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Edición Nº 72

Carnaval de Brasil: cuando el cuerpo baila, la comunidad se reconoce
Jocineia Santos / Gamba Junior
21 de octubre, 2026

Hay momentos en que el cuerpo sabe antes que la palabra. En el Carnaval, miles de cuerpos ocupan el espacio público, cantan, danzan y, por algunos días, recuerdan que se pertenecen unos a otros. Lo que se manifiesta como fiesta carga historias ancestrales: memorias africanas, resistencias negras, saberes transmitidos entre generaciones y estrategias de crear comunidad en medio de profundas desigualdades socioeconómicas. El Carnaval brasilero es, al mismo tiempo, celebración, memoria e invención: una experiencia vivida en el cuerpo y un engranaje cultural y económico de gran alcance.

Esa dinámica no es un fenómeno aislado. En toda América Latina, prácticas populares nacidas en el seno de comunidades marginadas siguieron trayectorias análogas de preservación de la vida colectiva mediante el rito. El Carnaval de Barranquilla, en Colombia, articula matrices indígenas, africanas y europeas y fue proclamado por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2003. El Carnaval de Oruro, en Bolivia, nació de la devoción del pueblo Uru y de la organización de las comunidades mineras andinas, y recibió el mismo reconocimiento en 2001. En Perú, la Festividad de la Virgen de la Candelaria, en Puno, une tradiciones quechuas y aymaras, movilizando decenas de miles de danzantes y generando un impacto económico regional superior a 111 millones de soles[1].

Estas manifestaciones cuentan con el respaldo de la Convención de la UNESCO para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial[2]. En los escenarios latinoamericanos, memoria ancestral, construcción identitaria y economía del turismo se entrelazan. Ante esta convergencia, este artículo analiza el caso brasilero para responder a la provocación central de esta edición («¿Qué nos une?»): ¿Qué sucede cuando una práctica gestada por comunidades populares se transforma, simultáneamente, en un sentimiento de pertenencia, símbolo de identidad nacional y fuerza económica de miles de millones de reales?

Carros alegóricos en el Carnaval de Brasil de noche.

"El reconocimiento institucional ratifica que el Carnaval es fundamentalmente memoria en movimiento sustentada por poblaciones marginadas."

Las matrices de la samba urbana en Río de Janeiro —el partido alto, la samba de terreiro y la samba-enredo— nacieron en las quintas y terreiros de las comunidades negras de comienzos del siglo XX, como la casa de Tía Ciata y los morros cariocas. En 2007, el IPHAN registró esas tres matrices como Patrimonio Cultural de Brasil, reconociendo que su valor reside en las formas de sociabilidad y en la transmisión oral de saberes entre generaciones, y no solo en su dimensión musical[3].

El reconocimiento institucional ratifica que el Carnaval es fundamentalmente memoria en movimiento sustentada por poblaciones marginadas. Como apunta Lélia Gonzalez[4], es en las experiencias afrobrasileñas —en la corporalidad, la oralidad y la religiosidad— donde reposa la centralidad de la formación cultural del país, aunque el discurso hegemónico históricamente intente reducirlo a folclore. Esa dimensión ritual y comunitaria dialoga con la crítica de Ailton Krenak[5] a la separación occidental entre cuerpo, naturaleza y vida social: en el terreiro y en la calle, memoria, cuerpo y colectividad rechazan la atomización individualista y reconstituyen la vida en común. El flujo de los desfiles a lo largo de la historia actualiza y resignifica sentidos de comunidad y de expresión ante diferentes contextos de opresión. Desde los nexos con la esclavitud y la perpetuación de su lógica a comienzos del siglo XX, las expresiones de violencia y opresión se han alternado de formas tan diversas como las tácticas de resistencia.

Podemos citar, por ejemplo, la presencia creciente de dinámicas ilegales y del crimen organizado en las comunidades; o la relación compleja con períodos como el de la dictadura cívico-militar, donde la dimensión política es muchas veces la de cooptación, con tramas que enaltecen las administraciones autoritarias, pero que, por otro lado, dialogan con acciones represivas de prohibición y censura. La forma predominante en que los desfiles ontológicos rescatan esos recorridos, así como otros desfiles que denunciaron simultáneamente las circunstancias de su época,[6] suman a las dimensiones de memoria, pedagogía, religiosidad, entretenimiento, cultura y arte una dimensión política vinculada al activismo social.

Un danzante del Carnaval de Brasil con su vestimenta típica y su grupo de baile detrás.

