes de distintos lugares, historias diversas, con mochilas cargadas no solo de ropa y cuadernos, sino también de expectativas, cansancios, búsquedas y silencios.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="683" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft0001-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-4517" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft0001-1024x683.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft0001-500x333.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft0001-768x512.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft0001-1536x1024.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft0001-2048x1365.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>Había llegado con la idea de participar como reportero, como escritor, incluso como editor de esta revista. Pero apenas cruzamos el umbral, todos fuimos nombrados de la misma manera: <em>caminantes</em>. Ese bautismo sencillo, casi inadvertido, fue también una renuncia. Ese día dejé de ser periodista para volverme caminante del Camino Ignaciano. Y, con ello, acepté —no sin resistencias— la invitación a dejarme sorprender.</p>



<p>El cielo de la Plaza Mayor nos recibía con un celeste limpio, casi transparente. Aunque era verano, la tarde cusqueña se hacía sentir con su frío seco; el sol, alto todavía, parecía jugar a esconderse entre las nubes, iluminando por momentos las fachadas y luego retirándose con discreción. Eran las 3:15 de la tarde. Frente a la Iglesia, mochilas alineadas en el suelo y pequeños grupos conversando marcaban el inicio de algo que aún no sabíamos nombrar. Allí, entre piedra, historia y espera, comenzó el camino.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="683" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft1-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-4515" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft1-1024x683.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft1-500x333.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft1-768x512.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft1-1536x1024.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft1-2048x1365.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>Frente a la Iglesia, mochilas alineadas en el suelo y pequeños grupos conversando marcaban el inicio de algo que aún no sabíamos nombrar. Allí, entre piedra, historia y espera, comenzó el camino.</p>
</blockquote>



<p></p>



<p><strong>Capítulo I</strong></p>



<p><strong>Volver a uno mismo</strong></p>



<p><strong><em>El cansancio, la mochila y las preguntas que evitamos</em></strong></p>



<p>La vida en la ciudad nos arrastra a una velocidad que no deja espacio para detenernos. Entre horarios, responsabilidades y expectativas ajenas, postergamos las preguntas más íntimas: de dónde venimos, qué nos ha marcado, qué heridas aún caminan con nosotros. Vivimos rodeados de conversaciones pendientes —con nuestra historia, con quienes fuimos, con quienes somos—, pero rara vez encontramos el silencio necesario para escucharlas. Creemos conocernos, o tememos descubrir cuánto nos desconocemos, y seguimos avanzando, acumulando respuestas rápidas para preguntas que nunca nos atrevemos a habitar. Por eso, al iniciar el Camino, una inquietud comenzó a abrirse paso dentro de mí, con la claridad de lo inevitable: tal vez había llegado, por fin, el momento de sentarme conmigo mismo y escuchar.</p>



<p>Éramos veintinueve caminantes —hombres y mujeres— cuando partimos rumbo a Urcos para iniciar, o tal vez reencontrar, nuestro camino. Sin saberlo, en ese trayecto también empezábamos a tejer una comunidad hondamente humana. La llegada a Wasinchis, la casa de retiro que sería nuestro hogar, quedó grabada como una escena suspendida en la penumbra: el auditorio a oscuras, un pequeño altar al centro iluminado por velas, una Biblia abierta y una frase escrita a mano que parecía dirigida a cada uno: <em>“Vengan a mí todos los que estén cansados”</em>. Y yo lo estaba. No sabía exactamente de qué, pero lo estaba. Todos entramos con mochilas grandes, visibles, y con otras invisibles que pesaban mucho más.</p>



<p>No traíamos solo ropa y cuadernos; traíamos historias, culpas, silencios, expectativas. Aún no podía nombrar qué me pesaba, pero sí sabía que quería aligerarlo. <em>“¿Qué llevo conmigo? ¿Qué peso innecesario sigo cargando?”</em>, me preguntaba. Entendí entonces que el Taller de Autoconocimiento no prometía respuestas rápidas, sino algo más exigente: mirarse sin atajos. Así comenzó oficialmente el Camino Ignaciano. Y, sin saberlo, ese primer gesto de honestidad marcaría el tono de todo lo que vendría después.</p>



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<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>Entendí entonces que el Taller de Autoconocimiento no prometía respuestas rápidas, sino algo más exigente: mirarse sin atajos. Así comenzó oficialmente el Camino Ignaciano.</p>
</blockquote>



<p></p>



<p><strong>Aprender a pedir</strong></p>



<p><strong><em>Luces, sombras y la gracia que ilumina</em></strong></p>



<p>“La espiritualidad ignaciana no se trata de pedir cosas de frente —nos dijo Marcelo, comunicador de la red ESEJOVEN y acompañante del Camino—. Se trata de pedir una gracia que nos ilumine. Disponer el corazón para lo que Dios quiera, no para lo que nosotros esperamos”. Sus palabras quedaron flotando en el aire la mañana del segundo día, como una advertencia silenciosa. Pedir no resultados, sino luz. Pedir no certezas, sino claridad para ver. Mientras sonaba de fondo una canción de U2, la pregunta regresó con una honestidad incómoda: <em>¿qué es eso que he estado buscando durante tanto tiempo y que todavía no encuentro?</em> El Camino Ignaciano no ofrecía respuestas cerradas; proponía un método, una forma de habitar la pregunta.</p>



<p>Guiados por el estudiante jesuita Daniel Lapachelle SJ, los primeros bloques del Taller de Autoconocimiento nos invitaban a reconocer nuestras luces y nuestras sombras, no como un juicio, sino como el primer gesto de verdad hacia uno mismo. En ese ejercicio comencé a verme con menos defensas. No se trataba de explicarnos, sino de sentirnos —como escribió Ignacio de Loyola, <em>“no es el mucho saber lo que satisface al alma, sino el sentir y gustar internamente</em>”. Descubrí que mi seguridad, esa que suelo mostrar como firmeza, era a veces una defensa sutil; una tela delgada para evitar que el juicio ajeno me tocara. El ejercicio me obligó a preguntarme qué ven realmente los otros en mí, qué partes intento ocultar, qué rasgos necesitan ser reconciliados. “<em>Solo identificando nuestras luces y sombras podemos reconocernos y amarnos</em>”, repetía Daniel. Y en esa mezcla de exigencia y gracia comenzó un proceso menos cómodo, pero mucho más verdadero.</p>



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<p>Volver a las raíces fue una parte decisiva del proceso: revisar la historia cultural que nos formó, las costumbres heredadas, las frases de infancia que aún nos habitan sin pedir permiso. En un grupo diverso, proveniente de distintas regiones del país y trayectorias pastorales diferentes, descubrir cómo la cultura moldea identidad resultó revelador: ¿qué raíces nos sostienen y cuáles todavía nos atan? Hacerme esa pregunta fue desconcertante; no sabía con claridad cuál era mi “tierra santa”, si Lima era hogar o apenas escenario. Lo desafiante —y a la vez profundamente enriquecedor— fue que esas reflexiones no se limitaban a la palabra escrita. Muchas veces no se trataba de responder con frases, sino de hacerlo a través del cuerpo y la creatividad: pintando, dibujando, modelando plastilina, armando collages, escribiendo canciones o poemas. En el compartir grupal descubrimos que, al traducir lo que sentíamos en una expresión artística, reflexionábamos con mayor profundidad. Aparecían sentidos que no sabíamos que estaban ahí.</p>



<p>Uno de los ejercicios más reveladores fue escribir nuestra autobiografía. Nos la pidieron desde el primer día y la construimos por etapas, como si aprender a narrarnos fuera también aprender a leernos. Al inicio dudé: soy joven, ¿qué tengo de memorable?, ¿no recuerdo mi infancia o no quiero hacerlo? Pero pronto entendí que no se trataba de escribir para otros, sino de reconocer mi propia historia como un territorio habitado por Dios, presente en gestos mínimos, en decisiones, en silencios. Así como revisábamos nuestra vida, conocíamos también la de san Ignacio de Loyola, no como la de un santo lejano, sino como la de un hombre herido que encontró sentido en su propia ruptura. Esa era la Etapa Loyola: el autoconocimiento como peregrinación interior. Un proceso exigente, que implicó desmontar máscaras, confrontar luces y sombras, revisar vínculos, el cuerpo, la fe, y comprender, finalmente, que Dios no solo habita en lo que vendrá, sino también en todo aquello que ya fue. “<em>Buscar y hallar a Dios en todas las cosas</em>”, como proponía Ignacio, implicaba también buscarlo en la propia historia.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="683" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft4-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-4522" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft4-1024x683.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft4-500x333.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft4-768x512.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft4-1536x1024.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft4-2048x1365.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>En el compartir grupal descubrimos que, al traducir lo que sentíamos en una expresión artística, reflexionábamos con mayor profundidad. Aparecían sentidos que no sabíamos que estaban ahí.</p>
</blockquote>



<p>Así transcurrieron los primeros días del Camino: jornadas que comenzaban a las siete y media de la mañana y se extendían hasta pasadas las diez de la noche. Para el cuarto día ya me había acostumbrado —más o menos— a la cama incómoda y corta, de la que se me salían los pies. Dormía mejor. Las mañanas secas y frías, con ese sol cusqueño que quema sin avisar, empezaron a sentirse más acogedoras. Incluso compartir habitación con todos los hombres, una de mis primeras grandes incomodidades, terminó tejiendo una comunidad inesperada: bromas, chapas, conversaciones nocturnas que empezaban antes de los talleres y no tenían hora de cierre.</p>



<p>El quinto día, coincidiendo con la bajada de Reyes, dejamos atrás la Etapa Loyola para entrar en la Etapa Manresa. Comenzaban los talleres de oración y los Ejercicios Espirituales. El camino, lentamente, empezaba a profundizarse.</p>



<p></p>



<p><strong>Aprender a escuchar</strong></p>



<p><strong><em>Oración, discernimiento y la intimidad de un Dios que se deja encontrar</em></strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="683" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft5-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-4523" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft5-1024x683.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft5-500x333.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft5-768x512.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft5-1536x1024.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft5-2048x1365.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p><em>“La conexión con Dios es única e irrepetible, así como nuestra historia con Él también lo es”</em>, nos dijo el padre Julio Hurtado SJ al inicio de esta nueva etapa. Lo dijo sin grandilocuencia, casi como quien recuerda algo evidente. Pero en el contexto del Camino, esa afirmación tenía peso: nadie podía rezar por otro; nadie podía vivir la experiencia espiritual en nombre ajeno. Cada encuentro sería personal, intransferible.</p>



<p>Había hecho Ejercicios Espirituales antes, conocía el método y sus silencios, pero esta vez era distinto: llegaban después de haberme enfrentado a mí mismo. Ya no buscaba entender el método, sino dejar que el método me entendiera a mí. Si la primera etapa fue mirarme por dentro, esta era aprender a mirar con Él. Los talleres de oración comenzaron por lo esencial: disponer el cuerpo, respirar, soltar la tensión que la ciudad nos había enseñado a cargar, aprender a detenernos. Descubrí entonces que la oración no empieza cuando hablamos, sino cuando hacemos silencio, porque muchas veces no es que Dios no hable, sino que nosotros no escuchamos. Ignacio lo entendía como un diálogo, “<em>como un amigo habla con su amigo</em>”: una conversación sincera, sin fórmulas ni máscaras, donde uno se presenta tal como es y, en ese acto simple y radical, aprende también a escuchar.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="683" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft6-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-4524" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft6-1024x683.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft6-500x333.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft6-768x512.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft6-1536x1024.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft6-2048x1365.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>Descubrí que la oración no empieza cuando hablamos, sino cuando hacemos silencio, porque muchas veces no es que Dios no hable, sino que nosotros no escuchamos.</p>
</blockquote>



<p>Uno de los ejercicios más reveladores fue desmontar las imágenes falsas de Dios que habíamos cargado durante años. En pequeños sketches representamos esas caricaturas invisibles: a mi grupo le tocó el “Dios negociador”, y entre risas incómodas encarnamos una fe convertida en transacción. Otros mostraron al Dios castigador, al indiferente, al lejano. La pregunta quedó suspendida en el aire: ¿con cuál de ellos he rezado? Frente a esas distorsiones emergió con fuerza el Dios de Jesús: cercano, misericordioso, sin condiciones. Desde ahí, la oración dejó de ser solo reflexión para volverse experiencia viva. Lo comprendimos también al dramatizar la Última Cena: el auditorio se hizo cenáculo, el pan y el vino circularon entre nosotros, y el Evangelio dejó de ser relato distante para convertirse en presente. La contemplación ignaciana no invita a mirar desde fuera, sino a entrar en la escena hasta que la historia te atraviese.</p>



<p>Pero el camino espiritual no fue una línea recta de certezas. Hubo consolaciones —paz profunda, lágrimas serenas, gratitud inexplicable— y también desolaciones: sequedad, distracción, cansancio interior. Aprendí que ambas forman parte del mismo proceso, que la fe no se mide por la intensidad de lo que se siente, sino por la fidelidad con la que se permanece. Ignacio lo sabía: la consolación ensancha el alma, la desolación la prueba. Y permanecer, aun en medio de esa tensión, era también una forma de aprender a creer.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="683" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft7-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-4525" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft7-1024x683.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft7-500x333.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft7-768x512.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft7-1536x1024.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft7-2048x1365.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>Así concluyeron los talleres de oración. Habíamos aprendido —o al menos comenzado a aprender— a disponernos, a escuchar, a contemplar, a discernir los movimientos interiores. Lo que seguía ya no sería preparación. Sería entrar de lleno en los Ejercicios Espirituales.</p>



<p></p>



<p><strong>El umbral del silencio</strong></p>



<p><strong><em>Todo fue siempre un llamado</em></strong></p>



<p>El sexto día nos recibe soleado. El cielo parecía haberse abierto apenas lo suficiente para dejarnos ver la claridad, como si también él se estuviera preparando para lo que venía. Las nubes acariciaban el sol con una delicadeza que no lo ocultaba, sino que lo volvía más íntimo, más cercano. El viento frío, ese viento constante de Urcos, nos saludaba como un viejo conocido que nunca falta a su cita.</p>



<p>El desayuno, como cada mañana, se volvió un ritual de comunión: en nuestras voces convivían el cansancio y la gratitud de quienes habían atravesado algo difícil de explicar. Sin anunciarlo, dejábamos de ser desconocidos para convertirnos en comunidad, unidos no por la costumbre sino por la búsqueda. En la tarde, Julio nos preparó para cruzar un umbral: comenzaban los Ejercicios Espirituales y, con ellos, un silencio real y exigente. “<em>Este soy yo, Señor. Así vengo</em>.” La frase implicaba despojarse de máscaras. Entonces entendí que el silencio no es vacío, sino revelación: el crujido del pasto, el viento entre las hojas, la lluvia anunciándose antes de caer. Callar era aprender a oír.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="684" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft8-1024x684.jpg" alt="" class="wp-image-4526" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft8-1024x684.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft8-500x334.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft8-768x513.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft8-1536x1027.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft8-2048x1369.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>Allí, en esa quietud, el Principio y Fundamento dejó de ser teoría para volverse experiencia: estamos hechos para amar y servir, y todo —encuentros, pérdidas, heridas— puede conducirnos a Dios. </p>
</blockquote>



<p>Sin horarios que ordenaran el día, el tiempo se abrió como un territorio interior. Solo quedaban algunos puntos de encuentro; lo demás dependía de nosotros y de la decisión de no huir. Fue en esos momentos que encontré refugio en la laguna de Urcos, donde el viento peinaba el paisaje y el agua parecía respirar. Allí, en esa quietud, el Principio y Fundamento dejó de ser teoría para volverse experiencia: estamos hechos para amar y servir, y todo —encuentros, pérdidas, heridas— puede conducirnos a Dios. Comprendí que mi historia no era una suma de episodios aislados, sino una historia acompañada. Él había estado siempre: en mi familia, en los amigos que llegaron y en los que se fueron, en cada paso que, aun sin saberlo, me había traído hasta allí.</p>



<p>“<em>Nosotros amamos porque Él nos amó primero</em>.” (1 Juan 4:19)</p>



<p>Esa frase dejó de ser una cita. Se volvió memoria y evidencia. Yo no había llegado hasta ahí por casualidad. Había sido llamado. Acompañado. Sostenido. Incluso en los momentos en que creí estar solo. Sentado frente a la laguna, entendí que encontrar a Dios no significaba escapar del mundo, sino aprender a verlo en todo. En la materia, en la historia, en los vínculos, en el propio corazón. Y por primera vez, esa idea dejó de ser una enseñanza. Se convirtió en experiencia.</p>



<p>En ese silencio, que al inicio parecía una ausencia, comenzó a revelarse como lo que realmente era: una presencia.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p></p>
</blockquote>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="684" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft9-1024x684.jpg" alt="" class="wp-image-4527" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft9-1024x684.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft9-500x334.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft9-768x513.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft9-1536x1026.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft9-2048x1368.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p></p>



