A propósito de Beca 18

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La educación superior en los países latinoamericanos experimenta un notable crecimiento desde la segunda mitad del siglo pasado; los sistemas nacionales mantienen una tendencia expansiva con una cada vez mayor presencia de universidades e institutos tecnológicos de gestión privada. No obstante este crecimiento, a inicios del siglo veintiuno, 74% de jóvenes entre 20 y 24 años de edad se encontraba fuera del sistema de educación superior. Las posibilidades de que un joven prosiga estudios superiores son mucho menores si proviene de una familia pobre, si habita en una zona rural, si es de origen indígena o afro descendiente, si su lengua materna no es el castellano. El crecimiento del sistema no trajo la ampliación de oportunidades para todos; dio lugar más bien a sistemas nacionales fuertemente inequitativos. El Perú no es ajeno a estas tendencias: el sistema de educación superior se caracteriza por marcadas desigualdades en el acceso, en donde resultan determinantes el nivel socio económico, el área de residencia y la lengua materna.

El sistema peruano de educación superior tuvo un impulso importante en los años 90 a raíz de la política de incentivos a la inversión privada en la educación. Lo conforman más de 130 universidades y más de 1,100 institutos y escuelas superiores[1]; más del 60% de las universidades es de gestión privada, e igual proporción refleja la matrícula[2]. Si bien la tasa de matrícula en educación superior continúa incrementándose, existen grandes desigualdades en el acceso: la tasa de matrícula es tres veces mayor para quienes residen en zonas urbanas frente a quienes residen en zonas rurales; para quienes tienen el castellano como lengua materna; y es diez veces mayor en el caso del quintil más rico frente al quintil más pobre. La creación de más universidades e institutos superiores no ha significado el mayor cumplimiento del derecho ciudadano a la educación.

Esta situación de inequidad dio lugar, a finales de los años 90 en varios países de la región, a la creación de políticas compensatorias a través de becas y préstamos para estudios. En el Perú estas políticas son muy recientes; desde el año 2012 se pusieron en marcha un conjunto de programas de becas para estudios de pregrado y de post grado, tanto en el país como en el exterior. Al 2014 se han otorgado 30,565 becas, la mayor cantidad a cargo de BECA18, responsable del 68% del total[3]. Este programa financia los estudios de una carrera en universidades o institutos en el país[4], de jóvenes en situación de pobreza y pobreza extrema, egresados de instituciones educativas públicas con un buen desempeño académico.

Según la información oficial de BECA18, sobre el total de becarios el 73% se encuentra en situación de pobreza extrema, y el resto en situación de pobreza; la gran mayoría son jóvenes residentes en diferentes regiones del país que migra a Lima para estudiar; 41% son mujeres. El número de becarias se ha ido incrementando, de 27% en el 2012 a 46% en el 2014; sin embargo, se observa que la mayoría de los becarios (64%) proviene de zonas rurales a diferencia de las becarias (36%), lo que podría estar indicando la presencia de algunos obstáculos que estarían limitando oportunidades para las jóvenes. De otro lado la mayoría de las becarias (61% frente a 48% de los varones) postula a una universidad, mientras que los hombres prefieren un instituto superior tecnológico (52% frente a 39%). Sobre el  nivel educativo de los padres de los becarios, se observa que 47% de jefes de hogar tiene educación secundaria; 39% primaria; y 9% educación superior, en donde 3% realizó estudios universitarios y 6% estudios técnicos. Una aproximación cualitativa a los estudiantes becarios[5] nos permite destacar las siguientes dimensiones:

Proyectos educativos familiares

Los estudiantes provienen de entornos familiares instruidos, que otorgan una alta valoración a la educación. La trayectoria educativa de la familia expresa una movilidad. Los padres han hecho elecciones guiadas por la búsqueda de las mejores opciones para la educación de todos sus hijos; han priorizado el tiempo para el estudio frente a tareas de apoyo a la economía familiar, lo cual es particularmente relevante en los casos, frecuentes, de  madres solas jefes de hogar; y han sido cercanos y partícipes del proceso escolar de sus hijos (participación en asambleas, delegados de aula, relación con profesores); en la familia nuclear no hay casos de abandono o interrupción de la educación básica.

Es posible afirmar que se trata de proyectos educativos familiares, en donde la continuación de la educación básica es naturalmente la universidad; los hermanos mayores del becario realizan o realizaron estudios superiores en una universidad estatal en la región; y en la familia ampliada hay quienes están estudiando una carrera técnica o profesional. La decisión de iniciar estudios universitarios es tanto de la familia como del estudiante, y es anterior al conocimiento del programa gubernamental. En ese marco, los estudiantes al término de la secundaria tienen una idea bastante clara de la carrera que desean seguir, y una estrategia para alcanzar su meta: estudiar en una universidad estatal siguiendo los pasos de los hermanos mayores. Quienes tienen mayores recursos económicos se preparan en una academia en Lima para tentar una universidad pública prestigiosa cuyo ingreso saben que es muy competitivo; otros, han evaluado la posibilidad de estudiar una carrera corta en una academia, trabajar y posteriormente sustentarse los estudios universitarios. El efecto de la beca claramente es el de eliminar el tiempo de espera para iniciar estudios universitarios; posibilita que el proyecto no se postergue, lo viabiliza inmediatamente luego de finalizada la secundaria; y elimina los costos indirectos tales como academia pre universitaria y examen de ingreso.

