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Edición Nº 72

Virgen del Carmen de Paucartambo: la fiesta que equilibra la vida de un pueblo andino-amazónico
Mijaíl Enríquez
21 de octubre, 2026

El sol radiante del mediodía acaricia las campanas como quien las prepara para anunciar que la fiesta está por comenzar. Es 15 de julio y, desde el Santo Templo, don Panchito (nuestro ecónomo de la parroquia) y don Federico (antiguo campanero) se turnan para anunciar con fuertes tañidos a toda nuestra tierra paucartambina que Mamacha Carmen está lista. Ha sido cuidadosamente preparada por las atentas manos de sus hijas que conforman su Hermandad. Que anuncien a sus maqt’as («muchachos, jóvenes») que pueden comenzar, que sus danzantes y peregrinos pueden presentarse a verla, a venerarla.

Paucartambo no estaría completo sin la figura de Mamacha Carmen, cuya presencia dinamiza la fe, la mueve y la canaliza de manera experiencial: ya sea desplazándonos desde nuestros hogares hasta encontrarnos con ella, o permitiéndonos bailarle, cantarle y saludarla por ser la mujer que «hizo la voluntad del Señor» y «escuchó la Palabra de Dios y la obedeció»[1], razón por la cual «la felicitamos todas las generaciones»[2].

Nuestra Mamacha del Carmen es el punto de equilibrio de nuestro Paucartambo que no solo es andino, sino también amazónico. Incluso, movido por los hilos históricos que he ido entretejiendo, me atrevo a postular que Mamacha Carmen llegó a la selva paucartambina antes que al trono donde hoy es venerada. No sería desleal si menciono que Mamacha Carmen vino de fuera para quedarse, acompañar, interceder y fortalecer la fe de un pueblo, a tal punto que esa experiencia fundante se convirtiera en parte de la identidad del paucartambino, junto al Puente Carlos III y sus complejos arqueológicos del intermedio tardío, y su incontrastable balcón del oriente, desde donde el astro rey se hace visible ante cualquier peregrino errante que llegue a esas posadas.

Procesión de la Virgen de Paucartambo en Cusco.

"Nuestra Mamacha del Carmen es el punto de equilibrio de nuestro Paucartambo, que no solo es andino, sino también amazónico."

Sobre el origen de esta devoción podríamos extendernos considerablemente. Actualmente existen dos versiones ampliamente aceptadas: la del Qollasuyo (Paucarqolla) y la del Antisuyo (selva). Por la sumatoria de referencias y la credibilidad de los sucesos, la hipótesis del Antisuyo es la más coherente con el dato histórico. Pese a ello, la tradición de Paucarqolla no debe ser desestimada ni relegada al olvido, ya que posee un vínculo innegable con la Virgen del Carmen, aunque no represente su lugar de origen.

Tal como lo registran las fuentes históricas, en la selva del Cusco, en la Doctrina de Tono (cerca de lo que hoy es Patria y Pillcopata), existían haciendas y encomiendas, así como una parroquia dedicada a la Virgen del Carmen, por lo que resultaba necesario contar con una imagen[3]. Por citar un documento de archivo: se sabe que en 1574, al año de asumir el cargo de obispo del Cusco, don Sebastián Lartaún designó al cura Francisco Chuzón de Aguilar —enviado a esta zona por su vasta experiencia en tierras de frontera— «para que asumiera la parroquia de Tono, dedicada a la Virgen del Carmen, así como las capillas de Huaruhuari y Toayma en tierras que estaban encomendadas a Arias Maldonado»[4].

A estas evidencias se suman censos y rutas comerciales virreinales que muestran a Paucartambo como un enclave económico estratégico que abastecía de hojas de coca, cañazo y madera. Estas dinámicas motivaron la constante llegada de españoles que prefirieron asentarse en la zona y establecer vínculos de parentesco, tal como lo testimonia una de las pinturas de la Virgen del Rosario de mayor tamaño presente en el templo local (zona de la epístola).

Quizá se requiera de mayor espacio para fundamentar exhaustivamente estas hipótesis, pero basta preguntarnos: ¿Por qué los Qhapaq Ch’unchus son sus fieles guardianes?[5] ¿Por qué los Negros entonan cantos que desgarran el alma? ¿Por qué conviven allí Chucchus y Ch’unchachas? La respuesta se encuentra en que nuestra Madre logró equilibrar a lo largo de la historia los componentes andinos y amazónicos con un denso contenido hispánico.

Danzantes de la fiesta de la Virgen de Paucartambo en Cusco.

"Durante más de 200 años, esta festividad fue articulando la vida religiosa, social y cultural de la comunidad mucho más allá de los días centrales de la fiesta."

La festividad de la Mamacha Carmen surgió, sin duda, bajo una clara influencia española. Sus primeras cofradías, organizadas hace más de dos siglos, sus demandas, mantos, doseles y joyas reflejan una clara inspiración hispana reconfigurada mediante elementos propios del universo andino-amazónico.