<p><strong>La noche del perdón</strong></p>



<p><strong><em>La salvación no es una meta lejana, sino un regreso</em></strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="684" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft10-1024x684.jpg" alt="" class="wp-image-4528" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft10-1024x684.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft10-500x334.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft10-768x513.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft10-1536x1026.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft10-2048x1368.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>La última noche de los Ejercicios volvimos a la parroquia de Urcos, pero entramos por una puerta lateral, como quien se acerca a un misterio. El templo estaba a oscuras, iluminado solo por velas led que dibujaban sombras largas sobre las paredes; frente a cada uno alumbraba una vela. Era la noche de penitencia. El examen de conciencia no se vivió como juicio, sino como una invitación a mirar la propia fragilidad a la luz del amor. Al fondo, el padre Julio esperaba para quienes quisieran confesarse. Hacía quince años que no me confesaba. Me acerqué con torpeza, cargando culpas y silencios difíciles de ordenar, y entendí pronto que no estaba ante un juez, sino ante un Padre. La absolución cayó como una lluvia suave: no fue solo un rito, sino la experiencia concreta de ser perdonado. Apagué mi vela y salí a la noche; la oscuridad seguía ahí, pero ya no pesaba.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="636" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft11-1024x636.jpg" alt="" class="wp-image-4529" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft11-1024x636.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft11-500x311.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft11-768x477.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft11-1536x955.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft11-2048x1273.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>Los últimos días transcurrieron sin estridencias: cada uno avanzó a su ritmo, sostenido por un silencio que incomodó y reveló a la vez. Hablamos de la salvación no como premio futuro, sino como relación restaurada y libertad interior para ordenar la vida hacia el amor y el servicio. Comprendí que no se trata de huir del mundo, sino de encontrar a Dios en todas las cosas. Cerramos en el templo de Urcos, entre cantos en quechua y una complicidad serena que ya nos unía. Cuando recibimos la polera con el lema “Enviados a las fronteras del mundo”, dejó de ser eslogan para volverse llamado. El padre Julio lo resumió: la misión es la misma, cambian las formas; la buena noticia es que Dios está entre nosotros. Miré por última vez el cielo frío, los cerros y la laguna que guardó mis preguntas. Si la salvación era don, la misión sería respuesta. Y lo que nos esperaba ya no era el silencio. Era la peregrinación.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="684" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft11.1-1024x684.jpg" alt="" class="wp-image-4532" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft11.1-1024x684.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft11.1-500x334.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft11.1-768x513.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft11.1-1536x1026.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft11.1-2048x1368.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>Si la salvación era don, la misión sería respuesta. Y lo que nos esperaba ya no era el silencio. Era la peregrinación.</p>
</blockquote>



<p></p>



<p><strong>Tras las huellas de piedra y el cielo</strong></p>



<p><strong><em>Caminar con los pies heridos y el corazón despierto</em></strong></p>



<p>Antes de la misión, tocaba caminar. No como metáfora, sino con el cuerpo entero expuesto al frío de la madrugada cusqueña, con la mochila marcando los hombros y el aliento acompasado al ritmo del grupo. Era la llamada Etapa París, la peregrinación física que encarna todo lo rezado en silencio, todo lo discernido en soledad. Partimos antes del amanecer, cuando el cielo de Urcos aún dudaba entre la noche y el día, y avanzamos en silencio, escuchando el crujido de nuestras botas sobre la tierra húmeda y el viento descendiendo desde los cerros. Después de la contemplación, venía el polvo del camino; después del recogimiento, el movimiento. El cuerpo aprendía, paso a paso, aquello que el alma apenas comenzaba a comprender.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="684" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft12-1024x684.jpg" alt="" class="wp-image-4530" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft12-1024x684.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft12-500x334.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft12-768x513.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft12-1536x1026.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft12-2048x1369.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>Nuestro recorrido por la ruta del barroco andino nos llevó a templos donde la fe se volvió arte mestizo y catequesis en oro y color. Al cruzar el umbral del Templo de San Pedro Apóstol de Andahuaylillas entendí por qué la llaman la Capilla Sixtina de América: su exterior austero estalla por dentro en frescos, retablos dorados y ángeles suspendidos, como si el cielo hubiera descendido a habitar la tierra. No era turismo, era oración prolongada. Esas iglesias, sobrevivientes de siglos y terremotos, nos recordaban que la fe, cuando se encarna en un pueblo, adopta su lengua y su memoria; y que mientras avanzábamos hacia ellas, también peregrinábamos hacia dentro, hacia ese lugar donde la fe deja de ser idea y se vuelve experiencia.</p>



<p>En lo alto de las montañas de Urcos, con el amanecer encendiendo el cielo y el frío mordiéndonos las manos, pensé en las mochilas invisibles que cada uno cargaba: heridas, decisiones, quiebres que nos habían cambiado el rumbo, como la herida de Ignacio que dio origen a su discernimiento. Caminar removía la historia personal y tejía comunidad: ya no éramos extraños, sino veintinueve caminantes que se habían reconocido en sus fragilidades. La Etapa París evocaba aquel momento en que Ignacio y sus compañeros comprendieron que la misión se discierne juntos. También nosotros lo intuíamos: el Camino nos había entrelazado, y ese lazo no era el final, sino el umbral. Pronto seríamos enviados, no como salvadores, sino como compañeros dispuestos a reconocer a Dios en el rostro concreto del otro, porque el amor que se contempla siempre termina convirtiéndose en misión.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>Después de la contemplación, venía el polvo del camino; después del recogimiento, el movimiento. El cuerpo aprendía, paso a paso, aquello que el alma apenas comenzaba a comprender.</p>
</blockquote>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="684" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft13_2-1024x684.jpg" alt="" class="wp-image-4549" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft13_2-1024x684.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft13_2-500x334.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft13_2-768x513.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft13_2-1536x1026.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft13_2-2048x1368.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>Mientras descendíamos por el camino de tierra, con las montañas abriéndose frente a nosotros y el cielo extendiéndose sin límites, comprendí que peregrinar es aceptar que uno nunca regresa siendo el mismo. Que algo ha cambiado, que algo ha despertado y que el siguiente paso ya no es hacia adentro. Es hacia los demás.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="576" height="1024" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft14-576x1024.jpg" alt="" class="wp-image-4534" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft14-576x1024.jpg 576w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft14-281x500.jpg 281w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft14-768x1365.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft14-864x1536.jpg 864w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft14-1152x2048.jpg 1152w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft14-scaled.jpg 1440w" sizes="(max-width: 576px) 100vw, 576px" /></figure>



<p></p>



<p><strong>Capitulo II</strong></p>



<p><strong>La Misión</strong></p>



<p><strong><em>El Camino deja de ser búsqueda y se convierte en entrega</em></strong></p>



<p>Es domingo, previo a nuestra última semana en el Camino.</p>



<p>Estamos reunidos en el auditorio de Wasinchis, sentados en círculo, como tantas otras veces. Pero esta vez el aire es distinto. Ya no es el silencio introspectivo de los ejercicios espirituales ni la incertidumbre temblorosa de los primeros días. Es otra cosa. Una mezcla de alegría, nerviosismo y una forma nueva de cariño y complicidad que ha empezado a crecer entre nosotros. La comunidad ya no es un concepto: es un latido.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="684" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft15-1024x684.jpg" alt="" class="wp-image-4538" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft15-1024x684.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft15-500x334.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft15-768x513.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft15-1536x1026.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft15-2048x1369.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>En el centro, el padre Julio, laptop encendida, Excel abierto, nombres y destinos listos para ser pronunciados. A sus costados, los acompañantes. Se respira emoción. Y nervios. Empieza Roma, la etapa final.</p>



<p>Van llamando comunidades: París, Jerusalén, Loyola, Pamplona&#8230; Cada nombre es una pequeña historia que comienza. Aplausos. Abrazos. Algunos se miran con sorpresa, otros con alivio. Hasta que escucho con claridad:</p>



<p>—Fabián, Yllari, Danuska, Kimberly y Josef… son la comunidad Montserrat. Irán a Ccoñamuro.</p>



<p>«Ccoñamuro».</p>



<p>La palabra resuena en mí como un eco antiguo. No sé dónde queda. No sé quién vive ahí. No sé qué nos espera, y ni puedo ubicarlo en el mapa. Pero sé que ese es mi lugar. Nos acompañaría Juan Diego, asesor de la Red ESEJOVEN Piura, peregrino antes que nosotros, testigo activo de lo que este Camino puede hacer en una persona. Nos miramos entre los seis. Sonreímos. Sin decirlo, sabemos que algo importante está por comenzar. Esa misma tarde, cada grupo diseñó la bandera que nos acompañaría los días de misión.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" width="746" height="916" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft16.jpg" alt="" class="wp-image-4539" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft16.jpg 746w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft16-407x500.jpg 407w" sizes="(max-width: 746px) 100vw, 746px" /></figure>



<p>Partimos a la mañana siguiente. Salimos de Urcos por una trocha que asciende entre montañas, dejando atrás otras comunidades mientras el paisaje se abre en una inmensidad verde y silenciosa. Llegamos a media mañana y nos recibió Marcelino López, catequista del lugar, con la serenidad de quien ha vivido siempre en diálogo con la tierra. Ccoñamuro, con sus casas de adobe, chacras y cerros guardianes, es una comunidad agrícola de 800 hectáreas, con unas 120 familias donde la vida sigue el ritmo de las cosechas. Nos instalamos en su casa, junto a costales de papas y un gallinero, y salimos a conocer los alrededores: subimos un cerro desde donde, entre la neblina, se adivinaban a lo lejos las siluetas del Cusco. Sentados allí, compartimos expectativas y miedos mientras el viento golpeaba el rostro y un perro desconocido se sumaba silenciosamente a nuestra conversación.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="768" height="1024" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft17-768x1024.jpg" alt="" class="wp-image-4540" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft17-768x1024.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft17-375x500.jpg 375w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft17-1152x1536.jpg 1152w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft17-1536x2048.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft17-scaled.jpg 1920w" sizes="(max-width: 768px) 100vw, 768px" /></figure>



<p>De regreso, almorzamos con Marcelino y escuchamos su historia de vida antes de acompañar a su hijo Milky a pastar las ovejas. Terminamos corriendo tras el rebaño por una pampa abierta, entre risas y tropiezos, en una escena tan simple como profundamente humana. Al caer la noche —rápida y fría en la altura— organizamos con el equipo las actividades para los niños del día siguiente y cerramos la jornada compartiendo lo vivido y rezando por la comunidad que nos había recibido sin condiciones. Acostado sobre el suelo duro, envuelto en el sleeping y escuchando el viento contra las paredes de adobe, entendí algo esencial: la misión no era venir a cambiar este lugar, sino permitir que este lugar empezara a cambiar algo en mí. Y aquello recién comenzaba.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="735" height="1024" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft18-735x1024.jpg" alt="" class="wp-image-4541" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft18-735x1024.jpg 735w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft18-359x500.jpg 359w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft18-768x1070.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft18-1103x1536.jpg 1103w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft18-1470x2048.jpg 1470w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft18.jpg 1790w" sizes="(max-width: 735px) 100vw, 735px" /></figure>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>La misión no era venir a cambiar este lugar, sino permitir que este lugar empezara a cambiar algo en mí. Y aquello recién comenzaba.</p>
</blockquote>



<p></p>



<p><strong>Día 2</strong></p>



<p><strong>Aprender el ritmo de la tierra</strong></p>



<p><strong><em>Donde el cuerpo se cansa, pero el corazón empieza a comprender</em></strong></p>



<p>La segunda mañana en Ccoñamuro empezó antes que el sol. Entre arañas diminutas y pericotes que corrían con naturalidad por el primer piso, recordábamos que nosotros éramos los huéspedes. Dormir en el suelo, sobre cuero y lana de oveja, tenía algo de rústico y honesto. A las seis abrí los ojos sin haber descansado del todo. El frío era punzante, pero en la sierra se aprende a confiar en el sol. </p>



<p>A las ocho llegó el señor Marcelino con un desayuno, para luego partir a cortar pasto para los cuyes. Con hoces, sacos de rafia y una botella de chicha de jora helada, subimos treinta minutos cuesta arriba entre cerros y riachuelos. Marcelino nos enseñó el gesto simple —agarrar desde la raíz, cortar por debajo— y nos dejó trabajando mientras él atendía sus cultivos de papa y olluco. El ritmo del corte se volvió casi meditativo: agarrar, cortar, juntar, repetir. Hasta que llegó la lluvia. Corrimos a guardar el pasto antes de que se mojara y se echara a perder, refugiándonos bajo un techo de tejas donde por un momento solo existieron la lluvia y nuestra respiración agitada.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="679" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft19-1024x679.jpg" alt="" class="wp-image-4542" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft19-1024x679.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft19-500x331.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft19-768x509.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft19-1536x1018.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft19-2048x1357.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>Cuando escampó terminamos el trabajo con las manos adoloridas y la sensación de haber participado, aunque fuera mínimamente, del esfuerzo que sostiene esta comunidad. Marcelino cargó los sacos con una naturalidad que nos dejó en silencio; nosotros apenas logramos avanzar unos metros antes de quedarnos sin aire. Llamó entonces a su hijo Efraín, de catorce años, que apareció en una moto de carga y resolvió lo que para nosotros parecía una hazaña física. El contraste enseñaba sin necesidad de palabras. Almorzamos olluco saltado con atún mientras Marcelino nos hablaba de la vida en la chacra, de los precios en el mercado de Urcos y de lo incierto que puede ser depender del clima.</p>



<p>Por la tarde preparamos el taller con los niños. Mientras esperábamos la llave de la canchita, Ani —sobrina de Marcelino— se acercó a mostrarnos flores y plantas del lugar. Trepó un pequeño muro y nos regaló una flor de tumbo serrano, un “tintín” como le decían ahí. En ese gesto sencillo había una hospitalidad que no necesitaba explicación.</p>



<p>En la cancha nos esperaban Jordy, Joselino, Neymar, Milky, Annita, Ani y Sebastián, que apenas tiene tres años. Jugamos fútbol primero y luego hicimos el taller: les pedimos que dibujaran su comunidad y cómo se veían dentro de ella. En los papeles aparecieron casas de adobe, cerros verdes, flores gigantes y niños jugando. Era un mundo sencillo, pero completo. Cerramos recordándoles que todo eso que aman es un regalo y que Dios también habita ahí.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="881" height="1024" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft20-881x1024.jpg" alt="" class="wp-image-4544" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft20-881x1024.jpg 881w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft20-430x500.jpg 430w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft20-768x893.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft20-1321x1536.jpg 1321w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft20-1761x2048.jpg 1761w" sizes="(max-width: 881px) 100vw, 881px" /></figure>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>La misión no es un evento extraordinario: es entrar, aunque sea por un instante, en la vida ordinaria de otros y dejar que esa vida empiece a transformarte.</p>
</blockquote>



<p>Al anochecer se despidieron corriendo cuesta abajo y, en el camino, jugamos a lanzar piedras a una casa abandonada, tratando de acertar a los huecos de las paredes. Por un momento desaparecieron las distancias: ya no era visitante, era uno más en el juego. La noche volvió rápido. Cenamos una sopa caliente, compartimos lo vivido y rezamos juntos antes de dormir. “Mientras esto es para nosotros solo tres días, para ellos es su realidad”, dijimos en voz alta. Y entendí que la misión no es un evento extraordinario: es entrar, aunque sea por un instante, en la vida ordinaria de otros y dejar que esa vida empiece a transformarte.</p>



<p></p>



<p><strong>Día 3</strong></p>



<p><strong>El cerro resbaloso y el corazón firme</strong></p>



<p><strong><em>La gracia de permanecer</em></strong></p>



<p>El tercer día en Ccoñamuro amaneció bajo una lluvia persistente que golpeaba las tejas como un tambor antiguo. Dormir seguía siendo un desafío, pero ya no un enemigo: la gran manta de lana que compré en el Mercado de San Pedro terminó cubriéndonos a los tres. A las ocho desayunamos lentejas con papa, arroz y un huevo montado —aquí las categorías no importan: todo es alimento, todo es energía— mientras el señor Marcelino nos avisaba que la lluvia impediría arar la papa ese día. Él viajaría a Urcos para un taller de crianza de cuyes y nosotros quedaríamos esperando. La mañana transcurrió entre cartas, conversación y el sonido constante de la lluvia. Al mediodía, cuando la neblina había borrado el horizonte, apareció Ani con el almuerzo —trucha con tallarines y papa— cargando los platos con la naturalidad de quien sabe que aquí todos ayudan. Poco después la lluvia cedió y el cielo empezó a abrirse, como si el día nos concediera una segunda oportunidad.</p>



<p>Subimos nuevamente a la cancha. Nos esperaban Jordy, Neymar, Jeni Mónica, Ani, Anita, Joselino y Milky. Jugamos fútbol, repetimos dinámicas y cerramos con el último taller: “Mi yo del futuro”. En los papeles aparecieron futbolistas llenando estadios, profesoras frente a pizarras, médicos con bata blanca, policías cuidando su comunidad. Había algo profundamente sagrado en esos dibujos. Les dimos galletas y chocolates, y les agradecimos por todo lo compartido. Sabíamos que era nuestro último día. Algunos sonrieron; otros guardaron silencio. No era un adiós definitivo, pero sí un cierre.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="881" height="1024" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft21-881x1024.jpg" alt="" class="wp-image-4545" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft21-881x1024.jpg 881w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft21-430x500.jpg 430w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft21-768x893.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft21-1321x1536.jpg 1321w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft21-1761x2048.jpg 1761w" sizes="(max-width: 881px) 100vw, 881px" /></figure>