Autonomía

Los jóvenes muestran ser autónomos en sus decisiones con respecto a su educación. Las carreras elegibles no siempre se ajustan a las preferencias de los becarios, evalúan alternativas y la posibilidad de participar en un proyecto diferente que les permite contribuir solidariamente con la economía familiar, y pueden concretar rápidamente su proyecto. Tienen claro que Lima representa mayores oportunidades educativas y mayores opciones de trabajo después; alejarse de la familia es un costo muy alto que deciden asumir para vivir solos por primera vez en un medio extraño para ellos.

Para estos jóvenes el acceso a la beca es una lucha por el reconocimiento de un derecho merecido. Debido al procedimiento de postulación a la beca, una vez lograda la admisión en la universidad se abre un periodo lleno de incertidumbre sobre la asignación de la beca hasta tener el resultado definitivo; gran parte de esta incertidumbre está ocasionada por errores en el sistema que los debe acreditar como beneficiarios del programa (ser reconocidos como “pobres”); han tenido que lidiar solos, sin el apoyo de sus padres y sin redes de referencia más que los otros postulantes en la misma situación de incertidumbre; han persistido hasta conseguir que el sistema repare el error. Esta lucha les permite elaborar una imagen de sí mismos como luchadores triunfadores. Tienen referentes en la historia personal y familiar de lucha por el derecho a educarse, en situaciones anteriormente vividas que traen al presente y sirven como referentes de actuación para remontar dificultades; se puede afirmar que hay una memoria transmitida de padres a hijos sobre sus propias luchas por educarse.

Alta motivación intrínseca

Los reportes de desempeño académico emitidos por los centros de estudios  muestran que los estudiantes becarios mantienen un rendimiento académico destacado: entre 48% y 37% se ubica en el tercio superior. El rendimiento académico podría explicarse por un conjunto de razones, siendo la principal, una alta motivación intrínseca; la fuerza y presencia del proyecto educativo familiar ya mencionado; el temor a bajar las notas y a perder la beca.

Las dificultades académicas que enfrentan los estudiantes no parecen ser particulares de su condición de becarios (provenir de un colegio estatal, y de una zona rural). Se tiende a olvidar que fueron los mejores estudiantes de sus colegios y, no obstante la amplia circulación de la idea acerca de la “mala calidad de la escuela pública”, los jóvenes tienen una auto percepción de ser estudiantes aplicados, y esta es su fortaleza personal; desde ella enfrentan los nuevos desafíos, inclusive el relativizar que fueron los mejores en el colegio cuando descubren las exigencias de la vida universitaria. Parecen ser básicamente las mismas dificultades que enfrenta cualquier otro estudiante (lectura y escritura académicas); frente a ellas los becarios despliegan una serie de recursos para remontarlas (refuerzan el autoestudio, solicitan apoyo de sus pares). Más bien las principales dificultades están estrechamente relacionadas con el reto de administrar los recursos limitados de la beca, adaptarse al nuevo medio y sobre todo vivir solos lejos de su familia y de su comunidad. No obstante, observamos a los estudiantes becarios “apropiándose” del medio de diferentes formas: participan en las elecciones estudiantiles, hacen deportes, llevan cursos extracurriculares, forman parte de grupos de investigación o de proyección social universitaria.

Reflexión final

El panorama que emerge tanto de la data estadística como de la información cualitativa, sugiere que, lejos de cualquier actitud paternalista cuyo correlato es una visión deficitaria de los estudiantes becarios, lo que estos aspiran es a su efectivo reconocimiento como ciudadanos que están realizando su derecho a la educación. Este reconocimiento tiene implicancias tanto para los encargados de implementar el programa como para las universidades receptoras de estudiantes becarios. Toda forma de diferenciación o segmentación al interior de la universidad en función de una supuesta particularidad del estudiante becario, no se condice con esta aspiración; al contrario, puede resultar en formas de segregación o de discriminación.

[1] YAMADA, G.; J. CASTRO y RIVERA, M. (2012). Educación Superior en el Perú: Retos para el Aseguramiento de la Calidad. Lima: SINEACE.
[2] Ministerio de Educación del Perú. Dirección de Coordinación Universitaria. Recuperado de http://digesutp.minedu.gob.pe/wp_dcu/infografia/01_Especiales_evolucion_de_las_universidades.pdf
[3] Ministerio de Educación (2014). Memoria Institucional 2012 al 2014. PRONABEC. Lima: Ministerio de Educación.
[4] La beca cubre los costos académicos, alimentación, transporte, materiales de estudio, nivelación, tutoría, seguro de salud y un segundo idioma; está condicionada a la obtención del promedio aprobatorio. Todos los programas están a cargo del Programa Nacional de Becas y Crédito Educativo, PRONABEC.
[5] La información presentada es parte de los  resultados de un estudio realizado en 2014 aplicado  a una muestra cualitativa de becarios de la cohorte 2013 de diferentes regiones del país que se encuentran en Lima estudiando en diferentes universidades. Se realizaron entrevistas semi estructuradas con los estudiantes y con sus padres para reconstruir la trayectoria educativa familiar. La investigación fue realizada gracias al apoyo de la Dirección General de Investigación de la Pontificia Universidad Católica del Perú.


Yolanda Rodríguez G.

Socióloga, Doctora en Educación, Maestra en Ciencias Políticas, con estudios de post graduación en Políticas Educativas. Profesora del Departamento de Ciencias de la Comunicación de la PUCP.

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