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	<title>Notas culturales archivos - Intercambio - Revista Jesuita de Cultura Social</title>
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	<description>Intercambio es la revista de cultura social de la Compañía de Jesús en el Perú, una publicación trimestral que busca promover la reflexión y el diálogo en torno a los temas que marcan la vida social del país, desde la perspectiva de la experiencia cristiana.</description>
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	<title>Notas culturales archivos - Intercambio - Revista Jesuita de Cultura Social</title>
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		<title>El camino que me enseñó a mirar</title>
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		<dc:creator><![CDATA[uaisdtrmc]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 12 Mar 2026 22:13:13 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
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		<category><![CDATA[Notas culturales]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Donde todo comenzó a ordenarse Crónica de la vigésima edición del Camino Ignaciano: fe, comunidad y el descubrir a Dios en todas las cosas ¿Dónde encontrar hoy la fe? No como consuelo rápido ni como respuesta prefabricada, sino como experiencia viva, capaz de sostener la existencia en medio de un mundo fragmentado. Vivimos en una [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><em><strong>Donde todo comenzó a ordenarse</strong></em></p>



<p><em>Crónica de la vigésima edición del Camino Ignaciano: fe, comunidad y el descubrir a Dios en todas las cosas</em></p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="900" height="600" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/grupo-de-jovenes-mujeres-hombres-caminando-juntos-con-un-rio-de-fondo.jpg" alt="Grupo de mujeres y hombres jovenes caminando juntos en dirección a un río" class="wp-image-4706" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/grupo-de-jovenes-mujeres-hombres-caminando-juntos-con-un-rio-de-fondo.jpg 900w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/grupo-de-jovenes-mujeres-hombres-caminando-juntos-con-un-rio-de-fondo-500x333.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/grupo-de-jovenes-mujeres-hombres-caminando-juntos-con-un-rio-de-fondo-768x512.jpg 768w" sizes="(max-width: 900px) 100vw, 900px" /></figure>



<p><strong><em>¿Dónde encontrar hoy la fe?</em></strong></p>



<p>No como consuelo rápido ni como respuesta prefabricada, sino como experiencia viva, capaz de sostener la existencia en medio de un mundo fragmentado. Vivimos en una época marcada por el individualismo, la desconfianza en las instituciones, la normalización de la corrupción y una sensación persistente de incertidumbre, especialmente entre los jóvenes. El futuro no se presenta como promesa, sino como pregunta. Y ante ese escenario, la espiritualidad —cuando no es reducida a mercancía o eslogan— parece desplazada, sospechosa o simplemente irrelevante.</p>



<p>Sin embargo, la pregunta por el sentido no desaparece. Cambia de forma, se esconde, se posterga, pero insiste. Viktor Frankl lo formuló con claridad después de atravesar el horror: “<em>El hombre puede soportar casi cualquier cómo, si encuentra un porqué</em>”. Tal vez no se trata tanto de encontrar respuestas inmediatas, sino de aprender a habitar la búsqueda sin anestesiarla.</p>



<p>Llegué a la vigésima edición del Camino Ignaciano con muchas preguntas, pero sin la expectativa de resolverlas. No vine a buscar respuestas claras, ni certezas doctrinales, ni una experiencia extraordinaria que pudiera ser contada luego con épica. Vine —aunque entonces no lo sabía del todo— dispuesto a escuchar. <em>Déjate sorprender </em>fue la frase que marcó el inicio del camino y que, sin saberlo aún, atravesaría toda la experiencia. Eso intenté hacer: dejarme sorprender.</p>



<p><em>“Déjate sorprender”,</em> repetían los acompañantes. Lo decía el padre Julio, lo decían los gestos más que las palabras, lo encarnaba cada persona que fue llegando ese viernes 2 de enero a la Iglesia de la Compañía de Jesús, en la Plaza Mayor del Cusco, para iniciar la travesía. Jóvenes de distintos lugares, historias diversas, con mochilas cargadas no solo de ropa y cuadernos, sino también de expectativas, cansancios, búsquedas y silencios.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="683" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft0001-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-4517" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft0001-1024x683.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft0001-500x333.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft0001-768x512.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft0001-1536x1024.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft0001-2048x1365.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>Había llegado con la idea de participar como reportero, como escritor, incluso como editor de esta revista. Pero apenas cruzamos el umbral, todos fuimos nombrados de la misma manera: <em>caminantes</em>. Ese bautismo sencillo, casi inadvertido, fue también una renuncia. Ese día dejé de ser periodista para volverme caminante del Camino Ignaciano. Y, con ello, acepté —no sin resistencias— la invitación a dejarme sorprender.</p>



<p>El cielo de la Plaza Mayor nos recibía con un celeste limpio, casi transparente. Aunque era verano, la tarde cusqueña se hacía sentir con su frío seco; el sol, alto todavía, parecía jugar a esconderse entre las nubes, iluminando por momentos las fachadas y luego retirándose con discreción. Eran las 3:15 de la tarde. Frente a la Iglesia, mochilas alineadas en el suelo y pequeños grupos conversando marcaban el inicio de algo que aún no sabíamos nombrar. Allí, entre piedra, historia y espera, comenzó el camino.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="683" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft1-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-4515" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft1-1024x683.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft1-500x333.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft1-768x512.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft1-1536x1024.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft1-2048x1365.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>Frente a la Iglesia, mochilas alineadas en el suelo y pequeños grupos conversando marcaban el inicio de algo que aún no sabíamos nombrar. Allí, entre piedra, historia y espera, comenzó el camino.</p>
</blockquote>



<p></p>



<p><strong>Capítulo I</strong></p>



<p><strong>Volver a uno mismo</strong></p>



<p><strong><em>El cansancio, la mochila y las preguntas que evitamos</em></strong></p>



<p>La vida en la ciudad nos arrastra a una velocidad que no deja espacio para detenernos. Entre horarios, responsabilidades y expectativas ajenas, postergamos las preguntas más íntimas: de dónde venimos, qué nos ha marcado, qué heridas aún caminan con nosotros. Vivimos rodeados de conversaciones pendientes —con nuestra historia, con quienes fuimos, con quienes somos—, pero rara vez encontramos el silencio necesario para escucharlas. Creemos conocernos, o tememos descubrir cuánto nos desconocemos, y seguimos avanzando, acumulando respuestas rápidas para preguntas que nunca nos atrevemos a habitar. Por eso, al iniciar el Camino, una inquietud comenzó a abrirse paso dentro de mí, con la claridad de lo inevitable: tal vez había llegado, por fin, el momento de sentarme conmigo mismo y escuchar.</p>



<p>Éramos veintinueve caminantes —hombres y mujeres— cuando partimos rumbo a Urcos para iniciar, o tal vez reencontrar, nuestro camino. Sin saberlo, en ese trayecto también empezábamos a tejer una comunidad hondamente humana. La llegada a Wasinchis, la casa de retiro que sería nuestro hogar, quedó grabada como una escena suspendida en la penumbra: el auditorio a oscuras, un pequeño altar al centro iluminado por velas, una Biblia abierta y una frase escrita a mano que parecía dirigida a cada uno: <em>“Vengan a mí todos los que estén cansados”</em>. Y yo lo estaba. No sabía exactamente de qué, pero lo estaba. Todos entramos con mochilas grandes, visibles, y con otras invisibles que pesaban mucho más.</p>



<p>No traíamos solo ropa y cuadernos; traíamos historias, culpas, silencios, expectativas. Aún no podía nombrar qué me pesaba, pero sí sabía que quería aligerarlo. <em>“¿Qué llevo conmigo? ¿Qué peso innecesario sigo cargando?”</em>, me preguntaba. Entendí entonces que el Taller de Autoconocimiento no prometía respuestas rápidas, sino algo más exigente: mirarse sin atajos. Así comenzó oficialmente el Camino Ignaciano. Y, sin saberlo, ese primer gesto de honestidad marcaría el tono de todo lo que vendría después.</p>



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<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>Entendí entonces que el Taller de Autoconocimiento no prometía respuestas rápidas, sino algo más exigente: mirarse sin atajos. Así comenzó oficialmente el Camino Ignaciano.</p>
</blockquote>



<p></p>



<p><strong>Aprender a pedir</strong></p>



<p><strong><em>Luces, sombras y la gracia que ilumina</em></strong></p>



<p>“La espiritualidad ignaciana no se trata de pedir cosas de frente —nos dijo Marcelo, comunicador de la red ESEJOVEN y acompañante del Camino—. Se trata de pedir una gracia que nos ilumine. Disponer el corazón para lo que Dios quiera, no para lo que nosotros esperamos”. Sus palabras quedaron flotando en el aire la mañana del segundo día, como una advertencia silenciosa. Pedir no resultados, sino luz. Pedir no certezas, sino claridad para ver. Mientras sonaba de fondo una canción de U2, la pregunta regresó con una honestidad incómoda: <em>¿qué es eso que he estado buscando durante tanto tiempo y que todavía no encuentro?</em> El Camino Ignaciano no ofrecía respuestas cerradas; proponía un método, una forma de habitar la pregunta.</p>



