La minería en Arequipa: oportunidades y amenazas para el desarrollo

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La región Arequipa se encuentra ubicada al suroeste peruano, en un territorio muy accidentado al estar atravesado de norte a sur por las derivaciones de la Cordillera Occidental de los Andes, y con un reducido tablazo costero de grandes pampas arenosas, interrumpidas por valles que forman oasis al inicio del desierto de Atacama.

Así, la naturaleza ha dotado a esta región de un extenso litoral, valles extensos, quebradas y una diversidad de recursos minerales. La pesca continental, las irrigaciones agrícolas y la minería son las actividades económicas inexorables de dicho territorio; a lo que hay que agregar el potencial que representan las altas cordilleras y las quebradas profundas para el almacenamiento de agua y desarrollo de energía.

El reciente “boom” minero en Arequipa

En la última década (2001-2010) Arequipa ha venido experimentando significativos cambios en su desarrollo económico, social y cultural. En ese período su PBI regional creció aceleradamente a una tasa promedio de 7% anual, casi igual al crecimiento de la economía nacional, y el ingreso promedio per capita fue ligeramente superior al nacional.

Este ritmo de crecimiento está vinculado a la expansión del sector minero en la propia Arequipa y en todo el sur peruano, debido al extraordinario incremento de la demanda y del precio de los metales en el mercado internacional.

La actividad minera, en una década, ha variado su aporte al PBI regional del 6 al 10% y su producción representa el 89% de las exportaciones regionales. Pero además, la minería es importante por el flujo de ingresos que genera a los gobiernos locales y el regional, con cerca de 500 millones de nuevos soles (2011) por concepto de canon y regalías; a lo que hay que agregar el llamado “aporte voluntario” para el desarrollo de inversiones sociales, ejecutadas directamente por las empresas mineras.

Esta bonanza de la minería ha llevado a que en la actualidad el 42,74% del territorio de Arequipa esté con concesiones mineras; siendo tal vez uno de las regiones con mayores concesiones.

Las principales empresas que dominan el mercado regional de cobre, oro y plata, son la Sociedad Minera Cerro Verde SAA, la Compañía de Minas Buenaventura y la Compañía Minera Ares. Si bien estas empresas en el 2011 reportaron un leve decrecimiento en su producción, ello no se tradujo en una disminución de sus ganancias, pues el precio de exportación de estos metales se incrementó; lo cual indica que se depende más del precio de los metales en el mercado internacional que de la propia productividad de la actividad minera.

Las tres empresas gozan de las políticas de fomento que se dieron durante el gobierno de Alberto Fujimori, y que les permite disminuir el pago de su impuesto a la renta con la depreciación acelerada de sus activos y la reinversión de sus utilidades.

De otro lado, existen cerca de una docena de otras empresas medianas dedicadas a la extracción de cobre, oro y plata en las provincias de Caravelí, Condesuyos, Caylloma y La Unión, así como un número similar de empresas que están en etapa de exploración. A lo que hay que agregar la ampliación de Cerro Verde, que se inicia en los próximos meses, y el proceso de reelaboración del Estudio de Impacto Ambiental de Southern Peru Copper Corporation (SPCC) por la explotación de Tía Maria en Cocachacra, Islay.

La dinámica económica de los metales en la región, en especial del oro, ha hecho que se incremente la minería artesanal, formal e informal. Esta da ocupación a cerca de 50,000 personas. Según el Ministerio de Energía y Minas, en el 2010 había 555 pequeños mineros artesanales y 573 pequeños productores mineros acreditados. Arequipa es la región con mayor número de mineros formales de producción a pequeña escala a nivel nacional.

Los impactos de la minería en el desarrollo regional.

La minería seguirá siendo una de las principales actividades económicas en Arequipa y el Sur, pero en las condiciones descritas se puede correr el riesgo de:

  • Que la explotación minera se desarrolle de manera desarticulada del resto de la economía y con un muy lento impacto en la diversificación económica con valor agregado.
  • Hacer de los gobiernos locales, regional y población en general demasiado dependientes a los ingresos provenientes del canon y regalías mineras para financiar obras públicas, descuidándose la recaudación fiscal y las apuestas por opciones sostenibles del desarrollo a largo plazo.
  • Incrementar la desigualdad y el conflicto social, dada la ineficiencia del Estado para distribuir de los beneficios generados por la minería, acrecentándose el temor y desconfianza en que la minería pueda garantizar mejores condición de vida.
  • Desarrollar posiciones de dominio en las empresas que debilitan a las instituciones locales o regionales.
  • Deteriorar el medio ambiente y los ecosistemas de manera irreversible.

Esos efectos de la minería en la dinámica económica y social de la región, no pueden ser atribuidos a los recursos mineros, en la visión pesimista de la “maldición de los recursos naturales”.

Si la explotación de los recursos naturales se convierte en una “maldición”; más que de los recursos, depende del contexto y circunstancias en el que se desarrolla la actividad extractiva. Mucho tiene que ver con el marco legal que norma su desenvolvimiento y con el grado de institucionalidad local, regional y nacional; depende de cómo se ubique adecuadamente la minería dentro de una visión de desarrollo y cómo se planteen estrategias de ahorro e inversión a mediano y largo plazo sobre la explotación de recursos no renovables.

Armonizar la minería con el desarrollo sostenible de la región.

A la luz del balance del conflicto de Tía Maria en Arequipa, y de los resultados de la Mesa de Diálogo de Quellaveco en Moquegua, ello es posible si se trabaja con:

  • Una visión concertada del desarrollo local/regional y de largo plazo.
  • El dialogo institucional entre los diversos actores representativos involucrados en el desarrollo.
  • La transparencia en la información y explicación de la empresa donde más interesa el cómo se explota que el qué.
  • La imparcialidad y mediación del Estado, actuando en defensa del bienestar nacional y no de los intereses de una de las partes en pugna.
  • La creación de mecanismos participativos de monitoreo y seguimiento de los compromisos que se asuman.

La Región Arequipa no debe temer la explotación minera y verse como una amenaza; sí debe verse con preocupación la incapacidad de las autoridades y líderes políticos y sociales para aprovechar esta oportunidad, planteando un entorno para su desarrollo con una visión prospectiva, donde el presente financie y brinde sostenibilidad al futuro.


José Lombardi

Gerente General de Consultora Reverso SAC (Arequipa).

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