<p>Esa misma noche, decidimos subir el cerro una vez más.</p>



<p>Ccoñamuro, nos explicaron, significa “cerro resbaloso”. Esa tarde entendimos por qué. El barro convierte el camino en una prueba de equilibrio. Subimos paso a paso, sujetando ramas, dándonos la mano, advirtiendo cada piedra suelta. La oscuridad cae rápido. Solo nuestras linternas dibujan pequeños círculos de luz sobre el suelo húmedo. Arriba, el frío es intenso. Pero el cielo… el cielo es un espectáculo. Un manto de estrellas se despliega sobre nosotros. A lo lejos, las luces de la ciudad de Cusco brillan como un corazón que late en la distancia. Del otro lado, Ccoñamuro permanece tenue, discreto, pero vivo. La oscuridad no asusta. Abraza. Rezamos ahí mismo.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="893" height="1024" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft22-893x1024.jpg" alt="" class="wp-image-4546" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft22-893x1024.jpg 893w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft22-436x500.jpg 436w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft22-768x881.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft22-1339x1536.jpg 1339w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft22-1786x2048.jpg 1786w" sizes="(max-width: 893px) 100vw, 893px" /></figure>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>A lo lejos, las luces de la ciudad de Cusco brillan como un corazón que late en la distancia. Del otro lado, Ccoñamuro permanece tenue, discreto, pero vivo. La oscuridad no asusta. Abraza. Rezamos ahí mismo.</p>
</blockquote>



<p>Agradecemos por todo: las risas, el cansancio, la incomodidad, los aprendizajes, las conversaciones, el trabajo en la chacra, los niños, el señor Marcelino y su familia, el frío, el silencio, la comunidad que se ha tejido entre nosotros. Terminamos la misión en el mismo lugar donde la comenzamos: en altura, mirando el horizonte.</p>



<p>“¿Cómo no creer en Dios?”, pienso. Si ha puesto en mi camino a gente tan sencilla y tan grande al mismo tiempo.</p>



<p>Las lágrimas llegan sin permiso. No solo por la nostalgia de que todo termina, sino por la alegría profunda de haber estado ahí. Y porque sé, en el fondo, que esto no termina aquí. Bajamos con más dificultad que al subir. El barro traiciona. En el último tramo resbalo y caigo. Era casi inevitable. Se preocupan, luego nos reímos. No es grave, tal vez era necesario llevarme un poco de ese cerro en la ropa, como prueba física de lo vivido.</p>



<p>Al llegar, Neymar nos espera con la cena: tortilla de huevo con papa, plátano frito y arroz. Poco después llega el señor Marcelino con mate de muña. Nunca había probado uno tan fresco, tan necesario. Compramos una Inca Kola para compartir. Le servimos un vaso. Lo recibe con gratitud sincera. Jugamos un rato más en el comedor. Conversamos. Reímos. Ya no somos visitantes. Somos parte de una historia compartida. Esa noche dormimos mejor.</p>



<p>Al día siguiente partiríamos de regreso a Wasinchis. Quedaban solo un último día de Camino. Pero algo dentro de mí comenzaba a comprender que el Camino no se estaba acabando, se estaba quedando.</p>



<p></p>



<p><strong>Capitulo III</strong></p>



<p><strong>Regresar para quedarse</strong></p>



<p><strong><em>El final del inicio</em></strong></p>



<p>El último día en Ccoñamuro comenzó antes que nosotros. A las cinco de la mañana sentí algo deslizarse por mi cabeza: la cola de un pericote perdiéndose entre mi pelo. El susto duró segundos; la anécdota quedaría. A pesar de que salté del miedo, Josef y Juan Diego apenas se movieron y siguieron durmiendo, como quien ya ha aprendido a convivir con lo inesperado. El cuarto estaba frío, pero ya no era hostil. El suelo había dejado de ser incomodidad para convertirse en refugio. Afuera, la sierra despertaba.</p>



<p>Desayunamos por última vez con el señor Marcelino: un locro de zapallo caliente, espeso, generoso. Aquí la comida no es solo alimento, es cuidado, comunidad, una forma silenciosa de decir “estás en casa”. A las ocho y media partimos. Marcelino, su esposa y Neymar nos despidieron sin discursos, solo con sonrisas y manos firmes. Al alejarnos volteé: estaban sentados bajo el sol compartiendo papas. Levantaron la mano. Una escena simple, perfecta. Sentí un nudo en la garganta. Había llegado pensando en servir; me iba habiendo sido servido.</p>



<p>La van nos esperaba en la entrada. Partimos en silencio mientras el paisaje retrocedía lentamente detrás de nosotros. En el camino recogimos a los compañeros que habían estado en Sallac y, sin planearlo, empezamos a cantar “Un beso y una flor” de Nino Bravo. Las voces se quebraban, pero la canción decía exactamente lo que sentíamos: partir no es perder, es llevarse. Al regresar a Wasinchis compartimos nuestras misiones: algunos en la chacra, otros con textiles, otros con niños. Todos habíamos ido a dar algo y todos habíamos recibido más. Entendimos que el servicio es encuentro, que la fe es acción y que Dios habita en las personas.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="684" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft23-1024x684.jpg" alt="" class="wp-image-4547" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft23-1024x684.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft23-500x334.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft23-768x513.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft23-1536x1026.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft23-2048x1368.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>Todos habíamos ido a dar algo y todos habíamos recibido más. Entendimos que el servicio es encuentro, que la fe es acción y que Dios habita en las personas.</p>
</blockquote>



<p>Esa misma tarde celebramos la última misa en la Capilla de Canincunca, donde el padre provincial Víctor Hugo Miranda nos recordó que el liderazgo nace del servicio y que las comunidades no necesitan salvadores, sino compañeros. Salimos con la sensación de ser realmente enviados. Por la noche, la despedida se volvió celebración: jóvenes de la Red Juvenil del Cusco nos recibieron con danzas tradicionales andinas y una yunza improvisada donde caían pequeños regalos entre risas y abrazos. Luego la música siguió en el auditorio. Bailábamos entre cansancio y nostalgia, sabiendo que algo en nosotros había cambiado, aunque todavía no pudiéramos nombrarlo.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="819" height="1024" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft24-819x1024.jpg" alt="" class="wp-image-4548" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft24-819x1024.jpg 819w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft24-400x500.jpg 400w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft24-768x960.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft24-1229x1536.jpg 1229w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft24-1638x2048.jpg 1638w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft24-scaled.jpg 2048w" sizes="(max-width: 819px) 100vw, 819px" /></figure>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>Bailábamos entre cansancio y nostalgia, sabiendo que algo en nosotros había cambiado, aunque todavía no pudiéramos nombrarlo.</p>
</blockquote>



<p>Al día siguiente, abordamos el bus que nos llevará de regreso a la ciudad del Cusco.</p>



<p>Me siento junto a la ventana. El vehículo avanza lentamente por la carretera. Las montañas empiezan a alejarse. La ciudad aparece en el horizonte como un organismo vivo, vibrante, ruidoso. Observo en silencio.</p>



<p>Los cerros quedan atrás. El cielo se llena de cables. El viento limpio se mezcla con el humo. El silencio se transforma en ruido. Y, sin embargo, algo permanece intacto. Cierro los ojos un momento. Recuerdo los rostros. Las manos. Las risas. El frío. El cansancio. El amor.</p>



<p>Entiendo, finalmente, que el Camino Ignaciano nunca fue el trayecto entre un punto y otro.</p>



<p>El verdadero camino ocurrió dentro de mí. Y no terminó cuando dejamos Ccoñamuro. No terminó cuando subimos a la van. No terminó cuando regresamos a Wasinchis. No termina ahora que el bus entra a la ciudad. Porque el Camino Ignaciano no es un lugar al que se llega. Es una forma de vivir. Es elegir ver a Dios en todas las cosas. En el ruido y en el silencio. En la abundancia y en la carencia. En el otro y en uno mismo.</p>



<p>El bus se detiene. La ciudad nos recibe. Respiro profundo.</p>



<p>Y entonces lo sé con certeza absoluta:</p>



<p>El Camino Ignaciano no ha terminado.</p>



<p><em>Recién empieza.</em></p>
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		<title>No nos robarán la esperanza</title>
		<link>https://intercambio.pe/no-nos-robaran-la-esperanza/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[uaisdtrmc]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 19 Dec 2025 17:02:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Artículo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>It’s time! es el canto de Mariah Carey que anuncia en las redes y medios que ha iniciado el tiempo de navidad, en el que nuestras ciudades son invadidas por el fulgor de las luces, la decoración y el pop navideño, elementos que suelen distraer nuestra atención de lo central en la Navidad: el nacimiento [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><em>It’s time!</em> es el canto de Mariah Carey que anuncia en las redes y medios que ha iniciado el tiempo de navidad, en el que nuestras ciudades son invadidas por el fulgor de las luces, la decoración y el pop navideño, elementos que suelen distraer nuestra atención de lo central en la Navidad: el nacimiento de Jesús, motivo de esperanza de quienes lo reconocemos como el salvador de la humanidad. Para nosotros, la Navidad no es sólo marketing; es, fundamentalmente, esperanza.</p>



<p>Lamentablemente, hablar de esperanza en el Perú de hoy resulta contracultural. El panorama social y, en particular, el político parece volcarnos más bien a la desilusión y a la resignación de un futuro inmediato desalentador. Sin embargo, en contextos complicados como el nuestro, es de vital importancia reflexionar sobre el sentido de la esperanza y su matiz proactivo, propio de la fe cristiana.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="683" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/001231972W-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-4504" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/001231972W-1024x683.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/001231972W-500x333.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/001231972W-768x512.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/001231972W-1536x1024.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/001231972W.jpg 1800w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p><strong>El fundamento de nuestra esperanza</strong></p>



<p>La esperanza cristiana brota de la vida de Cristo –<em>memoria Christi–</em>; no es la mera resignificación creyente de las tendencias positivas de la historia humana (Moltmann, 1999). Jesús de Nazaret es nuestra esperanza (Col 1,27), y su persona, así como su proyecto constituyen el fundamento de toda espera. El acontecimiento central de esta <em>memoria </em>es la resurrección de Jesús y la promesa de participar con Él de la vida que nunca acaba (2Cor 4,14). Esta convicción confiere sentido a nuestra vida presente: sin la esperanza en la resurrección, todo es vano e inconsistente (1Cor 15,14). En definitiva, la esperanza cristiana es escatológica porque revela la promesa de que la última palabra en la historia será de vida: la muerte no vencerá (Jn 11, 25-26).</p>



<p><strong>La esperanza cristiana es compromiso</strong></p>



<p>Aunque la esperanza cristiana –la resurrección– es de orden escatológico, no puede permanecer mirando al cielo (Hch 1, 11) y ajena al <em>hic et nunc</em> del mundo. La esperanza amplía los límites de lo <em>ya establecido</em> sin rendirle culto (Mardones, 1983). Por el contrario, es apertura y transformación del presente; “abarca tanto lo esperado como el mismo esperar” (Moltmann, 1972). La esperanza es operativa y no permanece soñando utopías o fabricando ilusiones vanas: es partera de realidades que nos comprometen con la defensa de la vida y la justicia (Gutiérrez, 2014). Mientras el optimismo espera que las cosas mejorarán sin intervención propia, la esperanza debe crear en nosotros un <em>cor inquietum; </em>de lo contrario, se negaría a sí misma. Sin mediaciones, la esperanza se torna en <em>ídolo</em>, la religión en <em>opio del pueblo </em>y el creyente en un mentiroso (Mardones, 1983).</p>



<p><strong>La humanización del Hijo, motivo de esperanza</strong></p>



<p>En esta línea, la vida entera del Hijo de Dios es también motivo de esperanza, particularmente el misterio de su humanización: la encarnación y el nacimiento. En Él, Dios muestra su deseo de asumir nuestra condición para salvarnos (Flp 2,7), revelándonos, en esta <em>kénosis</em>, el misterio y la verdad de nuestra naturaleza (Concilio Vaticano II, 2014). Al contemplar al niño Jesús renovamos la esperanza de que <em>en</em> lo pequeño y <em>desde</em> lo humilde se realiza la redención. Cada año, la celebración de la Navidad nos mueve a ir al encuentro de los pequeños y sencillos de corazón para descubrir la grandeza de Dios (Lc 2,15).</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="683" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/navidadnacimiento-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-4505" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/navidadnacimiento-1024x683.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/navidadnacimiento-500x333.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/navidadnacimiento-768x512.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/navidadnacimiento-1536x1024.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/navidadnacimiento.jpg 1800w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>Al contemplar al niño Jesús renovamos la esperanza de que <em>en</em> lo pequeño y <em>desde</em> lo humilde se realiza la redención.</p>
</blockquote>



<p><strong>No nos dejemos robar la esperanza</strong></p>



<p>La esperanza cristiana es objeto de oración y reflexión durante el tiempo de Adviento y Navidad; para este propósito, pueden ayudarnos las palabras del papa Francisco en su visita al Perú: “Hermanos peruanos, tienen tantos motivos para esperar; lo vi, lo toqué en estos días. Por favor, cuiden la esperanza, que no se la roben. &nbsp;No hay mejor manera de cuidar la esperanza que permanecer unidos, para que todos estos motivos que la sostienen crezcan cada día más.&nbsp;La esperanza no defrauda&nbsp;(cf.&nbsp;Rm&nbsp;5,5)”. (Francisco, 2024).</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>¿Qué vio y tocó Francisco en su visita al Perú para decirnos tan bellas palabras? ¿Cuáles son los motivos que deberían sostener nuestra esperanza?</p>
</blockquote>



<p><strong>No todo está decidido</strong></p>



<p>En el Perú de hoy, debemos recordar que <em>no todo está decidido</em>. Si pensamos que la democracia, las instituciones y la honestidad han perdido el partido, no es así: sólo tienen el marcador en contra. La esperanza, en medio de esta crisis moral –y frente a quienes creen haber vencido–, aviva en nosotros la certeza de saber que el bien vencerá, no como un placebo o un simple consuelo, sino movilizándonos a compartir con otros esta certidumbre: <em>no todo está decidido.</em> No dejaremos que nos robe la esperanza una retórica que pretende tirar la toalla y silenciar los esfuerzos de una ciudadanía que no está dispuesta a dar el <em>pitazo final</em> en esta contienda.</p>



<p><strong>Lo que hemos aprendido</strong></p>



<p>Al contemplar el panorama institucional, político y ético de nuestra sociedad, es inevitable preguntarse si habremos tocado fondo. Ante la corrupción, la polarización política y la fragmentación social, la esperanza cristiana nos mueve a mirar los errores como lección aprendida y no volver a cometerlos. Algunos lo expresan con la consigna: <em>¡Por estos, no!</em> Y, aunque el temor de tropezar con la misma piedra se presenta en el panorama electoral, la esperanza puede más. ¿Habremos aprendido de nuestros errores? ¿Estaremos dispuestos a transitar del <em>¡Por estos, no!</em> al <em>¡Por estos, sí!</em> aunque sean pocos? Si no lo hacemos, habremos permitido que nos roben la esperanza.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" width="900" height="600" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/grupo-de-personas-en-celebracion-navidena-frente-arbol-gigante-de-navidad.jpg" alt="Grupo de personas en celebración navideña frente a un árbol de navidad gigante" class="wp-image-4708" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/grupo-de-personas-en-celebracion-navidena-frente-arbol-gigante-de-navidad.jpg 900w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/grupo-de-personas-en-celebracion-navidena-frente-arbol-gigante-de-navidad-500x333.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/grupo-de-personas-en-celebracion-navidena-frente-arbol-gigante-de-navidad-768x512.jpg 768w" sizes="(max-width: 900px) 100vw, 900px" /></figure>



<p><strong>Algo tenemos que hacer</strong></p>



<p>La esperanza cristiana es partera de nuevas realidades, es inconformista por naturaleza y el cristiano, por tanto, es un agente de transformación que mira críticamente las diferentes propuestas políticas, sociales o económicas, con la plena conciencia de que ninguna se identifica totalmente con el Reino de Dios, por más <em>cristiana o católica </em>que se autodenominen. El cristiano, en su discernimiento, recurre a su <em>reserva escatológica</em> que le permite buscar alternativas creativas frente a propuestas polarizantes y maniqueas.</p>



<p>Hoy resuena entre los colectivos una convicción: <em>algo tenemos que hacer</em>. Y es verdad: no podemos ser espectadores de la voracidad que saquea las arcas estatales, del descaro de quien delinque impunemente y, mucho menos, de la gangrena que va amputando las instituciones del Estado. El compromiso que brota de la esperanza cristiana nos interpela a <em>hacer algo</em>; de lo contrario, nos jugamos el llamarnos verdaderamente cristianos en el Perú de hoy.</p>



<p><em><strong>¿Haremos algo o nos dejaremos robar la esperanza?<br></strong></em></p>



<p><strong>BIBLIOGRAFÍA</strong></p>



<p>Concilio Vaticano II. (2014). Gaudium et Spes. Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual. En <em>Concilio ecuménico Vaticano II. Constituciones, decretos y declaraciones.</em> BAC.</p>



<p>Francisco. (2018). <em>Homilía de la Eucaristía en la Base aérea Las Palmas (Lima) del 21 de enero del 2018</em>. web: https://www.vatican.va/content/francesco/es/homilies/2018/documents/papa-francesco_20180121_omelia-peru-lima.html.</p>



<p>Francisco. (2024). <em>La esperanza no defrauda nunca</em>. Mensajero.</p>



<p>Gutiérrez, G. (2014). <em>Compartir la palabra</em> (4ta ed.). CEP.</p>



<p>Mardones, J. María. (1983). <em>Esperanza cristiana y utopías intrahistóricas</em>. Fundación Santa María.</p>



<p>Moltmann, J. (1972). <em>Teologia de la esperanza</em> (2.<sup>a</sup> ed.). Sigueme.</p>



<p>Moltmann, J. (1999). La resurrección: Razón, fuerza y meta de nuestra esperanza. <em>Concilium. Revista internacional de teología</em>, <em>283</em>, 111-122.</p>
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		<item>
		<title>Entre la fe y la tierra: la apuesta jesuita por la justicia climática en la COP30</title>
		<link>https://intercambio.pe/entre-la-fe-y-la-tierra-cop30/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[uaisdtrmc]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 19 Dec 2025 15:20:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[Regiones]]></category>
		<category><![CDATA[Artículo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Voces, tensiones y esperanza desde la Amazonía Belém do Pará amanecía cada día con el rumor espeso del río y el calor húmedo de la Amazonía recordando, incluso antes de cualquier discurso, que la crisis climática no es una abstracción. Entre pabellones oficiales, credenciales, zonas de negociación y espacios alternativos, la COP30 se desplegó como [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong><em>Voces, tensiones y esperanza desde la Amazonía</em></strong></p>