<p>Guiados por el estudiante jesuita Daniel Lapachelle SJ, los primeros bloques del Taller de Autoconocimiento nos invitaban a reconocer nuestras luces y nuestras sombras, no como un juicio, sino como el primer gesto de verdad hacia uno mismo. En ese ejercicio comencé a verme con menos defensas. No se trataba de explicarnos, sino de sentirnos —como escribió Ignacio de Loyola, <em>“no es el mucho saber lo que satisface al alma, sino el sentir y gustar internamente</em>”. Descubrí que mi seguridad, esa que suelo mostrar como firmeza, era a veces una defensa sutil; una tela delgada para evitar que el juicio ajeno me tocara. El ejercicio me obligó a preguntarme qué ven realmente los otros en mí, qué partes intento ocultar, qué rasgos necesitan ser reconciliados. “<em>Solo identificando nuestras luces y sombras podemos reconocernos y amarnos</em>”, repetía Daniel. Y en esa mezcla de exigencia y gracia comenzó un proceso menos cómodo, pero mucho más verdadero.</p>



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<p>Volver a las raíces fue una parte decisiva del proceso: revisar la historia cultural que nos formó, las costumbres heredadas, las frases de infancia que aún nos habitan sin pedir permiso. En un grupo diverso, proveniente de distintas regiones del país y trayectorias pastorales diferentes, descubrir cómo la cultura moldea identidad resultó revelador: ¿qué raíces nos sostienen y cuáles todavía nos atan? Hacerme esa pregunta fue desconcertante; no sabía con claridad cuál era mi “tierra santa”, si Lima era hogar o apenas escenario. Lo desafiante —y a la vez profundamente enriquecedor— fue que esas reflexiones no se limitaban a la palabra escrita. Muchas veces no se trataba de responder con frases, sino de hacerlo a través del cuerpo y la creatividad: pintando, dibujando, modelando plastilina, armando collages, escribiendo canciones o poemas. En el compartir grupal descubrimos que, al traducir lo que sentíamos en una expresión artística, reflexionábamos con mayor profundidad. Aparecían sentidos que no sabíamos que estaban ahí.</p>



<p>Uno de los ejercicios más reveladores fue escribir nuestra autobiografía. Nos la pidieron desde el primer día y la construimos por etapas, como si aprender a narrarnos fuera también aprender a leernos. Al inicio dudé: soy joven, ¿qué tengo de memorable?, ¿no recuerdo mi infancia o no quiero hacerlo? Pero pronto entendí que no se trataba de escribir para otros, sino de reconocer mi propia historia como un territorio habitado por Dios, presente en gestos mínimos, en decisiones, en silencios. Así como revisábamos nuestra vida, conocíamos también la de san Ignacio de Loyola, no como la de un santo lejano, sino como la de un hombre herido que encontró sentido en su propia ruptura. Esa era la Etapa Loyola: el autoconocimiento como peregrinación interior. Un proceso exigente, que implicó desmontar máscaras, confrontar luces y sombras, revisar vínculos, el cuerpo, la fe, y comprender, finalmente, que Dios no solo habita en lo que vendrá, sino también en todo aquello que ya fue. “<em>Buscar y hallar a Dios en todas las cosas</em>”, como proponía Ignacio, implicaba también buscarlo en la propia historia.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="683" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft4-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-4522" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft4-1024x683.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft4-500x333.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft4-768x512.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft4-1536x1024.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft4-2048x1365.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>En el compartir grupal descubrimos que, al traducir lo que sentíamos en una expresión artística, reflexionábamos con mayor profundidad. Aparecían sentidos que no sabíamos que estaban ahí.</p>
</blockquote>



<p>Así transcurrieron los primeros días del Camino: jornadas que comenzaban a las siete y media de la mañana y se extendían hasta pasadas las diez de la noche. Para el cuarto día ya me había acostumbrado —más o menos— a la cama incómoda y corta, de la que se me salían los pies. Dormía mejor. Las mañanas secas y frías, con ese sol cusqueño que quema sin avisar, empezaron a sentirse más acogedoras. Incluso compartir habitación con todos los hombres, una de mis primeras grandes incomodidades, terminó tejiendo una comunidad inesperada: bromas, chapas, conversaciones nocturnas que empezaban antes de los talleres y no tenían hora de cierre.</p>



<p>El quinto día, coincidiendo con la bajada de Reyes, dejamos atrás la Etapa Loyola para entrar en la Etapa Manresa. Comenzaban los talleres de oración y los Ejercicios Espirituales. El camino, lentamente, empezaba a profundizarse.</p>



<p></p>



<p><strong>Aprender a escuchar</strong></p>



<p><strong><em>Oración, discernimiento y la intimidad de un Dios que se deja encontrar</em></strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="683" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft5-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-4523" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft5-1024x683.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft5-500x333.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft5-768x512.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft5-1536x1024.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft5-2048x1365.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p><em>“La conexión con Dios es única e irrepetible, así como nuestra historia con Él también lo es”</em>, nos dijo el padre Julio Hurtado SJ al inicio de esta nueva etapa. Lo dijo sin grandilocuencia, casi como quien recuerda algo evidente. Pero en el contexto del Camino, esa afirmación tenía peso: nadie podía rezar por otro; nadie podía vivir la experiencia espiritual en nombre ajeno. Cada encuentro sería personal, intransferible.</p>



<p>Había hecho Ejercicios Espirituales antes, conocía el método y sus silencios, pero esta vez era distinto: llegaban después de haberme enfrentado a mí mismo. Ya no buscaba entender el método, sino dejar que el método me entendiera a mí. Si la primera etapa fue mirarme por dentro, esta era aprender a mirar con Él. Los talleres de oración comenzaron por lo esencial: disponer el cuerpo, respirar, soltar la tensión que la ciudad nos había enseñado a cargar, aprender a detenernos. Descubrí entonces que la oración no empieza cuando hablamos, sino cuando hacemos silencio, porque muchas veces no es que Dios no hable, sino que nosotros no escuchamos. Ignacio lo entendía como un diálogo, “<em>como un amigo habla con su amigo</em>”: una conversación sincera, sin fórmulas ni máscaras, donde uno se presenta tal como es y, en ese acto simple y radical, aprende también a escuchar.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="683" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft6-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-4524" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft6-1024x683.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft6-500x333.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft6-768x512.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft6-1536x1024.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft6-2048x1365.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>Descubrí que la oración no empieza cuando hablamos, sino cuando hacemos silencio, porque muchas veces no es que Dios no hable, sino que nosotros no escuchamos.</p>
</blockquote>



<p>Uno de los ejercicios más reveladores fue desmontar las imágenes falsas de Dios que habíamos cargado durante años. En pequeños sketches representamos esas caricaturas invisibles: a mi grupo le tocó el “Dios negociador”, y entre risas incómodas encarnamos una fe convertida en transacción. Otros mostraron al Dios castigador, al indiferente, al lejano. La pregunta quedó suspendida en el aire: ¿con cuál de ellos he rezado? Frente a esas distorsiones emergió con fuerza el Dios de Jesús: cercano, misericordioso, sin condiciones. Desde ahí, la oración dejó de ser solo reflexión para volverse experiencia viva. Lo comprendimos también al dramatizar la Última Cena: el auditorio se hizo cenáculo, el pan y el vino circularon entre nosotros, y el Evangelio dejó de ser relato distante para convertirse en presente. La contemplación ignaciana no invita a mirar desde fuera, sino a entrar en la escena hasta que la historia te atraviese.</p>



<p>Pero el camino espiritual no fue una línea recta de certezas. Hubo consolaciones —paz profunda, lágrimas serenas, gratitud inexplicable— y también desolaciones: sequedad, distracción, cansancio interior. Aprendí que ambas forman parte del mismo proceso, que la fe no se mide por la intensidad de lo que se siente, sino por la fidelidad con la que se permanece. Ignacio lo sabía: la consolación ensancha el alma, la desolación la prueba. Y permanecer, aun en medio de esa tensión, era también una forma de aprender a creer.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="683" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft7-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-4525" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft7-1024x683.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft7-500x333.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft7-768x512.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft7-1536x1024.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft7-2048x1365.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>Así concluyeron los talleres de oración. Habíamos aprendido —o al menos comenzado a aprender— a disponernos, a escuchar, a contemplar, a discernir los movimientos interiores. Lo que seguía ya no sería preparación. Sería entrar de lleno en los Ejercicios Espirituales.</p>



