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Edición Nº 71

Desafíos de la salud mental en el Perú desde la atención especializada
Mariana Caro
8 de julio, 2026

Hoy escribiré sobre algunos de los desafíos que encuentro en la práctica especializada en salud mental. Para empezar, hay cosas que han mejorado y deben mencionarse.

En el año 2012 se modificó la ley nacional de salud, llamándola reforma de la salud mental. Desde ese momento, especialmente en los últimos diez años, se han ido implementando múltiples acciones para mejorarla. Pasamos de tener servicios de salud mental solo en algunos hospitales generales y en los tres únicos hospitales especializados en Lima, a tener 305 centros de Salud Mental Comunitaria[1]. Estos son espacios donde la atención se realiza buscando la promoción, prevención y rehabilitación de la salud mental dentro de la comunidad, facilitando así el acceso a ella. Se abrieron también 94 hogares protegidos donde las personas con trastornos mentales severos que no cuentan con apoyo familiar pueden recuperar su autonomía[2]. Con ello se busca facilitar la reintegración de usuarios institucionalizados en los nosocomios. Aun así, el Minsa calcula que faltan abrir 291 CSMC para cubrir la demanda nacional.

El gobierno pasó de un presupuesto para la salud mental de 213,6 millones de soles en el 2019 a 639,1 millones de soles en el 2025. Si bien no todo es ejecutado, refleja un esfuerzo de los últimos gobiernos por fortalecer el sector.                           

Una médico y una paciente paradas en el pasillo de un hospital.

"La mayor brecha de acceso se encuentra en la atención de subespecialidades como adicciones y apoyo a la población infantil."

De manera coordinada, los servicios de psiquiatría en hospitales generales han seguido creciendo y permitiendo la formación de nuevos psiquiatras, pasando de 68 plazas nacionales en 2012 a 96 en 2025, además de nueve plazas de subespecialidad para niños y adolescentes y una para adicciones[3].    

Vemos entonces que desde hace unos años en nuestro país se viene promoviendo un cambio en el acceso e interpretación de la salud mental.

A nivel privado hay seguros que hoy en día cubren la atención, pero con limitación en el número de sesiones o en la organización del lugar, como el tiempo de duración de la consulta y el tiempo de espera entre citas.

Además, la atención particular —sin seguro— suele ser costosa y en muchos casos larga, por lo que las personas empiezan un tratamiento, pero lo abandonan cuando no pueden mantener la carga económica, lo que deriva en tratamientos incompletos.

La mayor brecha de acceso se encuentra en la atención de subespecialidades como adicciones y apoyo a la población infantil, ya que necesitan no solo ayuda farmacológica, sino también un apoyo desde la terapia conductual y ocupacional, lo que es difícil de encontrar en la capital y más aún en provincias     .

En Perú, durante y después de la pandemia, hubo una caída en el sector de industrias farmacológicas por falta de materia prima, tanto a nivel regional como local. De ello aún no nos recuperamos: hay fármacos que nunca regresaron y los psiquiatras tenemos que adaptar los tratamientos. Recién en el 2026 están llegando productos nuevos, pero a un ritmo de innovación menor al que se tuvo anteriormente.

Los medicamentos para el tratamiento de adicciones que están en las guías internacionales de práctica clínica no se encuentran en el país y las familias tienen que importarlos por cuenta propia, algo inalcanzable para la mayoría.

El acceso es un desafío histórico que ha venido acortando sus brechas, pero hoy tenemos otro reto que continúa siendo uno de los principales: el estigma. Sin importar el nivel socioeconómico o educativo, vamos a encontrar desinformación sobre lo que implica ser evaluado y llevar un tratamiento. La conversación sobre salud mental sigue en aumento; hoy hay muchos influencers, cuentas en redes sociales y cursos en distintas universidades que promueven abordar los temas de salud mental. Se ha aceptado como un tema relevante. Sin embargo, una cosa es hablar del tema y otra aceptar que se necesita acudir a atención especializada. Algunas personas demoran en ir a un psiquiatra porque «aún no he llegado a tanto», «todavía puedo solo» o piensan que «es para locos», refiriéndose a un grupo de enfermedades que manifiestan psicosis. Algunos piensan que acudir a consulta equivale a admitir que están mal; les preocupa cómo los verán sus familiares y algunos asisten en secreto, perdiéndose el apoyo del entorno, que es tan importante para su recuperación. Los que inician un tratamiento pensando que la medicación causa dependencia o que lo mejor es «poder yo solo», dejan el tratamiento apenas notan mejoría, cuando la realidad es que existe un tiempo determinado —no menor de seis meses— para una verdadera recuperación. Al abandonarlo, aumenta la probabilidad de recaídas e incluso      pueden llegar a creer que se volvieron dependientes de la medicación. La misma frase «salud mental» tiene dos caras: si bien ha permitido ampliar la conversación, darle visibilidad e incluso promover políticas públicas específicas para enfermedades dentro de este grupo, también ha dividido el cuerpo en dos: lo físico y lo mental. Es una diferenciación estratégica, pero no real. Las enfermedades que vemos en «salud mental» tienen que ver con el buen funcionamiento de todo el cuerpo. Entendemos mejor la relación entre el estrés, nuestro sistema inmunológico, neurológico, endocrinológico y muchos otros sistemas.    