<p><em>Belém do Pará amanecía cada día con el rumor espeso del río y el calor húmedo de la Amazonía recordando, incluso antes de cualquier discurso, que la crisis climática no es una abstracción. Entre pabellones oficiales, credenciales, zonas de negociación y espacios alternativos, la COP30 se desplegó como un territorio fragmentado: decisiones de alto nivel en la llamada zona azul y, en paralelo, una constelación de diálogos, encuentros y resistencias en la zona verde y en múltiples foros simultáneos. Fue allí, en esos márgenes vivos de la cumbre, donde muchas de las voces más urgentes —pueblos indígenas, organizaciones sociales, comunidades de fe— buscaron hacerse escuchar.</em></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="683" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/cop333-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-4485" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/cop333-1024x683.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/cop333-500x333.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/cop333-768x512.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/cop333-1536x1024.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/cop333-2048x1365.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>En ese entramado, la presencia de la Compañía de Jesús fue particularmente visible y distinta. No se trató solo de una participación simbólica ni protocolar, sino de una apuesta clara por la incidencia desde la escucha, el acompañamiento y la articulación. Jesuitas, redes eclesiales y aliados de la sociedad civil caminaron la COP desde múltiples frentes: declaraciones oficiales, conferencias de prensa, espacios de diálogo con pueblos indígenas, campañas educativas, mesas de incidencia política y encuentros pastorales. Más que una sola presencia, fue una presencia coral, tejida entre Roma, América Latina y la Amazonía.</p>



<p>La COP30 —celebrada en Brasil, corazón geográfico y simbólico de la región amazónica— fue clave para América Latina no solo por su ubicación, sino porque volvió a poner en el centro debates largamente postergados: la justicia climática, el financiamiento para pérdidas y daños, la transición energética justa y el reconocimiento efectivo de los derechos de los pueblos indígenas. Sin embargo, también dejó en evidencia las tensiones persistentes entre los compromisos declarados y la falta de decisiones vinculantes frente a la magnitud de la crisis. Para muchos actores, fue una cumbre marcada tanto por la urgencia como por la insuficiencia.</p>



<p>En ese escenario, la participación jesuita se diferenció por su lectura ética y política de nuestro momento actual. La Compañía no llegó a la COP30 únicamente para observar negociaciones, sino para insistir en una pregunta de fondo: ¿qué significa hoy hablar de desarrollo, de progreso y de futuro cuando los territorios amazónicos y sus pueblos cargan con el costo más alto de la crisis climática? Desde la ecología integral, los jesuitas subrayaron que no hay solución ambiental sin justicia social, ni transición verde posible si se ignora el clamor de la tierra, de los pueblos indígenas y de los pobres.</p>



<p>Esta urgencia moral y ecológica se volvió aún más significativa al cumplirse diez años de la encíclica Laudato Si’, un texto que transformó el modo en que la Iglesia católica se aproxima a la crisis ambiental. En Belém, esa herencia no se expresó solo en palabras, sino en gestos concretos de articulación, incidencia y acompañamiento. La COP30 fue, para la Compañía de Jesús, un espacio donde la fe se tradujo en acción política, y donde la espiritualidad ignaciana dialogó con la ciencia, los pueblos indígenas, los líderes mundiales y la sociedad civil global.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>La Compañía no llegó a la COP30 únicamente para observar negociaciones, sino para insistir en una pregunta de fondo: ¿qué significa hoy hablar de desarrollo, de progreso y de futuro cuando los territorios amazónicos y sus pueblos cargan con el costo más alto de la crisis climática?</p>
</blockquote>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="576" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/SJE_CLIMATJUSTICEJESUITS-1024x576.png" alt="" class="wp-image-4486" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/SJE_CLIMATJUSTICEJESUITS-1024x576.png 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/SJE_CLIMATJUSTICEJESUITS-500x281.png 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/SJE_CLIMATJUSTICEJESUITS-768x432.png 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/SJE_CLIMATJUSTICEJESUITS.png 1440w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p><strong><em>Una palabra ética en medio de la negociación global</em></strong></p>



<p>En ese contexto, la experiencia vivida por la Compañía de Jesús en la COP30 marcó un punto de inflexión. “Durante mucho tiempo los jesuitas han participado en este tipo de conferencias, desde Río 92, pero siempre representando el apostolado social de una provincia, una universidad o alguna institución vinculada a los gobiernos”, explica el padre Roberto Jaramillo SJ, responsable del Secretariado de Justicia Social y Ecología de la Compañía de Jesús en Roma. Esta vez, sin embargo, el enfoque fue distinto: “Es la primera vez que tomamos la iniciativa de articular el trabajo de todos”, subraya.</p>



<p>La delegación jesuita que llegó a Brasil reflejó ese cambio de escala y de horizonte. Fueron 29 personas en total —16 jesuitas y el resto laicas y laicos vinculados a obras y proyectos de las distintas conferencias— que trabajaron de manera coordinada antes, durante y después de la cumbre. Más que una presencia circunstancial, se trató de un proceso pensado a largo plazo. Según relata Jaramillo, un mes después de la COP anterior comenzó un trabajo sistemático de articulación interna para construir una declaración común y definir los ejes de incidencia. “Empezamos a elaborar un <em>statement</em>, una declaración y unos puntos en los cuales queríamos insistir”, señala, un ejercicio que permitió ordenar el trabajo colectivo en torno a <strong>cuatro demandas centrales que orientaron toda la acción jesuita en la COP30</strong>.</p>



<p>Ese esfuerzo de articulación no fue improvisado ni retórico. Respondió a un proceso deliberado de discernimiento y estudio que, por primera vez, buscó <strong>traducir la preocupación ética, ecológica y espiritual en planteamientos políticos concretos.</strong></p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>“Se hizo un trabajo de discernimiento y estudio de cuatro asuntos”, señala Jaramillo, marcando el punto de partida de una agenda común de incidencia.</p>
</blockquote>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="627" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/RJARAMILLO1-1024x627.png" alt="" class="wp-image-4487" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/RJARAMILLO1-1024x627.png 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/RJARAMILLO1-500x306.png 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/RJARAMILLO1-768x470.png 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/RJARAMILLO1-1536x940.png 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/RJARAMILLO1-2048x1254.png 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>El primero de esos ejes fue el perdón de la deuda externa de los países más pobres, entendida como una condición estructural que limita cualquier respuesta real frente a la crisis climática. A ello se sumó una llamada a fortalecer, regular y operar con mayor transparencia el Fondo de Pérdidas y Daños, pensado para apoyar a los países en vías de desarrollo que enfrentan desastres climáticos cada vez más frecuentes e intensos.</p>



<p>El tercer punto —que terminó ocupando el centro del debate en la COP30— fue la necesidad de una transición energética justa, especialmente frente al papel persistente de los combustibles fósiles. “Resultó ser como el tema fundamental de la COP30”, recuerda Jaramillo, subrayando cómo esta demanda conectó la justicia climática con los dilemas económicos y políticos globales.</p>



<p>El cuarto eje, que el jesuita define como una hoja de ruta de largo aliento, apuntó a la construcción de sistemas alimentarios basados en la soberanía alimentaria y las prácticas agroecológicas, reconociendo la diversidad cultural, territorial y productiva de los pueblos. “Esos cuatro pedidos continúan como hojas de ruta en la <em>Jesuit Campaign for Climate Justice</em>, que continuará”, enfatiza.</p>



<p>Jaramillo es prudente al evaluar los resultados. “No tenemos métricas como para establecer qué tanta influencia hayamos tenido”, admite. Reconoce que incidir directamente en las posiciones oficiales de los Estados sigue siendo complejo, pero subraya el valor del proceso: “Es una primera oportunidad y estamos aprendiendo de fracasos, de éxitos y de errores y de aciertos también”.</p>



<p>Por otro lado, reconoce que la Compañía —como muchas otras instituciones— entendió tarde la urgencia del momento: “Deberíamos haberlo hecho hace mucho tiempo y no lo hicimos”, afirma, en un contexto donde “el planeta está siendo destruido” y la ciencia climática es negada o despreciada por sectores del poder político.</p>



<p>Sin embargo, esa conciencia se convierte hoy en responsabilidad moral. Jaramillo subraya que la Compañía no puede permanecer al margen cuando tiene capacidad y oportunidad de actuar: “La Compañía tiene una palabra y una posición ética que decir”, recuerda, evocando a Pedro Arrupe y su convicción de que “donde hay capacidad y oportunidad, hay responsabilidad”. Aunque la incidencia jesuita sea apenas “un vaso de agua en el océano” de intereses que atraviesan una cumbre como la COP, insiste en la necesidad de hacerse presentes, “manifestar el nombre del Evangelio” y situarse “del lado de las víctimas y de la gente que trabaja por la defensa del planeta”.</p>



<p>La motivación de fondo, concluye, es inequívoca<strong>: responder al llamado de la cuarta Preferencia Apostólica Universal, que convoca a la Compañía de Jesús a colaborar activamente en el cuidado de la casa común.</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="611" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/DSC_0021-scaled-e1759484826885-1024x611.jpg" alt="" class="wp-image-4488" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/DSC_0021-scaled-e1759484826885-1024x611.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/DSC_0021-scaled-e1759484826885-500x298.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/DSC_0021-scaled-e1759484826885-768x458.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/DSC_0021-scaled-e1759484826885-1536x917.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/DSC_0021-scaled-e1759484826885-2048x1222.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p><strong><em>Cuando la crisis climática deja de ser técnica y se vuelve humana</em></strong></p>



<p>Esa convicción ética —estar del lado de las víctimas y asumir la responsabilidad moral de cuidar la casa común— encuentra eco en otras voces jesuitas que participaron activamente en la COP30. Una de ellas es la del padre Cristóbal Emilfork SJ, jesuita chileno, quien fue invitado a la COP30 precisamente por su formación doctoral en antropología socioambiental, con énfasis en estudios de ciencia y tecnología, un campo que le ha permitido seguir de cerca el proceso de las Conferencias de las Partes y comprender cómo la ciencia se traduce —o se tensiona— en decisiones políticas frente a la crisis climática.</p>



<p>Para Emilfork, la presencia eclesial en este tipo de foros no es opcional, aun cuando las iglesias no tengan un peso formal en las decisiones finales. “Como Iglesia tenemos que estar presentes en este tipo de espacios”, afirma, reconociendo que la COP “no va a considerar la opinión de las iglesias de una forma directa”, pero subrayando que su ausencia dejaría el debate reducido a lo estrictamente técnico. “Es un proceso que corre el riesgo de irse demasiado hacia los tecnicismos”, advierte.</p>



<p>Desde su mirada, el aporte de la Iglesia —y de la Compañía de Jesús en particular— consiste en recordar lo que suele quedar fuera de las tablas y los indicadores: “Lo que hay de fondo no es solamente un número”, sostiene Emilfork, “lo que hay de fondo es biodiversidad, lo que hay de fondo es humanidad”. Una humanidad que hoy se encuentra seriamente amenazada por la crisis climática y ecológica, y que exige una lectura ética y social del problema, inseparable de la ciencia, pero no subordinada a ella.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="576" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/584904407_1149517930625824_4678135871730476650_n-1024x576.jpg" alt="" class="wp-image-4489" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/584904407_1149517930625824_4678135871730476650_n-1024x576.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/584904407_1149517930625824_4678135871730476650_n-500x281.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/584904407_1149517930625824_4678135871730476650_n-768x432.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/584904407_1149517930625824_4678135871730476650_n-1536x864.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/584904407_1149517930625824_4678135871730476650_n.jpg 1920w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>“Lo que nos da cierta autoridad y legitimidad para hablar, es que conocemos de primera mano a la gente que está viendo sus vidas trastocadas de forma esencial.”</p>
</blockquote>



<p>Esa legitimidad para hablar en la COP, explica, no proviene solo del discurso moral, sino de una presencia histórica en los territorios. “Lo que nos da cierta autoridad y legitimidad para hablar, es que conocemos de primera mano a la gente que está viendo sus vidas trastocadas de forma esencial”, señala.</p>



<p>Desde esa experiencia territorial, la Compañía de Jesús buscó introducir en la COP30 una lectura más profunda del problema climático. “Nosotros introducimos el tema del cuidado de la casa común desde el tema de la justicia”, explica Emilfork. En ese marco, la crisis climática no puede entenderse como un fenómeno aislado o meramente ambiental. “Queríamos visibilizar que esta es una crisis socioambiental, que el grito de la tierra es el grito de los pobres”, afirma, en sintonía con el magisterio del papa Francisco.</p>



<p>No se trata, entonces, de dos crisis separadas, sino de una sola. “No hay una crisis ambiental, hay una única crisis socioambiental”, sostiene Emilfork. Ese fue —dice— el norte del trabajo jesuita en la COP30: insistir en que cualquier llamado a la acción climática y política debe incorporar necesariamente la justicia social, los territorios y a quienes ya están pagando el costo más alto del colapso ecológico.</p>



<p><strong><em>Más allá del evento: la COP como proceso y compromiso</em></strong></p>



<p>Si la COP30 fue el escenario visible de discursos y negociaciones, hubo también un trabajo menos evidente —pero decisivo— que sostuvo la presencia jesuita desde dentro: la articulación continental, la coordinación política y el cuidado logístico entre Roma, las redes globales y los territorios latinoamericanos. En ese plano operó <strong>la Conferencia de Provinciales Jesuitas de América Latina y el Caribe (CPAL)</strong>, que permitió que la participación de la Compañía no fuera fragmentada ni improvisada, sino estratégica y cohesionada.</p>



<p>Uno de los actores clave de ese proceso fue <strong>el padre Agnaldo Junior</strong>, delegado socioambiental de la CPAL, quien acompañó la preparación, el desarrollo y el seguimiento de la COP30. Su rol se sitúa en un espacio de mediación constante: articular agendas, traducir prioridades y mantener conectados los distintos niveles del trabajo jesuita, en diálogo con el <strong>Secretariado de Justicia Social y Ecología (SJES)</strong> en Roma y con las redes globales de incidencia, especialmente <strong>Ecojesuit</strong>.</p>



<p>Fue precisamente en ese espacio de reflexión global donde surgió una intuición clave: al realizarse en América Latina, la COP30 exigía una coordinación distinta<strong>. “Nos dimos cuenta de que era importante realizar una articulación más cohesionada de la participación de la Compañía en la COP”</strong>, explica Agnaldo. Pero esa articulación no se pensó como algo puntual, sino como parte de un proceso sostenido en el tiempo.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>“<strong>Siempre entendemos la COP no como un evento al que vamos y se acabó, sino como un proceso.</strong> Hay tareas antes, durante y después. No es una aventura, sino un compromiso que asumimos como Iglesia, como sociedad civil y como organizaciones de fe”, señala.</p>
</blockquote>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="683" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/Pe.-Agnaldo-Jr-SJ-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-4490" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/Pe.-Agnaldo-Jr-SJ-1024x683.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/Pe.-Agnaldo-Jr-SJ-500x333.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/Pe.-Agnaldo-Jr-SJ-768x512.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/Pe.-Agnaldo-Jr-SJ-1536x1024.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/Pe.-Agnaldo-Jr-SJ.jpg 1920w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>Ese compromiso tiene un horizonte claro: la <strong>justicia climática</strong>. Para Agnaldo, este concepto nombra una realidad ineludible: los impactos del cambio climático no se distribuyen de manera equitativa, sino que recaen con mayor dureza sobre los más pobres. “<strong>Lo que queremos es que de verdad haya justicia climática para el medio ambiente y para las personas</strong>, para que no sigamos pasando factura a los más pobres, fruto de la desigualdad y de la falta de financiación climática”.</p>



<p>Así, la participación jesuita en las COP se sostiene incluso en un clima de profunda desconfianza hacia los compromisos de los Estados. Agnaldo lo reconoce sin ambigüedades: la credibilidad del proceso está en crisis. Sin embargo, precisamente por ello, la presencia de actores de fe y de la sociedad civil se vuelve aún más necesaria.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>“Creo que ahí va el espíritu con el que asistimos como Compañía de Jesús, como Iglesia, y nos involucramos en los procesos de la COP, aun sabiendo que tenía muchísima descredibilidad. Ya no creemos que los países vayan a asumir un compromiso real; por eso estamos presentes.”</p>
</blockquote>



<p><strong><em>Entre la parálisis diplomática y las conquistas locales</em></strong></p>



<p>Desde esa misma tensión —entre frustración y perseverancia— se sitúan las reflexiones de Luiz Felipe Lacerda, doctor en Ciencias Sociales, secretario ejecutivo del Observatorio Nacional de Justicia Socioambiental de Brasil e investigador de la Cátedra Laudato Si’ de la Universidad Católica de Pernambuco. Presente en la COP30 desde el trabajo de análisis, monitoreo y articulación con organizaciones sociales, Lacerda ofrece una lectura crítica sobre el funcionamiento real de la arena política internacional.</p>



<p>“Siempre hay una insatisfacción, porque en la arena global los países no van a debatir los intereses climáticos de la naturaleza; van a debatir sus propios intereses”, explica. Esta lógica, sostiene, explica el estancamiento recurrente de las negociaciones y la escasa efectividad de muchos acuerdos. Sin embargo, advierte que reducir la COP únicamente a sus resultados diplomáticos sería una lectura incompleta: “la conferencia, junto con la Cumbre de los Pueblos, es algo mucho más amplio, con resultados que se juegan dentro de los países y a nivel regional”.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" width="400" height="316" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/luizz.png" alt="" class="wp-image-4493"/></figure>