<p></p>



<p><strong>El umbral del silencio</strong></p>



<p><strong><em>Todo fue siempre un llamado</em></strong></p>



<p>El sexto día nos recibe soleado. El cielo parecía haberse abierto apenas lo suficiente para dejarnos ver la claridad, como si también él se estuviera preparando para lo que venía. Las nubes acariciaban el sol con una delicadeza que no lo ocultaba, sino que lo volvía más íntimo, más cercano. El viento frío, ese viento constante de Urcos, nos saludaba como un viejo conocido que nunca falta a su cita.</p>



<p>El desayuno, como cada mañana, se volvió un ritual de comunión: en nuestras voces convivían el cansancio y la gratitud de quienes habían atravesado algo difícil de explicar. Sin anunciarlo, dejábamos de ser desconocidos para convertirnos en comunidad, unidos no por la costumbre sino por la búsqueda. En la tarde, Julio nos preparó para cruzar un umbral: comenzaban los Ejercicios Espirituales y, con ellos, un silencio real y exigente. “<em>Este soy yo, Señor. Así vengo</em>.” La frase implicaba despojarse de máscaras. Entonces entendí que el silencio no es vacío, sino revelación: el crujido del pasto, el viento entre las hojas, la lluvia anunciándose antes de caer. Callar era aprender a oír.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="684" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft8-1024x684.jpg" alt="" class="wp-image-4526" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft8-1024x684.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft8-500x334.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft8-768x513.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft8-1536x1027.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft8-2048x1369.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>Allí, en esa quietud, el Principio y Fundamento dejó de ser teoría para volverse experiencia: estamos hechos para amar y servir, y todo —encuentros, pérdidas, heridas— puede conducirnos a Dios. </p>
</blockquote>



<p>Sin horarios que ordenaran el día, el tiempo se abrió como un territorio interior. Solo quedaban algunos puntos de encuentro; lo demás dependía de nosotros y de la decisión de no huir. Fue en esos momentos que encontré refugio en la laguna de Urcos, donde el viento peinaba el paisaje y el agua parecía respirar. Allí, en esa quietud, el Principio y Fundamento dejó de ser teoría para volverse experiencia: estamos hechos para amar y servir, y todo —encuentros, pérdidas, heridas— puede conducirnos a Dios. Comprendí que mi historia no era una suma de episodios aislados, sino una historia acompañada. Él había estado siempre: en mi familia, en los amigos que llegaron y en los que se fueron, en cada paso que, aun sin saberlo, me había traído hasta allí.</p>



<p>“<em>Nosotros amamos porque Él nos amó primero</em>.” (1 Juan 4:19)</p>



<p>Esa frase dejó de ser una cita. Se volvió memoria y evidencia. Yo no había llegado hasta ahí por casualidad. Había sido llamado. Acompañado. Sostenido. Incluso en los momentos en que creí estar solo. Sentado frente a la laguna, entendí que encontrar a Dios no significaba escapar del mundo, sino aprender a verlo en todo. En la materia, en la historia, en los vínculos, en el propio corazón. Y por primera vez, esa idea dejó de ser una enseñanza. Se convirtió en experiencia.</p>



<p>En ese silencio, que al inicio parecía una ausencia, comenzó a revelarse como lo que realmente era: una presencia.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p></p>
</blockquote>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="684" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft9-1024x684.jpg" alt="" class="wp-image-4527" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft9-1024x684.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft9-500x334.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft9-768x513.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft9-1536x1026.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft9-2048x1368.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p></p>



<p><strong>La noche del perdón</strong></p>



<p><strong><em>La salvación no es una meta lejana, sino un regreso</em></strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="684" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft10-1024x684.jpg" alt="" class="wp-image-4528" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft10-1024x684.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft10-500x334.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft10-768x513.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft10-1536x1026.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft10-2048x1368.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>La última noche de los Ejercicios volvimos a la parroquia de Urcos, pero entramos por una puerta lateral, como quien se acerca a un misterio. El templo estaba a oscuras, iluminado solo por velas led que dibujaban sombras largas sobre las paredes; frente a cada uno alumbraba una vela. Era la noche de penitencia. El examen de conciencia no se vivió como juicio, sino como una invitación a mirar la propia fragilidad a la luz del amor. Al fondo, el padre Julio esperaba para quienes quisieran confesarse. Hacía quince años que no me confesaba. Me acerqué con torpeza, cargando culpas y silencios difíciles de ordenar, y entendí pronto que no estaba ante un juez, sino ante un Padre. La absolución cayó como una lluvia suave: no fue solo un rito, sino la experiencia concreta de ser perdonado. Apagué mi vela y salí a la noche; la oscuridad seguía ahí, pero ya no pesaba.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="636" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft11-1024x636.jpg" alt="" class="wp-image-4529" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft11-1024x636.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft11-500x311.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft11-768x477.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft11-1536x955.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft11-2048x1273.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>Los últimos días transcurrieron sin estridencias: cada uno avanzó a su ritmo, sostenido por un silencio que incomodó y reveló a la vez. Hablamos de la salvación no como premio futuro, sino como relación restaurada y libertad interior para ordenar la vida hacia el amor y el servicio. Comprendí que no se trata de huir del mundo, sino de encontrar a Dios en todas las cosas. Cerramos en el templo de Urcos, entre cantos en quechua y una complicidad serena que ya nos unía. Cuando recibimos la polera con el lema “Enviados a las fronteras del mundo”, dejó de ser eslogan para volverse llamado. El padre Julio lo resumió: la misión es la misma, cambian las formas; la buena noticia es que Dios está entre nosotros. Miré por última vez el cielo frío, los cerros y la laguna que guardó mis preguntas. Si la salvación era don, la misión sería respuesta. Y lo que nos esperaba ya no era el silencio. Era la peregrinación.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="684" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft11.1-1024x684.jpg" alt="" class="wp-image-4532" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft11.1-1024x684.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft11.1-500x334.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft11.1-768x513.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft11.1-1536x1026.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft11.1-2048x1368.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>Si la salvación era don, la misión sería respuesta. Y lo que nos esperaba ya no era el silencio. Era la peregrinación.</p>
</blockquote>



<p></p>



<p><strong>Tras las huellas de piedra y el cielo</strong></p>



<p><strong><em>Caminar con los pies heridos y el corazón despierto</em></strong></p>



<p>Antes de la misión, tocaba caminar. No como metáfora, sino con el cuerpo entero expuesto al frío de la madrugada cusqueña, con la mochila marcando los hombros y el aliento acompasado al ritmo del grupo. Era la llamada Etapa París, la peregrinación física que encarna todo lo rezado en silencio, todo lo discernido en soledad. Partimos antes del amanecer, cuando el cielo de Urcos aún dudaba entre la noche y el día, y avanzamos en silencio, escuchando el crujido de nuestras botas sobre la tierra húmeda y el viento descendiendo desde los cerros. Después de la contemplación, venía el polvo del camino; después del recogimiento, el movimiento. El cuerpo aprendía, paso a paso, aquello que el alma apenas comenzaba a comprender.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="684" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft12-1024x684.jpg" alt="" class="wp-image-4530" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft12-1024x684.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft12-500x334.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft12-768x513.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft12-1536x1026.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft12-2048x1369.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>Nuestro recorrido por la ruta del barroco andino nos llevó a templos donde la fe se volvió arte mestizo y catequesis en oro y color. Al cruzar el umbral del Templo de San Pedro Apóstol de Andahuaylillas entendí por qué la llaman la Capilla Sixtina de América: su exterior austero estalla por dentro en frescos, retablos dorados y ángeles suspendidos, como si el cielo hubiera descendido a habitar la tierra. No era turismo, era oración prolongada. Esas iglesias, sobrevivientes de siglos y terremotos, nos recordaban que la fe, cuando se encarna en un pueblo, adopta su lengua y su memoria; y que mientras avanzábamos hacia ellas, también peregrinábamos hacia dentro, hacia ese lugar donde la fe deja de ser idea y se vuelve experiencia.</p>



