Cambios y oportunidades en Puno

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Un año después de realizarse las elecciones regionales en todo el país, el gobierno peruano ha oficializado la convocatoria a las elecciones generales fijando el 10 de abril del 2016 como fecha para la votación presidencial y congresal[1], aunque ya desde meses atrás políticos y políticas de los distintos partidos han venido visitando Puno y sus diferentes provincias con el afán de darse a conocer y lograr el favor del casi millón y medio de habitantes de una región que, más allá del número de votantes[2], presenta una serie de particularidades sociales, económicas y políticas que son vistas desde la capital como si se tratara de la Última Frontera.

En efecto, se puede retratar a Puno a través del contrabando, que como bien se sabe es un elemento estructural en la economía del altiplano; de la minería ilegal, que ocupa amplios territorios de la zona norte y viene provocando un desastre ambiental; del narcotráfico, que impulsa el sembrío de la hoja de coca en los valles selváticos de San Gabán e Inambari; de los conflictos sociales y sus secuelas de violencia, que cada cierto tiempo ocupan las primeras planas de los medios de comunicación; o de los discursos políticos de carácter étnico que algunos dirigentes aymaristas enarbolan buscando protagonismo y liderazgo.

Sin embargo, una lectura que sólo tenga en cuenta dichos elementos deja de lado una serie de aspectos que dan cuenta de las grandes transformaciones que ha vivido la región durante los últimos años.

A nivel político es indudable la consolidación de un nuevo sector de políticos campesinos que, desde mediados de los años 90, ha ido ocupando la mayoría de altos cargos a nivel local y regional, tal como lo demuestra una rápida mirada a los últimos presidentes regionales: Hernán Fuentes, abogado nacido en el distrito de Asillo; Mauricio Rodríguez, abogado y periodista nacido en Macusani; y Juan Luque, contador nacido en una comunidad campesina de Azángaro. Y lo mismo puede decirse de los actuales alcaldes de Juliaca y Puno, también nacidos en el seno de familias campesinas de la zona rural.

Pero el origen campesino de estos nuevos políticos no lo es todo, sino que también representan a esa clase profesional puneña que desde la década de los años 70 tuvo acceso a la formación universitaria –en particular gracias al funcionamiento permanente de la Universidad Nacional del Altiplano y la Universidad Andina Néstor Cáceres Velásquez– y ha logrado éxito electoral y prestigio, marcando el camino a cientos de jóvenes puneños que salen de las aulas escolares cada año e ingresan a los salones universitarios que acogieron tiempo atrás a las principales autoridades de la región.

Por otro lado, la dinámica económica, cuya mejor expresión es el movimiento comercial en Juliaca, no sólo se explica por la presencia de las economías ilegales, sino también es resultado del trabajo de las miles de pequeñas empresas que operan en esta ciudad, desde donde proveen los mercados del sur del país y parte de Bolivia. Al mismo tiempo, la migración puneña hacia Arequipa, Cusco, Moquegua, Tacna y Lima otorga nuevos espacios y oportunidades a las familias puneñas, que aprovechan la mejora sustantiva de las vías de comunicación para movilizarse y ampliar sus redes comerciales.

También resulta relevante la movilidad interna que ha ido configurando una sociedad que va más allá del campo, tal como lo evidencia el crecimiento demográfico de las ciudades capitales de provincia y distrito, pero sobre todo de los centros poblados, que bien podrían ser calificados como el rostro urbano de las comunidades campesinas. Este escenario exige respuestas que vayan más allá de las tradicionales soluciones agraristas, y más bien es necesario implementar medidas que permitan atender nuevas demandas vinculadas al acceso y mejora de los servicios públicos.

Como se ve, abordar la complejidad política y social puneña y enfrentar los problemas que trae consigo –cuya gravedad es retratada trágicamente por la injusta muerte de decenas de niños cada año a causa del friaje– requiere mucho más que promesas improvisadas o planes de gobierno que luego son dejados en el olvido. Lo peor que podrían hacer quienes aspiran a gobernarnos es dejar que persista la debilidad e indolencia estatal, ya que esta solo será aprovechada por quienes lucran con la informalidad y la economía ilegal.

[1] Decreto Supremo 080-2015-PCM
[2] Según Infogob, para las elecciones del 2014, la población electoral de Puno fue de 841046 electores.


Paulo Vilca y Paul Chata

Investigadores del Instituto de Estudios SUR.

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