Esas narrativas emergen en el desfile de la escuela de samba en su musicalidad y danza[7], en su estética visual[8] y en su dimensión textual en la samba-enredo. Aquí, en este artículo, partimos de la dimensión corporal de la performance, siempre en diálogo con las otras dimensiones debido al tipo de hibridismo estructural del desfile.

La contribución analítica central para comprender la fuerza del carnaval reside en pensar el cuerpo y la dimensión sensible —y no solo el discurso teórico— como lugares de producción de identidad. Siguiendo a Judith Butler[9], la identidad no constituye una esencia preexistente o estática, sino un efecto estilizado producido por la repetición constante de los actos corporales socialmente reconocibles.

Esa perspectiva gana densidad al incorporar la «pedagogía de las cosas» —pedagogia delle cose— de Pier Paolo Pasolini[10]. El pensador italiano defendía que los sujetos son educados y socializados de forma no verbal por medio de lo físico, los gestos, los ritmos y la presencia concreta de los objetos. En el Carnaval, la materialidad de los tambores, las fantasías, el sudor, el movimiento y la ocupación de la calle operan como un lenguaje directo: la pertenencia no se enseña por doctrinas formales, sino que se absorbe en el acto físico de danzar y compartir el espacio.

Con todo, Pasolini también alertaba sobre la voracidad del consumo burgués en la pérdida de los rasgos propios del saber popular. El cuerpo que danza produce sentido performativamente diciendo «nosotros existimos» antes de cualquier discurso; pero la pedagogía viva de la calle necesita resistir la reducción del rito a un espectáculo pasteurizado.

"La pertenencia no se enseña por doctrinas formales, sino que se absorbe en el acto físico de danzar y compartir el espacio."

Hay todavía una tensión analítica inevitable: ¿cómo las manifestaciones gestadas al margen pasan a representar la «brasilidad» en el imaginario global? Kabengele Munanga[11] aclara que el Estado-nación históricamente absorbió expresiones culturales negras en una narrativa de integración y mestizaje que celebra la mixtura, pero con frecuencia silencia las jerarquías y las asimetrías raciales que la estructuran. Ese es un riesgo compartido por fiestas como las de Barranquilla, Oruro y Puno cuando el rito se consume como espectáculo desprovisto de densidad histórica.

Luiz Paulo da Moita Lopes[12] complementa esa lectura al ponderar que las identidades nacionales son construcciones discursivas y relacionales en permanente disputa, forjadas en las prácticas cotidianas. Comprender esa ambivalencia evita que el análisis caiga en la celebración ingenua de la fiesta como simple «producto de exportación» y revela el Carnaval como un territorio de disputa simbólica y social.

Una multitud de jóvenes celebrando con baile e instrumentos en las calles por el Carnaval de Brasil.

"La fiesta es, ante todo, una tecnología social de producción de pertenencia."

Cuando esa experiencia comunitaria se conecta al turismo y a las industrias creativas, el Carnaval se consolida como uno de los principales motores económicos estacionales del país. En 2026, datos del Ministerio de Turismo indican que la fiesta movilizó cerca de R$ 18 600 millones en Brasil, reuniendo más de 65 millones de participantes[13].

En Río de Janeiro, estudios de la Alcaldía y de Riotur registraron un movimiento de R$ 5 900 millones en la economía carioca en 2026, reuniendo 8 millones de personas[14], tras un impacto de 5 700 millones de reales en 2025[15].

Fuera del sudeste, en 2025, el Carnaval de Pernambuco movilizó cerca de R$ 3 300 millones[16], y en el estado de Bahía movilizó R$ 7 000 millones en la economía al atraer 3,5 millones de turistas[17].

Sin embargo, una perspectiva sociológica integral exige ir más allá de los indicadores macroeconómicos. Detrás de los miles de millones movilizados existe una inmensa cadena de trabajo material e inmaterial: costureras, percusionistas, atrecistas, compositores, vendedores ambulantes, cocineras y choferes, trabajadores de las periferias y de las favelas que raramente son contemplados en la distribución de la riqueza. La economía del Carnaval es una consecuencia de la vitalidad comunitaria, y no la causa de esta. Reconocer ese orden de factores nos permite ver, bajo los números, los cuerpos y saberes que hacen viable el espectáculo.