<p>En lo alto de las montañas de Urcos, con el amanecer encendiendo el cielo y el frío mordiéndonos las manos, pensé en las mochilas invisibles que cada uno cargaba: heridas, decisiones, quiebres que nos habían cambiado el rumbo, como la herida de Ignacio que dio origen a su discernimiento. Caminar removía la historia personal y tejía comunidad: ya no éramos extraños, sino veintinueve caminantes que se habían reconocido en sus fragilidades. La Etapa París evocaba aquel momento en que Ignacio y sus compañeros comprendieron que la misión se discierne juntos. También nosotros lo intuíamos: el Camino nos había entrelazado, y ese lazo no era el final, sino el umbral. Pronto seríamos enviados, no como salvadores, sino como compañeros dispuestos a reconocer a Dios en el rostro concreto del otro, porque el amor que se contempla siempre termina convirtiéndose en misión.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>Después de la contemplación, venía el polvo del camino; después del recogimiento, el movimiento. El cuerpo aprendía, paso a paso, aquello que el alma apenas comenzaba a comprender.</p>
</blockquote>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="684" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft13_2-1024x684.jpg" alt="" class="wp-image-4549" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft13_2-1024x684.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft13_2-500x334.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft13_2-768x513.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft13_2-1536x1026.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft13_2-2048x1368.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>Mientras descendíamos por el camino de tierra, con las montañas abriéndose frente a nosotros y el cielo extendiéndose sin límites, comprendí que peregrinar es aceptar que uno nunca regresa siendo el mismo. Que algo ha cambiado, que algo ha despertado y que el siguiente paso ya no es hacia adentro. Es hacia los demás.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="576" height="1024" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft14-576x1024.jpg" alt="" class="wp-image-4534" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft14-576x1024.jpg 576w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft14-281x500.jpg 281w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft14-768x1365.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft14-864x1536.jpg 864w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft14-1152x2048.jpg 1152w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft14-scaled.jpg 1440w" sizes="(max-width: 576px) 100vw, 576px" /></figure>



<p></p>



<p><strong>Capitulo II</strong></p>



<p><strong>La Misión</strong></p>



<p><strong><em>El Camino deja de ser búsqueda y se convierte en entrega</em></strong></p>



<p>Es domingo, previo a nuestra última semana en el Camino.</p>



<p>Estamos reunidos en el auditorio de Wasinchis, sentados en círculo, como tantas otras veces. Pero esta vez el aire es distinto. Ya no es el silencio introspectivo de los ejercicios espirituales ni la incertidumbre temblorosa de los primeros días. Es otra cosa. Una mezcla de alegría, nerviosismo y una forma nueva de cariño y complicidad que ha empezado a crecer entre nosotros. La comunidad ya no es un concepto: es un latido.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="684" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft15-1024x684.jpg" alt="" class="wp-image-4538" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft15-1024x684.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft15-500x334.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft15-768x513.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft15-1536x1026.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft15-2048x1369.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>En el centro, el padre Julio, laptop encendida, Excel abierto, nombres y destinos listos para ser pronunciados. A sus costados, los acompañantes. Se respira emoción. Y nervios. Empieza Roma, la etapa final.</p>



<p>Van llamando comunidades: París, Jerusalén, Loyola, Pamplona&#8230; Cada nombre es una pequeña historia que comienza. Aplausos. Abrazos. Algunos se miran con sorpresa, otros con alivio. Hasta que escucho con claridad:</p>



<p>—Fabián, Yllari, Danuska, Kimberly y Josef… son la comunidad Montserrat. Irán a Ccoñamuro.</p>



<p>«Ccoñamuro».</p>



<p>La palabra resuena en mí como un eco antiguo. No sé dónde queda. No sé quién vive ahí. No sé qué nos espera, y ni puedo ubicarlo en el mapa. Pero sé que ese es mi lugar. Nos acompañaría Juan Diego, asesor de la Red ESEJOVEN Piura, peregrino antes que nosotros, testigo activo de lo que este Camino puede hacer en una persona. Nos miramos entre los seis. Sonreímos. Sin decirlo, sabemos que algo importante está por comenzar. Esa misma tarde, cada grupo diseñó la bandera que nos acompañaría los días de misión.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" width="746" height="916" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft16.jpg" alt="" class="wp-image-4539" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft16.jpg 746w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft16-407x500.jpg 407w" sizes="(max-width: 746px) 100vw, 746px" /></figure>



<p>Partimos a la mañana siguiente. Salimos de Urcos por una trocha que asciende entre montañas, dejando atrás otras comunidades mientras el paisaje se abre en una inmensidad verde y silenciosa. Llegamos a media mañana y nos recibió Marcelino López, catequista del lugar, con la serenidad de quien ha vivido siempre en diálogo con la tierra. Ccoñamuro, con sus casas de adobe, chacras y cerros guardianes, es una comunidad agrícola de 800 hectáreas, con unas 120 familias donde la vida sigue el ritmo de las cosechas. Nos instalamos en su casa, junto a costales de papas y un gallinero, y salimos a conocer los alrededores: subimos un cerro desde donde, entre la neblina, se adivinaban a lo lejos las siluetas del Cusco. Sentados allí, compartimos expectativas y miedos mientras el viento golpeaba el rostro y un perro desconocido se sumaba silenciosamente a nuestra conversación.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="768" height="1024" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft17-768x1024.jpg" alt="" class="wp-image-4540" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft17-768x1024.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft17-375x500.jpg 375w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft17-1152x1536.jpg 1152w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft17-1536x2048.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft17-scaled.jpg 1920w" sizes="(max-width: 768px) 100vw, 768px" /></figure>



<p>De regreso, almorzamos con Marcelino y escuchamos su historia de vida antes de acompañar a su hijo Milky a pastar las ovejas. Terminamos corriendo tras el rebaño por una pampa abierta, entre risas y tropiezos, en una escena tan simple como profundamente humana. Al caer la noche —rápida y fría en la altura— organizamos con el equipo las actividades para los niños del día siguiente y cerramos la jornada compartiendo lo vivido y rezando por la comunidad que nos había recibido sin condiciones. Acostado sobre el suelo duro, envuelto en el sleeping y escuchando el viento contra las paredes de adobe, entendí algo esencial: la misión no era venir a cambiar este lugar, sino permitir que este lugar empezara a cambiar algo en mí. Y aquello recién comenzaba.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="735" height="1024" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft18-735x1024.jpg" alt="" class="wp-image-4541" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft18-735x1024.jpg 735w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft18-359x500.jpg 359w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft18-768x1070.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft18-1103x1536.jpg 1103w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft18-1470x2048.jpg 1470w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft18.jpg 1790w" sizes="(max-width: 735px) 100vw, 735px" /></figure>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>La misión no era venir a cambiar este lugar, sino permitir que este lugar empezara a cambiar algo en mí. Y aquello recién comenzaba.</p>
</blockquote>



<p></p>



<p><strong>Día 2</strong></p>



<p><strong>Aprender el ritmo de la tierra</strong></p>



<p><strong><em>Donde el cuerpo se cansa, pero el corazón empieza a comprender</em></strong></p>



<p>La segunda mañana en Ccoñamuro empezó antes que el sol. Entre arañas diminutas y pericotes que corrían con naturalidad por el primer piso, recordábamos que nosotros éramos los huéspedes. Dormir en el suelo, sobre cuero y lana de oveja, tenía algo de rústico y honesto. A las seis abrí los ojos sin haber descansado del todo. El frío era punzante, pero en la sierra se aprende a confiar en el sol. </p>



<p>A las ocho llegó el señor Marcelino con un desayuno, para luego partir a cortar pasto para los cuyes. Con hoces, sacos de rafia y una botella de chicha de jora helada, subimos treinta minutos cuesta arriba entre cerros y riachuelos. Marcelino nos enseñó el gesto simple —agarrar desde la raíz, cortar por debajo— y nos dejó trabajando mientras él atendía sus cultivos de papa y olluco. El ritmo del corte se volvió casi meditativo: agarrar, cortar, juntar, repetir. Hasta que llegó la lluvia. Corrimos a guardar el pasto antes de que se mojara y se echara a perder, refugiándonos bajo un techo de tejas donde por un momento solo existieron la lluvia y nuestra respiración agitada.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="679" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft19-1024x679.jpg" alt="" class="wp-image-4542" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft19-1024x679.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft19-500x331.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft19-768x509.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft19-1536x1018.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft19-2048x1357.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>Cuando escampó terminamos el trabajo con las manos adoloridas y la sensación de haber participado, aunque fuera mínimamente, del esfuerzo que sostiene esta comunidad. Marcelino cargó los sacos con una naturalidad que nos dejó en silencio; nosotros apenas logramos avanzar unos metros antes de quedarnos sin aire. Llamó entonces a su hijo Efraín, de catorce años, que apareció en una moto de carga y resolvió lo que para nosotros parecía una hazaña física. El contraste enseñaba sin necesidad de palabras. Almorzamos olluco saltado con atún mientras Marcelino nos hablaba de la vida en la chacra, de los precios en el mercado de Urcos y de lo incierto que puede ser depender del clima.</p>