<p>Uno de esos impactos concretos fue el reconocimiento y la homologación de más de diez territorios indígenas en Brasil, algunos de ellos en espera desde hacía más de tres décadas. “Es una súper conquista. Ahora hay una ley que regula un territorio ancestral que estaba en disputa hace más de 20 años”, subraya. Para Lacerda, estos avances no pueden entenderse sin el rol histórico del movimiento indígena, que ha desarrollado estrategias sostenidas de organización, resistencia y acción política.</p>



<p>La COP30, además, se desarrolló en un contexto democrático que permitió una participación ciudadana inédita. La apertura de la zona verde al público general transformó el evento en un espacio de encuentro directo entre negociadores y sociedad civil. “Tuvimos más de 70 mil personas en las calles y por primera vez la zona verde se abrió para cualquiera”, recuerda. Esta democratización, afirma, ejerció una presión directa sobre las negociaciones oficiales y permitió destrabar agendas históricamente paralizadas del campo socioambiental.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" width="1000" height="685" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/zonavrd.jpg" alt="" class="wp-image-4494" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/zonavrd.jpg 1000w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/zonavrd-500x343.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/zonavrd-768x526.jpg 768w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /></figure>



<p>Para Lacerda, lo vivido en Belém marcó también un punto de inflexión en la forma en que la Compañía de Jesús se ha hecho presente en las cumbres climáticas. A diferencia de otras COP, esta vez se logró —en sus palabras— “un momento histórico en el modelo de representación”, con una estrategia alineada desde la Curia hasta la articulación continental y la presencia local. Las cuatro agendas estratégicas por la justicia climática, conectadas con las Preferencias Apostólicas Universales, permitieron una presencia cohesionada y una voz común.</p>



<p>El verdadero desafío, concluye, comienza después de la COP: sostener en el tiempo ese alineamiento, monitorear las agendas estratégicas y traducir los lenguajes técnicos para que las comunidades puedan discernir críticamente los proyectos que afectan sus territorios. De fondo, advierte, está una cuestión política ineludible: <strong>“no hay cómo garantizar el cuidado de la casa común con una democracia fragilizada”</strong>. En América Latina, hablar de cambio climático y ecología integral es hablar de justicia y fortalecimiento democrático. Porque —como recuerda Laudato si’— <em>todo está interconectado.</em></p>



<p><strong><em>Cuando la democracia se juega en el territorio</em></strong></p>



<p>Si, como advertía Luiz Felipe Lacerda, no hay justicia socioambiental posible sin democracias vivas y sin un seguimiento real de los compromisos asumidos, esa afirmación adquiere cuerpo y urgencia cuando se escucha a quienes habitan los territorios más afectados. En la COP30, esa conexión entre política global y vida cotidiana estuvo presente en la voz de Patricia Gualinga, lideresa indígena ecuatoriana y vicepresidenta de la Conferencia Eclesial de la Amazonía (CEAMA), para quien el debate climático no es abstracto ni técnico: es una cuestión de supervivencia.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" width="958" height="559" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/patricia.jpg" alt="" class="wp-image-4495" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/patricia.jpg 958w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/patricia-500x292.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/patricia-768x448.jpg 768w" sizes="(max-width: 958px) 100vw, 958px" /></figure>



<p>Desde Belém, Gualinga puso palabras a lo que muchas comunidades amazónicas vienen denunciando desde hace décadas: la participación indígena sigue siendo, en muchos casos, más simbólica que vinculante. Aunque reconoce avances en el reconocimiento de derechos y en la visibilidad de las demandas históricas, su balance es crítico. “No fue una COP indígena —señala—. Fue una COP en territorio indígena”. La diferencia no es menor: mientras las decisiones continúen concentradas lejos de quienes viven las consecuencias del colapso climático, los acuerdos seguirán siendo frágiles.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p> “No fue una COP indígena —señala—. Fue una COP en territorio indígena.”</p>
</blockquote>



<p>En ese escenario, el papel de la Iglesia —y particularmente de la CEAMA— aparece como un factor clave de articulación. Para Gualinga, la presencia eclesial permitió que las voces de los pueblos no quedaran aisladas en la Cumbre de los Pueblos, sino que dialogaran, tensionaran y acompañaran los espacios oficiales. “No es lo mismo que lo diga solo un movimiento social, a que lo diga también un cardenal”, explica, subrayando cómo esa alianza amplificó un mensaje común: la crisis climática es inseparable de la justicia, de los derechos y de la defensa de la vida.</p>



<p>Así, lo que Lacerda plantea como un desafío estratégico —bajar los grandes acuerdos a los territorios, fortalecer la participación y sostener el monitoreo en el tiempo— encuentra en la voz de Patricia Gualinga su rostro más concreto. Porque, como ella misma recuerda, no habrá transición justa ni democracia ambiental posible mientras los pueblos indígenas sigan siendo invitados a la mesa, pero no parte real de las decisiones.</p>



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<p><strong><em>Donde la fe se vuelve camino: sembrar esperanza más allá de la COP</em></strong></p>



<p>Si la COP30 dejó una certeza para la Compañía de Jesús, es que la incidencia no se mide solo en párrafos de un documento final ni en declaraciones oficiales. Se juega, más bien, en los márgenes: en los espacios paralelos, en la zona verde, en los encuentros cara a cara donde la sociedad civil, los pueblos indígenas, los jóvenes y las comunidades de fe construyen alianzas, tejen confianzas y sostienen procesos a largo plazo. Son esas —como decía Roberto Jaramillo— las “otras COP”, las que no siempre ocupan titulares, pero donde germinan los cambios más profundos.</p>



<p>Desde ese lugar habla Daniela Alba, coordinadora de incidencia del Secretariado para la Justicia Social y la Ecología, quien vivió esta COP no solo como un evento diplomático, sino como un ejercicio de discernimiento espiritual y político. Para ella, la participación jesuita en Belém estuvo marcada menos por expectativas de impacto inmediato y más por una actitud de escucha y aprendizaje. “La fe es algo que conlleva acción”, afirma, pero esa acción —insiste— no comienza en las salas de negociación, sino en el territorio, allí donde las comunidades viven a diario las consecuencias de la crisis climática.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="650" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/danielaalbaaaa-1024x650.jpg" alt="" class="wp-image-4497" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/danielaalbaaaa-1024x650.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/danielaalbaaaa-500x317.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/danielaalbaaaa-768x488.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/danielaalbaaaa-1536x975.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/danielaalbaaaa-2048x1300.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>En la COP, explica, la Compañía no ocupó asientos en las mesas de negociación, pero sí llevó consigo voces que rara vez son escuchadas: jóvenes, lideresas indígenas, comunidades acompañadas por obras jesuitas en distintas partes del mundo. Esa fue, quizá, la diferencia más clara de esta presencia: no hablar en nombre de, sino caminar con. “Aprendiendo, escuchando y acompañando el territorio”, resume Alba, consciente de que los procesos reales no se imponen desde arriba ni se resuelven en dos semanas.</p>



<p>Su reflexión va más allá de lo estratégico. Hay, en sus palabras, un llamado a reconocer también la propia pobreza: la distancia entre el discurso y las prácticas, entre el saber acumulado y la conversión cotidiana. En ese sentido, la COP se vuelve espejo incómodo y, a la vez, oportunidad. Un espacio donde la espiritualidad ignaciana se traduce en examen, humildad y compromiso sostenido. Porque —como recuerda— los cambios verdaderamente transformadores no son rápidos ni espectaculares: crecen lento, como semillas cuidadas en común.</p>



<p>Al final, la apuesta es clara y exigente: no reducir la COP a un evento, sino asumirla como proceso; no delegar la justicia climática a los gobiernos, sino sostenerla desde la sociedad civil organizada; no separar fe y política, sino entender que, en América Latina, hablar de ecología integral es hablar de justicia, de democracia y de vida digna. “Hay más trabajo que vida”, repite a menudo Roberto Jaramillo. Y quizá ahí esté la clave de este camino compartido: <strong>seguir, paso a paso, sin llegar tarde otra vez, sembrando hoy lo que otros —mañana— tendrán que cuidar.</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" width="900" height="600" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/mujeres-y-un-hombre-celebrando-una-resolucion.jpg" alt="Mujeres y un hombre celebrando una resolución en una reunión" class="wp-image-4710" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/mujeres-y-un-hombre-celebrando-una-resolucion.jpg 900w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/mujeres-y-un-hombre-celebrando-una-resolucion-500x333.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/12/mujeres-y-un-hombre-celebrando-una-resolucion-768x512.jpg 768w" sizes="(max-width: 900px) 100vw, 900px" /></figure>



<p><em>La COP termina. Los procesos continúan. Y, como recuerdan quienes caminaron Belém desde la fe y el territorio, la justicia climática no se negocia solo en documentos: se construye, paso a paso, allí donde la vida está en juego.</em></p>
<div class='heateorSssClear'></div><div  class='heateor_sss_sharing_container heateor_sss_horizontal_sharing' data-heateor-sss-href='https://intercambio.pe/entre-la-fe-y-la-tierra-cop30/'><div class='heateor_sss_sharing_title' style="font-weight:bold" >Compartir en:</div><div class="heateor_sss_sharing_ul"><a aria-label="Facebook" class="heateor_sss_facebook" href="https://www.facebook.com/sharer/sharer.php?u=https%3A%2F%2Fintercambio.pe%2Fentre-la-fe-y-la-tierra-cop30%2F" title="Facebook" rel="nofollow noopener" target="_blank" style="font-size:32px!important;box-shadow:none;display:inline-block;vertical-align:middle"><span class="heateor_sss_svg" style="background-color:#0765FE;width:35px;height:35px;display:inline-block;opacity:1;float:left;font-size:32px;box-shadow:none;display:inline-block;font-size:16px;padding:0 4px;vertical-align:middle;background-repeat:repeat;overflow:hidden;padding:0;cursor:pointer;box-sizing:content-box"><svg style="display:block;" focusable="false" 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		<item>
		<title>La banalidad del mal</title>
		<link>https://intercambio.pe/la-banalidad-del-mal/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[uaisdtrmc]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 12 Nov 2025 17:52:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[Artículo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El 2025 es un año preelectoral, lo que supone, por un lado, el inicio de la carrera política de los candidatos y las candidatas a la presidencia, al Parlamento y a la Comunidad Andina; y, por el otro, el último año y medio de gobierno Castillo-Boluarte. Sin embargo, tras meses de protestas por la inseguridad [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
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<p>El 2025 es un año preelectoral, lo que supone, por un lado, el inicio de la carrera política de los candidatos y las candidatas a la presidencia, al Parlamento y a la Comunidad Andina; y, por el otro, el último año y medio de gobierno Castillo-Boluarte. Sin embargo, tras meses de protestas por la inseguridad ciudadana y las extorsiones a los transportistas, el Congreso decidió vacar a Dina Boluarte, luego de haber votado en contra de una moción de vacancia en el 2023 y de no admitir otras mociones con el mismo fin. ¿Por qué esta vez fue diferente? Con un 3 % de aprobación a la gestión del Congreso (IEP, 2025) y un año antes a las elecciones, los y las congresistas necesitan un baño de popularidad. Ello evidencia lo más distante a una legítima preocupación popular y agudiza una crisis que arrastramos como país desde hace unos años, exacerbándose mucho más en este último. El presente artículo busca exponer algunos de los factores que nos llevaron a tener una tercera gestión en un mismo periodo de gobierno y a contar con el séptimo presidente en los últimos nueve años. El objetivo es reflexionar sobre nuestra situación como país de cara a las elecciones del próximo año y elegir a autoridades que no agraven aún más el escenario de crisis en el que estamos sumidos.</p>



<p>El presente Congreso ha aprobado ocho leyes denominadas <em>pro-crimen</em> (N°31990, N°32130, N°32108, N°31751/32104, N°31989, N°32181, N°32326, N°32054). Estas normas contrarrestan la lucha contra la delincuencia y el crimen organizado, favoreciendo a las organizaciones criminales y debilitando el trabajo del Ministerio Público y de la Fiscalía. Asimismo, el Congreso promulgó la Ley N°31914, que reduce la fiscalización a los centros comerciales y en febrero del 2025 el techo de uno de ellos, en Trujillo, colapsó, dejando seis muertos y más de ochenta heridos. En la misma región, y en este mismo año, la minería ilegal cobró la vida de trece trabajadores de la minera Poderosa, como resultado de disputas por concesiones, túneles, rutas de extracción y crimen organizado. Este mismo Congreso que modificó la reglamentación interna para no obligar a los y las congresistas a viajar a sus regiones durante la Semana de Representación, es el que legisla de espaldas a la ciudadanía, no representa a quienes les eligieron y no fiscaliza al ejecutivo salvo a conveniencia.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="699" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/11/merlin_180077274_dc5c5167-7360-4fbb-9769-e1975fb61fec-superJumbo-1024x699.jpg" alt="" class="wp-image-4479" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/11/merlin_180077274_dc5c5167-7360-4fbb-9769-e1975fb61fec-superJumbo-1024x699.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/11/merlin_180077274_dc5c5167-7360-4fbb-9769-e1975fb61fec-superJumbo-500x341.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/11/merlin_180077274_dc5c5167-7360-4fbb-9769-e1975fb61fec-superJumbo-768x524.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/11/merlin_180077274_dc5c5167-7360-4fbb-9769-e1975fb61fec-superJumbo-1536x1048.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/11/merlin_180077274_dc5c5167-7360-4fbb-9769-e1975fb61fec-superJumbo.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>«Este mismo Congreso que modificó la reglamentación interna para no obligar a los y las congresistas a viajar a sus regiones durante la Semana de Representación, es el que legisla de espaldas a la ciudadanía, no representa a quienes les eligieron y no fiscaliza al ejecutivo salvo a conveniencia.»</p>
</blockquote>



<p>Por su parte, el Poder Ejecutivo también es responsable de la pérdida de vidas de peruanos y peruanas desde que Boluarte asumió la presidencia a fines del 2022. Según la Defensoría del Pueblo, durante su gestión se registraron alrededor de 49 muertes a causa de la represión policial en las regiones de Puno, Ayacucho, Apurímac, Cusco, La Libertad, Junín, Arequipa y Lima (2024). Durante sus casi tres años de gestión tuvo cuatro gabinetes ministeriales. El Ministerio del Interior y el de Educación son las carteras con mayor rotación de ministros, con ocho y cinco titulares respectivamente. Ello evidencia la inestabilidad política e institucional que atraviesa el país, la cual se vio reflejada en el incremento de los problemas y demandas ciudadanas en torno a la inseguridad. En este año se han registrado 18 385 denuncias por extorsión y, en promedio, se registra una denuncia cada 19 minutos a nivel nacional (Infobae, 2025). Su gestión fue interrumpida con menos del 5% de aprobación (IEP, 2025).</p>



<p>La vacancia de Dina no fue producto de la voluntad popular, sino parte de la estrategia electoral de cara al 2026. Mientras tanto, el gobierno de José Jerí emula la imagen autoritaria del régimen salvadoreño de Nayib Bukele: visita centros penitenciarios, declara estados de emergencia, pero no se atreve a señalar a los verdaderos responsables de las leyes pro-crimen ni a procesar a las fuerzas del orden que quitaron vidas cuando la ciudadanía ejercía su derecho civil a la protesta. El reciente gobierno de Jerí ya carga con un muerto sobre sus andas. Pero eso ya ni azuza, solo importa quiénes perdurarán en algún curul en la siguiente gestión. Hace mucho que el temor al peso de la justicia o a la exposición pública dejó de ser un freno a la ambición de quienes están en el poder. Y es que todas —o casi todas— las instancias de los poderes están cooptadas por esta mafia corrupta y la impunidad ha destituido a la justicia.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>Toda esta pérdida se debe a que quienes nos gobiernan de facto son las mismas organizaciones criminales, los consorcios de centros comerciales y todos aquellos que compran a un congresista o corrompen al Ejecutivo.</p>
</blockquote>



<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" width="1000" height="590" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/11/68e933e5a7b13eba150b0504-1.png" alt="" class="wp-image-4480" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/11/68e933e5a7b13eba150b0504-1.png 1000w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/11/68e933e5a7b13eba150b0504-1-500x295.png 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/11/68e933e5a7b13eba150b0504-1-768x453.png 768w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /></figure>



<p>Se ha señalado cómo el Poder Legislativo y el Poder Ejecutivo han tomado rumbos que benefician intereses particulares, pero que afectan a la democracia, la institucionalidad y los derechos de la ciudadanía. Asimismo, se han descrito algunas de las medidas implementadas por ambos poderes y su costo en vidas humanas como consecuencias. A raíz de ello, la ciudadanía hemos ido perdiendo derechos fundamentales, como la libertad de trabajo y el derecho a transitar con seguridad. Toda esta pérdida se debe a que quienes nos gobiernan de facto son las mismas organizaciones criminales, los consorcios de centros comerciales y todos aquellos que compran a un congresista o corrompen al Ejecutivo. Vivimos normalizando un gobierno que ejerce una <strong>necropolítica</strong>, en el que la vida digna se reserva para los y las congresistas, la presidenta y su círculo de poder. Son ellos y ellas quienes deciden quiénes pueden vivir bien, mientras las leyes y políticas que promulgan condenan a amplios sectores de la población a la precariedad, la violencia y, en muchos casos, a la muerte.</p>



