Mirándonos en el espejo boliviano

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Bolivia ha vuelto ser noticia en las últimas semanas. En esta oportunidad ha sido la reelección de Evo Morales como presidente de ese país para los próximos cinco años y, de manera especial, el mayoritario respaldo electoral que él y su organización política han conseguido en las elecciones presidenciales y parlamentarias realizadas el 6 de diciembre. Evo Morales obtuvo más del 60% de los votos para presidente y el Movimiento al Socialismo (MAS) consiguió la mayoría de los dos tercios en lo que será la primera Asamblea Plurinacional de Bolivia y que estará conformada por 130 diputados y 36 senadores.

Una vez concluido este proceso electoral no cabe duda alguna de que es importante discutir el significado y las implicancias que estos últimos acontecimientos tendrán para el futuro de Bolivia. Esta tarea se vuelve aún mucho más interesante y necesaria si se considera la relevancia que ha adquirido el caso boliviano para los países de América Latina y, en particular, para los países andinos. En términos políticos y dentro del contexto latinoamericano, Bolivia es el caso contemporáneo más significativo en relación con un esfuerzo político de reconstrucción estatal que busca reemplazar un Estado-Nación por un Estado Plurinacional. Este nuevo tipo de Estado contempla, por ejemplo, el reconocimiento de autonomías indígenas y aspira al desarrollo de un nuevo tipo de ciudadanía radicalmente diferente a la ciudadanía liberal u occidental.

En términos económicos, el gobierno de Evo Morales ha apostado por un modelo estatista basado, sobre todo, en el control de los sectores energéticos y mineros. Precisamente como parte de este modelo se llevó a cabo en Bolivia una nacionalización de los hidrocarburos y un aumento de los impuestos a las petroleras en el 2006. En este sentido, es importante reconocer que hasta hace relativamente muy poco este tipo de medidas eran prácticamente impensables en la región y que su aparición ha hecho posible que se vuelva a discutir sobre el rol del Estado en la economía y sobre las ventajas y desventajas de diferentes modelos de desarrollo.

Por lo tanto, no es exagerado plantear que Bolivia se ha convertido en una suerte de espejo para países como el Perú. Ahora bien, uno de los rasgos más importantes de varias de las diferentes versiones e interpretaciones que circulan en torno a la experiencia boliviana es su clara naturaleza antagónica. Mientras que, para algunos, la experiencia boliviana marca el camino a seguir; para otros es claro que este país se encamina hacia un desastre político y económico.  De igual manera, mientras que para algunos observadores Bolivia sería un caso exitoso de radicalización y profundización de la democracia, para otros estamos frente al gradual desarrollo de un sistema político de partido único y de una dictadura de la mayoría. En relación con estas versiones más extremas y de naturaleza monolítica, todo parece indicar que el análisis riguroso ha sido rápidamente reemplazado por una clara posición ideológica.

A contracorriente de estas versiones excesivamente ideologizadas y simples, es de mucha utilidad pasar revista a algunas de las interpretaciones (y sus preocupaciones) mejor argumentadas sobre la situación política actual de Bolivia y sobre el impacto político del proceso electoral que acaba de culminar. En relación a este tipo de análisis, habría que destacar, en primer lugar, lo que parece ser la principal consecuencia política de los últimos resultados electorales: Evo Morales y el MAS tienen ahora las condiciones necesarias para la creación de un nuevo tipo de Estado (un Estado Plurinacional) y la implementación de las profundas reformas incluidas en la nueva Constitución (por ejemplo, el desarrollo de autonomías indígenas). Dicho de manera alternativa, finalmente parece haberse roto el empate político entre el gobierno de Morales y la Media Luna o zona oriental del país que caracterizó la dinámica política del país durante los últimos años.

Segundo, y directamente relacionado con el punto anterior, todo parece indicar que los últimos resultados electorales muestran la capacidad de Evo Morales y del MAS para conseguir cierto respaldo electoral dentro de sectores y grupos sociales que hasta la fecha le habían sido esquivos: la clase media y las poblaciones indígenas de la zona oriental del país. Este respaldo es el que les habría permitido, entre varias otras cosas, conseguir dos de los cuatro senadores de Santa Cruz, uno de los departamentos “rebeldes” en relación con el proyecto político de Evo Morales y el MAS.

Finalmente, tanto algunos simpatizantes como varios opositores al liderazgo político del presidente Morales, internos y externos, comparten la preocupación con relación a cómo se llevará a cabo el proceso de reconstrucción del Estado boliviano. Dicho de otra manera, existe temor a un comportamiento arbitrario, y eventualmente dictatorial, de una organización política que controla no sólo el Poder Ejecutivo sino también el Legislativo. En este sentido, los últimos resultados electorales le han otorgado a Evo Morales y al MAS un amplio margen de maniobra para la designación de los miembros del Tribunal Electoral, Constitucional y Supremo. Habría que destacar que algunos de los más recientes comentarios de Evo Morales han alimentado estas preocupaciones. Consultado sobre la posibilidad de que él pueda ser candidato en el 2015, Evo Morales no lo ha descartado y ha vuelto a poner sobre la mesa el tan célebre argumento de que bajo la nueva Constitución ésta ha sido su primera elección. Lo que suceda en los próximos años en Bolivia mostrará si este país sucumbe o no a la tentación de las múltiples reelecciones presidenciales que se ha instalado en nuestra región, y revelará en qué medida el caso boliviano será capaz de alejarse del tradicional uso autoritario del poder político que ha caracterizado y sigue caracterizando a la gran mayoría de países de América Latina.

Publicado en enero 2010


Jorge Aragón Trelles

Politólogo. Docente en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya – UARM.

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