<p>Por la tarde preparamos el taller con los niños. Mientras esperábamos la llave de la canchita, Ani —sobrina de Marcelino— se acercó a mostrarnos flores y plantas del lugar. Trepó un pequeño muro y nos regaló una flor de tumbo serrano, un “tintín” como le decían ahí. En ese gesto sencillo había una hospitalidad que no necesitaba explicación.</p>



<p>En la cancha nos esperaban Jordy, Joselino, Neymar, Milky, Annita, Ani y Sebastián, que apenas tiene tres años. Jugamos fútbol primero y luego hicimos el taller: les pedimos que dibujaran su comunidad y cómo se veían dentro de ella. En los papeles aparecieron casas de adobe, cerros verdes, flores gigantes y niños jugando. Era un mundo sencillo, pero completo. Cerramos recordándoles que todo eso que aman es un regalo y que Dios también habita ahí.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="881" height="1024" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft20-881x1024.jpg" alt="" class="wp-image-4544" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft20-881x1024.jpg 881w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft20-430x500.jpg 430w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft20-768x893.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft20-1321x1536.jpg 1321w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft20-1761x2048.jpg 1761w" sizes="(max-width: 881px) 100vw, 881px" /></figure>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>La misión no es un evento extraordinario: es entrar, aunque sea por un instante, en la vida ordinaria de otros y dejar que esa vida empiece a transformarte.</p>
</blockquote>



<p>Al anochecer se despidieron corriendo cuesta abajo y, en el camino, jugamos a lanzar piedras a una casa abandonada, tratando de acertar a los huecos de las paredes. Por un momento desaparecieron las distancias: ya no era visitante, era uno más en el juego. La noche volvió rápido. Cenamos una sopa caliente, compartimos lo vivido y rezamos juntos antes de dormir. “Mientras esto es para nosotros solo tres días, para ellos es su realidad”, dijimos en voz alta. Y entendí que la misión no es un evento extraordinario: es entrar, aunque sea por un instante, en la vida ordinaria de otros y dejar que esa vida empiece a transformarte.</p>



<p></p>



<p><strong>Día 3</strong></p>



<p><strong>El cerro resbaloso y el corazón firme</strong></p>



<p><strong><em>La gracia de permanecer</em></strong></p>



<p>El tercer día en Ccoñamuro amaneció bajo una lluvia persistente que golpeaba las tejas como un tambor antiguo. Dormir seguía siendo un desafío, pero ya no un enemigo: la gran manta de lana que compré en el Mercado de San Pedro terminó cubriéndonos a los tres. A las ocho desayunamos lentejas con papa, arroz y un huevo montado —aquí las categorías no importan: todo es alimento, todo es energía— mientras el señor Marcelino nos avisaba que la lluvia impediría arar la papa ese día. Él viajaría a Urcos para un taller de crianza de cuyes y nosotros quedaríamos esperando. La mañana transcurrió entre cartas, conversación y el sonido constante de la lluvia. Al mediodía, cuando la neblina había borrado el horizonte, apareció Ani con el almuerzo —trucha con tallarines y papa— cargando los platos con la naturalidad de quien sabe que aquí todos ayudan. Poco después la lluvia cedió y el cielo empezó a abrirse, como si el día nos concediera una segunda oportunidad.</p>



<p>Subimos nuevamente a la cancha. Nos esperaban Jordy, Neymar, Jeni Mónica, Ani, Anita, Joselino y Milky. Jugamos fútbol, repetimos dinámicas y cerramos con el último taller: “Mi yo del futuro”. En los papeles aparecieron futbolistas llenando estadios, profesoras frente a pizarras, médicos con bata blanca, policías cuidando su comunidad. Había algo profundamente sagrado en esos dibujos. Les dimos galletas y chocolates, y les agradecimos por todo lo compartido. Sabíamos que era nuestro último día. Algunos sonrieron; otros guardaron silencio. No era un adiós definitivo, pero sí un cierre.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="881" height="1024" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft21-881x1024.jpg" alt="" class="wp-image-4545" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft21-881x1024.jpg 881w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft21-430x500.jpg 430w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft21-768x893.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft21-1321x1536.jpg 1321w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft21-1761x2048.jpg 1761w" sizes="(max-width: 881px) 100vw, 881px" /></figure>



<p>Esa misma noche, decidimos subir el cerro una vez más.</p>



<p>Ccoñamuro, nos explicaron, significa “cerro resbaloso”. Esa tarde entendimos por qué. El barro convierte el camino en una prueba de equilibrio. Subimos paso a paso, sujetando ramas, dándonos la mano, advirtiendo cada piedra suelta. La oscuridad cae rápido. Solo nuestras linternas dibujan pequeños círculos de luz sobre el suelo húmedo. Arriba, el frío es intenso. Pero el cielo… el cielo es un espectáculo. Un manto de estrellas se despliega sobre nosotros. A lo lejos, las luces de la ciudad de Cusco brillan como un corazón que late en la distancia. Del otro lado, Ccoñamuro permanece tenue, discreto, pero vivo. La oscuridad no asusta. Abraza. Rezamos ahí mismo.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="893" height="1024" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft22-893x1024.jpg" alt="" class="wp-image-4546" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft22-893x1024.jpg 893w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft22-436x500.jpg 436w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft22-768x881.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft22-1339x1536.jpg 1339w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft22-1786x2048.jpg 1786w" sizes="(max-width: 893px) 100vw, 893px" /></figure>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>A lo lejos, las luces de la ciudad de Cusco brillan como un corazón que late en la distancia. Del otro lado, Ccoñamuro permanece tenue, discreto, pero vivo. La oscuridad no asusta. Abraza. Rezamos ahí mismo.</p>
</blockquote>



<p>Agradecemos por todo: las risas, el cansancio, la incomodidad, los aprendizajes, las conversaciones, el trabajo en la chacra, los niños, el señor Marcelino y su familia, el frío, el silencio, la comunidad que se ha tejido entre nosotros. Terminamos la misión en el mismo lugar donde la comenzamos: en altura, mirando el horizonte.</p>



<p>“¿Cómo no creer en Dios?”, pienso. Si ha puesto en mi camino a gente tan sencilla y tan grande al mismo tiempo.</p>



<p>Las lágrimas llegan sin permiso. No solo por la nostalgia de que todo termina, sino por la alegría profunda de haber estado ahí. Y porque sé, en el fondo, que esto no termina aquí. Bajamos con más dificultad que al subir. El barro traiciona. En el último tramo resbalo y caigo. Era casi inevitable. Se preocupan, luego nos reímos. No es grave, tal vez era necesario llevarme un poco de ese cerro en la ropa, como prueba física de lo vivido.</p>



<p>Al llegar, Neymar nos espera con la cena: tortilla de huevo con papa, plátano frito y arroz. Poco después llega el señor Marcelino con mate de muña. Nunca había probado uno tan fresco, tan necesario. Compramos una Inca Kola para compartir. Le servimos un vaso. Lo recibe con gratitud sincera. Jugamos un rato más en el comedor. Conversamos. Reímos. Ya no somos visitantes. Somos parte de una historia compartida. Esa noche dormimos mejor.</p>



<p>Al día siguiente partiríamos de regreso a Wasinchis. Quedaban solo un último día de Camino. Pero algo dentro de mí comenzaba a comprender que el Camino no se estaba acabando, se estaba quedando.</p>



<p></p>



<p><strong>Capitulo III</strong></p>



<p><strong>Regresar para quedarse</strong></p>



<p><strong><em>El final del inicio</em></strong></p>



<p>El último día en Ccoñamuro comenzó antes que nosotros. A las cinco de la mañana sentí algo deslizarse por mi cabeza: la cola de un pericote perdiéndose entre mi pelo. El susto duró segundos; la anécdota quedaría. A pesar de que salté del miedo, Josef y Juan Diego apenas se movieron y siguieron durmiendo, como quien ya ha aprendido a convivir con lo inesperado. El cuarto estaba frío, pero ya no era hostil. El suelo había dejado de ser incomodidad para convertirse en refugio. Afuera, la sierra despertaba.</p>



<p>Desayunamos por última vez con el señor Marcelino: un locro de zapallo caliente, espeso, generoso. Aquí la comida no es solo alimento, es cuidado, comunidad, una forma silenciosa de decir “estás en casa”. A las ocho y media partimos. Marcelino, su esposa y Neymar nos despidieron sin discursos, solo con sonrisas y manos firmes. Al alejarnos volteé: estaban sentados bajo el sol compartiendo papas. Levantaron la mano. Una escena simple, perfecta. Sentí un nudo en la garganta. Había llegado pensando en servir; me iba habiendo sido servido.</p>