Una nueva área de estigma que preocupa actualmente es el ámbito laboral. Las leyes promueven la privacidad de los diagnósticos en Perú y en la mayoría de países. Hoy escucho casos de centros laborales donde exigen que la persona vulnere su derecho a la privacidad médica pidiendo que indique cuándo y por qué lleva un tratamiento. Esto aumenta el estigma; las personas buscan menos ayuda porque temen que exista un registro de su condición que pueda ser usado en su contra; incluso pueden no tomar la medicación por temor a que la detecten en un examen de sangre. Se requiere una legislación más específica en materia laboral para proteger los derechos de los usuarios y también brindar garantías a los empleadores. La protección para los segundos sería mediante guías que permitan a los profesionales determinar las condiciones para descansos médicos prolongados, un área de difícil manejo actualmente. 

"El acceso es un desafío histórico que ha venido acortando sus brechas, pero hoy tenemos otro reto que continúa siendo uno de los principales: el estigma."

Señor adulto atendiéndose en un consultorio de salud mental comunitaria.

Como en todos los oficios, los médicos enfrentan un nuevo reto: ser más relevantes que la inteligencia artificial. Hemos encontrado en la IA un aliado de múltiples maneras, pero también supone un problema. Muchos encuentran mediante ella diagnósticos y posibles tratamientos. Hoy los médicos tenemos que ser más precisos y no quedarnos en la evaluación. La IA nos reta a ser más acuciosos, a preguntarnos qué necesita este paciente para vivir mejor. ¿Con un diagnóstico y tratamiento es suficiente? Yo creo que no. Nos toca entender qué hay debajo: eventos traumáticos que la persona arrastra, negligencias en su desarrollo, trastornos del desarrollo sutiles, trastornos mentales mayores que están debutando o estilos de vida no saludables. Definitivamente, es una época en la que el reto de ver a la persona en su totalidad es mayor. Esto no es fácil cuando se ven 32 pacientes por turno en un establecimiento de salud, pero sí es necesario, y los usuarios ya lo demandan.

Los principales desafíos en el Perú se mantienen: acceso, ejecución del presupuesto, compra de medicamentos, personal especializado y subespecializado en cada rincón de nuestro país. En la última década se ha descentralizado la atención. Esto representa un cambio en la conceptualización misma: la salud mental ya no pertenece a los manicomios, sino a la comunidad. Hay muchas reformas por ejecutar, pero el camino ha sido sembrado. La política actual de nuestro país puede que limite la propuesta inicial, pero espero sea retomada por quienes siguen y sea exigida por todos. Porque todos necesitamos una atención de calidad en salud mental.


[1] Ministerio de Salud. (s. f.). Solicitar atención en Centros de Salud Mental Comunitaria en el Perú. Plataforma Digital Única del Estado Peruano. https://www.gob.pe/10942-centros-de-salud-mental-comunitarios

[2] Ministerio de Salud. (2018). Norma técnica de salud: Hogares protegidos (NTS N.° 140-MINSA/2018/DGIESP). Ministerio de Salud. https://www.gob.pe/institucion/minsa/informes-publicaciones/279678-norma-tecnica-de-salud-hogares-protegidos

[3] Consejo Nacional de Residentado Médico. (2012). Proceso de admisión 2012. CONAREME. https://www.conareme.org.pe/web/proceso-de-admision-2012.php

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Mariana Caro
Mariana Caro

Médica psiquiatra del Hospital Hermilio Valdizán. Especialista en psicoterapia cognitivo-conductual y EMDR, con experiencia en psicotrauma, atención en crisis y salud mental desde un enfoque de prevención y salud pública.

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