Responder a la pregunta «¿qué nos une?» a partir del Carnaval brasilero exige comprender que la fiesta es, ante todo, una tecnología social de producción de pertenencia. Su poder no proviene del aparato mercantil, sino de la capacidad de transformar la memoria ancestral en presencia colectiva, haciendo del cuerpo que ocupa la calle el sujeto activo de la propia historia.

El caso brasilero refleja un patrón panamericano. Desde Barranquilla hasta Oruro, desde Puno hasta Río de Janeiro y Salvador de Bahía, se repite un mismo patrón: comunidades históricas que, al danzar y tocar, producen patrimonio, afirman su ciudadanía y movilizan economías enteras. Comprender que la dimensión económica solo existe porque antes existe una comunidad viva que sustenta la celebración es el paso fundamental para garantizar que la riqueza generada por la fiesta retorne a aquellos que la crean y encuentran en la celebración formas de reexistencia.


[1] Ministerio de Comercio Exterior y Turismo del Perú (MINCETUR). (2025). Fiesta de la Virgen de la Candelaria en Perú generó ingresos por más de S/ 111 millones este 2025.

[2] UNESCO. (2003). Convenção para a salvaguarda do patrimônio cultural imaterial.

[3] Instituto do Patrimônio Histórico e Artístico Nacional (IPHAN). (2007). Matrizes do samba no Rio de Janeiro: partido-alto, samba de terreiro e samba-enredo. Livro de Registro das Formas de Expressão.

[4] Gonzalez, L. (2020). Por um feminismo afro-latino-americano (F. Rios & M. Lima, Eds.). Zahar.

[5] Krenak, A. (2019). Ideias para adiar o fim do mundo. Companhia das Letras.

[6] Souza, C. A. N. de. (2026). O meu samba é manifesto: O entrelaçamento da política nas escolas de samba do Rio de Janeiro. Revista Todavia, 10(1), 1–15.

[7] Castro, R. Y. (2023). O ritmo como fenômeno multidimensional nas baterias de escola de samba e no candomblé: Pontos de convergência a partir da diáspora africana. Editora UNESP. https://doi.org/10.7476/9786559543779

[8] Borges, M. E. A. (2023). Os trajes de Orixás em terreiros e suas representações em fantasias nas escolas de samba. Revista Calundu, 7(1), 1–19. https://doi.org/10.26512/revistacalundu.v7i1.49590

[9] Butler, J. (2017). Problemas de gênero: Feminismo e subversão da identidade (R. Aguiar, Trad.; 8.ª ed.). Civilização Brasileira.

[10] Pasolini, P. P. (1990). Cartas luteranas (S. Castelani, Trad.). Brasiliense.

[11] Munanga, K. (2019). Rediscutindo a mestiçagem no Brasil: Identidade nacional versus identidade negra (3.ª ed.). Autêntica.

[12] Moita Lopes, L. P. (Ed.). (2003). Discursos de identidades: Discurso como espaço de construção de gênero, sexualidade, raça, idade e profissão na escola e na família. Mercado de Letras.

[13] Agência Brasil. (2026, 19 de febrero). Estimativas projetam movimentação de R$ 18,6 bilhões no Carnaval. Empresa Brasil de Comunicação. https://agenciabrasil.ebc.com.br/

[14] Prefeitura da Cidade do Rio de Janeiro. (2026). Carnaval 2026 deve movimentar R$ 5,9 bilhões na economia carioca. Secretaria Municipal de Desenvolvimento Econômico/Riotur.

[15] Diário do Rio de Janeiro. (2025, 28 de febrero). Turismo no Rio cresce 46% e Carnaval 2025 promete impacto econômico de R$ 6,5 bilhões. https://diariodorio.com/

[16] Movimento Econômico. (2025, 6 de marzo). Carnaval de Pernambuco apresenta movimentação de R$ 3,3 bilhões. https://movimentoeconomico.com.br/

[17] Brasil de Fato. (2025, 6 de marzo). Carnaval da Bahia bateu recordes e atraiu 3,5 milhões de turistas em 2025, aponta governo do estado. https://www.brasildefato.com.br/

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Jocineia Santos / Gamba Junior
Jocineia Santos / Gamba Junior

- Magíster en Diseño e investigadora del Laboratorio de Diseño de Historias (DHIS) de la PUC-Rio. Actualmente, cursa un doctorado en Diseño en la misma universidad.

- Doctor en Psicología Clínica y profesor adjunto del Departamento de Artes y Diseño de la PUC-Rio. Además, coordina el Laboratorio de Diseño de Historias (DHIS) del programa de posgrado en Diseño.

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