<p>La van nos esperaba en la entrada. Partimos en silencio mientras el paisaje retrocedía lentamente detrás de nosotros. En el camino recogimos a los compañeros que habían estado en Sallac y, sin planearlo, empezamos a cantar “Un beso y una flor” de Nino Bravo. Las voces se quebraban, pero la canción decía exactamente lo que sentíamos: partir no es perder, es llevarse. Al regresar a Wasinchis compartimos nuestras misiones: algunos en la chacra, otros con textiles, otros con niños. Todos habíamos ido a dar algo y todos habíamos recibido más. Entendimos que el servicio es encuentro, que la fe es acción y que Dios habita en las personas.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="684" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft23-1024x684.jpg" alt="" class="wp-image-4547" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft23-1024x684.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft23-500x334.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft23-768x513.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft23-1536x1026.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft23-2048x1368.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>Todos habíamos ido a dar algo y todos habíamos recibido más. Entendimos que el servicio es encuentro, que la fe es acción y que Dios habita en las personas.</p>
</blockquote>



<p>Esa misma tarde celebramos la última misa en la Capilla de Canincunca, donde el padre provincial Víctor Hugo Miranda nos recordó que el liderazgo nace del servicio y que las comunidades no necesitan salvadores, sino compañeros. Salimos con la sensación de ser realmente enviados. Por la noche, la despedida se volvió celebración: jóvenes de la Red Juvenil del Cusco nos recibieron con danzas tradicionales andinas y una yunza improvisada donde caían pequeños regalos entre risas y abrazos. Luego la música siguió en el auditorio. Bailábamos entre cansancio y nostalgia, sabiendo que algo en nosotros había cambiado, aunque todavía no pudiéramos nombrarlo.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="819" height="1024" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft24-819x1024.jpg" alt="" class="wp-image-4548" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft24-819x1024.jpg 819w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft24-400x500.jpg 400w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft24-768x960.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft24-1229x1536.jpg 1229w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft24-1638x2048.jpg 1638w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2026/03/ft24-scaled.jpg 2048w" sizes="(max-width: 819px) 100vw, 819px" /></figure>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>Bailábamos entre cansancio y nostalgia, sabiendo que algo en nosotros había cambiado, aunque todavía no pudiéramos nombrarlo.</p>
</blockquote>



<p>Al día siguiente, abordamos el bus que nos llevará de regreso a la ciudad del Cusco.</p>



<p>Me siento junto a la ventana. El vehículo avanza lentamente por la carretera. Las montañas empiezan a alejarse. La ciudad aparece en el horizonte como un organismo vivo, vibrante, ruidoso. Observo en silencio.</p>



<p>Los cerros quedan atrás. El cielo se llena de cables. El viento limpio se mezcla con el humo. El silencio se transforma en ruido. Y, sin embargo, algo permanece intacto. Cierro los ojos un momento. Recuerdo los rostros. Las manos. Las risas. El frío. El cansancio. El amor.</p>



<p>Entiendo, finalmente, que el Camino Ignaciano nunca fue el trayecto entre un punto y otro.</p>



<p>El verdadero camino ocurrió dentro de mí. Y no terminó cuando dejamos Ccoñamuro. No terminó cuando subimos a la van. No terminó cuando regresamos a Wasinchis. No termina ahora que el bus entra a la ciudad. Porque el Camino Ignaciano no es un lugar al que se llega. Es una forma de vivir. Es elegir ver a Dios en todas las cosas. En el ruido y en el silencio. En la abundancia y en la carencia. En el otro y en uno mismo.</p>



<p>El bus se detiene. La ciudad nos recibe. Respiro profundo.</p>



<p>Y entonces lo sé con certeza absoluta:</p>



<p>El Camino Ignaciano no ha terminado.</p>



<p><em>Recién empieza.</em></p>
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		<title>Libros universitarios, sociedad, debate y comunidad</title>
		<link>https://intercambio.pe/libros-universitarios-sociedad-debate-y-comunidad/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[uaisdtrmc]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 28 Jul 2024 00:39:40 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>El reto de todo fondo editorial universitario consiste en ser una ventana para las investigaciones realizadas por el cuerpo académico, y, simultáneamente, responder a las preguntas que provienen del entorno social y cultural al que pertenece la institución. En este sentido, es un agente que busca dinamizar esa relación que debe existir entre las disciplinas [&#8230;]</p>
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<p>El reto de todo fondo editorial universitario consiste en ser una ventana para las investigaciones realizadas por el cuerpo académico, y, simultáneamente, responder a las preguntas que provienen del entorno social y cultural al que pertenece la institución. En este sentido, es un agente que busca dinamizar esa relación que debe existir entre las disciplinas del conocimiento y la realidad que rodea al mundo universitario y al país.</p>



<p>Desde su creación, el Fondo Editorial de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya se ha dedicado a promover la reflexión en torno a los debates más actuales. La corrupción en los gobiernos locales, la memoria, la violencia, la interculturalidad y la migración, son algunos de los temas que han sido abordados por distintos especialistas para echar algunas luces sobre un escenario a veces difícil de abordar sin las herramientas necesarias. De esta manera, el fondo cumple con uno de los principales objetivos de esta casa de estudios, que es la de contribuir a la transformación de la sociedad y a un desarrollo sostenible y justo. A esta primera línea se suma, además, un interés especial por campos como la psicología, el derecho, la filosofía política y la educación, que son los que más destacan en la producción editorial reciente.</p>



<p>De manera paralela, y sin dejar su compromiso con la tradición a la que pertenece, la Universidad Ruiz de Montoya también dedica importantes esfuerzos a fomentar la investigación en los estudios de historiografía y pensamiento jesuita en el Perú y en la región. Con ello, el fondo cumple con ofrecer un espacio para profundizar en los documentos históricos desde una perspectiva que combina las nuevas teorías científicas junto con una mirada que toma en cuenta el contexto al que pertenecen estos documentos. Todo este proceso, además, se encuentra complementado con la mirada humanista, que intenta relacionar los descubrimientos del pasado con los cuestionamientos que plantea el presente.</p>



<p>El día de hoy, el Fondo Editorial de la UARM renueva su compromiso con la comunidad universitaria como una plataforma para recoger y difundir las reflexiones y las inquietudes que buscan enriquecer el debate académico local e internacional. Su catálogo y el apoyo que brinda a los investigadores son en este momento parte sustancial de una institución que cada año crece y contribuye, como siempre lo ha hecho, a la construcción de una sociedad democrática y solidaria.</p>
<div class='heateorSssClear'></div><div  class='heateor_sss_sharing_container heateor_sss_horizontal_sharing' data-heateor-sss-href='https://intercambio.pe/libros-universitarios-sociedad-debate-y-comunidad/'><div class='heateor_sss_sharing_title' style="font-weight:bold" >Compartir en:</div><div class="heateor_sss_sharing_ul"><a aria-label="Facebook" class="heateor_sss_facebook" href="https://www.facebook.com/sharer/sharer.php?u=https%3A%2F%2Fintercambio.pe%2Flibros-universitarios-sociedad-debate-y-comunidad%2F" title="Facebook" rel="nofollow noopener" target="_blank" style="font-size:32px!important;box-shadow:none;display:inline-block;vertical-align:middle"><span class="heateor_sss_svg" style="background-color:#0765FE;width:35px;height:35px;display:inline-block;opacity:1;float:left;font-size:32px;box-shadow:none;display:inline-block;font-size:16px;padding:0 4px;vertical-align:middle;background-repeat:repeat;overflow:hidden;padding:0;cursor:pointer;box-sizing:content-box"><svg 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		<title>Visualidad, historietas y representación en el Perú contemporáneo</title>
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		<pubDate>Sun, 28 Jul 2024 00:34:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Notas culturales]]></category>
		<category><![CDATA[Artículo]]></category>
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<p>El mundo de las imágenes es una ventana privilegiada para entender sociedades y un buen ejemplo son las historietas. Tras las gráficas y los textos, ellas poseen discursos e intenciones que nos introducen al pensamiento de una época, así como a las representaciones que realizan las élites y sectores sobre diversos grupos sociales. No debe extrañar que el acto de representar conlleva tras de sí la producción y amplificación de prejuicios y estereotipos que tienen visiones reduccionistas de la diversidad, agencia y vida social de los actores. Aunque también, estos tipos de fuentes permiten articular elementos orales y diálogos entre personajes, los cuales reflejan las sensibilidades y experiencias cotidianas.</p>



