Retos y desafíos de los migrantes peruanos en Chile

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La migración peruana hacia Chile ha tenido un extraordinario incremento en las dos últimas décadas, llegando en la actualidad a un número aproximado de 108 mil personas, según estimaciones del año 2008 del Departamento de Extranjería del Ministerio del Interior, de las cuales más del 60% se encuentra en la capital, Santiago. Además, algo característico de esta migración es el alto porcentaje de mujeres, llegando a un promedio de 60% en relación a los varones.

El Centro Integrado de Atención al Migrante – CIAMI (implementado por la congregación de Misioneros Escalabrinianos y el Instituto Católico Chileno de Migración – INCAMI) atiende especialmente mujeres, dada su situación de mayor vulnerabilidad y a la creciente feminización de las migraciones. Acuden semanalmente a él cientos de mujeres de diversos países, tales como de Bolivia, Colombia, Ecuador, Haití, República Dominicana, Paraguay, y entre las cuales, más del 80% son del Perú. Ellas llegan llenas de ilusiones, con sueños y anhelos de superación; vienen con la audacia de la necesidad, pues se ven obligadas a dejar su tierra para asumir el rol de proveedoras económicas de sus hogares. Han dejado hijos, esposo, padres, hermanos, amigos, y saben que no los verán en mucho tiempo, pero consideran que vale la pena si logran darles estudios superiores, si ahorran para la casa propia o para algún negocio o proyecto que traen en mente para el cual requieren de un capital inicial. Con gran fortaleza enfrentan cada día la tristeza y soledad que conlleva su situación; el costo puede ser alto, pues algunos lazos se rompen, muchos matrimonios no se reencontrarán, los hijos que dejaron pequeños, después no las reconocerán como madres.

En concreto, necesitan acogida, orientación e información de forma urgente para ubicarse en el país. Orientaciones básicas y complejas, que van desde como utilizar el servicio de transporte público y dominar la equivalencia monetaria, hasta la adquisición de conocimientos para poder normalizar su situación legal. También requieren conocer la forma de acceder a los sistemas de salud y educación pública; encontrar información laboral y aprender sobre la cultura chilena para insertarse de la mejor forma al mundo laboral y a la sociedad del país.

Las mujeres que migran enfrentan la tristeza y soledad que conlleva su situación; el costo puede ser alto, pero consideran que vale la pena.

El Centro coloca su atención en conseguirles trabajo, pues esta es la puerta de entrada para solucionar los desafíos inmediatos para vivir (casa, comida, ropa, papeles); pagar las deudas en el origen o contraídas por el viaje; enviar mensualmente gran parte del sueldo a la familia; y ahorrar para futuros planes y proyectos. Y todo lo anterior enmarcado en el gran significativo que es la manera de adquirir la documentación regular en el país, pues con el contrato de trabajo el estado chileno les brinda permanencia provisoria y, más tarde, visa definitiva. Como consecuencia de esto, un trabajo legal es la vía de acceso a los servicios públicos de salud, educación, vivienda popular subvencionada, seguridad social y futura jubilación.

El tener un trabajo, mandar las remesas, salir adelante y mantener la familia tiene, además, un extraordinario valor subjetivo para las mujeres: salir del machismo, alta autoestima personal, mayores y mas conocimientos, empoderamiento y toma de decisiones.

El Centro ofrece cerca de 1000 almuerzos al mes, unos 1200 alojamientos mensuales, acompañados de asesoría jurídica, psicológica y espiritual. Este trabajo se complementa con la parroquia personal Latinoamericana, que asume otros desafíos como es la celebración de la fe y la religiosidad propia (devociones a Santa Rosa, San Martín de Porres, Virgen de Chapi, Virgen de las Mercedes, Virgen de la puerta y Señor de los Milagros). Aquí se brinda la oportunidad de vivir y manifestar la interculturalidad con los chilenos y demás migrantes de otras nacionalidades.

El CIAMI y la Parroquia Latinoamericana trabajan en coordinación con la Conferencia Episcopal chilena –a través de INCAMI- y de otras instituciones eclesiales –como el Servicio Jesuita al Migrante-, organismos no gubernamentales y de gobierno, con la finalidad de dar al migrante una ayuda segura, pronta y eficaz para hacer frente a estos retos y desafíos y otros, como la defensa de los derechos humanos, la incidencia política, la superación de situaciones de discriminación y explotación de la que están siendo víctima parte de los migrantes peruanos en Chile.

Publicado en enero 2010


Isaldo Antonio Bettin, CS

Sacerdote párroco de la parroquia personal Latinoamericana, Director del Centro Integrado de Atención al Migrante – CIAMI, miembro del directorio del Instituto Católico Chileno de Migración – INCAMI y Director del Departamento Arquidiocesano de Migración del Arzobispado de Santiago de Chile.

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