<p>Vivimos en un Estado donde no hay separación de poderes: el Legislativo y el Ejecutivo son lo mismo; gobiernan para los mismos intereses, menos para el pueblo. Estamos repitiendo la mayor tragedia del siglo XX según Arendt: “la renuncia a pensar” como ciudadanía, no solo como electores, sino como co-responsables del gobierno. No solo elegimos autoridades: debemos ser parte de la política. Si queremos que los políticos sean diferentes, tenemos que involucrarnos en la política y hacerlo distinto. Pensar y actuar es nuestro rol como ciudadanía; es nuestro acto de resistencia ante el desmantelamiento de nuestra democracia actual y ante el enquistamiento de quienes hoy ocupan el poder. La democracia no ocurre cada cinco años: es permanente, y ello implica nuestra participación continua.</p>



<p><strong>Referencias</strong></p>



<p>Arendt, H. (1999). <em>La banalidad del mal: Eichmann en Jerusalén</em>. Barcelona: Lumen.</p>



<p>Defensoría del Pueblo. (2023, enero 17). <em>Perú registra 49 muertes en protestas contra Dina Boluarte</em>. <em>DW Español</em>. Recuperado de <a href="https://www.dw.com/es/per%C3%BA-registra-49-muertes-en-protestas-contra-dina-boluarte/a-64373943?utm_source=chatgpt.com">https://www.dw.com/es/per%C3%BA-registra-49-muertes-en-protestas-contra-dina-boluarte/a-64373943</a></p>



<p>Infobae. (2025, septiembre 5). <em>Más de 18 mil denuncias por extorsión en el Perú hasta agosto de 2025: crecimientos alarmantes en Lima, Callao y regiones del norte del país</em>. Recuperado de <a href="https://www.infobae.com/peru/2025/09/05/mas-de-18-mil-denuncias-por-extorsion-en-el-peru-hasta-agosto-de-2025-con-crecimientos-alarmantes-en-lima-callao-y-regiones-del-norte-del-pais?utm_source=chatgpt.com">https://www.infobae.com/peru/2025/09/05/mas-de-18-mil-denuncias-por-extorsion-en-el-peru-hasta-agosto-de-2025-con-crecimientos-alarmantes-en-lima-callao-y-regiones-del-norte-del-pais</a></p>



<p>Infobae. (2025, octubre 7). <em>Cada 19 minutos se denuncia una extorsión en el Perú: más de 20 mil casos hasta septiembre y 55 % de aumento en Lima</em>. Recuperado de <a href="https://www.infobae.com/peru/2025/10/07/cada-19-minutos-se-denuncia-una-extorsion-en-el-peru-mas-de-20-mil-casos-hasta-septiembre-y-55-de-aumento-en-lima-segun-cifras-oficiales">https://www.infobae.com/peru/2025/10/07/cada-19-minutos-se-denuncia-una-extorsion-en-el-peru-mas-de-20-mil-casos-hasta-septiembre-y-55-de-aumento-en-lima-segun-cifras-oficiales</a></p>



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<div class='heateorSssClear'></div><div  class='heateor_sss_sharing_container heateor_sss_horizontal_sharing' data-heateor-sss-href='https://intercambio.pe/la-banalidad-del-mal/'><div class='heateor_sss_sharing_title' style="font-weight:bold" >Compartir en:</div><div class="heateor_sss_sharing_ul"><a aria-label="Facebook" class="heateor_sss_facebook" href="https://www.facebook.com/sharer/sharer.php?u=https%3A%2F%2Fintercambio.pe%2Fla-banalidad-del-mal%2F" title="Facebook" rel="nofollow noopener" target="_blank" style="font-size:32px!important;box-shadow:none;display:inline-block;vertical-align:middle"><span class="heateor_sss_svg" style="background-color:#0765FE;width:35px;height:35px;display:inline-block;opacity:1;float:left;font-size:32px;box-shadow:none;display:inline-block;font-size:16px;padding:0 4px;vertical-align:middle;background-repeat:repeat;overflow:hidden;padding:0;cursor:pointer;box-sizing:content-box"><svg style="display:block;" focusable="false" aria-hidden="true" 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		<item>
		<title>Antes de ser Papa: recordando a León XIV en Chiclayo</title>
		<link>https://intercambio.pe/recordando-a-leon-xiv-en-chiclayo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[uaisdtrmc]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 20 May 2025 01:53:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Artículo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El P. Eduardo Vizcarra SJ, decano de las parroquias jesuitas de Quispicanchi y excoordinador de la Plataforma Apostólica Jesuita de Chiclayo, rememora vivencias personales junto a Monseñor Robert Prevost —hoy Papa León XIV— durante su tiempo como obispo en Chiclayo. A través de estas anécdotas, destaca su compromiso con una Iglesia más abierta y participativa, [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://intercambio.pe/recordando-a-leon-xiv-en-chiclayo/">Antes de ser Papa: recordando a León XIV en Chiclayo</a> se publicó primero en <a href="https://intercambio.pe">Intercambio - Revista Jesuita de Cultura Social</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><em>El P. Eduardo Vizcarra SJ, decano de las parroquias jesuitas de Quispicanchi y excoordinador de la Plataforma Apostólica Jesuita de Chiclayo, rememora vivencias personales junto a Monseñor Robert Prevost —hoy Papa León XIV— durante su tiempo como obispo en Chiclayo. A través de estas anécdotas, destaca su compromiso con una Iglesia más abierta y participativa, ofreciendo una mirada cercana al liderazgo y visión del actual Sumo Pontífice.</em></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="683" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/05/001168405W-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-4253" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/05/001168405W-1024x683.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/05/001168405W-500x333.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/05/001168405W-768x512.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/05/001168405W-1536x1024.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/05/001168405W.jpg 1800w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>Conocí a Monseñor Robert Prevost entre los años 2017 y finales del 2019, cuando fui destinado por el entonces P. Provincial Juan Carlos Morante a la comunidad jesuita de Chiclayo como vice superior. La misión incluía, además del acompañamiento de la casa de retiro y asesorar a un grupo numeroso de jóvenes universitarios cristianos, participar en las reuniones mensuales del clero diocesano, que se realizaban en el seminario de la ciudad.</p>



<p>Fue en ese contexto donde tuve mis primeros encuentros con Monseñor Prevost. Más allá del saludo inicial y protocolar como nuevo jesuita en la diócesis, fue en esas reuniones del clero donde comencé a conocer al que hoy es el Papa. En medio de conversaciones pastorales, reflexiones y propuestas para el plan diocesano, fue tomando forma su visión de Iglesia: una Iglesia más abierta, participativa, orientada a la sinodalidad —aunque en ese tiempo aún no se usaba mucho ese término—, pero claramente en sintonía con el espíritu del Papa Francisco.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="683" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/05/20230130T0934-PREFECT-DICASTERY-BISHOPS-1755388.JPG-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-4254" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/05/20230130T0934-PREFECT-DICASTERY-BISHOPS-1755388.JPG-1024x683.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/05/20230130T0934-PREFECT-DICASTERY-BISHOPS-1755388.JPG-500x333.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/05/20230130T0934-PREFECT-DICASTERY-BISHOPS-1755388.JPG-768x512.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/05/20230130T0934-PREFECT-DICASTERY-BISHOPS-1755388.JPG-1536x1024.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/05/20230130T0934-PREFECT-DICASTERY-BISHOPS-1755388.JPG-2048x1365.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>En medio de conversaciones pastorales, reflexiones y propuestas para el plan diocesano, Monseñor Prevost fue perfilando su visión de una Iglesia más abierta, participativa, sinodal y en sintonía con el espíritu del Papa Francisco.</p>
</blockquote>



<p>Sin embargo, Monseñor no lo tuvo fácil. Recibía una diócesis que tenía una visión particular de iglesia y que estaba bastante consolidada, distinta a la que él proponía. Como suele ocurrir en estos procesos de transición, surgieron tensiones. Monseñor tenía clara su ruta, pero no siempre encontraba disposición para el cambio. Muchos sacerdotes, formados en un modelo más clerical, se sentían incómodos con las novedades que traía este obispo cercano a Francisco.</p>



<p>Recuerdo con claridad una reunión especialmente tensa. Apenas comenzada, un grupo de sacerdotes abordó a Monseñor con insistencia para que tomara postura frente a unos documentos apócrifos que circulaban por el país, relacionados con un tema controversial. Muchos estaban alarmados, aunque en realidad no sabían bien de qué trataba el documento. Uno de esos textos había llegado a mis manos y, tras una lectura rápida, me pareció que el contenido no era tan alarmante como se planteaba. El texto iba en la línea del reconocimiento de que todas las personas debían ser tratadas desde su dignidad humana, y que hombres y mujeres tienen los mismos derechos y responsabilidades. Sin embargo, la sola mención de este tema controversial generaba en algunos sectores sospecha, desconfianza e incluso temor, como si se tratara de una amenaza moral o doctrinal.</p>



<p>Aquel grupo proponía con fuerza organizar una toma de posición de la iglesia de manera multitudinaria, como las que se venían dando en algunos lugares del país, aunque en lo personal siempre me pareció que esas manifestaciones podían ser fácilmente manipuladas por sectores que temían los cambios propuestos por el Papa Francisco. En esa reunión, Monseñor Prevost se vio sorprendido, especialmente por la forma en que se lanzó la propuesta: sin diálogo, como una exigencia inmediata. Parecía no tener palabras para responder ante la presión.</p>



<p>Fue en ese momento que levanté la mano. Interrumpí con respeto y pregunté: “¿Alguien ha leído el documento en cuestión?”. La sala quedó en silencio. Entonces compartí algunas impresiones de mi lectura, señalando que tal vez estábamos exagerando las conclusiones sin suficiente información. Monseñor aprovechó ese momento para intervenir. Haciendo referencia directa a mi intervención, subrayó la importancia de informarse bien, de leer con atención, y de no dejarnos llevar por noticias confusas o apresuradas. Hoy lo llamaríamos prevenir las <em>fake news</em>. Su tono fue sereno pero firme, y nos invitó a actuar con prudencia y discernimiento. Aquel gesto me pareció muy sabio.</p>



<p>Un tiempo después, Monseñor se me acercó personalmente para agradecerme por esa participación. En algunos almuerzos con nuestra comunidad jesuita nos confió que se sentía acompañado y apoyado por nosotros. Y lo decía con sinceridad.</p>



<p>No fueron pocas las situaciones difíciles que le tocó enfrentar. Recuerdo bien las inundaciones por el fenómeno del Niño, cuando organizó, junto con Cáritas del Perú, una red de ayuda para cientos de personas que lo habían perdido todo. También se comprometió con el drama de los migrantes venezolanos, que llegaban por miles a la ciudad sin ningún tipo de apoyo. Fue entonces que impulsó la creación de una oficina diocesana de atención al migrante, e hizo un llamado a toda la Iglesia de Chiclayo para recibir, acompañar y ayudar a estos hermanos.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>En todo momento, Monseñor encarnó lo que san Ignacio de Loyola nos enseñó: “El amor se ha de poner más en las obras que en las palabras”.</p>
</blockquote>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="683" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/05/ppl-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-4257" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/05/ppl-1024x683.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/05/ppl-500x333.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/05/ppl-768x512.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/05/ppl-1536x1024.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/05/ppl-2048x1366.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>Durante la pandemia volvió a mostrar su temple y compromiso. Convocó a empresarios, articuló esfuerzos y promovió la construcción de plantas de oxígeno para abastecer a los más vulnerables, especialmente aquellos que no podían acceder a balones de oxígeno. En todo momento, Monseñor encarnó lo que san Ignacio de Loyola nos enseñó: “El amor se ha de poner más en las obras que en las palabras”.</p>



<p>Estas son algunas de las memorias vivas que conservo de mi encuentro con Monseñor Prevost. Cuántas veces nos repitió que valoraba profundamente la presencia de la Compañía de Jesús en la ciudad. Y uno sentía que lo decía de corazón.</p>
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		<title>El Papa del discernimiento</title>
		<link>https://intercambio.pe/el-papa-del-discernimiento/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[uaisdtrmc]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 22 Apr 2025 22:08:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Artículo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Ayer nos despertamos con la triste noticia de la muerte de nuestro querido Papa Francisco. Su partida ocurre precisamente en este año jubilar, un tiempo consagrado a la esperanza, esa fuerza transformadora y profunda que se nutre de nuestra fe en Dios y nos sostiene en la tribulación. Con su deceso, se concluye un periodo [&#8230;]</p>
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<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="682" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/04/portada-papa-1024x682.jpg" alt="" class="wp-image-4243" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/04/portada-papa-1024x682.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/04/portada-papa-500x333.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/04/portada-papa-768x511.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/04/portada-papa-1536x1023.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/04/portada-papa.jpg 2000w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>Ayer nos despertamos con la triste noticia de la muerte de nuestro querido Papa Francisco. Su partida ocurre precisamente en este año jubilar, un tiempo consagrado a la esperanza, esa fuerza transformadora y profunda que se nutre de nuestra fe en Dios y nos sostiene en la tribulación.</p>



<p>Con su deceso, se concluye un periodo de 12 años en la dirección de la Santa Sede. Un régimen esencialmente pastoral. Francisco fue el primer sumo pontífice americano; es reconocido como el Papa de los pobres.</p>



<p>Jorge Mario Bergoglio, nacido en 1936, acababa de cumplir 88 años y fue elegido Papa el 13 de marzo del 2013. Desde entonces, lideró el gobierno de la Iglesia católica con un marcado interés pastoral por hacer de la Iglesia un espacio en el que todos puedan sentirse acogidos e integrados, parte de ella.</p>



<p>Francisco era conocido por brindar un análisis detallado y compasivo de la cultura contemporánea, examinando minuciosamente sus impactos en diversos ámbitos como el social, el político, el económico y el ecológico. Según su perspectiva, el origen de la crisis contemporánea se encuentra arraigado en aspectos antropológicos y éticos fundamentales. En otras palabras, se deriva de una perspectiva limitada del ser humano, centrada exclusivamente en aspectos económicos, lo cual conduce inevitablemente a situaciones de carencia, desigualdad y exclusión social.</p>



<p>En medio de todas estas reflexiones, Francisco identificaba un fenómeno al que denominaba como la «cultura del descarte», destacando de manera contundente su impacto negativo en la sociedad.</p>



<p>Frente a esta problemática, el Papa proponía la implementación de la «cultura del encuentro», la cual se basaba en la priorización del ser humano como eje central de todas las acciones, proponiendo así una nueva orientación de la política, la economía y la sociedad, fundamentada en los valores de fraternidad y amistad social. Un desafío maravilloso que invita a la reflexión profunda y al análisis crítico en el ámbito de la esfera pública.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>«El Papa proponía la implementación de la «cultura del encuentro», la cual se basaba en la priorización del ser humano como eje central de todas las acciones, proponiendo así una nueva orientación de la política, la economía y la sociedad, fundamentada en los valores de fraternidad y amistad social.»</p>
</blockquote>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="597" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/04/Papa_Misa_Familias-1024x597.jpg" alt="" class="wp-image-4244" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/04/Papa_Misa_Familias-1024x597.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/04/Papa_Misa_Familias-500x291.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/04/Papa_Misa_Familias-768x447.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/04/Papa_Misa_Familias.jpg 1030w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Children ride in the popemobile with Pope Francis as he greets the crowd before Mass in St. Peter&#8217;s Square during the World Meeting of Families at the Vatican June 25, 2022. (CNS photo/Remo Casilli, Reuters)</figcaption></figure>



<p>El pensamiento social del Papa Francisco ha ejercido un impacto significativo en la Iglesia y en la opinión pública en su conjunto. Sus intervenciones solían ser discutidas en los medios de comunicación social, sometidas a análisis e interpretación, frecuentemente con interés por parte de diversos sectores y colectivos, muchos de ellos contrarios a sus posturas.</p>



<p>Francisco solía ofrecer un diagnóstico claro y misericordioso sobre la cultura contemporánea, con sus repercusiones en los ámbitos social, político, económico y ecológico. Para él, el origen de la crisis contemporánea es antropológico y ético. En otras palabras, se origina a partir de una perspectiva del ser humano orientada solamente hacia la economía, lo que resulta en pobreza y marginación. A todo esto, Francisco le llamaba “cultura del descarte” y, ante la abrumadora evidencia de su negativo influjo, Francisco propuso la “cultura del encuentro”, que consistía, fundamentalmente, en poner al centro al ser humano, orientando la política, la economía y la sociedad desde la fraternidad y la amistad social. Un maravilloso reto para el discernimiento y la vida pública.</p>



<p>El aporte de Francisco en la doctrina católica es fundamental porque la hace verdaderamente universal, como propuesta para la sociedad. El Papa Francisco puso en evidencia la relevancia de la misericordia, la justicia social y el bien común, la ecología como una dimensión espiritual del ser humano, la reforma de la curia romana y la transparencia en las denuncias contra los abusos sexuales en el seno de la Iglesia.</p>



<p>Con Francisco, la Iglesia ha dado pasos importantes en la revalorización de la fraternidad, el diálogo y la tolerancia, la construcción de verdaderos procesos de paz desde la ética del cuidado, la reconciliación y el perdón. Sin duda alguna, el magisterio de la Iglesia se ha visto enriquecido por los aportes de Francisco; cuatro encíclicas, siete exhortaciones apostólicas, doce cartas apostólicas, cincuenta y siete cartas “motu proprio” hacen patente el deseo de guiar a la Iglesia desde la perspectiva de la confianza en el Espíritu que la habita, hacia el discernimiento para poder hacer los cambios y adaptaciones necesarias que nos hagan ser fieles a lo que Dios quiere de nosotros.</p>



<p>Él nos recordó a los jesuitas, con lucidez y sencillez nuestra identidad: servidores de la alegría del Evangelio en cualquier misión que se nos encomiende. Esta alegría, que se ha manifestado en el encuentro con el Crucificado-Resucitado, constituye el origen de nuestro servicio a la misión de la Iglesia y de nuestro compromiso con los más vulnerables.</p>