<p>En ese sentido, presentamos las investigaciones de Luis Rodríguez Toledo y Raúl Silva. Ambos analizan las tiras publicadas en la prensa escrita, enfocándose en la vida social y política de la época. Así, nos acercamos a las representaciones y debates sobre la política y la sociedad limeña del siglo XX, en donde se destaca el inherente contrapunto entre la escritura y la imagen, aunque ambos autores abordan temas variados desde sus peculiaridades.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="432" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2024/07/HISTORIETA2-1024x432.jpg" alt="" class="wp-image-3768" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2024/07/HISTORIETA2-1024x432.jpg 1024w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2024/07/HISTORIETA2-500x211.jpg 500w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2024/07/HISTORIETA2-768x324.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2024/07/HISTORIETA2-1536x648.jpg 1536w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2024/07/HISTORIETA2-2048x864.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p><em>¡Necesitamos tiras nacionales! Introducción al estudio de las historietas limeñas de mediados del siglo XX</em> de Luis Rodríguez Toledo explora el fascinante tema de las “tiras nacionales”, historietas limeñas de los años cincuenta publicadas en el diario <em>Última Hora</em>. A pesar de que las tiras cómicas son fuentes históricas que desempeñan un papel importante en la formación de subjetividades y representaciones de la sociedad y cultura peruana del siglo XX, no han sido ampliamente estudiadas por la historiografía y los estudios culturales. Por ello, este trabajo plantea dos objetivos: el primero es proporcionar un marco analítico útil para el acercamiento teórico y metodológico a estas “tiras nacionales” y, el segundo, es aplicar dicha propuesta analítica al estudio de estas tiras, por lo que realiza una intersección entre los contextos históricos, los personajes y sus estéticas.</p>



<p>Por su parte, el libro <em>La izquierda y la derecha peruana desde el humor gráfico de Alfredo Marco (1981-1990</em>) de Raúl Silva nos lleva a comprender parte del agitado panorama político de la década de 1980 a través de las caricaturas de Alfredo Marco (Lima, 1947), publicadas en el entonces naciente diario <em>La República</em>. Silva se centra en la caracterización que el caricaturista realiza de tres figuras representativas de los sectores políticos de la época: Alfonso Barrantes, Alan García y Mario Vargas Llosa. El análisis se enfoca principalmente en la tira más popular de Marco, «El país de las maravillas», protagonizada por «Los Calatos», una familia empobrecida que observa el acontecer político a través de su televisor, encendido con la energía de una vela. A través de la voz de «Los Calatos», se filtran las opiniones y perspectivas de Alfredo Marco sobre la coyuntura política. De este modo, el dibujo se convierte en una puerta de entrada para comprender las posturas ideológicas, las prácticas políticas y los proyectos de cada uno de los tres personajes, así como la interpretación sobre la cultura política de un pueblo que observa y comenta las acciones de dichos personajes.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="916" height="1024" src="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2024/07/HISTORIETA1-916x1024.jpg" alt="" class="wp-image-3767" srcset="https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2024/07/HISTORIETA1-916x1024.jpg 916w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2024/07/HISTORIETA1-447x500.jpg 447w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2024/07/HISTORIETA1-768x858.jpg 768w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2024/07/HISTORIETA1-1374x1536.jpg 1374w, https://intercambio.pe/wp-content/uploads/2024/07/HISTORIETA1-1832x2048.jpg 1832w" sizes="(max-width: 916px) 100vw, 916px" /></figure>



<p>Con los trabajos de Rodríguez y Silva, el Fondo Editorial de la Universidad Antonio Ruíz de Montoya lanza la serie «Aportes para una historia cultural en el Perú contemporáneo», que consiste en diversos estudios sobre las sensibilidades, discursos y prácticas culturales de los siglos XX y XXI. En esta serie, participan jóvenes profesionales de las ciencias sociales y humanidades de diferentes universidades del Perú y del extranjero que vienen produciendo interesantes propuestas e investigaciones sobre estas temáticas.</p>
<div class='heateorSssClear'></div><div  class='heateor_sss_sharing_container heateor_sss_horizontal_sharing' data-heateor-sss-href='https://intercambio.pe/visualidad-historietas-y-representacion-en-el-peru-contemporaneo/'><div class='heateor_sss_sharing_title' style="font-weight:bold" >Compartir en:</div><div class="heateor_sss_sharing_ul"><a aria-label="Facebook" class="heateor_sss_facebook" href="https://www.facebook.com/sharer/sharer.php?u=https%3A%2F%2Fintercambio.pe%2Fvisualidad-historietas-y-representacion-en-el-peru-contemporaneo%2F" title="Facebook" rel="nofollow noopener" target="_blank" style="font-size:32px!important;box-shadow:none;display:inline-block;vertical-align:middle"><span class="heateor_sss_svg" style="background-color:#0765FE;width:35px;height:35px;display:inline-block;opacity:1;float:left;font-size:32px;box-shadow:none;display:inline-block;font-size:16px;padding:0 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		<item>
		<title>Reseña: «Indagaciones sonoras» e «Historia de la cumbia peruana»</title>
		<link>https://intercambio.pe/resena-indagaciones-sonoras-e-historia-de-la-cumbia-peruana/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[uaisdtrmc]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 02 May 2024 21:26:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Notas culturales]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Dos publicaciones recientes profundizan en cómo las formas de hacer y disfrutar la música se reconfiguran en relación con los procesos sociales, culturales y políticos en los que tienen lugar. Las innovaciones tecnológicas, la emergencia de nuevos actores políticos, el desborde del Estado y el cuestionamiento de la tradición desde las nuevas sensibilidades son algunos [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://intercambio.pe/resena-indagaciones-sonoras-e-historia-de-la-cumbia-peruana/">Reseña: «Indagaciones sonoras» e «Historia de la cumbia peruana»</a> se publicó primero en <a href="https://intercambio.pe">Intercambio - Revista Jesuita de Cultura Social</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>Dos publicaciones recientes profundizan en cómo las formas de hacer y disfrutar la música se reconfiguran en relación con los procesos sociales, culturales y políticos en los que tienen lugar. Las innovaciones tecnológicas, la emergencia de nuevos actores políticos, el desborde del Estado y el cuestionamiento de la tradición desde las nuevas sensibilidades son algunos ejes comunes de fenómenos aparentemente tan distantes como el surgimiento de la música atonal en Europa en la primera mitad del siglo XX y la gestación de las variedades peruanas de cumbia en sus últimas décadas. Ambos libros muestran provocadoramente cómo la forma de comprender y juzgar esos procesos contribuyó a viabilizar o entorpecer las pretensiones de innovación cultural y política de sus impulsores.</p>



<p>En <strong><em>Indagaciones sonoras. Diálogos entre la música y el pensamiento en tres movimientos</em></strong>, Ricardo Falla comienza discutiendo la propuesta de Karl Popper para juzgar la evolución de la música académica; es decir, la posibilidad de reconocer avances o retrocesos en la calidad de la creación musical. Si el arte no es solo expresión personal ni reflejo de sus contextos materiales, debería poderse discutir con razones sobre lo que podemos aprender a apreciar musicalmente, ya sea en la tradición o en las innovaciones vanguardistas. En contrapunto con esa aspiración, Falla recupera la obra teórica de José Bernardo Alcedo, compositor del himno nacional, desde la que formula una política cultural que cultive el poder formativo de la música. Como para insistir en la vigencia de ese proyecto todavía pendiente, la tercera parte del libro defiende con el filósofo Eugenio Trías que la música es una forma de pensar que alcanza profundidades diferentes a las del discurso sistemático. Aplica esta perspectiva a la segunda Sinfonía de Mahler, <em>Resurrección</em>, para mostrar cómo sumergirse en ella&nbsp; puede sacudir nuestra aceptación implícita de lo cotidiano y disponernos para imaginar y buscar una existencia más plenamente humana.</p>



<p>En <strong><em>Historia de la cumbia peruana. De la música tropical a la chicha</em></strong>, Jesús Cosamalón reconstruye cómo diversos géneros considerados tropicales en los años cincuenta y sesenta configuraron gradualmente una forma musical que incorporó creativamente elementos del rock, la música andina, etc. Diferentes instrumentos, ritmos y temáticas fueron explorados, abandonados o reinventados en medio del crecimiento migratorio, la expansión de los medios audiovisuales y el acceso a nuevos aparatos para reproducir —y piratear— lo que solo después se distinguiría retrospectivamente a través de&nbsp; etiquetas como “cumbia” o “salsa”. Más importante aún, muestra cómo esas categorías mediaron la formación, (in)visibilización y (falta de) reconocimiento de nuevos públicos; como sucedió con la popularización del adjetivo “chicha” y la carga peyorativa que le atribuimos.</p>