Lejos de reducirse a una lectura puramente hispanista, el archivo histórico confirma la complejidad de este proceso. Don Antonio Reynoso, primer mayordomo de la cofradía[6], se encargaba de organizar la misa de los miércoles y los días festivos en honor a la «Soberana Reina de los Ángeles» y «Soberana Emperatriz de los Cielos», contratando cantores, cera y estipendios litúrgicos. Asimismo, manejaba con precisión registros contables de ingresos, egresos y donaciones procedentes incluso de diversos puntos de Europa.

Todo esto pudo quedar plasmado para la historia en un libro que constituye, de algún modo, un eslabón perdido, y, con el hallazgo del manuscrito de 1770 sobre la conformación de la Cofradía de la Virgen del Carmen, pudimos reconocer que esta fiesta fue organizada durante 200 años por las familias paucartambinas en coordinación con los párrocos. Eran los mismos pobladores que expresaban su fe desempeñando diversos roles, como parte de la cofradía, siendo fundadores, carguyoq («quien asume el cargo festivo»), priostes o fieles donantes. Todos ellos tenían como misión cuidar y salvaguardar la imagen bendita de Mamacha Carmen, organizar sus celebraciones y procesiones, así como administrar los bienes y donaciones que muchos devotos hacían.

Durante más de 200 años, esta festividad fue articulando la vida religiosa, social y cultural de la comunidad mucho más allá de los días centrales de la fiesta. Si nuestra fiesta es lo que es, se debe a la fe convertida en obras de muchos devotos y devotas que ofrecieron de su tiempo, trabajo e incluso peculio para permitir que esta celebración trascienda en el tiempo. ¡Nuestra memoria agradecida para tantas personas que seguramente estarán en el corazón de Mamacha Carmen! ¡Porque ella es una mujer que guarda todas esas cosas en su corazón![7]

Sin duda, la presencia de Mamacha Carmen permite dinamismo y movimiento durante todo el año, empezando con el yuyarichikuy[8] de los Qollas, el 1 de enero, seguido de cada 16 del mes, donde se celebra una misa paucartambina en honor a nuestra Mamita del Carmen, en compañía del prioste, párroco, acólitos y miembros de la hermandad y demás fieles devotos.

A los pocos días, el 3 de febrero, celebramos la conmemoración de la Coronación Pontificia por parte de san Juan Pablo II, donde muchas danzas, encabezadas por su demanda (imagen pequeña de la Virgen) y sus carguyoq se congregan en la llaqta («pueblo»). Luego vendrán los 18 yuyarichikuy restantes, los campeonatos interdanzas, los ensayos y las reuniones ordinarias y extraordinarias, a los que se suma la peregrinación de los Maqtas el 1 de julio desde Vilcabamba (Caicay, Paucartambo), para comenzar nuevamente ese día, con la misa de despierto, cuando nuevamente Mamacha Carmen en el silencio cercano de esa mañana sale a bendecir nuestras callecitas.

Señoras en la procesión con la demanda de la Virgen de Paucartambo.

Definitivamente, la fiesta de Mamacha Carmen traspasa las coordenadas temporales y geográficas, no se reduce a los cuatro días centrales, sino que se extiende durante todo el año y, por ello, va equilibrando la vida de un pueblo que es andino y amazónico a la vez.

Estas celebraciones no son una carga como algunos podrían considerarlas, o un añadido más a nuestras múltiples actividades; son espacios esenciales donde demostramos quiénes somos, porque nos reunimos y nos hacemos presentes para no olvidar que somos hijos e hijas de Dios y Mamacha Carmen.


[1] (cf. Lc 11, 27-28)

[2] (cf. Lc 1, 39-56)

[3] Enriquez, Mijail (2025). Mamacha Carmen: Entretejiendo su historia. Aquarela Cusco.

[4] Archivo General de Indias (AGI). Lima 316: Designación de Visitador y Cura, 1574.

[5] Es interesante conocer como los Qhapaq Ch´unchus pasaron de hombres salvajes que se enfrentaron con el nuevo orden español, atentando incluso contra sus devociones católicas, y dañando según la tradición a la Virgen del Carmen, transformándose a lo que ahora son «fieles custodios de Mamacha Carmen». ¿Qué pasó? Si quieres conocer más estos detalles, revisar el libro de Efraín Jurado (Chono) y Miguel Rubio, titulado Habla el Rey Ch´unchu (2021)

[6] Cf. Archivo Parroquial de Paucartambo (AP). Libro de la Cofradía de la Virgen del Carmen (1788-1806).

[7] (cf. Lc 2,19)

[8] Yuyarichikuy (lit. 'hacer recordar'): Espacio de memoria y renovación de compromiso en el que los danzantes, tras la liturgia, ratifican su promesa ante la demanda para bailar en las festividades venideras.

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Mijaíl Enríquez
Mijaíl Enríquez

Investigador y estudiante de arqueología. Sacerdote diocesano de la Arquidiócesis del Cusco.

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