<p>Ahora podemos hacer nuestras sus palabras, que hoy adquieren un significado más profundo: “Ser Iglesia es ser Pueblo de Dios, de acuerdo con el gran proyecto de amor del Padre. Esto implica ser el fermento de Dios en medio de la humanidad. Quiere decir anunciar y llevar la salvación de Dios en este mundo nuestro, que a menudo se pierde, necesitado de tener respuestas que alienten, que den esperanza, que den nuevo vigor en el camino. La Iglesia tiene que ser el lugar de la misericordia gratuita, donde todo el mundo pueda sentirse acogido, amado, perdonado y alentado a vivir según la vida buena del Evangelio”.&nbsp; (EVANGELII GAUDIUM 114)</p>



<p>Hoy queremos acompañar con cariño y oración al Papa Francisco en su encuentro final con Dios, amor incondicional y misericordia infinita, cuyo rostro nos enseñó con su vida y enseñanza.&nbsp;</p>



<p>En estos tiempos difíciles, debemos recordar que nuestra misión es, más que nunca, llevar la luz de Cristo a todos los lugares del mundo. Como Compañía de Jesús, reafirmamos nuestro compromiso de vivir y compartir el Evangelio con alegría, tal como nos enseñó Francisco. Esta alegría, que llena su enseñanza, desde Evangelii Gaudium hasta sus últimas palabras, nos motiva a seguir adelante con esperanza y valentía. Hasta luego, Francisco, gracias por el consuelo que nos trae tu pascua.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="683" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/04/000832664W-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-4246" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/04/000832664W-1024x683.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/04/000832664W-500x333.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/04/000832664W-768x512.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/04/000832664W-1536x1024.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2025/04/000832664W.jpg 1800w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>
<div class='heateorSssClear'></div><div  class='heateor_sss_sharing_container heateor_sss_horizontal_sharing' data-heateor-sss-href='https://intercambio.pe/el-papa-del-discernimiento/'><div class='heateor_sss_sharing_title' style="font-weight:bold" >Compartir en:</div><div class="heateor_sss_sharing_ul"><a aria-label="Facebook" class="heateor_sss_facebook" href="https://www.facebook.com/sharer/sharer.php?u=https%3A%2F%2Fintercambio.pe%2Fel-papa-del-discernimiento%2F" title="Facebook" rel="nofollow noopener" target="_blank" style="font-size:32px!important;box-shadow:none;display:inline-block;vertical-align:middle"><span class="heateor_sss_svg" style="background-color:#0765FE;width:35px;height:35px;display:inline-block;opacity:1;float:left;font-size:32px;box-shadow:none;display:inline-block;font-size:16px;padding:0 4px;vertical-align:middle;background-repeat:repeat;overflow:hidden;padding:0;cursor:pointer;box-sizing:content-box"><svg style="display:block;" focusable="false" 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		<item>
		<title>La amenaza legislativa a las ONGs: ¿Qué está en juego para la democracia peruana?</title>
		<link>https://intercambio.pe/amenaza-legislativa-ongs/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[uaisdtrmc]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 01 Jun 2024 18:33:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://intercambio.pe/?p=3719</guid>

					<description><![CDATA[<p>Desde mi experiencia trabajando con ONGs, destaco la labor decisiva de estas organizaciones en la defensa de los derechos fundamentales de los ciudadanos en el Perú, especialmente de los más desfavorecidos. Las críticas hacia ellas, en su mayoría, son fruto del prejuicio y del desconocimiento sobre su labor y estructura programática. En los últimos días, [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://intercambio.pe/amenaza-legislativa-ongs/">La amenaza legislativa a las ONGs: ¿Qué está en juego para la democracia peruana?</a> se publicó primero en <a href="https://intercambio.pe">Intercambio - Revista Jesuita de Cultura Social</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="689" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2024/06/Flickr_-_Official_U.S._Navy_Imagery_-_Pacific_Partnership_2012_visits_Vietnam._1-1024x689.jpg" alt="" class="wp-image-3721" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2024/06/Flickr_-_Official_U.S._Navy_Imagery_-_Pacific_Partnership_2012_visits_Vietnam._1-1024x689.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2024/06/Flickr_-_Official_U.S._Navy_Imagery_-_Pacific_Partnership_2012_visits_Vietnam._1-500x336.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2024/06/Flickr_-_Official_U.S._Navy_Imagery_-_Pacific_Partnership_2012_visits_Vietnam._1-768x516.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2024/06/Flickr_-_Official_U.S._Navy_Imagery_-_Pacific_Partnership_2012_visits_Vietnam._1-1536x1033.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2024/06/Flickr_-_Official_U.S._Navy_Imagery_-_Pacific_Partnership_2012_visits_Vietnam._1-2048x1377.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p></p>
<cite>Desde mi experiencia trabajando con ONGs, destaco la labor decisiva de estas organizaciones en la defensa de los derechos fundamentales de los ciudadanos en el Perú, especialmente de los más desfavorecidos. Las críticas hacia ellas, en su mayoría, son fruto del prejuicio y del desconocimiento sobre su labor y estructura programática.</cite></blockquote>



<p class="has-text-align-left">En los últimos días, hemos sido testigos de un movimiento legislativo en el Congreso de la República que busca endurecer la fiscalización a las ONG en el Perú. Este dictamen de ley, a primera vista, parece promover la transparencia y la rendición de cuentas, principios que todos apoyamos; sin embargo, un análisis más profundo revela motivaciones políticas que podrían perjudicar gravemente la labor de muchas organizaciones dedicadas a la justicia social y el desarrollo humano.</p>



<p class="has-text-align-left"><strong>¿Qué son las ONG y cuál es su papel?</strong></p>



<p class="has-text-align-left">Las siglas Organización No Gubernamental (ONG) se refieren a entidades de la sociedad civil que son independientes de la administración pública, tienen fines sociales y humanitarios, y no buscan lucro. Más allá de su ámbito de actuación (local, nacional o internacional) y de su forma jurídica (asociación o fundación), las ONG se centran en lograr cambios positivos en personas, familias, comunidades o ecosistemas para construir una sociedad mejor, en la que se respeten los derechos de todas las personas.</p>



<p class="has-text-align-left">Las ONG juegan un papel crucial en la sociedad civil. Además de enfocarse en plantear soluciones a problemas sociales urgentes, estas organizaciones ofrecen espacios para la práctica política ciudadana, fomentando el diálogo y una cultura del encuentro. Lejos de usurpar la labor de los partidos políticos o las autoridades, las ONG, al construir “espacios intermedios” entre la sociedad y el Estado, facilitan un proceso auténtico de democratización, generando libertad y limitando las pretensiones monopólicas del poder estatal y partidario.</p>



<p class="has-text-align-left"><strong>El impacto de las ONG en el Perú</strong></p>



<p class="has-text-align-left">Las ONG han sido un pilar fundamental en el apoyo a las comunidades más pobres y desfavorecidas de nuestro país. Su trabajo no solo alivia las condiciones de vida de cientos de miles de personas, sino que también defiende los derechos fundamentales de los ciudadanos, especialmente de los más vulnerables. Aunque existen multitud de ONG y causas, la mayoría comparte una misión común: acompañar a las personas para que sean protagonistas de su propio desarrollo.</p>



<p class="has-text-align-left">Además, las ONG intervienen para contrarrestar causas estructurales que, en muchos casos, perpetúan la pobreza y desempeñan un papel esencial en informar y sensibilizar a la sociedad sobre problemas como la injusticia social, las crisis humanitarias, las brechas educativas, la escasa atención a la infancia, los desplazamientos forzados, el cambio climático, entre tantos otros desafíos que requieren de la activa participación ciudadana. En este sentido, las ONG, como agentes movilizadores, han sido imprescindibles.</p>



<p class="has-text-align-left"><strong>Las consecuencias del Dictamen</strong></p>



<p class="has-text-align-left">La propuesta de ley que busca endurecer la fiscalización de las ONG podría tener consecuencias nefastas al imponer severas restricciones a la libertad de asociación y expresión, tales como la criminalización del activismo político y la imposición de nuevas barreras administrativas y financieras que dificultarían el funcionamiento ordinario de estas organizaciones. Además, la ley permitiría un incremento significativo del control y la censura estatal, facilitando la aplicación arbitraria de sanciones y la censura de contenidos críticos al gobierno. Esta situación no solo afectaría a las ONG directamente implicadas, sino que también generaría un clima de miedo y autocensura en otras organizaciones y ciudadanos comprometidos con la defensa de los derechos humanos y sociales.</p>



<p class="has-text-align-left">Estas medidas que pretende tomar el Congreso parecen tener motivaciones políticas subyacentes, dirigidas a silenciar voces críticas y reducir el espacio de acción política de la sociedad civil. Esta erosión de la confianza pública debilitaría a la sociedad civil, reduciendo la participación ciudadana y la diversidad de voces que son esenciales para una democracia saludable y dinámica. La participación activa y diversa es fundamental para descentralizar el poder político y garantizar que las decisiones reflejen una amplia gama de intereses y perspectivas.</p>



<p class="has-text-align-left"><strong>Un llamado a la acción</strong></p>



<p class="has-text-align-left">El espíritu vigilante de la sociedad civil es esencial para mantener el aparato estatal y las organizaciones partidarias en el cauce democrático. La disposición del ciudadano común hacia la actividad política influye decisivamente en la solidez de nuestras instituciones. Hoy en día, una sociedad es verdaderamente democrática en la medida en que cuenta con una sociedad civil organizada.</p>



<p class="has-text-align-left">Las ONG son fundamentales para la salud de nuestra democracia. La presencia de ciudadanos organizados en estas instituciones garantiza que los asuntos públicos no queden exclusivamente en manos de una élite gobernante, combatiendo así los brotes autoritarios. En este contexto, la cooperación internacional es un aliado clave de las ONG, que actúan como un contrapeso esencial que refuerza nuestras instituciones democráticas. Para que un país prospere, necesita una sociedad civil vigorosa y activa, con ONG que funcionen como guardianes del bien común y contrapesos a aquellos que, bajo la retórica del bien común, persiguen intereses particulares.</p>



<p class="has-text-align-left">La propuesta de ley que busca endurecer la fiscalización de las ONG debe ser examinada con detenimiento. Aprobarla como ley sería un grave error, ya que socavar a las ONG privaría al país de una fuente de oxígeno democrático esencial para su prosperidad. Sin estas organizaciones, la posibilidad de avanzar hacia un desarrollo sostenible se ve seriamente comprometida. La sociedad debe reconocer y defender el valioso papel de estas organizaciones en la construcción de una sociedad peruana más justa y reconciliada.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p></p>
<cite>Imagina un Perú sin la mano solidaria de las ONG, sin esa red de apoyo que llega donde el Estado no puede. Esto podría convertirse en una realidad si el Congreso aprueba una nueva ley que amenaza su existencia.</cite></blockquote>



<p class="has-text-align-left"><strong>Información de interés relacionada:</strong></p>



<p class="has-text-align-left">Ley 27692 que regula la creación de la Agencia Peruana de Cooperación Internacional (APCI): https://shorturl.at/KmGbv</p>



<p class="has-text-align-left">Predictamen que modifica la Ley de creación de APCI: https://shorturl.at/1tlII</p>



<p>____________________________</p>



<p>*Publicado en <a href="https://www.linkedin.com/pulse/la-amenaza-legislativa-las-ongs-qu%2525C3%2525A9-est%2525C3%2525A1-en-juego-para-dulanto-hdw3e/?trackingId=M1kzc6OdRKSUs3LeQwZ0PA%3D%3D">Linkedin</a></p>
<div class='heateorSssClear'></div><div  class='heateor_sss_sharing_container heateor_sss_horizontal_sharing' data-heateor-sss-href='https://intercambio.pe/amenaza-legislativa-ongs/'><div class='heateor_sss_sharing_title' style="font-weight:bold" >Compartir en:</div><div class="heateor_sss_sharing_ul"><a aria-label="Facebook" class="heateor_sss_facebook" href="https://www.facebook.com/sharer/sharer.php?u=https%3A%2F%2Fintercambio.pe%2Famenaza-legislativa-ongs%2F" title="Facebook" rel="nofollow noopener" target="_blank" style="font-size:32px!important;box-shadow:none;display:inline-block;vertical-align:middle"><span class="heateor_sss_svg" style="background-color:#0765FE;width:35px;height:35px;display:inline-block;opacity:1;float:left;font-size:32px;box-shadow:none;display:inline-block;font-size:16px;padding:0 4px;vertical-align:middle;background-repeat:repeat;overflow:hidden;padding:0;cursor:pointer;box-sizing:content-box"><svg style="display:block;" focusable="false" 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		<title>Identidad cultural y cambios generacionales en la Amazonía</title>
		<link>https://intercambio.pe/identidad-cultural-y-cambios-generacionales-en-la-amazonia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[uaisdtrmc]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 20 Apr 2024 17:59:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Regiones]]></category>
		<category><![CDATA[Artículo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La identidad cultural, al igual que las otras identidades que poseemos los seres humanos, es algo que está en permanente flujo y transformación; sin embargo, mucha gente piensa que la identidad de los pueblos indígenas es algo fijo e inamovible. Esta idea es absolutamente errónea y, al mismo tiempo, podría resultar muy peligrosa en la [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://intercambio.pe/identidad-cultural-y-cambios-generacionales-en-la-amazonia/">Identidad cultural y cambios generacionales en la Amazonía</a> se publicó primero en <a href="https://intercambio.pe">Intercambio - Revista Jesuita de Cultura Social</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="wp-block-image">
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<p>La identidad cultural, al igual que las otras identidades que poseemos los seres humanos, es algo que está en permanente flujo y transformación; sin embargo, mucha gente piensa que la identidad de los pueblos indígenas es algo fijo e inamovible. Esta idea es absolutamente errónea y, al mismo tiempo, podría resultar muy peligrosa en la medida en que promueve estereotipos y genera formas disimuladas de discriminación.</p>



<p>El paso del tiempo hace que todas las identidades se transformen. Evidentemente, todo proceso de cambio significa la aparición de aspectos nuevos que se suman a otros que permanecen. En otras palabras, los cambios que aparecen con cada generación aportan nuevos elementos a las identidades culturales, pero esto no significa que todo lo antiguo desaparezca. Hay cosas nuevas y cosas que se mantienen.</p>



<p>Este proceso, totalmente natural y generalizado en el mundo, a veces lleva a una sensación de preocupación ante la posible pérdida de aspectos que una determinada sociedad considera como fundamentales para su propia cultura. Este es uno de los principales dilemas que enfrentan los pueblos indígenas amazónicos, dilema que se acentúa debido al contexto de amenazas que están viviendo en la actualidad.</p>



<p>En efecto, la invasión de diversas empresas multinacionales, de proyectos de desarrollo venidos de fuera y de actividades ilícitas dentro de sus territorios, así como el impacto de la educación moderna y el creciente número de jóvenes que migran a las ciudades, son considerados como graves amenazas que podrían conducir a la desaparición de sus propias culturas y sociedades.</p>



<p>Esta nueva situación también fomenta tensiones entre diferentes generaciones, ya que muchas veces las personas mayores no saben qué esperar de la gente más joven. Al igual que en otras partes del mundo, los padres y madres de familia indígenas se preocupan por el bienestar de sus hijas e hijos y por el de las generaciones futuras.</p>



<p>La experiencia de la adolescencia y de la juventud ha traído a los pueblos amazónicos una serie de desafíos que antiguamente no existían. Incluso, para algunos de ellos, constituye un fenómeno relativamente reciente. Hasta hace algunas décadas, en estas sociedades, se pasaba directamente de la niñez a la adultez luego de cumplir con los rituales correspondientes de pubertad. Apenas un niño o niña estaba físicamente en condiciones de tener hijos y de demostrar su capacidad para obtener los alimentos necesarios para sobrevivir, ya podían convertirse en padres o madres y asumir todas las responsabilidades propias de la adultez. Por ello, quienes hoy consideramos como adolescentes y jóvenes recién aparecieron en la Amazonía junto con la escolaridad, la vida urbana y la cultura moderna.</p>



<p>En el pasado, además, las personas vivían prácticamente en las mismas situaciones que las de las generaciones anteriores y se dedicaban, en su vida cotidiana, a hacer casi lo mismo: cazar, pescar, cultivar la chacra, casarse, cuidar y educar a sus hijos e hijas, viajar y visitar a parientes y tener, cada cierto tiempo, celebraciones que marcaban el paso de la vida y reafirmaban sus vínculos sociales. Las posibilidades que les ofrecen la educación, las ciudades y la vida moderna han transformado este ciclo tradicional y generan muchas incertidumbres.</p>



<p>Estas incertidumbres y dilemas también son compartidas por los y las jóvenes indígenas, quienes enfrentan constantemente tensiones producidas por los cambios culturales. Su vida cotidiana está marcada por numerosas presiones: por parte de otros jóvenes no indígenas, de sus maestros o empleadores, de los medios de comunicación, del Estado, de la sociedad mestiza o, incluso, a veces también por parte de sus propios parientes y familiares que les dicen, de distinta forma, que no es valioso ser indígena, que no pueden ser indígenas y profesionales al mismo tiempo, que no les sirve de nada hablar en su propio idioma o que ser indígenas es vivir en el pasado. De una u otra manera, les repiten la idea de que, si quieren vivir bien, deberían dejar de ser indígenas. Estas presiones generan un ambiente que les impide vivir de manera integral y coherente como ciudadanos plenamente modernos y, al mismo tiempo, mantener sus tradiciones y la riqueza de su herencia cultural.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>En los contextos urbanos, el contacto constante con la sociedad mestiza les exige adaptarse, no siempre de una manera positiva, eventualmente intensificando o acelerando los procesos de transformación o de&nbsp; pérdida cultural.</p>
</blockquote>