<p>Hoy que persisten en nuevas formas los desafíos abordados por ambos libros, sus análisis y preguntas nos ayudan a reconocer y poner en cuestión nuestros presupuestos sobre lo que son o deberían ser los procesos culturales en un país donde seguimos aprendiendo a vivir en pluralidad. Nos invitan así a discernir con un oído más afinado las sensibilidades, expectativas y pretensiones encarnadas en las melodías, bailes y letras que tanto disfrutan las comunidades a las que buscamos servir.</p>



<p><strong>Bibliografía</strong></p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Falla, Ricardo (2023). <em>Indagaciones sonoras. Diálogos entre la música y el pensamiento en tres movimientos. </em>Lima.</li>



<li>Cosamalón, Jesús (2022). <em>Historia de la cumbia peruana. De la música tropical a la chicha. </em>Lima: IEP.</li>
</ul>
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			</item>
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		<title>Reseña: La Piel más temida</title>
		<link>https://intercambio.pe/resena-la-piel-mas-temida/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[uaisdtrmc]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 02 May 2024 21:14:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Notas culturales]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Película: La Piel más temida Dirección: Joel Calero Año: 2024 País: Perú Joel Calero presenta la segunda entrega de su anunciada tetralogía fílmica sobre la memoria política en el Perú: La Piel más temida (ver el artículo del mismo Calero en nuestra edición 63). La primera cinta de esta serie fue La Última Tarde, estrenada [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://intercambio.pe/resena-la-piel-mas-temida/">Reseña: La Piel más temida</a> se publicó primero en <a href="https://intercambio.pe">Intercambio - Revista Jesuita de Cultura Social</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Película: </strong>La Piel más temida</p>



<p><strong>Dirección:</strong> Joel Calero</p>



<p><strong>Año:</strong> 2024</p>



<p><strong>País:</strong> Perú</p>



<p>Joel Calero presenta la segunda entrega de su anunciada tetralogía fílmica sobre la memoria política en el Perú: <em>La Piel más temida</em> (ver el artículo del mismo Calero en nuestra edición 63). La primera cinta de esta serie fue <em>La Última Tarde</em>, estrenada en 2016.&nbsp; En aquella oportunidad, Calero abordaba las secuelas del conflicto armado interno vivido en el Perú entre los años 1980 y 2000, desde la perspectiva de una pareja de exterroristas, que se reencontraba luego de años de seguir caminos divergentes para concretar su divorcio. En <em>La Piel más temida</em> somos testigos de un nuevo encuentro entre personas vinculadas a la época del terrorismo, pero los personajes centrales son esta vez un padre exsenderista y una hija que por mucho tiempo lo creyó muerto.</p>



<p>Cusco, con su arquitectura señorial y su simplicidad andina, son el marco en el que se desarrolla esta historia, atravesada por los contrastes sociales que caracterizan al Perú desde la colonización española. Alejandra, interpretada por Juana Burga, regresa al país luego vivir por largos años en el extranjero, para cerrar una operación comercial junto a su tío Américo, encarnado por Lucho Cáceres. Y es en medio de esos afanes que descubre no solo que su padre vive, sino que purga condena por terrorismo. Lo demás es el camino interior vivido por ella para reencontrarse con su país, con sus desgarros sociales y con su propia historia familiar.&nbsp;</p>



<p>Una vez más, Calero hace del rencuentro entre personas vinculadas pero que han seguido derroteros diferentes, ocasión para mirar el presente desde las lecciones del pasado. Es con ese horizonte que la película invita al espectador a revisitar, con la perspectiva que da el tiempo, los años violentos vividos por nuestro país. Solo que esta vez se nos ofrece, con más claridad y algo de misticismo, una apertura a la redención, experiencia que se encarna en el destino final del padre y la huella dejada en su desconocida hija. Sin desdibujar la verdad ni banalizar el dolor, <em>La Piel más temida</em> nos ofrece “simplemente” una fina hermenéutica de los años más trágicos de nuestra historia reciente, desde la hondura que puede ser propia a una relación filial.</p>
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		<title>Reseña: «Limítrofe: Relatos continentales»</title>
		<link>https://intercambio.pe/resena-limitrofe-relatos-continentales/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[uaisdtrmc]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 02 May 2024 20:55:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Notas culturales]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Libro:</strong> Limítrofe. Relatos continentales</p>



<p><strong>Compilación y prólogo:</strong> Julián López</p>



<p><strong>Año de publicación:</strong> 2022</p>



<p><strong>Editorial:</strong> Libros de UNAHUR&nbsp;</p>



<p>«Limítrofe: Relatos continentales» acoge diez cuentos de destacadas escritoras y escritores latinoamericanos que describen la periferia urbana en los países de América Latina. Julián López, escritor argentino y compilador de este libro, logra reunir, presentar y ordenar estos relatos de manera que cada capítulo nos sumerge en una experiencia única, revelándonos cómo los autores resignifican los espacios que han conocido, vivido o imaginado.</p>



<p>En esta obra, <em>Limítrofe</em> va más allá de estimular nuestra imaginación para recrear personajes y escenarios; nos adentra en ejemplos concretos de cómo los seres humanos territorializamos nuestros espacios. Cada historia muestra cómo nos relacionamos con el aspecto material y subjetivo de nuestra existencia en el territorio que habitamos, cargado de imágenes, recuerdos, miedos y esperanzas.</p>



<p>Este libro se posiciona como un recurso para profundizar en los significados del concepto de «territorializar» y las formas en que establecemos vínculos con nuestro entorno. Desde la casa como símbolo de apropiación del territorio en el cuento uruguayo «La casa sobre la tierra», hasta la exploración de diferentes formas de arraigo y necesidades personales sobre el territorio en el cuento peruano «En ahí en el paraíso», cada relato nos ofrece una perspectiva única sobre la compleja relación entre el individuo y su entorno.</p>



<p>Por otro lado, el cuento colombiano “Dos perros” nos sumerge en una narrativa donde los personajes y el territorio son caracterizados por adjetivos que evocan emociones y prejuicios arraigados, desafiando nuestras percepciones preconcebidas sobre el entorno. En contraste, el cuento venezolano “La Cortado” otorga una categoría de sujeto al territorio, presentando al pueblo y al campo como entidades vivas y significativas, incitándonos a replantear el eterno debate sobre dónde es mejor vivir: el campo o la ciudad. Luego, a través del relato costarricense “Árbol criollo en siete capítulos”, nos adentramos en las esperanzas, sueños y decepciones que acompañan la migración, mientras que el cuento nicaragüense “Conejitos” resalta el poder de la imaginación para sobrevivir en medio del conflicto en territorios disputados.&nbsp;</p>



<p>Asimismo, el cuento ecuatoriano “Centro” nos sumerge en las complejas relaciones que se tejen en los espacios céntricos de la ciudad, donde convergen diversas actividades culturales y políticas, a menudo generando prejuicios y exclusión hacia sectores de clase media o barrios acomodados. A través de la historia de la protagonista, presenciamos cómo su percepción del centro urbano evoluciona de ser asociado con violencia y miedo a convertirse en un espacio suyo. Por otro lado, el cuento brasileño “Mulungo, cuento largo” retoma el tema de la casa como refugio vital, pero también introduce al árbol como un espacio sagrado que trasciende el tiempo y la memoria. Esta representación simbólica ofrece una comprensión profunda de la relación indivisible entre espacio y tiempo en los estudios territoriales.</p>



<p>Finalmente, el cuento mexicano nos adentra en la realidad de la periferia urbana a través de la experiencia personal de la protagonista, quien nos revela cómo este espacio se convierte en el telón de fondo para una variedad de eventos y situaciones, desde mercados de antigüedades hasta la gestión de desechos. Más aún, el relato nos sumerge en la compleja dinámica de la coexistencia entre lo antiguo y lo nuevo, entre el pasado y el presente, que define la vida en la periferia. Esta narrativa nos permite comprender cómo la protagonista encuentra identidad y voz en este entorno, que, a pesar de sus contradicciones, es fundamental en la configuración de su ser y su escritura.</p>



<p>En definitiva, <em>Limítrofe</em> es una lectura importante para quienes buscan adentrarse en las realidades y experiencias de las periferias urbanas de América Latina. A través de sus cuentos, este libro nos brinda la oportunidad de conocer, comprender y reflexionar sobre los múltiples significados del concepto de territorializar, así como de explorar la riqueza y diversidad de la literatura latinoamericana contemporánea.</p>



<p><strong>Link de la venta del libro:</strong> <a href="https://www.mediopanyunlibro.com.ar/productos/limitrofe-relatos-continentales/">https://www.mediopanyunlibro.com.ar/productos/limitrofe-relatos-continentales/</a>&nbsp;</p>
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