El arte es vida en su gratuidad
en su poesía, en su primordial libertad;
crear es afirmar lo que la vida entrega:
su crearse dándose a crear.
(Hugo Mujica, 2007)
Como sugieren los versos de Mujica[1], el arte nos ofrece la posibilidad de crear para expresar, jugar y transformar en profunda conexión con el instante y el proceso que implica el acto creativo. Quien hace arte trabaja con lo que «la vida entrega»: memorias, alegrías, dolores, deseos, pérdidas. Sin embargo, el proceso de creación se abre al devenir, a la novedad de lo que surja en el encuentro con el material, ya sea una forma visual, sonora, corporal o verbal. No se trata de representación, sino de un movimiento hacia la expresión, creación y transformación[2].
Expresión: «vida en su primordial libertad»
Por la profundidad y el impacto de las experiencias vividas, a veces no se las puede poner en palabras directamente. Pensemos en personas cuyas vidas han estado atravesadas por violencias múltiples y extremas, que incluso han podido dejar huellas traumáticas. Trabajar a través del arte facilita la emergencia de contenidos que no han podido ser expresados de otra manera, lo cual puede constituir una primera forma de elaboración o metabolización de esas vivencias, y abrir la vía para verbalizarlas con una carga menor de angustia. Esto se debe a que no se acercan directamente al evento; conectan con él de forma sutil, paulatina y respetuosa.
Imaginemos un ejercicio que invite a explorar movimientos en conexión con la música. Luego, con los ojos cerrados, se intenta plasmarlos sobre una cartulina en blanco. Al abrir los ojos y dejarnos sorprender por la imagen, continuamos dándole forma y color. Al final, con una palabra, un verso o una frase breve le ponemos nombre. Sin darnos cuenta, las vivencias y los afectos ligados a ellas encuentran una vía libre de expresión. Con los distintos lenguajes artísticos se va dando forma a aquello que no lo tenía; no son imágenes permanentes ni están acabadas, pues adquieren sentido en su conexión con otras o en la creación de imágenes nuevas[3]. Así, la experiencia de vida encuentra una vía de expresión y en el acto creador se transforma o se construye una nueva.

Cuando se acompaña a través del arte, cada actividad requiere un momento previo que propicie la conexión afectiva con la propuesta, siempre ajustándonos al ritmo de la persona o del grupo. La ejecución del trabajo creativo necesita tiempo suficiente para propiciar la elaboración o simbolización inicial ―no lingüística― de los temas emergentes en imágenes, sonidos, movimientos o escenas. Una vez finalizado el proceso creativo, aunque no necesariamente de forma inmediata, se contempla contar con tiempo y espacio para la reflexión y verbalización sobre aquello que suscitó la experiencia. Este será el momento de elaboración simbólica a través del lenguaje verbal, lo cual facilita la construcción de nuevos sentidos sobre las vivencias. En ese proceso de elaboración o simbolización, las personas se convierten en sujetos activos creadores[4].
Creación: «afirmar lo que la vida entrega»
De acuerdo con Winnicott[5], la ubicación del juego y la experiencia cultural, que incluye el arte, no está en la fantasía ni en la realidad. La capacidad para crear y jugar surge en el espacio intermedio entre ambas y emerge de la experiencia de haber sido sostenido en un ambiente facilitador, de confianza y cuidado. A ese espacio intermedio donde se despliega el potencial creativo lo denomina espacio transicional ―de tránsito, movimiento― o potencial.
Una perspectiva que dialoga con la propuesta de Winnicott es la del psicoanálisis vincular. Desde este enfoque, lo vincular es el espacio donde se construyen las subjetividades[6]. Los seres humanos nos constituimos en contacto con la alteridad, en el entramado relacional del que formamos parte. Los vínculos que se establecen en el presente pueden abrir nuevas alternativas, distintas a las previamente conocidas; por tanto, pueden inaugurar nuevos orígenes[7].
"Trabajar a través del arte facilita la emergencia de contenidos que no han podido ser expresados de otra manera, lo cual puede constituir una primera forma de elaboración o metabolización de esas vivencias, y abrir la vía para verbalizarlas con una carga menor de angustia."
A partir de lo anterior, pensemos en un grupo de mujeres jóvenes sobrevivientes de violencias múltiples, provenientes de una región cuya tradición artístico-cultural incluye la música. Ofrecemos al grupo una experiencia de acompañamiento por medio de la exploración instrumental. Cada persona escoge un instrumento de percusión, cuerda o viento, y empieza a explorarlo hasta encontrar sonidos y ritmos propios. Luego abrimos la posibilidad de transitar por el espacio escuchando a las demás y las invitamos a acercarse a la persona con cuyo sonido sientan mayor afinidad. Juntas comienzan a componer una nueva pieza. El ejercicio continúa formando cuartetos y octetos hasta lograr que el grupo entero componga y ejecute una creación colectiva.
Para que ello sea posible, primero es necesario habitar un espacio de confianza y cuidado construido en el encuentro con quien acompaña la experiencia y con la expresión sonora de cada participante. Hay que escuchar a la otra persona y combinar las propuestas que van surgiendo sin imponer las propias, sin anular o invalidar las de las demás. Llegar a ello supone el ejercicio de la empatía y el diálogo con las diferencias en un ambiente que lo facilite. Desde el enfoque vincular y la terapia de artes expresivas de Knill, Levine y Levine[8], se puede afirmar que, aunque cada persona llegue con una historia musical previa, lo que emerge del encuentro es inédito, un nuevo origen. Por ello, este tipo de proceso creativo puede constituir un hito significativo y reparador en la vida de quienes participen, más aún si incorpora sus tradiciones culturales.
Ya sea en una sesión terapéutica o en espacios de acompañamiento comunitario, podemos ofrecer la experiencia de ingresar a la zona transicional o al espacio potencial[9]. Esto ocurre cuando construimos con las personas que acompañamos escenarios donde pueden crear formas distintas de vincularse consigo mismas y los demás.
Transformación: «crearse dándose a crear»
Los espacios de acompañamiento a través del arte facilitan la apertura de un espacio seguropara la expresión y el encuentro consigo mismos y el otro de manera menos amenazante. Si el acompañamiento es grupal, el propio grupo funciona como un espacio de contención y de sostenimiento emocional para sus integrantes, además de facilitar el establecimiento de nuevas formas de relaciónque no están signadas por la desconfianza, la falta de reconocimiento o las violencias.
Estos espacios ofrecen la posibilidad de imaginar otros mundos posibles y de crearlos en el vínculo con quien acompaña y los miembros del grupo[10], de ser el caso. Este hecho será el resultado de las relaciones interpersonales establecidas, pero también de la participación en la toma de decisiones y generación de consensos durante el proceso. La construcción de un nuevo entramado vincular basado en la confianza puede favorecer la transformación personal, cuando permite conectarse con el dolor y elaborarlo, también movilizar procesos de cambio a nivel comunitario[11].
"Los espacios de acompañamiento a través del arte facilitan la apertura de un espacio seguro para la expresión y el encuentro consigo mismos y con el otro de manera menos amenazante."