<p>La educación y la vida urbana han traído para la juventud indígena amazónica nuevas costumbres y formas de vida tanto positivas como negativas. Por un lado, ofrecen espacios y experiencias que les permiten acceder a herramientas y conocimientos que pueden servirles, no solo para ganarse la vida, sino también para eventualmente defender sus derechos y territorios en permanente amenaza, pero, al mismo tiempo, pueden generar el debilitamiento y hasta la destrucción de los valores, creencias y relaciones sociales que constituyen las bases mismas de las sociedades indígenas.</p>



<p>En la ciudad, la juventud indígena no solo aprende nuevas ideas o valores en las instituciones educativas, sino también enfrenta desafíos y situaciones para los cuales no siempre está preparada. En los contextos urbanos, el contacto constante con la sociedad mestiza les exige adaptarse, no siempre de una manera positiva, eventualmente intensificando o acelerando los procesos de transformación o de pérdida cultural. Y, en el caso de vivir en sus propias comunidades, también reciben muchas presiones para ser buenos estudiantes, para luego migrar y convertirse en profesionales, ideal que, en la práctica, la mayoría no logra conseguir.</p>



<p>Una parte fundamental del dilema que enfrentan estos jóvenes radica en que no queda del todo claro qué significa ser un indígena moderno. Es decir, cómo salirse de los estereotipos e imaginarios generalizados a través del tiempo y de los medios de comunicación y que usualmente los presentan a partir de sus rasgos más exóticos: desnudos o emplumados salvajes y vinculados de manera indesligable a un bosque amazónico idealizado. Estos estereotipos son utilizados frecuentemente en las escuelas por parte de los docentes para, supuestamente, promover el «progreso» de estos jóvenes.</p>



<p>Hay que recordar, también, que en toda la cuenca amazónica existen unos cuatrocientos pueblos originarios distintos. Por ello, las situaciones generadas por los cambios culturales y las respuestas que dan los jóvenes a estos nuevos desafíos varían de un pueblo a otro. Así, por ejemplo, jóvenes provenientes de pueblos con una fuerte autoestima en relación con su identidad étnica, como los shipibo-konibo, los shuar o los awajún, mantienen mejor sus idiomas y sus tradiciones culturales y, en muchos casos, buscan formas creativas de combinar estas tradiciones con las formas de vida modernas. Un ejemplo de ello es su intensa participación en las redes sociales, sin abandonar por ello el uso de sus propios idiomas.</p>



<p>Existen también jóvenes de otros pueblos que buscan, por el contrario, establecer una mayor distancia frente a las prácticas culturales de sus antepasados, pero sin romper definitivamente con sus orígenes. En estos casos, los y las jóvenes tienden a autoidentificarse como «descendientes». Este término, propuesto en muchos casos por los docentes en las escuelas, expresa una mayor distancia entre la generación joven y las anteriores a las que pertenecían sus madres o abuelas. Al mismo tiempo, este término les posibilita mantener un vínculo con esas generaciones; les permite, si así lo desean, el reconocimiento de sus derechos indígenas, ya que la legislación nacional e internacional utiliza también este término.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" width="1024" height="683" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2024/04/amazonia2-1-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-1984" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2024/04/amazonia2-1-1024x683.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2024/04/amazonia2-1-300x200.jpg 300w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2024/04/amazonia2-1-768x512.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2024/04/amazonia2-1-1536x1024.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2024/04/amazonia2-1.jpg 1800w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>
</div>


<p>Asimismo, existen jóvenes que buscan distanciarse aún más de sus orígenes. En algunos de estos casos incluso llegan a negar o rechazar sus orígenes y su propia identidad étnica. En muchos casos, sin embargo, esta actitud de rechazo dura solamente algunos años y cuando llegan a tener sus propios hijos, vuelven a las tradiciones y valores heredados de sus antepasados.</p>



<p>Al respecto, existen varios casos de líderes indígenas que cuentan cómo, cuando fueron más jóvenes, rechazaron su propia identidad debido a las presiones, los maltratos o el <em>bullying</em> que sufrieron a través de actos de discriminación y racismo, pero que, una vez que llegaron a convertirse en adultos más maduros, volvieron a sus raíces y se convirtieron en activistas culturales y líderes políticos que defienden y promueven los derechos de sus pueblos.</p>



<p>En última instancia y más allá de las respuestas individuales que cada joven indígena pueda encontrar para responder a estos desafíos, los pueblos amazónicos, de manera colectiva, deben también buscar respuestas a las preguntas que muchas sociedades se han hecho a lo largo de la historia: cómo buscar en sus propias raíces y tradiciones pistas para vivir en nuevos contextos históricos y sociales sabiendo, además, que lo que está en juego es su propio futuro.</p>
<div class='heateorSssClear'></div><div  class='heateor_sss_sharing_container heateor_sss_horizontal_sharing' data-heateor-sss-href='https://intercambio.pe/identidad-cultural-y-cambios-generacionales-en-la-amazonia/'><div class='heateor_sss_sharing_title' style="font-weight:bold" >Compartir en:</div><div class="heateor_sss_sharing_ul"><a aria-label="Facebook" class="heateor_sss_facebook" href="https://www.facebook.com/sharer/sharer.php?u=https%3A%2F%2Fintercambio.pe%2Fidentidad-cultural-y-cambios-generacionales-en-la-amazonia%2F" title="Facebook" rel="nofollow noopener" target="_blank" style="font-size:32px!important;box-shadow:none;display:inline-block;vertical-align:middle"><span class="heateor_sss_svg" style="background-color:#0765FE;width:35px;height:35px;display:inline-block;opacity:1;float:left;font-size:32px;box-shadow:none;display:inline-block;font-size:16px;padding:0 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		<title>Cambios socioculturales en la juventud andina quechua</title>
		<link>https://intercambio.pe/cambios-socioculturales-en-la-juventud-andina-quechua/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[uaisdtrmc]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 19 Apr 2024 17:59:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Regiones]]></category>
		<category><![CDATA[Artículo]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>Creo que hay varias razones para dar prioridad hoy a los jóvenes: en primer término está su alto porcentaje demográfico; luego, la importancia de su protagonismo en la vida social y política de los últimos cinco años, durante los cuales ha participado en movilizaciones motivadas por nuestra agitada vida política (muestra de ello son nuestros cinco presidentes en esos cinco años). Es bueno recordar que los jóvenes siempre han estado presentes en la historia de nuestro país como actores o como víctimas, en muchos casos.</p>



<p>Somos un país joven y esto es importante tenerlo seriamente en cuenta porque hay, por lo tanto, esperanza fundada de renovación positiva en muchos sentidos. No somos un país como España, Italia u otros países europeos, donde no hay jóvenes, precisamente porque no hay niños. En algunas ciudades españolas hay tasa negativa de crecimiento demográfico. Basta ver la televisión de esos países con un poco de atención para notar las edades de las personas que conducen los programas o de los actores que protagonizan las películas para notar estas diferencias.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img decoding="async" width="500" height="700" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2024/04/cambiossocioculturales1.jpg" alt="" class="wp-image-1985" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2024/04/cambiossocioculturales1.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2024/04/cambiossocioculturales1-214x300.jpg 214w" sizes="(max-width: 500px) 100vw, 500px" /></figure>
</div>


<p>A nivel de vocaciones en la vida religiosa y sacerdotal, en las filas de la Iglesia Católica es muchísimo más notoria la diferencia, con todas las dificultades y perspectivas que esto conlleva para las distintas congregaciones y parroquias en una visión de mediano plazo. La preocupación por el futuro de estas sociedades es real y de allí las facilidades que están dando para la migración controlada de ciudadanos provenientes de países que fueron sus colonias, en concreto las de España. El número de personas de la tercera edad es grande y no hay jóvenes que reemplacen y sostengan económicamente a los que entran en esa etapa de su vida.</p>



<p>El tema es importante por lo dicho como por las características especiales que tiene nuestro país en relación con la juventud. En esta perspectiva, en el Perú es claro que podemos diferenciar dos grandes bloques de jóvenes, los urbanos y los rurales. Según las proyecciones, hacia 2050, el Perú será más urbano que rural, siguiendo el patrón de desarrollo actual. La segunda diferencia es un poco más fina y podemos diferenciar jóvenes que viven en la costa, la sierra o la zona andina, y los amazónicos, nuestras tres regiones naturales, tan diferenciadas. La tercera es si pertenecen a un grupo étnico determinado, si son quechuas, aimaras, awajuns, shipibos, asháninkas, wanpis o de algunas de las más de 48 lenguas e identidades étnicas que tiene nuestro país.</p>



<p>Finalmente, creo que hay diferencias en jóvenes varones y mujeres, entre los que pertenecen a la Iglesia Católica u otras iglesias nacionales o las otras denominaciones provenientes de los Estados Unidos, Europa o la India. Tener una lengua distinta a la castellana marca mucho la identidad cultural como psicológica de los niños y los jóvenes. Somos un país pluricultural, multilingüe, con muchos problemas de discriminación negativa cultural y social que afectan claramente la identidad de nuestros jóvenes, tanto varones como mujeres.</p>



<p>Me referiré en este artículo a los jóvenes andinos quechuas del sur del Perú —donde pasé muchos años junto a las comunidades campesinas— como a los pueblos mestizos de los que forman parte.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>Aunque de mala calidad y muchas veces en contra de la identidad quechua, las escuelas han llegado hasta el último rincón de los Andes; el salto cultural que se provoca entre el abuelo comunero monolingüe, agricultor o pastor, y el nieto, es muy grande.&nbsp;</p>
</blockquote>



<p>Para poder entender cómo son y hacia dónde van como grupo específico, me parece importante decir que ellos están sometidos o son parte de las dinámicas mayores de la sociedad a la que pertenecen. Los jóvenes pertenecen a familias campesinas o pastoras, comuneras o mestizas, de los pueblos que están afectados por la expansión de las carreteras, el comercio, las escuelas y los servicios eléctricos y comunicacionales, como la radio, la televisión y ahora el internet. Los jóvenes están sujetos y son los más interesados en conseguir toda la tecnología que los vincule a los grandes centros de la comunicación moderna. Igualmente, son parte de dinámicas sociales y culturales más grandes en términos de opciones educativas y laborales.</p>



<p>Los jóvenes son los mayores consumidores de celulares y cabinas de internet y, por ende, los más abiertos a los cambios y a ser parte de los consumidores de todo lo que el celular ahora ofrece. Hace ya algunos años (fines del siglo pasado) se realizaron las primeras investigaciones sobre el consumo de internet y, en específico, de pornografía en los jóvenes del sur andino (Cusco y Puno). Los resultados fueron alarmantes, ya que mostraban cómo los varones eran los que más consumían este producto, los que más horas dedicaban al internet, los que oían música y hacían contacto con otros jóvenes de su misma edad, etc. usando todos los medios masivos de comunicación. Es importante decir que los jóvenes, en general, son un recurso muy valioso e importante para las familias andinas que migran a las ciudades grandes o medianas, en el sentido que son los que ayudan a los padres y a los abuelos a aprender lo necesario para comunicarse y manejarse en la sociedad mayor y distinta a la que ingresan. Son realmente parte de lo que se llama el «capital social» de los pobres, más en países asimétricos y con problemas serios de incomunicación intercultural. Son un puente de comunicación clave para las familias y de alternativas económicas en muchos aspectos.</p>



<p>Los jóvenes son los más abiertos a las innovaciones sociales, sobre todo a los cambios tecnológicos, también a aprender castellano y, por supuesto, un inglés técnico básico para usar las redes y todas las aplicaciones que constantemente utilizan en la comunicación. A pesar de que Google ahora ofrece usar el internet en quechua, los quechuahablantes no lo hacen con la seguridad y libertad que deberían; una de las razones es que la mayoría de ellos solo hablan el quechua y, por tal motivo, todavía no se sienten seguros de poder comunicarse por escrito y fluidamente en su lengua materna.</p>



<p>Uno de los motivos más profundos de cambio entre los jóvenes me parece que viene del acceso que tienen a la educación pública. Aunque de mala calidad y muchas veces en contra de la identidad quechua, las escuelas han llegado hasta el último rincón de los Andes; el salto cultural que ello provoca es muy grande entre el abuelo comunero monolingüe, agricultor o pastor y el nieto. Soy testigo de excepción de estos cambios. Un comunero de Paroqan (Quispicanchi, Cusco) tuvo seis hijos; solo uno de ellos logró ir a la escuela y el colegio. A pesar de la resistencia y oposición de su padre, con ayuda de unos religiosos este jovencito terminó su secundaria en un colegio de provincia, ingresó a una universidad pública y terminó su carrera de agrónomo. Por pertenecer a un partido de izquierda, su hijo logró irse becado a estudiar medicina en Cuba; terminada su carrera, se especializó en pediatría y ahora es un médico muy valioso profesionalmente en la capital del departamento.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" width="1024" height="682" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2024/04/cambiossocioculturales2-1024x682.jpg" alt="" class="wp-image-1986" style="width:803px;height:auto" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2024/04/cambiossocioculturales2-1024x682.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2024/04/cambiossocioculturales2-300x200.jpg 300w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2024/04/cambiossocioculturales2-768x511.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2024/04/cambiossocioculturales2-1536x1022.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2024/04/cambiossocioculturales2.jpg 1800w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>
</div>


<p>Entre el abuelo comunero monolingüe, de pantalón corto y ojotas y el nieto graduado como pediatra en Cuba, el salto es formidable. Algo parecido pasa con jóvenes mestizos, tanto varones como mujeres, que, ante la dificultad de ingresar a las universidades públicas de provincia, optan por irse a Bolivia, donde no hay examen de ingreso, y estudian carreras de gran demanda en nuestro país.</p>



<p>Los jóvenes andinos, en general, están abiertos a los cambios, pero mantienen su identidad andina en lo que se refiere a gustos musicales, dancísticos, gastronómicos y, por ello, mantienen algo del quechua, como lengua de sus padres y abuelos. A pesar de la discriminación que sienten en determinados ambientes urbanos y castellanos, gustan de su comida, música y baile. Por la distancia y la vivencia no tan cercana a la vida comunal, pierden ciertos valores como el respeto a los mayores, la fe andina de culto a la madre tierra y los <em>apus</em>, el manejo fluido del quechua, la solidaridad campesina con sus múltiples formas de expresarse, etc. Mantienen la religión popular católica, vinculada a sus raíces culturales, aunque afrontan ciertas crisis, normales en su proceso de aculturación e inculturación en la vida urbana, más laica y hasta ajena a la fe cristiana. En mis años de contacto con los jóvenes andinos, pude notar que tienen mucha fuerza de voluntad para conseguir sus metas, aunque muestran cierta debilidad emocional y moral frente a las reglas de la sociedad moderna y urbana a la que lentamente se incorporan.</p>



<p>La sociedad actual es una sociedad muy inestable y cambiante en todo sentido, pide de nosotros mayor atención a lo que sucede, así como constante discernimiento respecto de la manera en que debemos actuar. Dada la poca formación religiosa que suelen tener en sus hogares, los jóvenes tienden a tener una moral llamada «de la situación» o laxa, muy fácilmente sucumben ante la necesidad de dinero o éxito académico. Tenemos un país con muestras de corrupción a todo nivel y en casi todas las instituciones, lo cual facilita que los jóvenes traicionen sus valores cristianos y humanos, si los tienen. El relativismo moral y «la ética de la conveniencia» parecen imperar y esto hace que muchos jóvenes entren con relativa facilidad a las redes del narcotráfico y del consumo de drogas y a una sexualidad medio esquizofrénica y banal que separa de manera sencilla la vivencia espiritual-afectiva de lo sexual. Se les hace muy fácil pagar a docentes para que les otorguen notas aprobatorias o amenazarlos de muerte si no los aprueban. La violencia sexual contra las niñas y adolescentes, así como como los embarazos no deseados y los abortos, se van normalizado de manera alarmante. La mayor crisis no es tanto a nivel intelectual, sino a nivel afectivo-emocional.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>[Los jóvenes andinos] tienen mucha fuerza de voluntad para conseguir sus metas, aunque muestran cierta debilidad emocional y moral frente a las reglas de la sociedad moderna y urbana a la que lentamente se incorporan.</p>
</blockquote>



<p>Así como inicié mi artículo, quiero concluir diciendo que los jóvenes merecen mucha más atención y afecto de los que reciben. Los padres se tienen que preparar mejor para ser mejores guías de sus hijos e hijas, lo mismo se podría decir de los docentes que los atienden en las instituciones educativas de todo nivel. Otra cosa importante es estar abiertos y en constante, auténtica y comprometida comunicación con ellos; hace falta escucharlos, respetarlos y darles seguridad, en sus diversos tipos. Los jóvenes son expresión de nuestras familias y de nuestra sociedad.</p>



<p>Generalmente, los jóvenes no leen lo suficiente y tienen vacíos grandes en su formación ciudadana. La carencia de formación política, en el mejor sentido del término, es grande y, por eso, es urgente crear escuelas, grupos, movimientos, talleres de formación en esos aspectos de la vida, como la relación entre ética y política, por ejemplo. Los partidos políticos actuales, como las propias iglesias, incluida la católica, no crean escuela de manera efectiva entre los jóvenes.</p>



<p>Si queremos tener mejores personas en todos los niveles de la gestión social, tenemos que dedicarnos a formar jóvenes en lo académico, personal, ético y espiritual. Podemos decir con certeza que la esperanza de los pobres está en los jóvenes; los jóvenes son una verdadera fuerza de renovación y, ciertamente, todo este conjunto será posible de dinamizar y desarrollarse si hay una buena renovación y transmisión de lo espiritual.</p>


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href="https://intercambio.pe/cambios-socioculturales-en-la-juventud-andina-quechua/">Cambios socioculturales en la juventud andina quechua</a> se publicó primero en <a href="https://intercambio.pe">Intercambio - Revista Jesuita de Cultura Social</a>.</p>
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