Según Bang[12], los procesos creativos enfatizan el cuidado de la salud, pues las personas y los grupos evidencian su capacidad de acción, creatividad y agencia al encontrar soluciones a problemas cotidianos. Por ejemplo, imaginemos ahora una comunidad que atraviesa dificultades de comunicación para llegar a acuerdos en la toma de decisiones; en ese contexto, sugerimos trabajar dramatizando ese conflicto. Al presentar la situación desde una perspectiva estética, los participantes se descentran de la vida cotidiana para concentrarse en el trabajo creativo[13]. Este movimiento los puede llevar a identificar alternativas de solución que antes no habían considerado. Si después los invitamos a dramatizar esa nueva escena donde el conflicto se resuelve de manera diferente, pueden vivir la experiencia de un cambio en sus circunstancias, que luego podrán extrapolar a su realidad cotidiana. De esa manera, llevan lo desarrollado en la experiencia estética a otros espacios de realización personal y comunitaria[14].
Son nuevas subjetividades y formas de vincularse las que surgen durante el proceso creativo, en el encuentro con quien acompaña y con el grupo. Más allá de una técnica, una obra o una disciplina, el arte es una forma de expresión que facilita experiencias de creación y transformación en el encuentro con otros. En palabras de Mujica[15], se trata de «crearse dándose a crear».
[1] Mujica, H. (2007). El acto creador. En Lo naciente. Pensando el acto creador (pp. 33-52). Buenos Aires: Pre-Textos.
[2] Neyra, Cl. (2025). Tinkuy: Transformación Comunitaria a través del Canto con Mujeres Socias de ANFASEP [Tesis de Maestría en Psicología Comunitaria, Pontificia Universidad Católica del Perú]. http://hdl.handle.net/20.500.12404/30821
[3] Coll Espinosa, F.-J. (2026). Reflexiones en torno a la arteterapia y la salud mental. Arteterapia. Papeles de arteterapia y educación artística para la inclusión social, 21 (Especial), 99-108. https://doi.org/10.5209/arte.101924
[4] Díaz Facio, V.-E. (2003). Del dolor al duelo. Medellín: Universidad de Antioquía.
[5] Winnicott, D. (2013). Realidad y juego (F. Mazía, Trad.). Barcelona: Gedisa. (Trabajo original publicado en 1971)
[6] Berenstein, I. (2004). Devenir otro con otro(s). Ajenidad, presencia, interferencia. Buenos Aires: Paidós; Puget, J. (2015). Subjetivación discontinua y psicoanálisis. Incertidumbre y certezas. Buenos Aires: Lugar Editorial.
[7] Berenstein, I. y Kleiman, S. (2006, octubre 5-8). Historia, situación y práctica psicoanalítica. [Conferencia]. XXVI Congreso Latinoamericano de Psicoanálisis: “El legado de Freud a 150 años de su nacimiento”, Lima, Perú.
[8] Knill, P., Levine, E., y Levine S. (2018). Principios y práctica de la terapia de artes expresivas. Hacia una estética terapéutica. Lima: TAE Perú.
[9] Winnicott, 1971/2013.
[10] Bang, C. (2016). Creatividad y salud mental comunitaria. Tejiendo redes desde la participación y la creación colectiva. Buenos Aires: Lugar Editorial.
[11] Shimpf-Herken, 2015.
[12] Bang, 2016.
[13] Knill, Levine y Levine, 2018.
[14] Knill, Levine y Levine, 2018.
[15] Mujica, 2007.

Psicóloga clínica y magíster en Psicología Comunitaria. Psicoterapeuta, docente y consultora del Instituto de Protección al Menor y Personas Vulnerables de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, especializada en violencia, acompañamiento psicosocial y salud mental comunitaria.
Salud mental, fe y dignidad humana: una mirada integradora desde la práctica clínica social-comunitaria